​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos

​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos
 

Las rupturas amorosas son, con frecuencia, un drama. Se ve cómo la historia de amor que se había vivido llega a su fin, y eso no solo hace que cambie nuestra perspectiva acerca de cómo va a ser nuestro futuro, sino que también hace que nos replanteemos cuál ha sido la verdadera naturaleza de la relación de pareja que hemos compartido con la otra persona.

Desde luego, el impacto emocional que supone romper con la pareja puede llegar a abrumar; es una especie de pared de nuevos sentimientos que nos golpea casi de repente, si somos nosotros quienes decidimos cortar, o en un instante, si es la otra persona la que corta con nosotros. Sin embargo, eso no significa que no se puedan reconocer varios retos y problemas (tanto psicológicos como materiales) a afrontar en una ruptura de pareja.

Recuperarse de una ruptura afrontando sus problemas

Coger este golpe a nuestras emociones e ir reconociendo en él diferentes problemas relativamente separados los unos de los otros puede ser de ayuda a la hora de recuperarse de una ruptura. 

Veamos cuáles son algunos de estos retos que implican las rupturas sentimentales, y cómo afrontarlos para poder seguir adelante con nuestras vidas.

1. La ruptura afecta a la autoimagen

Verse a uno mismo tan afectado por la ruptura amorosa puede dañar la autoimagen. A fin de cuentas, durante un periodo que puede durar días o semanas, notamos cómo nos transformamos en una persona más vulnerable emocionalmente, con mayor propensión al llanto y, en ocasiones, más aislada y sola.

Si se está acostumbrado a convivir con una autoestima que nos devuelve una visión muy idealizada de nosotros mismos (y relacionada con los valores y características más valoradas por nuestra cultura, que tienden a tener en alta estima la dureza del carácter y la autonomía) esta experiencia puede hacernos daño también en este sentido.

El camino para superar esto es ir aprendiendo a aceptar esta vertiente de nuestra personalidad como algo propio y humano, algo que también nos define. Reconciliarse con nuestra cara más emocional es esencial.

2. La amistad con la otra persona puede perderse

Las rupturas de pareja también cuestan porque nos fuerzan a plantearnos un dilema doloroso:¿cómo relacionarnos con la otra persona de ahora en adelante?

La indecisión entre no saber si cortar definitivamente el contacto o mantener un trato amigable se agrava por el hecho de no saber si seremos capaces de llevar a cabo cualquiera de estas dos opciones. Y, por supuesto, a eso le tenemos que añadir que tenemos que respetar las decisiones a las que llegue la ex-pareja en ese aspecto.

Lo recomendable es que, por defecto, después de un breve periodo en el que no se mantiene el contacto, se vuelva a tener un cierto contacto semanal con la otra persona (si los dos están de acuerdo) y decidir cómo va a proseguir la relación dependiendo de lo que experimente cada persona. De este modo no estaremos sujetos a convenciones sociales y haremos que la relación con esta persona se adapte a lo que honestamente siente cada uno.

Artículo relacionado: “6 problemas y 6 ventajas de volver con tu ex-pareja”

3. Aparece mucho tiempo que rellenar con algo

Una de las cosas que hace que las rupturas de pareja sean dolorosas es que se rompe la rutina a la que estábamos acostumbrados. Si la ruptura es total y no mantenemos el contacto con la ex-pareja, el sentimiento de soledad puede llegar a dominar buena parte de nuestro día a día a no ser que hagamos algo al respecto.

Una de las claves para mitigar este problema y caminar poco a poco hacia la normalización de la propia soltería es obligarse a socializar con otras personas, incluso si eso resulta incómodo para nosotros. Para ello es bueno apoyarse en las amistades, pero no necesariamente se tiene que depender de ellas: la cuestión es salir de la zona de confort y perder el miedo a entablar nuevas conversaciones con nuevas personas. Si no nos auto-obligamos, es muy posible que nos mantengamos durante mucho tiempo en un estado de inactividad en el que se mezclan la melancolía, el aburrimiento y, quizás, las conductas obsesivas.

Encontrar nuevas aficiones también es muy positivo, pero hay que intentar que estas no nos aíslen cada vez más.

4. Los amigos mutuos también podrían perderse

Si la relación de pareja ha durado lo suficiente y ha estado conectada a una vida social más o menos rica, lo más probable es que ambos miembros hayan llegado a estrechar lazos con amigos mutuos, de la pareja y de uno mismo. Cortar con la relación puede poner en jaque estos lazos si se opta por la incomunicación total o parcial con la otra persona. Sin embargo, merece la pena valorar que muchas de estas amistades tienen valor por sí mismas, y no solo dentro de la comunidad formada alrededor de la relación de la que hemos salido.

Como siempre, aquí la comunicación y la honestidad son indispensables. Pero también tenemos que auto-examinarnos y preguntarnos si lo que realmente es conservar una amistad o tener un canal de comunicación con la ex-pareja.

5. La mejora puede percibirse como algo malo

En la mayoría de los casos, la tristeza relacionada con la ruptura amorosa tiende a ir desapareciendo con el paso del tiempo. Esto parece algo bueno, y en muchos casos lo es, pero también puede tener doble filo, ya que nos hace preguntarnos por lo que realmente significó la relación de pareja por la que hemos pasado.

Si percibimos que nos hemos recuperado “excesivamente rápido” de la ruptura, esto nos puede hacer sentirnos mal, al no ver una manera de ver lo significativa que fue esta relación, y creer que se ha perdido el tiempo o que se ha vivido una mentira. Se trata de un tipo de dolor muy sutil, relacionado con las crisis existenciales.

No hay un modo simple de afrontar este reto que se nos plantea a la hora de echar la vista atrás y reformular lo que vivimos durante el tiempo en el que se convivió con la otra persona: cada cual ha de encontrar una manera de reconciliarse con su pasado. Y esto es malo y bueno a la vez.

 
Arturo Torres
Arturo Torres Psicólogo web original: psicologiaymente.com

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona.

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

Redes románticas

Redes románticas
 

Redes románticas empieza por conjeturar, a través del ejemplo de la película Tienes un e-mail (1998), que los romances cibernéticos, al desprenderse de “las limitaciones de las interacciones corporales (…), permitirían una expresión más completa del yo auténtico”.

Pero si tal fuese el caso de que internet anulase el cuerpo, cabría preguntarse qué posibilidad hay de experimentar por la vía tecnológica unas emociones (románticas o no) que son indisociables del cuerpo. Sobre esta cuestión es que versa la tercera de las conferencias que componen Intimidades congeladas.

Redes románticas y sitios web de citas

Partiendo del incremento constante de usuarios de los sitios web de citas entendemos lo económicamente rentable que resultan estos contenidos online de pago. Pero ¿cuál es la forma en la que se opera en estas web?

Las webs de citas solicitan a los usuarios que creen un perfil por medio de un cuestionario que pretende revelar la personalidad de cada cual a fin de facilitar compatibilidades. “Así, a los efectos de conocer a otro virtual, se le exige al yo que pase por un vasto proceso de auto-observación reflexiva, introspección, autoclasificación y articulación de gustos y opiniones”. Por consiguiente, la participación en las webs de compatibilidad interpersonal implica al menos tres presupuestos psicológicos:

  1. La construcción del yo a partir de una sumatoria de categorías referidas al gusto, la opinión, la personalidad y el temperamento.
  2. La conversión del yo privado en una representación pública.
  3. La textualización de la subjetividad por medio de externalizar y objetivar el yo a partir de soportes de representación y lenguaje.

A su vez, las consecuencias que se derivan del tránsito por los dispositivos cibernéticos de compatibilidad emocional son:

  1. El conocimiento de uno mismo como precede una conciencia del otro.
  2. El conocimiento de la personalidad del otro precede la atracción física que sobre él se tiene.
  3. El encuentro entre personas se realiza a partir del paradigma liberal de la “elección”.
  4. Cada persona se encuentra en competencia con otras en el mercado abierto que supone la web de citas.

Descorporeización cibernética

La autora sostiene que el cuerpo, ausente en la lógica racional de las relaciones cibernéticas, es el mayor depositario del atractivo sexual que posee una persona, pues del tono de voz o de sus gestos procederá una transmisión de atracción incapaz de ser reconocida por medio de los procedimientos racionales que operan a través de la web en el intercambio de información textual descorporeizada.

Por otra parte, al expresar de manera incompleta la realidad de la persona amada, el cuerpo permite que en torno a ella se despliegue inconscientemente la idealización de la persona que ama. Por lo que difícilmente podemos amar en ausencia de un contexto existencial que nos involucre con el ser amado.

A ello se debe que internet aumente la brecha entre expectativas y experiencia, pues el amor romántico se moviliza cuando la persona que ama, al no disponer de toda la información de la persona amada, sino principalmente de aquella información que ofrece su cuerpo (“conocimiento contextual y práctico”), idealiza a ésta última por medio de la imaginación.

Por el contrario, puesto que las webs de citas cuentan con un fichero de las características de los usuarios, ya deja de haber aquello ausente que la imaginación se encarga románticamente de hacer presente.

La gestión uniformadora de la abundancia

Asimismo, la descorporeización que exige internet es compensada por medio de, por un lado, una imagen congelada a través del soporte fotográfico que muestra nuestra belleza “en un mercado competitivo de fotografías similares”, y, por otra parte, una serie de convencionalismos lingüísticos que facilitan la mediación entre las personas que interactúan cibernéticamente.

Con respecto a este segundo punto cabe decir que, debido a la gran cantidad de contactos diversos,la interacción es vehicularizada por medio de rituales estandarizados (presentaciones, preguntas, chistes, temas de conversación, etc.) y reproducidos “una y otra vez en el transcurso de sus encuentros vía internet”.

Así es como los elementos lingüísticos que median entre los contactos se estandarizan en un repertorio limitado. De este modo es que la autorrepresentación de singularidad que permite crear un perfil a medida de uno mismo, paradójicamente, queda suspendida por la uniformidad que exige hacer uso de atributos que, por un lado, se estiman convencionalmente positivos, y que, por otro lado, facilitan la gestión de numerosas interacciones distintas.

La gestión economizadora de la abundancia

Los sitios web de citas usan categorías psicológicas para maximizar y sofisticar dentro de la lógica del consumismo los encuentros entre usuarios, pese a que el romanticismo se desvanece en el cálculo, y todo lo que tiene el amor de inesperado e inefable se convierte en el producto de una elección racional como consecuencia de un conocimiento acumulado sobre los atributos del otro.

Es en este sentido que Illouz afirma que “el espíritu que preside Internet es el de la economía de la abundancia, en que el yo debe elegir y maximizar sus opciones y se ve obligado a usar técnicas de costo-beneficio y eficiencia”. Consiguientemente, la interacción pierde su aura sorpresiva y, con ello, su encanto y su magia. Así es como “internet literalmente estructura la búsqueda de pareja como un mercado o (…) como una transacción económica: transforma el yo en un producto envasado que compite con otros en un mercado abierto regulado por la ley de la oferta y la demanda”.

Parece como si la racionalidad que opera en las tecnologías psicológicas de las emocionesdividiesen al yo entre una esfera pública en la que se mercantilizan las representaciones de uno mismo y una esfera privada aprisionada por fantasías sometidas a los requerimientos de un mercado sin calor corporal.

Genís PlanaGenís Plana – Estudiante web original: psicologiaymente.com

Poligamia: ¿en qué consiste este tipo de matrimonio?

Poligamia: ¿en qué consiste este tipo de matrimonio?

La poligamia es un tipo de matrimonio que, aunque resulte poco frecuente en territorios donde predomina la cultura occidental, está presente en millones de familias alrededor del mundo. 

Su tipo más habitual, la poliginia, es aquél en el que el hombre tiene más de dos esposas, mientras que la poliandria, en la que la mujer tiene varios maridos, es mucho más raro.

Sin embargo, el hecho que de por sí tantas personas vivan en el seno de familias polígamas no significa que este tipo de matrimonio esté libre de inconvenientes. De hecho, hay motivos para pensar que la poligamia acarree algunos problemas muy significativos.

La poligamia vivida a través de las mujeres

Expertas como Rana Raddawi, de la Universidad de Sharjah, creen que las mujeres que viven en familias polígamas en las que un marido tiene varias esposas llegan a verse involucradas en una dinámica en sus relaciones con serias consecuencias emocionales para su bienestar.

A partir de un estudio basado en la realización de encuestas pasadas a mujeres que vivían en poliginia, Raddawi observó cómo los sentimientos de fuerte abandono y celos eran muy superiores a lo esperado. Es decir, que el hecho de que su marido tuviera a la vez otras esposas con las que relacionarse hacía que la gestión de su tiempo y de ciertos recursos fuese un problema.

Artículo relacionado: “Los tipos de celos y sus diferentes características”

Poca eficacia de las normas sobre poligamia

En muchas culturas, la poligamia asociada al Islam está regulada por ciertas normas de carácter religioso diseñadas, en principio, para que el matrimonio entre un hombre y varias mujeres no produzca problemas ni grandes sobresaltos. Sin embargo, estas pautas de comportamiento no tienen por qué ser aplicadas o pueden no surtir el efecto deseado, y esto es justamente lo que encontró Raddawi.

Muchas de las mujeres a las que estudió afirmaron que sus maridos fallan a la hora de cumplir con los roles que se espera de ellos como esposos. Entre otras cosas, tendían a señalar que los hombres no pasaban el suficiente tiempo con ellas y que no cumplían con sus responsabilidades financieras para aportar a la familia el dinero necesario para que se mantenga.

Las consecuencias de la poligamia para los hijos

La investigación de Rana Raddawi se centró en el modo en el que las mujeres vivían la poligamia y el impacto emocional que este tenía sobre ellas, pero cabe suponer que la repercusión de este modo de vida también afecta a muchas otras más personas, para bien o para mal. Cabe preguntarse, por ejemplo, por los niños y niñas que se crían en las familias polígamas. ¿Está perjudicado este colectivo? Parece ser que sí, según uno de los estudios más ambiciosos sobre el tema.

Se trata de una investigación impulsada por Sisters in Islam, basada en unos 1.500 cuestionarios con partes cuantitativas y cualitativas pasados a mujeres residentes en Malasia. Entre sus resultados se encuentran muchos de los sentimientos de abandono encontrados por Raddawi, aunque esta vez en niños y niñas.

Por ejemplo, una parte significativamente grande de hijos e hijas decía sentirse abandonado o abandonada cuando su padre se casaba con una nueva esposa. Del mismo modo, a medida que el número de esposas y de hijos aumentaba, la escasez de los recursos disponibles tenía un impacto negativo sobre los pequeños: básicamente, falta de afecto y de atención.

Así, por ejemplo, alrededor del 60% de los hijos e hijas del primer matrimonio se mostraron tristeza o enfado al saber acerca de un próximo segundo matrimonio de su padre. Además, los niños y niñas pertenecientes a las familias en las que se habían concebido 10 o más hijos e hijas, tendían a decir que sus padres tenían problemas a la hora de recordar de cuál de sus esposas habían nacido. Alrededor de un 90% de los pequeños encuestados dijeron que, basándose en sus experiencias, al crecer evitarían contraer un matrimonio polígamo.

Otras consecuencias negativas

Como la madre es el único miembro de la familia con el que los hijos tienen un contacto continuado, cabe esperar que la relación de los pequeños con ellas será muy diferente

Sin embargo, la poligamia parece tener unas consecuencias negativas también en este sentido, ya que los niños y niñas tienden a culpar a sus madres por no saber o no poder captar la atención del padre. Es decir, que las perciben como las causantes del abandono que experimentan.

Teniendo en cuenta el contexto

Antes de apresurar conclusiones acerca de las ventajas y los inconvenientes de la poligamia, hay que tener en cuenta un hecho importante: las investigaciones sobre este tema están limitadas por definición, ya que hay demasiadas familias polígamas para estudiarlas a todas; pero, además, muchos de los problemas asociados a la poligamia no tienen por qué deberse a la poligamia en sí. Pueden estar producidas por el uso de la poligamia en contextos concretos.

Por ejemplo, es posible que en una sociedad muy rica la poligamia no fuera vivida de la misma forma, especialmente si los padres tienen los recursos suficientes como para dedicarle a sus familias todas las horas que necesiten.

Pero, además, debemos tener en cuenta que es difícil interpretar los resultados de este estudio sin conocer bien las culturas en que se ha estudiado a través de ellos. El sesgo cultural siempre está ahí, y la lectura de informes puede hacernos algo más sabios, pero no lo suficiente como para darnos mayor capacidad a la hora de juzgar la vida polígama que aquellos que la viven directamente.

Arturo Torres Psicólogo web original: psicologiaymente.com

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona.

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Posgrado en comunicación política.

Máster en Psicología social.

 

Para recibir, primero debes aprender a soltar

 
Cuenta una antigua leyenda que un famoso científico acudió a la casa de un maestro zen. Al llegar, se presentó enumerando todos los títulos que había alcanzado y lo que había aprendido a lo largo de sus años de estudio.
 
Después le pidió al maestro que le enseñara los secretos de su filosofía. Por toda respuesta, el maestro se limitó a invitarlo a sentarse y le ofreció una taza de té.
 
Aparentemente distraído, sin dar muestras de preocupación, el maestro virtió té en la taza del científico, y siguió echando té aunque la taza ya estaba llena.
 
Perplejo por aquel desliz, el científico le advirtió al maestro que la taza ya estaba llena y que el té se estaba escurriendo por la mesa.
 
El maestro le respondió con tranquilidad:
 
– Exactamente. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría aprender algo?
 
Ante la expresión incrédula del científico, el maestro enfatizó:
 
– A menos que vacíe su taza, no podrá aprender nada.
 
Al igual que el científico, a menudo nos aferramos a algunas creencias, hábitos, personas o formas de pensar que nos impiden crecer. Sin embargo, si queremos aprovechar nuevas oportunidades, si queremos recibir los dones que el mundo aún tiene que ofrecernos, primero debemos aprender a soltar. No podemos asir las cosas nuevas si tenemos las manos llenas.
 

Dejar ir es parte de la vida

 
La vida es un cambio continuo, seguir adelante implica que debemos dejar algunas cosas atrás, si no lo hacemos y las acarreamos, solo terminarán siendo un peso inútil que nos impedirá continuar hasta la meta que nos hemos trazado. 
 
Por ejemplo, las personas que se mudan a un nuevo país pero siguen añorando el suyo, repitiendo sus formas de hacer sin aceptar las nuevas costumbres, terminarán siendo infelices. De la misma forma, quien inicia una relación de pareja sin haber olvidado a su ex, terminará condenando esa nueva relación al fracaso.
 
Por supuesto, todas las cosas del pasado no son negativas, algunos recuerdos pueden darnos fuerza en los momentos difíciles y vale la pena conservarlos, pero hay otros lazos emocionales que debemos deshacer, para prepararnos para una nueva etapa. De hecho, en muchos casos soltar no significa renunciar ni olvidar sino simplemente sentirse agradecido por lo vivido y pasar página de manera consciente, eligiendo quedarse con lo bueno y dejando atrás las emociones que no nos aportan nada sino que nos mantienen atascados y hasta nos hacen sentir mal.
 
Lo más interesante es que en la mayoría de los casos no es necesario quemar los puentes detrás de nosotros porque dejar ir no siempre significa cortar definitivamente con una persona o con nuestro pasado, sino hacer las paces con nosotros mismos. Implica reformular nuestras ideas y, sobre todo, nuestras emociones, soltando la añoranza, el miedo, el rencor o el apego excesivo.
 
En otros casos, soltar adquiere una connotación material. De hecho, sin darnos cuenta nos apegamos a muchas cosas que nos brindan una falsa sensación de seguridad. Por eso, un buen ejercicio para aprender a soltar implica deshacerse de todas esas cosas que realmente no necesitamos y que solo ocupan un lugar en nuestro hogar para hacer que no nos sintamos solos.
 

La magia de vaciar la taza de vez en cuando

 
Nuestra sociedad nos impulsa a consumir, y eso significa acaparar cosas e incluso relaciones. Sin embargo, de vez en cuando es necesario vaciar nuestra taza. Cuando lo hacemos de manera consciente ocurre un auténtico milagro porque al romper esos lazos que nos ataban podemos aprovechar realmente las nuevas oportunidades que se nos presentan. Cuando decidimos dejar atrás las cosas que nos limitan, nos estamos dando la oportunidad de ampliar nuestro “yo” hasta universos insospechados.
 
Piensa que si te mantienes atado a una relación de pareja dañina, no podrás conocer a una persona que realmente te complemente y te haga crecer. Si te mantienes atado a tus costumbres, no podrás descubrir nuevas formas de hacer las cosas. Si te aferras a los estereotipos, no podrás disfrutar de las maravillas que aporta la diversidad. Si te aferras al odio y el rencor, no podrás amar plenamente.
 
No olvides que la vida está en constante cambio y solo cuando tienes las manos vacías, podrás aferrar las nuevas oportunidades que se te presentan. 
 
Algunas de las cosas que debemos aprender a dejar ir son:
 
– La necesidad de controlarlo todo, fundamentalmente a las personas que nos rodean. Sé y deja ser. 
 
– La necesidad de tener siempre la razón, porque de esta manera no aprenderemos nada nuevo sino que nos aferraremos a nuestra forma de comprender el mundo.
 
– La necesidad de aferrarse al pasado, porque de esta manera no podremos caminar con paso ligero hacia el futuro.
 
– Los sentimientos dañinos, como el odio, la ira y el rencor, porque nos impedirán amar y disfrutar plenamente del presente.
 
Recuerda que la felicidad siempre es una decisión personal y que la vida está llena de oportunidades increíbles, pero debemos estar preparados para aprovecharlas.
 
web origen: http://www.rinconpsicologia.com/

Los amigos, una “morfina natural” contra el dolor

Los buenos amigos no solo comparten las risas sino también los malos momentos. Son esas personas que están a nuestro lado cuando más lo necesitamos y nos prestan su hombro para llorar. No obstante, ahora un nuevo estudio llevado a cabo por psicólogos de la Universidad de Oxford indica que el papel de las amistades es mucho más importante de lo que pensábamos ya que, en práctica, son una especie de “analgésico” natural que nos protege del dolor.
 

El experimento de la “posición incómoda”

 
Estos investigadores reclutaron a 101 jóvenes y les pidieron que llenaran un cuestionario sobre sus características de personalidad y relaciones sociales, en el que no solo se indagaba sobre el número de amigos sino también sobre cuánto tiempo pasaban juntos y con qué frecuencia. 
 
Posteriormente, estas personas se sometieron a una prueba del dolor que consistía en mantenerse en una posición incómoda durante el mayor tiempo posible. Obviamente, con el paso de los minutos los participantes comenzaron a experimentar los primeros calambres y luego llegó el dolor.
 
Así los investigadores descubrieron que quienes soportaban mejor el dolor también eran aquellos que tenían más amigos.
 

Nuestro cerebro está programado para ser sociables

 
Los neurocientíficos creen que nuestro cerebro está genéticamente programado para ser sociables. No podía ser de otra forma si nuestros antepasados querían sobrevivir ya que en aquel ambiente hostil era muy difícil que una persona pudiese defenderse por sí sola de los peligros que le acechaban.
 
El mecanismo elegido por la naturaleza para asegurarse de que seamos sociables es el sistema opioide endógeno, en particular la β-endorfina, que desempeña un papel esencial en las relaciones interpersonales.
 
Según la teoría del apego social, el sistema opioide endógeno es fundamental para establecer y mantener los lazos con otras personas. Este sistema se encarga de mantener la motivación social y desempeña un rol esencial en la atribución de valores positivos a las interacciones con los demás. En otras palabras, se encarga de que valoremos positivamente las relaciones interpersonales y nos motiva a establecer nuevos vínculos.
 
Sin embargo, la β-endorfina no solo nos motiva a relacionarnos sino que también genera una sensación de bienestar y tiene una potentísima acción analgésica. Además, se conoce que este neuropéptido tiene una gran afinidad con el receptor μ-opioide. La estrecha relación entre el sistema opioide y el dopaminérgico es lo que hace que las relaciones sociales sean recompensadas de forma natural.
 
De hecho, hace poco neurocientíficos de la Universidad de California descubrieron que cuando a una persona se le suministra naltrexona, un medicamento que bloquea la acción del receptor μ-opioide, disminuye su interés por las relaciones sociales y su satisfacción con las mismas. También se ha apreciado que en los trastornos en los que se encuentran afectadas las relaciones sociales, como el autismo, existe una disfunción del sistema opioide endógeno.
 

Los amigos, una medicina para el alma y el cuerpo

 
Los neurocientíficos creen que si el sistema opioide se encarga de que seamos más sociables, sería lógico suponer que si mantenemos una vida social gratificante, tenemos muchos amigos y pasamos tiempo de calidad con ellos, estaremos estimulando de forma natural la producción de β-endorfina, un analgésico que ha demostrado ser mucho más potente que la morfina que se suministra como medicamento.
 
Por consiguiente, asegúrate de crear a tu alrededor una buena red de apoyo social. Cuida a esas personas que se exponen para sostenerte con sus lazos cuando estás a punto de caer por un precipicio. Esos amigos que te apoyan y, aunque son plenamente conscientes del riesgo que corren por ti, no se espantan. Ese tipo de amigos son la mejor medicina para el alma y el cuerpo. Jamás los dejes ir.
 
Origen: http://www.rinconpsicologia.com/