La canción más relajante del mundo disminuye la ansiedad en un 65%

La ansiedad es uno de los grandes monstruos de la era moderna. Una investigación publicada hace poco por científicos de la Universidad de Harvard señaló que los problemas causados por el estrés y la ansiedad causan más muertes que la diabetes y la influenza. Sin duda, este estado, sobe todo si se mantiene a lo largo del tiempo, no es algo que se pueda tomar a la ligera.
 
El hecho de que vivamos en una cultura altamente competitiva e individualista contribuye en gran medida a que desarrollemos un mayor nivel de ansiedad. Cuando sentimos que no tenemos asideros a los cuales aferrarnos podemos experimentar ataques de pánico, la sensación de ahogo y una enorme ansiedad; síntomas de la desconexión de la que somos víctimas.
 
Por desgracia, no existe una herramienta mágica para eliminar este problema y los medicamentos para la ansiedad tampoco son la solución, al menos a largo plazo. Sin embargo, en momentos de gran tensión podemos recurrir a la música, una excelente estrategia para canalizar nuestros estados de ánimo y reencontrar el equilibrio perdido. De hecho, los estudios de neuroimagen han revelado que la música actúa a un nivel profundo del cerebro, estimulando zonas a las que no solemos acceder de manera racional que están vinculadas con las respuestas emocionales.
 

¿Cuál es la canción más relajante del mundo?

 
Un equipo de investigadores del Minlab International se propuso encontrar las piezas musicales que más pueden ayudarnos a combatir la ansiedad. Estos neurocientíficos encontraron que un tema en particular arrojaba resultados espectaculares ya que las personas reportaban una reducción del 65% en sus niveles de ansiedad.
 
Para llegar a estas conclusiones reclutaron a un grupo de voluntarios y les pidieron que completaran una serie de rompecabezas, una tarea contrarreloj. La prueba estaba especialmente concebida para generar estrés. Luego los participantes escucharon diferentes temas musicales, mientras los investigadores monitorizaban su ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la actividad cerebral y el ritmo respiratorio en busca de signos que indicaran una disminución del estrés.
 
El tema musical en cuestión es de Marconi Union, un trío británico que lo compuso precisamente para promover un estado de relajación. Por eso, no es extraño que hace algunos años lo catalogaran como “la canción más relajante del mundo”. 
 

Este tema es tan especial porque comienza con un ritmo mantenido de 60 pulsaciones por minuto para disminuir gradualmente hasta llegar a 50. Cuando la escuchamos y nos centramos en la música, nuestro corazón se “sintoniza” con esas pulsaciones. También influye el hecho de que el tema dure ocho minutos ya que ese proceso de sincronización fisiológica tarda aproximadamente cinco minutos, por lo que una canción más corta no tendría el mismo efecto relajante. 
 
Por otra parte, los intervalos armónicos entre las notas crean la sensación de euforia y comodidad. Además, la melodía está compuesta de forma tal que le permite al cerebro desconectarse por completo ya que no necesita mantenerse alerta para prever qué pasará en la próxima nota.
 
En vez de continuos altibajos, aparecen carrillones de forma aleatoria que inducen un sentido más profundo de la relajación. El elemento final son los sonidos bajos, como un murmullo o zumbido, como los cantos budistas. 
 
Por supuesto, este tema musical no es la panacea y es probable que algunas personas encuentren otras canciones mucho más relajantes. En cualquier caso, lo importante es que tengas tu propia playlist para los momentos en que más lo necesites.
 
Si necesitas inspiración, estos neurocientíficos consideran que estas son las 10 canciones más relajantes del mundo:
 

10. “We Can Fly” de Rue du Soleil (Café Del Mar)
9. “Canzonetta Sull’aria” de Mozart
8. “Someone Like You” de Adele
7. “Pure Shores” e All Saints
6. “Please Don’t Go” de Barcelona
5. “Strawberry Swing” de Coldplay
4. “Watermark” de Enya
3. “Mellomaniac (Chill Out Mix)” de DJ Shah
2. “Electra” de Airstream
1. “Weightless” de Marconi Union
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Síndrome de la Insistencia Errónea: Esforzarse mucho para no lograr nada

A todos nos sucede, antes o después. Llega un momento de la vida en el que nos damos cuenta de que necesitamos cambiar, que debemos poner rumbo en otra dirección porque lo que estamos haciendo simplemente no funciona o nos conduce a un callejón sin salida. 
 
Sin embargo, hacer consciente la necesidad del cambio es tan solo el primer paso. Normalmente después llega una fase en la que nos bloqueamos, nos sentimos atrapados por las decisiones del pasado y nos damos cuenta de que los malos hábitos regresan. 
 
Sin darnos cuenta, comenzamos a insistir en la dirección errónea y, obviamente, no avanzamos sino que comenzamos a retroceder. Sin embargo, el esfuerzo que realizamos es tal que terminamos agotados y desmotivados, sin comprender qué ha pasado. La respuesta es muy sencilla: hemos sido víctimas de lo que se podría denominar: “Síndrome de la Insistencia Errónea”. 
 

Insistir en la dirección equivocada

 
Imagina que es verano. Estás sentado tranquilamente en el sofá de tu casa y comienzas a sentir un calor sofocante. Para refrescarte, abres un poco la ventana. Luego abres una ventana opuesta, para crear un poco de corriente.
 
Cuando vuelves al sofá te sientes mucho mejor pero al cabo de unos minutos piensas que si abrieses un poco más las ventanas, sentirías aún menos calor. Te levantas y lo haces. Y así continúas, hasta que abres las ventanas de par en par.
 
Finalmente te sientas tranquilo en el sofá, dispuesto a relajarte y a disfrutar de la brisa, pero al cabo de un rato te percatas de que el calor ha vuelto. ¿Por qué?
 
La respuesta es muy sencilla: según la Física, llega un punto a partir del cual, mientras más abres las ventanas, más despacio circula el aire.
 
En la vida, en muchas ocasiones ponemos en práctica este tipo de comportamiento. De hecho, insistimos en la dirección errónea cuando:
 
– Nos aferramos a comportamientos del pasado, que en su momento fueron eficaces pero que en la actualidad han dejado de serlo y han perdido su sentido.
 
Insistimos en la crítica, pensando que si la repetimos muchas veces, la otra persona terminará cambiando, cuando en realidad solo lograremos que se ponga a la defensiva.
 
– Nos obstinamos en seguir un sueño o una idea que creemos brillante, sin tomar en consideración las pistas que nos envía el mundo real para indicarnos que vamos por mal camino.
 
– Nos atamos a una relación, generalmente de pareja, que ya no funciona y que se ha convertido en una fuente de conflictos e insatisfacciones.
 
En todos estos casos, al inicio determinados comportamientos, creencias o ideas fueron perfectamente válidos y eficaces. Sin embargo, en cierto punto del camino las condiciones cambiaron y no nos dimos cuenta, por lo que seguimos repitiendo los viejos comportamientos o aplicamos creencias que han pasado a ser desadaptativas. Obviamente, en este punto los resultados que obtenemos no son los esperados, en vez de avanzar, nos sentimos estancados o incluso retrocedemos. 
 
En ese punto entramos en un bucle ya que comenzamos a insistir en la dirección errónea, malgastando nuestra fuerza y energía. Entonces, en vez de reflexionar sobre nuestras creencias de base, pensamos que el problema es que no nos aplicamos lo suficiente, por lo que redoblamos aún más nuestros esfuerzos en la dirección equivocada. 
 
Obviamente, vivir dentro de este bucle, luchando continuamente contra la corriente, puede ser devastador porque podemos terminar creyendo que no somos lo suficientemente buenos, cuando en realidad el único problema es que debemos cambiar de dirección.
 

¿Cómo salir de ese círculo vicioso?

 
Si en los últimos tiempos te sientes atrapado en una situación que está consumiendo tu fuerza y energía pero no logras los resultados que esperabas, quizá el problema es que estás insistiendo en la dirección errónea. Plantéate estas preguntas:
 
– La vida cambia continuamente, ¿tú has cambiado lo suficiente? Un proverbio chino dice “no puedes dirigir el viento, pero sí las velas de tu barco”. La vida cambia continuamente, pero a veces no somos capaces de adaptarnos con suficiente rapidez a esas transformaciones. Sin embargo, seguir repitiendo comportamientos del pasado, solo porque una vez funcionaron, no es garantía de éxito, más bien es un salvoconducto al fracaso.
 
– Mira a tu alrededor, ¿qué señales te envía el mundo? En muchas ocasiones nos empecinamos en seguir un camino porque estamos demasiado ensimismados en nosotros mismos y pasamos por alto las señales que nos envía el mundo para indicarnos que vamos en la dirección errónea. Por tanto, haz un alto en el camino, establece una distancia emocional e intenta descifrar el significado de todos esos obstáculos, problemas y conflictos que están apareciendo y te detienen. Quizá solo están ahí para decirte que es mejor que tomes otro camino. De hecho, si tu plan no funciona, no significa que debes cambiar la meta, sino el plan. 
 
– ¿A qué le temes? A veces insistimos en la dirección errónea porque los otros caminos nos dan miedo. De hecho, es un error común en las relaciones de pareja. Nos mantenemos atados a una persona porque pensamos que no vamos a encontrar a nadie más y nos da miedo quedarnos solos. Obviamente, esa no es una buena razón para guiar nuestra vida. Asegúrate de que tus decisiones expresen tus sueños e ilusiones, no tus miedos. 

Pilates en tu casa: 10 ejercicios para principiantes

​Pilates en tu casa: 10 ejercicios para principiantes
 

Vivimos en una sociedad sedentaria. Levantarse, comer, ir a trabajar, salir de fiesta… son actividades frecuentes y cotidianas en la vida de las personas de nuestra sociedad. Sin embargo, en general la mayor parte de la población pasa la mayor parte del tiempo sentada en un mundo lleno de competición y estrés constantes.

Por ello, la realización de deporte con cierta frecuencia es un elemento indispensable para mantener la salud tanto física como mental. Dentro del mundo del deporte podemos encontrar una gran variedad de disciplinas, suponiendo algunas de ellas un gran gasto económico a la hora de mantenerlas o bien un consumo de tiempo excesivo para compaginar con otras responsabilidades. Sin embargo existen alternativas que se pueden realizar sin gran gasto de dinero ni de tiempo. Un ejemplo de ello es el Pilates.

¿Qué es el Pilates?

El Pilates es un método originalmente pensado para la rehabilitación física ideado por el Joseph Hubertus Pilates, con el fin de contribuir a la recuperación personal a través de la unión entre cuerpo y mente. Se trata de un ejercicio físico de tipo anaeróbico en el que se precisa un elevado control de la respiración y una cierta capacidad de concentración para llevar a cabo los diversos movimientos. Respecto a la respiración, es importante que la inhalación se realice por vía nasal y mientras se mantienen los músculos abdominales en tensión, con el fin de oxigenar y ejercitar correctamente los músculos.

Sus beneficios son múltiples, pasando por la reducción del estrés a nivel tanto psicológico como fisiológico, el aumento de elasticidad y fortaleza en los músculos (especialmente lumbares y abdominales, la corrección de la postura y el aumento de autoestima que supone la mejora en destreza, coordinación, agilidad y fuerza que supone su práctica.

Fáciles ejercicios de Pilates para hacer en casa

A continuación se van a mostrar una serie de ejercicios sencillos para aquellos que quieran iniciarse en esta disciplina

Para realizarlos no es necesario disponer de gran cantidad de material, bastando en la mayoría de los casos con una esterilla para poder realizar cómodamente los ejercicios, y pudiendo realizarlos fácilmente desde nuestro hogar. Se recomienda realizarlo en una zona tranquila (no olvidemos que es una actividad que pretende relajar tanto cuerpo como mente) y ventilada.

1. Roll up

Este ejercicio es de gran simplicidad. Se basa en sentarse en la esterilla con las piernas estiradas y proceder a intentar agarrar los pies con las manos, manteniendo la tensión muscular alrededor de quince segundos. Deberían hacerse múltiples repeticiones de este ejercicio.

2. Rolling back

Sobre la esterilla, se procede a sentarse abrazando las piernas, las cuales estarán flexionadas hacia el tórax y apoyando la cabeza en las rodillas. En esta posición, el usuario ha de mecerse hacia atrás hasta tocar con los omoplatos el suelo, mientras inhala, para posteriormente exhalar mientras vuelve a la posición inicial. Se realiza de manera continua durante tres minutos.

3. Pesas

Esta actividad se realiza desde un asiento y con la ayuda de unas pesas o sucedáneos (por ejemplo dos botellas de agua). Con la espalda completamente recta y los pesos en las manos, el ejercicio se basa en estirar los brazos hacia arriba, flexionándolos tras la nuca.

4. La sierra

Ejercicio de fortalecimiento de la cintura. El individuo se sienta con las piernas abiertas y los brazos y espalda estirados. A continuación, mientras se inhala se gira el tronco hacia la izquierda, esforzándose por coger con la mano derecha el pie izquierdo. A continuación realiza la acción contraria, girando el tronco hacia la derecha y cogiendo con la mano izquierda el pie derecho. Repítase de forma continua entre cuatro y cinco veces cada lado.

5. Flexiones

Forma de trabajar el tren superior. Túmbate boca abajo sobre la esterilla. A continuación, con las rodillas apoyadas en el suelo y la espalda y cabeza rectas, realiza una flexión procurando realizarla con lentitud y sintiendo la tensión muscular. Repite el proceso como mínimo hasta en diez ocasiones. Si se tiene suficiente resistencia se puede realizar con las piernas estiradas.

6. Tonificación lumbar y abdominal

Esta actividad, si bien sencilla, puede requerir un cierto esfuerzo. En esta ocasión el individuo ha de tumbarse boca arriba sobre la esterilla. A continuación, con los brazos estirados sirviendo de apoyo, se ha de proceder levantando las piernas en ángulo recto. Tras unos segundos (recomendamos diez), y con las piernas rectas, continúa el movimiento hasta situar los pies por delante de la cabeza, tocando el suelo. Tras varios segundos en esta posición, se vuelve a poner las piernas a 90 grados con respecto al cuerpo, es decir en su posición anterior. Finalmente se bajan las piernas hasta permanecer totalmente estirado. Se recomienda realizar varias repeticiones, según la resistencia de cada uno.

7. Spine twist

Este ejercicio resulta de gran sencillez. El usuario se coloca sentado con las piernas juntas, con los brazos estirados. A continuación mientras se inhala se procede a girar el tronco tres veces hacia uno de los lados, llegando hasta la máxima rotación posible. Una vez llegado ese punto, se retorna a la posición inicial mientras se exhala. A continuación se repite hasta en tres ocasiones el mismo procedimiento en la misma dirección, para posteriormente realizar las mismas tres repeticiones en el sentido opuesto.

8. The Teaser (la V)

Sobre la esterilla, el usuario permanece tumbado boca arriba y con los brazos estirados. A continuación se procede a levantar las piernas, estiradas, hasta media altura (alrededor de unos 45 grados, si bien la inclinación dependerá de la capacidad y resistencia de cada uno) para proceder levantando también el tronco y poniendo los brazos en paralelo a las piernas estiradas. De esta forma el cuerpo forma una V, empleando una gran cantidad de músculos de la zona lumbar y abdominal, además de los músculos de piernas y brazos.

9. Fondos de tríceps

El presente ejercicio se realiza estando de pie, con los brazos estirados hacia arriba. Se procede como en el caso del estiramiento inicial a bajar los brazos hasta llegar al suelo. A continuación se procede a caminar con las manos hacia adelante, pudiendo apoyar las rodillas en el suelo. A continuación se procede a hacer una serie de tres flexiones (apoyando las rodillas en el suelo). Finalmente, se procede a volver a la posición inicial, encadenando los pasos seguidos hasta el momento a la inversa. Se pueden hacer varias repeticiones.

10. Abrazo de pierna: Tijera

La presente actividad se realiza de la siguiente manera: en primer lugar, estando tumbado boca arriba sobre la esterilla, se empieza por estirar ambas piernas y colocarlas en un ángulo de noventa grados respecto al cuerpo. Una vez hecho esto, se procede a abrazar una de las piernas estiradas mientras que la otra recupera la posición original, apoyada en el suelo completamente estirada. Tras entre uno y dos segundos de mantener esta posición se sube y abraza la otra pierna y bajar la que lo estaba anteriormente, alternándose en varias repeticiones (al menos dos series de diez).

Oscar Castillero MimenzaOscar Castillero Mimenza/Psicólogo
Web original:psicologiaymente

No todos los males vienen para hacer daño

En muchas ocasiones hemos llorado sin ser plenamente conscientes de que la vida nos estaba haciendo un favor. Hay situaciones que en su momento nos desbordaron, que generaron una tristeza o una rabia profunda o que incluso hicieron que nos cuestionáramos el sentido de todo. Sin embargo, tiempo después, al verlas con perspectiva, nos damos cuenta de que esas situaciones nos hicieron más fuertes, nos dieron una enseñanza, nos convirtieron en mejores personas o, al menos, en personas más sensibles.
 
En este sentido, Albert Einstein solía decir que si algo agradecía en la vida, era a todas aquellas personas que le habían dicho “no”. Sigmund Freud afirmó que había sido un hombre afortunado porque en la vida nada le había sido fácil. Las grandes personalidades comparten una característica: se niegan a ser una marioneta en manos del destino, son conscientes de que los problemas y los contratiempos son oportunidades para crecer.
 
De hecho, Thomas A. Edison afirmó: “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla”. Para los genios, cada error, cada negativa o cada “fracaso” se convierte en una especie de combustible que alimenta su perseverancia. Eso no significa que no les duela, pero deciden usar ese dolor como aliciente para seguir adelante. 
 
Las grandes personalidades de la historia, así como muchísimas personas anónimas que han sabido cultivar laresiliencia, son conscientes de que todos los males no vienen para hacer daño y saben que, aunque en un primer momento no puedan comprender su significado o la lección que encierran, esa situación les permitirá crecer.
 

A veces es solo cuestión de cambiar la perspectiva

 
Solemos pensar que toda pérdida, contratiempo o desilusión es un mal que nos hace daño. Eso se debe a que nos centramos en lo negativo y no somos capaces de analizar la situación desde una perspectiva más amplia.
 
De hecho, cuando nos encontramos en una situación así, podemos pensar en la metáfora del tapiz. Es decir, todo tapiz tiene dos caras, si nos limitamos a mirar desde abajo solo veremos una maraña de hilos, no podremos encontrar el sentido ni descifrar el dibujo. El problema es que estamos mirando desde la perspectiva equivocada, una perspectiva que puede llevar a sacar conclusiones erróneas que alimenten un sufrimiento inútil. Sin embargo, si somos capaces de dar la vuelta y mirar el tapiz por delante, no solo podremos descifrar el sentido sino que incluso es probable que nos maravillemos con la belleza del dibujo.
 
Nuestra mente funciona de manera bastante parecida. De hecho, tenemos una especie de fijación con la búsqueda del significado. Cuando no logramos encajar una situación en la historia de nuestra vida, es como si se quedara atascada, se convierte en un disco rayado que escuchamos una y otra vez.
 
De hecho, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Harvard ha descubierto cómo las huellas dolorosas se quedan grabadas en el cerebro. Estos psicólogos hicieron que las personas que habían sufrido un trauma escucharan una descripción de lo sucedido. Mientras tanto, escaneaban sus cerebros. Así apreciaron que cuando las personas revivían las experiencias dolorosas, se activaban partes del cerebro como la amígdala, el núcleo del miedo, y el córtex visual, pero se desactivaba el área de Broca, la zona responsable del lenguaje. 
 
Esto significa que cuando las personas experimentan un trauma, lo reviven como si fuera una situación real, a menos hasta que logren encontrarle un significado e integrarlo en sus experiencias de vida. Para lograrlo, en muchas ocasiones basta cambiar la perspectiva, mirar desde otro ángulo, a ser posible más constructivo.
 

El sufrimiento útil

 
El hecho de que determinadas situaciones puedan ayudarnos a crecer, a ser más resilientes y a convertirnos en mejores personas no significa que no duelan y que no causen sufrimiento. Sin embargo, es importante distinguir entre el sufrimiento útil y el inútil. 
 
El sufrimiento inútil nos mantiene atascados, nos convierte en sus prisioneros y no nos permite fluir con el curso natural de la vida. Este sufrimiento no tiene un poder sanador sino todo lo contrario, alimenta la tristeza, el odio y el resentimiento. 
 
Al contrario, el sufrimiento útil es aquel que nos renueva, que nos permite liberarnos de la rabia, la tristeza y la indignación. El sufrimiento útil es como un río que fluye, de forma natural y que, al final, desemboca en una lección, en un aprendizaje. 
 
El sufrimiento útil nos permite recorrer el camino de la adversidad y llegar fortalecidos a nuestro destino. Este tipo de sufrimiento nos rompe en mil pedazos para volver a recomponernos, devolviéndonos una versión más sensible y a la vez más fuerte de nosotros mismos.
 
Un ejemplo llega de la mano de un estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores de la Universidad de California, quienes comprobaron que podemos aprovechar la adversidad para crecer y realizar cambios trascendentales en nuestra vida. Estos psicólogos encuestaron a 209 mujeres diagnosticadas con cáncer de mama y descubrieron que el 60% de ellas consideraba que las transformaciones que habían experimentado a lo largo de la enfermedad eran positivas ya que habían aprendido a ver la vida desde un ángulo más positivo y a disfrutar más de ella.

Es lógico que nadie quiere enfermar, nadie quiere sufrir una pérdida o vivir un duro fracaso, pero está en nuestras manos aprovechar esa situación para aprender y crecer o, al contrario, sumirnos en un mar de quejas y lamentaciones que no nos conduce a ninguna parte.

 

Después del sufrimiento llega la oportunidad

 
En la mayoría de las ocasiones resulta difícil vislumbrar la oportunidad de crecimiento en los reveses. Por eso es necesario mantenerse atentos y conservar la idea de que todos los males no llegan para hacer daño. Hay males “necesarios” que encierran lecciones de vida. Desaprovecharlas sería un verdadero pecado.
 
Por tanto, recuerda que a veces la vida no te dice “no” sino tan solo “espera”, que a veces las mejores oportunidades llegan disfrazadas de contratiempos, que a veces ese problema es una ocasión para cambiar el rumbo. Por eso, la próxima vez que cometas un error, sufras una pérdida o tengas un revés, pregúntate qué lección puedes aprender. Es un cambio de perspectiva que vale la pena.
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No hay malas decisiones sino malas interpretaciones

Una viuda muy trabajadora tenía a su cargo unas jóvenes criadas a las que levantaba todos los días a la hora del canto del gallo para que comenzaran a trabajar.
 
Las jóvenes, cansadas de la rutina y de aquel ritmo de trabajo, decidieron matar al gallo para que la viuda no las levantara tan temprano, pues pensaban que madrugar era la causa de sus males.
 
Sin embargo, después de su vil acción, se dieron cuenta de que solo habían agravado su mal pues a partir de aquel momento la viuda comenzó a levantarlas al oir al panadero empezar su jornada, incluso más temprano que el canto del gallo”.
 
Esta sencilla fábula nos brinda una valiosa enseñanza: la causa de los problemas no siempre es la primera que cruza por nuestra mente, es mejor pensar concienzudamente y no actuar precipitadamente ya que podríamos agravar la dificultad en vez de solucionarla.
 

Los sesgos cognitivos que nos impiden encontrar la verdadera causa de los problemas

 
Si pudiéramos encontrar fácilmente la verdadera causa de nuestros problemas, nos resultaría mucho más fácil resolverlos y no nos estresaríamos tanto. De hecho, cuando nos planteamos las preguntas correctas, ya estamos a mitad del camino para encontrar la solución. El problema es que no funcionamos con la misma lógica que un ordenador y a menudo somos víctima de sesgos cognitivos que limitan nuestra visión.
 
– Percepción selectiva. No vemos el mundo como es, sino como somos. Esto significa que nuestras ilusiones, esperanzas y expectativas influyen en el significado que le atribuimos a las situaciones. Como resultado, obviamos una parte de la realidad y nos concentramos en aquella que nos resulta más cómoda. El problema es que de esta manera no logramos formarnos un cuadro completo de la situación y no podemos tener una visión objetiva que nos acerque a la solución.
 
– Sesgo de confirmación. Se trata de una tendencia a favorecer la información que confirme nuestras propias hipótesis e ideas, sin importar si esa información es verdadera. Al fijarnos solo en lo que confirma nuestras creencias, no se genera una disonancia cognitiva, por lo que no nos vemos obligados a replantearnos nuestra postura. Por eso, a veces solo vemos lo que queremos ver.
 
– Negación de la probabilidad. Nos resulta más difícil tomar decisiones cuando no tenemos certezas. Por eso, tenemos la tendencia a rechazar por completo cualquier probabilidad cuando esta genera aún más incertidumbre, aunque pueda tratarse de una buena opción. En práctica, preferimos tomar decisiones cuyas consecuencias podamos prever, antes que elegir un camino incierto o desconocido.
 
– Sesgo de la responsabilidad externa. Se trata de la tendencia a evadir nuestra responsabilidad y buscar culpables fuera de nosotros, así aliviamos el estrés que pueden generar algunas decisiones. Este sesgo también se refiere a nuestra tendencia a dejar que los demás decidan por nosotros, para no tener que asumir las consecuencias de nuestros actos. De esta forma, no escudriñamos en lo que realmente deseamos o en cuál sería la mejor solución, sino que nos dejamos llevar por las decisiones y criterios de los demás.
 

¿Cómo descubrir la causa de los problemas?

 
La mente humana es muy compleja, a menudo nuestras emociones, creencias y expectativas nos juegan malas pasadas y nos impiden ver la verdadera causa del problema, que en muchas ocasiones se encuentra dentro de nosotros mismos. De hecho, algunos problemas dejarían de ser tan agobiantes si tan solo fuésemos capaces de cambiar nuestra perspectiva de la situación o pudiésemos ver con claridad su causa.
 
1. Tómate el tiempo que necesites. Se dice que el tiempo pone todo en su lugar, de hecho, es un poderoso aliado que nos ayuda a ver las cosas con perspectiva. Por eso, ante un problema, es mejor no precipitarse y dejar que las emociones se asienten. Así podremos vislumbrar con mayor claridad cuál es la causa y qué camino es el más adecuado. Además, durante ese tiempo el inconsciente seguirá trabajando y puede llegar a desvelarnos cosas muy interesantes sobre nosotros mismos, aunque sea a través de los sueños. De hecho, esa es la razón por la cual cuando tenemos un problema, también sufrimos más pesadillas, muchas de las cuales son mensajes en clave del inconsciente.
 
2. Concientiza tus emociones. No es necesario deshacerse de las emociones e ilusiones a la hora de analizar un problema o tomar decisiones. De hecho, estas pueden ser muy útiles e inclinan positivamente la balanza hacia aquello que nos hace sentir mejor. Sin embargo, es importante que seamos consciente de su influencia, que comprendamos hasta qué punto inciden en nuestro juicio.
 
3. Descubre a qué le temes. Detrás de cada problema que nos agobia casi siempre se agazapa un temor. Cuando algo nos quita el sueño es porque genera miedo, y el miedo no es un buen consejero a la hora de buscar causas o tomar decisiones. De hecho, cuando el miedo es muy grande incluso podemos resistirnos a reconocerlo, por lo que la causa del problema permanecerá en la sombra, oculta a nuestra conciencia. Es un mecanismo de defensa con el cual nos protegemos pero que, a la larga, provoca más daño que bien. Por eso, para buscar las causas de un problema, a menudo debemos emprender un viaje de descubrimiento personal. Curiosamente, en el mismo momento en que somos conscientes de ese temor, comenzamos a liberarnos de su influjo.
 
4. Simplifica. Albert Einstein afirmó: “cualquier tonto puede complicar las cosas; hace falta un genio para simplificarlas”. Cuando tenemos un problema, nuestra tendencia es complicarlo aún más, tenemos un don excepcional para el dramatismo y el catastrofismo. Sin embargo, para encontrar la solución y la causa del problema debemos simplificar lo máximo posible. De hecho, deberíamos convertirnos en una especie de jardinero, que va separando poco a poco todas las ramas que impiden ver el tronco. En ese proceso, es importante ser conscientes de que la mayoría de los problemas no tienen una única causa, siempre inciden varios factores. Sin embargo, la clave para solucionarlo consiste en centrarse en la causa principal.
 
5. Ábrete a las posibilidades. Los problemas suelen ofuscarnos, haciéndonos creer que solo existe una vía posible. Sin embargo, si nos abrimos a las oportunidades descubriremos que existen diferentes caminos, algunos incluso pueden ayudarnos a salir de la zona de confort y crecer como persona. Por tanto, ante un problema, es importante valorar todas las causas y soluciones posibles, aunque al inicio puedan parecernos descabelladas. Una buena estrategia consiste en ponernos durante algunos minutos en el lugar de otras personas y preguntarnos qué pensarían y cómo actuarían, así nos resultará más fácil abrir nuestra mente.
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