La sobreprotección paterna contribuye a que los hijos tengan una personalidad débil

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Francisco Javier Méndez Carrillo afirma que lo ideal es fortalecer la personalidad entre los 8 y los 12 años porque después, es tarde . El catedrático de la Universidad de Murcia y creador del método ‘Fortius’ para el fomento de la fortaleza psicológica en niños, Francisco Javier Méndez Carrillo, ha alertado que uno de los problemas que conducen a la aparición de una personalidad débil en los menores es que los padres sean demasiado “sobreprotectores”, resolviendo sus problemas en vez de enseñarles a resolverlos. Por ejemplo, recuerda que ha visto casos de padres que acompañan a sus hijos a hacer la matricula en la universidad, alegando que al chico “le da mucho apuro”.

Pues bien, Méndez lamenta que este afán por ayudar al hijo se puede volver en su contra. “A veces, les damos el pescado en vez de enseñarles a pescar, provocando una situación muy cómoda para todos, pero es pan para hoy y hambre para mañana”, ratifica Méndez. “Si viene mi hijo exigiendo la merienda mientras yo estoy hablando por teléfono y cedo a sus pretensiones, colgando, estoy haciendo mal”, destaca Méndez como ejemplo. Al contrario, anima a los padres a enseñar a sus hijos que no deben interrumpir una conversación y decirles claramente que, si siguen molestando, serán castigados.

NIÑA EN NOSOTRAS“Hay que enseñarles desde el primer día de vida a que en la vida todo no puede ser aquí y ahora, cuando les apetece, como si fueran los reyes de la casa” porque, de lo contrario, “creamos pequeños tiranos”, explica Méndez, especialista en Psicología Clínica y experto en tratamiento psicológico en la infancia, es uno de los autores referencia para psicopedagogos del país. Si los padres sobreprotegen a sus hijos y ceden ante todas sus pretensiones, Méndez advierte que se les está haciendo más débiles. Cita, por ejemplo, el caso de los padres que evitan a toda costa decirle a su hijo que se ha muerto el abuelo, lo que es contraproducente. Al contrario, anima a transmitirlo de forma amable a los niños, en un entorno apropiado y preparándolo para ello, diciéndoles, por ejemplo, que el abuelito está muy mayor”.

En definitiva, el niño tiene que aprender a resolver su vida y que el padre va a estar a su lado para ayudarle a que se levante si se cae, pero “no puedes llevarlos en brazos toda la vida”. Méndez ha hecho estas declaraciones a Europa Press con motivo de la charla que, englobada en el ciclo ‘Pequeños Tiranos’ organizado por el hospital Mesa del Castillo, imparte este miércoles a las 19.30 horas en el Aula de Cultura de Cajamar, en la Plaza Romea de Murcia, en la que hará una síntesis de las claves de su obra. MÉTODO FORTIUS Méndez ha explicado que el método ‘Fortius’, que estuvo financiado por el Plan Nacional de I+D+i, persigue hacer a los niños fuertes psicológicamente y que, por ejemplo, sepan afrontar situaciones difíciles como un examen y que no se pongan nerviosos, o que no se derrumben y se vengan abajo cuando tengan una dificultad en la vida. Esta fortaleza, según Méndez, se puede entrenar, al igual que cualquiera puede hacer pesas para muscularse. En este caso, mediante una serie de prácticas de tipo psicológico, el niño puede llegar a desarrollar una personalidad más fuerte, que le permita afrontar las dificultades de la vida.

PERSONAS-NIÑOS-22Desde un punto de vista psicológico, Méndez señala que el bienestar descansa en tres elementos fundamentales. En primer lugar, cita el equilibrio emocional, porque las personas “no somos felices si tenemos problemas de ese tipo”. En segundo lugar, cita la importancia de que las relaciones con los demás sean “armoniosas, amables, corteses y respetuosas”, porque el hecho de estar solo, rechazado, marginado o ser víctima de acoso “repercute en el bienestar”. En tercer lugar, Méndez destaca el desarrollo personal en el sentido profesional, un aspecto para el que los niños son preparados en la escuela, que les enseña competencias para que el día de mañana puedan buscar un trabajo, tener una profesión y ganarse la vida. En cambio, lamenta que el niño tiene que aprender la competencia emocional “por su cuenta y riesgo”, afrontando situaciones como, por ejemplo, afrontar el bloqueo ante los exámenes o cómo “pararle los pies” a un compañero que abusa de él.

SÍNTOMAS A DETECTAR Méndez afirma que ‘Fortius’ es un programa universal, que es válido para todos los niños y no es necesario que tengan problemas para recibirlos. No obstante, está más indicado todavía para aquellos menores que tienen problemas, reconoce. En líneas generales, aconseja el método especialmente a aquellos padres que ven que sus hijos “no tienen amigos, que se aburren, que están solos, que son muy pesismistas o que se ponen nerviosos como un flan ante cualquier situación”. Por ejemplo, entre los niños con problemas sitúa a aquellos niños con ansiedad que, a los ocho años tienen “mamitis o papitis”, es decir, que se “pegan a la falda de la mamá o al pantalón del papá cuando se les propone ir a un campamento de verano o dormir en casa de los primos” Se trata, puntualiza, de niños que tienen un problema a la hora de salir de casa y relacionarse con amigos o primos. Es lo que se denomina “ansiedad por separación”, y que sobreviene cuando el niño está lejos del hogar y “se pone mal, llamando a sus padres para que vayan a por ellos”.

fondo-personasMéndez también cita otros casos, como aquellos niños que tienen otro tipo de miedos, como el pánico a las agujas, a la oscuridad o a las tormentas. Asimismo, incluye otros menores a los que se les ve tristes y que se aburren recurrentemente, diciendo que no tienen amigos, o que tienen dificultades en el estudio. PROGRAMA INDICADO PARA NIÑOS DE OCHO A DOCE AÑOS El programa está indicado para niños de ocho a doce años, es decir, en los cursos de tercero, cuarto, quinto y sexto de Primaria. Por debajo de estas edades, Méndez explica que los niños no saben leer y escribir o están aprendiendo, y ‘Fortius’ utiliza actividades que requieren estas habilidades. En cambio, en el periodo comprendido de los 8 a los 12 años es cuando los niños desarrollan su personalidad. “Si se quiere entrenar la personalidad en edades más avanzadas, hemos llegado tarde”, explica Méndez, ya que los menores encuentran otras problemáticas al alcanzar la pubertad. Lo apropiado, añade este psicólogo, no es entrenar la personalidad “demasiado pronto ni demasiado tarde”. Méndez explica que el método se encuentra publicado en libros y pueden ser aplicados por cualquier persona, sin necesidad de ser psicólogos, aunque también se puede recurrir a profesionales del ámbito. Y es que los libros que están escritos como manuales de instrucciones, que recogen el lema de cada sesión y los materiales que hacen falta para realizarla.

En total, el método se imparte en 12 sesiones de una hora cada, y la publicación cuenta con un libro electrónico en el que aparecen todos los materiales, como los diplomas, los vídeos, las actividades, los test y las diapositivas, con lo que “puede aplicarlo cualquiera, un padre o el monitor de un campamento de verano”, insiste Méndez. El método se divide en tres bloques. El primero de ellos entrena la fortaleza emocional, enseñando al niño cómo controlar las emociones negativas y sus enfados, con el fin de evitar que “explote su genio”. El segundo bloque, por su parte, entrena el comportamiento personal y el social, enseñando, por ejemplo, cómo deben decir las cosas, a escuchar a la gente o cómo hacer amigos. El tercer bloque tiene un componente cognitivo que va a modificar la forma de pensar del niño. En definitiva, se enseña al niño, por ejemplo, cómo controlar sus emociones negativas, controlar la ansiedad o el derrotismo, así como a organizar su agenda, tanto el estudio como la diversión y las relaciones con los demás. Asimismo, enseña a ser más optimistas y les proporciona un proceso de toma de decisiones para que no se sientan inseguros.

 

Cómo gestionar las vacaciones de tus hijos si estás separado:

Cómo gestionar las vacaciones de tus hijos si estás separado

 

Inmersos como estamos en pleno período de vacaciones muchos hijos sufren las separaciones de su progenitor habitual y entorno diario porque sus padres están separados. Una circunstancia mucho más severa para la mente y el crecimiento de los niños de lo que muchas veces pensamos. Sin embargo, como muchas veces esas separaciones son el remedio menos malo, hemos hablado con una experta en psicología, infanto juvenil, Olga Carmona, de psicología Ceibe, para que nos dé unas pautas a seguir que favorezcan, en la medida de lo posible, el mejor ambiente para los principales afectados: los niños.

¿Qué supone para los hijos la separación de los padres?

Dependiendo de la edad, no es lo mismo para un bebé que para un joven que ya está emancipado, aunque podemos afirmar categóricamente que siempre tiene implicaciones emocionales.

Si bien nada en conducta humana es matemático, ya que cada ser humano es único y tiene su exclusiva manera de procesar la realidad y reaccionar frente a ella, sí podemos establecer parámetros comunes y más probables en base al estudio de grandes grupos de personas que han vivido experiencias análogas.

Lo que rotundamente se puede afirmar es que la separación de los padres siempre tiene consecuencias en los hijos, presentes y/o futuras. Por otra parte y frente a lo que pueda parecer, muchos estudios concluyen que el impacto emocional y psicológico es mayor cuanto menores sean los hijos.

¿Cómo les afecta? ¿En qué se manifiesta?

Los síntomas más frecuentes en la etapa de los 2 a los 6 años sonconductas regresivas tales como chuparse el dedo, enuresis, encopresis, rabietas, ansiedad de separación, alteración de los patrones de hambre y sueño, problemas relacionales, exceso de demanda hacia uno de los progenitores (generalmente la madre), introversión e incluso mutismo.

Además, es la etapa del pensamiento mágico donde ellos creen que lo que está ocurriendo es por su culpa, porque no se han terminado la comida o porque se han despertado mucho por las noches. Antes de la aparición del lenguaje, no disponen de herramientas para gestionar el estrés y el impacto que tiene la ruptura de su mundo, de su único mundo. Si entendemos que en esta etapa se establece la manera en que vamos a relacionarnos e interaccionar con el mundo, resulta fácil comprender que el niño incorpore una visión insegura y hostil de la vida y un sentimiento de indefensión generalizado y difícil de definir dado que no disponen del lenguaje ni para expresar lo que están sintiendo ni para poder acotarlo y canalizarlo.

¿Y más adelante?

Ya en la etapa que va de los 7 a los 12 años y dado que el lenguaje está establecido disponen de más herramientas para la gestión del dolor, aunque es frecuente que sigan apareciendo síntomas que suelen ir en la línea de la recriminación a los padres, los intentos por volverlos a juntar, conductas de manipulación y también de desprecio hacia uno los dos produciéndose un fenómeno llamado “asimetría emocional” donde se idealiza a uno de los padres y se menosprecia al otro. El manejo que los padres hagan de esta reacción va a determinar que se perpetúe o se minimice.

En esta etapa la culpa sigue presente y lo que es más importante, se puede producir una pérdida de autoestima grave: la ruptura de los padres es interiorizada por el niño como falta de amor y por tanto la desaparición de la razón por lo cual él llegó al mundo, es decir, se tambalea la base de su propia existencia, lo que deriva en una subestimación del yo, del sí mismo. Es común que esta autopercepción de fragilidad y confusión se “disfrace” de agresividad y baja tolerancia a la frustración.

¿Qué sucede en la etapa de adolescente?

Y cuando ya entramos de lleno en la adolescencia, todo lo que vengan arrastrando del pasado va a multiplicarse por mil, de forma que se convierte en una etapa crítica donde la vulnerabilidad frente al alcohol, las drogas o la promiscuidad sexual son el plato fuerte de aquellos que arrastran agujeros emocionales y autoestimas dañadas.

Hay también una proyección hacia el futuro donde la separación de los padres sigue afectando a los hijos porque no es improbable que tengan una idea distorsionada sobre las relaciones de pareja, especialmente acusado en el caso de las niñas que suelen tender a emparejarse de forma precoz con parejas poco idóneas en un intento por vincularse afectivamente y tratar de compensar lo que le supuso la ruptura de sus padres.

¿Cómo deberían ser planteadas las vacaciones en función de la nueva situación?

Dependiendo de la edad del niño. Los menores de 6 años suelen tener como figura de apego a la madre y por tanto sería ideal que la mayor parte de éstas las pasara con ella, a partir de ahí se trataría deencontrar una manera que priorice siempre al menor, dado que es la parte más indefensa de una situación dura y no es parte del problema, aunque sí de las consecuencias. Por tanto, el planteamiento sobre las vacaciones debería partir de la generosidad de ofrecer al niño un modelo que cambie lo menos posible sus hábitos en esta época del año y ya si es mayor, escuchar y tener en cuenta sus preferencias y necesidades.

En todas las separaciones, los hijos deberían ser cuidados como la prioridad máxima de los padres, que aunque hayan decidido dejar de ser pareja, no pueden ni deben dejar de ser padres y su nivel de compromiso para con los hijos debe permanecer intacto dado que ellos son “rehenes” de todas y cada una de nuestras decisiones.

¿Qué debería hacerse siempre?

Priorizar el bienestar del menor, alterando lo menos posible su mundo y sus rutinas, respetando su proceso de duelo con cualesquiera de sus manifestaciones o síntomas, empatizar con su dolor ofreciendo apoyo emocional: hablar con ellos sobre lo que está pasando de acuerdo a la edad del niño, con honestidad y con respeto hacia el otro progenitor, responder a sus preguntasofrecer tiempo y presencia,tranquilizarles sobre sus miedos ante el futuro y el cambio, mantener los límites y las pautas de crianza sin caer en la sobreprotección por lástima o llevados por nuestro propio dolor.

Delimitar las responsabilidades de lo que está pasando: ellos ni son la causa de la separación, ni tampoco pueden arreglarlo. Es importante cuidarse para poder cuidar y para no ofrecer a los hijos una imagen de caos o de inseguridad.

¿Qué no debería hacerse nunca?

Culpabilizar: bajo ningún concepto ni sugerir que si “los hijos no existieran todo sería más fácil”, o que “por ellos he aguantado” o que “por ellos me separo”. Ellos están fuera de esta ecuación en cuanto a causas o argumento de nuestras decisiones.

No utilizarlos ni de mensajeros, ni de cómplices, ni de refugio, ni de detectives, por supuesto no pelear ni gritar ni faltar al respeto al otro progenitor porque esto les haría caer en un conflicto de lealtades que aumenta el desconcierto y el dolor y distorsiona su percepción del otro género y de las relaciones de pareja y humanas.

Tampoco deberíamos caer en el “compensación” por el dolor o por la pérdida. Las situaciones vitales emocionalmente duras como es esta, no son compensables. El dolor no se mitiga con regalos ni con falsas conductas que proceden de la pena o la culpa o la compasión hacia ellos y hacia nosotros mismos. De hacerlo así, les estamos transmitiendo formas tóxicas de gestión emocional y les estamos de paso, inhabilitando para un correcto aprendizaje de las crisis vitales. Enseñarles a gestionar el dolor sin negarlo ni disfrazarlo ni compensarlo es posiblemente la única cosa positiva que pueden llevarse de un divorcio.

4 pasos para eliminar la dependencia emocional

4 pasos para eliminar la dependencia emocional

Eliminar la dependencia emocional es posible, para ello es uno mismo el que debe tomar la decisión de cambiar para tener una mejor calidad de vida. Las personas que sufren de apego excesivo, no disfrutan de las relaciones, se enganchan en exceso y pierden su individualidad satisfactoria. Hay más porcentaje de mujeres con este problema, aunque también hay hombres que lo sufren exactamente igual que cualquier mujer, con la desventaja de que les suele dar más vergüenza acudir a una consulta psicológica. Sienten que su hombría está en duda, cuando en realidad nada de eso tiene que ver, una autoestima baja puede acarrear este problema, independientemente del sexo de la persona.

1. RECONOCER QUE HAY UN PROBLEMA

Analiza.

No sólo existe la dependencia en las relaciones de pareja, también se puede dar en amistades, compañeros, familia y personas del entorno. A continuación un listado de situaciones para que evalúes si sufres este problema. Una persona con apego enfermizo se caracteriza por:

Tu felicidad se centra en una sola persona, no disfrutas de otra cosa que no sea estar con quien amas o aprecias.

Tu alegría depende de cómo te traten los demás y de lo que piensen de ti. Si te sientes aceptado todo genial, pero como sientas que caes mal o tengan mala opinión de ti, se esfuma la felicidad. Dependes en exceso de los demás para estar bien o mal.

– Evitas a toda costa dar la contraria para evitar enfrentamientos, te invade el temor a molestar o a ser rechazado.

– Antepones el deseo de otros, al tuyo propio, te sientes como si tú no tuvieras capacidad de decisión, tu vida la manejan.

– Sólo te sientes bien contigo mismo si te sientes querido, si no hay alguien a quien querer, te sientes vacío, sin amor propio. A cualquiera nos gustaría tener a alguien especial en nuestra vida, lo que diferencia a una persona no dependiente, es que cuando están solo/as pueden tener momentos de melancolía, pero eso no les detiene para seguir disfrutando de otras facetas de su vida. En cambio la persona dependiente no puede estar sola, se deprime, su autoestima decae y no es capaz de disfrutar de la vida. – El sentimiento de culpa está a menudo contigo, sientes que eres el responsable de la felicidad de los demás, ya sea tu pareja, familia, amistades, etc. Te sientes con la obligación de contentar a los demás y si no lo haces te sientes culpable.

– Te invade el miedo a menudo, miedo a perder a esa o esas personas que tanto amas o aprecias. Ese miedo te impide disfrutar como deberías de las relaciones.

– Caes fácilmente en los chantajes emocionales, no soportarías que por tu culpa alguien se hiciera daño, sacrificas tu felicidad para dársela a otros.

 

Prefieres sufrir, antes que dejar a la persona a la que estás enganchado/a, no tienes la fortaleza de cortar un contacto porque tampoco sientes que tienes la capacidad de salir adelante sin esa persona a la que quieres.

Necesitas al otro/a, sino la vida pierde total sentido, necesitas que te demuestre que le importas, de la manera tan excesiva que te importa a ti. Si no lo hace piensas que no te quiere y te enfadas. Las exigencias cobran vida.

–Quieres tener el control de toda su vida, para tener la seguridad de que no le perderás. Te conviertes en una especie de espía para seguir incluso las conversaciones que tiene con otras personas. Te obsesionas un poco con esa persona, dejas de vivir tu vida para seguir la del otro, para asegurarte de que no hayan indicios de que dejas de interesarle. Si ves que hay riesgo de que te pueda dejar, puedes dejar de ser tú mismo/a y hacer cosas que no te gustan con tal de contentarle.

–Esa persona está tanto en el centro de tu vida, que tus amistades y demás pierden importancia para ti. Hay tendencia de aislamiento social, sólo te apetece estar con esa persona, y cuanto más tiempo diario mejor.

 –La relación genera ansiedad, nunca estamos contentos porque queremos más, y sobretodo tememos que nos dejen, y eso sería una catástrofe porque no nos imaginamos la vida sin esa persona.

2. LISTADO DE COSAS QUE TE PERJUDICABAN Y HAS HECHO POR AMOR O CARIÑO

Una vez que ya has reconocido que tienes un problema y tienes el convencimiento de que quieres eliminar la dependencia emocional de tu vida, haz un listado de cosas que has llegado a hacer por alguien, que a ti te perjudicaba. Debes ser consciente de que una persona dependiente no se fija en su bienestar personal, prefiere contentar a la otra persona para no perderla. Si quieres cambiar, lo primero que debes hacer es pensar en ti lo primero, que tu bienestar sea lo principal en tu vida.

¿Qué cosas tenía la otra persona que te perjudicaban?, ¿Qué has hecho tú por el otro que a ti te hacía daño? Ejemplos: ¿Has dejado de lado amistades, familia, actividades, hobbies, estudios, desarrollo personal, etc..?, ¿Te han tratado con el respeto que te mereces?, ¿Has hecho cosas que no están bien para no perderle? ¿Cómo ha sido tu estado emocional?, ¿Sientes que has mendigado amor o afecto y has ido muy insistente detrás?, a parte de esta persona ¿Has tenido otras facetas en tu vida donde has disfrutado? Pueden ser hobbies, amistades, etc… ¿Has aguantado muchas cosas negativas con tal de no perderle?, etc… Es importante que hagas consciente el sufrimiento que has tenido por ser una persona dependiente. Piensa en todo lo negativo que te ha traído esa relación, de esta manera reforzarás tus ganas de cambiary de eliminar la dependencia emocional.

 

3. REFUERZA TU AUTOESTIMA

El factor principal de cualquier dependencia es una autoestima baja. Hay muchas opciones para poder reforzarla, desde acudir a un profesional de la psicología hasta hacer biblioterapia. En cualquier biblioteca hay libros muy interesantes sobre la autoestima. Haz como si tuvieras que estudiar para el colegio, infórmate todo lo que puedas sobre reforzar tu autoestima y lee los libros que te parezcan más interesantes. De todos siempre se saca algo nuevo e instructivo.

 

4. APRENDER A ESTAR SOLO/A

La vida es más bonita con amor, pero éste llega sanamente cuando uno se siente bien consigo mismo. No podemos tener una relación sana si antes no nos hemos desarrollado como personas. Cuando uno mismo se ama y no necesita a los demás, es cuando está preparado para querer de una manera sana. A todos nos gustaría tener una pareja ideal, a personas a quien querer, etc… Pero una cosa es “necesitar”y otra muy diferente es “desear”. Cuando lo necesitas no funciona, porque si uno no se ama a sí mismo, tampoco podrá amar a los demás de una manera madura y sana. Uno debe aprender a disfrutar de la vida sin pareja. Hay infinidad de cosas que hacer. Desarrolla tus habilidades, labra tu futuro, dedica tiempo a tus hobbies, haz amistades con gente buena, viaja, mira a tu alrededor para disfrutar de las pequeñas cosas, y sobre todo cuídate y ámate como te mereces.

 

Dependencia emocional: a la sombra de un amo.

EFE/Ian Langsdon

 

Los seres humanos hemos nacido para establecer lazos con los demás, pero nadie nos enseñó a controlar su impacto en nuestra vida. Algunas personas, objetos o ideas actúan como un imán, nos abruman, consiguen que nos pleguemos a sus pies y causan malestar si se alejan. La sensación de dependencia es completa.

El psicólogo clínico Walter Riso dice en su último libro que “si consideramos que algo o alguien es indispensable en nuestra vida, estamos a la sombra de un amo”. EFEsalud ha entrevistado al autor de Desapegarse sin anestesia (Editorial Planeta) y le ha preguntado por los poderes del “amo” y cómo puede corrompernos.

Hay quien no concibe la vida sin su novio, madre, teléfono móvil o gimnasio. Ninguno de estos elementos es imprescindible para salir adelante. No podemos decir lo mismo del aire o el agua, por ejemplo. Todos sentimos afecto y simpatía hacia algo o alguien, pero la existencia de ese sujeto no debe condicionar nuestra felicidad. Si no estás dispuesto a la pérdida renuncias a uno de los rasgos innatos del hombre: la autonomía, la capacidad de gobernarte a ti mismo y ser libre.

Primer paso: identificar el apego

Riso define el apego como la “incapacidad de renunciar a un deseo cuando este atenta contra tu salud mental, tu felicidad o tu capacidad de vida”. El quiero dejarlo y no puedo se convierte en una pesadilla para el afectado, subordinado a un amo que decide por él. “Negocias con tus principios, con tu dignidad y con tus valores. Padeces una patología de la libertad”, explica el psicólogo. Hay cuatro claves que nos ayudan a detectar el problema:

  1. Deseo insaciable → Tu sed no se calma. Necesitas cada día más. “Eres un rumiante para poder mantener el mismo sabor del chicle que masticas”, señala Riso.
  2. Falta de autocontrol → No estás capacitado para regular tu conducta frente a determinado objeto, persona o idea.
  3. Malestar → No estar cerca del motivo de tu adicción te provoca ansiedad.
  4. Persistencia → Sabes que las consecuencias de la relación con la persona o aparato son negativas, pero no puedes cortar el vínculo de unión.

Imagina que te dan un salvavidas para cruzar el río porque si no te hundes. Dependes del flotador. ¿No sería mejor aprender a nadar? “Muchos de los apegos existen porque te ayudan y mantienen tu falta de habilidad. Resuelve tus déficits para no engancharte a las soluciones fáciles”, aconseja el psicólogo argentino.

¿Por qué ‘te necesito’?

Muchas personas obsesivas y perfeccionistas adoptan una férrea rutina de trabajo de la que no pueden despegarse aunque quieran. Otras se angustian al imaginar su vida sin su pareja. Una de las causas de la adicción es la inmadurez emocional: quienes encajan en el perfil tienen poca tolerancia al dolor y a la frustración. “Son vulnerables e incapaces de hacer un buen manejo del placer. Siempre quieren más”, apunta Riso.

La creencia de que el placer es para siempre no ayuda a combatir el apego. Todo se acaba. Las relaciones mueren, los teléfonos móviles se rompen, las condiciones de trabajo varían, pero algunos se sorprenden al descubrir en primera persona esta realidad. Nunca están preparados para el duelo. Si a dicha actitud le añadimos la incapacidad de manejar los conflictos sin pedir ayuda para resolverlos, la probabilidad de desarrollar dependencia emocional es mucho mayor. “Si buscas una muletilla cada vez que tienes un problema, te apegarás a ellas”, advierte Riso.

La ambición desmedida es un arma de doble filo: puede provocar trastornos como ansiedad, estrés o depresión y un apego a “querer tener siempre más” y no estar satisfecho nunca.

Perjudicarse a sí mismo

Las consecuencias de la adicción nunca fueron buenas. Para empezar, el dependiente carece de libertad. No sabe tomar decisiones en primera persona. Es cierto que el objeto de deseo brinda una tranquilidad transitoria mientras está ahí, pero cuando desaparece, la sensación es insoportable.

¿Merece la pena vivir con ansiedad por miedo a perder lo que –en teoría– nos da la felicidad?

‘Ya nada me produce tanto placer como conectarme a internet. Si me quitan internet, me quitan la vida’. Cuidado: este hecho indica que tu capacidad de disfrute ante la vida está en peligro. Riso explica que el fenómeno de la reducción hedonista hace que solo gocemos con el objeto al que estamos apegados.

Filosofía del desprendimiento

El objetivo de esta teoría es no crear nuevos apegos, eliminar poco a poco los que ya tenemos y encontrar una manera inteligente de gestionarlos. Desprenderse de alguien no implica tener indiferencia afectiva, es decir, que tu dolor no me duela y tu alegría no me alegre. “Significa estar contigo pero no sentirme preocupado por la relación, que tú no me definas y yo no te posea”, señala el psicólogo.

Según Riso, “si le dices ‘te necesito’ a tu pareja, vas mal. Deberías decir ‘te prefiero’, porque es una elección”.

El autor propone multitud de estrategias para “desapegarse sin anestesia” en su libro. Aquí tienes algunas de las más importantes:

  • Aceptar que nada es para siempre. La permanencia no existe. “Las cosas cambian, se transforman y se pierden. Hay que incorporar esta filosofía”, insiste Riso.
  • Crear resistencia frente a los apegos. El entrenamiento es simple: “métete una barrita de chocolate en la boca y sácatela tal cual está”. Aprende a sobrevivir sin lo que crees que aporta sentido a tu existencia.
  • Convertirse en un banco de niebla. Eres un ser nebuloso que no atrapa insultos ni críticas. Si dejas que las palabras dolorosas te atraviesen, evitarás depender de la aprobación de los demás, por ejemplo. “Es mejor que te aplaudan a que te silben, pero si no puedes vivir sin el aplauso, tienes un problema”, apunta Riso.
  • Dosis de realismo. “Hay que ver las cosas como son. Los budistas enseñan una virtud: la desesperanza”, relata el psicólogo. Aprender a perder es importante para no toparse con la realidad y sufrir en exceso.

Miedo al cambio

El apego biológico a los hijos es inevitable, pero de preocuparnos por ellos a tener una actitud sobreprotectora hay una distancia considerable. “Hay quienes impiden que su hijo se independice, sea libre y aprenda a hacerse cargo de sí mismo”, afirma Riso. Cuando llega el momento de que el mochuelo abandone el nido, algunos padres entran en crisis. ¿Acaso creemos que la infancia es eterna?

Querer a la familia no está reñido con tener autonomía. “Hay que estar pendiente, pero no ser dependiente“, sugiere el psicólogo.

No obstante, la crisis ha hecho que nuestros parientes vuelvan a ocupar un rol central –en muchos casos–. “Antes, nadie pensaba en los abuelos, y ahora son los que están sosteniendo la familia”, declara Riso. No es la única consecuencia de una de las etapas más negras de la economía de nuestro país.

¿Quién dijo trabajo? Muchas personas lo perdieron o tuvieron que adaptarse a nuevas condiciones, nuevos horarios, nuevo nivel de vida. Quizá no estábamos preparados para un cambio tan brusco. Riso afirma que “la crisis nos sacó de la rutina y nos educó a la fuerza. Es como un terapeuta que nos ayuda a desapegarnos de cosas”. Algunos afortunados se han quedado sin yate. Otros se han visto obligados a dejar su casa o emigrar a otra ciudad.

Y es que estar enganchado a bienes materiales es muy común. Buena parte de las personas que acuden a la consulta de Walter Riso son adictas a la tecnología (internet, telefonía móvil), a la moda y a la belleza. Es el caso de las “pacientes quirúrgicas insaciables” o los adictos al gimnasio.

¡Ojo! El psicólogo nos cuenta que el apego a la salud ya es una realidad. Hay quien se obsesiona con el consumo de alimentos orgánicos o con llevar una vida saludable.

La clave para desengancharte de todo lo que condicione tu felicidad es no verlo como imprescindible. Recuerda: no dejes que tu deseo se convierta en necesidad.

 

 Fuente Original:  EFE Salud.

Los hombres que aman demasiado.

Los hombres que aman demasiado

La dependencia emocional es un mal que no solamente aqueja a las mujeres, sino que también, cada vez más, podemos observarlo en el ámbito masculino. Quizás pase más desapercibido ya que ellos intentan esconder sus necesidades, sus sentimientos porque socioculturalmente los hombres deben ser fuertes y casi carentes de emociones, está mal visto que las expresen, como si esto fuera un pecado mortal.

La dependencia emocional es el apego afectivo exacerbado que se puede desarrollar hacia una pareja, la persona cree que no puede vivir sin el otro. El depender emocionalmente de otro está asociado con las experiencias de la niñez, ya sea por una carencia afectiva importante por parte de los padres o por una sobreprotección exagerada que crea adultos inseguros en el futuro. En algunos casos donde la madre es una figura autoritaria y controladora es muy probable que la relación futura con ella sea cada vez más destructiva y se repita este patrón con las parejas que se tengan. Los dependientes emocionales se sienten incapaces de afrontar la vida sin ayuda ajena, lo que los hará buscar incesantemente la contención y aprobación de los demás.

Esta clase de dependencia comparte las mismas características que cualquier otro tipo de adicción. Todo comienza con un intenso placer cuando estamos junto al otro, de manera tal que cada vez más vamos a querer compartir tiempo con esa persona y si ella no estuviera sentimos el síndrome de abstinencia, el cual puede ser muy doloroso cuando la pareja ya no está presente.

Las consecuencias de la dependencia emocional incluyen que el sujeto pierda el control de su propia vida intentando vivir solamente en función del otro. Alimenta aún más su inseguridad, ya que el hombre cree que no es un individuo válido si su pareja no está presente. Estas actitudes pueden generar problemas en el ámbito laboral y social, estar distraído, desganado, no darle importancia a los amigos ni a la familia, solamente a la persona que necesita. Existe mucha manipulación debido a la búsqueda incesante de controlar al otro para que no lo deje o lo siga queriendo por siempre. Existen miedos como el de no ser querido, el miedo a la pérdida, una fuerte dificultad para dejar ir esos vínculos por más problemáticos que sean.

Un hombre dependiente emocionalmente va a sufrir celos si la pareja intenta alejarse o establecer ciertos límites y en algunos casos extremos estos celos pueden ser motivo de actos de violencia. Existe un riesgo importante de que la dependencia emocional masculina lleve al maltrato además de que muchos hombres maltratadores buscan mujeres dependientes ya que son fácilmente manipulables. El apego es castrador, enfermizo, degrada al otro, genera depresión, agota.

Los hombres dependientes necesitan constantemente una confirmación del amor del otro, alabanzas en sus tareas diarias. Necesitan saber dónde se encuentra su pareja, qué hace. Existe una alta cuota de narcicismo en ellos.

El tratamiento es psicológico, hay que trabajar arduamente en el auto control de la persona, dejar atrás los esquemas de elección de pareja negativos, la persona debe ser autonóma (que pueda hacerse cargo de sí misma).

Nadie ni nada puede ser tan importante como para que tu vida entera dependa de esa persona. El amor es más que el simple deseo y la necesidad.

Libro recomendado: “Desapegarse sin Anestesia” de Walter Riso.