¿Qué causa las pesadillas?

Un extraño nos persigue, nos caemos al vacío desde lo alto de un rascacielos, queremos avisarle a alguien de un peligro pero nos quedamos sin voz, tenemos que correr para ponernos a salvo pero nos quedamos paralizados… Estos son algunos de los temas recurrentes de las pesadillas que tienen la mayoría de los adultos.
 
Al despertar, respiramos con dificultad y nuestro corazón parece que quiere salirse del pecho. De hecho, en muchos casos incluso necesitamos un poco de tiempo para darnos cuenta de que solo ha sido un mal sueño.
 
Un estudio realizado en la Universidad de Pittsburgh indicó que el 29% de las personas adultas suelen tener al menos una pesadilla al mes, mientras que entre un 2 y un 6% tienen una pesadilla a la semana. Es curioso, pero las personas mayores suelen tener menos pesadillas, casi la mitad que los adultos más jóvenes.
 

7 causas de las pesadillas 

 
Generalmente las pesadillas ocurren cuando dormimos más profundamente, durante la fase REM. En esta fase los ojos se mueven rápidamente pero nuestro cuerpo está paralizado ya que el cerebro desconecta las zonas motoras, para evitar que podamos movernos y hacernos daño durante uno de esos sueños. Sin embargo, ¿qué causa las pesadillas? 
 
1. Demasiado estrés. El estrés es uno de los principales desencadenantes de las pesadillas. Las tensiones acumuladas a lo largo del día pueden tener repercusiones sobre los sueños ya que la actividad onírica a menudo es una expresión de nuestros temores y preocupaciones cotidianas.De hecho, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Heidelberg en 840 atletas de alto rendimiento desveló que el 15% de ellos solían tener pesadillas antes de la competición. Por tanto, si estás muy estresado, es probable que esas tensiones se manifiesten durante el sueño. 
 
2. Exponerse a una situación impactante antes de acostarse. La última cosa que haces antes de dormir influye enormemente en tus sueños. Por tanto, si ves una película de terror, estás leyendo un libro espeluznante o has recibido una noticia impactante, es probable que esas últimas experiencias se reflejen en tus sueños. Incluso las escenas o las noticias violentas que ves en el televisor pueden reflejarse en tus sueños, aunque al estar despierto pienses que no te han impactado. Por consiguiente, si quieres dormir apaciblemente, debes cerciorarte de que nada perturbe las últimas horas antes de irte a la cama. 
 
3. Dormir poco. Se ha apreciado que largos periodos de deprivación del sueño provocan un incremento de las pesadillas. Al contrario de la creencia popular, cuando no dormimos lo suficiente nuestro cerebro entra en un estado de excitación que dificulta conciliar un sueño reparador. Esa es la razón por la que las pesadillas son más vívidas cuando llevas varios días durmiendo poco. De hecho, también son más comunes en las personas que padecen dolor crónico y tienen problemas para dormir.
 
4. Experiencias vitales negativas. Los sueños incorporan muchos detalles de nuestra vida cotidiana, aunque normalmente de forma abstracta. Por eso, lo más común es que las pesadillas giren sobre las experiencias que hemos tenido a lo largo del día. De hecho, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Harvard que analizó los sueños y pesadillas de 20 personas, concluyó que lo más usual es que aparezcan contenidos de los últimos dos o siete días. Aunque en algunos casos la causa de la pesadilla es más antigua y se remonta a experiencias autobiográficas, sobre todo si estas han sido impactantes y no las hemos superado por completo. 
 
5. Características de personalidad. Ciertos rasgos personológicos pueden hacer que seamos más propensos a tener pesadillas. Un estudio realizado en la década de 1980 descubrió que las personas que tenían pesadillas con frecuencia también compartían tres rasgos: la desconfianza, la alienación y el distanciamiento emocional. Otro estudio realizado en The Graduate Theological Union reveló que las personas que tienen una tendencia política más conservadora también reportan más pesadillas que los liberales.
 
6. Enfermedades y fármacos. A veces la causa de las pesadillas se encuentra en una enfermedad. Los estudios han descubierto que quienes padecen de epilepsia, apnea del sueño o síndrome de las piernas inquietas son más propensos a tener pesadillas ya que tienen un patrón de sueño más irregular. Los malos sueños también son comunes en las personas que padecen depresión, fobias y estrés post-traumático. Además, se conoce que algunos medicamentos pueden aumentar las probabilidades de tener pesadillas, sobre todo los que alteran los niveles de neurotransmisores en el cerebro, como los antidepresivos, los antiparkinsonianos, los barbitúricos y las benzodiacepinas. 
 
7. Cena demasiado copiosa. Comer demasiado antes de irse a la cama es una de las causas de las pesadillas pues implica que no habrás hecho la digestión adecuadamente, por lo que tu metabolismo estará más activo, aumentará la temperatura corporal y, como resultado, se estimula la actividad cerebral. De esta manera, es probable que no puedas dormir bien y que tengas pesadillas.
 

¿Y si las pesadillas fueran vías para resolver nuestros problemas? 

 
La buena noticia es que no todos los males vienen para hacer daño. De hecho, una de las teorías que intenta explicar el origen y significado de las pesadillas hipotetiza que se deben a que en ese momento estamos pensando en algún asunto complicado y nuestra mente intenta lidiar con ello. Durante el día, cuando pensamos en algo que nos estresa o asusta, simplemente apartamos esa idea de nuestra mente enfrascándonos en otra actividad pero cuando estamos dormidos, nuestra mente divaga sin rumbo y no podemos recurrir a las distracciones. Entonces aparecen las pesadillas. 
 
Según esta teoría, en muchos casos las pesadillas se encargan de reproducir escenarios difíciles para ayudarnos a buscar soluciones que puedan servirnos durante el día o simplemente para incitarnos a reaccionar ante la adversidad.De esta forma, aunque nos asusten, no serían tan “malas”.
fuente original: rinconpsicologia
 

La negligencia emocional sufrida en la infancia crea adultos poco asertivos

La asertividad es una competencia esencial para la vida. No solo nos evitará numerosos problemas en el ámbito de las relaciones interpersonales sino que también nos permitirá perder menos la paciencia y vivir de manera más equilibrada y relajada. De hecho, Anthony Robbins afirmó que “la forma en que nos comunicamos con los demás y con nosotros mismos, en última instancia, determina la calidad de nuestras vidas“.

La asertividad no es más que la capacidad para hacer valer nuestros derechos con claridad de manera adecuada, sin ser demasiado pasivos ni muy agresivos, respetando a su vez los derechos de los demás.
 
Sin embargo, aunque parece muy sencillo, ponerla en práctica es un poco más complicado. De hecho, la mayoría de las personas que nos rodean no son asertivas, o lo son en muy poca medida. ¿Por qué?
 
En muchos casos la razón se encuentra en su infancia. Si hemos crecido en un hogar donde se practicaba la negligencia emocional, donde las emociones eran ignoradas o incluso castigadas, simplemente no hemos tenido la oportunidad de desarrollar la asertividad.
 

Tus 10 derechos asertivos

 
1. Tienes derecho a juzgar tu propio comportamiento, pensamientos y emociones, así como asumir la responsabilidad por ellos.
 
2. Tienes derecho a no ofrecer excusas ni explicaciones por tus decisiones.
 
3. Tienes derecho a decidir si asumes la responsabilidad de resolver los problemas de los demás.
 
4. Tienes derecho a cambiar de opinión.
 
5. Tienes derecho a cometer errores, y asumir las consecuencias.
 
6. Tienes derecho a decir “no lo sé”.
 
7. Tienes derecho a actuar independientemente de la “buena voluntad” de los demás.
 
8. Tienes derecho a tomar decisiones ilógicas.
 
9. Tienes derecho a decir “no lo entiendo”.
 
10. Tienes derecho a decir “no me interesa”.
Sin embargo, las personas cuyos padres pensaban que expresar las emociones era algo negativo, probablemente no serán conscientes de sus derechos. Si tus padres ignoraban o incluso castigaban tus expresiones emocionales, te habrá llegado el mensaje de que tus sentimientos, emociones y necesidades no cuentan.
 
Por tanto, quizá a menudo te descubres diciéndote frases como: “no hables de cosas negativas”, “no puedes dejar que los demás sepan cómo te sientes o qué piensas en realidad” o “no provoques alteraciones”. Estas frases seguramente provienen del discurso de tus padres, pero se han enquistado tanto en tu inconsciente que siguen determinando tu comportamiento, aunque hayas crecido.
 

Los resultados de la negligencia emocional en la adultez

 
La negligencia emocional es la incapacidad para responder adecuadamente a las necesidades emocionales de los niños. De hecho, una de las tareas fundamentales de los padres es, precisamente, validar las emociones de sus hijos y enseñarles a encauzarlas de la manera más adecuada. Los padres son el modelo emocional de sus hijos, son las personas en quienes estos se reflejan y buscan apoyo cuando se encuentran desorientados.
 
Si los padres no son capaces de reconocer esas emociones o cuando estas afloran les restan importancia a través de frases como “no hay motivos para llorar” o “no ha pasado nada”, le estarán diciendo al niño que su reacción, que es completamente normal y comprensible, no es adecuada. Como resultado, ese pequeño no sabrá qué hacer, por lo que se convertirá en un adulto que:
 
– No confía en sus emociones e instinto, ya que le han enseñado a ocultarlos e ignorarlos.
 
– Tiene dificultades para reconocer sus emociones y sentimientos ya que nunca fueron validados.
 
– Tiene problemas para expresar de forma asertiva sus emociones, por lo que asume posturas extremas: permite que los demás le pisoteen o se muestra muy agresivo.
 
– Desarrolla una baja autoestima pues cree que no es digno de ser amado.
 
– Experimenta sentimientos de culpabilidad y cree que no tiene derecho a ser él mismo.

Las bases para desarrollar la asertividad en cualquier etapa de la vida

– Aprender a reconocer las emociones propias y etiquetarlas. Saber exactamente cómo te sientes y por qué te ayudará a gestionar mejor esas emociones, de manera más asertiva.

– Ser consciente de tus derechos como persona, sabiendo que mereces ser tratado con respeto. Y ser consciente de que los demás merecen lo mismo.

– Valorar las opiniones de los demás, sabiendo que podemos disentir sin juzgar ni menospreciar al otro. Y exigir lo mismo a cambio.

– Desarrollar una autoestima sana, comprendiendo que los errores no disminuyen tu valía sino que son oportunidades para crecer. De esta forma no te sentirás amenazado por los demás y no responderás de manera agresiva ni dejarás que te pisoteen.

Por supuesto, también será de gran ayuda aprender algunas técnicas asertivas, para lidiar con las situaciones más complicadas.

En el caso de los niños, para desarrollar la asertividad es fundamental que los padres aprendan a respetar su individualidad y sus opiniones, aunque puedan parecer infantiles o poco prácticas. Estas preguntas podrán obrar milagros para educar a un niño seguro y asertivo:

– ¿Qué piensas?
– ¿Cómo te sientes?
– ¿Qué necesitas?
– ¿Qué tienes que decir?

De esta manera los niños aprenderán a:

– Descubrir lo que sienten y necesitan.
– Saber que sus emociones y necesidades son importantes
– Expresar sus emociones y necesidades de manera que la otra persona les respete.

La canción más relajante del mundo disminuye la ansiedad en un 65%

La ansiedad es uno de los grandes monstruos de la era moderna. Una investigación publicada hace poco por científicos de la Universidad de Harvard señaló que los problemas causados por el estrés y la ansiedad causan más muertes que la diabetes y la influenza. Sin duda, este estado, sobe todo si se mantiene a lo largo del tiempo, no es algo que se pueda tomar a la ligera.
 
El hecho de que vivamos en una cultura altamente competitiva e individualista contribuye en gran medida a que desarrollemos un mayor nivel de ansiedad. Cuando sentimos que no tenemos asideros a los cuales aferrarnos podemos experimentar ataques de pánico, la sensación de ahogo y una enorme ansiedad; síntomas de la desconexión de la que somos víctimas.
 
Por desgracia, no existe una herramienta mágica para eliminar este problema y los medicamentos para la ansiedad tampoco son la solución, al menos a largo plazo. Sin embargo, en momentos de gran tensión podemos recurrir a la música, una excelente estrategia para canalizar nuestros estados de ánimo y reencontrar el equilibrio perdido. De hecho, los estudios de neuroimagen han revelado que la música actúa a un nivel profundo del cerebro, estimulando zonas a las que no solemos acceder de manera racional que están vinculadas con las respuestas emocionales.
 

¿Cuál es la canción más relajante del mundo?

 
Un equipo de investigadores del Minlab International se propuso encontrar las piezas musicales que más pueden ayudarnos a combatir la ansiedad. Estos neurocientíficos encontraron que un tema en particular arrojaba resultados espectaculares ya que las personas reportaban una reducción del 65% en sus niveles de ansiedad.
 
Para llegar a estas conclusiones reclutaron a un grupo de voluntarios y les pidieron que completaran una serie de rompecabezas, una tarea contrarreloj. La prueba estaba especialmente concebida para generar estrés. Luego los participantes escucharon diferentes temas musicales, mientras los investigadores monitorizaban su ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la actividad cerebral y el ritmo respiratorio en busca de signos que indicaran una disminución del estrés.
 
El tema musical en cuestión es de Marconi Union, un trío británico que lo compuso precisamente para promover un estado de relajación. Por eso, no es extraño que hace algunos años lo catalogaran como “la canción más relajante del mundo”. 
 

Este tema es tan especial porque comienza con un ritmo mantenido de 60 pulsaciones por minuto para disminuir gradualmente hasta llegar a 50. Cuando la escuchamos y nos centramos en la música, nuestro corazón se “sintoniza” con esas pulsaciones. También influye el hecho de que el tema dure ocho minutos ya que ese proceso de sincronización fisiológica tarda aproximadamente cinco minutos, por lo que una canción más corta no tendría el mismo efecto relajante. 
 
Por otra parte, los intervalos armónicos entre las notas crean la sensación de euforia y comodidad. Además, la melodía está compuesta de forma tal que le permite al cerebro desconectarse por completo ya que no necesita mantenerse alerta para prever qué pasará en la próxima nota.
 
En vez de continuos altibajos, aparecen carrillones de forma aleatoria que inducen un sentido más profundo de la relajación. El elemento final son los sonidos bajos, como un murmullo o zumbido, como los cantos budistas. 
 
Por supuesto, este tema musical no es la panacea y es probable que algunas personas encuentren otras canciones mucho más relajantes. En cualquier caso, lo importante es que tengas tu propia playlist para los momentos en que más lo necesites.
 
Si necesitas inspiración, estos neurocientíficos consideran que estas son las 10 canciones más relajantes del mundo:
 

10. “We Can Fly” de Rue du Soleil (Café Del Mar)
9. “Canzonetta Sull’aria” de Mozart
8. “Someone Like You” de Adele
7. “Pure Shores” e All Saints
6. “Please Don’t Go” de Barcelona
5. “Strawberry Swing” de Coldplay
4. “Watermark” de Enya
3. “Mellomaniac (Chill Out Mix)” de DJ Shah
2. “Electra” de Airstream
1. “Weightless” de Marconi Union
WEB ORIGINAL: http://www.rinconpsicologia.com

¿Cómo la tecnología está cambiando la Psicología?

La Psicología nunca se ha mantenido al margen de los adelantos tecnológicos, siempre ha intentado incorporarlos a su práctica. Si echamos un vistazo, a lo largo de la historia de esta ciencia descubriremos que muchos psicólogos, psiquiatras y neurólogos han inventado sus propios artefactos en base a los avances tecnológicos de la época. 
 
En el siglo XVIII, por ejemplo, Franz Anton Mesmer, un médico austríaco, recurrió a los imanes para intentar aliviar los trastornos mentales. Creó sus famosas “cubas de la salud”, un recipiente de madera en el cual dos hileras de botellas llenas de agua magnetizada corrían hacia una barra de acero provista de puntas conductoras movibles. El paciente se aplicaba una de esas puntas en la región dolorida. También solía sentar a las personas alrededor de esta cuba con las manos agarradas para transmitirse el magnetismo de unos a otros.
 
No obstante, fue en el siglo XIX cuando se desató en la Psicología la pasión por los aparatos, fundamentalmente de medición y restringidos al uso en el laboratorio. Tal es el caso del pletismógrafo, que podría considerarse como la antesala de la TAC y que medía los cambios en el volumen cerebral en personas con lesiones craneales.
 
Fue también en esta época cuando se inventó el quimógrafo, el precursor del polígrafo, que llegaría en las primeras décadas del siglo XX, y que aún hoy se sigue utilizando para medir las variaciones en los parámetros fisiológicos cuando la persona se expone a ciertos estímulos.
 
Ahora la Psicología se enfrenta a nuevos retos planteados por la tecnología digital, el avance de Internet y los móviles así como el uso de la Realidad Virtual y la Realidad Aumentada, nuevos horizontes que están cambiando no solo nuestra manera de comunicarnos sino también de percibir el mundo y de vivir.
 

Las pruebas computarizadas se convierten en la norma

 
Antes los test de Psicología se realizaban a mano, con lápiz y papel. El psicólogo o psicometrista se sentaba delante de la persona y aplicaba las diferentes pruebas. Sin embargo, ahora muchas de ellas se completan en los ordenadores o directamente en los móviles. De esta forma se ahorra tiempo y muchas personas refieren sentirse menos nerviosas ya que la presencia del psicólogo les intimidaba un poco.
 
En el ámbito investigativo la posibilidad de realizar las pruebas a distancia abre nuevos horizontes ya que es posible recolectar más datos en muchísimo menos tiempo. De hecho, muchos de los grandes estudios, que implican a miles de participantes, se realizan basados en encuestas online que las personas pueden llenar desde cualquier parte del mundo. 
 
Obviamente, esta nueva forma de recolectar información también implica que el psicólogo no puede brindar niveles de ayuda y ver cómo reacciona la persona. De esta manera, las pruebas computarizadas no analizan el potencial, sino que se centran en brindar un cuadro, más o menos certero, del presente. Por eso, es fundamental formular correctamente las preguntas y estructurar bien la encuesta, tal y como explican aquí, así como elegir la herramienta online más adecuada para crear el cuestionario. De esta manera se minimiza el riesgo de que las personas dejen las encuestas a mitad o de recopilar información que después es muy difícil de computar.
 

El “Big Data” le da un empujón a nuevas ramas de la Psicología

 
Antes cada ciencia iba por su propio camino, los resultados de sus investigaciones no trascendían ese campo. Sin embargo, con el Big Data el vasto océano de datos que produce cada uno de esos estudios se puede encauzar fácilmente, de manera que es posible tener acceso a bases de datos enormes en las que se pueden analizar y cruzar diferentes variables del comportamiento.
 
Esa posibilidad, antes inexistente, ha permitido que se desarrollen disciplinas como la Neuroeconomía y el Neuromarketing. De hecho, abre el camino a la realización de metaanálisis más completos donde se puede acceder a una cantidad de datos enorme que ofrecen conclusiones más cercanas a la realidad, a partir del análisis del comportamiento de cientos de miles de personas. De esta manera también se puede comprender mejor cómo reaccionan y en qué circunstancias, para diseñar tratamientos más adecuados.
 

Las consultas se dan por Internet

 
Ya no es necesario desplazarse hasta la consulta del psicólogo, basta tener una conexión Internet y se puede recibir la terapia en el hogar. Cuando el caso no es muy grave, muchos psicólogos ofrecen la posibilidad de realizar algunas sesiones online o incluso todo el tratamiento. De esta forma se abaten las barreras geográficas y las personas que tienen dificultades para desplazarse no tienen por qué renunciar al tratamiento.
 
Esta nueva forma de hacer terapia también anima a aquellas personas que tenían miedo a ser vistas entrando a la consulta de un psicólogo, ya que aún existen muchos estereotipos al respecto. Por otra parte, ya existen programas online en los que las personas pueden permanecer en el anonimato para aclarar sus dudas o recibir orientación psicológica.
 
Obviamente, las consultas online también tienen puntos en contra. Por ejemplo, al psicólogo le resulta más complicado leer el lenguaje extraverbal, de manera que puede pasar por alto detalles significativos. En las sesiones online se pueden captar pistas visuales pero existen límites y no es posible observar tantos signos emocionales como en un encuentro cara a cara.
 
También es más difícil establecer el rapport necesario para la terapia, así como lograr que la persona se sienta a gusto y apoyada. Aun así, un metaanálisis publicado recientemente ha desvelado que la terapia online puede llegar a ser tan eficaz como la terapia presencial para el tratamiento de trastornos depresivos, de ansiedad y las fobias.
 

Curarse en un mundo de Realidad Virtual para curarse en la vida real

 
La Realidad Virtual está ganando terreno en las consultas de Psicología, sobre todo para tratar trastornos como la ansiedad, las fobias y el estrés postraumático, donde ya ha demostrado su eficacia. De hecho, un metaanálisis que incluyó 13 estudios en los que se comparaba el uso de la Realidad Virtual con la terapia in vivo en casi 400 pacientes, concluyó que esta herramienta no solo es más eficaz, sino que sus resultados se mantienen a lo largo del tiempo.
 
La clave radica en que la Realidad Virtual aprovecha nuestro miedo y desconcierto, un estado que desencadena una fuerte respuesta emocional que cambia el funcionamiento de nuestro cerebro, impidiéndonos detectar los pequeños detalles que nos indicarían que no estamos en un entorno real. Todo esto ocurre en apenas 12 o 15 milisegundos y aunque la situación que la persona vive en el entorno virtual no es real, se activan los mismos mecanismos fisiológicos y psicológicos, por lo que se puede corregir la respuesta inadecuada con extraordinaria eficacia. 
 
Además, la Realidad Virtual tiene un mayor índice de aceptación que la desensibilización sistemática y la exposición in vivo, ya que aproximadamente el 27% de las personas se niegan a someterse a las técnicas tradicionales simplemente porque tienen demasiado miedo. Al contrario, solo el 3% de las personas se niegan a usar la Realidad Virtual pues saben que podrán enfrentar sus miedos en un entorno terapéutico seguro y controlado, en el que pueden decidir cuándo parar.
 
Además, los sistemas de Realidad Virtual más modernos permiten que el psicólogo pueda graduar la exposición en cada instante de la terapia, adaptando la experiencia al nivel de cada paciente. También se pueden mantener monitorizadas las constantes fisiológicas de la persona, para saber exactamente su nivel de ansiedad y lograr que no aumente de manera excesiva. 
 

¿Le contarías tus problemas a un robot? 

 
Sin embargo, lo más interesante no son los cambios que ya se están poniendo en práctica sino los que vendrán en un futuro. Ahora mismo, el 6% de las aplicaciones para móviles en el campo de la salud están enfocadas en la salud mental. Muchas de ellas pretenden convertirse en una especie de “coach digital” que le brinda orientaciones a la persona para lidiar con su trastorno o mejorar ciertas áreas de su vida.
 
Por otra parte, los ingenieros ya están trabajando en un nuevo campo denominado “computación afectiva” con el objetivo de lograr que las máquinas aprendan a captar y reaccionar ante nuestros estados emocionales. Por tanto, quizá en un futuro, podrías contarle tus problemas a un robot 😉

La mitad de las personas recuerdan hechos que nunca sucedieron

Solemos pensar en nuestra memoria como en un gran almacén donde nuestros recuerdos están a salvo. De hecho, de cierta forma lo es. La memoria es como un almacén donde nuestros recuerdos son catalogados y etiquetados. Sin embargo, no es un almacén perfectamente organizado y a menudo esos recuerdos se mezclan o incluso se confunden con experiencias que nos han contado otras personas o que hemos soñado. Por eso, no es extraño que psicólogos de la Universidad de Warwick hayan descubierto que la mitad de las personas recuerdan eventos que en realidad nunca sucedieron.
 

Cuéntame lo que nunca ha pasado, y lo recordaré

 
En el estudio participaron más de 400 personas, a las cuales se les implantaron recuerdos falsos, como haber dado un paseo en globo durante su infancia, haber hecho una broma pesada a un profesor o haber causado un incidente en una boda. Todo lo que hicieron los investigadores fue hablar de estos eventos asociándolos con otros hechos reales de la vida de las personas y más tarde el 30% de los participantes afirmaron “recordar” esos eventos falsos e incluso brindaron más detalles de lo que había sucedido. Otro 23% afirmó al inicio que no recordaban lo sucedido pero después dijeron que sí lo recordaban.
 
Sin embargo, las imágenes de los supuestos eventos, al contrario de lo que se podría suponer, no reforzó la memoria sino que hicieron que los participantes dudasen. Los psicólogos piensan que las imágenes hacen que la persona se esfuerce menos por recrear el suceso en su memoria, por lo que es más difícil que lo acepte como propio y logre conectarlo con otras vivencias. 
 
De hecho, otro estudio realizado en la Universidad de California descubrió que las personas que practican la meditación mindfulness son más propensas a recordar cosas que nunca han ocurrido. Esto se debe a que este tipo de meditación está enfocado en las experiencias interiores, en escudriñar el proceso mental, por lo que a las personas les puede resultar más difícil distinguir entre sus vivencias reales y aquellas que han imaginado.

Es más fácil implantar recuerdos falsos cuando estos evocan emociones negativas o sensaciones

 
En otro experimento llevado a cabo en la Universidad de Maastricht los psicólogos trabajaron con 76 niños de entre 7 y 9 años. Les pidieron que recordaran algún suceso que les hubiera ocurrido el año pasado y que imaginaran un evento de carácter neutral y otro negativo. 
 
Una semana más tarde volvieron a entrevistar a los niños preguntándoles sobre los tres eventos de los que habían hablado en el primer encuentro. Curiosamente, el 74% de los pequeños desarrollaron recuerdos falsos, sobre todo cuando estos tenían una impronta emocional negativa, como cuando imaginaban el acoso de un compañero de clase.
 
Los investigadores creen que los adultos no somos inmunes a este efecto. La clave radica en que los recuerdos neutrales no se almacenan en el mismo lugar que las experiencias de impronta negativa. De hecho, los recuerdos o los hechos negativos que imaginamos establecen más conexiones con el material existente, por lo que es probable que al recordarlos se activen otras memorias similares, las cuales reafirman ese suceso, aunque sea falso.

También se ha apreciado que cuando a las historias se les añaden detalles relacionados con los sentidos, como el tacto, el gusto, el olor y el oído, es más probable que consideremos ese hecho como real, lo cual se debe a que muchos de nuestros recuerdos están profundamente vinculados con este tipo de sensaciones.

De hecho, en uno de los experimentos más famosos sobre los recuerdos falsos, las personas, después de tan solo unos minutos de conversación, recordaban con felicidad aquel momento de su infancia en el que habían abrazado en su visita a Disney World a Bugs Bunny. Algunos describían la sensación de la piel del personaje y cómo se sintieron al acariciar sus enormes orejas. Más de una tercera parte de las personas que participaron en la investigación recordaron ese momento, aunque era imposible que hubiera ocurrido ya que el famoso conejo no es un personaje de Disney.


Los recuerdos falsos pueden ayudarnos a solucionar ciertos problemas o conflictos

 
Los recuerdos falsos son una construcción de la mente, aunque los recordamos como si fueran reales. Se producen debido a que la memoria no es un proceso pasivo sino que está cambiando y reconstrutyéndose continuamente. De hecho, en función de nuestras necesidades y expectativas, sin darnos cuenta de ello, añadimos o restamos detalles al recuerdo. Por tanto, esa memoria, que fue creada en algún momento a partir de una experiencia, sufre una serie de retoques sutiles a lo largo del tiempo, según vamos cambiando.

Nuestra memoria es falible y propensa a las distorsiones. Eso también indica que es manipulable y muy susceptible a lo que nos digan los demás. A primera vista, esa falta de fiabilidad de la memoria puede parecer algo negativo pero psicólogos de la City University afirman que no es así, o que al menos tiene su lado positivo que podemos usar a nuestro favor.

 
En esta ocasión los investigadores trabajaron con 30 adultos y 30 niños, quienes debían memorizar cuatro listas de diez palabras cada una y luego intentar recordarlas. Cada lista estaba formada por palabras relacionadas, aunque algunas listas tenían contenidos neutros, como “papel” y “mesa” y otros vinculados a la supervivencia, como “fuego” y “muerte”.

A continuación debían resolver una serie de rompecabezas compuestos por diferentes palabras, pero la solución se encontraba en las palabras que habían memorizado anteriormente. Lo curioso fue que aquellas personas que recordaron más palabras falsas también resolvían más rompecabezas y con mayor rapidez. Este efecto era aún más pronunciado cuando las palabras tenían un impacto emocional negativo.

Los psicólogos afirman que cuando nuestros recuerdos se vinculan con conceptos o experiencias que guardan algún tipo de relación, pueden aparecer memorias falsas, pero estas no son necesariamente negativas sino que pueden tener el objetivo de ayudarnos a solucionar determinados problemas o afrontar ciertos conflictos, aunque no siempre seamos plenamente conscientes de ellos.

De hecho, las memorias falsas son tan reales como las auténticas y pueden sernos de gran ayuda en determinados momentos. Por ejemplo, se ha apreciado que “recordar” lo mal que nos sentimos después de haber bebido demasiado puede contribuir a que rechacemos el alcohol, lo cual podría ayudarnos a lidiar con esta adicción, por ejemplo.

En otros casos, los detalles y cambios que añadimos a nuestros recuerdos nos ayudan a tener una imagen de nosotros mismos más coherente con el “yo” que somos ahora. En práctica, es como si le diéramos una mano de pintura a ciertos recuerdos, para que encajen mejor con nuestra identidad actual.

web original: http://www.rinconpsicologia.com/