10 beneficios de las semillas de chía para tu cuerpo y mente

  ¿Has oído hablar de estas semillas? Sus propiedades nutritivas son extraordinarias.

​10 beneficios de las semillas de chía para tu cuerpo y mente
 

En Psicología y Mente nos gusta fomentar los hábitos de vida saludables, y este ámbito no solo se reduce a lo estrictamente psicológico. Una nutrición adecuada es también una gran fuente de salud y bienestar.

Semillas de chía: un alimento muy saludable

Hoy descubrimos uno de esos alimentos con propiedades extraordinarias: las semillas de chía. Es un producto con un sabor que muchas personas asocian a la nuez, y tiene una cantidad ingente de vitaminas y minerales que nos puede ayudar a combatir esos kilos de más, a controlar el hábito de picar entre horas, y en resumidas cuentas a sentirnos mejor con nuestro cuerpo y mente.

Pero la cosa no acaba aquí. Los beneficios de comer semillas de chía son muchos y hemos querido recopilarlos en estos diez motivos saludables para que te animes a probar esta semilla.

Está de moda… y con razón

Hay una auténtica fiebre por las semillas de chía. Podemos decir que están muy de moda. Muchos expertos en nutrición han informado sobre sus cualidades, pero todavía existe un gran desconocimiento sobre qué beneficios nos aporta este alimento.

Cada vez más personas tienen semillas de chía en su despensa. ¿Cuáles son estas cualidades y propiedades que hacen de las semillas de chía un alimento tan en boga últimamente? Seguidamente vamos a explicarte algunas de sus propiedades más relevantes y te pondremos al día sobre los beneficios psíquicos y físicos que te puede aportar.

De hecho, antes de profundizar en sus beneficios, debemos aclarar que es un alimento muy sabroso y que permite una gran versatilidad en la cocina. Muchos chefs usan semillas de chía para complementar muchos platos: desde los más exóticos hasta los más tradicionales.

Las propiedades saludables de las semillas de chía

Algo tiene que tener este alimento para que todos los nutricionistas lo recomienden encarecidamente. “Chía” es un término de origen maya, cuyo significado es fuerza. Durante milenios, la chía ha sido el alimento predilecto de las sociedades maya y azteca, no en vano tiene multitud de vitaminas, minerales y ácidos grasos que facilitan que nuestro organismo combata las grasas malas, además de proporcionarnos distintos beneficios.

Es un alimento muy consumido entre deportistas, pero aunque no practiques mucha actividad física, puedes beneficiarte de su consumo diario para sentirte mejor. Además. como ya hemos dicho, es un alimento nutritivo y que puede tener su lugar en casi cualquier plato que puedas imaginar. Hay personas que incluyen chía en el yogur, en sopas, en los cereales del desayuno, en purés, en guisados, en ensaladas… ¡Pega prácticamente con cualquier cosa! Los más atrevidos incluso se han lanzado a experimentar con la chía, incluyéndola en madalenas o pasteles.

Sin gluten y con Omega 3

La nutricionista inglesa Maddie Shaw indica que las semillas de chía no contienen gluten (y que por tanto es un alimento apto para celíacos), y contienen Omega 3, además de fibra y antioxidantes.

Algunos datos más sobre su aporte nutritivo:

  • Aporta el doble de proteínas que la mayoría de verduras
  • Contiene el doble de potasio que el plátano
  • Nos aporta el doble de fibra que la avena
  • El triple de hierro que las lentejas
  • Cinco veces más aporte de calcio que la leche de vaca
  • Tres veces más antioxidantes que los frijoles

10 beneficios para nuestra salud que nos aportan las semillas de chía

1. Gestionan tus ganas de picar entre horas

La chía contiene un alto aporte de fibra, por lo que es una gran idea para frenar nuestro antojo de picar entre comidas. Las semillas son fácilmente digeribles pero nos crean una sensación de saciedad que nos ahuyenta de ir picando, y por tanto nos facilita controlar nuestro peso corporal.

Los expertos aconsejan comer chía en el desayuno para aprovechar su inyección de energía de largo alcance, que nos mantendrá activos durante bastantes horas.

2. Son sabrosas

Algunas personas señalan que no le encuentran mucho sabor, mientras que otros indican que les recuerda al sabor de la nuez. No dejan de ser semillas, por tanto no podemos esperar una explosión de sabor y frescor en nuestro paladar, pero lo cierto es que a la mayoría de personas les encanta.

3. Regulan la hidratación de tu organismo 

Son unas semillas permeables que pueden alcanzar hasta 10 veces su peso en agua. Consumirlastambién nos ayuda a hidratar nuestro cuerpo. Esta es una de las claves para entender por qué los deportistas y las personas que realizan trabajos muy físicos o estresantes se están apuntando a comer semillas de chía.

También es muy recomendable ingerirlas antes de ir a entrenar al gimnasio o a practicar un poco de running.

4. Te protegen de los efectos perjudiciales del ambiente

Ahondemos en un punto importante: la chía mejora nuestro sistema inmunológico. Por tanto, nos protege a la hora de afrontar las inclemencias ambientales y las enfermedades. Nos hace más resistente a pillar resfriados y gripes, por ejemplo.

5. Te aportan una buena dosis de Omega 3

El Omega 3 es un ácido graso cuyas propiedades nos ayudan en varios procesos: refuerza el sistema nervioso central y las células, mantiene bien hidratada y brillante nuestra piel, potencia nuestras capacidades cognitivas, nuestro sistema inmunológico…

Las semillas de chía nos aportan más Omega 3 que pescados como el salmón, así que si no eres muy aficionado a comer pescado, puede ser una alternativa muy saludable.

6. Energía para (casi) todo el día

Si te notas cansado durante la mayor parte del día, uno de los problemas puede ser la alimentación. No todos los alimentos nos dotan de una cantidad de azúcares que nos aporten energía para afrontar el día a día. En este caso, las semillas de chía son óptimas para ayudarnos a aguantar en el trabajo o en el gimnasio.

Contienen mucho potasio y más proteínas que casi cualquier verdura. Y sus azúcares son de absorción lenta.

7. Una ayudita para controlar el sobrepeso

La chía es un alimento muy indicado para aquellas personas que tengas problemas para bajar de peso. Tienen mucha fibra que ayudarán a tu sistema digestivo y a regular la sensación de hambre. Es un alimento muy saciante, sobre todo cuando se toma hidratado.

Existen también algunas recetas para ingerir la chía junto con zumos. Una combinación perfecta para comer saludablemente y controlar los excesos de peso.

8. Un buen alimento para tus músculos

Las semillas de chía, como ya hemos comentado, nos aportan una gran energía, además de fibra. Pero nuestros músculos se construyen gracias a la proteína, y la chía también es un alimento rico en ella. Así, nos ayudará a incrementar la masa muscular y a regenerar esos tejidos musculares que lo necesitan.

Una opción mucho más saludable y barata que los clásicos batidos de proteínas que muchos deportistas toman después de entrenar.

9. Articulaciones sanas

Muchas personas sufren dolor en sus articulaciones. Para esta condición, las semillas de chía pueden ser una solución saludable y efectiva. Ya hemos hablado de los aportes en ácidos Omega 3 de la chía, pero lo que no hemos dicho es que tiene propiedades antinflamatorias.

Consumir chía, pues puede aliviar notablemente el dolor que te causan tus articulaciones.

10. Depura tu cuerpo y previene la oxidación

Las semillas de chía facilitan que nuestro organismo elimine líquidos y toxinas sobrantes, además de regular la flora intestinal y frenar el proceso de oxidación celular. En definitiva, la chía se encarga de regular muchos procesos y funciones corporales que nos harán sentir sanos tanto por dentro como por fuera.

Algunas conclusiones sobre la chía

La naturaleza nos provee de varios alimentos que realmente tienen propiedades magníficas para nuestro cuerpo. Uno de estos alimentos es la chía. Te invitamos a que las pruebes durante unos días y compruebes por ti mismo los beneficiosos efectos de esta semilla.

Obviamente, no basta con comer solo semillas de chía, sino que nuestra salud corporal y psicológica se fundamenta en muchas variables. Si hablamos sobre los hábitos alimentarios, la chía es un genial complemento, pero la base de nuestra salud ha de ser una dieta equilibrada y variada, además de practicar ejercicio físico y unos buenos hábitos saludables (nada de fumar, beber alcohol, etcétera).

A partir de ahora, tienes otro aliado para mejorar tu salud.

 

Xavier Molina-Psicólogo social

Fuente: https://psicologiaymente.net

​Síndrome del Comedor Nocturno: causas, síntomas y tratamiento de este trastorno alimentario

 

​Síndrome del Comedor Nocturno: causas, síntomas y tratamiento de este trastorno alimentario
 

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) más conocidos son la anorexia y la bulimia, pero en los últimos años se está barajando la posibilidad de incluir nuevos trastornos en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). 

Uno de ellos es el Síndrome del Comedor Nocturno, que junto con el Trastorno por Atracón(éste sí que incluye en el DSM-V) predomina en pacientes obesos, aunque también pueden desarrollarse en pacientes con peso normal.

Una de las principales características de dicho trastorno es que la persona que lo sufre ingiere una gran cantidad de calorías tras la cena, incluso despertándose por la noche para comer. Durante la mañana, presenta anorexia matinal, es decir, prácticamente no come; y durante el resto del día, hasta llegar la noche, ingiere pocas calorías. El Síndrome del Comedor Nocturno (NES) causa serios problemas de salud, por lo que es necesario tratarlo lo antes posible.

Características y síntomas del Síndrome del Comedor Nocturno

En este trastorno, el individuo come poco a lo largo del día porque el gran consumo llega tras la noche, con la consecuencia de que aparezca sobrepeso y alteraciones del sueño.

Algunos datos

Los expertos en nutrición recomiendan que la ingesta diaria debe estar distribuida en cinco comidas. El desayuno y la comida deben ser las comidas fuertes, aportando entre ambas el 50-60% del consumo diario de calorías. El “snack” de media mañana y la merienda deben aportar el 10-15% cada una y la cena un 20%. 

Los individuos que sufren el síndrome del comedor nocturno pueden llegar a ingerir al menos el 50 por ciento de las calorías por la noche, provocando una descompensación respecto a estas recomendaciones.

Síntomas

El Síndrome del Comedor Nocturno se caracteriza por presentar los siguientes síntomas:

  • Anorexia matutina: Los individuos con NES no comen o prácticamente no comen durante el desayuno.
  • Hiperfagia nocturna: Consumen al menos un 25% de las calorías diarias después de la cena. Estos alimentos habitualmente son ricos en hidratos de carbono (tales como dulces, bollería, pasta o arroz).
  • Alteraciones del sueño: Padecen insomnio o se despiertan frecuentemente en medio de la noche para ingerir alimentos al menos tres días por semana.

Causas del Síndrome del Comedor Nocturno

No existen muchas investigaciones sobre este trastorno, pero en los distintos análisis llevados a cabo en algunos estudios parece existir una modificación del patrón neuroendocrino (por ejemplo, cortisol, Hipófisis Pituitario Adrenal, melatonina y leptina) que participa en la función reguladora de los ritmos circadianos propios que modulan diversas funciones metabólicas y psicológicas. 

Destaca la presencia alta de cortisol durante la noche (pero no durante el día), la hormona relacionada con el estrés, por lo que una de las principales causas sería el incremento del estrés nocturno.

Otros estudios, relacionan este trastorno con factores ambientales y socioculturales, así como a una cierta predisposición genética. Además, en algunos casos, el inicio de este síndrome está relacionado con trastornos de ansiedad o depresión, que pueden llevar a un aumento de la ingesta alimentaria para reducir la sintomatología ansiosa y depresiva.

Tratamiento del Síndrome del Comedor Nocturno

El tratamiento de esta patología puede requerir una intervención multidisciplinar con distintos profesionales: dietista, endocrino y psicólogo o psiquiatra.

El dietista debe diseñar una dieta acorde con las características del sujeto, el endocrino debe realizar un seguimiento sobre las características hormonales del paciente, y el psicólogo trabajará sobre los aspectos relacionados con los sentimientos, emociones o creencias y el bienestar de las persona con Síndrome del Comedor Nocturno.

Respecto a la psicoterapia, la Terapia Cognitivo-Conductual, la Terapia de Aceptación y Compromiso o el Mindfulness pueden ser de gran ayuda para que el paciente pueda superar el trastorno. Además, la psicología puede proporcionarle al paciente las herramientas para que aprenda a afrontar su problema y cambiar sus actitudes y hábitos frente a la comida, y será necesario para superar la ansiedad o la depresión.

En casos graves, el tratamiento farmacológico puede ser necesario. Ciertos medicamentos como los ISRS (Inhibidores Selectivos de Recaptación de Serotonina) han mostrado su eficacia para el tratamiento.

Autor: Juan Armando Corbin (Psicólogo de las organizaciones)

Comer con la mente: 5 hechos sorprendentes

En los últimos años ha aumentado considerablemente el interés de las personas por la comida. Ahora nos preocuparnos por los alimentos que ingerimos y nos aseguramos de seguir buenas pautas alimenticias que nos permitan tener unanutrición saludable. Sin embargo, la alimentación no es un proceso meramente fisiológico, nuestra mente desempeña un papel importante y determina nuestras preferencias.
 
De hecho, cuando comemos no solo nos estamos nutriendo, también experimentamos diferentes emociones. Sentimos placer cuando la comida nos agrada pero también podemos sentirnos culpables cuando rompemos nuestra dieta. Además, nuestro estado de ánimo no solo influirá en la cantidad de comida sino también en la elección de los alimentos.
 
Por eso, para seguir una dieta sana, es fundamental comprender los mecanismos psicológicos que se esconden detrás de la alimentación.
 
1. No sabes cuándo estás realmente saciado
 
Creemos que la cantidad de alimentos que ingerimos se corresponde con la magnitud del hambre que experimentamos. Sin embargo, en realidad el apetito es tan solo un factor de la ecuación. La cantidad de alimentos que podemos llegar a comer también depende del tamaño de la vajilla e incluso de la luz y los colores de la habitación.
 
En un estudio muy curioso realizado en la Universidad de Cornell los investigadores utilizaron un tazón para la sopa que se llenaba automáticamente a través de un mecanismo oculto. Las personas que usaron ese tazón comieron casi el doble de sopa, pero no se sentían más saciadas que quienes comieron en un plato normal.
 
Esto nos indica que la conexión entre el estómago y el cerebro funciona lentamente, la señal de saciedad tarda una media hora en ser procesada por nuestra mente. Por eso, la sensación de saciedad está íntimamente vinculada a las cantidades que vemos, más que a lo que comemos realmente.
 
2. Los alimentos pueden gustarte más o menos, según el momento del día
 
Tenemos la tendencia a pensar que los alimentos tienen un sabor intrínseco, que puede gustarnos más o menos. Sin embargo, en realidad no es así, un sencillo experimento nos demuestra que la percepción de los sabores no solo cambia a lo largo de la vida sino también durante un mismo día.
 
De hecho, aunque te guste la zanahoria junto a las verduras y la carne, a la hora de la cena, es probable que no logres comerla a las seis de la mañana, en el desayuno. Y es que el contexto en el que se presenta la comida, influye mucho en su sabor. 
 
A lo largo de los años hemos asociado determinados alimentos a ciertos horarios, de forma que cuando nos los presentan a horas poco habituales, oponemos cierta resistencia e incluso puede llegar a desagradarnos un sabor que normalmente nos gusta.
 
3. Intentar suprimir los pensamientos sobre la comida, conduce a atracones
 
Puede parecer un contrasentido pero se ha demostrado que intentar suprimir determinados pensamientos tiene un efecto rebote. En práctica, cuando intentamos eliminar un pensamiento de nuestra mente, esta adopta una actitud hipervigilante y se produce el efecto opuesto: la idea se hace aún más recurrente.
 
Lo mismo ocurre con la comida. En un experimento realizado en la Universidad de Florida los investigadores analizaron los hábitos de alimentación de personas con sobrepeso y sus pensamientos cotidianos. Así pudieron notar que las personas más propensas a ceder a los antojos y comer de forma compulsiva eran precisamente las que más intentaban reprimir los pensamientos sobre la comida.
 
De hecho, hoy se conoce que las dietas para perder peso que son demasiado restrictivas generan un descontrol emocional. Estas personas, una vez que abandonan el régimen, no solo recuperan los kilos perdidos sino que ganan un tercio más. 
 
4. El mal humor te hace optar por alimentos poco sanos
 
El concepto de “hambre emocional” es antiguo. De hecho, muchas personas no comen porque sienten hambre sino simplemente porque se sienten ansiosas. Por eso, el factor emocional es fundamental en cualquier dieta para adelgazar.
 
Sin embargo, también se ha apreciado que cuando nos ponemos de mal humor, tenemos la tendencia a elegir alimentos que en otras circunstancias no comeríamos. De hecho, cuando nos sentimos irritados, estresados, enojados o deprimidos, solemos apostar por refrigerios azucarados y alimentos con un alto contenido graso. 
 
El principal problema es que, cuando estamos de mal humor, no somos capaces de ejercer el autocontrol, que es un recurso limitado, y somos más propensos a ceder a las tentaciones. Además, este tipo de alimentos generan una respuesta muy intensa a nivel cerebral, que activa los centros del placer. Por tanto, se convierten en una especie de compensación natural.
 
5. Las etiquetas de los productos determinan cuánto te gustarán
 
La percepción de los sabores varía en dependencia de muchísimos factores, muchos de ellos psicológicos. Por ejemplo, se ha podido comprobar que cuando a las personas se les presenta el mismo vino pero con diferentes etiquetas, prefieren aquel que ha sido catalogado “socialmente” como mejor, aunque en realidad ambos vinos sean iguales.
 
Un experimento particularmente interesante realizado en la Universidad de Sussex demuestra fehacientemente este hecho. Los investigadores les dijeron a los participantes que estaban evaluando el sabor de un nuevo alimento y la aceptación que tendría en el mercado. A algunos les dijeron que era un helado con sabor a salmón ahumado, a otros les dijeron que era un mousse helado salado. Aunque se trataba del mismo producto, las personas a las que les dijeron que era un helado, lo rechazaron, a quienes les dijeron que era un mousse, les encantó.
 
Y es que las expectativas que tenemos sobre los productos, creadas en gran medida por las etiquetas, los críticos gastronómicos o incluso por las personas que se encuentran a nuestro alrededor, influirán en la aceptación o el rechazo de determinados sabores.

 

6 vitaminas para cuidar la salud del cerebro    

Cerebro (1)

Vitaminas y salud del cerebro

Es habitual escuchar que comer alimentos integrales, frutas, y verduras, puede ayudarnos a adelgazar y reducir el riesgo de padecer enfermedades relacionadas con el corazón. Lo que no es tan habitual es escuchar que, además de estos beneficios, existen otros que afectan a nuestro cerebro: mejora la memoria, aumenta la concentración, e incluso puede prevenir el Alzheimer.

En los últimos años, los investigadores han conseguido comprender con mayor exactitud cuáles son las vitaminas que mejoran el funcionamiento cerebral y que van a tener mayor impacto en la salud. A continuación, os presentamos algunos beneficios que las vitaminas aportan a nuestro cerebro:

Vitamina E

Existe evidencia que sugiere que la vitamina E puede beneficiar a la memoria en las persona mayores. Un estudio reciente de la Asociación Americana de Medicina encontró que niveles altos de vitamina E previenen y retrasan el desarrollo de Alzheimer.

Durante mucho tiempo se pensó que el componente de la Vitamina E llamado alfa tocoferol era el más importante, pero otro llamado gamma tocoferol es “definitivamente el que tiene las propiedades neuroprotectoras”, argumenta Aimee Shunney, la coordinadora del Programa de Educación en Wellness del Hospital Universitario en Brookling, en Nueva York.

Al consumir alimentos ricos en Vitamina E, como los espárragos, las almendras, los tomates, las nueces o el aceite de oliva, se ingieren cantidades tanto de alfa como de gamma tocoferol.

Independientemente de la edad es importante tomar la cantidad apropiada de vitamina E. El déficit de esta vitamina no es habitual, pero puede ocurrir en personas con una dieta baja en grasas.

Vitamina B9

La vitamina B9 tiene un papel importante en la formación de dopamina, epinefrina (adrenalina), y serotonina, neurotransmisores del cerebro. De hecho, cada vitamina B juega un papel determinante la preservación las funciones cerebrales y la agudeza mental. Empezando por el ácido fólico (vitamina B9), que es esencial en el desarrollo prematuro de la del cerebro, estas vitaminas ayudan en muchos aspectos a nuestro cuerpo y nuestro cerebro.

Son varios que los estudios que han asociado el deterioro de la memoria con niveles inadecuados de ácido fólico, vitamina B12, y vitamina B6. Los niveles bajos de vitamina B9 están relacionados con niveles altos de homocisteína, un aminoácido que se produce en el cuerpo humano. Los niveles altos de homocisteína en la sangre pueden dañar el recubrimiento de las arterias y provocar que la sangre coagule con más facilidad de lo que debería. Esto aumenta el riesgo de que se obstruyan los vasos sanguíneos debido a la formación de un coágulo (trombo) en el interior del vaso. Un trombo puede desplazarse a través del torrente sanguíneo y quedar atascado en los pulmones (embolia pulmonar), en el cerebro (accidente cerebrovascular) o en el corazón (ataque cardíaco).

Vitamina B12

La vitamina B12 tiene un gran número de roles en el cuerpo incluyendo la formación de mielina, una capa que recubre el axón de algunas neuronas. En general, una neurona con los axones recubiertos de mielina transmite los impulsos nerviosos unas cien veces más rápido que una neurona amielínica, produciendo una mayor eficacia en el funcionamiento del organismo.

La vitamina B12 se encuentra mayormente en carnes y pescados, y por tanto, las personas vegetarianas son más propensas a tener déficits. Este déficit puede causar pérdida de memoria, enlentecimiento mental o afectar negativamente al humor.

Vitamina B6

La vitamina B6 ayuda a convertir el triptófano en serotonina, un químico que se encuentra en el cerebro. Los niveles bajos de serotonina se asocian a la depresión y la obsesión. El déficit de vitamina B6 puede causar confusión, depresión, pérdida de memoria, un ritmo más rápido de la degeneración del cerebro, dificultad para prestar atención, fatiga, e insomnio. Por lo tanto, un consumo adecuado de vitamina B6 puede conducir a una energía mental mayor, motivación, claridad de pensamiento, mejor formación de la memoria, mejora de la concentración y la salud de las neuronas, así como mejor calidad del sueño(favorece la creación de melatonina).

Además, los estudios parecen indicar que esta vitamina también interviene en la formación de dopamina, epinefrina, norepinefrina, y GABA. Este último neurotransmisor tiene una función importante en la reducción del estrés y la ansiedad, y ayuda a calmar y a relajar el cerebro.

Por último, la vitamina B6 también es importante en la producción de acetilcolina, un neurotransmisor implicado en la codificación de la memoria, consolidación de la información y las funciones de la memoria de trabajo.

Entre los alimentos ricos en vitamina B6 podemos encontrar: pollo, salmón, atún, pimiento verde, espinacas, brócoli, cacahuates, pan integral, o lentejas.

Vitamina C

La vitamina C es famosa por su importancia en la prevención del cáncer, los resfriados o las enferemedades cardiovasculares, pero sus beneficios en relación al cerebro y la mente no son tan conocidos. Un estudio de la Unidad de Investigación en Medicina de la Universidad de McGill, en Canadá, descubrió que la vitamina C aumenta los niveles de serotonina, y en consecuencia, mejora el humor.

Para Jean Carpenter, autor del libro Tu Cerebro Milagroso, “es inteligente tomar vitamina C, y la vitamina C podría hacerte más inteligente“. Carpenter argumenta que tomar vitamina C puede mejorar la memoria y las funciones cognitivas, y por tanto, mejorar la puntuación en los test de inteligencia.

Igual que la vitamina E, la vitamina C es uno de los antioxidantes más potentes. La combinación de estas vitaminas tiene un efecto preventivo en el desarrollo del Alzehimer y el Parkinson. Algunas fuentes de vitamina C son: la naranja, las fresas, el brócoli, las espinacas o el pomelo.

Vitamina D

La vitamina D se obtiene mayoritariamente por acción de los rayos ultravioleta (rayos solares). De ahí la importancia de tomar el sol de forma racional y adecuada, sobre todo en el caso de los niños, en los que la carencia de vitamina D puede producir, entre otras consecuencias, caries en los dientes y malformaciones de tipo óseo. Además, también puede encontrarse esta vitamina en algunos pescados como el salmón o las sardinas. Según las investigaciones, la vitamina D es necesaria para el desarrollo normal del cerebro y podría prevenir la esclerosis múltiple (EM). Las investigaciopnes coninciden en que es esencial para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, regulándolo y suprimiendo la proliferación de células inflamatorias relacionadas con la actividad de la EM. Parece ser que la suplementación con vitamina D en pacientes de EM puede ser beneficiosa y, por tanto, recomendable dado los escasos efectos adversos que conlleva.

Por otro lado, la investigación conjunta de la de la Universidad de Pittsburg (Estados Unidos) y la Universidad Técnica de Queensland en Australia, concluyó que la vitamina D podría tener una función reguladora en el desarrollo del Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Este trastorno es un tipo de depresión relacionada con los cambios de estación y se cree que afecta a un 10 % de la población, dependiendo de la ubicación geográfica.

Fuente original: http://psicologiaymente.net/

Los 10 alimentos más adictivos: ¡Cuidado con lo que comes!

 Cuando hablamos de adicción, asociamos estos comportamientos a las drogas y el alcohol pero en los últimos tiempos los psicólogos y psiquiatras hemos visto nacer y extenderse diferentes tipos de adicción. De hecho, la comida, algo con lo que estamos en contacto día tras día, también puede generar adicción y crear problemas tanto a nivel psicológico como físico.
La persona que sufre una adicción a la comida o a determinados tipos de alimentos no es capaz de controlar el consumo y experimenta una necesidad continua de comer, que no depende directamente de la sensación de saciedad. Como resultado, a menudo ingiere cantidades excesivas de alimentos que le hacen sentirse mal. De la misma forma, cuando no están comiendo, experimentan irritabilidad y desasosiego.
 

¿Cuáles son los alimentos con mayor poder adictivo?

 
Un estudio realizado en la Universidad de Michigan ha analizado diferentes tipos de alimentos para detectar cuáles son los que tienen un mayor poder adictivo. En el estudio participaron 504 personas, las cuales debían completar un cuestionario que incluía 35 alimentos diferentes, en ese cuestionario se evaluaban diferentes características de los alimentos y, por supuesto, cuán adictivos podían llegar a ser.
 
Estos investigadores descubrieron que las comidas muy procesadas eran las más adictivas en absoluto, las más difíciles de resistir. De hecho, no es la primera vez que un estudio relaciona los alimentos procesados con la adicción. 
 
Así, los alimentos más adictivos son:
 
1. Pizza
 
2. Chocolate
 
3. Snacks fritos
 
4. Galletas
 
5. Helado
 
6. Patatas fritas
 
7. Hamburguesa 
 
8. Sodas
 
9. Pasteles
 
10. Queso
 
En el extremo opuesto, encontramos una lista con los alimentos que menos adicción causan:
 
1. Fresas
 
2. Maíz
 
3. Salmón
 
4. Banana
 
5. Brócoli
 
6. Arroz integral
 
7. Manzana
 
8. Frijoles
 
9. Zanahorias
 
10. Pepino
 

¿Por qué algunos alimentos son más adictivos que otros?

 
Los investigadores apuntan al hecho de que los carbohidratos refinados son absorbidos con gran facilidad por nuestro sistema, por lo que podemos consumir grandes cantidades y no sentirnos saciados, algo que no ocurre con los carbohidratos complejos. 
 
Sin embargo, al profundizar aún más en las características de los alimentos, estos investigadores detectaron dos factores que predecían el nivel de adicción: el índice glucémico y la cantidad de grasas.
 
De hecho, no es el primer estudio que descubre que el índice glucémico de los alimentos está directamente relacionado con el placer que experimentamos al comerlos. Se conoce que los alimentos con un índice glucémico alto son capaces de activar los circuitos neuronales relacionados con la recompensa, como por ejemplo, el cuerpo estriado, desatando un proceso similar al que provocan algunas sustancias adictivas. 
 
Por otra parte, la cantidad de grasa, sobre todo las grasas trans, también aumentan el poder adictivo de los alimentos. Estos investigadores creen que se debe a que las comidas ricas en este tipo de grasas tienen un sabor que nos resulta más agradable al paladar, lo cual activa determinadas regiones del cerebro. De hecho, otro estudio, realizado en la Universidad de Cambridge descubrió que un alimento con grasas trans produce una activación de la corteza somatosensorial y otras zonas vinculadas con la motivación y la recompensa, que el mismo alimento sin esa grasa no provoca.
 
En práctica, las grasas, el azúcar y los carbohidratos simples estimulan las zonas de nuestro cerebro relacionadas con la recompensa y, al sentirnos bien, tenemos la tendencia a volver a buscar esas sensaciones. Así se crea un círculo vicioso que nos lleva a comer cada vez más alimentos dañinos ya que las otras opciones no producen esa misma satisfacción. 
 
Varias evidencias a nivel experimental confirman esta hipótesis ya que se ha podido apreciar que la liberación de dopamina que se produce durante el acto de comer determinados alimentos, produce una activación en el área tegmental ventral, que forma parte de un sistema generalizado de búsqueda y acercamiento al refuerzo, diseñado a través de la evolución para permitirnos dar respuestas más eficaces a los estímulos negativos y positivos. En otras palabras, al sentirnos bien liberamos dopamina, un neurotransmisor que le indica a nuestro cerebro que esa conducta no es negativa (aunque lo sea) y, por tanto, tendremos la tendencia a repetirla.

¿Pueden los alimentos realmente causar una adicción?

Como colofón, se debe puntualizar que los alimentos no tienen el mismo poder adictivo que puede tener una droga. De hecho, incluso hay algunos psicólogos que prefieren referirse a un “ansia por la comida” en vez de hablar de una “adicción a la comida”.

Y es que para que la persona cree una relación negativa con la comida y este acto escape de su control, es necesario que confluyan otros factores, entre ellos una predisposición personal a la adicción, así como la presencia de situaciones estresantes o factores sociales que contribuyan a la adicción.