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¿QUÉ ES UNA VIDEOCONSULTA?

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ESTUDIO SOBRE LOS PAPELES DE LA FAMILIA

Introducción

    El grupo familiar cumple funciones importantes relacionadas con la reproducción, el crecimiento y el desarrollo del ser humano. Ocupa un lugar fundamental en la formación de motivos y comportamientos implicados en la salud, interviene en su protección, en el desencadenamiento y la recuperación de la enfermedad, en las decisiones sobre el uso de servicios profesionales y constituye la red de apoyo más potente y eficaz en el ajuste a la vida social y muy en especial ante los procesos de salud, enfermedad y muerte. Sin embargo, la familia como unidad básica de la sociedad no ha estado bien posicionada en el campo de la salud. Su necesidad de atención, en tanto grupo de funcionamiento crucial en el desarrollo del individuo, no ha sido bien visualizada y su carácter de agente mediador no se ha tenido en cuenta suficientemente en las estrategias de promoción de la salud, prevención de los riesgos y recuperación de la enfermedad y sus secuelas.1

    Se han identificado un conjunto de problemas que afectan la atención de la familia y en particular en el Sistema de Salud. Algunos de estos problemas se relacionan con la fragmentación y dispersión de la literatura para el estudio del tema, cierta entropía en la metodología de atención familiar en salud, poca producción de autores y un pensamiento profesional todavía muy centrado en el individuo enfermo y en el método clínico individual. Todo esto indica la ausencia de un cuerpo teórico que integre la concepción de la Psicología de la familia a la concepción de salud y que fundamente científicamente la necesidad del enfoque familiar en la atención de salud.2

    La familia ejerce una función mediadora de los procesos sociales en los individuos, función que posee dado su carácter de grupo especial y su funcionamiento peculiar. Es el elemento de la estructura social responsable de la reproducción y el desarrollo del ser humano. En ella se produce la transmisión de la experiencia histórica social de la humanidad, matizada por las vivencias particulares de cada familia y del contexto inmediato de su existencia. Cumple papeles de gran importancia para el desarrollo biológico, psicológico y social, en especial en la formación de la personalidad, en la educación de los valores ético – morales y espirituales de las nuevas generaciones.

    La función de expresar amor, brindar afecto y protección es primordial en la vida familiar, así como la educación, la socialización y la formación moral. El afecto constituye el vehículo en el cual se ejercen las funciones familiares y uno de los canales comunicativos más importantes en las relaciones de esta naturaleza.

    En todo lo relacionado con la conservación y protección de la salud, la familia cumple roles esenciales, de gran trascendencia, en tanto desempeña las funciones inherentes a la satisfacción de necesidades básicas y el cuidado de sus integrantes, lo que incluye además la obtención y administración de los recursos económicos para el hogar y la organización de servicios domésticos. En el seno de la familia se forman los motivos, patrones y hábitos relacionados con el comportamiento implicado en la salud, se gestan procesos que actúan como protectores de salud o desencadenantes de la enfermedad y se desarrollan recursos de apoyos altamente significativos y efectivos. Las rutinas familiares y el rol de brindar atención influyen en las posteriores conductas de salud de los hijos, dado el valor de las interacciones placenteras familiares en los aprendizajes de salud.3

Desarrollo

    El comportamiento grupal familiar es dinámico en sí mismo, en tanto supone movimiento constante regido por motivos individuales y del grupo. La relación mutua entre los miembros de la familia modela una dinámica particular interactiva y circular, sus miembros sufren necesariamente cambios que desestabilizan al grupo, algunos provenientes del propio desarrollo evolutivo y otros provenientes del medio social. El carácter de sistema que tiene la familia no debe analizarse al margen de la dialéctica de su desarrollo, de la historia generacional y del contexto social.4

    Además, parte la teoría del desarrollo evolutivo de la familia ofrece la comprensión de las diferentes etapas por las que atraviesan la mayoría de las familias, las tareas que cada etapa demanda de la familia y los conflictos que ocurren con más frecuencia. Importantes autores han descrito las regularidades de las etapas por las que atraviesa una familia, denominadas ciclo vital familiar (Haley, 1973; Duvall, 1977; Carter y Mc Goldrick, 1988; Pittmann, 1990) y han propuesto diferentes taxonomías que comparten semejante plataforma conceptual, basada en la teoría del ciclo vital y el estrés familiar.5

    Según la definición de Salud Familiar emitida por la OMS que plantea que “la salud familiar se evalúa a partir de la capacidad de cumplir sus funciones adaptarse y superar las crisis con sus propios recursos”, se puede inferir que no se tienen en cuenta otros factores determinantes que influyen directamente en el adecuado funcionamiento de la familia y su influencia sobre el crecimiento y desarrollo individual de sus miembros.6

    Ortiz (1997) la define como “la salud del conjunto los miembros de la familia en términos de funcionamiento efectivo de la misma, en la dinámica interna relacional, en el cumplimiento de las funciones para el desarrollo de los integrantes y en la capacidad de enfrentar los cambios del medio social y del propio grupo, propiciando el crecimiento y desarrollo individual según las exigencias de cada etapa de la vida”; por lo que se hace aún insuficiente para definir en toda su generalidad la importancia que se le atribuye a la familia en la incidencia y prevalencia de los procesos críticos de la salud entre otros factores.6

    Pérez (1997) plantea que la salud familiar “no es la suma de la salud individual, no es estática, es el resultado del equilibrio armónico de sus tres componentes: la salud – incidencia y prevalencia -, los factores socioeconómicos y culturales y el funcionamiento familiar- como expresión de la capacidad de la familia para optimizar sus recursos y disminuir su vulnerabilidad a los diferentes eventos vitales. La salud familiar adquiere un carácter específico para cada familia, aunque refleje regularidades generales”. Desde esta concepción no se hace referencia a la estructura familiar teniendo en cuenta su composición y al apoyo social como elementos esenciales a elaborar para una definición de salud familiar.6

    La salud familiar “se configura en una trama compleja de condiciones socioeconómicas, culturales, ambientales, biológicas, genéticas, psicológicas y relacionales que se definen a escala microsocial en el contexto del hogar y se expresa en el modo particular en que la familia provee experiencias potenciadoras de salud y asume en forma constructiva y creativa las exigencias que deviene de cada etapa de desarrollo biopsicosocial de sus integrantes” y de la vida social.

    La salud familiar depende de la interacción entre factores personales (psicológicos, biológicos y sociales), factores propios del grupo familiar – funcionabilidad, estructura, economía familiar, etapa del ciclo vital, afrontamiento a las crisis y factores sociopsicológicos como el modo de vida de la comunidad, de la sociedad.7

    La salud familiar es el resultado de la interrelación dinámica del funcionamiento de la familia, sus condiciones materiales de vida y la salud de sus integrantes. Es necesario decir que el elemento común en todas las definiciones es lo referido a la denominación de la familia como sistema y elemento dinámico relacional entre sus miembros, así como el considerar a la salud familiar como algo diferente a la suma de cada uno de sus miembros.

    La funcionabilidad de la familia se mide por la capacidad para resolver las crisis que se presentan, unida como grupo, por las formas en que expresa sus afectos, en cómo se permite el crecimiento individual y cómo se produce la interacción entre sus miembros para respetar la autonomía y espacio individual.

    En referencia al rol determinante de la familia para el desarrollo social y el bienestar de sus miembros, se plantea que la familia es la que proporciona los aportes afectivos y materiales necesarios para el desarrollo y bienestar de sus miembros. Ella desempeña un rol decisivo en la educación formal e informal, es en su espacio donde son absorbidos los valores éticos y humanísticos y donde se profundizan los lazos de solidaridad.8

    La familia es el grupo de intermediación entre el individuo y la sociedad. Constituye el núcleo más primario del ser humano, en ella el hombre inscribe sus primeros sentimientos, sus primeras vivencias, incorpora las principales pautas de comportamiento y le da un sentido a sus vidas. Sin embargo, a pesar de las grandes transformaciones del mundo contemporáneo la familia sigue siendo el hábitat natural del hombre, ya que cumple funciones que son insustituibles por otros grupos e instituciones.

    En los tiempos actuales mucho se habla de la crisis de la familia ya que han surgido valores emergentes que tienden a sustituir los valores de la familia tradicional. La familia a su vez se ha diversificado en su composición, estructura y tipología. Hoy ya no es posible hablar de la familia sino de las familias. Han cambiado las formas de hacer pareja, los estilos de autoridad, las pautas de crianza, los modelos de maternidad y paternidad, las formas de convivencia. Pero nada apunta hacia la desaparición de la familia como grupo humano, muy por el contrario la familia ha resistido a los impactos de los cambios sociales.

    La relación entre individuo, familia y sociedad hay que entenderla en sus múltiples interrelaciones y no como un proceso unidireccional. Se hace necesario entender dos niveles de análisis para la familia: uno Macrosociológico y uno Microsociológico. El primero para establecer las relaciones entre familia y sociedad y el segundo para explicar la interrelación entre familia e individuo.9

    La familia es una categoría histórica, está determinada por el sistema social que le sirve de marco. El modo de producción imperante condiciona las formas de existencia de la familia, las jerarquías de sus funciones, los valores predominantes, los principios éticos. Esta determinación puede analizarse en sentido inverso, lo que ocurre en una familia trasciende su marco particular para influir en la sociedad en su conjunto. El grupo familiar de origen es un poderoso agente formador de la personalidad, influye decisivamente en la salud de los individuos.

    Aún persiste una visión idealizada retrospectiva de familia vista como un agrupamiento nuclear compuesto por un hombre y una mujer unidos en matrimonio, más los hijos tenidos en común, todos bajo el mismo techo; el hombre trabaja fuera de la casa y consigue los medios de subsistencia de la familia; mientras la mujer en casa cuida de los hijos del matrimonio. Sin embargo ya la familia actual está muy lejos de representar esa realidad.10

    Se hace necesario someter esta idea de familia a un proceso de reconstrucción, que consiste en ir retirando de la definición, elementos que antiguamente eran considerados como absolutos pero que ahora se tiene por plenamente relativos (Palacios y Rodrigo, 2000):

  • El matrimonio no es necesario para que podemos hablar de familia y de hecho, las uniones consensuales son consideradas familias.
  • Uno de los dos progenitores puede faltar, quedándose el otro sólo con él o los hijos; tal es el caso de las familias monoparentales, en las que por muy diversas razones uno de los progenitores, casi siempre la madre, se hace cargo del cuidado de sus descendientes.
  • Los hijos del matrimonio son muy frecuentemente tenidos en común pero pueden llegar también por la vía de la adopción, provenientes de otras uniones anteriores o por las modernas técnicas de reproducción asistida.
  • La madre ya sea en el contexto biparental o monoparental no tiene que dedicarse en exclusivo al cuidado de los hijos sino que se puede desarrollar en actividades laborales fuera del hogar.
  • El padre por otra parte no tiene que limitarse a ser un mero generador de recursos para la subsistencia de la familia sino que puede implicarse muy activamente en el cuidado y la educación de los hijos.
  • El número de hijos se ha reducido, hasta el punto que en muchas familias hay solamente uno.
  • Algunos núcleos familiares se disuelven como consecuencia de procesos de separación y divorcio, siendo frecuente la posterior unión con una nueva pareja en núcleos familiares reconstituidos o reensamblados.10

    Tras esta deconstrucción el concepto de familia queda para algunos autores definido como la unión de personas que comparten un proyecto vital de existencia en común que se quiere duradero, en el que se generan fuertes sentimientos de pertenencia ha dicho grupo, existe un compromiso personal entre sus miembros y se establecen intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia.

    La familia como institución social cumple funciones básicas tales como: función biológica, función económica y función cultural espiritual. Como resultado de la realización de estas funciones se cumple la función educativa. La manera particular en que se dan estas funciones en una sociedad determinada depende en gran medida del sistema socio económico. Así en una sociedad dada en cada momento histórico las funciones pueden aparecer en equilibrio o hipertrofiadas.

    La familia cubre las necesidades primordiales del ser humano como ser biológico, psicológico y social. La función educativa vista como una supra función de las demás incluye elementos importantes dentro de los que se destacan:

  1. Función de crianza: la crianza como proceso no hace referencia exclusivamente a la alimentación y los cuidados físicos, sino a aspectos que tienen como finalidad proporcionar un cuidado mínimo que garantice la supervivencia del niño, un aporte afectivo y un maternaje y paternaje adecuado.
  2. Función de culturización y socialización: la familia se constituye en el vehículo trasmisor de pautas culturales a través de varias generaciones permitiendo al mismo tiempo modificaciones de las mismas. La socialización de los miembros es especialmente importante en el período del ciclo vital que transcurre desde la infancia hasta la etapa del adolescente y adulto joven.
    • Entre sus objetivos se encuentran:
      • la protección y continuación de la crianza,
      • la enseñanza del comportamiento e interacción con la sociedad,
      • la adquisición de una identidad de género,
      • la inculcación de valores sociales, éticos y morales,
      • la confirmación de una identidad personal, familiar y social.
  3. Función de apoyo y protección: la función de apoyo psicosocial, es una de las principales de la familia, ya que puede ejercer un efecto protector y estabilizador frente a los trastornos mentales. La familia facilita la adaptación de sus miembros a las nuevas circunstancias en consonancia con el entorno social.

    Dentro de los ciclos evolutivos de la familia podemos señalar, como los más importantes los siguientes:

  1. matrimonio,
  2. nacimiento del primer hijo,
  3. adolescencia,
  4. desprendimiento de los hijos,
  5. jubilación
  6. muerte.

    Cada etapa exige de la familia una reorganización, estructurar reglas nuevas, ajustarse a la situación y elaborar pérdidas.

    La inclusión de nuevos miembros, como en el caso de los nacimientos de nuevos hijos, o nuevos matrimonios, y la salida de algún miembro como en el divorcio, migraciones o muertes, son eventos transicionales de cambio importantes a considerar dentro del proceso salud enfermedad de la familia.

    Si hacemos un análisis de los temas más importantes abordados por los autores contemporáneos en el estudio psicológico de la familia tanto para la orientación, prevención y terapia, habría un consenso en destacar los siguientes conceptos: sistema, limite, espacios, roles, comunicación y autonomía.11

    El enfoque social de la salud y del comportamiento humano aporta concepciones teóricas que fundamentan la evaluación de la familia para los fines de atención de salud, desde la perspectiva psicosocial.

    El nivel primario de salud es el más apropiado para la atención familiar. Se conoce que las personas con problemas psicosociales tienden más a usar servicios médicos primarios que los especializados y sin embargo no son atendidas integralmente; se aboga por ampliar la perspectiva estrecha de las cuestiones biomédicas en la atención Primaria.

Conclusiones

    La familia es un contexto de desarrollo y socialización para los hijos y al mismo tiempo de desarrollo y de realización para los adultos. Como agente de socialización la familia aporta un sano crecimiento en las conductas básicas de comunicación, diálogo y simbolización.

    Es un escenario donde se construyen personas adultas con una determinada autoestima y un determinado sentido de si mismo y que experimentan un cierto nivel de bienestar psicológico en la vida cotidiana frente a los conflictos y situaciones estresantes.

    La familia además de cumplir funciones importantes es un grupo que atraviesa por cambios evolutivos, que exigen de la misma un proceso de continuos ajustes. Estos cambios son producidos tanto desde el exterior, como resultado de los continuos movimientos sociales, así como desde el interior, por los cambios evolutivos de sus miembros y por transformaciones estructurales. Así, una familia potencialmente es más funcional, en la medida que exista un equilibrio en el cumplimiento de sus funciones y a su vez disponga de recursos adaptativos para enfrentar los cambios.

Referencias bibliográficas

  1. Louro I. Campo de la Salud del Grupo Familiar. En: Alvarez Sintes. Temas de Medicina General Integral. Vol. 1 Salud y Medicina. La Habana: Ciencias Médicas; 2008. Cap 44.p. 421.
  2. Louro, B.I (2004): La psicología de la salud y la salud familiar. En Psicología de la Salud. Fundamentos y Aplicaciones (Hernández M. E, A. I. Grau, A. F. de los Santos), Centro Universitario de Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara.
  3. Castro A PL. Cómo la familia cumple su función educativa. La Habana: Pueblo y Educación; 2002 p. 8.
  4. Louro I. Campo de la Salud del Grupo Familiar. En: Álvarez Sintes. Temas de Medicina General Integral. Vol. 1 Salud y Medicina. La Habana: Ciencias Médicas; 2008. Cap 44.p. 424.
  5. Louro I. Campo de la Salud del Grupo Familiar. En: Álvarez Sintes. Temas de Medicina General Integral. Vol. 1 Salud y Medicina. La Habana: Ciencias Médicas; 2008. Cap 44.p. 424 – 433.
  6. Louro. I. Salud familiar. En: Álvarez Sintes. Temas de Medicina General Integral. Vol. 1 Salud y Medicina. La Habana: Ciencias Médicas; 2008. Cap 18. p. 132.
  7. Louro I. Modelo teórico – metodológico para la evaluación de salud del grupo familiar en la atención primaria. Ciudad de La Habana. 2004. [Tesis en opción al grado de Doctora en Ciencias de la Salud] 2004, Escuela Nacional de Salud Pública, Ciudad de La Habana.
  8. Louro I. Familia en el ejercicio de la medicina general integral. En: Álvarez Sintes. Temas de Medicina General Integral. Vol. 1 Salud y Medicina. La Habana: Ciencias Médicas; 2008. Cap 43.p. 414.
  9. Louro I. Enfoque familiar en la salud. En: Temas de Actualización en Salud Pública. [Monografía en CD ROM] Escuela Nacional de Salud Pública: 2003.
  10. Ares Muzio, Patricia. Psicología de la familia. Una aproximación a su estudio. Editorial Félix Varela. 2002. Pág. 21 y 22.
  11. Ares Muzio, Patricia. Psicología de la familia. Una aproximación a su estudio. Editorial Félix Varela. 2002. Pág. 25 y 28.

By:

Lic. Rosa Margarita Pérez Calviño*

Lic. René Carbonell Pérez**

MSc. Lic. Dixan Alba Martínez***

*Licenciada en Psicología Médica. Profesora instructora

Psicóloga en el Policlínico Nº 2 “Ángel Ortiz Vázquez”

**Licenciado en Ingles. Promotor cultural

Profesor instructor en la Universidad de Ciencias Médicas de Granma

***Licenciado en Cultura Física. Master en Longevidad Satisfactoria

Profesor Auxiliar de la Universidad de Ciencias Médicas de Granma

El sonido del silencio: Un maravilloso libro ilustrado para escuchar nuestra voz interior en el ruidoso mundo moderno

«Hay muchas cosas buenas que no podemos decir si nos vemos obligados a gritar«, afirmó el filósofo estadounidense Henry David Thoreau. Un año antes había escrito en su diario: “Quiero oír el silencio de la noche, porque el silencio es algo positivo que merece ser escuchado”. 
 
Hoy, un siglo y medio después, nos encontramos inmersos en una sociedad que confunde los gritos con la autoridad y la voz con la esencia. Parece que hemos olvidado lo que Susan Sontag dijo hace medio siglo: «el silencio permanece, ineludiblemente, como una forma de comunicar«, con su propio discurso.
 
Sin duda, existen muchos tipos de silencio pero «el silencio fértil de la conciencia, pastoreando el alma«, en palabras del sociólogo Paul Goodman, es el que más necesitamos porque solo este nos permite encontrar el necesario equilibrio para vivir.
 
Esa es precisamente la idea que inspiró a la escritora Katrina Goldsaito, con la ayuda de la ilustradora Julia Kuo, a realizar este maravilloso libro titulado «El sonido del silencio». Se trata de la historia de un niño llamado Yoshio, que descubre la belleza evasiva del silencio en medio del bullicio de la ciudad de Tokio.
 
Seguimos a Yoshio mientras sale de su casa una mañana lluviosa y se zambulle en la sinfonía de sonidos urbanos de la ciudad, las «gotas de agua golpeando su paraguas«, las «botas pisando los charcos«. El niño disfruta todos y cada uno de esos sonidos.
Sin embargo, mientras recorre este camino plagado de maravillas auditivas, de repente le cautiva un sonido precioso. Sin dudarlo, sigue esas notas hasta encontrar a una anciana que afina su koto.

La anciana tocó para el niño. ¡Las notas le hicieron cosquillas en los oídos a Yoshio! Cuando terminó, Yoshio reconoció: “¡Me encantan los sonidos, pero nunca había escuchado un sonido igual!»
 
La anciana se rió.
 
«¿Tienes un sonido favorito?”, le preguntó Yoshio.
 
«El sonido más hermoso», dijo la anciana, «es el sonido del silencio».
 
“¿El silencio? – preguntó Yoshio. Pero la anciana se limitó a dedicarle una sonrisa y volvió a su trabajo.»
 
Asombrado por el críptico mensaje, el niño se puso en marcha decidido a encontrar el sonido del silencio.

Se encaminó al sitio más tranquilo que conocía, el bosque de bambú que se encontraba detrás de la escuela, pero incluso allí el silencio era interrumpido por el sonido de las cañas de bambú mecidas por el viento.

Mientras Yoshio regresaba a casa, siguió buscando el silencio, en la estación de tren, cuando se sentó a la mesa a comer con sus padres… Pensó que lo encontraría en el cuarto de baño pero incluso allí sus dedos hacían ruido mientras jugueteaban con el agua.

Espero pacientemente hasta que cayó la noche pero incluso en ese momento escuchaba el sonido distante de la radio de un vecino.

A la mañana siguiente, llegó a la escuela antes que los demás y se sentó a leer una historia, que lo absorbió por completo, transportándolo a ese lugar que había estado buscando infructuosamente durante el día anterior.
 
De repente, en medio de una página, lo oyó.
 
No había ruidos de pasos, ni gente parloteando, ni radios, ni cañas de bambú entrechocando, ni las notas del koto.
 
En ese breve instante, Yoshio ni siquiera podía oír el sonido de su propia respiración. Todo estaba dentro de él. Pacífico, como el jardín después de nevar, como las mantas rellenas de plumas que se secan al sol.
 
El silencio había estado allí todo el tiempo”.
En ese momento Yoshio comprendió algo que olvidamos con facilidad: el silencio no es la ausencia de sonido sino la presencia plena, la conciencia de escucha interior, una sintonía del oído con la mente y una orientación del espíritu hacia la calma interior.
web original: rinconpsicologia

¿Sabías que tienes un sistema inmunitario psicológico?

El sistema inmunitario nos protege contra toda clase de agentes infecciosos que abundan en el medio. De hecho, es imposible controlar nuestra exposición a virus, bacterias y demás agentes patógenos, pero si tenemos un sistema inmunitario fuerte y sano, nuestras probabilidades de enfermar se reducen.

No obstante, psicólogos como Dan Gilbert, de la Universidad de Harvard, creen que también tenemos un sistema inmunitario psicológico. Y las personas que lo fortalecen pueden lidiar mejor con las adversidades y los problemas, sin que estos sumen demasiada ansiedad, depresión o desesperanza.

 
Según esta teoría, de la misma manera que existen personas que prácticamente son inmunes a los virus y casi nunca se enferman, también hay quienes pueden enfrentar las peores tragedias con mayor entereza de ánimo mientras otros se desmoronan, entristecen o estresan ante los problemas más nimios.
 
Sin embargo, lo cierto es que todos tenemos un sistema inmunitario psicológico. Los estudios indican que aproximadamente el 75% de las personas logran encontrar un nuevo equilibrio que les permite ser felices al cabo de los dos años después de haber sufrido una gran tragedia.
 
El sistema inmunitario psicológico se encargaría de construir una red de seguridad que nos proteja de los efectos del estrés crónico y nos dé fuerzas para soportar los eventos más terribles. Mientras que el sistema inmunitario biológico nos mantiene vivos para protegernos de las enfermedades, el sistema inmunitario psicológico amortigua el impacto de los golpes emocionales y nos permite seguir adelante.
 

Sobrevalorarse como estrategia para proteger la autoestima

 
El sistema inmunitario psicológico activa diferentes estrategias para protegernos, una de ellas consiste en evitar que nos odiemos por nuestros fracasos. Esa es la razón por la cual tenemos la tendencia a atribuir los problemas a factores externos, como el gobierno, un subalterno incompetente o simplemente la mala suerte. 
 
De esta forma preservamos nuestra autoestima y no nos sentimos tan deprimidos, frustrados o desesperanzados. De hecho, un estudio llevado a cabo en la Virginia Commonwealth University reveló que las personas con tendencia a la depresión en realidad tienen una perspectiva más objetiva del mundo y suelen ser más lógicas y reflexivas. Al contrario, quienes mantienen una actitud más optimista es porque ponen en práctica determinados sesgos que les ayudan a lidiar mejor con su realidad.
 
Por eso, no es extraño que cuando nos comparamos con los demás pensamos que somos más inteligentes, que tenemos menos prejuicios, que somos más éticos y que viviremos más años.
 
No se trata de algo negativo. De hecho, psicólogos de la Universidad de California afirman que los estados mentales de autoafirmación positiva, incluso las ilusiones positivas, contribuyen a disminuir nuestro nivel de estrés. Estos investigadores apreciaron que las enfermedades incurables avanzaban con mayor lentitud en las personas que albergaban ilusiones optimistas, aunque fueran poco realistas, ya que estas tienen un efecto protector. 
 
Desde el punto de vista biológico, esto se debe, en parte, a la acción del eje hipotalámico-pituitario-adrenal, que regula desde la digestión y la temperatura corporal hasta el humor, la energía física y el sistema inmunitario biológico. Este eje también modula nuestra respuesta ante el estrés, por lo que se ha apreciado que las personas con una percepción positiva tienen un eje hipotalámico-pituitario-adrenal más saludable que quienes tienen una percepción más negativa de la vida y de sí mismos.
 
Solo es necesario asegurarse de que no perdemos demasiado el contacto con la realidad y que esas ilusiones no son tan irreales que terminen haciéndonos daño.
 

Nuestra mente piensa en positivo automáticamente

 
Varios estudios sugieren que las personas tienen un temor infundado a los eventos negativos. Solemos imaginar las peores consecuencias y suponemos que reaccionaremos muy mal aunque en realidad cuando nos enfrentamos a esos problemas solemos responder mejor de lo que pensábamos. Esto se debe a que normalmente subestimamos nuestra resiliencia. Por consiguiente, ni los eventos positivos ni los negativos cambian tanto nuestra vida como pensábamos.
 
De hecho, cuando se trata de lidiar con la adversidad, es mejor dejar que nuestro inconsciente tome las riendas. Un estudio llevado a cabo en la Universidad Estatal de Florida reveló que cuando irrumpen en nuestra mente pensamientos sobre la muerte, ya sea la propia o la de personas que queremos, nuestro cerebro no se queda paralizado en la negatividad o el miedo durante mucho tiempo sino que intenta moverse hacia pensamientos más positivos.
 
En el experimento, los psicólogos prepararon a más de 100 personas para que pensaran en su propia muerte. A otro grupo le pidieron que imaginaran un evento desagradable, como ir al dentista. Luego les presentaron algunas raíces de palabras que debían completar, como “go”, a partir de la cual podían escribir términos como “gobierno” o “gozo”. Así los investigadores evaluaban su estado emocional inconsciente. 
 
Descubrieron que quienes habían pensado en la muerte solían elegir palabras más positivas, como “gozo”. Este mecanismo que ocurre a nivel inconsciente es el sistema inmunitario psicológico en acción, intentando mitigar los efectos del dolor y el sufrimiento, llevándonos a ver la parte positiva de la vida, incluso cuando estamos ante los eventos más desoladores.
 

¿Cómo fortalecer el sistema inmunitario psicológico?

 
El sistema inmunitario psicológico está compuesto por dos elementos esenciales: el componente resiliencia, que significa enfrentar la adversidad sin desmoronarse y salir fortalecido, y el componente de eudaimonía, que señala que la felicidad sostenible no proviene del placer sino del significado de la vida. Por tanto, para fortalecer tu sistema inmunitario psicológico debes:
 
– Encontrar el sentido de la vida. Las personas que tienen un por qué, son capaces de encontrar el cómo incluso en las condiciones más difíciles. Si tienes un buen motivo para vivir, la adversidad te  golpeará pero saldrás más fuerte.
 
– Aprender a centrarse en lo positivo. Las personas resilientes son aquellas que, incluso en la adversidad, no se derrumban y son capaces de encontrar lo positivo en los problemas. Cada situación, por mala que parezca, encierra un aprendizaje, que se convierte a la vez en una oportunidad para crecer.

– Practicar el desapego. Se trata de comprender la vida como el curso de un río, en el que todo llega y todo se va. De esta forma logras aceptar tanto las cosas buenas como las malas, sabiendo que no son eternas y que, antes o después, el dolor y el sufrimiento desaparecerán.
 
– Dominar la atención. David Kessler, especializado en la muerte y el sufrimiento, cree que la mayoría de las enfermedades mentales están causadas por algo que capta de manera obsesiva nuestra atención. Por tanto, si somos capaces de dominar nuestra atención, desarrollaremos un sistema inmunitario más eficaz. De hecho, el gran maestro indio Shantideva afirmaba: “una persona distraída vive continuamente en las fauces de las aflicciones mentales”.
web original: rinconpsicologia

Los 3 tipos de energía que alimentan tu «batería emocional»

Hay momentos en la vida en los cuales sentimos que las fuerzas nos abandonan. En esos momentos es como si nuestra “batería” personal se descargara. Puede deberse a un periodo intenso de trabajo, a una gran adversidad o simplemente al exceso de rutinas cotidianas. La buena noticia es que si nos mantenemos atentos al estado de carga de esa “batería”, podemos evitar llegar a ese punto en el que el cansancio, la desesperanza y el hastío se apoderen de nosotros.

Sin embargo, esa especie de «batería emocional» se alimenta de diferentes tipos de energía y debemos cerciorarnos de equilibrar las tres.

1. Energía emocional

 
Las emociones son una potentísima fuente de energía que solemos desestimar. De hecho, si te sientes alegre, feliz o entusiasta también sentirás que puedes con todo, creerás que puedes comerte el mundo y podrás enfrentar mejor los problemas que se presentan porque tienes la energía emocional adecuada.
 
Al contrario, si te sientes triste, te invade la nostalgia o la frustración o tienes miedo, es probable que te envuelva una desagradable sensación de parálisis y de agotamiento extremo que se convertirá en un obstáculo adicional a lo largo del camino, sea cual sea.
 
La buena noticia es que la energía emocional también depende de nosotros, podemos mejorar su calidad. Joseph Campbell nos da una pista: «Encuentra un lugar en tu interior donde haya alegría y esa alegría quemará el dolor«.

– Cultivar las emociones positivas, como la diversión, la relajación, la gratitud… Es importante que aprendas a maximizar estas emociones y que planifiques actividades que te hagan sentir bien. De esta forma podrás “recargarte”positivamente.
 
– Darle un significado a las emociones “negativas”. Luchar contra las emociones negativas solo te servirá para perder una energía preciosa. En su lugar, debes aprender a aceptarlas y dejarlas ir. También te ayudará encontrarles un sentido, ya que un aprendizaje mitigará su impacto negativo.
 

2. Energía mental

«La energía de la mente es la esencia de la vida«, afirmó Benjamin Franklin, y no andaba muy desacertado. Nuestros pensamientos e ideas no son gratuitos, consumen recursos y energía. De hecho, algunos psicólogos han llegado a afirmar que preocuparse equivale al mismo desgaste al que nos sometemos cuando intentamos realizar dos tareas al mismo tiempo. Sin embargo, rara vez nos percatamos de cómo nuestros pensamientos, preocupaciones, ideas catastrofistas y peores augurios nos roban la energía.

Obviamente, la energía mental también se escapa cuando nos vemos inmersos en demasiados proyectos y tareas ya que nuestros recursos mentales, como la capacidad de atención y el autocontrol, son limitados. Por eso, no es extraño que después de un gran desafío intelectual terminemos muy agotados.
 
Afortunadamente, podemos reducir esa “pérdida de energía mental”:
 
– Haz solo una cosa a la vez. El hecho de tener varias ventanas del navegador abiertas, ver la televisión mientras navegas por las redes sociales con el móvil o intentar abarcar demasiado provoca un gran desgaste que se convierte en un agujero negro por donde escapa tu energía. Por tanto, concéntrate en una sola cosa a la vez y elimina las distracciones.
 
– Alterna períodos de trabajo y descanso. Las pausas y los periodos de descanso te permiten “recargar” la energía, de manera que no te quedarás en “cero”. De esta forma te resultará más fácil retomar el trabajo o cualquier otra actividad y no llegarás al punto en el que el agotamiento mental te venza.
 

3. Energía espiritual

 
La energía espiritual es la gran olvidada, pero es fundamental porque es la que nos da la fuerza para levantarnos cada mañana y no desfallecer aunque la adversidad llame a nuestra puerta. Esa energía proviene de los proyectos, las causas, las ilusiones y los sueños que más nos apasionan. 
 
La energía espiritual está profundamente vinculada al sentido de la vida, nos da un gran impulso y se activa fundamentalmente en los momentos más difíciles para ayudarnos a recuperar la esperanza, la ilusión y las ganas de salir adelante. Desgraciadamente, al decir del escritor checo Václav Havel «La tragedia del hombre moderno no es que sabe cada vez menos sobre el sentido de su propia vida, sino que se preocupa cada vez menos por ello«.

Por eso, para hacer acopio de energía espiritual es conveniente que:
 
– Cultives tus sueños. La ilusión es el motor de la vida, sin ella poco a poco todo va perdiendo el sentido. Por eso, es fundamental que nunca dejes de soñar y te plantees continuamente nuevas metas que te ayuden a mantenerte vivo. 
 
– Formes parte de algo mayor. Varios estudios han puesto de manifiesto que las personas que se involucran en causas que van más allá de ellas mismas experimentan una mayor satisfacción con la vida y se sienten más felices. Por eso, es importante que te animes a encontrar ese proyecto que te permite trascender y conectar con los demás.
web original: rinconpsicologia