Mindfulness para combatir el insomnio: Más eficaz que las terapias modernas

 
La ciencia ha avanzado mucho y nos ha dado herramientas muy valiosas pero a veces, las mejores soluciones no se encuentran mirando al futuro sino volviendo la vista al pasado. De hecho, la mejor solución para conciliar el sueño no son los somníferos o las aplicaciones para dormir, sino una técnica milenaria que la Psicología ha rescatado: el mindfulness. 
 
Diversos estudios han comparado la eficacia del mindfulness con otras alternativas para combatir el insomnio y han descubierto que es mucho más eficaz. No se trata de un descubrimiento banal, sobre todo si se tiene en cuenta que en España, por ejemplo, el consumo de somníferos se ha duplicado en los últimos cinco años. Sin embargo, muchos recurren a estos fármacos sin prescripción médica, lo cual aumenta aún más los riesgos para su salud.
 

Higiene del sueño vs. Mindfulness

 
Un estudio desarrollado en la Universidad de California del Sur ha demostrado que el mindfulness es una alternativa mucho más eficaz para dormir que las técnicas modernas. 
 
Estos investigadores reclutaron a una serie de personas que sufrían de insomnio moderado. Insertaron a algunos en un programa de higiene del sueño, en el que les enseñaron diferentes estrategias para conciliar el sueño, algunas de ellas propias de la Terapia de Control de Estímulos. El otro grupo recibió un programa diferente: un entrenamiento en mindfulness.
 
Vale aclarar que ambos programas duraron seis semanas y el entrenamiento se realizaba durante dos horas semanales.
 
Al terminar el experimento, los psicólogos pudieron apreciar que las personas que habían recibido el entrenamiento en mindfulness mostraban grandes mejorías en la calidad del sueño. Además, también reportaban sentirse menos cansados durante el día y sus niveles de depresión habían disminuido.
 

Somníferos vs. Mindfulness

 
Una investigación realizada en la Universidad de Minnesota fue un paso más allá: no solo reclutó a personas con insomnio crónico sino que se propuso comparar la eficacia del mindfulness con la de los somníferos.
 
Estas personas recibieron un entrenamiento en mindfulness, durante 2,5 horas semanales. Otras personas recibieron fármacos para combatir el insomnio y un entrenamiento básico en las normas de higiene del sueño. Todos debían llevar un diario del sueño.
 
Al cabo de ocho semanas, los investigadores notaron que el mindfulness era tan eficaz como los medicamentos para combatir el insomnio. Las personas presentaban resultados similares en cuanto a la cantidad de horas que dormían, el tiempo que les llevaba conciliar el sueño y cuán reparador era este.
 
Sin embargo, lo más interesante es que al cabo de cinco meses, la mitad de las personas que siguieron practicando el mindfulness ya no tenía insomnio y lograban dormirse el doble de rápido que quienes habían seguido con la medicación. Además, las mejorías en la calidad del sueño mejoraban con el paso del tiempo, mientras que las personas que recurrían a los somníferos, debían cambiar dosis o medicamento para obtener los mismos efectos.
 

Mindfulness para combatir el insomnio

 
Una vez que la persona practica el mindfulness con regularidad, puede reducir drásticamente el tiempo que necesita para quedarse dormida. De hecho, las estadísticas indican que pueden pasar de media hora a tan solo 15 minutos. 
 
Lo ideal es que se practique el mindfulness durante 20 minutos al día, por la noche. Después de tan solo tres sesiones, comenzarás a notar cómo tus pensamientos fluyen con mayor rapidez. En este punto, puedes optar por calmar tu mente, intentando vaciarla. No obstante, considera que es normal que los pensamientos vuelvan, sobre todo durante las primeras sesiones.
 
Sin embargo, lo curioso es que el peor enemigo del insomnio no son los pensamientos sino las emociones que estos despiertan. Si te enfadas o te frustras, aumentarás tu nivel de activación y te resultará imposible conciliar el sueño. De hecho, el mindfulness, al contrario de lo que muchos piensan, no se basa en controlar tus pensamientos sino en notarlos y dejarlos ir, sin que te perturben.
 
Existen diferentes técnicas para lograr un estado mindfulness, una de las más sencillas consiste en respirar. Debes concentrar tu atención en la respiración, de esta forma le impides a tu mente vagar sin rumbo y generar pensamientos que puedan molestarte. Puedes concentrarte en tu respiración mientras escuchas una música relajante.
 
Otra técnica, más compleja pero muy eficaz, consiste en escanear el cuerpo. Básicamente, se trata de comenzar concentrándose en la respiración para después dirigir la atención hacia otras zonas del cuerpo, desde los pies hasta la cabeza. Solo tendrás que hacer consciente las sensaciones que experimentas en cada parte, mientras descansas en la cama.
 
No obstante, mi técnica preferida es dejar que los pensamientos fluyan libremente. No es necesario concentrar la atención en un aspecto sino simplemente no oponer resistencia. Cuando dejas que tus pensamientos fluyan con total libertad, sin analizarlos ni responder emocionalmente, muy pronto entras en un estado de tranquilidad total que facilita el sueño.
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10 cosas asombrosas que te pierdes cuando usas el móvil

 

 Hace unos días estaba en una sala de espera de una clínica. Miré a mi alrededor y lo que ví, me asustó un poco. Había aproximadamente una docena de personas y todas, sin excepción, estaban con el móvil en mano, enfrascadas en un mundo que les permitía disociarse de su realidad. El móvil se convertía así, una vez más, en una barrera invisible entre las personas, en una burbuja que les permitía distanciarse del resto.
 
Quizás lo más alarmante es que las encuestas realizadas en los últimos años indican que las nuevas generaciones no pueden (o creen que no pueden, que no es lo mismo pero es igual) vivir sin su móvil. Y estarían dispuestas a sacrificar desde la cena hasta el sexo, con tal de pasar más tiempo usando la tecnología.
 
No estoy en contra de la tecnología ni mucho menos, creo que es un medio excelente para comunicarse e informarse, e incluso para divertirse. Sin embargo, hay un límite, una línea sutil que no debemos sobrepasar o, al contrario, corremos el riesgo de perdernos las cosas más bellas de la vida.
 

¿Qué te pierdes cada vez que usas el móvil?

 
1. Te pierdes tus propios pensamientos
 
No es una banalidad, el uso de la tecnología nos deja cada vez menos espacio para estar a solas con nosotros mismos. Cuando no estamos ocupados con alguna actividad, nuestra mente vaga libremente, realizando asociaciones de las cuales suelen surgir las ideas más brillantes y creativas. Sin embargo, cuando estamos continuamente ocupados, impedimos ese flujo de pensamientos. Así, poco a poco, matamos nuestra creatividad.
 
2. Te pierdes la maravillosa experiencia de perderse
 
Sin GPS, sin rutas preconcebidas, sin aplicaciones que indiquen los puntos turísticos… No hay nada mejor que descubrir una ciudad perdiéndose en sus calles. De esta forma logras apropiarte de su verdadera esencia y sentir esa increíble sensación de doblar una esquina y encontrar una imagen que te asombre. Recuerda que a veces es necesario perderse, para reencontrar lo verdaderamente importante. 
 
3. Te pierdes la oportunidad de conectar emocionalmente con desconocidos
 
El móvil es una barrera invisible, una burbuja que te cubre y aísla del resto de las personas. Sin embargo, grandes amistades y amores han surgido entre dos perfectos deconocidos, que se encontraron por azar y conectaron emocionalmente. Conocer a gente nueva es simplemente fabuloso, pero cada vez que no miramos a nuestro alrededor, perdemos la oportunidad para conectar con otra persona. 
 
4. Te pierdes el sonido del silencio
 
En un mundo plagado de ruido y vertiginosidad, necesitamos cada vez más del silencio para reencontrar la tranquilidad y el equilibrio, para conectar con nosotros mismos. Sin embargo, aunque estemos en silencio, el uso de la tecnología nos impide disfrutar de esos momentos de quietud. Sin embargo, recuerda la frase de Thomas Carlyle: “el silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes”.
 
5. Te pierdes la energía del ambiente
 
Ver un concierto a través de la pantalla del móvil o limitarse a fotografiar un lugar implica perderse la mejor parte, la energía que recorre el ambiente. Mientras estás ocupado intentando sacar el mejor vídeo o la mejor foto, te olvidas de disfrutar el presente y de captar esas sutiles diferencias de energía que recorren el aire. Sin embargo, recuerda que es esa energía la que genera emociones, y son las emociones las que hacen que una vivencia sea única. Vivir a través de la pantalla no es vivir.
 
6. Te pierdes la posibilidad de relajarte y desconectarte del mundo
 
Antes de que existieran los móviles, nadie esperaba que respondiésemos inmediatamente al teléfono. Las personas se limitaban a dejar un mensaje en el contestador automático y, cuando teníamos tiempo libre, devolvíamos la llamada. Ahora todos esperan que respondas en cuestión de segundos y si no lo haces, incluso se enfadan. De hecho, un estudio realizado en la Universidad Estatal de Kent, en Ohio, ha desvelado que el uso de la mensajería instantánea aumenta considerablemente los niveles de ansiedad. 
 
7. Te pierdes los detalles que hacen único cada momento
 
Los detalles son los que hacen única cualquier situación. Sin embargo, cuando estás pendiente de la pantalla del móvil, te pierdes precisamente lo más bello porque eres incapaz de notar los pequeños cambios, los detalles que hacen que el camino que recorriste ayer, no sea el mismo del que recorres hoy. Estar pendientes del móvil te impide captar la sonrisa fugaz de la persona que está a tu lado, esa pequeña flor que creció al lado del camino o disfrutar del sabor de la comida. Para disfrutar, es necesario estar plenamente presentes, y no podemos estar en el aquí y ahora si estamos viviendo en una dimensión paralela.
 
8. Te pierdes la oportunidad de experimentar cosas nuevas
 
Una persona media, pasa dos horas al día navegando en Internet a través de su móvil (algunos mucho más, sobre todo los más jóvenes). De hecho, en realidad solo pasamos un 26% del tiempo hablando por un Smartphone, la mayor parte del tiempo la empleamos enviando mensajes, navegando por las redes sociales y consultando el correo o viendo sitios web. Sin embargo, se trata de tiempo robado a nuestra vida, tiempo que no podremos recuperar y que podríamos haber empleado en cultivar una pasión o en probar cosas nuevas. No es el tiempo lo que nos falta, sino que no sabemos utilizarlo sabiamente.
 
9. Pierdes salud y vida
 
Investigadores de las universidades de Kentucky y Ohio encuestaron a más de 300 jóvenes y descubrieron que aquellos que utilizaban más su móvil, llevaban un estilo de vida más sedentario y mostraban una menor capacidad cardiorespiratoria, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que los smartphones pueden convertirse en verdaderos agujeros negros por los cuales se escapa el tiempo. Por tanto, estos investigadores no tienen lugar a dudas: el uso excesivo del teléfono móvil puede representar un riesgo serio para nuestra salud y, a la larga, incluso podría restarnos años de vida.
 
10. Te pierdes tu mundo interior
 
La introspección es lo que nos permite conocernos, en esos momentos en que estamos a solas con nuestras emociones, sueños y miedos, descubrimos quiénes somos. Sin embargo, estar cada vez más conectados con el mundo exterior, nos desconecta de nuestro mundo interior. De esta forma, nos convertimos en completos extraños para nosotros mismos, en personas que simplemente reaccionan ante los estímulos, sin buscar dentro de sí una respuesta. 

¿Te distraes con facilidad? Un inusual beneficio para la vida cotidiana

 Se dice que Darwin, Chekhov y Proust eran personas que se distraían con facilidad, aunque ello no les impidió desarrollar sus teorías y escribir sus obras maestras. Y es que aunque en nuestra cultura se ensalza el poder del focus y la concentración, lo cierto es que a menudo la creatividad va de la mano con la distracción. 
 
Un estudio realizado en la Universidad de Northwestern ha descubierto que las personas particularmente creativas tienen dificultades para silenciar los ruidos de las bocinas de los coches, los grifos que gotean o la gente hablando en la oficina. Estas personas tienen más “fugas” en sus filtros sensoriales, lo cual afecta su capacidad de concentración pero también les permite integrar diferentes ideas, que es una de las claves de la creatividad. 
 
De hecho, se cuenta que Proust había aislado con corcho la habitación donde escribía y que incluso utilizaba tapones para los oídos. Solo así lograba concentrarse. Wagner afirmaba que su mayor necesidad para componer una pieza musical era la tranquilidad, el silencio y la calma, mientras que Kafka decía que necesitaba la soledad para escribir.
 

La distracción: Un factor necesario para la creatividad

 
En el experimento en cuestión participaron 84 personas. Se evaluó su nivel de creatividad de dos formas diferentes, en una primera prueba se les pidió que buscaran un final creativo para algunas historias. Mientras más finales encontraran y más originales o ingeniosos fueran, más puntuaban en la escala de creatividad. La segunda prueba consistía en hallar soluciones creativas para problemas de la vida cotidiana. Así se detectaron las personas más creativas.
 
Posteriormente, se midió la actividad eléctrica de sus cerebros, buscando señales que indicaran la habilidad para filtrar automáticamente la información indeseada. Para ello, les hicieron escuchar a través de unos audífonos dos clics, separados tan solo por 500 milisegundos. La mayoría de las personas mostraba una fuerte activación fisiológica al escuchar el primer clic pero después inhibía el segundo. Sin embargo, en las personas creativas no ocurría así. 
 
Estas personas continuaban mostrando una gran activación ante el segundo clic, lo cual desvela que sus filtros para detener la información irrelevante no funcionaban muy bien. Estos resultados nos indican que distraerse con facilidad no es tan negativo como pensamos.
 

La relación oculta entre la creatividad y la distracción

 
Los filtros sensoriales nos permiten detectar los estímulos irrelevantes que provienen del ambiente e inhibirlos, de esta forma podemos mantenernos concentrados en la tarea. Sin embargo, los estudios más recientes indican que en algún momento del proceso creativo, es necesario que esos filtros tengan algunas “fugas”. 
 
Al dejar que una mayor cantidad de estímulos intervengan en nuestra conciencia, aumentan las pprobabilidades de que podamos recurrir a combinaciones nuevas, diferentes y originales. En práctica, en las primeras fases del proceso creativo, la distracción nos permite encontrar más respuestas ya que integra ideas que de otra manera se habrían quedado fuera de nuestro focus de atención. 
 
Si somos capaces de canalizar esos estímulos en la dirección adecuada, entonces la distracción nos permitirá encontrar una vida más rica de estímulos y experiencias, que pueden dar rienda suelta a la creatividad.

 

¿Recuerdas cuando leíamos de corrido?

Una jóven consulta su teléfono móvil. / BERNARDO PEREZ

 

Un martes cualquiera, a las ocho y media de la mañana, el andén del metro de Madrid es una colección de hombres y mujeres con la nuca doblada. Miran las pantallas de sus móviles y leen al ritmo que marcan las yemas de sus dedos que suben y bajan. Esta imagen se repite por las calles de España, en las salas de espera del médico, en las colas de los supermercados. Leemos mucho, a todas horas y a trompicones. El cambio en la forma de leer y procesar la información se ha convertido en una creciente fuente de observación y preocupación entre neurocientíficos y psicólogos, que temen que nuestra capacidad de concentración y de leer en profundidad esté mermando.

Los científicos trabajan con la hipótesis de que la forma de leer en Internet, rápida, superficial y saltando de una información a otra, junto a la expansión de las redes sociales y de los teléfonos inteligentes, han cambiado no solo nuestra forma de leer, sino también nuestro cerebro. Dicen incluso que el actual es un momento histórico, comparable a la invención de la imprenta o incluso de la escritura, y que ha llegado el momento de retomar el control de nuestros hábitos de lectura.

Investigaciones científicas de todo el mundo apuntan en esa dirección. En Europa, más de un centenar de expertos suman fuerzas en una plataforma con la que pretenden desentrañar los efectos de la digitalización en los distintos tipos de lecturas. “Es muy plausible que la lectura profunda sea menos compatible con la lectura en las pantallas y que sea más difícil concentrarse porque las redes sociales, los correos, los anuncios web compiten por la atención del lector. Ese es el patrón que emerge de numerosos experimentos”, indica Anne Mangen, del Centro para la Investigación y la Educación Lectora de la Universidad de Stavanger, en Noruega, y presidenta de la plataforma europea E-Read. El proyecto que preside Mangen ilustra la preocupación y el interés por el asunto. “Casi cada día tenemos investigadores que quieren sumarse al proyecto. Hemos tocado nervio”.

Una mujer lee el movil en el tren. /BERNARDO PEREZ (EL PAÍS)

Hasta aquí la sinopsis de este artículo, compuesta por tres párrafos introductorios de fácil lectura en Internet, con enlaces que le permitirán saltar a otras páginas. A partir de ahora viene el resto del artículo, mucho más largo y en el que se desarrollarán las afirmaciones arriba expuestas. Es muy probable, sin embargo, que usted no llegue hasta el final, que se distraiga y corra a comprobar los mensajes de su móvil o salte a otra web. No se preocupe, no será el único.

Maryanne Wolf, neurocientífica cognitiva de la Universidad estadounidense de Tufts, es un referente en la materia. “Temo que la lectura digital esté cortocircuitando nuestro cerebro hasta el punto de dificultar la lectura profunda, crítica y analítica”, explica por teléfono Wolf, quien accede a abandonar por unos minutos su encierro californiano, donde trabaja en su próximo libro sobre la lectura. “Nuestra mente es plástica y maleable y es un reflejo de nuestros actos. Las investigaciones nos dicen que ha disminuido mucho nuestra capacidad de concentración. Los jóvenes cambian su atención unas 20 veces a la hora, de un aparato a otro. Cuando se sientan a leer, tienden a reproducir esa lectura interrumpida y en zigzag. Tenemos que ser conscientes de que estamos en medio de un cambio muy profundo”.

Wolf cree que el momento histórico que más se asemeja a la revolución actual fue la transición de los griegos de la cultura oral a una centrada en la escritura. Sócrates, gran defensor de la cultura oral, protestó contra la cultura escrita, porque pensaba que era el único proceso intelectual capaz de probar, analizar e interiorizar conocimientos y de conducir a los jóvenes a la sabiduría y la virtud, explica Wolf. Las ideas escritas, creía, cortocircuitarían este proceso.

La sensación que producen las redes sociales de que siempre tienes que estar disponible para contestar

En 2010, David Nicholas presentó con la University College de Londres un estudio que dio la vuelta al mundo y que puso el foco en lo que llamaron la generación Google, y que concluyó que los nativos digitales, nacidos a partir de 1993 eran más incapaces de analizar información compleja y más propensos a leer a toda prisa y de forma más superficial. Desde entonces, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han ocupado parcelas y minutos de nuestras mentes antes liberados. El último informe de la OCDE resalta la rápida penetración de los smartphones en España y cifra en 73,3 las conexiones por cada 100 habitantes. “Neurólogos y psicólogos confirman ahora que aquel diagnóstico no ha hecho más que empeorar. Nuestro cerebro ha perdido capacidad de concentración. La gente ya no quiere leer largo y profundo. El cambio es rapidísimo, y los teléfonos inteligentes han acelerado este proceso porque hacen además que la gente lea en movimiento, lo que supone una distracción adicional. Las implicaciones para nuestra cultura y nuestra sociedad son inmensas”.

Andrew Dillon, catedrático de Psicología de la Información de la Universidad de Austin, en Texas, es otro de los grandes estudiosos del fenómeno y no alberga dudas de que “asistimos a un cambio en nuestra forma de leer. Durante siglos apenas ha habido modificaciones. Aprendíamos a leer y a lo largo de nuestra vida íbamos perfeccionando esa habilidad. Ahora todo es diferente. Vamos saltando de un vínculo a otro. Leemos mucho, pero de una forma muy superficial. Como sociedad, estamos perdiendo la capacidad de formular ideas profundas y complejas. Corremos el riesgo de estar atontándonos, de pensar de manera más simplista y fragmentada. Tenemos que dar a la mente la oportunidad de manejar ideas complicadas”.

Un rato para desconectar cada día

Los expertos como Maryanne Wolf, autora de Cómo aprendemos a leer, recomiendan reservar un tiempo cada día para desconectar de las pantallas y de Internet para recobrar el sosiego y la concentración necesarios para la lectura profunda. Wolf explica que no solo basta con sentarse y coger un libro. Aconseja dejar fuera de la habitación el móvil y la tableta para no sucumbir a la tentación. “Hay que hacer un esfuerzo consciente, porque cada vez nos bombardean con más información. La tecnología que hemos creado es un imán para la lectura superficial”, coincide Andrew Dillon, decano de la Facultad de la Información de la Universidad estadounidense de Austin (Texas).

Mangen, la investigadora noruega, ha realizado tres estudios empíricos en los últimos años para analizar el impacto de las pantallas en la lectura. En uno de ellos, chicos de 15 años leyeron textos de cuatro folios en papel y otros lo hicieron en formato digital. Cuando les examinaron de comprensión lectora, vieron que los que habían leído en papel habían comprendido mucho mejor el texto. En otro de sus experimentos participaron adultos canadienses a los que se les dio un relato muy triste para leer. Los que leyeron en papel mostraron mayor empatía que los que lo leyeron en tableta. Mangen, como otros expertos, advierte de que aún no se pueden extraer conclusiones generales, en parte porque habrá lecturas que se beneficien del uso de las pantallas, pero otras, más profundas, probablemente se resentirán.

La misma cautela transmite Ladislao Salmerón, unos de los dos representantes españoles en el proyecto de investigación europeo. Asegura que algunos estudios sugieren que la información digital proporciona la sensación de una falsa facilidad para analizar datos y que el miedo es que esa sensación se traslade a la lectura profunda, “uno de los actos más complejos del ser humano”. Salmerón, experto en hipervínculos de la estructura de investigación interdisciplinar de la lectura de la Universidad de Valencia, asegura que es muy difícil establecer una causalidad unívoca entre los hábitos de lectura digital y la concentración o la impaciencia. Ha estudiado el movimiento ocular durante la lectura de estudiantes de 13 y 14 años y ha concluido que los alumnos buenos en papel leen mejor también en digital, siempre que utilicen las estrategias de lectura profunda y no abusen del escaneo.

Dos mujeres utilizan el móvil en el centro de Madrid. / BERNARDO PEREZ (EL PAÍS)

Uno de los estudios a los que Salmerón hace referencia es el de R. Ackerman y M. Goldsmith, de la Universidad de Haifa (Israel), que concluye que los alumnos que utilizan la pantalla estudian menos tiempo que los que leen los mismos textos en papel, porque la lectura en pantalla les genera la sensación de falso aprendizaje y dejan la tarea antes de tiempo. Otro, de la Universidad de Northwestern (EE UU), estudió a padres que leen a sus hijos con una tableta y otros que les leen un libro en papel. Estos últimos dedican más tiempo a comentar cuestiones relacionadas con la historia y su vocabulario, mientras los primeros comentan más cuestiones técnicas (cómo encender el aparato, para qué sirven los botones…) durante la lectura. Y otro, de la Universidad de Connecticut, examinó los efectos de la multitarea en los estudiantes y concluyó que los que mensajeaban mientras leían un texto demostraban una comprensión lectora mucho peor.

Naomi Baron, lingüista de la American University y autora de Words Onscreen: The Fate of Reading in a Digital World, explica que ha realizado experimentos con universitarios de EE UU, Alemania, Japón y Eslovaquia que indican que se concentran más y mejor cuando leen en papel. Cita estudios que hablan de una cierta resurrección de la lectura en papel. “Hace tres o cuatro años, en EE UU y en Reino Unido mucha gente pensó que la lectura digital iba a acabar con la tradicional. Los últimos dos años demuestran que la gente sigue comprando libros”. Para Baron, la cuestión no es tanto el soporte, papel o digital, sino más bien las distracciones inherentes a la conexión a Internet y a las redes sociales. “Tengo alumnos para los que la lectura es el tiempo que transcurre hasta el siguiente bip que les anuncia que tienen un mensaje en el móvil, que un amigo ha actualizado su Facebook o que tienen un whatsapp . El problema es la sensación que producen las redes sociales de que siempre tienes que estar disponible para contestar. Es muy difícil concentrarse, porque la hiperconexión hace que temas estar perdiéndote algo. Somos socialmente más inseguros y estamos más estresados”.

Insiste además en que la multitarea, a diferencia de otras actividades, no mejora con la práctica. “Si tocas el violín y practicas mucho, acabarás tocando mejor. El problema es que cuando haces varias cosas distintas a la vez –estoy escribiendo y salto a comprar un billete por Internet–, los estudios psicológicos concluyen que no lo haces tan bien como si haces una sola cosa, por mucho que ejercites la multitarea”.

Una joven mira la pantalla de su movil. /BERNARDO PEREZ (EL PAÍS)

Los expertos como Wolf recomiendan un tiempo diario de desconexión. No solo basta con coger un libro. Hay que alejar el móvil y la tableta para no caer en la tentación. “Es importante reservar un tiempo cada día para leer desconectados de Internet. Hay que hacer un esfuerzo consciente”, aconseja Dillon.

Lector, ¿sigue ahí?

En España, el fenómeno está menos estudiado, en parte porque la expansión de la vida digital ha sido más tardía que en el mundo anglosajón, explica Antonio Basanta, director de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez: “En España no hay estudios fiables”. Datos de la Federación de Gremio de Editores sí indican que se venden menos libros: 153.830.000 ejemplares en 2013 frente a los 228.230.000 de 2010. El último barómetro del CIS señala además que la mitad de españoles no compró ningún libro en 2014 yque el 35% no lee nunca o casi nunca.

Al contrario que sus colegas anglosajones, Basanta mira al futuro con gran optimismo. “La tele y la radio también iban a ser una catástrofe. Nunca se ha leído tanto ni ha habido tanta información disponible. Si se maneja bien, puede ser algo extraordinariamente positivo. No se trata de poner puertas al campo, sino de adiestrar a las personas para que extraigan el máximo rendimiento de los distintos tipos de lecturas. Picotear o leer con profundidad no son acciones antagónicas, son complementarias. Sí, hay una oferta que nos invade, pero lo que tenemos que hacer es tomar de nuevo el timón”. Basanta cree que la escuela es el lugar en el que la convivencia de las lecturas debe convertirse en un objetivo prioritario. “El sistema educativo no les enseña esas capacidades”.

Corremos el riesgo de estar atontándonos, de pensar de manera más simplista y fragmentada

Un domingo de mayo a última hora de la tarde, una quincena de personas se reúnen para diseccionar Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez. Forman parte del club de lectura El Ciervo Blanco y la mayoría hace décadas que dejó atrás la escuela. En general, reciben Internet, los e-books, las tabletas, con los brazos abiertos; dicen que les permite profundizar y acceder a información de una forma inimaginable hasta ahora. No tienen miedo a que su forma de leer se vea afectada. “Tengo muchas décadas de libro. No creo que vaya a cambiar mi forma de leer de un día para otro”, piensa Susana Gutiérrez, una abogada de 52 años que hoy participa en la tertulia.

En la otra punta del corrillo literario se sienta Virginia Jiménez, maestra de primaria de 33 años. Su visión difiere bastante de la de sus colegas más veteranos. “Yo lo noto mucho. Ahora me cuesta mucho más concentrarme. A veces leo y tengo que volver a leer lo mismo porque no me entero”. Cuenta que sus alumnos sufren todavía más el cambio. “No se centran y tienen poca capacidad para esperar. Van muy rápido, a lo superficial, y no entienden lo que leen; tampoco los que son buenos alumnos. Les preguntas dónde sucede la historia y te responden que la semana pasada”. Este artículo termina aquí. Ya puede pasar a la siguiente tarea.

¿Cómo actuar contra el acoso escolar?

 

  • El maltrato escolar no es sólo una agresión física, sino que también”puede manifestarse de forma silenciosa y sutil”

  • “Donde los compañeros ayudan, hay menos acoso”, dicen los expertos, y apuntan que “hay que aprovechar los estudiantes prosociales” porque el grupo puede marcar la diferencia

 

AACyberbullyingDesde que empezara 2015, la Asociación Madrileña contra el Acoso Escolar (Amacae) ha contabilizado hasta 25 casos de ‘bullying’ en centros de la capital. Es más, desde que Aranzazu se suicidara el sábado pasado, “son dos los nuevos episodios” que se han comunicado a esta organización.

¿Qué diferencia el acoso escolar de una discusión entre iguales?

El acoso no es sólo una agresión física, también “puede manifestarse de forma silenciosa y sutil” y, en su variante cibernética, a través de las redes sociales y otras aplicaciones móviles como Whatsapp. Es un maltrato continuado que puede emplear el chantaje y atenta contra la dignidad. La experta en prevención del acoso escolar Christina Salmivalli advierte de que “el acoso es proactivo; busca tener un estatus de poder”, que el acosador “necesita una audiencia” para demostrarlo y, por eso, “elige víctimas sumisas y débiles“.

¿Cómo se debe tratar a la víctima?

A menudo, cuando un alumno denuncia que sufre acoso recibe respuestas como: “Tienes que forjar tu caracter” o “tienes que poner tú los límites”, se lamentan desde Amacae. Los acosadores eligen como víctimas compañeros de clase tímidos y silenciosos, y los expertos insisten en la importancia de que “se acepten a sí mismos como son” e interioricen que “ser tímido está bien y no hay por qué dejar de serlo”. “Necesitan que al menos alguien les apoye”, apunta Salmivalli.

¿Qué hacer con el acosador?

“Hay que trabajar con los acosadores, si no se les reeduca no hay nada que hacer, ése es el gran fallo, que no se trabaja con ellos, y los protocolos tampoco dicen cómo hacerlo”, reclaman desde Amacae. “¿Hay que ser autoritario con el acosador o no serlo? Tras años de estudio y práctica podemos decir que casi no hay diferencia entre usar una técnica u otra”, sostiene Salmivalli.

¿Es efectiva la mediación?

Desde Amacae insisten en que “jamás se debe propiciar un encuentro que ponga a la víctima frente al acosador;si acaso exigirle al acosador que pida perdón”.

¿Qué importancia tienen los compañeros de clase para resolver los casos de acoso?

Fundamental. “Donde los compañeros ayudan hay menos acoso”, considera Salmivalli, tras casi 10 años implantando el programa Kiva contra el acoso escolar en su país, Finlandia, y que éste se redujera en un 79%. “Lo fundamental no es hacer que la víctima sea menos vulnerable sino influir en los testigos indiferentes. Los adultos que fueron víctimas de acoso siempre dicen que ‘lo más traumático fue que a nadie parecía importarle’ así que hay que aprovechar los estudiantes prosociales, hacerles darse cuenta de que ellos también pueden aportar”, reflexiona esta psicóloga.

¿Ha cambiado el acoso escolar en España en los últimos años?

Desde Amacae reclaman la actualización de los protocolos que deben seguir los centros escolares y, sobre todo, “un nuevo estudio nacional que valore el alcance real del acoso escolar en España, porque el último es de 2006”. “En realidad, no sabemos cómo estamos y, además, los materiales que tenemos desde entonces, mientras se venden a Latinoamérica, aquí ni se están poniendo en práctica”.

¿De qué herramientas dispone el colegio?

Los orientadores de cada centro escolar disponen de dos test para medir la situación de posible acoso que puedan sufrir sus alumnos: elTest de Evaluación Breve del Acoso Escolar (Tebae) y el Test de Acoso y Violencia Escolar (Ave), “que da escalas clínicas de cómo está el niño, si tiene angustia o sufre depresión”.