Inteligencia lingüística: ¿qué es y cómo se puede mejorar?

La capacidad verbal puede mejorarse poco a poco, siguiendo estos consejos.

Inteligencia lingüística: ¿qué es y cómo se puede mejorar?
 

La capacidad para expresarnos mediante el lenguaje es una de esas características que nos distingue del resto de seres vivos. La comunicación verbal es, además, una útil herramienta que nos ha permitido sobrevivir en entornos adversos, entender mejor nuestro entorno y formar grandes comunidades en las que cientos de personas cooperan entre sí.

En resumidas cuentas, somos una especie próspera en parte gracias a nuestra habilidad para combinar palabras entre sí. A esta capacidad la podemos llamar Inteligencia lingüística (ointeligencia verbal).

Una definición sobre la Inteligencia lingüística

Piensa en la manera en la que explicarías a otra persona que una maceta ha caído al suelo y se ha roto. Sencillo, ¿verdad? Ahora piensa en esta otra situación: debes leer un texto de dos páginas en el que una filósofa explica qué es la metafísica para ella, y hacerle un resumen sobre esto a otra persona.

Seguramente creerás que esta última tarea es bastante más complicada, a pesar de no haber leído ese texto. A pesar de que eres capaz de desenvolverte bien con el lenguaje en tu día a día, algunas tareas que involucran el uso de las palabras parecen especialmente difíciles en comparación a otras. Algunas de estas actividades, de hecho, pueden parecer imposibles de realizar, como por ejemplo explicarle cómo nos sentimos a una persona cuyo idioma no dominamos del todo.

Estos pequeños escollos cotidianos sirven para hacernos una idea de lo que es la Inteligencia lingüística: el grado en el que una persona es capaz de usar hábilmente el lenguaje para expresar y entender ideas y para conseguir objetivos a partir de esta habilidad.

La Inteligencia lingüística (a veces llamada también Inteligencia verbal) forma parte de laTeoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, y tenerla en cuenta permite crear estrategias de potenciación del uso del lenguaje.

Una herramienta para adaptarnos al medio

La realidad no es algo fácil de entender, así que la manera de formular explicaciones acerca de esta tampoco debería serlo. La gran mayoría de las personas nacemos con la capacidad para aprender el lenguaje, pero no todas nos llevamos igual de bien con nuestro idioma materno. Y es posible que en algunas situaciones notemos que no tenemos control sobre las palabras, que nuestra Inteligencia lingüística no está tan desarrollada como lo requiere el contexto.

Precisamente por eso es importante la Inteligencia lingüística: teniendo en cuenta su existencia podemos saber hasta qué punto somos hábiles haciéndonos entender y entendiendo lo que se nos dice, tanto por hablado como por escrito. Esto es especialmente importante si tenemos en cuenta que el uso del lenguaje permite que nos acerquemos a nuestros objetivos y, por lo tanto, tener más o menos Inteligencia lingüística repercute en nuestras posibilidades de gestionar problemas, abordar proyectos o incluso mantener relaciones saludables con otras personas.

¿Cómo mejorar en Inteligencia lingüística?

Si es cierto que la Inteligencia puede ser resumida rápidamente como la capacidad para encontrar soluciones ante problemas nuevos de la manera más efectiva, no es menos cierto que esta se puede mejorar tomando algunos hábitos y rutinas. La Inteligencia lingüística, como parcela concreta dentro del concepto más amplio de “inteligencia”, no es una excepción a esta regla. Eso significa que podemos tomar medidas para influir en nuestro grado de desempeño en Inteligencia lingüística, cambiando para mejor nuestra capacidad de adaptarnos a nuevas situaciones en las que un manejo hábil de las palabras sea útil (¡difícil encontrar una situación en la que no se de esto!).

Sabiendo todo esto, ya puedes empezar a introducir pequeños cambios en tu día a día para mejorar en tu habilidad con el lenguaje. Aquí tienes algunas indicaciones y recomendaciones para potenciar tu Inteligencia lingüística.

1. Empieza un diario personal

Empezar un diario es un buen primer paso. Escribirás sobre temas que te afectan indirectamente y que te parecen interesantes o relevantes, así que es difícil que esta actividad se haga aburrida. Además, no tendrás la presión de tener que escribir algo impresionante para impresionar a alguien, porque son escritos para ti, que nadie más tiene por qué ver. Será fácil que mejores tus habilidades verbales si te fuerzas a explicar tus vivencias y sentimientos.

2. Elige un tema interesante y escribe un breve ensayo sobre ello

Escribir libremente sobre lo que se siente y partiendo de la manera propia de ver la realidad es una buena manera de entrenarse en Inteligencia lingüística, pero conviene plantearse retos para que el nivel de dificultad de las tareas no sea siempre el mismo. Por eso, además de escribir un diario, es bueno acotar temas algo más universales y escribir sobre ellos. De este modo te obligarás a ampliar tu vocabulario y mejorarás tu capacidad para expresarte sobre un tema concreto a lo largo de textos más o menos largos.

3. Aprecia el valor de un buen diálogo

Si quieres pulir tu Inteligencia lingüística, también podría serte útil relacionarte con personas con las que no sueles comunicarte habitualmente. Personas con inquietudes e intereses distintos a los tuyos, gente con la que no puedas usar tu argot propio y que te obligue a salir de tu zona de confort a la hora de hablar. Nada mejor que el reto de comunicarse con alguien que tiene otro punto de vista para llegar a ser capaz de entender y hacerse entender.

4. Lee mucho y bien

Hay pocas cosas mejores para descubrir expresiones y vocabulario que la lectura. Hay una cantidad casi infinita de libros en los que puedes memorizar y repasar todo tipo de rutas lingüísticas a la vez que te entretienes o aprendes sobre cosas que te interesan. Sin embargo, si quieres mejorar tu Inteligencia lingüística sacándole el máximo jugo a los libros, lo mejor es cuidar lo que lees. Procura que caigan en tus manos libros de autores variados, para ver un poco de todo.

5. ¿Le das una oportunidad a la poesía y a la música?

La poesía y la música tienen el valor añadido de que rompen las convenciones de la gramática para comunicar y expresar fenómenos y emociones. Entrar en contacto con formas líricas de expresión puede hacer que te acostumbres a ver el lenguaje como un juego creativo en el que las palabras están al servicio del mensaje, y no al revés. De hecho, hay un ejemplo en el que se comprobó cómo el entrenamiento musical en niños preescolares servía para mejorar su Inteligencia verbal.

Inteligencia lingüística en niños

Estas recomendaciones pueden serte útiles a ti, pero algunas también pueden ser adaptadas para que los niños y niñas entren en las capacidades relacionadas con Inteligencia lingüística. Al fin y al cabo, es en las primeras etapas de la infancia cuando cobra más importancia tener los medios para aprender rápidamente los rudimentos del lenguaje, que se irán desarrollando durante el crecimiento.

 

Autor: Arturo TorresPsicólogo

Origen: http://psicologiaymente.net/

Reconocer y aceptar los “yos” que hay en ti

 

¿Alguna vez te has preguntado quién eres realmente? De hecho, es probable que en algún momento hayas actuado sin pensar o te hayas dejado llevar por las pasiones, descubriendo una faceta de ti que ni siquiera sabías que existía.
 
Y es que solemos pensar en nosotros como en una entidad única e indivisible, pero lo cierto es que cada día nos desdoblamos para asumir diferentes personajes. Somos el hijo que acompaña a su madre al hospital pero también el padre o la madre que cuida de sus pequeños, la pareja amante y el colega de trabajo. En todos esos entornos no solo nos comportamos de manera diferente sino que también nos sentimos distintos.
 
Precisamente, la “Teoría de los Yos” postula que nuestra personalidad está fragmentada, compuesta por una multiplicidad de yos que toman el mando según sea necesario, para protegernos de los peligros, garantizar nuestra supervivencia y lograr que seamos menos vulnerables.
 

¿Cómo se desarrollan esos yos?

 
El bebé nace con una constitución única, una cualidad denominada “huella psíquica”. De hecho, muchas madres notan que los hermanos son diferentes desde que están en su vientre, algunos se mueven más y responden ante los estímulos y otros son más tranquilos y perezosos. No obstante, junto a esa huella psíquica el bebé también tiene la potencialidad de desarrollar una gran variedad de patrones energéticos o yos, la conjugación de los cuales dará origen a su personalidad.
 
Sin embargo, el recién nacido es indefenso y vulnerable, depende de los adultos para sobrevivir. Muy pronto el pequeño aprende que para evitar problemas y disgustos, debe ejercer cierto grado de control sobre su entorno. El intento de obtener ese control marca el inicio de su personalidad, la cual se desarrolla como una necesidad para hacerle frente a la vulnerabilidad, se convierte en una coraza ante el mundo. 
 
¿Cómo se hace el niño más poderoso?
 
A lo largo del desarrollo, somos recompensados por algunos comportamientos y castigados por otros. Como resultado, algunas conductas salen fortalecidas y otras se debilitan. Cada vez que aprendemos una lección, nuestra personalidad se desarrolla en uno u otro sentido. 
 
De hecho, uno de los primeros aspectos que se desarrolla de la personalidad es el yo controlador/protector. Es una especie de guardaespaldas que busca constantemente los peligros que nos acechan y determina cómo nos puede proteger de ellos. Ese yo incorpora las reglas parentales y sociales, y controla nuestros comportamientos. Se encarga de que sigamos una serie de reglas porque estas nos garantizarán nuestra seguridad y la aceptación social. El yo controlador/protector determina cuán emocionales podemos llegar a ser y se asegura de que no actuemos de forma inadecuada o ridícula.
 
Ese yo escanea constantemente nuestro entorno para determinar cuáles de nuestros comportamientos agradará a una mayor cantidad de personas. Bajo su dirección, las conductas más sencillas y naturales, como reír, pierden la espontaneidad y se vuelven reacciones automáticas ante los estímulos del medio. Nos volvemos menos auténticos porque nuestro yo controlador/protector está monitoreando y evaluando esas supuestas amenazas.
 
Ese yo es tan solo el primero de muchos otros que desarrollaremos a medida que crecemos. Se trata de una serie de subpersonalidades que nos definirán como persona y que, en última instancia, son las verdaderas responsables de que nos comportemos de cierta manera. Por ejemplo, el yo controlador/protector decidirá si es importante agradarle a las personas, si es así, se incorporará al sistema de yos primarios un “yo complaciente” cuya misión será la de obtener aprobación. El yo controlador/protector también puede darle vía libre a un “yo empujador”, que sería el encargado de motivarnos continuamente, sin darnos tregua, para alcanzar el éxito, o podría permitir que se forme un “yo perfeccionista”. 
 
Esos yos primarios han sido creados por el yo controlador/protector para formar un escudo protector que nos defienda de la vulnerabilidad, y son el resultado de diferentes aspectos con los cuales se identifica nuestro ego. También desvelan lo que resulta importante para nosotros en un momento dado, lo cual significa que ese equilibrio de yos puede cambiar en el curso de la vida, en la misma medida en que cambien nuestras prioridades.
 
Algunos de esos yos son agradables, familiares y curiosos pero otros son extraños o incluso desagradables, en ese caso se convierten en “yos repudiados”. Básicamente, esas subpersonaldiades se han formado a partir de comportamientos que han sido castigados cada vez que han emergido. Puede haber sido a través de castigos como la retirada de atención, una reprimenda verbal, una humillación pública o incluso el castigo físico.
 
Así, el niño aprende que esos comportamientos y los patrones energéticos que están en su base no son aceptados socialmente, no les ayudan a tener un mayor control sobre el medio y no les protegen de la vulnerabilidad. Como resultado, los reprime. Sin embargo, esos yos no desaparecen por completo sino que se quedan en el inconsciente, desde donde continúan determinando nuestras vidas, pero de manera subrepticia.
 
De hecho, según la Teoría de los Yos, gran parte del estrés que experimentamos se debe a nuestra tendencia a atraer reflejos de nuestros yos repudiados en nuestras relaciones. En práctica, desarrollamos una relación ambivalente con esos yos, no los reconocemos en nosotros mismos pero nos atraen en los demás. Obviamente, la repetición de esos patrones en nuestras vidas solo causa sufrimiento. ¿Cuál es la solución? Abrazar esos yos repudiados.
 

La técnica del “Diálogo de Voces”

 
El principal problema de desarrollar diferentes yos, es que perdemos el rastro de esa huella psíquica inicial. Por tanto, mientras más fuerte sea nuestra personalidad, menos vulnerable seremos pero, a la vez, más alejados estaremos de nuestra autenticidad. 
 
A medida que una persona es más poderosa, más pierde el contacto con su ser único. El niño intuye que debe colocarse una “máscara” para lidiar con el mundo, pero con el paso del tiempo esa máscara se convierte en su personalidad y la asume como propia, hasta que llega a ser una parte de sí. Esa máscara se convierte en una verdad, que esconde lo original y auténtico que hay en nosotros, ya que estas cualidades son mal vistas en la sociedad.
 
¿Qué hacer para recuperar esa huella psíquica?
 
A principios de los años ‘70 los psicólogos estadounidenses Hal y Sidra Stone crearon una técnica de trabajo muy original denominada “Diálogo de Voces”, que explican en detalle en el libro “Manual del diálogo de voces: Reconocer y aceptar todo lo que hay en nosotros”. Su principal objetivo es canalizar cada yo a través de un ego consciente, de manera que podamos obtener lo mejor de cada uno de ellos. 
 
Por ejemplo, cuando un “yo empujador” nos incita a esforzarnos más allá de lo saludable, es conveniente dejar que el yo contrario, un “yo perezoso” ponga el freno de mano. De hecho, debemos ser conscientes de que todos tenemos diferentes patrones energéticos con los que nos identificamos o que repudiamos, y cada uno de esos yos tiene su polo opuesto, que opera de forma consciente o inconscientemente. 
 
A través del Diálogo de Voces podemos tomar conciencia de esa multiplicidad de yos, para hacer elecciones válidas en nuestras vidas. Se trata de una herramienta que incrementa nuestra autoconciencia y conlleva un proceso de transformación interna. 
 
Con esta técnica el psicólogo tiene un acceso directo a las subpersonalidades, puede separarlas de la personalidad global y lidiar con ellas como unidades psíquicas diferentes. De esta forma puede descubrir los diferentes yos, sin la interferencia del yo protector/controlador, que actúa como un crítico represivo. 
 
Además, como cada una de esas subpersonalidades experimenta la vida de manera diferente, nos pueden brindar perspectivas nuevas de los problemas que enfrentamos o nos pueden animar a vivir de una manera más satisfactoria. A la vez, al abrazar los yos repudiados, aceptamos todas las partes de nosotros y podemos tomar el control real, para salir de esos patrones de relaciones tóxicos.
 

 

Maduramos con los daños, no con los años

 

Envejecer es inevitable, pero ello no implica que hayamos madurado. No es el tiempo lo que nos hace cambiar nuestra perspectiva y crecer como personas sino las experiencias que hemos vivido. Porque cuando se trata del camino de la vida, a menudo lo importante no son los logros que alcanzamos, sino la persona en la que nos hemos convertido mientras tomábamos nuestras decisiones.
 
De hecho, durante décadas se pensó que la vejez era una etapa de pérdidas. Hoy sabemos que, al igual que el resto de las fases de nuestra vida, durante la vejez perdemos algunas habilidades pero ganamos otras. Por ejemplo, nuestra inteligencia pasa a ser cristalizada, lo cual significa que se basa más en las experiencias y habilidades que hemos adquirido a lo largo de la vida. También somos más prudentes, empáticos, comprensivos y mucho más inteligentes emocionalmente.
 
Sin embargo, no es el paso del tiempo quien nos hace estos dones, son las experiencias que hemos vivido, las situaciones difíciles que hemos tenido que afrontar y los conflictos que hemos resuelto. Por eso, también hay personas jóvenes que tienen una gran madurez y muestran una gran resiliencia, mientras que algunos adultos continúan teniendo un pensamiento infantilizado plagado de estereotipos.
 
No es el tiempo lo que nos hace comprender que debemos aprender de nuestros errores y fracasos, son los daños que hemos sufrido los que nos impulsan a renovar nuestro espíritu. Y es que salir heridos de las batallas de la vida nos enseña que hay mil causas que nos pueden hacer sufrir, pero hay mil y una razones para recomponerse y seguir adelante.
 

La sal de la vida

 
Un buen día, un maestro hindú se cansó de escuchar las quejas de su discípulo y decidió darle una lección. Le envió a buscar un puñado de sal. Cuando este regresó, le pidió que tomara un poco de sal y la echara en un vaso de agua, para luego beberla.
 
– ¿Que tal sabe? – le preguntó el maestro.
 
– ¡Está salada y amarga! – respondió el discípulo.
 
El maestro, con una sonrisa en el rostro, le pidió que le acompañara al lago. Le pidió que echara la misma cantidad de sal y que bebiera el agua. Así lo hizo el joven.
 
– ¿A qué sabe el agua? – le volvió a preguntar.
 
– Está muy fresca.
 
– ¿Te supo a sal?
 
– No, en absoluto.
 
Entonces, el maestro le dijo: “El dolor que hay en la vida es como la sal. La cantidad de dolor siempre es la misma, pero el grado de amargura que probamos dependerá del recipiente donde versemos la pena. Por tanto, cuando experimentes dolor, lo único que debes hacer es ampliar tu perspectiva sobre las cosas. Deja de ser un vaso de agua y conviértete en un lago”.
 

El valor de los años

 
Los años también son valiosos, por supuesto. El paso del tiempo nos permite asumir cierta perspectiva, alejarnos de las pasiones y los sentimientos que experimentamos en su momento para valorar la situación con mayor objetividad. Con los años podemos mirar atrás y encontrar un lugar para cada cosa, dándole a cada hecho su justa dimensión.
 
Con los años podemos reírnos del temor que nos infundía el maestro del colegio o de la ansiedad que despertaba la perspectiva del primer beso. El tiempo no borra las experiencias, pero mitiga su impacto emocional, nos serena para que podamos mirar atrás y, de cierta forma, reescribir nuestra historia.
 
Sin embargo, para lograr ese cambio de perspectiva que nos haga crecer, para dejar de ser un vaso y convertirnos en un lago, es necesario estar dispuestos a cambiar, aceptar y dejar ir. El simple paso del tiempo no suele ser suficiente para olvidar un amor o perdonarse un gran error, es necesario que pongamos de nuestra parte.
 

El valor del dolor

 
El dolor, las dudas, la incertidumbre, los conflictos, las pérdidas y los errores también son grandes maestros de vida. Y son necesarios para que podamos comprender las cosas en su verdadera magnitud. Las lágrimas pueden ser saladas y escuecen en las heridas pero también tienen el poder de limpiar nuestros ojos para permitirnos ver el mundo con mayor claridad.
 
Solo cuando hemos sufrido podemos entender que el mundo es hermoso y que hay cosas por las que vale la pena luchar. En ese momento entendemos que el camino no es demasiado largo ni penoso si el destino vale la pena. Después de haber sufrido, comprendemos que todo es relativo y podemos ver el mundo bajo una luz nueva, dejamos de ser un pequeño vaso para convertirnos en un lago.
 
De hecho, las personas que no han tenido una vida fácil se han visto obligadas a recorrer los caminos más complicados que existen, los de ellas mismas. Estas personas han tenido que mirar dentro de sí, para comprender sus emociones, tomar decisiones difíciles y seguir adelante. En ese proceso, han encontrado su verdadero “yo”, han crecido.
 
En el miedo, han aprendido a no temer y en el dolor, han aprendido a lidiar con el sufrimiento. Esas enseñanzas son cicatrices de guerra que serán como migas de pan que les indiquen el camino la próxima vez que deban enfrentar obstáculos similares. Porque al mirar atrás, habrán aprendido la lección más valiosa de todas: nada es permanente, todo pasa.
 
Esto implica que, aunque no debemos buscar de forma masoquista el dolor, tampoco es necesario huir de este o intentar esconderlo porque siempre tiene una lección que enseñarnos. El dolor nos hace más humanos, más sabios y nos permite crecer.

Recuerda que siempre es tu decisión: verter el dolor en un vaso o en un lago.

​Lo de las fotos de arcoíris en Facebook es una investigación social

¿Te has cambiado la foto y le has puesto el filtro de la bandera gay?

​Lo de las fotos de arcoíris en Facebook es una investigación social

 

Si alguna vez has rellenado una encuesta, quizás te haya sorprendido ver que algunas de las preguntas tienen sólo dos opciones de respuesta. Es cierto que puede ponerse en duda la capacidad para comprender el comportamiento de la gente a partir de preguntas tan simples y poco permeables a los matices, pero en un sentido global este tipo de encuestas tienen utilidad estadística

Aunque parezca raro, el hecho de que muchas personas se vean en la situación de tener que decantarse por una o por otra respuesta ayuda a establecer perfiles, estudiar qué variables influyen en esa decisión y saber a grandes rasgos por qué se elige una u otra respuesta.

Lo de las fotos de arcoíris en Facebook podría ser una investigación social

Recientemente hemos sido testigos de otro fenómeno que podría interpretarse como un tipo de investigación social: la opción de aplicar un filtro de arcoíris sobre la fotografía de perfil utilizada en Facebook.

Esta iniciativa, que ha estado relacionada con la sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en favor del matrimonio homosexual (por cierto, un día antes ocurrió algo parecido en México sin que se montase tanto revuelo) se ha materializado en una opción de modificación automática de la foto de perfil que gran parte de las personas habituales de la red social han tenido que aceptar o rechazar. ¿Te suena esta situación? Sí, es prácticamente el mismo contexto en el que se presentan las preguntas de un cuestionario o encuesta online.

¿Para qué iba a querer Facebook estudiar este tipo de cosas?

Bueno, en realidad la pregunta debería ser: ¿por qué debería no querer estudiarlo? Facebook es una fuente inacabable de información para las investigaciones basadas en la minería de datos, ya que la red social está compuesta por millones de personas que minuto a minuto van subiendo textos, fotografías y estados que son fácilmente analizables por un sistema informático. El potencial es increíble y prácticamente inabarcable. 

Véase, por ejemplo, la utilidad que puede tener el invento de Mark Zuckerberg en el establecimiento de modelos de personalidad, tal y como vimos en este artículo.

Sin embargo, la posibilidad de colorear la imagen de perfil tiene un interés especial. Usar el arcoíris pocas veces será fruto del aburrimiento, decisiones tomadas a la ligera o el simple deseo de aparentar tener una mente abierta. Aún en pleno siglo XXI, apoyar la igualdad de todas las personas independientemente de sus preferencias sexuales tiene un poso revolucionario, casi controvertido, y puede tener efectos adversos en la persona que decide visibilizar su defensa de estos valores. 

Discusiones, comentarios difamatorios a las espaldas, problemas familiares… dar la cara por la igualdad so siempre sale gratis. por lo tanto, la decisión de aplicarse o no el filtro de arcoíris posiblemente se abordará desde un análisis más concienzudo que la que lleva a colocarse un lazo en favor de las víctimas del terrorismo o un avatar relacionado con el tipo de música al que se es aficionado. Además, la bandera LGTB es conocida internacionalmente, así que todo el mundo que se la ponga como filtro le atribuirá un significado parecido. Lo mismo pasará con todas aquellas personas que la vean.

Posibles puntos de interés

Al final, los datos extraídos de un simple clic para modificar la foto de perfil pueden ser utilizados para, entre otras cosas, crear modelos estadísticos que permitan ver:

  • En qué medida las personas que dan la cara por el matrimonio homosexual lo hacen influenciadas por el número de amistades de Facebook que hacen lo mismo.
  • En qué medida el hecho de haberse colocado el filtro repercute en la aparición de conflictos o el deterioro de lazos (medible indirectamente a través del número de interacciones con los demás por vía Facebook y por la frecuencia con la que las personas clican sobre la opción “dejar de ser amigos” en las semanas posteriores a la aplicación del filtro.
  • La tipología de las personas que se ponen el filtro, la de las que no se lo ponen, y estudiar sus interacciones por Facebook.
  • La relación entre todas estas variables y las preferencias políticas registradas en Facebook, el apego por ciertas marcas, etc.

… y muchas otras posibilidades, tantas como opciones de respuesta e interacción nos ofrece la red social.

No es una posibilidad descabellada, teniendo en cuenta que todo lo que hacemos deja de ser privado en el momento en el que entra en Facebook y las empresas son perfectamente capaces de pagar por obtener todo tipo de información y que, además, esto se aplica también a los estudios en psicología social y sociología hechos por encargo. De hecho, ya existe un precedente muy parecido

 Autor: Adrián TrigliaPsicólogo

Página origen: http://psicologiaymente.net/

 

​Ser fan de los perros o los gatos podría definir tu personalidad

¿Eres más de perros o de gatos? La ciencia ha constatado diferencias notables entre unos y otros.

​Ser fan de los perros o los gatos podría definir tu personalidad

Los perros y los gatos no sólo están separados por una enemistad milenaria. También sus costumbres son muy distintas y se puede intuir que también lo es su manera de entender el mundo. 

Los perros tienden a ser gregarios, tal y como lo son los lobos, y aprecian muestras de afecto que hasta las personas más desinhibidas pueden considerar inoportunas. Los gatos se muestran mucho más independientes, resultan más impredecibles y no siempre les dan la bienvenida a las caricias y los abrazos.

Ser fan de los perros o los gatos podría definir tu personalidad

Está claro que son animales distintos, porque tampoco tienen demasiados motivos para parecerse. No son exactamente como el agua y el aceite, pero tampoco han sido tallados por la evolución para ser compañeros inseparables, y su manera de comportarse se ha desarrollado para adaptarse a ambientes distintos y de diferente manera. 

Sin embargo, estas diferencias evidentes que existen entre los canes y los felinos podrían traducirse en diferencias sutiles en la personalidad y la ideología de sus “fans”.

Algunas personas insisten en que cualquier ser humano puede ser definido dependiendo de su respuesta a la siguiente pregunta: “¿te gustan más los perros o los gatos?” . 

La respuesta a esta pregunta, sea cual sea, admite pocos matices y difícilmente aportará tanta información sobre alguien como una entrevista personal. Sin embargo es fácil pensar que, siendo que perros y gatos actúan de manera tan distinta, la personalidad de sus cuidadores también puede ser diferente. 

Pero… ¿hasta qué punto es cierto esto? ¿El simple hecho de preferir uno u otro animal dice lo suficiente acerca de las personas como para poder construir dos perfiles de personalidad? Algunos estudios dan motivos para pensar que sí.

Correlaciones

Cualquiera que sienta interés por la psicología, la sociología o la economía sabe que existe un océano inmenso de investigaciones en las que se muestran las correlaciones más locas. Prácticamente cualquier serie de datos es susceptible de ser comparada con otra para ver si existen relaciones entre ellas, y el mundo de los perros y los gatos no podía quedar al margen, teniendo en cuanta el dinero que mueve y el interés que genera. 

Si ya hay estudios de mercado en los que se intenta trazar el perfil del típico consumidor de cápsulas de café, resulta fácil imaginarse por qué hay estudios en los que se intenta definir la personalidad de las personas según su grado de afición a los perros o a los gatos. Sin embargo, las correlaciones encontradas entre la preferencia por uno u otro animal y las puntuaciones en tests psicológicos sí tienen un mínimo sustento teórico: la descripción de la “personalidad” de una u otra especie y el grado en el que complementan al humano que rellena los formularios de respuesta.

¿Eres dominante? Este gato no es para ti

Dos investigadores hipotetizaron que las personas dominantes tienden a preferir a los perros. Estas personas serían más proclives a preferir animales más dependientes de ellos, más predecibles y más sensibles a un sistema de castigos y recompensas. Los resultados parecieron darles la razón en parte. 

El grupo de aficionados a los perros obtuvo puntuaciones más elevadas que los fans de los gatos en competitividad y en Social Dominance Orientation, lo cual implica que sus integrantes aceptan más la desigualdad social y los sistemas jerárquicos. Sin embargo, los amantes de los perros y los gatos no mostraron diferencias en sus puntuaciones de asertividad y narcisismo, algo que no estaba contemplado en la hipótesis inicial.

Los amigos de los gatos son más introvertidos

Ni los perros ni los gatos se caracterizan por querer permanecer en casa, pero los últimos se van a dar paseos por su cuenta. Eso significa que la relación entre humanos y gatos es más doméstica y que la responsabilidad de cuidar uno de estos animales no implica tener que salir cada día al parque a conocer otros dueños de mascotas. Si uno de los dos animales está más relacionado con lo social, tal y como lo entendemos los humanos, ese es el perro. 

¿Significa esto que los amantes de los perros aprecian más los contactos sociales nuevos e imprevistos? Podría ser que sí, según una investigación dirigida por Samuel D. Gosling, Carlson J. Sandy y Jeff Potter. Este equipo encontró correlaciones entre la preferencia de las personas entre perros o gatos y sus puntuaciones de personalidad según el test Big Five, o 5 grandes rasgos de la personalidad. Los voluntarios que preferían a los perros puntuaron alto en extraversión, cordialidad y responsabilidad / organización. Los aficionados a los gatos, por su parte, puntuaron más en las dos dimensiones de personalidad restantes: neuroticismo y apertura a la experiencia.

El plato fuerte: el nivel de inteligencia

La psicóloga Denise Guastello, de la Carroll University, participó en un estudio en el que se pretendía abordar las diferencias en las puntuaciones de inteligencia entre partidarios de uno u otro animal. 

Los aficionados a los gatos obtuvieron una puntuación mayor en los test de inteligencia, cumpliéndose así ese estereotipo que asocia introversión y mayor coeficiente intelectual. Sin embargo, esto sólo se aplicaría a las personas, ya que en términos generales los gatos no dan muestras de ser más inteligentes que los perros.

En definitiva, si se le da voz a la estadística esta parece ser capaz de hablar en favor dealgunas diferencias psicológicas entre partidarios de perros y gatos. Sin embargo, aún no se sabe si estas diferencias de deben sólo a factores culturales, muestras de voluntarios demasiado pequeñas o si reflejan mecanismos psicológicos más o menos sólidos.

Así pues, no se puede dar por zanjado el tema y decidir que estos perfiles psicológicos son inamovibles. Puede que la preferencia por perros o felinos desate pasiones, pero estas deberían dejarse a un lado a la hora de interpretar los resultados.

Referencias bibliográficas:

  • Alba, B. y Haslam, N. Dog People and Cat People Differ on Dominance-Related Traits. Anthrozoos (enlace).
  • Gosling, S. D., Sandy, C. J. y Potter, J. (2010). Personalities of Self-Identified Dog People and Cat People. Anthrozoo, 23(2), pp. 213 – 222.

 Autor: Adrián TrigliaPsicólogo

Página origen: http://psicologiaymente.net/