Seis claves para ser feliz, según la Universidad de Harvard

 

Existe una asignatura sobre la dicha en el prestigioso centro educativo. “La alegría también se aprende, como el golf o el esquí”

 

Cada vez parece más claro que la nueva fiebre del oro no tiene que ver con hacerse millonario ni con encontrar la fuente de la eterna juventud. El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es atesorar felicidad, un concepto abstracto, subjetivo y difícil de definir, pero que está en boca de todos. Incluso es materia de estudio en la prestigiosaUniversidad de Harvard.

Durante varios años, algunos de los estudiantes de Psicología de esta universidad americana han sido un poco más felices, no solo por estudiar en una de las mejores facultades del mundo, sino porque, de hecho, han aprendido a través de una asignatura. Su profesor, el doctor israelí Tal Ben-Shahar, es experto en Psicología Positiva, una de las corrientes más extendidas y aceptadas en todo el mundo y que él mismo define como “la ciencia de la felicidad”. De hecho, sostiene que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica.

Aceptar la vida tal y como es te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas

Tal Ben-Shahar, profesor de Harvard

Con su superventas Being Happy y sus clases magistrales, los principios extraídos de los estudios de Tal Ben Shahar han dado la vuelta al mundo bajo el lema de “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”.

Aunque por su clase de Psicología del Liderazgo (Psychology on Leadership) han pasado más de 1.400 alumnos, aún así cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Alguna vez se tiene suficiente felicidad? “Es precisamente la expectativa de ser perfectamente felices lo que nos hace serlo menos”, explica.

Estos son sus seis consejos principales para sentirse afortunado y contento:

1. Perdone sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”, añade el experto. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad. Ya en el año 1992, Mauger y sus colaboradores estudiaron los efectos del perdón, encontrando que los bajos niveles de este hacia uno mismo se relacionaban con la presencia de trastornos como la depresión, la ansiedad y la baja autoestima.

2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. “Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista”.

3. Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro, que mitigan el dolor y causan placer, según detalla el entrenador de easyrunning y experto corredor Luis Javier González.

4. Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”, propone Tal Ben-Shahar. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio: “Mejor apagar el teléfono y desconectar del trabajo esas dos o tres horas que se pasa con la familia”.

5. Aprenda a meditar. Este sencillo hábito combate el estrés. Miriam Subirana, doctora por la Universidad de Barcelona, escritora y profesora de meditación y mindfulness, asegura que “a largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia”. El profesor de Harvard añade que es también un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo, aunque no hay consenso en que el optimismo llegue a garantizar el éxito, sí le aportará un grato momento de paz.

6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Concretamente, “nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”. Esto se conoce como locus de control o ‘lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos’, un término descubierto y definido por el psicólogo Julian Rotter a mediados del siglo XX y muy investigado en torno al carácter de las personas: los pacientes depresivos atribuyen los fracasos a sí mismos, y el éxito, a situaciones externas a su persona; mientras que la gente positiva tiende a colgarse las medallas, y los problemas, “casi mejor que se los quede otro”. Sin embargo, así perdemos la percepción del fracaso como ‘oportunidad’, que tiene mucho que ver con la resiliencia, un concepto que se ha hecho muy popular con la crisis, y que viene prestado originariamente de la Física y de la Ingeniería, con el que se describe la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. “En las personas, la resiliencia trata de expresar la capacidad de un individuo para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, o situaciones potencialmente traumáticas, y recuperarse saliendo fortalecido y con más recursos”, afirma el médico psiquiatra Roberto Pereira, director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar.

 

El revolucionario método para tratar depresiones por internet

Algunos trastornos mentales pueden ser eficazmente combatidos con una terapia a través de internet

El revolucionario método para tratar depresiones por internet
 

Los trastornos mentales más comunes, como la ansiedad o la depresión, también son con frecuencia los más silenciados. Muchísima gente reconoce que tendría dificultades para comunicar un problema de esta índole incluso a las personas de su entorno más próximo, tal como te contamos hace apenas unos días. Por fortuna, el avance de la investigación científica, apoyado en las nuevas tecnologías de la comunicación, puede encontrar alternativas para estos casos. Por ejemplo, terapias realizables a través de Internet. No sólo existen, sino que además son eficaces.

Este es el interesante tema del que habla Tina Rosenberg en el blog Opinionator, del «New York Times». Concretamente, de una herramienta online llamada MoodGYM, que permite a cualquiera afrontar su trastorno a través de los ejercicios y encuestas que aparecen en pantalla. Su uso es totalmente gratuito: lo único necesario es un ordenador conectado a internet. Se trata de una terapia de tipo cognitivo-conductual, que trata de enseñar a los pacientes cómo reemplazar sus pensamientos negativos por otros más constructivos que les ayuden a superar sus crisis.

Hasta ahora se conocía que la terapia cognitivo-conductual presencial era una de las más exitosas en trastornos comunes, como depresiones o ansiedad. Pues bien: según expertos en la materia, la versión informatizada muestra niveles de eficacia idénticos. «No existen pruebas de que el tratamiento online sea menos efectivo que la terapia cara a cara», afirma Pim Cuijpers, profesor de psicología clínica en la Universidad de Vrije (Amsterdam) e investigador en este ámbito de la psicología.

El enorme potencial de esta novedosa alternativa resulta esperanzador. Ante todo, permite acceder a una terapia a quien no puede permitírsela, sea por motivos económicos o por no disponer de esa posibilidad en su lugar de residencia. No hay que olvidar que la mayor parte de depresiones sin tratar se dan en zonas aisladas y en países en vías de desarrollo. Al mismo tiempo, esta herramienta podría ayudar a aliviar la carga de los terapeutas de los sistemas de salud públicos, al permitirles concentrar el tratamiento presencial en los pacientes más necesitados.

En cualquier caso, lo idóneo es que sea un profesional quien derive al paciente hacia esta clase de sistema, dado que en casos graves la terapia cara a cara sigue siendo la más recomendable. Además, una mínima supervisión ayuda a evitar estafas y experiencias negativas derivadas de la utilización de herramientas inadecuadas. Desde la creación deMoodGYM en 2001 han surgido un sinfín de imitaciones inútiles que sólo conducen a la frustración. No es el caso de este programa, que hace ya seis años fue adoptado por el sistema nacional de salud de Australia.

El desenamoramiento: Los síntomas que lo acompañan

En muchas ocasiones buscamos el amor para toda la vida, quizás en un “arrebato romántico” provocado por las historias de los filmes o los libros pero lo cierto es que no todos los amores que experimentamos poseen la misma duración, esto depende de las características de cada amante y de las peculiaridades de las situaciones que se viven al interno de la pareja.

 
De hecho, hay algunos psicólogos que van más allá para afirmar rotundamente que el desenamoramiento comienza en un periodo que se puede extender entre los seis meses o los dos años después de iniciada la relación. Esto no indica que las personas no se amen sino que pasan a otro estadío de la vida en pareja. No obstante, esta no es una teoría aceptada por todos.
 
Más allá del momento en que se produce el desenamoramiento, hay muchas personas que se preguntan cómo detectarlo. En este sentido podría afirmarse que cuando comienzan a aparecer conflictos, problemas sexuales o las manifestaciones amorosas comienzan a hacerse menos usuales, éste es un indicador de que “las cosas ya no andan bien”.
 
 
De hecho, reconocer cuando se termina el amor es un tema importantísimo en una relación de pareja, pero en muchas ocasiones nosotros mismos nos negamos a reconocer que hemos dejado de querer a la otra persona e incluso podemos negar las manifestaciones evidentes del desenamoramiento. El hecho de que no aceptemos normalmente la pérdida del amor y la criris de pareja puede deberse a razones que no hacemos conscientes; si bien en la mayoría de los casos el amor se extingue por causas que conocemos muy bien, que son racionales y que se encuentran perfectamente definidas (mi pareja no me comprende, odia lo que a mi me gusta, le encanta estar de fiesta en fiesta y eso lo detesto…). Y, como puede presuponerse, en los casos extremos, estas razones conllevan a la separación.

 
El fin del amor puede depender de una convivencia monótona y aburrida, de expectativas no confirmadas, de que el tiempo es insuficiente para compartir con el otro y brindarse placer mutuamente, de las ofensas de la pareja o de personas cercanas a la misma, de que se evidenció un flechazo amoroso hacia otra persona, la existencia del maltrato físico o psicológico, la desconfianza e infidelidad, el abuso de sustancias adictivas, las enfermedades biológicas o psicológicas, los caracteres inestables o la inmadurez de la personalidad. Cuando éstas razones se hacen permanentes en el tiempo, indiscutiblemente, conllevan a la pérdida del romanticismo y al rompimiento de los lazos amorosos que unen a la pareja, dando paso a las expresiones voluntarias o involuntarias de desenamoramiento.
 
Algunos especialistas afirman que el desenamoramiento posee manifestaciones específicas, más conocidos como los síntomas del desenamoramiento:
 
– Pérdida de la alegría que significaba la llegada de la pareja.
 
– Disminución de las fantasías placenteras con la pareja y, la aparición de escenas agradables con terceras personas.
 
– Ausencia de actos de cariño, elogios, regalos.
 
– Desatención de las necesidades espirituales, sexuales, económicas, domésticas o físicas de la otra persona.
 
– Evitación del contacto corporal con la pareja.
 
– Intercambio de los recuerdos agradables de la pareja por experiencias negativas.
 
– Desgaste de la comunicación, pudiendo aparecer recriminaciones, ofensas, conflictos.
 
– Valoración negativa de las cualidades físicas y psicológicas del amante.
 
– Intolerancia ante los errores irrelevantes de la pareja.
 
– Evitación del tiempo para compartir con la pareja.
 
– Rechazo sexual que se expresa en la falta de iniciativa o cooperación, reducción del deseo erótico, llegando incluso a la disfunción eréctil o a la anorgasmia.
 
– Las manifestaciones de amor son remplazadas por expresiones de aburrimiento, ansiedad, depresión, indiferencia o tristeza.
 
– Omisión del atractivo personal para agradar al otro.
 
– Infidelidad fantaseada o actuada.
 
Por supuesto, no siempre la ausencia de expresiones de cariño indica que falta el amor, pues en algunos casos, el estrés, la tristeza patológica, la existencia de alguna afectación emocional o la presencia de algún evento particular conducen a la omisión de los gestos de cariño sin que esto signifique necesariamente que está iniciando el proceso de desenamoramiento.
 
Vale aclarar que el desenamoramiento puede presentarse por estados; o sea, estados de amor y períodos de desamor. En estos casos la pareja es amada y desairada al mismo tiempo provocando un desenamoramiento incompleto en el que la otra persona es rechazada por una razón generalmente consciente; sin embargo, se mantiene una pasión fuerte, escasamente consciente, que impide dejar de querer a la pareja.
 
En fin, que el desenamoramiento es un proceso que no siempre transcurre de manera lineal pero es importante conocer sus síntomas a tiempo en aras de revertir el proceso o no hacerlo más doloroso para ambos miembros de la pareja.

Resiliencia: 10 frases de Frida Kahlo que te inspirarán en los momentos difíciles

 

La mujer de los bordados llenos de colores, las flores en la cabeza y el pincel atrevido, también es un ejemplo deresiliencia. Frida Kahlo amaba el arte y encontró en ella un refugio ante un cuerpo atenazado por el dolor y una mente demasiado adelantada para su época.
 
La pintora mexicana no solo se convirtió en uno de los grandes exponentes del arte de su país sino que su vida nos puede servir de inspiración en los momentos más difíciles. Se sometió a más de 32 operaciones y, aún así, hizo acopio de fuerza para seguir adelante. Su alma no corrió mejor suerte ya que mantuvo durante muchos años un amor casi enfermizo y volátil que le causó profundas heridas emocionales.

En la actualidad, Frida Kahlo sigue siendo ejemplo de inteligencia y carácter, de pasión y orgullo, de trabajo incansable y resistencia, fue una persona que no permitió que la encasillaran y que supo vivir intensamente, a despecho de las circunstancias. Por eso, su forma de pensar y comprender la vida, puede servirnos de apoyo en esos momentos en los cuales las fuerzas nos abandonan y vemos todo gris a nuestro alrededor.

 

Cuando el dolor conduce a la resiliencia

 
1. Pies para qué os quiero, si tengo alas para volar.
 
Frida Kahlo sufrió un accidente de tráfico que fracturó su columna vertebral en tres partes, la clavícula y el hueso púbico, además de varias costillas. Se vio obligada a guardar cama, usar corsés de yeso y moverse en silla de ruedas durante varias fases de su vida. Sin embargo, encontró la fuerza y la motivación que necesitaba en la pintura. Frida Kahlo sabía que cuando una ventana se cierra, otras se pueden abrir, incluso cuando la adversidad adquiere los tintes más negros. La pintora decidió refugiarse en la esperanza, en lo que tenía, más que lamentarse por lo que había perdido.
 
2. Amurallar el propio sufrimiento, es arriesgarte a que te devore desde el interior.
 
Frida Kahlo era una mujer fuerte pero no guardaba sus sentimientos, al contrario, los vertía sobre las personas o los expresaba a través de su obra. De hecho, en más de una ocasión dijo que dibujaba su vida, que en sus lienzos expresaba lo que sentía. La pintora sabía que cuando se intenta reprimir la rabia o el sufrimiento, este termina devorándonos desde el interior. Por eso, siempre es conveniente hallar una forma constructiva para canalizar nuestras emociones.
 
3. Al final del día, podemos aguantar mucho más de lo que pensamos.
 
Solemos subvalorar nuestra resistencia, nuestra capacidad para hacerle frente a los problemas. De hecho, un estudio realizado después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York desveló que pasado un mes, el 7,5% de la población sufría estrés postraumático. No obstante, seis meses más tarde solo el 0,6% mantenía los síntomas, lo cual significa que la mayoría de las personas pasó por un proceso de recuperación natural. Por eso, cuando estamos atravesando momentos difíciles, es importante confiar en nuestra fortaleza y en nuestra capacidad para afrontar con éxito la adversidad. Confiar en que podremos salir de esa situación es fundamental para mantener la esperanza y seguir luchando.
 
4. Nada es absoluto. Todo cambia, todo se mueve, todo gira, todo vuela y desaparece.
 
Cuando estamos sufriendo, tenemos la tendencia a pensar que esa sensación durará por siempre, que ese dolor jamás desaparecerá. Sin embargo, en realidad la vida está en constante cambio, por lo que las situaciones que estamos viviendo hoy, no serán permanentes sino que darán paso a otras vivencias. Ser conscientes de que la vida implica un cambio constante no solo nos permite lidiar mejor con el sufrimiento sino que también nos facilita practicar el desapego y aceptar con mayor ecuanimidad los cambios. 
 
5. Cada “tic-tac” es un segundo de la vida que pasa, huye, y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es solo saberla vivir.
 
No solemos valorar el tiempo pero en realidad, es nuestra posesión más valiosa. Cada segundo que pasa forma parte del pasado, se convierte en algo que no podemos cambiar. Por eso, es fundamental aprender a vivir plenamente el presente, ser conscientes de que cada paso que damos, nos puede alejar o acercar a nuestras metas. No dejes que la vida pase mientras haces otros planes porque en un abrir y cerrar de ojos, estarás en la recta final, lamentando todo lo que no hiciste.
 
6. Lo que no me mata, me alimenta.
 
Cada error, cada caída, cada fracaso, es simplemente una enseñanza. De nada vale lamentarse sobre la leche derramada y adoptar el papel de víctimas, en su lugar, debemos aprender la lección y seguir adelante. Sin embargo, no se trata simplemente de recomponer los pedazos rotos sino de mezclarlos de una manera diferente para crear algo nuevo, que nos permita crecer como personas. El dolor y los errores nunca son bienvenidos pero, como parte de la vida, tienen su objetivo y son grandes maestros.
 
7. Donde no puedas amar, no te demores.
 
Amar las personas y amar  lo que haces, esas son las claves de la felicidad. Sin embargo, a menudo lo olvidamos y pasamos demasiado tiempo de nuestras vidas dedicados a cosas que no nos hacen felices ni nos apasionan, o seguimos ligados a personas simplemente por la costumbre. Frida Kahlo, una mujer que vivió de manera particularmente intensa, sabía muy bien de qué hablaba, por eso afirmaba que en las cosas que no valen la pena, es mejor no detenerse demasiado tiempo porque si nos descuidamos, pueden llegar a succionar toda nuestra vida. 
 
8. No creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr.
 
La pintora se refería a su relación amorosa con Diego Rivera, y a las múltiples infidelidades de este. Con esta frase nos desvela una gran sabiduría y madurez, cualidades que son difíciles de poner en práctica cuando amamos. De hecho, puntualiza la necesidad de aceptar a las personas que amamos tal y como son, sin pretender cambiarlas. El verdadero amor no es aquel que intenta cambiar al otro sino el que se entrega e incluso llega a apreciar los defectos, entendiéndolos como peculiaridades que hacen única a la otra persona.
 
9. La belleza y la fealdad son un espejismo porque los demás terminan viendo nuestro interior.
 
Lo esencial es invisible a los ojos. Por eso, es importante cultivar nuestro interior, aprender a relacionarnos y desarrollar en nosotros aquellas cualidades que nos gustaría encontrar en los demás. Las posesiones son efímeras, de la misma forma que la belleza, lo verdaderamente importante son nuestros valores y sentimientos. 
 
10. Escoge una persona que te mire como si quizás fueras magia.
 
Es importante elegir bien a las personas que tenemos a nuestro lado, sobre todo a nuestra pareja porque las relaciones tóxicas pueden dar al traste con la seguridad y la autoconfianza. Una mentira repetida mil veces puede llegar a convertirse en una verdad por lo que es fundamental que quienes estén a nuestro lado nos hagan sentir especial y confíen en nuestras capacidades.

¿Por qué somos más agradables con los extraños que con las personas que amamos?

 

Se trata de una situación bastante común en la que prácticamente todos hemos incurrido más de una vez: somos más agradables con los extraños que con las personas que más amamos. Nos resulta más fácil darle una negativa a alguien cercano que a una persona prácticamente desconocida, nos enfadamos más con quienes amamos que con el resto y perdemos más rápido la paciencia. ¿Por qué?
 

Te conozco, me conoces, ergo discrepamos

 
Las razones que nos llevan a ser más agradables con los desconocidos que con las personas que amamos son varias, en la mayoría de los casos se superponen, llegando a formar un cóctel peligroso que, si no detectamos y controlamos a tiempo, puede dinamitar nuestras relaciones desde dentro.
 
1. Mayor conocimiento. La sabiduría popular afirma que el problema se halla en la familiaridad. En práctica, al conocer mejor a una persona, descubrimos hábitos, manías y defectos que comienzan a molestarnos y generan una gran dosis de descontento. Al contrario, cuando nos relacionamos con una persona a la que prácticamente no conocemos, en realidad nos estamos relacionando con una imagen ficticia, que utilizamos como referente hasta que lleguemos a conocerla profundamente. Sin embargo, esta explicación es tan solo la punta del iceberg.
 
2. Disminución de la tolerancia. La familiaridad no es la única causa de las fricciones en nuestras relaciones personales más íntimas. De hecho, es bastante improbable que todas las características que amábamos de la otra persona, de repente comiencen a molestarnos. En verdad, lo que sucede es que la tolerancia hacia lo que nos desgrada disminuye con el paso del tiempo. Esas cualidades “negativas” tienen un efecto acumulativo, por lo que llega un punto en el que nos resulta más complicado poder tolerarlas y, como resultado, nos irritamos y perdemos la paciencia con mayor rapidez.
 
3. Escaso autocontrol. La familiaridad también hace que bajemos la guardia, sobre todo en términos de autocontrol. Al sentirnos más cómodos con una persona, también somos más propensos a decir lo que pensamos y expresar nuestros sentimientos con mayor libertad. Por una parte, se trata de algo positivo porque nos permite liberarnos de las máscaras sociales y relacionarnos desde lo más profundo de nuestro “yo”. Sin embargo, también encierra el riesgo de que demos rienda suelta a la ira, la insatisfacción y las recriminaciones. Mientras que con un desconocido medimos muchísimo nuestros actos y palabras, con una persona cercana solemos ser más expansivos, lo cual puede dar pie a discusiones y fricciones en la relación.
 

¿Qué podemos hacer?

 
Obviamente, no queremos ser desagradables con las personas que se encuentran a nuestro lado e incluso nos sentimos culpables cuando lo hacemos. ¿Cómo remediarlo?
 
1. Haz una pausa en el día a día y substrae a las personas que amas de tu vida
 
El objetivo es generar una sensación de gratitud. Y nada produce más gratitud que la sensación de pérdida. De hecho, se ha demostrado que somos capaces de imaginar la pérdida de una persona de manera muy concreta y eso es suficiente para sentirnos agradecidos por el simple hecho de tenerla a nuestro lado.
 
Puedes hacer una pequeña pausa en tu día para pensar en las mil formas que existen para que las personas que amamos nos abandonen. De hecho, regresar a casa y encontrarlas, es casi un pequeño milagro cotidiano del cual casi nunca somos conscientes. Si imaginas lo más vívidamente posible cómo te sentirías estando solo, es más fácil que se desencadene esa reacción emocional y que te sientas agradecido por tener a esa persona junto a ti.
 
También es válido imaginar cómo enfrentarías esos momentos que normalmente compartís, que habéis convertido en una rutina agradable, como puede ser dormir juntos, cenar o simplemente salir a caminar. Es probable que experimentes una insondable sensación de vacío.
 
2. Pasa tiempo con esas personas, en compañía de otras
 
Quienes somos es el resultado, en gran medida, de con quien estamos. De hecho, es probable que hayas notado que te comportas de manera diferente cuando estás en familia, con tus amigos o con tus compañeros de trabajo. Tenemos diferentes “yo” y cada uno se manifiesta en dependencia de las personas que nos rodean.
 
Por eso, es conveniente que pasemos tiempo con las personas que amamos en diferentes contextos, de manera que salgan a la luz esos diferentes “yo”. De hecho, si a menudo te comportas con los demás de forma más agradable, paciente y gentil, es conveniente hacer este ejercicio para que puedas reencauzar esos comportamientos positivos hacia la persona que amas. En muy poco tiempo la dinámica en vuestra relación cambiará positivamente.
 
Además, se trata de un ejercicio excelente para conocer con mayor profundidad al otro y, a la vez, permitir que descubra nuestras diferentes facetas. Recuerda que las relaciones no deberían limitar tu “yo” sino contribuir a que este sea más grande.
 
3. Toma un descanso de esas personas, para crecer
 
No se trata de pedir tiempo porque necesitas reflexionar o recargar la tolerancia porque de esta forma, cuando vuelvas a la relación, todo será como antes. Se trata de tomarte un tiempo para poner las cosas en perspectiva, para adquirir una visión nueva y mejorada de la relación.
 
Se trata de salir al mundo, solo, para relacionarte con otras personas que puedan sacar a la luz la mejor versión de ti. Al crecer como persona, podrás aportar mucho más a la relación, haciendo que esta sea más madura. A la misma vez, apreciarás mucho más a la persona que tienes a tu lado, por lo que serás más paciente y gentil de manera natural.
 
Considera que, de cierta forma, cuando estamos en una relación somos mucho más que dos personas interactuando, se crea una tercera persona: la persona que somos juntos, una fusión de la influencia recursiva que cada uno ejerce sobre el otro. Por tanto, como las personas que nos rodean a menudo ejercen más control sobre lo que sentimos que nosotros mismos, y como nosotros tenemos más control sobre sus emociones que ellos mismos, también se trata de asumir la responsabilidad de sacar la mejor versión de los demás. Y para eso, es necesario crecer y madurar.
 

Advertencia final: No dejes que los demás saquen tu peor “yo”

 
No debemos engañarnos, diferentes personas sacan a la luz aspectos distintos de nosotros mismos. Cuando conocemos a alguien, mostramos nuestro mejor “yo” pero a medida que pasa el tiempo, esa identidad va cambiando.
 
En las relaciones, esos pequeños cambios deben generar una reacción en el otro, en aras de que esa tercera persona que hemos construido juntos, se adecue a las nuevas circunstancias. Después de meses o años, el “yo” que el otro saca de nosotros puede ser una identidad completamente diferente de la inicial, y puede ser que ese nuevo “yo no nos guste ni nos satisfaga.
 
Esto significa que, en determinados casos, cuando la persona que está a nuestro lado solo saca lo peor de nosotros y genera una sensación de insatisfacción constante, ha llegado el momento de alzar el vuelo y explorar otros horizontes.