Por qué amamos a los narcisistas

¿Por qué amamos a los narcisistas?

Por qué amamos a los narcisistas

Los narcisistas son egocéntricos, arrogantes, explotadores, y aún así nos cautivan y enamoran.

Una reciente investigación psicológica ha determinado que nos sentimos extrañamente atraídos por las personas narcisistas, por su personalidad egocéntrica, por su dominio de las situaciones, incluso por su hostilidad.

Incluso los psicólogos sufren esta fascinación por los narcisistas, se preguntan cómo consiguen tener dicha influencia sobre las personas y por qué encarnan tantísimas paradojas.

Mujer narcisista

Los narcisistas y sus encantos

La psicóloga social Mitja Back y sus colegas, decidieron investigar el narcisismo.

Pidieron a 73 estudiantes, que no se conocían entre ellos, que se presentaran a los demás, uno por uno. Cada persona fue evaluada por los demás con respecto a su simpatía; completaron varios cuestionarios, incluyendo una evaluación de rasgos narcisistas de la personalidad.

Los resultados demostraron:

1. Los narcisistas son más populares. Son sustancialmente más apreciados por los demás que los no narcisistas.

2. Los participantes apreciaron el sentido de autoridad de los narcisistas. En los cuestionarios de evaluación, los estudiantes tuvieron en cuenta cuatro aspectos del narcisismo: liderazgo-autoridad, admiración de sí mismos-egocentrismo, la arrogancia-superioridad y tendencia a la explotación.

3. Los narcisistas gustan por su aspecto, su tono de la voz y por su dominio de los movimientos. Suelen tener un aire encantador y atrayente cuando los conocemos.

La razón de que los narcisista son más populares es porque saben cómo utilizar una expresión facial, cómo poner una voz que inspire confianza, llevan ropa y un corte de pelo de moda y son más divertidos.

Obviamente, este efecto se produce solo a corto plazo. Los narcisistas generalmente se descubren pronto y son inmediatamente rechazados.

Pocas personas soportan un amigo que se aprovecha de ellos, que es egocéntrico, autoritario y arrogante.

 

Las paradojas de los narcisistas

Existen muchas paradojas en el comportamiento narcisista y en la forma en la que actúan. La investigación psicológica planteó algunas preguntas a las que intentó dar respuesta:

  • ¿Por qué las personas narcisistas continúan comportándose de manera egoísta, aún sabiendo que pueden arruinar su relación con los demás?
  • ¿Por qué los narcisistas tienden a subestimar a los demás cuando pasan de ser admirados a ser rechazados?
  • ¿Por qué los narcisistas no saben identificar cuándo es el momento de interrumpir su comportamiento antes de ser abandonados?

El narcisismo está repleto de ego

Las dos primeras preguntas se pueden explicar parcialmente considerando queeste comportamiento es, al principio, atrayente para los demás.

Para los narcisistas comportarse de manera egoísta provoca la admiración de los demás, haciéndolos dependientes.

Por otro lado, subestimar a aquellos que los rechazan, es una forma de esconder que ya están buscando otras “víctimas” que los adoren.

Además, está la razón por la que los narcisista no detectan cuándo es el momento de parar antes de perder a la pareja o a sus amigos: la atracción que generan en las personas no puede durar demasiado tiempo. Quien desea criticar a un narcisista por su actitud, huye antes de enfrentarse a él.

Narcisistas y Reality Show: un matrimonio perfecto

El mejor escaparate para los narcisistas, hoy en día, es un Reality Show. Este estudio demuestra claramente por qué los narcisistas son los concursantes perfectos para estos programas:

Capturan inmediatamente nuestra atención y simpatía con su comportamiento y seguridad en sí mismos. Además, son llamativos y arrogantes.

Más tarde, cuando conseguimos descubrir su verdadera naturaleza, tendemos a despreciarlos. Todos esto sentimientos provocan que no nos podamos despegar de la pantalla.

Aplicando las enseñanzas de este estudio, se puede decir que no hay que alentar a los narcisistas prestándoles atención o provocándoles. 

No solo nos pueden hacer daño, sino que además nos mantienen inexorablemente bloqueados en el círculo vicioso de la atracción y el rechazo.

 

 

 

La envidia y el síndrome de Solomon

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En 1951, el reconocido psicólogo estadounidense Solomon Asch fue a un instituto para realizar una prueba de visión. Al menos eso es lo que les dijo a los 123 jóvenes voluntarios que participaron –sin saberlo– en un experimento sobre la conducta humana en un entorno social. El experimento era muy simple. En una clase de un colegio se juntó a un grupo de siete alumnos, los cuales estaban compinchados con Asch. Mientras, un octavo estudiante entraba en la sala creyendo que el resto de chavales participaban en la misma prueba de visión que él.

Haciéndose pasar por oculista, Asch les mostraba tres líneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta línea. De izquierda a derecha, la primera y la cuarta medían exactamente lo mismo. Entonces Asch les pedía que dijesen en voz alta cuál de entre las tres líneas verticales era igual a la otra dibujada justo al lado. Y lo organizaba de tal manera que el alumno que hacía de cobaya del experimento siempre respondiera en último lugar, habiendo escuchado la opinión del resto de compañeros.

La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría” 
(Solomon Asch)

La respuesta era tan obvia y sencilla que apenas había lugar para el error. Sin embargo, los siete estudiantes compinchados con Asch respondían uno a uno la misma respuesta incorrecta. Para disimular un poco, se ponían de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestación, también errónea. Este ejercicio se repitió 18 veces por cada uno de los 123 voluntarios que participaron en el experimento. A todos ellos se les hizo comparar las mismas cuatro líneas verticales, puestas en distinto orden.

Cabe señalar que solo un 25% de los participantes mantuvo su criterio todas las veces que les pre­­guntaron; el resto se dejó influir y arrastrar al menos en una ocasión por la visión de los demás. Tanto es así, que los alumnos cobayas respondieron incorrectamente más de un tercio de las veces para no ir en contra de la mayoría. Una vez finalizado el experimento, los 123 alumnos voluntarios reconocieron que “distinguían perfectamente qué línea era la correcta, pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo a equivocarse, al ridículo o a ser el elemento discordante del grupo”.

A día de hoy, este estudio sigue fascinando a las nuevas generaciones de investigadores de la conducta humana. La conclusión es unánime: estamos mucho más condicionados de lo que creemos. Para muchos, la presión de la sociedad sigue siendo un obstáculo insalvable. El propio Asch se sorprendió al ver lo mucho que se equivocaba al afirmar que los seres humanos somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.

Más allá de este famoso experimento, en la jerga del desarrollo personal se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso –e incluso triunfar– por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás. Esta es la razón por la que en general sentimos un pánico atroz a hablar en público. No en vano, por unos instantes nos convertimos en el centro de atención. Y al exponernos abiertamente, quedamos a merced de lo que la gente pueda pensar de nosotros, dejándonos en una posición de vulnerabilidad.

El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.

Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.

“Ladran, luego cabalgamos” (dicho popular)

Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.

El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la futilidad de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Si lo pensamos detenidamente, tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas.

¿Y qué hay de la envidia? ¿Cómo se trasciende? Muy simple: dejando de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han permitido a otros alcanzar sus sueños. Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por desarrollar. En vez de luchar contra lo externo, utilicémosla para construirnos por dentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte –de forma individual– lo mejor de sí mismo a la sociedad.

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La luz de Nelson Mandela

Después de 27 años en la cárcel y ser elegido en 1994 presidente electo de Sudáfrica, Nelson Mandela compartió con el mundo entero uno de sus poemas favoritos, escrito por Marianne Williamson: “Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, la que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Esta grandeza de espíritu no se encuentra solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros”.

 

El estrés, durante y después de vacaciones

El estrés, durante y después de vacaciones

Dicen que una de las enfermedades del siglo XXI es el estrés. El ritmo de vida cada vez es más frenético y eso se acusa. Tanto si se está trabajando o de vacaciones, ponerse el listón demasiado alto nunca es nada bueno.

Liberarse del estrés no es tarea fácil tras meses de duro trabajo lidiando con él. Cuando llega el verano, la mayoría de personas desean tomarse unos días de descanso para conseguirlo y la mayoría tarda bastante en lograr esa deseada desconexión. Por otra parte, cuando regresan de sus vacaciones, cuando realmente han conseguido olvidarse de las preocupaciones, toca de nuevo la dura tarea de acostumbrase a la rutina, un paso que también a muchos les cuesta dar.

Y es que, aunque parezca mentira, hay muchas personas que cuando llegan esos días de desconexión sienten ansiedad en las vacaciones. En ocasiones la persona cuando ve que tiene mucho tiempo libre se convierte en un motivo de preocupación. «Muchas veces pensamos que en vacaciones debemos hacer muchas cosas, y cuando no se cumplen las expectativas, nos agobiamos», explica el psicólogo Alfonso Reina.

La psicóloga Catalina Gibert Castañer, especializada en ansiedad y depresión, cuenta que el estrés en vacaciones se debe a la falta de relajación: «Durante todo el año la gente tiene muchas actividades y preocupaciones. Cuando están de vacaciones, les cuesta relajarse y no pensar en las tareas que tienen pendientes. Suelen hacer muchas cosas cuando no tienen vacaciones y luego tienen dificultades para relajarse».

Por otra parte, Mercedes Cima, licenciada en psicología, esgrime: «Es mentira que solo se sufre ansiedad en verano, este síntoma se aprecia durante todo el año. Lo único que en vacaciones como no se hacen actividades la gente se ve agobiada y lo expresa. Cuando se descansa aflora la ansiedad».

DepresiónDe todas formas, Alfonso Reina puntualiza que para entender a las personas que sufren este tipo de estrés vacacional hay que diferenciar entre dos perfiles. El primero es el de personas que estando en periodo estival, por motivo de su profesión, tiene que trabajar. Eso genera bastante depresión cuando observan que su entorno sí tiene vacaciones.

El segundo lo conforman aquellos ciudadanos que teniendo vacaciones tienen niveles muy altos de ansiedad, que puede estar relacionada con las expectativas que ponen al periodo de descanso y con lo que acaban haciendo. «Estamos deseando que lleguen vacaciones y esperamos durante todo el año este momento. Lo que genera ansiedad es cuando no se consigue la relación que se esperaba», razona. «Genera presión que la persona piense que tiene que hacer muchas cosas durante el verano y luego se quede en casa», concreta. «Los perfiles siempre coinciden», sentencia.

«La gente muy estresada con una vida muy ajetreada cuando llegan a su casa sigue hablando de trabajo», añade. El tipo de profesión es indiferente. «No hay ningún tipo de trabajo que sufra más estrés que otro. El problema es si se llevan el trabajo a casa. Por ejemplo, si un abogado tiene mucho trabajo y cuando llega a casa disfruta de una vida familiar agradable, no debe sentir ansiedad», afirma Mercedes Cima. 
Alfonso Reina, que también imparte clases de psicología en el Centro de la UNED de Palma, coincide con la psicóloga Cima: «No es una cuestión de profesión, sino de saber desconectar. A lo mejor también afecta a personas con trabajos con mucha responsabilidad o personas que tienen su propio negocio y les cuesta más poder desconectar».

Cuando se sufre ansiedad, las mujeres siempre son las que más piden ayuda. «Las féminas no sufren más ansiedad y estrés que los hombres, solo es ellas son las que lo admiten y van al psicólogo», cuenta Mercedes Cima. «Las mujeres no hemos progresado, con el trabajo y el marido en casa. Siempre tienen más trabajo», espeta la especialista Catalina Gibert.

 

Parálisis del sueño: definición, síntomas y causas

Parálisis del sueño: definición, síntomas y causas
 

¿Qué es la parálisis del sueño?

A finales del siglo XVIII, el pintor Johan Heinrich Füssli terminó una de sus obras más emblemáticas. El cuadro, basado en una pintura de Giulio Romano, muestra a una mujer dormida que tiene a un demonio sentado sobre su vientre mientras la cabeza de un caballo asoma entre las telas que hacen de fondo para la escena.

La ambientación onírica y oscura de esta obra llamada La pesadilla hace del cuadro una ilustración perfecta de lo que podría ser una de las bestias de la mitología europea medieval: el íncubo, un demonio que está asociado al mundo de las pesadillas y que supuestamente tiene relaciones sexuales con mujeres que, al encontrarse entre el sueño y la vigilia, yacen inmóviles sin poder hacer nada.

Hoy en día, algunos investigadores creen que la mitología que hay detrás de la figura del íncubo y su alter ego femenino, el súcubo, es en realidad una interpretación en clave sobrenatural de un trastorno del sueño perfectamente documentado científicamente.

Este trastorno se llama parálisis del sueño, y el cuadro de Füssli comunica muy bien las sensaciones que se experimentan mientras ocurre.

¿Qué ocurre durante la parálisis del sueño?

El nombre de la parálisis del sueño es bastante descriptivo: es un trastorno del sueño en el que la persona es incapaz de realizar cualquier movimiento voluntario. Esto significa que, por un breve periodo de tiempo, alguien que experimente parálisis del sueño pasará por un estado de consciencia entre el sueño y la vigilia y sólo será capaz de ver lo que ocurre a su alrededor, sin poder realizar prácticamente ninguna acción física. Podrá percibir lo que ocurre a su alrededor en el lugar donde se ha puesto a descansar, pero no será capaz de moverse ni pedir ayuda.

Por supuesto, la parálisis del sueño no afecta a las funciones vitales como la respiración y el latido del corazón, ya que estos movimientos son involuntarios. Sin embargo, eso no quita que sea una sensación muy desagradable y generadora de ansiedad. Además, es frecuente tener la sensación de asfixia o de tener dificultades para respirar, pero se trata sólo de una consecuencia de no poder controlar conscientemente los músculos y no hay riesgo de ahogarse.

La parálisis del sueño puede presentarse con otros factores de naturaleza subjetiva, como alucinaciones o la sensación de tener cerca presencias extrañas o amenazantes que acechan a la persona paralizada.

¿Por qué ocurre la parálisis del sueño?

En términos generales, la parálisis del sueño es debida a una falta de coordinación entre algunas áreas del cerebro y la parte del sistema nervioso encargada de mandar órdenes a los músculos que pueden ser controlados voluntariamente. Esto significa que, aunque la persona haya recobrado la consciencia y se haya despertado, sus músculos siguen sin estar “conectados” al cerebro, porque siguen en el estado inerte que ocurre durante la fase REM del sueño, mientras soñamos.

Durante la fase REM, tener los músculos aislados de lo que ocurre en nuestra consciencia es útil, porque de otro modo moveríamos en cuerpo en función de todo lo que ocurre en nuestros sueños. Sin embargo, esta utilidad desaparece en los casos de parálisis del sueño y el mecanismo encargado de separar músculos y consciencia se vuelve en nuestra contra. Por suerte, esto se soluciona en poco tiempo, normalmente al cabo de unos segundos.

¿A quién le puede pasar esto?

Los diferentes estudios sobre la prevalencia de la parálisis del sueño indican que son casos poco frecuentes teniendo en cuenta la cantidad de veces que una persona se pone a dormir a lo largo de su vida, pero el número de personas que experimentarán esta parasomnia en algún momento de su vida podría ser mayoritario. En concreto, aproximadamente un 60% de la población podría llegar a pasar por una parálisis del sueño.

Sin embargo, los efectos negativos de la parálisis del sueño se encuentran en la subjetividad y las sensaciones vividas por la persona que la experimenta, así que el hecho de haber leído algo sobre este trastorno podría hacer más llevadera esta situación.

 

Adrián Triglia
Autor: Adrián TrigliaPsicólogo social
 

Señales de que sales con un narcisista

 

Señales de que sales con un narcisista

“Lo más probable es que usted conozca algunos narcisistas. Lo más probable es que son inteligentes y seguros. Ellos te hacen reír, te hacen pensar. Probablemente la primera vez que lo conociste te encantó. Lo más probable es que esa sensación no duró”

-Jeffrey Kluger-

Por alguna razón nos sentimos particularmente atraídos por las personas persistentes y con ideas bien definidas. Para muchos, los narcisistas son muy atractivos a pesar de que no resultan ser la mejor compañía posible.

¿Estás enamorada de uno? Revisa esta lista y averígualo.

Son incapaces de aceptar sus errores

Un narcisista tendrá problemas para aceptar que se ha equivocadoSiempre te hará sentir que el equivocado eres tú. Por mucho que te quiera, siempre terminarás sintiendo que te llevas la peor parte… y es cierto. Todo el mundo es culpable menos él.

Los celos nunca acaban

“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”

-Buda-

Un narcisista siente envidia de todo lo que no puede tener. Incluso el más pequeñodetalle hará que tu amado narcisista enfurezca cuando te vea con otra persona.

No son capaces de aceptar que tienes otros intereses y otras personas importantes en tu vida. Sus celos llevarán la relación al límite.

Los celos nunca acaban

Todo el tiempo controlan la conversación

Las conversaciones, como las relaciones, se tratan de dar y recibir. ¿Tu persona especial te da espacio para expresar tus ideas? ¿O solo importa lo que él diga, quiera u opine?

No hay nada que le guste más a un narcisista que escuchar su propia voz. El problema no radica en que no hables, sino que no podrás expresarte nunca.

Sienten que son demasiado perfectos en comparación con los demás

La belleza se asocia bastante con el narcisismo. Esto no significa que por estar enamorado de una persona bella, será un narcisista. Es más, un narcisista puede tener un concepto de sí mismo mucho mayor al que debería.

Suelen dar una imagen de perfección y seguridad, aunque en su interior sea una bajaautoestima lo que predomina.

El narcisista cree que es inteligente y los demás tontos

“Cuando no entendemos una cosa es preciso declararla absurda o superior a nuestra inteligencia. Generalmente se adopta la primera interpretación”

-Concepción Arenal-

¿Tu pareja te hace sentir que todo lo que dices está mal? ¿Cada vez que hablas con él terminas sintiendo que tus opiniones no tienen valor?

 

Si respondes que sí, te tengo una mala noticia: sales con un narcisista.

No importa si su coeficiente intelectual no es el más alto. ni cuánto le demuestres que está equivocado. La relación será muy desgastante porque todo el tiempo te sentirás minimizado.

Es incapaz de demostrar agradecimiento

Cuando le das un detalle, lo toma como si lo mereciera y nada le es suficiente nunca. Olvídate de que te agradezca algo que hagas por él..

Es más, te hará sentir que todo lo que haces o das es insuficiente. Poco a poco te sentirás falto de energía y la relación se convertirá en una carga.

Si dejas que la relación avance, terminarás infeliz y sintiendo que todo ha sido tiempo perdido.

Los narcisistas no agradecen

Su honestidad es brutal

“Creo que lo que te hace bello es ser honesto, transparente”

-Gaby Moreno-

Ser honesto con la pareja es sano. Es más, debería de ser lo mínimo a esperar. Lasmentiras y engaños indican que algo va mal.

El problema aparece cuando esta honestidad no es asertiva. Si tu pareja te dice las cosas con mucha rudeza y parece que disfruta dañándote, piensa si es sano. Parecerá que disfruta herirte porque así es.

Siempre recuerda tus errores y olvida tus aciertos

Olvídate de que una persona narcisista te halague por lo que hagas bien. No pasará.  Por el contrario, puedes esperarte que cada error sea maximizado y las críticas siempre estarán presentes.

Lo mínimos errores te serán evaluados con severidad. Si la persona que amas solo se preocupa por ver y recordar lo malo, nunca te sentirás satisfecho.

El narcisista no cambia

Cada uno de estos puntos por sí mismo no hacen mucho dañopero en conjunto son la muestra clara de que sales con un narcisista.

La mayoría de las personas tienen la capacidad de cambiar cuando se lo proponen. Un narcisista no cambiará porque según como él lo ve, es perfecto.

Si tienes alguna queja, será tu problema y querrá que sientas que tú eres quien está mal. No mantengas ninguna esperanza de que cambie por ti porque no lo hará por nada ni por nadie.