La mitad de las personas recuerdan hechos que nunca sucedieron

Solemos pensar en nuestra memoria como en un gran almacén donde nuestros recuerdos están a salvo. De hecho, de cierta forma lo es. La memoria es como un almacén donde nuestros recuerdos son catalogados y etiquetados. Sin embargo, no es un almacén perfectamente organizado y a menudo esos recuerdos se mezclan o incluso se confunden con experiencias que nos han contado otras personas o que hemos soñado. Por eso, no es extraño que psicólogos de la Universidad de Warwick hayan descubierto que la mitad de las personas recuerdan eventos que en realidad nunca sucedieron.
 

Cuéntame lo que nunca ha pasado, y lo recordaré

 
En el estudio participaron más de 400 personas, a las cuales se les implantaron recuerdos falsos, como haber dado un paseo en globo durante su infancia, haber hecho una broma pesada a un profesor o haber causado un incidente en una boda. Todo lo que hicieron los investigadores fue hablar de estos eventos asociándolos con otros hechos reales de la vida de las personas y más tarde el 30% de los participantes afirmaron “recordar” esos eventos falsos e incluso brindaron más detalles de lo que había sucedido. Otro 23% afirmó al inicio que no recordaban lo sucedido pero después dijeron que sí lo recordaban.
 
Sin embargo, las imágenes de los supuestos eventos, al contrario de lo que se podría suponer, no reforzó la memoria sino que hicieron que los participantes dudasen. Los psicólogos piensan que las imágenes hacen que la persona se esfuerce menos por recrear el suceso en su memoria, por lo que es más difícil que lo acepte como propio y logre conectarlo con otras vivencias. 
 
De hecho, otro estudio realizado en la Universidad de California descubrió que las personas que practican la meditación mindfulness son más propensas a recordar cosas que nunca han ocurrido. Esto se debe a que este tipo de meditación está enfocado en las experiencias interiores, en escudriñar el proceso mental, por lo que a las personas les puede resultar más difícil distinguir entre sus vivencias reales y aquellas que han imaginado.

Es más fácil implantar recuerdos falsos cuando estos evocan emociones negativas o sensaciones

 
En otro experimento llevado a cabo en la Universidad de Maastricht los psicólogos trabajaron con 76 niños de entre 7 y 9 años. Les pidieron que recordaran algún suceso que les hubiera ocurrido el año pasado y que imaginaran un evento de carácter neutral y otro negativo. 
 
Una semana más tarde volvieron a entrevistar a los niños preguntándoles sobre los tres eventos de los que habían hablado en el primer encuentro. Curiosamente, el 74% de los pequeños desarrollaron recuerdos falsos, sobre todo cuando estos tenían una impronta emocional negativa, como cuando imaginaban el acoso de un compañero de clase.
 
Los investigadores creen que los adultos no somos inmunes a este efecto. La clave radica en que los recuerdos neutrales no se almacenan en el mismo lugar que las experiencias de impronta negativa. De hecho, los recuerdos o los hechos negativos que imaginamos establecen más conexiones con el material existente, por lo que es probable que al recordarlos se activen otras memorias similares, las cuales reafirman ese suceso, aunque sea falso.

También se ha apreciado que cuando a las historias se les añaden detalles relacionados con los sentidos, como el tacto, el gusto, el olor y el oído, es más probable que consideremos ese hecho como real, lo cual se debe a que muchos de nuestros recuerdos están profundamente vinculados con este tipo de sensaciones.

De hecho, en uno de los experimentos más famosos sobre los recuerdos falsos, las personas, después de tan solo unos minutos de conversación, recordaban con felicidad aquel momento de su infancia en el que habían abrazado en su visita a Disney World a Bugs Bunny. Algunos describían la sensación de la piel del personaje y cómo se sintieron al acariciar sus enormes orejas. Más de una tercera parte de las personas que participaron en la investigación recordaron ese momento, aunque era imposible que hubiera ocurrido ya que el famoso conejo no es un personaje de Disney.


Los recuerdos falsos pueden ayudarnos a solucionar ciertos problemas o conflictos

 
Los recuerdos falsos son una construcción de la mente, aunque los recordamos como si fueran reales. Se producen debido a que la memoria no es un proceso pasivo sino que está cambiando y reconstrutyéndose continuamente. De hecho, en función de nuestras necesidades y expectativas, sin darnos cuenta de ello, añadimos o restamos detalles al recuerdo. Por tanto, esa memoria, que fue creada en algún momento a partir de una experiencia, sufre una serie de retoques sutiles a lo largo del tiempo, según vamos cambiando.

Nuestra memoria es falible y propensa a las distorsiones. Eso también indica que es manipulable y muy susceptible a lo que nos digan los demás. A primera vista, esa falta de fiabilidad de la memoria puede parecer algo negativo pero psicólogos de la City University afirman que no es así, o que al menos tiene su lado positivo que podemos usar a nuestro favor.

 
En esta ocasión los investigadores trabajaron con 30 adultos y 30 niños, quienes debían memorizar cuatro listas de diez palabras cada una y luego intentar recordarlas. Cada lista estaba formada por palabras relacionadas, aunque algunas listas tenían contenidos neutros, como “papel” y “mesa” y otros vinculados a la supervivencia, como “fuego” y “muerte”.

A continuación debían resolver una serie de rompecabezas compuestos por diferentes palabras, pero la solución se encontraba en las palabras que habían memorizado anteriormente. Lo curioso fue que aquellas personas que recordaron más palabras falsas también resolvían más rompecabezas y con mayor rapidez. Este efecto era aún más pronunciado cuando las palabras tenían un impacto emocional negativo.

Los psicólogos afirman que cuando nuestros recuerdos se vinculan con conceptos o experiencias que guardan algún tipo de relación, pueden aparecer memorias falsas, pero estas no son necesariamente negativas sino que pueden tener el objetivo de ayudarnos a solucionar determinados problemas o afrontar ciertos conflictos, aunque no siempre seamos plenamente conscientes de ellos.

De hecho, las memorias falsas son tan reales como las auténticas y pueden sernos de gran ayuda en determinados momentos. Por ejemplo, se ha apreciado que “recordar” lo mal que nos sentimos después de haber bebido demasiado puede contribuir a que rechacemos el alcohol, lo cual podría ayudarnos a lidiar con esta adicción, por ejemplo.

En otros casos, los detalles y cambios que añadimos a nuestros recuerdos nos ayudan a tener una imagen de nosotros mismos más coherente con el “yo” que somos ahora. En práctica, es como si le diéramos una mano de pintura a ciertos recuerdos, para que encajen mejor con nuestra identidad actual.

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El embarazo cambia el cerebro de la mujer

Todos sabemos que el embarazo acarrea muchos cambios, tanto en el orden físico como psicológico, aunque la mayoría de esos molestos síntomas desaparecen después de dar a luz. Sin embargo, se conoce muy poco sobre el impacto que tiene la gestación en el cerebro. ¿Puede el embarazo cambiar el cerebro de la futura madre? ¿Durante cuánto tiempo? A estas preguntas intentaron responder investigadores de la Universitat Autonoma de Barcelona, quienes han analizado por primera vez el efecto del embarazo en el cerebro de las futuras madres.
 

Durante la gestación se produce una poda sináptica

 
Estos investigadores compararon los datos de las pruebas de resonancia magnética de 25 madres primerizas antes y después de su embarazo con los de sus parejas masculinas, así como con los de un grupo control compuesto por 20 mujeres que nunca habían estado embarazadas y sus parejas. A estas personas se les dio seguimiento durante cinco años y medio.
 
Así descubrieron que en el embarazo se producen cambios en la morfología del cerebro, y que estos no desaparecen inmediatamente después de dar a luz sino que permanecen hasta al menos hasta dos años más tarde.
 
Los investigadores apreciaron que después del primer embarazo el cerebro de la mujer muestra una reducción significativa del volumen de materia gris en las regiones asociadas con la cognición social. 
Específicamente, se trata de una disminución simétrica del volumen de materia gris en la línea medial frontal y posterior del córtex, así como en áreas específicas de la corteza prefrontal y temporal en las mujeres embarazadas. Estas zonas forman parte de una red asociada con los procesos de la cognición social y el autoprocesamiento.
 
También se descubrió que las áreas donde se produjo la disminución de materia gris se superponían con las regiones cerebrales que se activaban cuando las madres observaban imágenes de sus bebés. Esto significa que los cambios solo afectan las zonas vinculadas con las funciones que la mujer necesita para afrontar los retos que supone la maternidad, por lo que se trata de un proceso adaptativo de especialización funcional hacia la maternidad.
 
Curiosamente, los investigadores también fueron capaces de predecir el apego que la madre sentiría por su bebé después de dar a luz mirando simplemente los cambios que ocurrían en su cerebro mientras estaba embarazada.
 

La pérdida de materia gris no es, necesariamente, negativa

 
El hecho de que disminuya el volumen de materia gris no es, necesariamente, algo negativo. Por ejemplo, un estudio anterior realizado en la Universidad de Maryland desveló que las personas que han desarrollado una mejor “Teoría de la Mente”; es decir, que comprenden a los demás y son capaces de ponerse en su lugar, también tienen un menor volumen de materia gris en estas regiones. 
 
De hecho, estos cambios son similares a la poda sináptica que ocurre durante la adolescencia, cuando las hormonas también se revolucionan y se eliminan las sinapsis más débiles para dejarle lugar a las redes neuronales más eficientes y especializadas, sobre todo en las zonas vinculadas con las relaciones sociales y emocionales, lo cual le permite al adolescente adaptarse mejor a su nuevo rol en la sociedad. 
 
Este paralelismo ha llevado a los científicos a plantear la hipótesis de que los cambios cerebrales que sufren las embarazadas podrían deberse a las variaciones hormonales, las cuales harían que algunas áreas del cerebro trabajen de manera más eficiente para que la mujer pueda cuidar mejor de su bebé. 
 
Por consiguiente, estos cambios podrían estar en la base del instinto maternal, permitiendo que la madre reconozca rápidamente las necesidades de su bebé, identifique las amenazas sociales que le acechan y fortalezca el vínculo afectivo.
 
De hecho, los investigadores no apreciaron cambios en la memoria, atención, lenguaje y pensamiento de las madres, por lo que esta pérdida de materia gris no implica ningún déficit cognitivo y no se debe considerar como algo negativo sino simplemente como una muestra más de la plasticidad del cerebro, que cambia rápidamente para adaptarse a las nuevas demandas del medio.
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Sesiones individuales de mindfulness

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¿Qué es Mindfulness? Practicar mindfulness consiste en prestar atención a la experiencia presente tal y como es, intencionadamente y sin juicio, sin evaluarla y sin reaccionar a ella, con una actitud compasiva, de apertura y amabilidad, independientemente de si la experiencia resulta agradable o desagradable.

¿Para qué sirve? La práctica y entrenamiento continuado en Mindfulness produce los siguientes efectos:

A nivel físico:

  • Aprendes a respirar mejor y a relajar cuerpo y mente
  • Potencia la vitalidad a la vez que un estado relajado
  • Influye en el sistema inmunitario (atenúa la secreción de la hormona cortisol como respuesta al estrés)
  • Regula la presión arterial
  • Mejora la calidad del sueño y los hábitos alimenticios

A nivel mental:

  • Nos permite llegar a captar la realidad por una parte y la forma en que nuestra mente la deforma por otra
  • Aumenta la concentración, la claridad mental y la resiliencia
  • Adquieres mayores niveles de calma, serenidad y paz interior

A nivel emocional:

  • Desarrolla y aumenta la empatía
  • Restablece el equilibrio emocional
  • Favorece los estados de ánimo positivos
  • Mejora la capacidad para vivir de otra manera las emociones y situaciones negativas

A nivel relacional:

  • Facilita el conocimiento de uno mismo a través de la comprensión de la propia experiencia
  • Fomenta una actitud básica de respeto y amor hacia sí mismo/a y hacia los demás
  • Favorece las relaciones sanas entre las personas a través de una serie de mecanismos, como la empatía incrementada y el equilibrio emocional

¿A quién se dirige?

En momentos de incertidumbre, ansiedad, estrés, dolor, duelo y otros períodos difíciles en los que nos sentimos condicionados por nuestros pensamientos, emociones, actitudes… Integrar la práctica de mindfulness en nuestra vida nos ayuda a centrar la atención en el momento presente, dejando a un lado divagaciones, parloteo mental, recuerdos, planes y preocupaciones que tanto cansancio, desgaste y estrés nos generan. Las sesiones individuales se dirigen a aquellas personas que quieren mejorar su calidad de vida, aprender a enfocar su atención para calmar la mente y vivir desde un estado de mayor tranquilidad y bienestar, así como a aquellas que quieren aumentar su capacidad de gestionar saludablemente el estrés, la ansiedad, las tensiones diarias, el dolor y el cansancio crónico, la tristeza, entre otras. Para realizar las sesiones de mindfulness no es necesaria experiencia previa, nuestra terapeuta, Maite Beitia Simón, adapta las sesiones a tus necesidades.

Duración: 1 hora. Con cita previa.

Objetivos:  

  • Adquirir técnicas eficaces y sencillas basadas en mindfulness para aprender a vivir con menos tensión, a equilibrar emociones, a desarrollar conciencia de nosotros mismos y de nuestro entorno
  • Reducir el estrés y la ansiedad
  • Aumentar la memoria y la capacidad de concentrarse en una tarea
  • Reducir la reactividad emocional y el insomnio
  • Aprender a gestionar eficazmente los pensamientos, las emociones y/o el dolor
  • Aprender a entender y soltar juicios, miedos, creencias y pensamientos que nos limitan
  • Observar atentamente, sin juicio, sin identificarse
  • Sincronizar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos
  • Vivir desde el presente, con mayor plenitud y bienestar
  • Encontrar espacios de quietud y autocuidado

Dinámica de las sesiones:  

  • Sesiones presenciales de una hora de duración, aproximadamente. Entrevista personal, adecuación y personalización de la práctica de mindfulness a cada proceso personal.
  • Herramientas entre sesiones, para incorporar el entrenamiento de la atención plena en nuestra vida cotidiana.
  • Con cita previa.

Lugar: Avenida Barón de Cárcer nº 48, 8º piso despacho L

Inversión: 40€ / sesión (incluye entrevista individual y sesión de mindfulness).

Teléfono de contacto: 656 691 415 (Maite)

Facilitación: Maite Beitia Simón (Psicóloga especialista en Mindfulness).

Si te interesan las clases grupales para probar la experiencia mindfulness clica aquí .