LA EXCELENCIA PERSONAL

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 La Excelencia Personal es un proceso de mejoramiento continuo y armónico de todas las facetas y dimensiones del ser humano (corporal, espiritual, mental y socioafectiva). Por ser proceso no acaba nunca, siempre se puede mejorar, crecer, ya que el ser humano es perfectible.

La Excelencia Personal trae consigo hacer las cosas lo mejor que se pueda, dedicar todo el esfuerzo y energía a cada tarea y a cada relación, según las posibilidades y aptitudes que cada persona posea.

Practicar la Excelencia Personal no es tratar de ser mejor que los demás, sino tratar de dar lo mejor de sí; es el esfuerzo guiado por un propósito noble.

La Excelencia Personal es diferente del éxito o del triunfo, pues se mueve en el ámbito del ser. La acción es un medio para perfeccionar el ser construyendo hábitos.

Hacer las cosas a medias, desfallecer ante el primer obstáculo, llevar una vida poco estimulante y fructífera, actuar como si nada ni nadie importara; son comportamientos ajenos, opuestos a quien busca la excelencia personal.

¿Cómo hago para Alcanzar la Excelencia Personal?

A continuación una buena herramienta que te ayudará en La búsqueda de la Excelencia Personal.

El Decálogo de la Excelencia Personal

1. La Excelencia comienza con un conocimiento realista de uno mismo: fortalezas y debilidades.

2. No hay Excelencia sin exigencia. No hay calidad personal sin esfuerzo. Vencer la pereza y la comodidad es el inicio de la excelencia.

3. Sea sincero con usted mismo: no confunda lo que es con lo que le gustaría ser. Pregunte a los demás cómo lo ven, ello le ayudará a conocerse mejor.

4. La Excelencia supone repetición de acciones buenas. La fuerza de voluntad se adquiere por repetición de;hábitos que requieren esfuerzo. Por eso, pase a la acción: no se quede en buenos deseos.

5. La agresividad, los complejos, los miedos, las manías, van minando la propia seguridad.

6. La envidia y el orgullo son autodestructores de la Exce­lencia.

7. Dos síntomas de autoestima inapropiada: mirar a los demás con aires de superioridad y la falta de confianza en uno mismo.

8. La Excelencia Personal es un proceso de mejoramiento continuo para desterrar hábitos negativos y adquirir otros positivos.

9. Cuando quiera decir sí, dígalo; cuando quiera decir no, tam­bién. Atrévase y no se sienta mal por decirlo. Pero hágalo con buenas maneras.

10. La Excelencia es el convencimiento de que con la ayuda de las personas adecuadas y  esfuerzo personal diario, puede ser mejor cada día.

DE SUPERNANNY A LA REALIDAD HOGAREÑA: Cuando empezar a decirles NO.

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 Muchos padres se hacen la pregunta de cuando es el mejor momento para empezar a “decir No”, desde psicología práctica Online defendemos la postura de cuanto antes mejor, pero no sólo se trata de “decir No”, esta acción para que sea efectiva, implica  a su vez  desarrollar una buena comunicación con él y entender que el decir No, no es un castigo, si no darle los pasos para que aprenda a hacer cualquier cosa.  Así pues le diremos que sí y que no, guiándole en cada acción para que sepa el por qué sí o por qué no, así como el cómo hacerlo.

 Los padres como guías del niño en su crecimiento y desarrollo, deben comenzar a transmitir normas de conducta y límites desde que los niños son pequeños. Podemos concretar que durante los primeros años de vida, las normas y los límites se asientan en base a rutinas que deben respetarse, así como en pautas asociadas a hábitos (alimentación, higiene, sueño, etc.).Es por todo ello que como expertos en problemas de desarrollo y conducta, recomendamos establecer normas cuanto antes mejor.

 Por lo tanto frente a la duda de cuándo empezar a ponerse “duros” y exigentes con sus hijos o más concretamente ¿Cuándo es el momento en que dejan de ser unos bebés a los que se les ríen las gracias para convertirse en unos niños capaces de seguir unas normas o reglas? Debe pasar que este paso no es u paso drástico, si no transitivo, es una transición paulatina a la que los padres deben adaptarse  en función del momento de maduración del niño. Por esta razón, no podemos exigirle según qué cosas en según qué momentos.

Teniendo en cuenta esto, en principio cabe tener en cuenta que hasta los 3 años, el niño todavía no comprende si hace algo bien o mal. sin embargo, si existe una buena comunicación con él nos vamos dando cuenta de sus avances y podemos ir guiándole mejor, en esa indicación del sí y el no. Aunque en general la comunicación oral en cada niño es diferente, podemos decir que aprenden mucho antes a comunicarse gestualmente que a hablar por tanto podemos empezar a decir no en el momento en que puede elegir conducta y eso puede ser a partir de cuando controla el  gatea, come solo e incluso cuando se le calma frente al lloro. Podemos a partir de los 9 o 10 meses.

¿Cuándo establecer normas para los niños?                                                                 Los expertos recomiendan establecer normas cuanto antes mejor

Desde el nacimiento hasta los tres años aproximadamente suceden muchísimos cambios y el niño alcanza grandes logros evolutivos. El niño aprende a desplazarse y a superar la fuerza de la gravedad poniéndose de pie al mismo tiempo que adquiere el dominio de su cuerpo.

Conquista una de los logros evolutivos más importantes: se inicia en el uso del lenguaje y con ello empieza a hacer uso de un pensamiento rudimentario que le permite darse cuenta de que es un ser diferenciado con voluntad propia (aparición del NO, del YO y de las temidas rabietas).

Esta etapa todavía es temprana para esperar un razonamiento deductivo en el que el niño se dé cuenta de que cada vez que hace algo, se le castiga o se le premia. Pero es una buena edad para ir afianzando los prerrequisitos necesarios en el aprendizaje de las normas.

¿Cómo poner límites a los niños pequeños?

En los 3 primeros años de vida esto se consigue gracias a los rituales. Si nosotros acostumbramos al niño a que siga siempre una secuencia de acción (con la comida, con el baño, con el juego) es más fácil que participe en ella de principio a fin, aunque estas secuencias cada vez se vayan haciendo más complejas.

Es importante ser lo más repetitivos posible en estas rutinas, sobre todo cuanto más desorganizado sea el niño en sus ritmos vitales (de comidas, de vigilia-sueño).El niño no capta el mensaje que nosotros le verbalizamos, pero sí el tono emocional del mismo cuando le decimos las cosas de una forma seria, enfadada, divertida…

Esta etapa, en especial cuando logra ponerse de pie, es la del “eso no se toca” o “eso no se hace”. Está bien quitar del alcance del niño todo aquello que pueda resultarle peligroso pero no se debe quitar absolutamente todo. Un aprendizaje importante para el niño es que hay cosas que puede tocar y otras que no.A la hora de enseñar un comportamiento adecuado a los niños pequeños habrá que ser muy persistente y repetitivo y, lo más probable, es que finalmente acabemos quitando el objeto de su vista, pero solo por un tiempo.Al día siguiente, tiene que volver a estar en su sitio y seguramente el pequeño nos mire a medida que se acerca a ello porque recuerda que algo pasa en torno a ese objeto. Por esta razón, los padres tienen que establecer unas normas claras de comportamiento, afirmarse en los límites y volver a recordarle que no puede coger ese objeto y darle alternativas con las que jugar o entretenerse.

Consejo: Confía en tu instinto de madre y si dudas consulta con un profesional.

Como vivir una vida equilibrada: Equilibra tu ansiedad.

Women Doing Yoga and Tai Chi

Uno de lo problemas básicos de las personas que sufren ansiedad es el de no saber respirar correctamente, lo que les lleva a sufrir una vida con “sensación de falta de aire”. Esto se traduce a no saber estar en conexión con el cuerpo y siempre estar en contacto con la mente, lo que hace que el ser humano se aisle de necesidades básicas, como lo es la respiración, el hecho de mantener un cuerpo relajado pero activo, el no saborear los alimentos, el no detectar su cansancio y llevarle todo ello a precisar de medicación relajante.

Es bueno tener una vida activa, pero hay que saber conectar con el cuerpo y desconectar la mente, consiguiendo descansar de forma adecuada y con ello regenerar la energía que gastamos durante el día. Habrán momentos en que precisemos de medicación, evidentemente no somos dioses, pero es bueno descubrir formas naturales de relajación y darnos cuenta de la forma en que tratamos nuestro cuerpo, en diferentes aspectos como lo es la respiración, el ejercicio, la alimentación, el trabajo etc ya que todo ello, llevado de forma equilibrada, nos puede prevenir de muchas dolencias, enfermedades y trastornos.

En relación a las distintas disciplinas que trabajan las diferentes formas de equilibrar mente y cuerpo, os voy a aconsejar las siguientes:

Si sufres de problemas musculares puedes practicar ANTIGIMNASIA o asistir a un fisioterapeuta u osteópata.

Si sufres de problemas de ansiedad asociados a la falta de aire puedes practicar CHI KUNG  o MINDFULNESS.

Si sufre de problemas de ansiedad asociados a no saber estar quieto es bueno el YOGA, TAICHI y artes marciales como el KUNG FU o el AIKIDO.

Cualquier terapia es buena para hacerse consciente del cuerpo y poder retomar una vida con más estabilidad general.

Es cierto que en los casos de las personas que sufren miedos o adicciones con altos niveles de ansiedad, gracias a estas terapias y el apoyo de un terapeuta, su sensación de relajación aumenta y sus miedos y adicciones se reducen e incluso desaparecen, ya que al hacernos conscientes de nuestro cuerpo somos más capaces de detectar lo que necesita y la cantidad exacta de esa necesidad.

Consejo: Si no reconoces en que aspecto necesitas equilibrio y ayuda, pero detectas algo que no va bien, déjanos ayudarte, déjate aconsejar por un buen profesional ,mediante el COUSELLING podemos ayudarte a darle un cambio a tu vida y llenarlo de bienestar  y descanso.

Solicita tu cita en persona y vía online, para ello puedes mandarnos un correo electrónico psicopracticaonline@gmail.com o llamar al teléfono 661302925 y te responderemos en la mayor brevedad posible.

DE SUPERNANNY A LA REALIDAD HOGAREÑA: NIÑOS INQUIETOS.

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Roberto, de 18 meses, es un terremoto; a Teresa, de 13, le cuesta estar con otros niños; Oscar, de 14, no deja a sus padres un segundo y Nerea, de 21, se pasa el día llorando. ¿Qué hacer en cada caso?

Nunca está tranquilo

He tenido que dejar de llevarlo al súper porque salía corriendo e iba tirando todo lo que se encontraba en su camino. Tampoco podemos ir a restaurantes y en las reuniones familiares arma unos jaleos descomunales, cosa que ninguno de sus primos hace. Y luego, aunque esté destrozado, no hay manera de meterlo en la cama. ¿Es normal que sea tan pequeño y tenga tanto genio? Roberto, de 18 meses.

El consejo del experto. Con un año todavía son demasiado pequeños para hablar de hiperactividad. Lo que sí está claro es que algunos niños de esta edad son especialmente sensibles a los estímulos o les cuesta autorregular sus emociones. Por ejemplo, hay algunos que en situaciones como una reunión familiar o simplemente con el juego, se sobreexcitan y no saben tranquilizarse ellos solos.

Estos niños necesitan a sus padres para calmarse, ya sea apartándolos un momento de la situación, cogiéndoles en brazos, distrayéndoles… lo que funcione en cada caso. No se trata de evitar las situaciones «conflictivas», tan solo hay que tener en cuenta el carácter del pequeño y exponerle a esas situaciones con cautela. Por ejemplo, para un niño sensible a los ruidos y las multitudes, una larga sesión de compras no es lo más aconsejable, como tampoco es lógico pretender que se duerma inmediatamente después de una movida tarde de juegos con sus primos. Es importante conocer bien a nuestro hijo para saber cómo evitar las situaciones de riesgo.

No sabe estar con otros niños

Si quiere el cubito o el triciclo de otro niño, sencillamente le pega un empujón o un manotazo y se lo quita. Teresa, de 13 meses.

El consejo del experto. La agresividad forma parte la naturaleza humana, pero a través de la educación los niños aprenden a socializar sus emociones. A estas edades, cuando quieren algo, lo quieren ya, y es pronto para que entiendan que no todo es suyo y que cuando pegan o muerden están haciendo daño. Si estos comportamientos son esporádicos no hay que preocuparse, simplemente decirle que eso no se hace (si no nos hace caso, podemos intentar distraerle con otra actividad o bien apartarle del juego un ratito). Pero si el pegar y morder forma parte habitual de su comportamiento, deberemos preguntarnos que está ocurriendo y quizás buscar ayuda.
Me vuelve loco

Cuando estoy con él, no me deja ni un momento. Le pongo dibujos y al minuto se cansa, ningún juguete le dura en la mano ni cinco minutos y en cuanto salgo de su ángulo de visión se pone a chillar. ¿Es normal que no se entretenga con nada? Oscar, de 14 meses

El consejo del experto. Entre el primer y el segundo año la capacidad de jugar solos es muy limitada.Todavía no tienen interiorizada su relación con los objetos y necesitan estar cerca de papá y mamá para todo, también para jugar (se ha demostrado que, cuando los padres abandonan la habitación, los niños dejan de jugar), pero eso no quiere decir que haya que estar entreteniéndolos todo el rato. Actividades cotidianas como hacer la cena les pueden resultar muy divertidas, sobre todo si les hablamos y les vamos contado lo que hacemos.

Se pasa el día llorando

Se queja continuamente y cuando quiere algo, aunque sabe que se lo vamos a dar, lo pide llorando. La he llevado al pediatra porque pensaba que a lo mejor le pasaba algo y me ha dicho que la niña está sana. Yo le digo: «Hasta que no me lo pidas bien, no te lo doy», pero así solo consigo que se ponga más nerviosa e irritable. Nerea, de 21 meses.

El consejo del experto. Aunque a esta edad están aprendiendo a hablar, su principal herramienta decomunicación sigue siendo el llanto. Es normal que lo utilicen para expresar sus miedos, su incomodidad o sus inseguridades. Además, empiezan a tener criterio propio, que muchas veces no coincide con el de los padres: han dejado de ser esos bebés a los que podemos bañar cuando queramos. Por otra parte, es pronto para que entiendan que si no dejan de llorar no conseguirán lo que quieren. Los mecanismos de control de las emociones no se han desarrollado (es un proceso muy largo que apenas acaba de comenzar y continúa hasta la adolescencia), por lo que no les podemos pedir que se regulen por sí mismos, sino ayudarles a calmarse.

Consejo: Si no sabes cómo adecuarte a él consulta  un profesional, es clave para su educación y bienestar.

Primeras aproximaciones y límites con el bebé.

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 Siguiendo el hilo conductor de nuestra publicación semanal de “Supennany  a la realidad hogareña”, damos un paso más en el desarrollo del bebé y en la relación con los padres o cuidador, ya que esta relación va a ser clave para el posterior establecimiento de normas y límites.

Cabe tener en cuenta que a pesar de las poderosas fuerzas biológicas que crean el vínculo madre-hijo, hay situaciones que interfieren en esta relación: una enfermedad, el estrés, las expectativas frustradas etc. Valoremos como influyen dichos factores en la relación con el bebé y sus efectos a largo plazo.

 El vínculo que se establece entre la madre y el niño se basa en una comunicación placentera para ambos. Así, la madre es capaz de saber qué le pasa a su hijo y el bebé se siente seguro. Ambos se entienden sin palabras y se observan mutuamente con asombro y admiración. En el establecimiento del vínculo intervienen los dos, madre e hijo. El bebé no es pasivo. La madre tiene el instinto de cuidar de su bebé y nutrirlo. El pequeñín, mediante el lenguaje no verbal y el llanto, la va guiando; ella responde, cubre sus necesidades; él a su vez también responde, se acurruca en ella, la abraza, le sonríe, se siente feliz en su presencia.

Pero ¿qué ocurre cuando cuesta crear ese vínculo? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo se aprende a querer al bebé? ¿Es normal que nos ocurra? ¿Hay solución? ¿Cómo hacerlo? Reconocer y aceptar lo que nos pasa es lo primero. No juzgarnos, lo segundo. Lo tercero es ponernos manos a la obra: se puede trabajar ese vínculo y crear las condiciones adecuadas para generarlo.

Nace con una enfermedad

  • La situación me supera. Algunas veces se detecta durante el embarazo, pero otras llega por sorpresa. La angustia de tener un recién nacido enfermo llega a bloquear a muchos padres y madres. Por un lado puede generar un fuerte deseo de proteger al bebé, pero por otro puede provocar el movimiento contrario, el de buscar la separación, generada por el miedo y la decepción. No hay que culparse por ello, es algo que sucede muy a menudo.
  • ¿Qué hacer? Los padres de un bebé enfermo deben darse tiempo para aceptar la situación que están viviendo y aceptar sus emociones. Si, a pesar de la ambivalencia, permanecen junto a su hijo, favorecen el contacto y se dan tiempo para conocerse y quererse, lo normal es que se vaya formando ese vínculo que en este caso no ha sido automático. Tiempo al tiempo.

El bebé es muy irritable

  • «Llora tanto… ¡No es lo que esperaba!». El vínculo es cosa de dos, y la capacidad del bebé para interactuar influye en la relación que se establece: si sonríe mucho, es tranquilo y responde a los estímulos de sus padres con alegría, estos se vincularán con él con más facilidad que si es muy irritable, o llora mucho y la madre siente que no le comprende y no puede ayudarle.
  • ¿Qué hacer? En este caso la retroalimentación placentera no se produce tan fácilmente y los padres pueden necesitar más tiempo para establecer una relación satisfactoria con el bebé. El camino es el de siempre: contacto físico y mucho tiempo para escuchar y conocer al bebé.

Depresión posparto

  • No sé si le quiero. La depresión posparto es un grave problema que no hay que tomar a la ligera.Hay que buscar una solución inmediatamente. La madre con depresión no suele sentir ningún interés por su bebé (o sentir incluso resentimiento) y esto empeora su estado, se siente culpable por ello. Detectarlo a tiempo, escucharla, no negar sus emociones («pero claro que quieres a tu bebé», tendremos la tentación de decirle) y apoyarla durante el tratamiento es lo primero: mientras la madre esté mal no puede hacerse cargo de otro.
  • ¿Qué hacer? La madre no es la única persona que puede vincularse con el bebé. Si ella no es capaz de hacerlo es importante que otro adulto, normalmente el padre, asuma el papel de cuidador principal y establezca el vínculo con el bebé. La madre podrá dedicarse exclusivamente a recuperarse y el bebé tendrá su figura de apego, vital para su desarrollo físico y emocional.

El segundo hijo

  • No siento lo mismo que con el primero… ¿Qué me pasa? Hay mujeres que no viven el nacimiento del segundo hijo como el primero. Es normal, ¡no es el primero! «Hay que entender que cada bebé es único y que la relación con cada hijo es diferente», recuerda Ibone Olza. Hablar con otras madres y amigas, expresarlo en voz alta, nos puede ayudar a darnos cuenta de que lo que nos pasa es normal. Con el segundo hijo tendremos que establecer una relación nueva, diferente y conocerle y aceptarle de forma separada.
  • El estrés de la madre durante el embarazo también afecta al establecimiento del vínculo. En esta y otras situaciones la madre debería preguntarse si en el embarazo ha estado más nerviosa, ya que las hormonas del estrés son antagonistas de las que conducen a vincularse. Si ha sido así, le puede ayudar a entender por qué la vinculación no ha ocurrido de forma espontánea y sencilla.
  • ¿Qué hacer? La solución es simple, como siempre: pasar tiempo con el bebé a solas (a veces el tiempo y la intimidad que tuvimos para el primero no nos lo permitimos con el segundo), mirarle a los ojos y contactar con él, abrazarle mucho, olerle, darle un masaje, favorecer la lactancia materna si es nuestra elección, detenernos a observar sus intentos de comunicarse con nosotros, sus balbuceos, sus manitas que nos abrazan… En definitiva, se trata de darnos el tiempo necesariopara enamorarnos poco a poco.

Consejo: Lo mejor es no perder nunca la esperanza de poder sanar la  relación con nuestros hijos. La clave está en saber aproximarnos progresivamente, darle seguridad y recuperar su confianza.