Acalla tu crítico interior: Fomenta lo que amas, en vez de criticar lo que te disgusta

 

Hombre pensando
Todos tenemos un crítico interior que a menudo es implacable, tanto con nosotros mismos como con los demás. Ese crítico interior nace cuando aún somos pequeños, apenas nos convertimos en objeto de las críticas, más o menos bien intencionadas, de los adultos que nos rodean.
 
Cada vez que nuestros padres nos recriminan por algo que hicimos o dejamos de hacer, cada vez que un maestro se queja de nuestros resultados escolares, ese crítico interior crece. Así, no es extraño que cuando finalmente nos convertimos en adultos, en vez de liberarnos de una vez y por todas de esa tendencia crítica, la reforcemos aún más. 
 
¿Por qué caemos en una trampa que nos tendemos nosotros mismos? 
 
La respuesta es muy sencilla: porque tenemos la tendencia a reproducir los patrones que hemos visto en nuestra infancia, porque es mucho más fácil perpetuar lo que conocemos que negarlo y atreverse a hacer algo diferente.
 
De hecho, es probable que no puedas pasar ni siquiera una hora en compañía de alguien, sin haber realizado alguna crítica o sin haberte lamentado por algo. Lo curioso es que a medida que ese crítico interior crece, arrasa con todo rastro de positividad.

Así terminamos encerrados en un círculo vicioso, de forma que, mientras más critiquemos, menos aspectos positivos encontraremos, mientras más nos centremos en lo que nos disgusta, menos podremos apreciar lo que realmente nos gusta. Es un mecanismo macabro del cual no somos conscientes.

 

Los peligros de darle carta blanca al crítico interior

 
No establecer límites para el crítico interior implica dejar que crezca libremente, hasta el punto que puede escapársenos de las manos y hacernos mucho daño. De hecho, poner el foco de atención en el lugar erróneo puede acarrear varios riesgos, sobre todo para nuestro equilibrio emocional.
 
En este sentido, un estudio realizado en la Universidad de Stanford ha demostrado que pasar tan solo media hora al día quejándose o escuchando a alguien que lo hace, puede producir cambios en el funcionamiento cerebral. Según esta investigación, las quejas continuas afectan las neuronas del hipocampo, una zona que está relacionada con la consolidación de la memoria y el aprendizaje. Al parecer, el simple hecho de quejarse y criticar, sin la intención de buscar una solución, hace que esta zona se vaya atrofiando.

De la misma forma, otro estudio realizado en la Universidad de Missouri analizó a más de 800 adolescentes y jóvenes durante un periodo de seis meses. Descubrieron que quienes solían quejarse y criticar con frecuencia, tenían un mayor riesgo de sufrir depresión o ansiedad.

Y es que darle carta blanca al crítico interior puede tener enormes repercusiones:

 
– Hiperbolización del prisma negativo. Cuando nos centramos más en criticar lo que nos disgusta que en apreciar las cosas que nos agradan, corremos el riesgo de desarrollar una visión del mundo pesimista. De hecho, mientras más usamos el prisma de la crítica, más se atrofia el prisma que nos permite apreciar las cosas bellas y positivas. De esta forma, corremos el riesgo de terminar desarrollando una visión desesperanzadora que nos sume en la depresión.
 
– Desarrollo de un “yo” hipertrofiado. A medida que el crítico interior crece, va ocupando el espacio de esos otros aspectos de nuestra personalidad que nos permiten sonreirle a la vida, hasta que llega a ocultarlos por completo. De esta manera, terminamos desarrollando un “yo” hipertrofiado, nos convertimos en una persona que solo sabe señalar los errores y quejarse, nos convertimos en una sombra de lo que podríamos ser porque solo hemos alimentado a una parte de nuestro “yo”.

– Pérdida de la capacidad de disfrute. Absolutamente todas las situaciones que enfrentamos a diario tienen un aspecto positivo y otro negativo, centrarse en la faceta más negativa a menudo nos impide apreciar las oportunidades y las facetas positivas, por lo que poco a poco vamos perdiendo la capacidad de disfrutar de las cosas. De esta forma no solo terminamos perdiendo el interés por los demás sino incluso nuestra capacidad para saborear la vida. En ese momento, comenzaremos a morir.

 

Tres estrategias para aprovechar el potencial del crítico interior

 
Por supuesto, el crítico interior no es un monstruo. De hecho, es necesario porque nos ayuda a notar lo que está mal y, de cierta forma, nos incita a superarnos. Cuando no nos sentimos satisfechos con una situación, nos motivamos a cambiarla. El problema comienza cuando el crítico interior se dedica solo a quejarse.

Por eso, la próxima vez que te quejes o critiques algo, asegúrate de seguir estos tres pasos:

1. No critiques por criticar, descubre tus razones. ¿Sabías que el 95% de los consumidores jamás se quejaría de un producto ante la compañía que lo fabricó pero la mitad de ellos se queja de la calidad de este con sus amigos? El problema no es la crítica en sí, sino la queja sin sentido. Por eso, cuando descubras que estás quejándote, pregúntate cuál es la motivación que se encuentra en la base. ¿Qué quieres alcanzar? ¿Cuál es tu objetivo con esa crítica?

 
2. Pregúntate qué quieres cambiar. Antes de quejarte, por el simple placer de hacerlo, pregúntate qué deseas cambiar realmente. Una estrategia consiste en ser más preciso. Si te tomas tu tiempo para expresar lo que sientes realmente y lo que te molesta, te quejarás menos y te resultará más fácil detectar el verdadero problema.

3. Abandona la actitud pasiva y adopta un papel proactivo. En vez de limitarte a nombrar todo aquello que te molesta, en un rosario interminable de críticas, abandona esa actitud pasiva propia de quien se lamenta y aprende a asumir un papel proactivo. En este punto, es posible que te des cuenta de que hay cosas que no puedes cambiar, acéptalas. También te darás cuenta de que existen cosas sobre las que sí puedes incidir, haz algo por cambiarlas, aunque sea un gesto pequeño.

Un día sin el crítico interior: ¿Podrías superar el reto?

 
Sin darnos cuenta, en muchas ocasiones dirigimos nuestro foco de atención hacia las cosas que nos desagradan o lo que nos gustaría cambiar. De esta forma, nuestro campo de atención se convierte, literalmente, en un detector de cosas negativas.
 
Obviamente, las cosas positivas existen, lo que pasa es que nos resulta más difícil detectarlas ya que no nos agobian ni nos molestan tanto. Sin embargo, te propongo un sencillo reto: pasar todo un día sin el crítico interior. Acállalo cada vez que intente criticar algo, cada vez que se active para encontrar algo negativo en tu rango de acción.
 
En su lugar, busca algo positivo, algo que te haga sentir bien. Puede ser un detalle sencillo, como una pequeña flor que acaba de salir, una cualidad que ames de tu pareja o algo que hayas logrado ese día en tu trabajo.

Se trata de destapar todas esas cosas bellas por las que sentirnos agradecidos y que normalmente tapamos con las críticas y la negatividad. Durante un día, enfócate solo en lo que te agrada, te conmueve y te apasiona.

 
Puede que al principio te resulte difícil ya que has pasado muchos años dejando que tu crítico interior lleve las riendas. Sin embargo, si al final de la jornada te has sentido bien, quizás sea el momento de comenzar a desarrollar otras facetas de tu personalidad, que te pueden hacer mucho más feliz, y atar más corto esa voz que encuentra defectos en todo.

Vivir sin arrepentimientos: La teoría de la plaza de aparcamiento libre de la vida

 

 

Coches en aparcamiento
“No aparques a un kilómetro de tu destino solo porque pienses que no vas a encontrar una plaza libre más cerca. Ve exactamente a donde quieres estar. Si no hay espacio, siempre tendrás la oportunidad de dar media vuelta. En otras palabras: no te des por satisfecho demasiado rápido en tu vida.
 
“Haz lo que te apasiona, haz lo que realmente te importa. No pongas en práctica el Plan B, el plan de seguridad, hasta que no hayas intentado el Plan A”.
 
Estas fueron las palabras de Catherine Drew Gilpin Faust en uno de los discursos de graduación de los estudiantes de la Universidad de Harvard. Y la profesora Faust sabe muy bien de lo que habla ya que ha sido la primera mujer en asumir el puesto de rector en esa universidad. En este discurso perfiló su “Teoría de la plaza de aparcamiento libre de la vida”.
 
Y es que cuando hablamos de decisiones importantes en la vida, esas que marcan nuestro destino, es importante reflexionar y elegir un camino del que no podamos arrepentirnos más tarde, es fundamental plantearnos la meta más ambiciosa y luchar por conseguirla. De esta forma no habrá espacio para frases como “si aquella vez hubiera…” o “qué habría pasado si…
 

Eres tus metas y tu camino, no descuides ninguno

 
Luchar por tus sueños y atreverte a alcanzarlos es la clave para vivir sin arrepentimientos. Sin embargo, también encierra un peligro mortal.
 
Por ejemplo, imagina que tienes un sueño muy ambicioso y que trabajas sin descanso para alcanzar tus objetivos. Te entregas en cuerpo y alma, día tras día, para alcanzar el añorado éxito. Sin embargo, es probable que cuando llegues a la meta te sientas vacío por dentro, que no consigas la satisfacción que soñabas y, por consiguiente, ello te llevará a preguntarte si realmente has hecho bien, si ha valido la pena tanto sacrificio. En ese preciso instante quizás te cuestiones si no habrías invertido mejor esos años en disfrutar de otros placeres de la vida, en vez de entregarte 100% a tu sueño. 
 
De hecho, un estudio muy interesante realizado en el University College London demostró sin lugar a dudas algo que probablemente ya sabes: que somos pésimos prediciendo nuestras reacciones emocionales ante las situaciones futuras. En este experimento los psicólogos reclutaron a 47 personas y les dieron £10, que debían compartir como quisieran con un desconocido que se encontraba en otra habitación. Sin embargo, les dijeron que si el extraño rechazaba su oferta, ambos se irían con las manos vacías. A continuación les preguntaron cómo se sentirían si eso ocurriese.
 
Obviamente, todo estaba preparado para que el desconocido rechazara la oferta y las personas perdieran el dinero porque el objetivo era evaluar la precisión con la que los participantes podían predecir sus emociones ante el rechazo.
 
Asombrosamente, la mayoría de los participantes se sintieron menos decepcionados de lo que esperaban.
 
A continuación, estos investigadores reclutaron a 27 estudiantes y les pidieron que predijeran cómo se sentirían si sacaban una nota baja o alta en uno de los exámenes de fin de curso. Los investigadores regresaron después del examen y les preguntaron cómo se sentían. Una vez más, se apreció que habían sobreestimado los sentimientos, tanto los negativos como los positivos.
 
Estos experimentos nos demuestran que solemos exagerar el impacto emocional de las situaciones, pensando que nos sentiremos mejor o peor. Por eso, después de haber añorado durante mucho tiempo un sueño, cuando finalmente este se cumple, no nos sentimos tan felices como esperábamos. Darnos cuenta de ello puede ser devastador, sobre todo si hemos empleado mucho tiempo en ese proyecto y hemos hecho que muchas de nuestras ilusiones descansen sobre esa meta. 
 
Por eso, aunque es cierto que debemos apuntar alto, que debemos luchar por nuestros sueños y no darnos por satisfechos, no es menos cierto que debemos aprender a disfrutar el camino. Es importante encontrar un equilibrio porque de lo contrario, corremos el riesgo de llegar vacíos a nuestra meta. 
 
Esto significa que mientras seguimos el camino hacia nuestros sueños, también debemos aprender a valorar lo que tenemos, aquí y ahora. No se trata de una contradicción, sino de evitar vivir con frustración, a la espera permanente de que los sueños se hagan realidad. 
 
Esto también significa que debemos ahorrar nuestra energía y esfuerzos. No se trata de encontrar siempre la mejor plaza de aparcamiento, a como dé lugar. En nuestro día a día, podemos deshacernos de esa tendencia obsesiva por lograr la perfección y contentarnos simplemente con una buena plaza, porque buscar continuamente la mejor opción, esa que satisfaga todos nuestros requisitos, no solo nos hace perder un tiempo valioso sino que puede ser muy frustrante.
 

¿Qué enseñanzas nos deja la teoría de la plaza de aparcamiento libre para la vida?

 
– No temas al fracaso o a equivocarte, porque siempre podrás regresar a tu zona de confort. Recuerda que no hay peor arrepentimiento que el de los sueños que dejaste escapar porque no tuviste coraje para atraparlos en su momento.
 
– Cuando se trata de grandes sueños, no apuestes inmediatamente por el “Plan B”, atrévete a arriesgar porque solo así sabrás de qué eres capaz. Cuando te obligas a dar un paso más, expandes tu potencial y das lo mejor de ti.
 
– Si fracasas, no te avergüences, los errores son humanos y forman parte del aprendizaje. Simplemente acepta la experiencia, no te desanimes y ponte manos a la obra nuevamente para buscar un proyecto más realista y abordable.
 
– Mientras persigues tus sueños, recuerda disfrutar el presente, porque es lo único que tienes. No dejes que la promesa del futuro te arrebate la felicidad de la que puedes disfrutar ahora mismo. Mira al futuro con esperanza, no con frustración.

 

Relaciones Líquidas: La fragilidad de los vínculos

 

Corazón de agua
Somos un fiel reflejo de nuestra sociedad. Lo queramos o no, el mundo que nos rodea influye en nuestras decisiones, comportamientos, sistema de valores e incluso en las emociones que experimentamos. No podemos abstraernos de la sociedad en la que vivimos por lo que, de una u otra manera, las formas de relacionarse que se instauran terminan haciendo mella en nosotros. Lo queramos o no, somos hijos de nuestro tiempo.
 
El filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman afirma que nuestra época está caracterizada por las “relaciones líquidas”, vínculos muy frágiles que establecemos con las personas que nos rodean. 
 
Las relaciones líquidas se pueden apreciar en todas las esferas de la vida, tanto en el ámbito de la pareja como en lo referente a la amistad y la familia. Su punto en común es la fragilidad, que le impide durar en el tiempo. Tal como sucede con el agua, esos lazos efímeros ocupan momentáneamente un espacio en nuestra vida pero se escurren tan rápido como inundaron nuestra existencia en su día. Esas relaciones desaparecen por el resquicio de la infidelidad, los conflictos o con la excusa de la libertad.
 
Las relaciones líquidas siempre están “haciendo aguas”. Sin embargo, no desaparecen sin antes salpicar o incluso empapar a sus protagonistas, que se convierten en náufragos de un pozo de soledad.
 
Sin duda, se trata de una realidad muy triste porque, en el fondo, significa que estamos solos.
 

¿Por qué se desarrollan relaciones líquidas?

 
Esa fragilidad tiene su base en la inmediatez y en el deseo de satisfacer las necesidades sin demora. Una vez que nos sentimos satisfechos, simplemente pasamos a otra cosa y desechamos el objeto, o incluso la persona. De hecho, muchos temen a la idea del “para siempre”, es una expectativa y una responsabilidad que no desean despertar y mucho menos cargar sobre sus hombros.
 
Esa forma de relacionarnos, según Bauman, proviene de la “modernidad líquida”. En práctica, nos vemos obligados a integrarnos y adaptarnos a una sociedad que cambia con gran rapidez, por lo que se exige de nosotros una identidad flexible y versátil que nos permita afrontar esas transformaciones. Como resultado, desarrollamos una “identidad líquida”, que Bauman compara con una costra volcánica. Esa identidad se endurece en el exterior pero al fundirse, vuelve a cambiar de forma. Desde fuera parece estable pero desde dentro la persona experimenta una gran fragilidad y un desgarro constante.
 
Cuando la sociedad nos empuja a cambiar constantemente y a adaptarnos a contextos muy diferentes, nos impide establecer relaciones sólidas a lo largo del tiempo, relaciones en las que conectemos a través de nuestra esencia, más allá de las necesidades inmediatas.
 
Por supuesto, la tecnología también influye y determina el patrón de las relaciones. Muchos jóvenes, en ausencia de relaciones sólidas y profundas, buscan el remedio en la cantidad, en el número de seguidores en las redes sociales y la velocidad con la que se difunden sus mensajes. Son jóvenes que quieren andar por la vida ligeros de equipaje, y para ellos eso significa no comprometerse. Por eso, no son capaces de establecer lazos sólidos sino que cambian rápidamente de amigos y pareja, mientras van perdiendo los puntos de anclaje con la familia.
 
Las personas que mantienen relaciones líquidas han renunciado a planificar su vida a largo plazo, experimentan un profundo desarraigo afectivo. La sociedad les ha exigido una enorme flexibilidad, fragmentación y compartimentación de intereses y afectos. Para tener éxito deben estar dispuestos a cambiar de tácticas y abandonar compromisos y lealtades. Así se ha generado la idea de que es mejor desvincularse rápido porque los sentimientos pueden crear dependencia. Hay que cultivar el arte de truncar las relaciones antes de que sea demasiado tarde.
 
Como resultado, más que “relaciones” se establecen “conexiones”. Estas personas conectan durante un tiempo con una pareja o un amigo, pero sin profundizar en su esencia ni comprometerse.
 

¿Cómo romper el patrón de las relaciones líquidas?

 
Es difícil ser diferentes en una modernidad líquida. Sin embargo, aunque no puedes cambiar el mundo, puedes cambiar tu entorno más inmediato y construir relaciones que perduren en el tiempo y te llenen de verdad.
 
El primer paso para romper el patrón de las relaciones líquidas es solidificar nuestra identidad. No se trata de convertirse en personas rígidas sino de conectar con nuestro “yo” más profundo, para comprender realmente qué es lo que deseamos y necesitamos. Solo cuando nos conocemos podemos llegar a ser auténticos y conectar con los demás desde nuestra esencia. Eso se nota y ayuda a construir relaciones más sólidas.
 
El segundo paso consiste en cambiar la perspectiva. No se trata de cuántas parejas has tenido o cuántos “amigos” atesoras sino de la calidad de esas relaciones. ¿Realmente te llenan o cada relación solo contribuye a dejar un enorme vacío detrás de sí? Vale más tener un pequeño círculo de personas que realmente estén dispuestas a ayudarte cuando lo necesites que conocer a cientos de gente que creen que eres prescindible.
 
El tercer y último paso consiste en aprender a comprometerse y asumir, de una vez y por todas, que para obtener algo, debemos arriesgar y estar dispuestos a entregar algo. Las relaciones son un bálsamo en los momentos difíciles, pero debemos estar dispuestos a sanar las heridas de la otra persona. De hecho, recuerda que no debemos preocuparnos por lo que recibiremos, sino más bien por lo que damos.

 

Expertos en patologías aseguran que la derivación precoz al psicólogo de los trabajadores con estrés reduce las bajas un 65 por ciento

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Expertos en patologías del trabajo han asegurado que la derivación precoz al psicólogo de los trabajadores con estrés puede llegar a reducir hasta en un 65 por ciento las bajas laborales, según han detallado durante la jornada “Trabajos saludables: Gestionemos el estrés”, organizada por la mutua Umivale y la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, en España.

 

La jornada, que ha tenido lugar en el Campus de Valencia-Santa Úrsula, en el marco de la Semana Europea de la Seguridad y Salud en el Trabajo y ha reunido a expertos de la Cátedra Umivale de innovación e investigación en patologías del trabajo, ha sido inaugurada por el director Médico de Umivale, Emilio Navarro, y el director de la cátedra Joaquín Andani.

 

En su ponencia, Joaquín Andani ha señalado que un proyecto de investigación desarrollado desde la Cátedra UCV-Umivale ha demostrado que la derivación temprana al especialista para patologías como el estrés, la ansiedad o casos de depresión “reduce el tiempo de evolución de la enfermedad y favorece la incorporación laboral del trabajador en un periodo de tiempo más corto, lo que redunda en una disminución de los procesos de incapacidad temporal que benefician al propio trabajador y a la empresa”.

 

coaching-1Así, “remitir al trabajador al psicólogo ante los primeros síntomas favorece que el tratamiento estándar sea más corto en duración y favorezca la vuelta laboral en menor tiempo”, ha destacado. Además, ha añadido que el estrés es uno de los principales diagnósticos de los riesgos psicosociales y estos problemas afectan, de forma principal, a la salud mental del trabajador y suelen mermar sus capacidades”.

 

Igualmente, Sandra Alonso, responsable del Área de Psicología del Trabajo de Umivale, también ha apuntado que uno de los principales causantes de la aparición de estos riesgos, así como del estrés, es la “mala organización del trabajo, y no tanto a un problema de la personalidad del que lo sufre”.

 

Por su parte, Rafael Ruiz, director de Planes y Programas Corporativos de Umivale, ha subrayado que el bajo rendimiento, la disminución de la calidad del servicio, los errores y los accidentes son algunas de las principales consecuencias que pueden sufrir las empresas donde existen estos riesgos.

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Además, también se ha referido a que los datos señalan que los trabajadores que recurren a hiposedantes ha aumentado en los últimos diez años. Así, mientras en el año 2005 el 5.1 por ciento de la población encuestada señalaba que usaba este tipo de medicamentos, en 2015 la cifra ha aumentado hasta el 14.4 por ciento.

 

Como conclusión, los expertos han recomendado para manejar la aparición del estrés la realización de ejercicio físico, ejercicios de respiración, trabajar en la modificación de los pensamientos, y cambiar las habilidades sociales, entre otras. (Fuente: AVAN)

¿Te peleas por WhatsApp? Consejos para evitarlo

WHATSAPP

Normalmente cuando tienes WhatsApp accedes fácil y rápidamente a todo tu entorno social (amigos, familia, conocidos, compañeros de trabajo…) Por ello te conviene saber cuándo y cómo usar mejor esta app
 
El problema es cuando WhatsApp, o mejor dicho, la mala utilización de dicha aplicación, te aleja de quien tienes cerca y, por el contrario, te acerca a quien tienes lejos. No deja de ser un medio más de comunicarnos que hay que aprender a usar, ya que el mundo 2.0 no es más que una representación de lo que ya existe en el mundo real. Por ello, la premisa primordial sería: “No hagas o digas aquello que no harías o dirías cara a cara”. 

Quizás sea más fácil expresar a través de WhatsApp aquellas cosas que no dirías cara a cara. Pero esto es un arma de doble filo, ya que al igual que podemos transmitir cosas positivas, podemos hacer lo contrario.
 
Además, la comunicación vía Whatsapp puede ser limitada, ya que faltan matices del lenguaje no verbal, tanto del que expresa como del que recibe el mensaje. Estar frente al otro hace que empatices con más facilidad con él. También así puedes modular tu mensaje al ver cómo tu interlocutor está recibiendo el mensaje al mismo tiempo que se lo dices. El problema no es la app en sí, sino el mal uso que puedes llegar hacer de ella. 

Usa los emoticonos, pero no los sustituyas por decir las cosas en persona 

El WhatsApp es un medio más de comunicación, con sus limitaciones. Una de ellas es transmitir emociones. Los emoticonos pueden ser un acercamiento a la expresión emocional. El problema es que no son tan ricos como la expresión facial y corporal. 

Los emoticonos podrán ser útiles en el contexto del Whatsapp, pero están muy limitados a ese marco. Son prácticos, pero son modos estandarizados de expresión de las emociones. Las miradas, las caricias, los gestos o los abrazos no pueden ser en ningún caso sustituidos por los emoticonos. Por muchos emoticonos que existan, nunca igualarán a la comunicación cara a cara. 

Expresiones que debes evitar 

Aquello que no dirías verbalmente cara a cara, tampoco hay que escribirlo en el Whatsapp. Todas las expresiones que resulten demasiado tajantes, tienes que intentar matizarlas al máximo, para que el otro las interprete lo más fidedignamente posible a lo que quieres expresar. Es preferible no ahorrar en palabras para dar más, detalles y así no te expones a las malas interpretaciones. 

Para expresar lo que quieres tienes que saber exactamente lo que está llegando a la otra persona. Para ello tienes que pedir feedback (respuesta u opinión que nos da un interlocutor) al otro de cómo llega el mensaje. Esto lo puedes conseguir pidiendo al otro que te diga cómo entiende lo que le estás diciendo. Trata de utilizar la expresión “¿me explico?”, y no incomodes al receptor con el “¿me entiendes?”.

Gestiona tu ansiedad ante la falta de respuesta inmediata 

Es adictivo porque se refuerza de manera inmediata: escribo, veo el doble check azul y me siento aliviado en el momento. Para gestionarlo adecuadamente tienes que preguntarte en esos momentos si realmente es importante o urgente que te contesten o si se puede demorar sin problema. Dejar el móvil a un lado y dedicar el tiempo a otras cosas sin duda lo facilitará. Mostrar la hora de tu última conexión es una forma de facilitar el control que se debe evitar. 

Temas que debes evitar hablar por Whatsapp  

Todos aquellos que resultan importantes o conflictivos. Lo ideal en cualquier tipo de interacción social es tratar los problemas en persona y evitar discutir por WhatsApp. El problema es que para algunas personas resulta más fácil abordar temas sentimentales o emocionales por Whatsapp, ya que cara a cara puede que les dé más reparo o vergüenza. Por ello es importante practicar la expresión de las emociones con las personas mas cercanas de tu entorno. 

Te propongo que pienses por un momento antes de poner en el Whatsapp a esa persona que es importante para ti: “¿Merece la pena discutir o decirle las cosas buenas solo por WhatsApp en lugar de decírselas en persona? 

Hay que elegir también el momento para whatsappear de según qué cosas. La policía, por ejemplo, en su famosa cuenta de Twitter, con el tema del alcohol alerta: “Si has bebido, no es buen momento para hablar ese tema tan candente con tu pareja, familia o jefe. O mañana te arrepentirás, y no solo por la resaca”. 

Cómo whatsappeas te define 

Ten claro que tu escritura no deja de ser la representación de cómo eres. Al igual que lo hacemos verbalmente, lo hacemos escribiendo. Todos tenemos nuestra forma de hablar, pero también tenemos nuestra forma particular de escribir. Ten cuidado con lo que escribes, ya que dice mucho de ti.