¿Haces ruidos extraños mientras duermes? Se llama “catatrenia”

El escenario es siempre el mismo y se repite en miles de hogares cada noche:

Justo cuando estás a punto de caer en los brazos de Morfeo, tu pareja te sacude de forma nerviosa y te dice, seguramente con un tono de fastidio en la voz:
 
– ¡Estás haciendo esos ruidos extraños de nuevo!
 
– ¿Qué ruidos? – preguntas.
 
– Ya sabes, ese sonido horrible que parece un gemido. No logro dormir…
 
Si esta escena te resulta familiar, es probable que tú o tu pareja sufráis catatrenia. 
 

¿Qué es la catatrenia?

 
Durante muchos años la catatrenia, también conocida como “gemido nocturno”, fue considerada como una parasomnia. Sin embargo, en 2013 la comunidad científica decidió enmarcarla dentro de la categoría de los problemas respiratorios relacionados con el sueño.
 
Las personas que tienen catatrenia suelen inhalar profundamente mientras duermen y después mantienen la respiración durante un corto periodo de tiempo. De esta forma, cuando exhalan, emiten un sonido parecido a un gemido o un chillido largo.
 
Ese sonido puede durar tan solo unos segundos pero en algunos casos puede prolongarse hasta un minuto, por lo que resulta muy difícil conciliar el sueño con alguien que emite estos ruidos a nuestro lado. En algunos casos, al final del gemido también puede aparecer lo que se conoce como “ruido secundario”, como un resoplido, por ejemplo.
 
Ese ruido puede llegar a ser muy fuerte, y en algunos casos se pueden confundir con los sonidos típicos del acto sexual. En otros casos no solo es molesto sino francamente inquietante para quienes lo escuchan. Obviamente, para quien lo emite suele ser embarazoso. 
 
Sin embargo, se debe aclarar que en realidad esos sonidos no tienen ninguna conexión con los sueños que pueda estar teniendo la persona o con su estado mental. Es decir, aunque el sonido puede parecer angustioso, no implica que la persona esté teniendo una pesadilla o que se sienta mal.
 
Por lo general los episodios de catatrenia ocurren durante la fase REM del sueño, aunque también puede apreciarse en otras etapas. La mayoría de las personas indican que suele suceder más tarde en la noche, lo cual refleja que es más común durante el sueño profundo.
 
Quienes padecen catatrenia suelen sufrir este problema por muchos años, casi siempre durante todas las noches. Obviamente, cuando duerme con otra persona esos sonidos pueden convertirse en una fuente de frustración para ambos que afecte considerablemente su calidad del sueño.
 

¿Qué causa la catatrenia?

 
Al igual que ocurre con muchos trastornos vinculados con el sueño, la causa exacta de la catatrenia no se conoce, aunque existen diferentes teorías. Por ejemplo, puede deberse a:
 
– Obstrucción o restricción de la vía aérea superior, por lo que el aire circula con dificultad.
 
– Cierre parcial de las cuerdas vocales, sobre todo durante el sueño REM. Como resultado, se produce un escape forzado de aire, cuya misión es empujar a través de ese cierre para desbloquear las cuerdas vocales.
 
– Daño en las estructuras cerebrales que controlan la respiración. 
 
– Mandíbula pequeña. De hecho, se ha apreciado que en muchos casos de catatrenia las personas tienen una mandíbula más pequeña de lo habitual.
 
– Problemas ortodónticos. Los estudios indican que aproximadamente el 86% de las personas que sufren catatrenia han sido sometidas a tratamientos de ortodoncia en alguna etapa de sus vidas y el 71% se había realizado extracciones de piezas durante la adolescencia.
 
Además, se ha apreciado que este trastorno se agudiza cuando la persona está sometida a altos niveles de estrés.
 

¿Existe un tratamiento?

 
La catatrenia suele tener una mayor repercusión social que médica. De hecho, la mayoría de las personas no es consciente del problema hasta que tiene una pareja, que le avisa sobre el ruido que emite al dormir.
 
Los especialistas indican que no es necesario alarmarse pero tampoco se debe descuidar ya que, en sentido general, cualquier problema del sueño puede traer consecuencias perjudiciales a largo plazo.
 
En 2008, un pequeño estudio realizado en la Universidad Standford con 7 personas que padecían catatrenia encontró que una máquina de presión positiva continua en las vías respiratorias podía eliminar el gemido nocturno.
 
En práctica, esta máquina, que utilizan las personas con apnea del sueño, lo que hace es impulsar suavemente aire a través de la nariz para mantener las vías respiratorias abiertas. No se trata de una solución definitiva pero, al parecer, mientras la persona la usa, los sonidos nocturnos disminuyen.
 
Otras personas recomiendan algunos trucos más sencillos, como levantar ligeramente la almohada o dormir de lado. También ayuda practicar ejercicios aeróbicos, en los que sea necesario respirar con intensidad, así como realizar Yoga y meditación ya que en ambas actividades se potencia el control de la respiración.

¿Sabías que dormir poco y mal encoge y envenena el cerebro?

Sufrir insomnio no solo afecta negativamente nuestro estado de ánimo haciendo que estemos más irritables sino que también tiene profundas repercusiones a nivel cerebral. De hecho, diferentes estudios han relacionado los problemas para dormir con dificultades como la depresión, la esquizofrenia e incluso la demencia. Ahora nuevas investigaciones explican el impacto que tiene sobre el cerebro dormir poco y mal.
 

El insomnio encoge algunas áreas cerebrales

 
En un estudio realizado por un equipo de científicos de las universidades de Oslo y Oxford se analizaron los hábitos de sueño de 147 personas con edades comprendidas entre los 20 y 84 años. Cada tres años y medio los participantes eran sometidos a pruebas de resonancia magnética, de manera que lo que los investigadores podían comparar la evolución de sus cerebros.
 
De los participantes, un 35% dormía muy poco y mal, no lograban conciliar un sueño reparador que les permitiera descansar. En estas personas se apreció una disminución del tamaño del cerebro, fundamentalmente en las regiones frontal, temporal y parietal. También se comprobó que el impacto negativo en el cerebro era aún mayor cuando se sobrepasaban los 60 años.
 

El insomnio intoxica el cerebro

 
Otro estudio, esta vez llevado a cabo en la Universidad Autónoma Metropolitana de México, reveló que el insomnio puede hacer que ciertas moléculas neurotóxicas, que normalmente circulan por la sangre, lleguen hasta el sistema nervioso central y afecten las funciones de las neuronas. 
 
En este caso el experimento se realizó con animales, promoviendo periodos de deprivación del sueño durante 10 días. Así los neurocienttíficos apreciaron que durante los periodos largos de de insomnio, los vasos sanguíneos de la barrera hematoencefálica comienzan a degradarse. La barrera hematoencefálica es una formación densa de células endoteliales que se encuentra entre los vasos sanguíneos y el sistema nervioso central, cuya función es proteger al cerebro de agentes potencialmente neurotóxicos.
 
La falta de sueño hace que esos vasos sanguíneos no estén tan unidos como deberían, dejando que elementos nocivos pasen al tejido cerebral. Algunos de esos elementos, como el glutamato monosódico, casi omnipresente en los alimentos procesados, pueden traspasar la barrera hematoencefálica y llegar a provocar la muerte de las neuronas. 
 

¿Por qué el sueño es tan importante para el cerebro?

 
Durante muchos años se pensó que mientras dormíamos nuestro cerebro se limitaba a descansar. Hoy sabemos que no es así. Durante el sueño, sobre todo en las fases de sueño REM, que es el más profundo, el cerebro se encarga de eliminar las sustancias de desecho de su metabolismo.
 
De hecho, se ha apreciado que las células gliales crean una especie de canales a través de las neuronas para permitir que fluya el líquido cerebro espinal, el cual arrastra consigo las toxinas que se generan durante la actividad diurna.
 
El sueño también nos ayuda a limpiar la mente de los recuerdos que no necesitamos y le resta impacto emocional a las situaciones que vivimos durante el día, además de reorganizar el gran almacén de nuestra memoria.
 
Por eso, no es extraño que pasemos aproximadamente un tercio de nuestras vidas durmiendo. Y también por eso cuando no dormimos bien, al otro día nos despertamos fatigados, tenemos problemas para concentrarnos y estamos más irritables.
 
Por tanto, ahora ya lo sabes: dormir bien es fundamental para la salud de tu cerebro y para prevenir enfermedades neurodegenerativas que pueden aparecer con el paso del tiempo. 
http://www.rinconpsicologia.com/

¿Por qué algunos sonidos provocan un profundo estremecimiento y rechazo?

Es probable que en más de una ocasión te haya sucedido: escuchas un sonido agudo y experimentas un profundo sobresalto, te embarga una sensación de rechazo inconsciente y visceral. Esa reacción se conoce como dentera o tiricia y se produce ante un estímulo que nuestro sistema nervioso cataloga como negativo.
 
De hecho, existen diferentes situaciones cotidianas que nos hacen cerrar los ojos y taparnos los oídos para intentar acallar ese sonido que tanto nos molesta. Algunos de los sonidos más comunes que provocan ese rechazo son:
 
– El arrastre de una tiza o de las uñas sobre la pizarra
 
– El choque entre dos metales
 
– El roce de la suela del zapato contra el suelo
 
– Deslizar el dedo sobre un globo inflado
 
– Morder un trozo de hielo
 
– Limarse las uñas
 
– Un cubierto que raya el fondo del plato
 

El rango de frecuencia que catalogamos como “áspero y doloroso”

 
Durante décadas los investigadores han intentado hallar la causa de la dentera o tiricia. Ahora sabemos que la mayoría de los sonidos más desagradables para el oído humano se producen entre 2 y 4 kHz, un rango de frecuencia que consideramos “áspero” y que se parece a la octava más alta del piano.
 
Así lo comprobaron investigadores de la Universidad de Viena, quienes se dedicaron a variar ligeramente el sonido de diferentes ruidos clasificados como desagradables, como pasar las uñas sobre una pizarra o un tenedor raspando un plato, para encontrar las frecuencias consideradas más “dolorosas”. Algunos de estos sonidos se atenuaban y otros se amplificaban.
 
Mientras los participantes se exponían a estos estímulos, también se medían las variaciones en su frecuencia cardíaca, presión arterial y conductancia de la piel, tres indicadores de estrés. Así los investigadores constataron que, efectivamente, los sonidos que provocan ese rechazo visceral se encuentran entre los 2 y 4 kHz.
 

¿Por qué esta frecuencia provoca esa reacción tan visceral?

 
Para comprender por qué estos sonidos nos hacen taparnos instintivamente los oídos y producen escalofríos debemos saber qué ocurre en el cerebro. La respuesta llega de la mano de neurocientíficos de la Universidad de Newcastle, quienes escanearon el cerebro de 13 personas expuestas a diferentes tipos de sonidos.
 
Así descubrieron que mientras más desagradables eran los sonidos, más se activaba la amígdala. La amígdala es una especie de centinela que nos mantiene alerta ante posibles peligros, desatando una respuesta emocional muy intensa de rechazo.
 
A continuación se activaba la corteza auditiva, para realizar un análisis más profundo de los sonidos, lo cual hacía que el sonido se percibiera de forma aún más penetrante y se intensificara la reacción emocional.
 
Como nota curiosa, las personas calificaron el sonido de un cuchillo sobre una botella de cristal como el más desagradable, seguido de un tenedor sobre un plato y una tiza sobre una pizarra. 
 
Sin embargo, lo interesante es que algunas de las características acústicas de nuestra voz caen dentro de esta banda de frecuencia. Entonces, ¿cómo es posible que esos sonidos nos resulten tan desagradables?
 
En este punto, los investigadores vieneses pusieron en marcha la segunda parte de su experimento. Hicieron que los participantes escucharan esos sonidos desagradables, pero a la mitad de ellos les avisaron de lo que escucharían y a la otra mitad les engañaron diciéndoles que escucharían una pieza de música contemporánea.
 
Así apreciaron que, independientemente de la percepción subjetiva de los sonidos, los indicadores fisiológicos de estrés se alteraron en todas las personas. Esto avala la teoría de que los sonidos que se encuentran dentro del rango de los 2 y 4 kHz desatan una reacción aversiva debido a una vulnerabilidad especial de nuestro oído. 
 
En práctica, todo parece indicar que nuestros conductos auditivos evolucionaron para priorizar precisamente este rango de frecuencia, de manera que pudiésemos distinguir el llanto de un bebé o la voz humana de otros sonidos ambientales. Por eso, al ser nuestros oídos más sensibles, también reaccionan con mayor intensidad a algunos de los ruidos que se encuentran precisamente en ese rango de frecuencia. 
http://www.rinconpsicologia.com/
 

7 cosas que haces hoy de las que te arrepentirás dentro de 10 años

El ritmo de vida que ha impuesto la sociedad puede llegar a ser agobiante. Inmersos en numerosos compromisos y responsabilidades, es fácil perder de vista las cosas más importantes. De hecho, pasamos gran parte de nuestra vida sin ser conscientes de que, a medida que pasa el tiempo, menos oportunidades tenemos para remediar los errores cometidos, por lo que es esencial encontrar un equilibrio aquí y ahora que nos permita satisfacer nuestras necesidades y, a la vez, ser más felices. Así podremos mirar al futuro con ilusión y encaminarnos hacia él con la certeza de que no tendremos grandes arrepentimientos.
 

El pasado no existe, el futuro es incierto, solo tenemos el hoy

 
1. Descuidar a los amigos. El tiempo pasa y postergamos todas aquellas cosas que no son urgentes. Como resultado, nos vemos atrapados en un sinfín de pequeñas tareas que en realidad no nos aportan mucho pero que se convierten en un agujero negro por el que se escapa nuestro tiempo. Como resultado, nos vamos alejando de los amigos, de manera que nuestro círculo social se va reduciendo cada vez más. Sin embargo, es importante no descuidar a esas amistades sinceras y profundas, a los amigos de la infancia y la juventud, para que un día, cuando lo necesites y mires a tu alrededor, no te encuentres solo.
 
2. Darse por vencido en una relación de pareja. Después de la fase de enamoramiento llega la etapa de compromiso y trabajo duro, que es precisamente cuando las personas suelen tirar la toalla. De hecho, prácticamente todos hemos roto con una persona significativa que, al cabo del tiempo, nos hace preguntarnos qué habría pasado si no nos hubiéramos dado por vencidos tan pronto. Por eso, cuando creas que una relación merece la pena, haz todo lo posible antes de tirar la toalla y, lo que es aún más importante, vívela plenamente ya que de esta forma, si en algún momento llega a su fin, no tendrás nada de qué arrepentirte.
 
3. No controlar el nivel de estrés. El ritmo de trabajo y las obligaciones familiares pueden llegar a asfixiarnos. Sin embargo, inventamos pretextos para no prestarle atención a esas primeras señales de estrés y seguimos recorriendo la vida por el carril rápido. Más temprano que tarde ese estrés nos pasará factura porque es una auténtica incubadora de enfermedades. Por eso, para que dentro de 10 años no te arrepientas de no haber parado a tiempo, es importante que aprendas a organizarte, que no te sobrecargues de planes que no puedes cumplir y que te desconectes de vez en cuando para que puedas relajarte y recargar las pilas.

4. No tomar decisiones por miedo. El miedo es la emoción más paralizante que existe, pero no podemos dejar que domine nuestras vidas hasta el punto que dicte nuestras decisiones. Si el miedo al rechazo social, a no ser lo suficientemente bueno, a arriesgar o a equivocarnos son los patrones en los que nos basamos para decidir, podemos estar seguros de que dentro de 10 años nos arrepentiremos de esas decisiones. Por supuesto, no se trata de lanzarse por un acantilado sin paracaídas pero debemos ser capaces de conectar con nuestro “yo” más profundo y descubrir exactamente qué queremos lograr en la vida, encontrar esas cosas que nos apasionan e ilusionan y atrevernos a alcanzarlas.
 
5. No decir lo que sentimos a las personas que amamos. Creemos que las personas que amamos y estimamos estarán siempre a nuestro lado, pero no es así. En realidad solo compartimos con ellas una parte de nuestras vidas y no sabemos cuándo nuestros caminos pueden separarse. Por eso, es importante expresar nuestros sentimientos, decirles cuánto las estimamos y queremos. Esas palabras son un bálsamo para el alma, fortalecen la relación y evitarán que te quedes en la boca con esas palabras que quisiste decir pero para las que no te alcanzó el tiempo. Di más a menudo: Te amo, Te quiero, Aprecio lo que haces por mí, Eres una persona importante en mi vida…
 
6. Trabajar demasiado. El trabajo es importante e incluso puede ser una fuente de satisfacción cuando amamos lo que hacemos. Sin embargo, no debe convertirse en la piedra angular de nuestras vidas porque hay mucho más que hacer y disfrutar. De hecho, haber trabajado demasiado, descuidando a la familia y amigos e incluso a uno mismo, es uno de los mayores arrepentimientos de las personas cuando llegan al final de sus vidas. Por supuesto, no se trata de abandonar el trabajo pero sí de asegurarse de que este no absorbe por completo nuestra vida personal.
 
7. Llevar un estilo de vida poco saludable. Ser sedentarios, acomodarse en el sofá delante del televisor, comer lo primero que tenemos a mano, beber alcohol con frecuencia y sin control así como fumar son hábitos que terminarán pasando factura a tu cuerpo y harán que envejezcas con menor calidad de vida. De hecho, se estima que a partir de los 30 años comienzan a ocurrir una serie de cambios en el organismo que pueden ser irreversibles, por lo que es el momento idóneo para comenzar a cuidarse.
 
Por último, recuerda que la vida es eso que pasa mientras hacemos otros planes. No dejes para mañana los cambios que te harán feliz hoy.
http://www.rinconpsicologia.com/

Hay personas pobres por como piensan, no por como viven

 

Hace ya muchísimo tiempo Platón dijo que “la pobreza no viene por la disminución de las riquezas sino por la multiplicación de los deseos”. El budismo también nos alerta de este problema al afirmar que “no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita”.
 
En la base de estas ideas se esconde una enseñanza fundamental que olvidamos a menudo: la riqueza no se halla en las posesiones materiales sino en nuestro interior. Por eso, hay muchas personas que, aún teniendo todo lo que necesitan e incluso mucho más para satisfacer sus necesidades materiales, siguen siendo pobres, son pobres de espíritu y de corazón, una pobreza que les hace profundamente infelices.
 

Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas

 
Esto dijo Publilio Siro, un escritor de la Antigua Roma, pero lo cierto es que sus palabras siguen teniendo plena vigencia en el siglo XXI. Existen personas que aunque podrían catalogarse como “pobres” teniendo en cuenta únicamente el aspecto económico, son ricas de corazón, mientras que otras que podrían calificarse como ricas” son pobres de afecto.
 
Hay personas que van por el mundo iluminando e inspirando, contagiando con su ejemplo de tolerancia y bondad. Otras piensan que el mundo es su jardín y que los demás les deben rendir honores. Esas personas no se conforman con lo que tienen y siempre quieren más, por lo que terminan siendo muy infelices ya que la insatisfacción se apodera de sus vidas. Lo curioso es que en muchas ocasiones ni siquiera se dan cuenta de que la fuente de su infelicidad se encuentra en ellas mismas, en sus ideas, actitudes, expectativas y comportamientos.
 
El egoísmo, la competitividad y las ansias de tener cada vez más han calado hasta los huesos, de manera que no son capaces de vislumbrar que existe otra forma de vida, una vida con menos pero que puede ser mucho más gratificante. En realidad, ni siquiera es su culpa, generalmente se trata de personas que han crecido en ambientes muy competitivos, donde les han enseñado que mientras más tienes más vales, y nunca se han cuestionado esta idea. 
 
Estas personas no conciben que se pueda ser feliz teniendo menos, aunque tampoco se dan cuenta de que no son más felices teniendo más. En el fondo, son víctimas de sus estereotipos y creencias, se han convertido en la víctima de una tela de araña que ellos mismos han ayudado a construir.
 

Ser y dejar ser

 
En Psicología normalmente se sigue un principio: no enfrentar a las personas a problemas que no pueden solucionar porque no cuentan con las herramientas necesarias. Así se evita la iatrogenia.
 
En la vida, hay muchos casos en los que debemos aplicar ese principio porque a veces las buenas intenciones terminan causando males mayores. Por tanto, cuando una persona no se muestra receptiva ante ciertos mensajes, es mejor no intentar cambiarla, convencerla y mucho menos provocar una discusión por ese asunto.
 
Cada quien debe vivir sus propias experiencias, y aprender de ellas. De hecho, no hay mejor maestro que la vida misma. Mientras tanto, nosotros podemos motivar con el ejemplo, porque no hay nada mejor para hacer reflexionar a los demás que demostrarles que se puede ser caritativo sin ser ricos, que se puede consolar aunque nos sintamos mal, que se puede ser empático incluso en medio de una competencia y que se puede ser muy feliz teniendo poco.
 
Hace ya muchísimo tiempo Platón dijo que “la pobreza no viene por la disminución de las riquezas sino por la multiplicación de los deseos”. El budismo también nos alerta de este problema al afirmar que “no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita”.
 
En la base de estas ideas se esconde una enseñanza fundamental que olvidamos a menudo: la riqueza no se halla en las posesiones materiales sino en nuestro interior. Por eso, hay muchas personas que, aún teniendo todo lo que necesitan e incluso mucho más para satisfacer sus necesidades materiales, siguen siendo pobres, son pobres de espíritu y de corazón, una pobreza que les hace profundamente infelices.
 

Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas

 
Esto dijo Publilio Siro, un escritor de la Antigua Roma, pero lo cierto es que sus palabras siguen teniendo plena vigencia en el siglo XXI. Existen personas que aunque podrían catalogarse como “pobres” teniendo en cuenta únicamente el aspecto económico, son ricas de corazón, mientras que otras que podrían calificarse como ricas” son pobres de afecto.
 
Hay personas que van por el mundo iluminando e inspirando, contagiando con su ejemplo de tolerancia y bondad. Otras piensan que el mundo es su jardín y que los demás les deben rendir honores. Esas personas no se conforman con lo que tienen y siempre quieren más, por lo que terminan siendo muy infelices ya que la insatisfacción se apodera de sus vidas. Lo curioso es que en muchas ocasiones ni siquiera se dan cuenta de que la fuente de su infelicidad se encuentra en ellas mismas, en sus ideas, actitudes, expectativas y comportamientos.
 
El egoísmo, la competitividad y las ansias de tener cada vez más han calado hasta los huesos, de manera que no son capaces de vislumbrar que existe otra forma de vida, una vida con menos pero que puede ser mucho más gratificante. En realidad, ni siquiera es su culpa, generalmente se trata de personas que han crecido en ambientes muy competitivos, donde les han enseñado que mientras más tienes más vales, y nunca se han cuestionado esta idea. 
 
Estas personas no conciben que se pueda ser feliz teniendo menos, aunque tampoco se dan cuenta de que no son más felices teniendo más. En el fondo, son víctimas de sus estereotipos y creencias, se han convertido en la víctima de una tela de araña que ellos mismos han ayudado a construir.
 

Ser y dejar ser

 
En Psicología normalmente se sigue un principio: no enfrentar a las personas a problemas que no pueden solucionar porque no cuentan con las herramientas necesarias. Así se evita la iatrogenia.
 
En la vida, hay muchos casos en los que debemos aplicar ese principio porque a veces las buenas intenciones terminan causando males mayores. Por tanto, cuando una persona no se muestra receptiva ante ciertos mensajes, es mejor no intentar cambiarla, convencerla y mucho menos provocar una discusión por ese asunto.
 
Cada quien debe vivir sus propias experiencias, y aprender de ellas. De hecho, no hay mejor maestro que la vida misma. Mientras tanto, nosotros podemos motivar con el ejemplo, porque no hay nada mejor para hacer reflexionar a los demás que demostrarles que se puede ser caritativo sin ser ricos, que se puede consolar aunque nos sintamos mal, que se puede ser empático incluso en medio de una competencia y que se puede ser muy feliz teniendo poco.
Hace ya muchísimo tiempo Platón dijo que “la pobreza no viene por la disminución de las riquezas sino por la multiplicación de los deseos”. El budismo también nos alerta de este problema al afirmar que “no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita”.
 
En la base de estas ideas se esconde una enseñanza fundamental que olvidamos a menudo: la riqueza no se halla en las posesiones materiales sino en nuestro interior. Por eso, hay muchas personas que, aún teniendo todo lo que necesitan e incluso mucho más para satisfacer sus necesidades materiales, siguen siendo pobres, son pobres de espíritu y de corazón, una pobreza que les hace profundamente infelices.
 

Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas

 
Esto dijo Publilio Siro, un escritor de la Antigua Roma, pero lo cierto es que sus palabras siguen teniendo plena vigencia en el siglo XXI. Existen personas que aunque podrían catalogarse como “pobres” teniendo en cuenta únicamente el aspecto económico, son ricas de corazón, mientras que otras que podrían calificarse como ricas” son pobres de afecto.
 
Hay personas que van por el mundo iluminando e inspirando, contagiando con su ejemplo de tolerancia y bondad. Otras piensan que el mundo es su jardín y que los demás les deben rendir honores. Esas personas no se conforman con lo que tienen y siempre quieren más, por lo que terminan siendo muy infelices ya que la insatisfacción se apodera de sus vidas. Lo curioso es que en muchas ocasiones ni siquiera se dan cuenta de que la fuente de su infelicidad se encuentra en ellas mismas, en sus ideas, actitudes, expectativas y comportamientos.
 
El egoísmo, la competitividad y las ansias de tener cada vez más han calado hasta los huesos, de manera que no son capaces de vislumbrar que existe otra forma de vida, una vida con menos pero que puede ser mucho más gratificante. En realidad, ni siquiera es su culpa, generalmente se trata de personas que han crecido en ambientes muy competitivos, donde les han enseñado que mientras más tienes más vales, y nunca se han cuestionado esta idea. 
 
Estas personas no conciben que se pueda ser feliz teniendo menos, aunque tampoco se dan cuenta de que no son más felices teniendo más. En el fondo, son víctimas de sus estereotipos y creencias, se han convertido en la víctima de una tela de araña que ellos mismos han ayudado a construir.
 

Ser y dejar ser

 
En Psicología normalmente se sigue un principio: no enfrentar a las personas a problemas que no pueden solucionar porque no cuentan con las herramientas necesarias. Así se evita la iatrogenia.
 
En la vida, hay muchos casos en los que debemos aplicar ese principio porque a veces las buenas intenciones terminan causando males mayores. Por tanto, cuando una persona no se muestra receptiva ante ciertos mensajes, es mejor no intentar cambiarla, convencerla y mucho menos provocar una discusión por ese asunto.
 
Cada quien debe vivir sus propias experiencias, y aprender de ellas. De hecho, no hay mejor maestro que la vida misma. Mientras tanto, nosotros podemos motivar con el ejemplo, porque no hay nada mejor para hacer reflexionar a los demás que demostrarles que se puede ser caritativo sin ser ricos, que se puede consolar aunque nos sintamos mal, que se puede ser empático incluso en medio de una competencia y que se puede ser muy feliz teniendo poco.
http://www.rinconpsicologia.com/