Síndrome de la Insistencia Errónea: Esforzarse mucho para no lograr nada

A todos nos sucede, antes o después. Llega un momento de la vida en el que nos damos cuenta de que necesitamos cambiar, que debemos poner rumbo en otra dirección porque lo que estamos haciendo simplemente no funciona o nos conduce a un callejón sin salida. 
 
Sin embargo, hacer consciente la necesidad del cambio es tan solo el primer paso. Normalmente después llega una fase en la que nos bloqueamos, nos sentimos atrapados por las decisiones del pasado y nos damos cuenta de que los malos hábitos regresan. 
 
Sin darnos cuenta, comenzamos a insistir en la dirección errónea y, obviamente, no avanzamos sino que comenzamos a retroceder. Sin embargo, el esfuerzo que realizamos es tal que terminamos agotados y desmotivados, sin comprender qué ha pasado. La respuesta es muy sencilla: hemos sido víctimas de lo que se podría denominar: “Síndrome de la Insistencia Errónea”. 
 

Insistir en la dirección equivocada

 
Imagina que es verano. Estás sentado tranquilamente en el sofá de tu casa y comienzas a sentir un calor sofocante. Para refrescarte, abres un poco la ventana. Luego abres una ventana opuesta, para crear un poco de corriente.
 
Cuando vuelves al sofá te sientes mucho mejor pero al cabo de unos minutos piensas que si abrieses un poco más las ventanas, sentirías aún menos calor. Te levantas y lo haces. Y así continúas, hasta que abres las ventanas de par en par.
 
Finalmente te sientas tranquilo en el sofá, dispuesto a relajarte y a disfrutar de la brisa, pero al cabo de un rato te percatas de que el calor ha vuelto. ¿Por qué?
 
La respuesta es muy sencilla: según la Física, llega un punto a partir del cual, mientras más abres las ventanas, más despacio circula el aire.
 
En la vida, en muchas ocasiones ponemos en práctica este tipo de comportamiento. De hecho, insistimos en la dirección errónea cuando:
 
– Nos aferramos a comportamientos del pasado, que en su momento fueron eficaces pero que en la actualidad han dejado de serlo y han perdido su sentido.
 
Insistimos en la crítica, pensando que si la repetimos muchas veces, la otra persona terminará cambiando, cuando en realidad solo lograremos que se ponga a la defensiva.
 
– Nos obstinamos en seguir un sueño o una idea que creemos brillante, sin tomar en consideración las pistas que nos envía el mundo real para indicarnos que vamos por mal camino.
 
– Nos atamos a una relación, generalmente de pareja, que ya no funciona y que se ha convertido en una fuente de conflictos e insatisfacciones.
 
En todos estos casos, al inicio determinados comportamientos, creencias o ideas fueron perfectamente válidos y eficaces. Sin embargo, en cierto punto del camino las condiciones cambiaron y no nos dimos cuenta, por lo que seguimos repitiendo los viejos comportamientos o aplicamos creencias que han pasado a ser desadaptativas. Obviamente, en este punto los resultados que obtenemos no son los esperados, en vez de avanzar, nos sentimos estancados o incluso retrocedemos. 
 
En ese punto entramos en un bucle ya que comenzamos a insistir en la dirección errónea, malgastando nuestra fuerza y energía. Entonces, en vez de reflexionar sobre nuestras creencias de base, pensamos que el problema es que no nos aplicamos lo suficiente, por lo que redoblamos aún más nuestros esfuerzos en la dirección equivocada. 
 
Obviamente, vivir dentro de este bucle, luchando continuamente contra la corriente, puede ser devastador porque podemos terminar creyendo que no somos lo suficientemente buenos, cuando en realidad el único problema es que debemos cambiar de dirección.
 

¿Cómo salir de ese círculo vicioso?

 
Si en los últimos tiempos te sientes atrapado en una situación que está consumiendo tu fuerza y energía pero no logras los resultados que esperabas, quizá el problema es que estás insistiendo en la dirección errónea. Plantéate estas preguntas:
 
– La vida cambia continuamente, ¿tú has cambiado lo suficiente? Un proverbio chino dice “no puedes dirigir el viento, pero sí las velas de tu barco”. La vida cambia continuamente, pero a veces no somos capaces de adaptarnos con suficiente rapidez a esas transformaciones. Sin embargo, seguir repitiendo comportamientos del pasado, solo porque una vez funcionaron, no es garantía de éxito, más bien es un salvoconducto al fracaso.
 
– Mira a tu alrededor, ¿qué señales te envía el mundo? En muchas ocasiones nos empecinamos en seguir un camino porque estamos demasiado ensimismados en nosotros mismos y pasamos por alto las señales que nos envía el mundo para indicarnos que vamos en la dirección errónea. Por tanto, haz un alto en el camino, establece una distancia emocional e intenta descifrar el significado de todos esos obstáculos, problemas y conflictos que están apareciendo y te detienen. Quizá solo están ahí para decirte que es mejor que tomes otro camino. De hecho, si tu plan no funciona, no significa que debes cambiar la meta, sino el plan. 
 
– ¿A qué le temes? A veces insistimos en la dirección errónea porque los otros caminos nos dan miedo. De hecho, es un error común en las relaciones de pareja. Nos mantenemos atados a una persona porque pensamos que no vamos a encontrar a nadie más y nos da miedo quedarnos solos. Obviamente, esa no es una buena razón para guiar nuestra vida. Asegúrate de que tus decisiones expresen tus sueños e ilusiones, no tus miedos. 

Pilates en tu casa: 10 ejercicios para principiantes

​Pilates en tu casa: 10 ejercicios para principiantes
 

Vivimos en una sociedad sedentaria. Levantarse, comer, ir a trabajar, salir de fiesta… son actividades frecuentes y cotidianas en la vida de las personas de nuestra sociedad. Sin embargo, en general la mayor parte de la población pasa la mayor parte del tiempo sentada en un mundo lleno de competición y estrés constantes.

Por ello, la realización de deporte con cierta frecuencia es un elemento indispensable para mantener la salud tanto física como mental. Dentro del mundo del deporte podemos encontrar una gran variedad de disciplinas, suponiendo algunas de ellas un gran gasto económico a la hora de mantenerlas o bien un consumo de tiempo excesivo para compaginar con otras responsabilidades. Sin embargo existen alternativas que se pueden realizar sin gran gasto de dinero ni de tiempo. Un ejemplo de ello es el Pilates.

¿Qué es el Pilates?

El Pilates es un método originalmente pensado para la rehabilitación física ideado por el Joseph Hubertus Pilates, con el fin de contribuir a la recuperación personal a través de la unión entre cuerpo y mente. Se trata de un ejercicio físico de tipo anaeróbico en el que se precisa un elevado control de la respiración y una cierta capacidad de concentración para llevar a cabo los diversos movimientos. Respecto a la respiración, es importante que la inhalación se realice por vía nasal y mientras se mantienen los músculos abdominales en tensión, con el fin de oxigenar y ejercitar correctamente los músculos.

Sus beneficios son múltiples, pasando por la reducción del estrés a nivel tanto psicológico como fisiológico, el aumento de elasticidad y fortaleza en los músculos (especialmente lumbares y abdominales, la corrección de la postura y el aumento de autoestima que supone la mejora en destreza, coordinación, agilidad y fuerza que supone su práctica.

Fáciles ejercicios de Pilates para hacer en casa

A continuación se van a mostrar una serie de ejercicios sencillos para aquellos que quieran iniciarse en esta disciplina

Para realizarlos no es necesario disponer de gran cantidad de material, bastando en la mayoría de los casos con una esterilla para poder realizar cómodamente los ejercicios, y pudiendo realizarlos fácilmente desde nuestro hogar. Se recomienda realizarlo en una zona tranquila (no olvidemos que es una actividad que pretende relajar tanto cuerpo como mente) y ventilada.

1. Roll up

Este ejercicio es de gran simplicidad. Se basa en sentarse en la esterilla con las piernas estiradas y proceder a intentar agarrar los pies con las manos, manteniendo la tensión muscular alrededor de quince segundos. Deberían hacerse múltiples repeticiones de este ejercicio.

2. Rolling back

Sobre la esterilla, se procede a sentarse abrazando las piernas, las cuales estarán flexionadas hacia el tórax y apoyando la cabeza en las rodillas. En esta posición, el usuario ha de mecerse hacia atrás hasta tocar con los omoplatos el suelo, mientras inhala, para posteriormente exhalar mientras vuelve a la posición inicial. Se realiza de manera continua durante tres minutos.

3. Pesas

Esta actividad se realiza desde un asiento y con la ayuda de unas pesas o sucedáneos (por ejemplo dos botellas de agua). Con la espalda completamente recta y los pesos en las manos, el ejercicio se basa en estirar los brazos hacia arriba, flexionándolos tras la nuca.

4. La sierra

Ejercicio de fortalecimiento de la cintura. El individuo se sienta con las piernas abiertas y los brazos y espalda estirados. A continuación, mientras se inhala se gira el tronco hacia la izquierda, esforzándose por coger con la mano derecha el pie izquierdo. A continuación realiza la acción contraria, girando el tronco hacia la derecha y cogiendo con la mano izquierda el pie derecho. Repítase de forma continua entre cuatro y cinco veces cada lado.

5. Flexiones

Forma de trabajar el tren superior. Túmbate boca abajo sobre la esterilla. A continuación, con las rodillas apoyadas en el suelo y la espalda y cabeza rectas, realiza una flexión procurando realizarla con lentitud y sintiendo la tensión muscular. Repite el proceso como mínimo hasta en diez ocasiones. Si se tiene suficiente resistencia se puede realizar con las piernas estiradas.

6. Tonificación lumbar y abdominal

Esta actividad, si bien sencilla, puede requerir un cierto esfuerzo. En esta ocasión el individuo ha de tumbarse boca arriba sobre la esterilla. A continuación, con los brazos estirados sirviendo de apoyo, se ha de proceder levantando las piernas en ángulo recto. Tras unos segundos (recomendamos diez), y con las piernas rectas, continúa el movimiento hasta situar los pies por delante de la cabeza, tocando el suelo. Tras varios segundos en esta posición, se vuelve a poner las piernas a 90 grados con respecto al cuerpo, es decir en su posición anterior. Finalmente se bajan las piernas hasta permanecer totalmente estirado. Se recomienda realizar varias repeticiones, según la resistencia de cada uno.

7. Spine twist

Este ejercicio resulta de gran sencillez. El usuario se coloca sentado con las piernas juntas, con los brazos estirados. A continuación mientras se inhala se procede a girar el tronco tres veces hacia uno de los lados, llegando hasta la máxima rotación posible. Una vez llegado ese punto, se retorna a la posición inicial mientras se exhala. A continuación se repite hasta en tres ocasiones el mismo procedimiento en la misma dirección, para posteriormente realizar las mismas tres repeticiones en el sentido opuesto.

8. The Teaser (la V)

Sobre la esterilla, el usuario permanece tumbado boca arriba y con los brazos estirados. A continuación se procede a levantar las piernas, estiradas, hasta media altura (alrededor de unos 45 grados, si bien la inclinación dependerá de la capacidad y resistencia de cada uno) para proceder levantando también el tronco y poniendo los brazos en paralelo a las piernas estiradas. De esta forma el cuerpo forma una V, empleando una gran cantidad de músculos de la zona lumbar y abdominal, además de los músculos de piernas y brazos.

9. Fondos de tríceps

El presente ejercicio se realiza estando de pie, con los brazos estirados hacia arriba. Se procede como en el caso del estiramiento inicial a bajar los brazos hasta llegar al suelo. A continuación se procede a caminar con las manos hacia adelante, pudiendo apoyar las rodillas en el suelo. A continuación se procede a hacer una serie de tres flexiones (apoyando las rodillas en el suelo). Finalmente, se procede a volver a la posición inicial, encadenando los pasos seguidos hasta el momento a la inversa. Se pueden hacer varias repeticiones.

10. Abrazo de pierna: Tijera

La presente actividad se realiza de la siguiente manera: en primer lugar, estando tumbado boca arriba sobre la esterilla, se empieza por estirar ambas piernas y colocarlas en un ángulo de noventa grados respecto al cuerpo. Una vez hecho esto, se procede a abrazar una de las piernas estiradas mientras que la otra recupera la posición original, apoyada en el suelo completamente estirada. Tras entre uno y dos segundos de mantener esta posición se sube y abraza la otra pierna y bajar la que lo estaba anteriormente, alternándose en varias repeticiones (al menos dos series de diez).

Oscar Castillero MimenzaOscar Castillero Mimenza/Psicólogo
Web original:psicologiaymente

No todos los males vienen para hacer daño

En muchas ocasiones hemos llorado sin ser plenamente conscientes de que la vida nos estaba haciendo un favor. Hay situaciones que en su momento nos desbordaron, que generaron una tristeza o una rabia profunda o que incluso hicieron que nos cuestionáramos el sentido de todo. Sin embargo, tiempo después, al verlas con perspectiva, nos damos cuenta de que esas situaciones nos hicieron más fuertes, nos dieron una enseñanza, nos convirtieron en mejores personas o, al menos, en personas más sensibles.
 
En este sentido, Albert Einstein solía decir que si algo agradecía en la vida, era a todas aquellas personas que le habían dicho “no”. Sigmund Freud afirmó que había sido un hombre afortunado porque en la vida nada le había sido fácil. Las grandes personalidades comparten una característica: se niegan a ser una marioneta en manos del destino, son conscientes de que los problemas y los contratiempos son oportunidades para crecer.
 
De hecho, Thomas A. Edison afirmó: “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla”. Para los genios, cada error, cada negativa o cada “fracaso” se convierte en una especie de combustible que alimenta su perseverancia. Eso no significa que no les duela, pero deciden usar ese dolor como aliciente para seguir adelante. 
 
Las grandes personalidades de la historia, así como muchísimas personas anónimas que han sabido cultivar laresiliencia, son conscientes de que todos los males no vienen para hacer daño y saben que, aunque en un primer momento no puedan comprender su significado o la lección que encierran, esa situación les permitirá crecer.
 

A veces es solo cuestión de cambiar la perspectiva

 
Solemos pensar que toda pérdida, contratiempo o desilusión es un mal que nos hace daño. Eso se debe a que nos centramos en lo negativo y no somos capaces de analizar la situación desde una perspectiva más amplia.
 
De hecho, cuando nos encontramos en una situación así, podemos pensar en la metáfora del tapiz. Es decir, todo tapiz tiene dos caras, si nos limitamos a mirar desde abajo solo veremos una maraña de hilos, no podremos encontrar el sentido ni descifrar el dibujo. El problema es que estamos mirando desde la perspectiva equivocada, una perspectiva que puede llevar a sacar conclusiones erróneas que alimenten un sufrimiento inútil. Sin embargo, si somos capaces de dar la vuelta y mirar el tapiz por delante, no solo podremos descifrar el sentido sino que incluso es probable que nos maravillemos con la belleza del dibujo.
 
Nuestra mente funciona de manera bastante parecida. De hecho, tenemos una especie de fijación con la búsqueda del significado. Cuando no logramos encajar una situación en la historia de nuestra vida, es como si se quedara atascada, se convierte en un disco rayado que escuchamos una y otra vez.
 
De hecho, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Harvard ha descubierto cómo las huellas dolorosas se quedan grabadas en el cerebro. Estos psicólogos hicieron que las personas que habían sufrido un trauma escucharan una descripción de lo sucedido. Mientras tanto, escaneaban sus cerebros. Así apreciaron que cuando las personas revivían las experiencias dolorosas, se activaban partes del cerebro como la amígdala, el núcleo del miedo, y el córtex visual, pero se desactivaba el área de Broca, la zona responsable del lenguaje. 
 
Esto significa que cuando las personas experimentan un trauma, lo reviven como si fuera una situación real, a menos hasta que logren encontrarle un significado e integrarlo en sus experiencias de vida. Para lograrlo, en muchas ocasiones basta cambiar la perspectiva, mirar desde otro ángulo, a ser posible más constructivo.
 

El sufrimiento útil

 
El hecho de que determinadas situaciones puedan ayudarnos a crecer, a ser más resilientes y a convertirnos en mejores personas no significa que no duelan y que no causen sufrimiento. Sin embargo, es importante distinguir entre el sufrimiento útil y el inútil. 
 
El sufrimiento inútil nos mantiene atascados, nos convierte en sus prisioneros y no nos permite fluir con el curso natural de la vida. Este sufrimiento no tiene un poder sanador sino todo lo contrario, alimenta la tristeza, el odio y el resentimiento. 
 
Al contrario, el sufrimiento útil es aquel que nos renueva, que nos permite liberarnos de la rabia, la tristeza y la indignación. El sufrimiento útil es como un río que fluye, de forma natural y que, al final, desemboca en una lección, en un aprendizaje. 
 
El sufrimiento útil nos permite recorrer el camino de la adversidad y llegar fortalecidos a nuestro destino. Este tipo de sufrimiento nos rompe en mil pedazos para volver a recomponernos, devolviéndonos una versión más sensible y a la vez más fuerte de nosotros mismos.
 
Un ejemplo llega de la mano de un estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores de la Universidad de California, quienes comprobaron que podemos aprovechar la adversidad para crecer y realizar cambios trascendentales en nuestra vida. Estos psicólogos encuestaron a 209 mujeres diagnosticadas con cáncer de mama y descubrieron que el 60% de ellas consideraba que las transformaciones que habían experimentado a lo largo de la enfermedad eran positivas ya que habían aprendido a ver la vida desde un ángulo más positivo y a disfrutar más de ella.

Es lógico que nadie quiere enfermar, nadie quiere sufrir una pérdida o vivir un duro fracaso, pero está en nuestras manos aprovechar esa situación para aprender y crecer o, al contrario, sumirnos en un mar de quejas y lamentaciones que no nos conduce a ninguna parte.

 

Después del sufrimiento llega la oportunidad

 
En la mayoría de las ocasiones resulta difícil vislumbrar la oportunidad de crecimiento en los reveses. Por eso es necesario mantenerse atentos y conservar la idea de que todos los males no llegan para hacer daño. Hay males “necesarios” que encierran lecciones de vida. Desaprovecharlas sería un verdadero pecado.
 
Por tanto, recuerda que a veces la vida no te dice “no” sino tan solo “espera”, que a veces las mejores oportunidades llegan disfrazadas de contratiempos, que a veces ese problema es una ocasión para cambiar el rumbo. Por eso, la próxima vez que cometas un error, sufras una pérdida o tengas un revés, pregúntate qué lección puedes aprender. Es un cambio de perspectiva que vale la pena.
web original:  http://www.rinconpsicologia.com/

¿Por qué correr despeja la mente?

¿Sufres un bloqueo creativo? Corre. ¿Estás en una encrucijada y no sabes qué decisión tomar? Corre. ¿Te sientes triste, ansioso o enfadado? Corre. Si quieres despejar la mente, correr no falla.
 
Sin duda, hay algo extraordinario en el balanceo de las manos y el movimiento de los pies, que termina sincronizando y atrapando nuestra mente. De hecho, es difícil correr y seguir autocompadeciéndose o recriminándose. Cuando corremos simplemente alcanzamos un grado diferente de lucidez, logramos concentrarnos en el aquí y ahora, logramosestar plenamente presentes. ¿Por qué?
 

Correr estimula el crecimiento de nuevas neuronas

 
Una buena carrera puede hacer que nos sintamos como nuevos y, de cierta forma, se trata de una sensación que no dista mucho de lo que sucede en realidad. Después de tres décadas de estudio, los neurocientíficos han identificado una relación entre el ejercicio aeróbico y la claridad cognitiva que experimentamos luego.

No obstante, el hallazgo más interesante en este sentido se realizó en el campo de la neurogénesis. Hasta hace poco se pensaba que las neuronas del cerebro morían irremediablemente pero más tarde se descubrió que en realidad en el cerebro se producen nuevas neuronas a lo largo de toda la vida. Y la mejor actividad para potenciar el nacimiento de esas neuronas es precisamente el ejercicio aeróbico de intensidad moderada.

Aún más interesante es que muchas de estas neuronas crecen en el hipocampo, una región del cerebro vinculada al aprendizaje y la memoria. Por tanto, esto podría explicar, al menos en parte, por qué correr potencia la memoria. Sin embargo, la clave para aprovechar sus beneficios radica en correr hasta sudar un poco durante una media de 30 a 40 minutos. Solo así podremos estimular el crecimiento de nuevas neuronas.

 

Aumenta el flujo sanguíneo a los lóbulos frontales

 
Correr también es beneficioso en otros sentidos. De hecho, se han registrado cambios en la actividad de los lóbulos frontales, que tienen un papel protagónico en el control de los estados emocionales y la toma de decisiones. Se ha apreciado que cuando las personas realizan actividad física frecuentemente, hasta llegar a convertirse en un hábito, el flujo sanguíneo hasta esta región del cerebro aumenta. Esa podría ser la auténtica razón por la que después de correr podemos pensar con mayor claridad, concentrarnos mejor, encontrar soluciones y tomar mejores decisiones. 
 
De hecho, como estas zonas también intervienen en la regulación emocional, esa podría ser la explicación por la cual podemos controlar mejor nuestras emociones después de haber corrido. Así lo comprobaron psicólogos de la Universidad de Harvard, quienes hicieron que algunas personas corrieran durante 30 minutos y otros realizaran ejercicios de estiramiento, para después ver un drama.
 
Al terminar la película, todos debían indicar cómo se habían sentido. Quince minutos más tarde y media hora luego, volvieron a indicar su estado de ánimo. Asombrosamente, quienes habían corrido se recuperaron más rápido del golpe emocional inflingido por la película.

Esto nos indica que correr no solo es un hábito saludable sino que contribuye a mantener joven el cerebro y nos permite despejar la mente, aligerando el peso de las emociones negativas y ayudándonos a encontrar nuevas perspectivas.

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Lo que lees importa más de lo que crees

La lectura es uno de los mejores hábitos que podemos desarrollar, uno de los mejores regalos que podemos hacernos. De hecho, una buena novela masajea nuestras neuronas. Sin embargo, no vale leer por leer, sumirnos en la lectura de cualquier cosa que caiga en nuestras manos no nos reportará los mismos beneficios, ni a nivel cognitivo ni emocional. Por tanto, es importante que seamos más selectivos a la hora de elegir lo que leemos.
 

Los contenidos “light” no aportan nada

 
Un estudio realizado en la Universidad de Florida ha sido la señal de alarma: ha encontrado que las lecturas de los estudiantes universitarios influyen directamente en su nivel de escritura. Estos psicólogos descubrieron que no solo cuenta la frecuencia con la que leemos sino también la calidad del contenido.
 
En práctica, los jóvenes que leían revistas académicas y literatura escribían con mayor sofistificación y cometían menos errores que quienes se limitaban a leer noticias y contenido web. Como resultado, estos psicólogos han hecho una diferenciación entre la “lectura profunda” y la “lectura light”. 
 
La lectura profunda es lenta y envolvente, rica en detalles sensoriales, emocionales y morales, es una lectura compleja que va más allá de la simple decodificación de las palabras. La lectura profunda se produce cuando el contenido tiene metáforas, alusiones y conceptos complejos, ya sea desde el punto de vista cognitivo o emocional. Cuando una novela es profunda podemos imbuirnos realmente en sus páginas, y promueve la reflexión y la empatía.
 
Sin embargo, la lectura “light” no nos reporta estos beneficios ya que se trata de una lectura veloz a la que se le presta poca atención y que se olvida al cabo de pocos minutos. Estos psicólogos creen que muchas noticias de los diarios, las revistas de entretenimiento y la mayoría de los contenidos intrascendentes que se pueden encontrar en Internet se pueden catalogar como “lectura light” ya que no promueven la reflexión ni generan una implicación emocional.
 

La lectura profunda, una explosión de sensaciones para el cerebro

 
La lectura profunda es una auténtica explosión de sensaciones para nuestro cerebro. De hecho, se ha apreciado que activa diferentes centros cerebrales, que deben trabajar de manera concertada para que podamos entender lo que leemos y vivir en carne propia esas experiencias. La lectura activa el área de Broca, que nos permite percibir el ritmo y la sintaxis, también activa el área de Wernicke, la cual interviene en nuestra percepción de las palabras y su significado, así como el giro angular, que es fundamental para la percepción y el uso del lenguaje. 
 
Por si fuera poco, la lectura profunda activa además otras áreas del cerebro vinculadas con la percepción y las emociones, lo cual indica que no solo estamos comprendiendo lo que leemos sino que estamos viviendo las aventuras a la par de los personajes. Una buena novela es capaz de activar las zonas del cerebro vinculadas con las sensaciones físicas y los sistemas de movimiento, así como el cerebro emocional, el cual nos permite llorar o reír junto con los personajes.
 
Por eso, no es extraño que se haya apreciado que después de que una persona lee una buena novela, aumenta su nivel de empatía, es capaz de comprender mejor las ideas de los demás, aunque sean diferentes de las suyas, y compartir sus estados emocionales.
 
La poesía es un ejemplo de “lectura profunda” muy especial. Hace poco los neurocientíficos comprobaron que todos los materiales escritos activan lo que se denomina “red de lectura”, la cual nos permite comprender el texto, memorizarlo y reflexionar al respecto. 
 
Sin embargo, en comparación con la prosa, la poesía activa áreas del cerebro completamente diferentes, sobre todo cuando se trata de poemas que nos gustan. De hecho, los poemas activaban la corteza cingulada posterior y medial de los lóbulos temporales, las partes del cerebro vinculadas con la introspección, así como algunas regiones específicas del hemisferio derecho, las mismas que responden ante la música. 
 
Por tanto, la próxima vez que vayas dedicarle unos minutos a la lectura, asegúrate de que valga la pena. Elige materiales que te emocionen, te hagan reflexionar, despierten curiosidad o te hagan disfrutar.
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