Los 8 tipos de distorsiones cognitivas

Los 8 tipos de distorsiones cognitivas

Sabemos desde hace tiempo que no son los acontecimientos en sí mismos los que desencadenan nuestras emociones sino la interpretación que hacemos sobre ellos. Es decir, cómo los percibimos y de qué modo los interpretamos.

Detrás de cada sentimiento de tristeza, rabia, miedo o angustia puede haber un pensamiento que está ocultando o disfrazando la realidad. Es por ello que en ciertos trastornos como la depresión, la ansiedad o las fobias, las distorsiones cognitivas juegan un papel principal. 

En este artículo explicaremos cuáles son los tipos de distorsiones cognitivas más frecuentes y en qué consiste cada una de ellas.

Los engaños del cerebro y las distorsiones cognitivas

Por tanto, es de vital importancia pararse a pensar en la validez de estos pensamientos, ya que podríamos estar sufriendo por causas irreales.

La mente humana es muy compleja y en ocasiones nos perdemos en ella y no somos capaces de diferenciar realidad de ficción.

¿Qué son las distorsiones cognitivas y de qué manera nos afectan?

Las distorsiones cognitivas son interpretaciones erróneas de la realidad que llevan al individuo a percibir el mundo de manera poco objetiva, además de disfuncional. Se presentan en forma de pensamientos automáticos y desencadenan emociones negativas que dan lugar a conductas no deseadas o desadaptativas.

De este modo se genera un bucle, porque estas conductas disfuncionales acaban reforzando los esquemas cognitivos que las generaron, de manera que la dinámica se mantiene o incluso intensifica.

Características de las distorsiones cognitivas

  • Se expresan a menudo en términos de imperativos categóricos: “tendría que”, “debería”, “he de…”.
  • Se vivencian como espontáneos, aparecen de repente en la mente sin ningún desencadenante aparente.
  • Son mensajes breves, específicos y discretos y a menudo se presentan en forma de imagen visual.
  • Tienden a ser dramáticos y catastrofistas.
  • Son difíciles de desviar.
  • Son aprendidos.

Tipos de distorsiones cognitivas, y ejemplos

Existen un gran número de errores cognitivos en los que las personas caemos una y otra vez. A continuación describiré algunos de los más frecuentes, con un ejemplo para que sea más sencillo comprenderlos.

Estos son los tipos de distorsiones cognitivas.

1. Sobregeneralización

A raíz de un caso aislado generalizar una conclusión válida para todo. Ejemplo: “Juan no me ha escrito, la gente siempre se olvida de mí”.

2. Abstracción selectiva

Enfocarse en modo “visión de túnel” únicamente en ciertos aspectos, normalmente negativos y perturbadores, de una circunstancia o persona, excluyendo el resto de sus características y pasando por alto lo positivo de las mismas. Ejemplo: “me he pasado con la sal en los macarrones, soy una cocinera horrible”.

3. Inferencia arbitraria

Emitir juicios o extraer conclusiones de manera rápida o impulsiva, basándonos en una información incompleta o errónea. Ejemplo: “me dice que no para hacerse la dura, las mujeres son así”.

4. Sesgo confirmatorio

Tendencia a interpretar la realidad de manera que confirme nuestras creencias previas. Ejemplo: “me he equivocado, si es que ya sabía que yo no sirvo para esto”.

5. Falacia de la recompensa divina

Pensar que en un futuro los problemas mejorarán por sí mismos sin tomar una actitud proactiva. Ejemplo: “mi jefe me está explotando, pero estoy tranquilo porque el tiempo pone a cada uno en su sitio”.

6. Lectura de pensamiento

Presuponer las intenciones o cogniciones de los demás. Ejemplo: “me miran porque estoy haciendo el ridículo”.

7. Error del adivino

Creer saber cómo será el futuro y actuar conforme a ello. Ejemplo: “no voy a ir a esa entrevista de trabajo porque sé que no me van a contratar”.

8. Personalización

Suponer que todo lo que la gente hace o dice tiene que ver directamente con uno mismo. Ejemplo: “Marta tiene mala cara, debe de estar enfadada conmigo”.

¿Cómo acabar con las distorsiones cognitivas?

Las distorsiones cognitivas pueden modificarse una vez se hayan detectado.

Existen técnicas en psicoterapia que inciden directamente en este tipo de distorsiones, y son las llamadas técnicas de reestructuración cognitiva. En ellas, el profesional ayuda al individuo a identificar las creencias erróneas que ha desarrollado hacia el mundo, y posteriormente ambos trabajan juntos para desarrollar pensamientos y formas alternativas de interpretación de las situaciones.

Así, el psicólogo ayuda a que la persona aprenda a cuestionar la validez de sus propios esquemas cognitivos y a sustituirlos por pensamientos alternativos más realistas, que le harán sentir emociones más positivas y por tanto que serán favorables a la hora de tener conductas más útiles para vivir en mayor armonía con su entorno. 

Etiquetas: Cognición
 
Esther Cabezas Gutiérrez
Esther Cabezas Gutiérrez Psicóloga y coach WEB ORIGINAL: PSICOLOGIAYMENTE.COM

Licenciada en psicología por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.

Miembro del Colegio de Psicólogos de Castilla y León. Formación complementaria en Psicología Infantil y Familiar, Psicología del comportamiento, Mindfulness y Coaching. 

Ha trabajado de Psicóloga para Sanitas Residencial Tarragona y para el Teléfono de la Esperanza. 

Actualmente imparte conferencias en León sobre desarrollo personal.

​Soberbia: los 6 rasgos en común de las personas vanidosas

​Soberbia: los 6 rasgos en común de las personas vanidosas

Lorasgos de personalidad forman uno de los campos de estudio más interesantes en el ámbito de la psicología. Sin embargo, muchos de los adjetivos que utilizamos normalmente para referirnos al modo de ser de la gente que nos rodea no se corresponden con una categoría creada científicamente.

Sin embargo, eso no quiere decir que no haya ciertos matices en la personalidad que no puedan resultar de interés. Este es el caso de la soberbia, un término que se acostumbra a utilizar para designar a las personas vanidosas y algo arrogantes.

Rasgos de personalidad asociados a la soberbia

Los rasgos de personalidad que definen a las personas soberbias están especialmente relacionadas con dos características: el narcisismo y una tendencia a la megalomanía.

¿Qué es el narcisismo?

El narcisismo es una propensión a los sentimientos de grandiosidad a la hora de evaluarse a uno mismo. Las personas narcisistas están siempre pendientes de lo que opinan los demás acerca de ellas, pero a la vez, creen que tienen más valor que la mayoría.

Además, consideran que su punto de vista es el más correcto y tienden a tratar a los demás con un cierto paternalismo por este motivo: tratan de enseñarles que se equivocan, sin plantearse antes si son ellos los que han caído en el error. Por lo general, no empalizan con tanta facilidad como las personas no narcisistas. No suelen ser personas con demasiado tacto ni deferencia hacia las demás.

¿Qué es la megalomanía?

La megalomanía es un concepto muy similar al de narcisismo, aunque tiene un matiz algo más patológico porque incluye una relación con las ideas delirantes que sostiene una persona para poder creer que es capaz de hacer cosas que, realmente, difícilmente puede conseguir. 

Las personas megalómanas sobrestiman mucho sus capacidades y, como consecuencia, tienden a querer tomar el control de todo lo que ocurre en su vida: incluyendo los proyectos que otras personas llevan entre manos.

Puedes leer más acerca de la megalomanía en este artículo: “Megalomanía y delirios de grandeza: jugando a ser Dios

Las características de las personas soberbias

Ahora que ya nos hemos hecho una idea sobre cómo se definen, en general, las personas soberbias, podemos pasar a explorar más en detalle su personalidad. Estas son algunas de las características concretas que acostumbran a presentar las personas vanidosas.

1. Creen que por defecto están casi siempre en lo cierto

Como hemos visto, la soberbia toma del narcisismo esta creencia irracional de que uno mismo está siempre en lo cierto por el simple hecho de ser quien se es. Es por eso que, en ocasiones, las personas marcadamente soberbias tratan de argumentar y defender su punto de vista utilizando lafalacia de autoridad.

2. Están pendientes de su imagen pública, aunque sin que se note

Las personas vanidosas necesitan tener un feedback constante acerca de la imagen que dan ante los otros, aunque intentan aparentar indiferencia acerca de eso. El motivo es que saben que la naturalidad y la espontaneidad se valoran positivamente.

3. Enfados producidos por soberbia

El hecho de tener que acarrear con una versión tan idealizada de ellos mismos hace que a la hora de relacionarse con este tipo de personas puedan saltar chispas con facilidad. Es decir, que pueden llegar a enfadarse por detalles nimios. Por ejemplo, cuando creen que no se les presta la atención suficiente, puede ser que de manera inconsciente tiendan a buscar una excusa para enfrentarse con la otra persona.

4. Teatralidad en su manera de presentarse

Las personas que destacan en soberbia llaman la atención de unos modos que a veces parecen pertenecer más bien a las artes escénicas, especialmente si quieren destacar ante un grupo de personas. Es decir, tienen cierta tendencia a teatralizar y a espectacularizar algunos momentos de su vida cotidiana.

5. La importancia de las redes sociales

La eclosión del uso masivo de las redes sociales como Facebook y Twitter hace que muchos jóvenes adopten dinámicas de comportamiento que definen a las personas soberbias, aunque de un modo nuevo.

Se crea rivalidad por el número de seguidores, se crean estrategias para tener más visibilidad en Internet y en ocasiones solo se utilizan estos perfiles virtuales para intentar dar esta imagen deseada de uno mismo, y no tanto para comunicarse de verdad con los demás, tal y como lo haría una persona famosa.

Para muestra, un botón: chicos y chicas adolescentes de Barcelona que acuden a una discoteca de moda (interesante a partir del minuto 0:57):

6. La instrumentalización de los demás

Si el narcisismo tiene una relación clara con la psicopatía es porque desde estas dos características de la personalidad se cosifica al resto de seres humanos con los que se tiene un trato directo; es decir, se los trata como objetos.

Las personas vanidosas pueden llegar a dedicarle tanta atención a su imagen que no pueden evitar ver a los demás como un medio para hacer que su “grandiosidad” se expanda, alcanzando mayores cotas de poder (económico o social) a través de ellos.

Etiquetas: Personalidad
 
Arturo Torres

Arturo Torres Psicólogo WEB ORIGINAL: PSICOLOGIAYMENTE.COM

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona.

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos

​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos
 

Las rupturas amorosas son, con frecuencia, un drama. Se ve cómo la historia de amor que se había vivido llega a su fin, y eso no solo hace que cambie nuestra perspectiva acerca de cómo va a ser nuestro futuro, sino que también hace que nos replanteemos cuál ha sido la verdadera naturaleza de la relación de pareja que hemos compartido con la otra persona.

Desde luego, el impacto emocional que supone romper con la pareja puede llegar a abrumar; es una especie de pared de nuevos sentimientos que nos golpea casi de repente, si somos nosotros quienes decidimos cortar, o en un instante, si es la otra persona la que corta con nosotros. Sin embargo, eso no significa que no se puedan reconocer varios retos y problemas (tanto psicológicos como materiales) a afrontar en una ruptura de pareja.

Recuperarse de una ruptura afrontando sus problemas

Coger este golpe a nuestras emociones e ir reconociendo en él diferentes problemas relativamente separados los unos de los otros puede ser de ayuda a la hora de recuperarse de una ruptura. 

Veamos cuáles son algunos de estos retos que implican las rupturas sentimentales, y cómo afrontarlos para poder seguir adelante con nuestras vidas.

1. La ruptura afecta a la autoimagen

Verse a uno mismo tan afectado por la ruptura amorosa puede dañar la autoimagen. A fin de cuentas, durante un periodo que puede durar días o semanas, notamos cómo nos transformamos en una persona más vulnerable emocionalmente, con mayor propensión al llanto y, en ocasiones, más aislada y sola.

Si se está acostumbrado a convivir con una autoestima que nos devuelve una visión muy idealizada de nosotros mismos (y relacionada con los valores y características más valoradas por nuestra cultura, que tienden a tener en alta estima la dureza del carácter y la autonomía) esta experiencia puede hacernos daño también en este sentido.

El camino para superar esto es ir aprendiendo a aceptar esta vertiente de nuestra personalidad como algo propio y humano, algo que también nos define. Reconciliarse con nuestra cara más emocional es esencial.

2. La amistad con la otra persona puede perderse

Las rupturas de pareja también cuestan porque nos fuerzan a plantearnos un dilema doloroso:¿cómo relacionarnos con la otra persona de ahora en adelante?

La indecisión entre no saber si cortar definitivamente el contacto o mantener un trato amigable se agrava por el hecho de no saber si seremos capaces de llevar a cabo cualquiera de estas dos opciones. Y, por supuesto, a eso le tenemos que añadir que tenemos que respetar las decisiones a las que llegue la ex-pareja en ese aspecto.

Lo recomendable es que, por defecto, después de un breve periodo en el que no se mantiene el contacto, se vuelva a tener un cierto contacto semanal con la otra persona (si los dos están de acuerdo) y decidir cómo va a proseguir la relación dependiendo de lo que experimente cada persona. De este modo no estaremos sujetos a convenciones sociales y haremos que la relación con esta persona se adapte a lo que honestamente siente cada uno.

Artículo relacionado: “6 problemas y 6 ventajas de volver con tu ex-pareja”

3. Aparece mucho tiempo que rellenar con algo

Una de las cosas que hace que las rupturas de pareja sean dolorosas es que se rompe la rutina a la que estábamos acostumbrados. Si la ruptura es total y no mantenemos el contacto con la ex-pareja, el sentimiento de soledad puede llegar a dominar buena parte de nuestro día a día a no ser que hagamos algo al respecto.

Una de las claves para mitigar este problema y caminar poco a poco hacia la normalización de la propia soltería es obligarse a socializar con otras personas, incluso si eso resulta incómodo para nosotros. Para ello es bueno apoyarse en las amistades, pero no necesariamente se tiene que depender de ellas: la cuestión es salir de la zona de confort y perder el miedo a entablar nuevas conversaciones con nuevas personas. Si no nos auto-obligamos, es muy posible que nos mantengamos durante mucho tiempo en un estado de inactividad en el que se mezclan la melancolía, el aburrimiento y, quizás, las conductas obsesivas.

Encontrar nuevas aficiones también es muy positivo, pero hay que intentar que estas no nos aíslen cada vez más.

4. Los amigos mutuos también podrían perderse

Si la relación de pareja ha durado lo suficiente y ha estado conectada a una vida social más o menos rica, lo más probable es que ambos miembros hayan llegado a estrechar lazos con amigos mutuos, de la pareja y de uno mismo. Cortar con la relación puede poner en jaque estos lazos si se opta por la incomunicación total o parcial con la otra persona. Sin embargo, merece la pena valorar que muchas de estas amistades tienen valor por sí mismas, y no solo dentro de la comunidad formada alrededor de la relación de la que hemos salido.

Como siempre, aquí la comunicación y la honestidad son indispensables. Pero también tenemos que auto-examinarnos y preguntarnos si lo que realmente es conservar una amistad o tener un canal de comunicación con la ex-pareja.

5. La mejora puede percibirse como algo malo

En la mayoría de los casos, la tristeza relacionada con la ruptura amorosa tiende a ir desapareciendo con el paso del tiempo. Esto parece algo bueno, y en muchos casos lo es, pero también puede tener doble filo, ya que nos hace preguntarnos por lo que realmente significó la relación de pareja por la que hemos pasado.

Si percibimos que nos hemos recuperado “excesivamente rápido” de la ruptura, esto nos puede hacer sentirnos mal, al no ver una manera de ver lo significativa que fue esta relación, y creer que se ha perdido el tiempo o que se ha vivido una mentira. Se trata de un tipo de dolor muy sutil, relacionado con las crisis existenciales.

No hay un modo simple de afrontar este reto que se nos plantea a la hora de echar la vista atrás y reformular lo que vivimos durante el tiempo en el que se convivió con la otra persona: cada cual ha de encontrar una manera de reconciliarse con su pasado. Y esto es malo y bueno a la vez.

 
Arturo Torres
Arturo Torres Psicólogo web original: psicologiaymente.com

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona.

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

El experimento de Harlow y la privación materna: sustituyendo a la madre

​El experimento de Harlow y la privación materna: sustituyendo a la madre

Cuando se habla acerca de psicología, es posible que muchas personas piensen en rasgos de personalidadtrastornos mentalessesgos cognitivos

En definitiva, elementos que podemos relacionar con una sola persona: cada uno tiene su nivel de inteligencia, la presencia o ausencia de un trastorno diagnosticado, o una propensión a caer en ciertos engaños de la mente.

Sin embargo, hay un tema que también es muy abordado por la psicología: el modo en el que las relaciones interpersonales nos cambian. El experimento con monos de Harry Harlow sobre la privación materna es un ejemplo de esto.

El precedente: Bowlby y la teoría del apego

A mediados del siglo XX, un psiquiatra y psicólogo inglés llamado John Bowlby realizó una serie de investigaciones enmarcadas en lo que se conoce como teoría del apego. Esta es un marco de debate en el que se exploran los fenómenos psicológicos que están detrás de nuestra manera de establecer lazos afectivos con otros seres, y en él tiene una especial importancia la manera en la que los padres y madres se relacionan con sus bebés durante los primeros meses de vida de este último.

El motivo de este interés por las primeras etapas de formación de vínculos es simple: se asume que el que el modo en el que los pequeños estrechen relaciones continuadas, próximas y con muestras de afecto con otros influirá en su desarrollo hacia la adultez y tendrá un impacto, posiblemente de por vida, en varias de sus características psicológicas.

Las investigaciones de Bowlby

A través de varios estudios, John Bowlby concluyó que el hecho de que cada bebé disponga de manera regular del cariño materno es una de las necesidades más importantes de cara a su correcto crecimiento.

En parte, esto se basaba en sus creencias: Bowlby adoptó un enfoque evolucionista, y defendía la idea de que tanto en las madres como en los recién nacidos se expresan unos genes especialmente seleccionados para hacer que ambos formen un fuerte vínculo emocional. Es decir, creía que el establecimiento del apego maternal estaba programado genéticamente, o al menos una parte de este. Además, sostuvo que el vínculo más fuerte que toda persona puede llegar a establecer es el que se basa en la relación que tuvo con su madre durante los primeros años de vida.

Este fenómeno, al que dio a llamar monotropía, no se llegaba a consolidar si este intercambio de gestos afectuosos acompañado de contacto físico (clásicamente, durante la alimentación en la lactancia) se daba una vez cumplido el segundo año de vida del bebé, y no antes. Es decir, que laprivación materna, la ausencia de un contacto regular con una madre que proporcionase afecto durante los primeros meses de vida, resultaba muy perjudicial por ir en contra de aquello para lo que nuestra genética nos habría programado.

¿En qué consistieron estos estudios?

Bowlby también se apoyó en datos empíricos. En este sentido, encontró algunos datos que reforzaban su teoría. Por ejemplo, a través de una investigación encargada por la Organización Mundial de la Salud acerca de los niños y niñas separados de sus familias a causa de la Segunda Guerra Mundial, Bowlby encontró indicios significativos de que los jóvenes que habían experimentado privación materna por vivir en orfanatos tendían a presentar retraso intelectual y problemas para gestionar exitosamente tanto sus emociones como las situaciones en las que debían relacionarse con otras personas.

En una investigación similar, observó que entre los niños que habían estado recluidos durante varios meses en un sanatorio para tratar su tuberculosis antes de cumplir los 4 años, tenían una actitud marcadamente pasiva y montaban en cólera con mucha más facilidad que el resto de jóvenes.

A partir de ese punto, Bowlby siguió encontrando datos que reforzaban su teoría. Llegó a la conclusión de que la privación materna tendía a generar en los jóvenes un cuadro clínico caracterizado por el desapego emocional hacia las otras personas. Las personas que no habían podido formar un lazo de apego íntimo con sus madres durante sus primeros años eran incapaces de empatizar con los demás, porque no habían tenido la oportunidad de conectar emocionalmente con alguien durante la etapa en la que habían sido sensibles a este tipo de aprendizaje.

Harry Harlow y el experimento con monos Rhesus

Harry Harlow fue un psicólogo estadounidense que durante los años 60 se propuso estudiar en el laboratorio la teoría del apego y de la privación maternal de Bowlby. Para ello, realizó un experimento con monos Rhesus que bajo los estándares éticos actuales sería irrealizable por la crueldad que involucraba.

Lo que Harlow hizo fue, básicamente, separar a algunas crías de macaco de sus madres y observar de qué manera se expresaba su privación maternal. Pero no se limitó a observar pasivamente, sino que introdujo en esta investigación un elemento con el que sería más fácil saber lo que sentían las crías de macaco. Este elemento era el dilema de elegir entre algo parecido al contacto físico relacionado con el afecto y la calidez, o la comida.

Sustituyendo a la madre

Harlow introdujo a estas crías dentro de jaulas, espacio que debían compartir con dos artefactos. Uno de ellos era una estructura de alambre con un biberón lleno incorporado, y la otra era una figura similar a un macaco adulto, recubierto con felpa suave, pero sin biberón. Ambos objetos, a su manera, simulaban ser una madre, aunque la naturaleza de lo que le podían ofrecer a la cría era muy diferente.

De este modo, Harlow quería poner a prueba no solo las ideas de Bowlby, sino también una hipótesis diferente: la del amor condicional. Según esta última, las crías se relacionan con sus madres básicamente por el alimento que les proporcionan, que objetivamente es el recurso con mayor utilidad a corto plazo desde una óptica racional y “economicista”.

Lo que se descubrió

El resultado le dio la razón a Bowlby. Las crías mostraban una clara tendencia a estar aferrados al muñeco de felpa, a pesar de no proporcionar comida. El apego hacia este objeto era mucho más notorio que el que profesaban hacia la estructura con el biberón, lo cual iba a favor de la idea de que es el vínculo íntimo entre madres y crías lo realmente importante, y no el simple alimento.

De hecho, esta relación se notaba incluso en el modo en el que las crías exploraban el entorno. El muñeco con felpa parecía proporcionar una sensación de seguridad que resultaba determinante para que los pequeños macacos se decidiesen a emprender ciertas tareas por propia iniciativae incluso se abrazaban con mayor fuerza a este cuando tenían miedo. En los momentos en los que se introducía algún cambio en el entorno que generaba estrés, las crías corrían a abrazar el muñeco suave. Y, cuando se separaba a los animales de este artefacto de felpa, mostraban signos de desesperación y miedo, gritando y buscando todo el rato a la figura protectora. Cuando se volvía a poner al muñeco de felpa a su alcance, se recuperaban, aunque permanecían a la defesiva por si volvían a perder de vista a esta madre artificial.

Provocando el aislamiento en los monos

El experimento del muñeco de felpa y el biberón era de una moralidad dudosa, pero, Harlow fue más allá al empeorar las condiciones de vida de algunos macacos. Lo hizo recluyendo a crías de esta especie animal en espacios cerrados, manteniéndolas aisladas de cualquier tipo de estímulo social o, en general, sensorial. 

En estas jaulas de aislamiento solo había un bebedero, un comedero y un espejo gracias al cual se podía ver lo que hacía el macaco pero el macaco no podía ver a sus observadores. Algunos de estos monos permanecieron en este aislamiento sensorial durante un mes, mientras que otros se quedaron en su jaula durante varios meses; algunos, hasta un año.

Los monos expuestos a este tipo de experiencias ya presentaban evidentes alteraciones en su manera de comportarse después de haber pasado 30 días en la jaula, pero los que permanecieron un año completo quedaban en un estado de pasividad total (relacionada con la catatonia) e indiferencia hacia los demás del que no se recuperaban. La gran mayoría terminaron desarrollando problemas de sociabilidad y apego al llegar a la etapa adulta, no se interesaban en encontrar pareja o tener descendencia, algunos ni siquiera comían y terminaron muriendo.

Madres negligentes… o peor aún

Cuando Harry Harlow decidió estudiar el comportamiento maternal de los macacos a los que se había sometido a aislamiento, se encontró con el problema de que estos monos hembra no llegaban a quedar embarazadas. Para ello utilizó una estructura (“el podtro de las violaciones”) en las que las hembras quedaban fijadas con correas, obligándolas a ser fecundadas. 

Las observaciones posteriores mostraron que estas hembras no solo no realizaban las tareas típicas de una madre de su especie, ignorándo a sus crías durante la mayor parte del tiempo, sino que en ocasiones llegaban a mutilar a sus crías. Todo esto, en principio, a causa de la privación maternal, pero también por el aislamiento social, durante los primeros meses de vida.

Las conclusiones: la importancia del apego

Tanto las investigaciones de John Bowlby como los experimentos de Harry Harlow son muy tenidos en cuenta actualmente, a pesar de que los segundos son, también, un caso de clara tortura hacia animales, y por sus implicaciones éticas han recibido fuertes críticas. Ambas experiencias condujeron a ideas similares: los efectos de la ausencia de interacciones sociales que vayan más allá de las necesidades biológicas más inmediatas y que estén vinculadas a la conducta afectiva durante las primeras etapas de la vida acostumbran a dejar una huella muy seria y difícil de borrar en la vida adulta.

Etiquetas: Infancia, Familia
 
Adrián Triglia

Adrián Triglia Redactor Jefe web original: psicologiaymente.com

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona y licenciado en Publicidad por la misma.

Actualmente cursando el Máster en Técnicas de Investigación Social Aplicada por la UAB/UB.

Cuando los hijos se casan y el hogar familiar queda vacío

Cuando los hijos se casan y el hogar familiar queda vacío

Cuando las parejas se casan inician la aventura del matrimonio; con mucha ilusión se atreven a soñar, crear proyectos en común, se disfrutan como pareja y en ocasiones esperan el gran momento de la llegada de los hijos al hogar. Con gran emoción emprenden el camino de la crianza de esa nueva criatura. Surgen muchos miedos, preocupaciones y necesidades nuevas, pero poco a poco todo se va resolviendo.

Estos son los momentos mágicos que recuerdan las parejas que asisten a consulta porque “sus bebés” se independizaron yéndose de casa y ellos ahora no saben qué hacer. Lo que acostumbra a ocurrir es que llevan más de veinte años viviendo por sus hijos, por lo cual el momento en el que estos se independizan puede ser un duro golpe; los embarga una increíble tristeza y soledad. Cuando los hijos se casan, el nido familiar queda vacío y pocas cosas siguen siendo igual.

“Mis hijos se van de casa”

Estos padres y madres desean lo mejor para sus hijos y los apoyan, pero por dentro sienten que se desvanecen de dolor. “Me siento en su cama y me pongo a llorar. ¿Ahora qué voy a hacer?” dice el padre días después de la boda de su única hija. 

Es el momento esperado, como tal y como el padre reconoce, y se siente feliz por la pareja de su hija, pero es consciente de los reacomodos que tendrán que hacer en casa, pues las vivencias no serán las mismas. Es el momento de la reorganización familiar, para alcanzar una nueva estabilidad.

Por eso considero importante brindar información sobre esta nueva etapa que atraviesan las parejas, y sobre todo sobre el Síndrome del Nido Vacío, así como dar recomendaciones para afrontarlo.

El Síndrome del Nido Vacío

Las parejas atraviesan diferentes etapas, y en cada una ambos miembros deben reacomodar sus expectativas, deseos, necesidades para que juntos puedan ir caminando y sintiéndose satisfechos en dicha unión. De forma general, cuando los hijos están en casa, la prioridad de los padres se centra en que estos estén bien: proporcionarles afecto, valores, alimentación, abrigo, techo, estudio, diversión, etc. Por ende, los padres pasan gran parte del tiempo esforzándose por cumplir con este rol.

Lastimosamente, en muchas ocasiones, se les olvida que antes de ser padres fueron personas y luego pareja; por tanto, consideran que su único deber es ser padres y su vida gira en torno a sus “grandes amores”.

Una definición

Antes de continuar, aclaremos a qué nos referimos cuando hablamos del Síndrome del Nido Vacío. 

No solo se refiere a la separación física, sino también al distanciamiento emocional basado en el “no depender o estar supeditado a los padres”, ya sea porque los hijos inician una relación de pareja o bien por razones de independencia o estudios.

Síntomas que pueden aparecer cuando los hijos se van de casa

El Síndrome del Nido Vacío al cual nos referimos aquí está absolutamente ligado al acontecimiento de separación de los hijos. Dentro de los principales síntomas se encuentran:

  • Tristeza permanente y ganas de llorar sin ninguna razón aparente, ligada a sentimientos de desesperanza e inclusive cansancio.
  • Pérdida del sentido de la vida. No se encuentra interés en ninguna actividad. No se quiere hacer nada. No se siente motivación por ninguna tarea.
  • Sentimiento de soledad.
  • Sentimiento de abandono, e inclusive “celos” por no ser la prioridad en su hijo.
  • Preocupación excesiva e irracional por el bienestar del hijo o hija, llegando a generar estrés o ansiedad.
  • Vulnerabilidad o sensibilidad afectiva (irritabilidad) relacionada con temas insignificantes relacionados con el hijo (sirvieron el postre favorito del hijo y eso le afectó), inclusive puede generarse sentimiento de rechazo o exclusión (sin tener argumentos válidos para que aparezcan).

Algunas variables en la expresión del síndrome

Las reacciones no suelen ser iguales en cuanto intensidad, pues dependen de factores como el tipo de relación que se mantuvo con el hijo, la personalidad o los recursos emocionales de los que se dispone en el momento; gran parte de esto está mediado por el apoyo que entre esposos se puedan ofrecer.

Las mujeres expresan con mayor facilidad su malestar y buscan ayuda profesional. A los hombres, por su rol social, les cuesta más externalizar su malestar, que se expresa mediante quejas somáticas.

El Síndrome del Nido Vacío y los manuales diagnósticos

Es importante mencionar que este síndrome carece de fundamento diagnóstico en los manuales de psiquiatría

No obstante, con frecuencia se escucha hoy por hoy en la consulta clínica. Al principio las parejas se enfocan en la “ida de sus hijos”, poco a poco se percatan del abandono de su persona y muy probablemente de su pareja, por lo tanto, el proceso de recuperación se inicia por este punto esencial.

¿Qué hacer?

El objetivo es tener claridad en cuanto a tus metas, proyectos, pasatiempos, amistades, familia, entre otros, así como dedicarle el tiempo y espacio necesario a la pareja y permitir que se genere un ambiente en donde los hijos pueden realizar “su vuelo” sin generar un desequilibrio significativo en los progenitores.

En aquellas situaciones en donde la pareja mantiene una sana relación, pero alguno o ambos padres están atravesando por esta situación, se les brinda una serie de recomendaciones para asimilar más fácilmente la nueva dinámica:

1. Trabajar en la autoestima

Muchas veces la pareja deposita todas sus esperanzas y expectativas en el rol de padres, es decir, en la formación de buenos seres humanos, y no se contempla nada más allá de esa labor. Por ende, cuando los hijos ya no los necesitan para tomar decisiones o sencillamente emprenden por sí mismos sus propios proyectos, se genera un vacío enorme.

Por eso, el Síndrome del Nido Vacío puede hacer que aparezca un sentimiento de inutilidad que merma la autoestima.

2. Enfocar bien la atención

Muchas veces las personas solo se centran en las pérdidas por las que están atravesando, sin prestar atención a las ganancias. Cuando un hijo se va de la casa es porque está preparado para asumir, con sus propios recursos, su vida, lo cual traerá consigo muchos beneficios u oportunidades. Por eso, merece la pena canalizar las nuevas necesidades de forma positiva. En definitiva, abordar nuevos proyectos.

Las personas tienen muchas capacidades y virtudes que pueden poner al servicio de los demás. Iniciar un voluntariado, trabajo comunitario, obras de beneficencia, consejería, pueden ser opciones en la cual redireccionar su potencial y energía, o bien algún trabajo que genere ingresos pero a la vez pueda resultar terapéutico.

3. Expresar los propios sentimientos

Es sano que los padres puedan expresan su dolor, pues están atravesando por un proceso de duelo que poco a poco superarán. Por lo tanto, es normal que visiten el cuarto o las pertenencias de sus hijos y si es necesario que lloren para liberar su dolor. Se trata de un momento de recogimiento emocional muy personal.

4. Reorganizar el rol

Los hijos inician una nueva etapa en la cual también necesitarán cosas de sus padres, pero desde otra posición. Es muy importante que los padres se ajusten a las nuevas necesidades de sus hijos, las cuales pueden ser igual de importantes que cuando estaban en casa.

5. Fuera el estrés

Los padres de familia suelen pasar mucho tiempo de la crianza de sus hijos preocupados por su bienestar y quedan predispuestos a estar preocupados, pero ahora innecesariamente. Incluso sin quererlo, trasmiten esas preocupaciones a sus hijos, lo cual es nocivo.

Por eso es necesario aprender a relajarse, primero detectando aquellos pensamientos negativos o irracionales que generan preocupaciones, y después practicando ejercicios físicos y, si es necesario, meditación.

6. Vivir una segunda luna de miel

Disponer de más tiempo libre es una buena oportunidad para disfrutar el tiempo con la pareja y para buscar actividades novedosas que sean del agrado de ambos: Salir a comer, practicar deportes alternativos, conocer nuevos lugares, etc.

En caso que ya no se tenga pareja, puede ser el momento más indicado para conocer nuevas personas, salir con amigos y compartir momentos con el resto de la familia.

Una consideración final

Lo más importante que se debe tener presente, es que los padres cumplen la maravillosa labor de hacer lo necesario para que los hijos puedan independizarse. 

Aunque pueda doler al principio, acomodarse a la nueva situación es lo más apropiado y beneficio, pues a ningún padre o madre le agradaría ver de vuelta a sus hijos en casa porque no estaban preparados para el mundo. Por tanto, hay motivos para que los padres y madres se sientan felices y orgullosos tanto por su labor como por el esfuerzo que están realizando sus pupilos poniendo en práctica las enseñanzas del maestro y maestra. 

 
Marianela Esquivel
Marianela Esquivel Psicóloga. Web original: psicologiaymente.com

Licenciada en Psicología. Graduada de la Universidad Nacional de Costa Rica y en la Universidad Autónoma de Monterrey.

Incorporada al Colegio Profesional de Psicólogos de Costa Rica. Código 4981.