El dilema del prisionero: ¿cómo actuarías tú ante esta situación?

El dilema del prisionero: ¿cómo actuarías tú ante esta situación?

Ante la toma de una decisión que, aparte de tener repercusiones para nuestro propio bienestar puede afectar a los demás, podemos encontrarnos ante un dilema social en el que entrarán en juego los beneficios de la decisión y los costes propios y ajenos de la misma. 

Aunque en un principio pueda parecer que va a primar siempre nuestro propio interés, esto no es así, porque en ese caso nos encontraríamos en un estado de caos social.

El dilema del prisionero

El llamado “dilema del prisionero” ha sido muy empleado en los estudios de psicología donde se muestra una situación de conflicto de intereses entre dos personas. A los participantes se les presentaba una situación ficticia en la que debería imaginarse que es un ladrón que ha sido arrestado, junto a su compañero, por la policía. Ambos son interrogados por un abogado por separado, que les propone el siguiente dilema:

  • Si ambos permanecen en silencio, es decir, cooperan, sólo tendrán que pagar una pequeña multa.
  • Si los dos ladrones se delatan, es decir, se traicionan, ambos irán dos años a la cárcel.
  • Si uno delata y el otro permanece en silencio, el delator quedará en libertad pero el delatado irá 5 años a la cárcel.

Obviamente, si nosotros delatamos a nuestro compañero, quedaremos en libertad y sería la opción más adecuada para nuestro propio bienestar. Si los dos nos traicionamos acabaríamos en la cárcel. Así que la opción más acertada sería cooperar, donde ambos obtendríamos el mismo beneficio y el mismo coste, pero ahí está el dilema: ¿podemos confiar en que nuestro compañero no nos delate? Entonces, ¿Cómo nos comportamos?

Posibles reacciones ante este dilema

Bien, diversos estudios experimentales de laboratorio y de campo han extraído que tenemos cuatro opciones:

  • Ser individualistas, es decir, buscamos maximizar nuestro beneficio personal, sin tener en cuenta cómo esto puede influir en los demás (para bien o para mal).
  • Optar por el altruismo, el polo opuesto a lo anterior, donde sólo nos importará el beneficio de los demás.
  • Mostrarnos competitivos tratando de ser mejores que los demás a pesar de los costes personales del proceso.
  • Cooperar, por lo que buscaríamos que nuestra decisión fuese igual de beneficiosa para nosotros y para los demás.

Competitividad y cooperación, las opciones más empleadas

En otros juegos de dilemas se ofrece más de una oportunidad de elegir, en estos casos los sujetos suelen empezar cooperando entre sí y, en la siguiente opción, harán lo mismo que ha hecho su compañero. Es decir, son fieles al refrán “hoy por ti, mañana por mí”. Pues bien, las conclusiones de los estudios nos revelan que las opciones más empleadas por la mayoría son la competitividad y la cooperación, existiendo diferencias entre géneros (siendo ellas más cooperativas que ellos) y culturales (vivir en una sociedad individualista o colectiva).

Sin embargo, hay que tener en cuenta otros factores importantes, como el contexto en el que se produce el dilema, siendo algo muy importante el tipo de relación que nos une con las otras personas implicadas. No es lo mismo que estas sean completos desconocidos o que guarden con nosotros algún vínculo de afecto.

Recomendaciones para enfrentarnos al dilema social

Para concluir, propongo una serie de recomendaciones para enfrentarnos a un dilema social ante el que no sabemos cómo actuar:

  • Seamos empáticos y centrémonos no sólo en nuestro beneficio sino también en el de los demás.
  • La cooperación mejora la reputación dentro de nuestro grupo y, además, puede ayudar a forjar lazos de afecto. Pensemos que tener buenas relaciones sociales repercute en nuestro sentimiento de bienestar personal.
  • Comunicarnos. A veces, es recomendable intentar llegar a un acuerdo con las demás personas implicadas. La evolución nos ha “regalado” la facultad del lenguaje, usémosla.
  • Hagamos un feedback personal, pensando en los pros y en los contras de nuestras acciones, podemos escribirlos si es necesario e imaginar mentalmente las consecuencias para los demás y para nosotros mismos.

Tabita BeizanaTabita Beizana-Estudiante de Psicología. Fuente: https://psicologiaymente.net

Familias tóxicas: 4 formas en las que causan trastornos mentales

Familias tóxicas: 4 formas en las que causan trastornos mentales 

Una de las instituciones sociales más importantes son las familias, ya que constituyen el núcleo fundamental de socialización y enculturación de los individuos, especialmente en los primeros años de vida. Esto hace que los psicólogos, que nos encargamos de velar por el bienestar emocional y psicológico de las personas, prestemos mucha atención a las distintas relaciones interpersonales que se desarrollan en el seno de las familias.

Familias que generan problemas mentales

La familia no solo es importante para educar a los niños y fomentar su aprendizaje, sino que también genera una serie de hábitos y dinámicas que son de gran interés por su influencia en los trastornos mentales que pueden generar en alguno de sus miembros. De hecho, la psicología observa y estudia con atención las formas de organizarse en sociedad, y la familia, claro está, es uno de los elementos más importantes.

Hay muchos tipos de familias. Familias numerosas, familias de solo dos integrantes, familias estructuradas, desestructuradas, felices, apáticas, violentas… depende mucho de la personalidad de sus miembros y, cómo no, de las circunstancias. Además, cada familia (en el caso de que haya hijos) tiene sus propios estilos educativos: las hay más democráticas y más autoritarias, las hay más abiertas y liberales y también más cerradas e impermeables. El vínculo familiar que se establece entre padres e hijos es clave e influirá sobremanera en la personalidad, las creencias y la salud mental del niño.

Algunas relaciones familiares disfuncionales basadas en la sobreprotección, el abandono, la violencia o la proyección han sido ampliamente estudiadas por los psicólogos para establecer vínculos entre estas formas de relacionarse y la aparición de algunas enfermedades psicológicas y psiquiátricas.

El tabú de la psicopatología en el núcleo familiar

Cuando los psicólogos tratamos estos conflictos y problemas en las familias, es común que recibamos todo tipo de críticas. Vivimos en una cultura donde la familia es una institución cerrada. Los integrantes de cualquier familia recelan mucho de que una persona externa evalúe e intente cambiar dinámicas y hábitos, porque esto es vivido por los miembros de la familia como una intromisión a su intimidad y a sus valores más arraigados. La familia puede ser disfuncional y estar creando problemas mentales en sus miembros, pero sigue costando mucho realizar terapia sin encontrarnos con reticencias y malas caras.

Hay algunas ideas preconcebidas que distorsionan la labor del terapeuta: “Todo tiene que quedar en familia”, “La familia siempre te querrá bien”, “No importa lo que pase, la familia siempre ha de estar unida”. Son frases e ideas muy enraizadas en nuestra cultura y que, aunque aparentemente nos hablan de unidad y de fraternidad, esconden una mirada desconfiada y recelosa ante cualquiera que pueda aportar un punto de vista objetivo sobre estas dinámicas y relaciones familiares (aunque sea con la noble intención de ayudar).

Esta concepción sobre la familia causa mucho dolor, desazón y desesperanza entre las personas que tienen la sensación de que sus familiares no han estado a la altura de las circunstancias, que no han estado a su lado incondicionalmente y ofreciéndoles apoyo. En casos extremos, como en el de haber sufrido algún tipo de maltrato, las consecuencias negativas para el bienestar emocional pueden ser serias.

No todas las familias son nidos de amor, confianza y afecto. Hay familias en las que se generan situaciones de estrés permanente y en la que uno (o varios) de sus miembros causa malestar y sufrimiento a otro(s) miembros(s). Algunas veces puede ser un daño que se hace sin querer, sin mala intención, y en otras pueden existir factores que realmente llevan al odio y a la violencia, física o verbal. En otros casos, el problema no es tan evidente y está más relacionado con el estilo educativo que emplean los padres o el “contagio” de inseguridades o problemas de unos miembros a otros.

Familias tóxicas y su relación con los trastornos mentales de sus integrantes

No es la intención de este texto señalar los errores de los padres y madres, pero sí nos parece oportuno tratar de aportar luz sobre algunos mitos y malentendidos culturales que causan que algunas familias sean un auténtico desastre. La convivencia dentro de una familia tóxica es absolutamente devastadora para cada uno de sus miembros, y esto tiene consecuencias directas con la aparición de ciertas psicopatologías asociadas a tener que lidiar con altas dosis de presión, estrés y hasta malos tratos.

Vamos a conocer un total de cuatro formas en las que las familias tóxicas contaminan a alguno de sus integrantes, pudiendo llegar a causarle trastornos mentales y conductuales.

1. Etiquetas y roles: Efecto Pigmalión y su nefasta influencia en los hijos

Todos los padres, en alguna ocasión, hemos puesto alguna etiqueta a nuestro hijo. Frases como “el niño es muy movido”, “es vergonzoso” o “tiene mal carácter” son una muestra de sentencias que,aunque los adultos no nos demos cuenta, están causando un fuerte impacto emocional a nuestros hijos. Estas frases, dichas una y mil veces en el entorno familiar, acaban por afectar seriamente a los niños.

Aunque no le queramos dar importancia, estas etiquetas afectan a la identidad del niño, a cómo se percibe y se valora a sí mismo. A pesar de que el niño quizá no sea vergonzoso realmente, oír ese adjetivo repetidamente en las personas de su familia, a las que admira, sientan un precedente sobre cómo debe comportarse o actuar, de acuerdo con las expectativas generadas. Esto es lo que se conoce como profecía autocumplida o Efecto Pigmalión, ya que el rol o la etiqueta que los adultos le han impuesto al niño acaba convirtiéndose en una realidad.

Por eso, poner una etiqueta a un hijo es una forma de contaminar su conducta, inculcándole ciertas ideas esencialistas sobre cómo es o cómo deja de ser. Estas etiquetas, para colmo, son fáciles de propagar y suelen ser repetidas hasta la extenuación por profesores, amistades de la familia y vecinos, enquistándose cada vez más en el entorno cercano del niño, lo cual agrava el problema. 

2. Amores que matan

Muchos padres y madres usan una máxima recurrente que repiten a sus hijos siempre: “nadie te va a querer como te queremos nosotros”. Esta frase, aunque puede tener gran parte de razón, frecuentemente hace que muchas personas que se han sentido poco queridas en su entorno familiar asuman que, de alguna manera, no tienen ningún derecho a sentirse mal, puesto que todo lo que hizo su familia fue “por su bien”. Esto, en casos extremos, puede llevar a que no se denuncien situaciones de abuso o malos tratos.

Hay que empezar a redefinir el amor fraternal de una forma más sana. El amor de una familia es obvio, pero hay amores mal entendidos, amores que matan. Compartir genes con alguien no es motivo para que alguien se crea con el derecho de hacerte daño, manipularte o coaccionarte. Ser pariente de alguien tiene que ver con compartir una carga genética y biológica, pero el vínculo emocional va mucho más allá de eso y el primero no es condición indispensable para el segundo, ni tampoco la causa. Las personas vamos madurando y aprendiendo qué familiares tienen nuestro afecto y cariño, y esto no es algo que venga escrito en el libro de familia. 

Sentar las bases de las relaciones familiares en el respeto es el primer paso hacia una mejor comprensión de nuestras identidades y espacios.

3. Padres sobreprotectores

Una de las tareas más difíciles de los padres a la hora de educar a sus hijos es mantener un equilibrio entre establecer normas y hábitos de comportamiento y amar y consentir a los pequeños de la casa. En este caso los extremos no son nada aconsejables, y mientras que algunos padres pecan de negligentes y desatienden a sus hijos, otros son sobreprotectores y están demasiado encima de ellos.

Este estilo de crianza no es positivo en absoluto, ya que el niño no se enfrenta a situaciones sociales o de riesgo controlado por la sobreprotección que ejercen sobre él sus padres, con lo cual no vive las experiencias necesarias para que pueda madurar y afrontar sus propios retos. Bajo este estilo de aprendizaje, la mayoría niños se vuelven algo más inseguros y parados que los demás. Los niños necesitan explorar su entorno, claro está que contando con el apoyo de una figura de apego como el padre o la madre, pero la sobreprotección puede dañar su aprendizaje y la confianza en sí mismos.

Para que el niño pueda desarrollarse y explorar el mundo que le rodea de forma independiente, es necesario que ofrezcamos soporte y ayuda al niño, pero este apego no debe ser confundido con un excesivo control.

4. Deseos e inseguridades proyectadas en los pequeños de la casa

Ser padre no es solo una gran responsabilidad sino también la obligación de cuidar y educar a un ser humano, en toda su complejidad. Nadie está obligado a tener hijos, en nuestras sociedades es una elección personal que puede depender de múltiples factores, como la estabilidad económica o la capacidad para encontrar una pareja ideal, pero al final también es una decisión que tomamos de forma muy personal.

Si tenemos en cuenta esto, tener hijos se puede planificar y por tanto es preciso que tomemos responsabilidad sobre ello. Los hijos no deben servir como una forma de arreglar problemas de pareja, ni de sentirnos respetados por los demás, y mucho menos una forma de trasladar nuestras frustraciones y deseos incumplidos hacia otra persona.

Todos los padres queremos que nuestro hijo sea el más inteligente de la clase y el mejor en los deportes, pero hay que evitar a toda costa que carguen con la presión de nuestros deseos. Si en tu juventud fuiste un jugador de fútbol de segunda división que no pudiste llegar a ser profesional por una lesión, no fuerces a tu hijo a que tenga que ser profesional del fútbol. Tratar de comparar o presionar a un niño para que sea lo que tú quieras que sea no solo le aboca a una situación de vulnerabilidad emocional, sino que puede mermar su autoestima y coartar el libre desarrollo de su personalidad. Déjale que haga su camino y decida por sí mismo, bríndale tu apoyo y los consejos necesarios, pero no proyectes en él lo que tú hubieras querido ser.

Xavier Molina-Psicólogo social

Fuente: https://psicologiaymente.net

​¿Autoestima baja? Cuando te conviertes en tu peor enemigo

​¿Autoestima baja? Cuando te conviertes en tu peor enemigo 

La autoestima es una de las variables psicológicas más importantes para la salud emocional, el bienestar y es clave en nuestra relación positiva con el entorno. Pero, por desgracia, no todo el mundo posee una autoestima alta. 

Los estudios aseguran que este aspecto tan importante de la personalidad no es algo estático, sino que puede variar a lo largo de la vida de una persona, y según afirma la psicóloga Silvia Congost, autora de del libro “Autoestima Automática”, su desarrollo depende aproximadamente en un 30% de factores genéticos , y el resto, es decir un 70%, depende del entorno y de las experiencias que nos ha tocado vivir.

Existen varios tipos de autoestima. Si quieres conocerlos puedes leer nuestro artículo: “Los 4 tipos de autoestima: ¿te valoras a ti mismo?

La relación entre autoestima baja y equilibrio emocional

La autoestima baja es un problema real al que se enfrentan muchas personas, porque puede afectar negativamente a las distintas áreas de su vida. De manera resumida, la autoestima baja causa sufrimiento e impide lograr muchas de nuestras metas o deseos. Las pautas negativas de pensamiento asociadas a la baja autoestima (por ejemplo, pensar que todo lo que haces te va a ir mal) pueden provocar problemas graves de salud mental, como depresión o ansiedad.

La autoestima baja es paralizante, y hace que sea difícil probar cosas nuevas o llevar a cabo las distintas tareas del día a día, así como iniciar un nuevo hobby o buscar empleo. Esto impide vivir la vida que uno quiere, y lleva a la frustración y al malestar al cabo del tiempo.

Quien se encuentra en esta situación y quiere salir de esta espiral negativa, solamente si realiza un duro trabajo de autorreflexión y reconoce su nivel de autoestima podrá mejorarla y, por tanto, incrementar su bienestar. En algunos casos, la persona no puede lograrlo por sí sola, así que será necesario acudir a un psicólogo especialista. Aún y así, es la persona que quiere cambiar quien ha de esforzarse para lograrlo, puesto que el psicólogo sólo facilita las herramientas para el cambio.

¿Qué causa baja autoestima?

Los pensamientos que tienes sobre ti mismo parecen realidades absolutas, pero no dejan de ser solamente opiniones. Se basan en las experiencias que has tenido en la vida, y los mensajes que estas experiencias han aportado para que formes una imagen de quién eres. Si has tenido malas experiencias, es probable que la valoración sobre ti misma sea negativa. Las experiencias cruciales que ayudan a forjar estas creencias negativas o positivas sobre nosotros mismos es muy posible (aunque no siempre) que ocurran en edades tempranas.

Lo que has visto, sentido y lo que has experimentado durante la infancia y la adolescencia, en tu familia, la escuela o la comunidad en general tienen un efecto determinante a la hora de valorarte a ti mismo en el futuro.

Ejemplos de estas experiencias se presentan a continuación:

Problemas psicológicos asociados a la baja autoestima

Además de las causas anteriores, en ocasiones, las valoraciones negativas sobre uno mismo vienen provocadas por experiencias negativas que han sucedido más tarde en la vida. Por ejemplo. rupturas de pareja dolorosas o relaciones abusivas, estrés persistente, bullyingmobbing, etc. Por tanto, la relación entre problemas psicológicos y autoestima es una realidad.

Muchos de los problemas psicológicos o emocionales están asociados a la baja autoestima, y es por esto que uno de los motivos más frecuentes de consulta psicológica. Y puesto que la autoestima puede causar otros tipos de problemas (depresión, trastornos de la alimentación, adicciones, ansiedad, etc.), es necesario tomar medidas al respecto

Deja de ser tu peor enemigo: estrategias para mejorar la autoestima

La autoestima baja esta muy relacionada con cómo valoras y reaccionas a las cosas que suceden Si quieres dejar de ser una de esas personas con autoestima baja, puedes seguir estos consejos para dejar de ser tu peor enemigo y mejorar tu autoestima:

  • Ponte objetivos realistas
  • No te compares con los demás
  • Aprecia tus cualidades
  • Trátate con cariño y mira la vida de forma positiva
  • Practica Mindfulness
  • Haz críticas constructivas hacia ti mismo
  • Regálate tiempo
  • Practica ejercicio físico
  • Intenta ser asertivo

Puedes profundizar en estas estrategias y conocer más técnicas para mejorar la autoestima en nuestro artículo: “10 claves para aumentar tu autoestima en 30 días

Buscando ayuda para mejorar la autoestima

Si detectas que tienes un problema de autoestima serio y lo anterior no ha funcionado, es necesario que lo soluciones lo antes posible porque no tienes que seguir sufriendo más tiempo. Así que, en vez de esconderte y mirar para otro lado, puedes:

 

Jonathan García AllenJonathan García Allen-Psicólogo y entrenador personal | Director de comunicación de Psicología y Mente Fuente: https://psicologiaymente.net

El caso Ortega Lara, 532 días en un zulo: entrevista al doctor José Cabrera

El caso Ortega Lara, 532 días en un zulo: entrevista al doctor José Cabrera
 
 

El secuestro de José Antonio Ortega Lara (1958, Montuenga, España) por parte de la banda terrorista ETA conmocionó a todo un país. 

Ortega Lara era un humilde funcionario de prisiones español que fue secuestrado en enero del año 1996, por un comando de la organización terrorista ETA (Euskadi Ta Askatasuna). Fue sorprendido cerca de su coche, en el garaje de su propia casa, cuando se disponía a trasladarse hasta su lugar de trabajo. En ese momento, dos individuos, a punta de pistola, le obligaron a introducirse en una especie de sarcófago ubicado en el maletero de una furgoneta. En completa oscuridad, fue trasladado hacia un escondite del que no saldría en mucho tiempo.

Obligado a permanecer en un agujero durante 532 interminables días

Poco después, la banda terrorista anunció la autoría del secuestro en los medios de comunicación estatales. Pedía, a cambio de la liberación de Ortega, que los presos de la organización fueran acercados a las cárceles del País Vasco. Exigencia que, como cabía esperar, fue desoída por el ministerio del Interior, entonces dirigido por Jaime Mayor Oreja.

El Estado español no accedió a las pretensiones de los terroristas, por lo que Ortega Lara fue retenido de forma indefinida en un agujero bajo tierra construido en una nave industrial abandonada en la localidad guipuzcoana de Mondragón. Encerrado en esa jaula oscura, Ortega Lara permaneció viviendo, sin posibilidad de salir ni un solo instante, en un zulo en el que apenas se podía mover, con una humedad terrible, sin contacto alguno con el exterior y con la constante amenaza de que los terroristas decidieran ejecutarle. A pesar de que todas las circunstancias parecían jugar en contra de un desesperado y cada vez más escuálido Ortega Lara, la policía logró estrechar el cerco sobre los autores de su secuestro y cautiverio, hasta el punto en que los captores confesaron la localización del escondrijo donde Ortega Lara permanecía. Fue liberado en julio de 1997, un año y medio después del día en que fue secuestrado.

Documental sobre el caso Ortega Lara

Si quieres conocer todos los detalles del caso y las experiencias vividas por José Antonio Ortega Lara, no te pierdas este documental realizado por TeleMadrid.

Entrevista con el doctor José Cabrera Forneiro, psiquiatra forense

Una de las personas que mejor conoce este caso es el doctor José Cabrera Forneiro, reconocido psiquiatra forense y habitual de los medios de comunicación de nuestro país. 

Con él hemos querido compartir una conversación sobre el caso de José Antonio Ortega Lara, ya no solo por el impacto social que causó sino también por todo lo relacionado con la salud mental de un individuo que tuvo que soportar, literalmente, el infierno en vida. El doctor Cabrera es una de las personas que mejor conoce lo que sucedió y lo que tuvo que vivir el secuestrado, y no disimula el torrente de emociones que todos sufrimos al rememorar este truculento acontecimiento de la Historia de España.

Bertrand Regader: Buenos días, doctor Cabrera. Es un honor poder compartir este espacio con usted para poder analizar el caso de secuestro de Ortega Lara. Han pasado veinte años desde que José Antonio Ortega Lara fue secuestrado y retenido por ETA. ¿Cómo vivió la sociedad española esos momentos? ¿Cuáles son sus sensaciones personales cuando rememora este turbio episodio?

Doctor José Cabrera: La sociedad española lo aguanta todo, en especial cuando las noticias están en los medios y “lejos de nosotros”. Aquel episodio se vivió como un añadido más a la nube de atentados, amenazas y extorsiones del momento, diríamos que casi se vivió como en estado de anestesia, y fue más la energía que volcaron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y los medios de comunicación que el tejido social.

Mi sensación personal fue de asco hacia unos secuestradores sin piedad que luchaban por una causa injusta golpeando a un sencillo funcionario.

Estamos hablando de una persona que fue retenida contra su voluntad en un zulo inhabitable, sin posibilidad de salir y sabiendo que, muy probablemente, ETA iba a asesinarlo un día u otro. ¿Cómo afronta un ser humano una existencia con estos terribles condicionantes y qué características psicológicas ayudaron a Ortega Lara a aguantar tanto tiempo?

El ser humano a lo largo de la historia ha aguantado los más terribles suplicios, castigos, venganzas y situaciones, voluntaria o involuntariamente, únicamente hay que aplicar el instinto de supervivencia y encontrar un sentido para seguir con vida.

En el caso del señor Ortega Lara se juntaron tres condicionantes que le ayudaron: era una persona creyente, tenía una familia a la que quería y deseaba volver a ver, y era un hombre metódico con una gran vida interior, estos tres fueron los pivotes de su supervivencia.

En una entrevista concedida a TeleMadrid, Ortega Lara confesó haber planeado su suicidio mediante varios mecanismos, aunque nunca llegó a apretar ese botón. ¿Es normal que ocurra esto en casos de secuestros prolongados?

El suicidio se plantea siempre ante una situación final de desesperanza en la que el sufrimiento no se puede aguantar más y la salida no existe. Es un mecanismo de defensa ante la deprivación sensorial y afectiva, es decir “hasta aquí he llegado”.

No obstante la experiencia nos dice que aquellas personas que han aguantado un inhumano cautiverio casi nunca ejecutan un suicidio, y sin embargo pasado el tiempo estas mismas personas ya en libertad si han puesto fin a sus vidas, por ejemplo el caso de Primo Levi.

Felizmente, y después de un largo calvario, la policía encontró el paradero de Ortega Lara y pudo liberarlo. Según cuenta el propio Ortega Lara, cuando el guardia civil que fue a rescatarle accedió al zulo, el rehén creyó que ese individuo era en realidad un terrorista disfrazado que iba a ejecutarlo, en una especie de escenificación macabra. ¿Por qué cree que reaccionó de este modo?

En un estado de silencio y ausencia de referentes externos, solo interviene la propia ideación del cautivo que crea de forma compensatoria una vida alrededor de los pocos contactos que tiene con sus captores.

En esta situación el señor Ortega Lara, que estaba esperando constantemente la muerte, no podía entender que repentinamente apareciera una persona con uniforme de la Guardia Civil para liberarle, simplemente no le cabía en la cabeza, y simplemente creyó que había llegado el final.

Cuando fue liberado, Ortega Lara había perdido más de 20 kilos, además de tener las cuerdas vocales y el sentido de la vista atrofiados. Todos tenemos en la retina la imagen de Ortega, escuálido y con barba, caminando con la ayuda de sus familiares poco después del rescate. Pero supongo que las secuelas psicológicas fueron todavía más terribles, y duraderas.

La postración física del cautiverio suele ir remontándose con el paso del tiempo, es cuestión de volver a usar los músculos, la voz, la vista, los sentidos… pero el impacto psicológico es otra cosa.

La sensación de impunidad de sus captores, el sentimiento de injusticia hacia su persona, el vacío de la soledad, la lejanía de los suyos, la incomprensión de los hechos y la amenaza de muerte permanente, modifican de por vida la personalidad convirtiendo el futuro en algo completamente nuevo y distinto a lo esperable de una vida normal, y con eso y los recuerdos hay que seguir viviendo, así de simple.

Se habla mucho de la entereza moral y psicológica de José Antonio Ortega Lara, y no es para menos. ¿Cuáles son las fortalezas mentales que un individuo debe desarrollar para volver a la “normalidad” después de vivir una situación tan calamitosa?

Lo primero es entender lo que ha pasado es decir: aceptar que fue una acción delictiva de un grupo terrorista que le cogió a él por azar, para evitar así culpabilizaciones que no son raras en estos casos. Lo segundo, recuperarse paulatinamente de las secuelas físicas, poco a poco y en lejanía del bullicio. Lo tercero, abandonarse en los brazos de las personas que te quieren y son la clave de tu resistencia, disfrutar de su mera compañía, conversaciones sencillas, recuento de lo pasado por ellos y que el cautiverio le privó.

Y finalmente dejarse asesorar de un profesional de la medicina y/o psiquiatría para seguir un tratamiento suave que vuelva a recomponer los ciclos alerta-sueño y el desánimo generado por el sufrimiento.

Ortega Lara también decía que durante su cautiverio hablaba solo, se imaginaba que su mujer estaba con él y pronunciaba frases en voz alta dirigidas a ella. ¿Cree que esto es útil en situaciones de ese tipo?

Sí, definitivamente es muy útil crear una figura imaginaria con la que hablar, que nos acompañe, que nos mantenga la esperanza y que nos mitigue la soledad física.

Lo normal es recrear la persona de la familia más cercana, y a veces no una sola sino varias, establecer conversaciones completas y densas que rellenen el día inacabable y despedirse de ellas a la hora de dormir.

No quiero terminar la entrevista sin preguntarle por la otra cara de la moneda. Los secuestradores, los terroristas. Solo se me ocurre pensar que retener a una persona durante tanto tiempo, un simple funcionario sin responsabilidades políticas y con familia… solo puede ser explicado por el fanatismo más inhumano. Ortega suele referirse a Bolinaga, el jefe de la operación, como un pobre desgraciado, un infeliz.

Me van a permitir que no emita una sola palabra sobre estos sujetos que manchan el concepto de dignidad humana, ni una palabra, que cumplan sus condenas en la soledad y el olvido, es más de lo que ellos ofrecieron a sus víctimas.

Bertrand RegaderBertrand Regader-Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente fuente:https://psicologiaymente.net

La relaciones personales… en los tiempos de Facebook

La relaciones personales… en los tiempos de Facebook
 
 

La generación del milenio o “los millenials” somos la generación que agrupa a jóvenes nacidos entre 1981 y 1995 que nos hicimos adultos en el cambio de milenio, los que hoy en día somos jóvenes adultos muy diferentes a los jóvenes de las generaciones que nos anteceden.

Según información del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) en 1990, un total de 19 millones de mexicanos se ubicaban entre los 20 y 34 años, mientras que en el último censo, el de 2010 la población entre 20 y 34 años alcanza un total de 27 millones de personas. Con estas cifras, no cabe duda de que a día de hoy, en México, somos los jóvenes los que tenemos mayor participación, en lo político, lo cultural y lo social.

Millenials: una generación con sus luces y sus sombras

Y no, no es que seamos más rebeldes que los jóvenes de los 80’s o que tengamos más ideales que los que en su tiempo tuvo la generación de los 60’s; simplemente es que nacimos en una época con unas características diferentes, sobre todo por lo que refiere al entorno tecnológico y mediático. Fuimos bautizados por internet y todo lo que le rodea. Hoy estamos a un click (y una buena conexión a internet) de conocer todo el mundo.

Internet y redes sociales y los cambios en la comunicación

El surgimiento y auge de internet. así como los distintos avances tecnológicos relacionados, hacen que hablar de redes sociales, buscadores, aplicaciones y “la nube” sean términos cotidianos para los jóvenes de hoy en día, que sin duda usan diariamente expresiones como “lo googleas”, nos “whatsappeamos” o “me dejaste en visto”.

Internet ha permeado nuestro día a día, desde la forma en la que conseguimos trabajo (es común escuchar de ofertas de empleo en línea donde el único contacto se hace a través de intercambio de correos electrónicos), hasta cómo nos mantenemos comunicados con nuestros amigos (pues ya no pasamos horas pegados al teléfono fijo pues es más sencillo mandar un mensaje instantáneo con foto y video).

Internet también ha cambiado la forma en que consumimos. Actividades tan básicas como ir al supermercado han empezado a quedar anticuadas, puesto que ya no es necesario hacer filas ni pasar por el bullicio de la muchedumbre porque podemos realizar las compras desde el ordenador o la tablet. Hablar del impacto que ha generado internet en nuestra vida nos llevaría más de un artículo; sin embargo, podemos resaltar un aspecto que se ha transformado gracias a internet: la forma en la que “los millenials” establecemos relaciones sociales.

Antes de abordar este controvertido tema, tengo que aclarar que el sentimiento no se modifica, es decir, el amor es amor, la amistad es amistad e incluso el sentimiento de rechazo hacia una persona se mantiene a pesar de los avances tecnológicos. Sin embargo, lo que sí se modifican son los lugares, los procesos mediante los cuales establecemos relaciones personales e incluso la temporalidad con las que estas se establecen y la nueva dimensión que nace de este nuevo paradigma tecnológico y cultural.

Las redes sociales como escenarios

Hoy establecemos vínculos en las redes sociales, aplicaciones y mediante videoconferencia, pues es más sencillo tratar un tema de interés en un grupo de WhatsApp que reunir a los 25 contactos a quienes estás enviando el mensaje; además puedes mantenerte al tanto, quieras o no, de lo que hacen tus contactos sin la necesidad de hablar con ellos. Si necesitas realmente hablar con tu amiga que vive a varios kilómetros de tu ciudad, se puede resolver con un café por videoconferencia, incluso ya no es necesario imaginarte momentos, una foto en tu muro te puede acercar a la experiencia; y si esa es la intención de las redes sociales, mantenernos en contacto.

Esto significa que las redes sociales como escenario solo nos motivan a llevar nuestras relaciones personales a otro plano, solo para hacerlas más sencillas, aunque por el camino perdemos ciertas cotas de privacidad e intimidad. A través del intercambio de “inbox” o gracias a las videollamada en “Skype” gozamos de la posibilidad de conectar inmediatamente con amigos que viven muy lejos. La situación anterior se explica respondiendo una pregunta sencilla, la mayoría de nuestros contactos, por ejemplo en Facebook ¿Son personas que conocemos fuera de lo virtual?; nuestro mejor amigo, familiares incluso nuestra pareja.

En este punto las redes sociales cumplen su función, nos facilitan estar en contacto, la esencia de las relaciones es la misma, soy amigo de alguien, tengo una relación con alguien, me disgusta alguien, etc. Lo que cambia es que ahora lo llevamos al plano virtual para mantenernos más cerca.

Los alcances de las redes sociales

Las redes sociales (ya sea Facebook, Twitter, Instagram, Skype, WhatsApp o cualquier otra) como la hipótesis de “los 6 grados de separación” (retomada por Milgram en 1967) surgen con la idea de que estamos a unas cuantas personas de conocer a todo el mundo. Esto podría ejemplificarse mediante la idea de que cada persona tiene un conocido, y este conocido, a su vez, conoce a alguien que conoce a alguien que conoce a alguien que nos conoce. Una idea bien real que nos lleva a tomar conciencia de que el mundo es un pañuelo.

Si bien no estamos a seis personas de conocer a todos, gracias a las redes sociales estamos un poco más cerca, ya que podemos estar en contacto con conocidos de nuestros conocidos, pero además podemos conocer gente con nuestros mismos intereses aun sin saber cómo son, si le damos “like” a las mismas páginas ya estamos conectados. También es notoria la facilidad con la que podemos establecer contacto con personas que tal vez pensábamos que era imposible, solo estamos a un “follow” de distancia de nuestro escritor, cantante, comentarista, artista o persona favorita.

Las redes sociales nos catapultan al mundo, al grado de que podemos publicar una foto y en menos de dos segundos puede estarla “likeando” alguien al otro lado del planeta. Esto hace que sea común conocer costumbres culturales de otros países gracias a un vídeo que alguien compartió, o que cada vez sea más común que los jóvenes tengan relaciones amorosas a distancia.

Esta forma de establecer relaciones virtuales gracias al alcance de las redes sociales nos lleva a conocer los nuevos procesos mediante los cuales se desarrolla un vínculo, aunque sea por medio de un smartphone o un ordenador, y con las limitaciones que este soporte acarrea.

Las redes sociales y los nuevos procesos de interacción

Ahora es momento de pasar a la parte más interesante del artículo, analizando el impacto que ha tenido la vida virtual en nuestras vidas. Esta influencia no solo se ve reflejada en la forma en la que hablamos o en la que escribimos; sin duda ha trastocado la forma en la que nos relacionamos; pues podemos formar parte de diferentes grupos sin siquiera conocer a sus integrantes. Si tenemos un gusto en común ya estamos conectados, aunque no nos guste mucho la idea, y me refiero al típico: “No me conoces pero te agregué porque me gustó tu foto de perfil”.

¿Una herramienta para perder la vergüenza de conocer a otras personas?

Ya no es necesario todo el ritual de verse, charlar una vez, volver a salir, y darte cuenta de las cosas en común, pues con el perfil de este contacto ya tienes conocimiento de muchos aspectos relevantes de su vida. Esto hace que resulte más fácil saber si la persona te gusta o no antes de conocerla en persona, o por lo menos puedes valorar mejor si vale la pena intentar conocerla más.

Es más: ya no es necesario pensar “¿Le intereso como amigo o algo más?”, estás a un “match” de distancia de conocer a tu pareja ideal, y aunque suene a broma, esto se debe a la aparición de aplicaciones de este tipo, que en segundos te relacionan con una persona, ya sea porque le gustan las misma cosas que a ti, porque vivís cerca, o porque los dos buscáis una pareja. Incluso han aparecido apps que te ponen en contacto con las personas que están físicamente cerca… ¿quién dijo miedo?

Lo bueno y lo malo de las redes sociales

No me malinterpretéis: las redes sociales no son buenas ni malas por sí mismas. Solemos recrearnos hablando sobre sus defectos, pero tambièn tienen su parte positiva. Por ejemplo, te ahorran muchas citas horribles, porque antes de salir con una persona haces un repaso a su perfil y te das una idea de quién es; también te ofrece la posibilidad de conocer a muchas personas de diferentes lugares, o tan cerca de ti que sabías ni que existían.

Pero también cabe reflexionar sobre los problemas que las redes sociales ocasionan. Todos hemos notado como las fotos de perfil de algunos contactos no se corresponden mucho con su atractivo en la vida real. Otro pequeño problema es que tendemos a delegar algunas intencionalidades comunicativas positivas, como los halagos, en un simple like a una foto de perfil: es más cómodo. Ahora sabemos que le interesas a alguien si no te deja en “visto” en la conversación de WhatsApp, y que es más importante que tu pareja cambie su situación sentimental en Facebook de “soltera” a “en una relación” que recibir un ramo de rosas con dedicatoria.

Tinder: ¿la app definitiva para ligar?

Tinder, mi app favorita, y no, no porque la use, sino porque es el reflejo del impacto de las redes sociales en nuestras relaciones.

Iniciamos sesión con un perfil que construimos en base a nuestros gustos, indicando el lugar en que vivimos y añadiendo una descripción de uno mismo, teniendo en cuenta que no podemos tener una solo foto pues esta aplicación nos vincula a las fotos de Facebook, todas las fotos, las que subimos y en las que nos etiquetaron; (ojo, mucho ojo).

Después, la aplicación, gracias a un proceso “mágico”, nos pone en contacto con las personas que están cerca de nosotros, en el mismo país y región, así que puedes “ligar” en cualquier lugar. Estaapp te permite descartar o “likear” a cualquier perfil que aparezca. Si eres exigente a la hora de encontrar pareja no tienes de qué preocuparte pues hay cientos de miles de perfiles, alguno puede gustarte. Llegamos a la parte fuerte del proceso, el “match”, que significa que le gustaste a un perfil que a ti también te gustó. Si consigues un “match” ya puedes empezar una conversación con el perfil y después de este punto todo depende de ti, y de esa persona con la que converses.

Tinder sería el amigo o amiga que te presenta a los que te gustan de la fiesta, pero sin tener que conseguir la invitación al guateque. Tiene otra ventaja: no tienes que elegir qué ropa ponerte y, más importante, puedes descubrir centenares de personas sin moverte del lugar en que te encuentras y de forma rápida.

Alejandra Alanis Casas

Alejandra Alanis Casas-Psicóloga social 

Fuente: https://psicologiaymente.net