Depresión en Mujeres

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La depresión es más frecuente en la mujer debido a causas hormonales y circunstancias individuales y sociales de género. La relación de las hormonas femeninas estrógenos con la síntesis de la serotonina, neurotransmisor implicado en numerosos trastornos psiquiátricos, como la depresión, explica la presencia de trastornos depresivos asociados a ciclos reproductivos en la mujer. Para el doctor Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Área de Burgos y ponente en el V Encuentro Nacional de Salud y Medicina de la Mujer (SAMEM) celebrado recientemente en Madrid, “esta relación entre los estrógenos y la serotonina, junto con los factores individuales y sociales de la mujer, explica la mayor prevalencia de la depresión en mujeres que en hombres”.

Un nueve por ciento de las mujeres sufre depresión, casi tres veces más que los hombres. “En cada ciclo reproductivo aumenta el riesgo de padecer trastornos depresivos ya que se produce un descenso en la producción de estrógenos, hormonas exclusivamente femeninas”, añadió el doctor de la Gándara.

Por otro lado, entre las causas de género responsables de que la depresión sea más frecuente en la población femenina destaca el estrés que está creciendo de manera importante en la población femenina. Entre los factores que repercuten más en las mujeres, señaló el doctor de la Gándara, “figuran las responsabilidades primordiales en el hogar y el trabajo, ser madre soltera, el cuidado de los niños y padres ancianos, además del puesto de trabajo que desempeñan fuera de casa”. De este modo, “el estrés y la depresión se incrementan cuando la mujer asume un triple papel en la sociedad: es ama de casa, cuida de sus hijos y además trabaja fuera del hogar”, advirtió este experto.

La incidencia de depresión es mayor en la mujeres separadas o divorciadas; con problemas maritales; en mujeres que han sufrido una histerectomía o que padecen osteoporosis o problemas cardiovasculares; o cuando los hijos abandonan el hogar para hacer su propia vida. Cualquiera de estos factores emocionales, como eventos de estrés específico, puede desencadenar un episodio de depresión.

El rango de mayor riesgo se sitúa entre los 25 y 45 años, siendo más susceptibles de sufrir estos trastornos las mujeres en edad fértil y con hijos menores de tres años a su cargo. Estudios recientes han confirmado que el embarazo, el postparto y la menopausia son períodos de riesgo para el desarrollo y/o recurrencia de ciertos estados psicopatológicos.

Depresión femenina por etapas

Los expertos estiman que aproximadamente entre el 20 y el 30 por ciento de las mujeres tiene síndrome eufórico premenstrual entre el 20 al 40 por ciento de las mujeres padecen problemas emocionales leves después del parto y el 10 por ciento sufre depresión post-parto.

“El 10 por ciento de las mujeres con síndrome eufórico premenstrual, que suele aparecer a los 20 años y se detecta a los 30, requiere tratamiento”, explicó el doctor de la Gándara. “Este tratamiento puede ser necesario que se mantenga hasta la llegada de la menopausia”.

En cuanto al embarazo, el doctor de la Gándara explicó que aumenta el riesgo de sufrir depresión debido a que durante el mismo se da un aumento de las hormonas femeninas, que descienden bruscamente tras el parto.

Se considera depresión postparto aquel estado en el que la mujer experimenta, durante el mes siguiente a dar a luz, un estado de ánimo triste y una disminución del interés y de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades. Además, también se pueden presentar otros síntomas como son el trastorno del sueño, del apetito, de la atención y la concentración, de la memoria, del estado psicomotor, la sensación de fatiga, los sentimientos de culpa, el miedo a hacer daño al recién nacido o incluso la ideación suicida.

La detección precoz de este síndrome no sólo es importante para el éxito del tratamiento de la mujer afectada, sino también para la prevención de posibles efectos en el desarrollo emocional y cognitivo del bebé. Los estudios que se están realizando actualmente se centran en los riesgos de que el niño sufra futuras psicopatologías debido al síndrome de depresión postparto de su madre.

No obstante, para el doctor de la Gándara etapa de la vida de la mujer más relacionada con estados depresivos es la menopausia, momento en el que acontece el cese de producción de estrógenos. Según este experto, “la depresión está presente en el 20 por ciento de las mujeres menopáusicas, aunque alrededor del 60-70 por ciento de ellas manifiesta síntomas depresivos”.

Cómo tratar la depresión

El diagnóstico precoz de la depresión es la clave para la curación de esta enfermedad y para evitar al paciente elevados costes sociales, pues la persona depresiva no rinde en su trabajo como debiera, no mantiene las debidas relaciones familiares y sociales y, en general, su enfermedad provoca malestar y sufrimiento no sólo al propio paciente, sino también a todo su entorno. Igualmente, está demostrado que la depresión influye negativamente en el sistema inmunológico.

El manejo de la depresión requiere un abordaje multifactorial. Por un lado se debe establecer un tratamiento farmacológico combinado con el aprendizaje de unas pautas de estilo de vida saludables(comidas, horarios, relaciones personales) y con la ayuda de un profesional.

Toda persona sufre alguna vez en su vida una depresión más o menos severa y su detección y tratamiento es necesario. Un trastorno depresivo no diagnosticado corre el riesgo de convertirse en crónico y puede acompañar a la persona afectada a lo largo de toda su vida.

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¿Por qué es importante estimular el lenguaje y el habla en edad temprana?

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¿Observa usted que su hijo habla muy poco o que no comprende lo que trata de decir?, o acaso ¿tiene usted que estar explicándoles a los demás lo que su hijo quiso expresar verbalmente?

Si las respuestas a estas preguntas son afirmativas, entonces su hijo tiene problemas del lenguaje o habla. Los niños en el primer año de vida, a través de una adecuada estimulación sensorial, logran madurar las áreas que permiten el desarrollo del lenguaje y el habla. Cuando esto no se logra, debido a causas como la sobreprotección, la falta de estimulación, daños emocionales, el bilingüismo mal empleado o falta de maduración cerebral, entre otras, el niño presentará un desarrollo del lenguaje o del habla no adecuado, provocando que su comunicación se vea interferida de una u otra manera. Se logran ver características como poco vocabulario, habla incomprensible, la no producción de ciertas letras o de palabras en su mayoría largas, la ausencia de una estructura clara en la oración que utiliza, pocas ideas, entre otras.

El lenguaje son todas las ideas de donde escogemos las palabras, el tipo de oración y la manera en la que se quiere decir la expresión, entre otras, para darnos a entender y asimismo, comprender lo que otros dicen; a partir de aquí, cualquier alteración en este proceso provocaría una patología del lenguaje y por consiguiente repercusiones en el ámbito emocional, personal y social.

El lenguaje se desarrolla ante la estimulación adecuada de la percepción, ya que es la primera fuente con la cual se toma y analiza la información del medio a través de los sentidos, con la que se construye el conocimiento y el pensamiento para desarrollar el lenguaje. De la misma forma, la memoria es un área que da estabilidad, debido a que permite la retención de la información y vocabulario, para realizar tareas simples y complejas en los años de adquisición del lenguaje, además la atención y concentración, que ayuden a terminar la tarea que se ha iniciado. La integración de las emociones, del aprendizaje y una adecuada maduración cerebral son indispensables para la adquisición del lenguaje, por lo cual estas deben tener un equilibrio en su desarrollo, ya que puede conllevar a un desfase en el lenguaje.

Los movimientos que se realizan con la cara, boca y cuello son los que nos ayudan a hablar, así como todo lo referente a los procesos respiratorios, prosódicos (ritmo, entonación y articulación al hablar), permitiendo coordinación, comprensión y producción adecuada y saludable del habla.

Los factores ambientales, afectivos y emocionales influyen en el habla del niño, por ejemplo, podría tartamudear, por lo que se debe regular el nivel de excitación emocional, logrando control sobre la conducta, la tolerancia afectiva y la expresión de emociones. Todo esto ayuda a la emisión coordinada y consciente del habla que se lleva de la mano con la percepción dada desde el cerebro hasta los movimientos realizados al hablar.

Las patologías del lenguaje y habla son intervenidas por el terapeuta del lenguaje, quien, bajo un proceso de diagnóstico e intervención, trata dicha situación, en ocasiones de la mano con otros especialistas.

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Atención y memoria:  

 

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Diferencias entre aprendizaje y memoria:

Aprendizaje y memoria son dos procesos cerebrales estrechamente ligados que originan cambios adaptativos en el comportamiento de los organismos. Cuando aprendemos podemos utilizar al menos dos tipos de estrategias cognitivas que originan a su vez dos tipos de memoria diferenciadas.

Naturaleza del aprendizaje y la memoria

El aprendizaje es un proceso por el que los organismos modifican su conducta para adaptarse a las condiciones cambiantes e impredecibles del medio que los rodea. Junto a las fuerzas selectivas de la evolución, el aprendizaje constituye el modo principal de adaptación de los seres vivos.

Lo que aprendemos es retenido o almacenado en nuestro cerebro y constituye la denominada memoria. La memoria es siempre inferida del comportamiento. Por definición, no hay aprendizaje sin memoria, ni memoria sin aprendizaje, aunque éste último sea de naturaleza elemental. Aprendizaje y memoria  están presentes en muchos otros procesos cerebrales, como la percepción sensorial, las emociones o el lenguaje.

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La obesidad infantil y sus repercusiones psicológicas:

 

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Sabemos que actualmente la obesidad infantil es uno de los más importantes problemas de salud que enfrentan los padres y madres de familia, no solo por las consecuencias en la salud de los niños y las niñas, sino por las repercusiones en el desarrollo psicológico de los más pequeños de nuestras casas.

Alrededor de la obesidad infantil existen muchos mitos y estereotipos que mellan en la autoestima de quienes la padecen, algunos de ellos están relacionados con que los niños/as gordos son niños sanos, lo cual es desmitificado por los especialistas en nutrición humana; además los medios de comunicación han hecho de la  obesidad infantil motivo de burla  atribuyéndoles a las personas  con obesidad roles de personajes cómicos, torpes y glotones.

Esta predeterminación sociocultural promueve conductas de rechazo de los niños hacia sus iguales que padecen de obesidad, generando conductas de burla, poca aceptación y marginación social; lo cual aunado al culto por la estética en la que vivimos hace que los niños y niñas con  obesidad tengan un pobre autoconcepto.

En una investigación realizada por esta servidora con niñas y niños con obesidad se logró determinar que esta ejerce efecto en la construcción del autoconcepto   sobretodo en aspectos relacionados con la Imagen Corporal, por la percepción de dichos sujetos acerca de su contextura física.

En muchas ocasiones la ingesta excesiva de alimentos de los niños con obesidad está estrechamente ligada a factores psicológicos como la ansiedad, aspecto que debe ser valorado y tratado por un especialista en la rama, con el fin de poder ayudar a los pacientes y a sus familiares cercanos a identificar cual es la causa de dicha ansiedad y poder hacer la intervención oportuna según cada caso particular.

Con respecto a los patrones de consumo es importante  mencionar que los hábitos alimenticios  han sufrido modificaciones importantes en las ultimas décadas, ya que se pasó de ingerir comida casera a comida congelada o tipo “supermercado”, la cual está cargada de carbohidratos y grasa saturada.

Además  estamos acostumbrados a que desde edades tempranas algunos padres se obsesionan para que sus hijos e hijas coman mucho, posteriormente, se festejan los acontecimientos de la vida de los pequeños con “comida chatarra” (por ejemplo: cumpleaños, navidad, graduaciones, aprobación de exámenes, primeras comuniones, etc.), sin mencionar las meriendas que llevan al kinder a la escuela o colegio, las cuales en muchas veces están cargadas de frituras, golosinas y refrescos empacados; y qué decir de   los tipos y calidad de alimentos que expenden en las sodas de los centros educativos donde abunda este tipo de comidas.

De esta forma, ya sea por motivos genéticos, hormonales o ambientales la obesidad infantil aumenta día a día convirtiéndose en un problema de salud pública, por lo que no podemos perder de vista que al ser cada persona diferente, cada organismo tiene también requerimientos diferentes, es decir, no todos los niños y niñas necesitan comer la misma cantidad y el desconocimiento de esto en algunos casos, puede fomentar esta enfermedad.

Diferentes autores señalan que la obesidad infantil genera una serie de factores negativos como por ejemplo:

  • Psicosociales:  discriminación de compañeros, burlas, mala aceptación escolar, baja autoestima, depresión, aislamiento.
  • Crecimiento: edad ósea adelantada, mayor estatura, menarca temprana en las mujeres.
  • Respiratorio: Síndrome de Pickwick, Síndrome de apnea de sueño, o sea, somnolencia e insuficiencia respiratoria.
  • Cardiovascular: miocardiopatía, diversas enfermedades cardiovasculares, presión alta.
  • Metabólica: diabetes tipo II, resistencia a la insulina, aumento de colesterol y triglicéridos.
  • Ortopédica: problemas en las rodillas.
  • Cutáneas, celulitis, estrías.

Esto debe de ser  de suma consideración tomando en cuenta que existen investigaciones que determinan que el 75% de los niños/as y adolescentes con sobrepeso u obesidad serán adultos obesos.

En este sentido la intervención de la obesidad infantil debe ser temprana y oportuna, y debe involucrar un equipo interdisciplinario de profesionales, entre los que destacan los psicólogos, los nutricionistas y los médicos.

En conjunto con lo anterior, es necesario que se implementen diversos programas relacionados con la obesidad infantil, su prevención y tratamiento, y en este sentido los programas educacionales tienen un papel protagónico; por eso es importante que tanto padres de familia, como educadoras, médicos y otros profesionales, estén conscientes de la importancia que tiene el educar y educarse respecto a este tema, sobretodo reeducar y promover en los niños conductas relacionadas con la alimentación saludable; esto incluye además el modificar hábitos para que nuestros niños no pasen tanto tiempo frente a la computadora, el televisor o en los juegos electrónicos y aprendan a disfrutar de la actividad física, lo cual a corto plazo mejorará el estado de salud, y favorecerá la pérdida de peso beneficiando así la modificación de  costumbres, además de mejorar el estado de ánimo.

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