¿Qué le está haciendo Internet a tu memoria?

Internet forma parte de nuestras vidas. Sin duda, se ha convertido en una gran ayuda en diferentes esferas y nos permite ahorrar un tiempo precioso, así como estar conectados con personas que se encuentran al otro lado del mundo y, por supuesto, mantenernos informados. Sin embargo, todo tiene un costo. Internet no es la excepción y, si no tenemos cuidado, utilizar la red de forma excesiva nos puede pasar una factura cognitiva que quizá no estaríamos dispuestos a pagar.
 

Descarga Cognitiva: Internet hace que dudes de tu memoria

 
Usar Internet continuamente para buscar datos hará que desconfiemos cada vez más de nuestra memoria. Así lo demuestra un estudio realizado por un grupo de psicólogos de la Universidad de California, quienes han descubierto que mientras más utilizamos la red para buscar información y comprobar datos, menos propensos somos a recurrir a nuestra memoria, aunque se trate de preguntas sencillas cuya solución ya conocemos o podríamos encontrar aplicando la lógica.
 
Este fenómeno se ha bautizado como “descarga cognitiva” y se refiere al hecho de que Internet nos está robando poco a poco nuestra memoria ya que mientras más confiamos en los datos que encontramos en la red, menos nos fiamos de lo que hemos aprendido o de las respuestas que podemos hallar pensando por nuestra cuenta.

El estudio en cuestión fue realizado en diferentes fases, en un primer momento las personas debían responder a una serie de preguntas triviales de dificultad media. A algunas se les permitió acceder a Internet y a otras les pidieron que pensaran y recurrieran a su memoria.

 
En un segundo momento, a todos los participantes les permitieron usar Internet, pero los investigadores se aseguraron de que las preguntas fueran muy sencillas, de manera que solo era necesario recurrir a la memoria para encontrar las respuestas o aplicar el sentido común. Por ejemplo, una de las preguntas era: “¿Todos los países tienen banderas de dos colores?”.
 
Así se apreció que las personas que habían usado Internet en la primera prueba, también eran más propensas a volver a usar la red para buscar las respuestas, en vez de pensar o recurrir a su memoria. 
 
Sin embargo, los resultados más interesantes llegaron cuando los participantes no usaron Internet. Entonces, aquellos que habían recurrido a la red, cometieron un 30% más de errores en sus respuestas. Los investigadores también apreciaron que brindaban respuestas más impulsivas y que pensaban menos.
 
Al contrario, quienes comenzaron el experimento confiando en su memoria desde el primer momento, obtuvieron mejores resultados en la prueba final. Este experimento nos indica que, efectivamente, el uso de Internet tiene un impacto en nuestra memoria, y no es precisamente positivo.

Los peligros de usar un“disco duro” externo

 
Por supuesto, no se trata del primer estudio que evalúa el impacto que tiene Internet en nuestra memoria. Una investigación anterior llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Columbia desveló que los estudiantes recordaban menos información cuando sabían que podían tener fácil acceso a Internet. En práctica, en vez de intentar comprender y memorizar la información, simplemente confiamos en un “disco duro” externo.
 
Sin embargo, el hecho de que prefiramos utilizar un “disco duro” externo ni siquiera es lo peor. Un estudio realizado en la Universidad de California encontró que los internautas habituales muestran una activación menor en diferentes áreas del cerebro mientras leen un texto en Internet, entre ellas las zonas vinculadas con la memoria a corto plazo. Esto podría indicar que mientras más utilizamos Internet, menos retenemos lo que leemos ya que sabemos que estará disponible en cualquier momento que lo necesitemos. 
 
No obstante, el problema es que la memoria a corto y largo plazo son capacidades que se deben ejercitar continuamente o terminarán deteriorándose. Si confiamos en un disco duro externo nuestra capacidad para recordar información será cada vez menor, lo cual puede abrir las puertas a las enfermedades neurodegenerativas. La memoria a corto plazo, por ejemplo, es fundamental para el pensamiento. La memoria a largo plazo, es esencial para nuestra identidad.
 

Las barreras de la memoria se difuminan

 
Hace tan solo algunas décadas, cuando no recordábamos el nombre del protagonista de una película, llamábamos a nuestro amigo cinéfilo. De hecho, la tendencia a distribuir la información en los grupos siempre ha existido, es lo que se conoce como “sistema de memoria transaccional” e implica que seamos plenamente conscientes de que ese conocimiento al que deseamos acceder se encuentra fuera de nuestra memoria, lo posee otra persona.
 
Sin embargo, la inmediatez que proporciona Internet hace que esa barrera entre lo que nosotros sabemos y lo que saben los otros (en este caso la red), se difuminen. La distinción entre la memoria externa e interna es cada vez más débil; es decir, confundimos lo que sabemos con lo que buscamos.

Aunque esta “confusión” puede parecer increíble, un experimento realizado en la Universidad de Yale descubrió que las personas que usaban Internet para encontrar respuestas a las preguntas mostraban una mayor autoestima sobre su rendimiento cognitivo. De hecho, estaban de acuerdo con afirmaciones como “tengo buena memoria” o “recuerdo muy bien los detalles”. 

 
Estos resultados han hecho que los psicólogos piensen que la barrera entre nuestra memoria y la memoria externa, la que se encuentra en Internet, se está difuminando. Cuando las personas buscan información en la red tienen la ilusión de que los resultados que encuentran se deben a sus propias capacidades. 
 
El problema, una vez más, es que esta ilusión nos impide desarrollar nuestros recursos cognitivos. Por supuesto, la solución no radica en dejar de utilizar Internet, que es una herramienta estupenda, sino en hacer un uso más racional de ella. Afortunadamente, ser conscientes del efecto de la descarga cognitiva y, sobre todo, buscar otras estrategias para entrenar nuestra memoria, nos permitirá mantener activa esta capacidad a lo largo de los años. 
WEB ORIGINAL:http://www.rinconpsicologia.com/

Blue Brain Project: reconstruyendo el cerebro para comprenderlo mejor

IBM está detrás de la reconstrucción digital del cerebro humano… que puede cambiar el mundo.

Blue Brain Project: reconstruyendo el cerebro para comprenderlo mejor

El cerebro humano ha sido descrito como el sistema más complejo que existe, pero eso no impide que los neurocientíficos y los ingenieros no puedan soñar con llegar a entender del todo su funcionamiento. De hecho, algunos de ellos se han propuesto hasta crear una reproducción digital del encéfalo humano para poder realizar con él investigaciones que sería imposible llevar a cabo a partir de la observación y experimentación con un sistema nervioso real en funcionamiento.

Este es justamente el objetivo del Blue Brain Project, una iniciativa increíblemente ambiciosa que fue puesta en marcha en el año 2005, impulsada por IBM y una universidad suiza (École Polytecnique Fédérale de Lausanne, o EPFL).

Lo que se ha hecho hasta ahora en IBM

Desde hace más de diez años, el Blue Brain Project ha ido construyendo un modelo informático en el que se contiene información acerca de la estructura y funcionamiento de una pequeña parte del cerebro de una rata. Esta reconstrucción digital, que hoy en día se corresponde con poco más que un tercio de milímetro cúbico de tejido, aspira a reproducir de manera fiel el modo en el que las células nerviosas se conectan y se activan entre sí e, incluso, el modo en el que estos patrones de activación hacen que el cerebro cambie físicamente a lo largo del tiempo a causa de la plasticidad cerebral.

Además de ir abarcando muchas otras áreas del cerebro, el Blue Brain Project ha de dar el salto cualitativo que supone pasar de reconstruir digitalmente el cerebro de una rata a hacer lo mismo con el encéfalo humano, mucho más grande y complejo.

¿Para qué podría servir este cerebro digital?

La meta del Blue Brain Project es, en definitiva, crear un modelo informático con el que se pueda predecir en cierto grado el modo en el que se activará un área de tejido neuronal si se lo estimula de cierta manera. Es decir, que lo que se pretende es crear una herramienta que permita poner a prueba hipótesis e intentar repetir múltiples veces todo tipo de experimentos realizados con cerebros reales para ver si los resultados que se obtuvieron son sólidos y no fruto de la casualidad.

El potencial de este proyecto podría ser enorme, según sus impulsores, ya que la existencia de una reconstrucción digital de grandes extensiones de neuronas permitiría obtener un “maniquí de pruebas” en el que experimentar con todo tipo de situaciones y variables distintas que afectarían el modo en el que se activan las células nerviosas de un cerebro humano.

Con este modelo se podría, por ejemplo, estudiar cómo funcionan todo tipo de procesos cognitivos, como nuestra manera de evocar recuerdos o de imaginar planes de actuación, y también se podría llegar a predecir qué tipo de síntomas producirían una lesión en ciertas áreas de la corteza cerebral. Pero, además, podría servir para resolver uno de los grandes misterios del encéfalo humano: cómo surge la consciencia, la experiencia subjetiva de lo que vivimos.

Estudiando la consciencia

La idea de que la consciencia surge a partir del trabajo coordinado de grandes redes de neuronas distribuidas por todo el encéfalo, en vez de depender de una estructura bien delimitada y escondida por alguna parte del sistema nervioso central, goza de muy buena salud. Esto hace que muchos neurocientíficos crean que para entender cuál es la naturaleza de la consciencia lo importante sea fijarse en los patrones de activación sincronizada de muchos miles de neuronas a la vez, y no tanto ir estudiando estructuras anatómicas del encéfalo de manera separada.

El Blue Brain Project permitiría justamente observar e intervenir en tiempo real sobre los patrones de activación de muchas redes neuronales, cosa que solo puede hacerse de manera muy limitada con cerebros de verdad, y ver, por ejemplo, qué cambios se producen cuando alguien pasa de estar despierto a estar durmiendo sin llegar a soñar, y qué ocurre cuando la consciencia regresa en forma de sueños durante la fase REM.

Los inconvenientes del Blue Brain Project

Se estima que un encéfalo humano contiene unas cien mil millones de neuronas. A eso tenemos que sumarle que el funcionamiento del sistema nervioso se explica más por cómo interactúan entre sí las neuronas que por su cantidad, que puede variar muchísimo sin afectar al funcionamiento global del cerebro, y por lo tanto lo relevante son las miles de conexiones sinápticas que cada neurona puede establecer con las otras. En cada conexión sináptica entre dos neuronas, además, hay millones de neurotransmisores que son liberados de manera continuada. Esto significa que recrear fielmente un cerebro humano es una tarea imposible, independientemente de la cantidad de años que se le dedique a esta empresa.

Los creadores del Blue Brain Project han de suplir estas carencias simplificando el funcionamiento de su cerebro digital. Lo que hacen, fundamentalmente, es estudiar el funcionamiento de una pequeña parte del cerebro de varias ratas (información recopilada durante veinte años) y “condensar” esta información para desarrollar un algoritmo hecho para predecir los patrones de activación de estas células nerviosas. Una vez hecho esto con un grupo de 1.000 neuronas, los investigadores volvieron a utilizar este algoritmo para recrear 31.000 neuronas activándose de ese mismo modo.

El hecho de que se haya simplificado tanto en la construcción de este modelo provisional y que se vaya a hacer lo mismo con el cerebro humano que se quiere recrear ha hecho que muchas voces se hayan alzado contra este proyecto tan caro y de lento desarrollo. Algunos neurocientíficos creen que la idea de recrear un cerebro digitalmente es absurda, ya que el sistema nervioso no funciona con un lenguaje binario ni con un lenguaje de programación predefinido. Otros se limitan a decir que los costes son demasiado altos para el rendimiento que se le puede sacar al proyecto. El tiempo dirá si la iniciativa del Blue Brain Project da los frutos que se esperaban de ella.

Entrevista sobre ideología y ciencia

 

La palabra ideología suele hacer referencia a la manera en que las ideas se articulan en nuestra mente y en los imaginarios colectivos, la forma con la que vemos el mundo, las relaciones personales, el funcionamiento de las cosas, y así hasta enumerar un listado infinito de elementos: tantos como representaciones mentales puede tener un ser humano en cada momento. [Os recomendamos una lectura de nuestro artículo “Qué es la ideología” para una aproximación al concepto] Precisamente por el carácter general y abstracto del término “ideología”, este concepto se presta a un vivo y continuo debate. Todo lo que podamos decir acerca de ella es un posicionamiento totalmente discutible y discutido, una caracterización del reino de las ideas que está en continua evolución tanto en sus aspectos más abstractos como en los más terrenales, tanto en nuestras mentes individuales como en las corrientes de pensamiento colectivo. Incluso es discutible que exista un marco mental que defina nuestra manera de percibir las cosas y actuar. ¿Existe, entonces, algo que defina nuestra manera de pensar? ¿Tenemos una manera propia de establecer relaciones entre ideas?

Ideología, un concepto en disputa

Hoy queremos profundizar un poco en el misterioso concepto de ideología. Para ello contamos conAlejandro Pérez Polo, próximo candidato al consejo ciudadano de Podem Catalunya. Pérez Polo es Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la UPF, Master en filosofía política por la Université Paris VIII Saint Denis-Vincennes y actualmente cursando un postgrado de análisis económico y filosófico del capitalismo contemporáneo.

Alejandro, gracias por contestar a nuestras preguntas.

Encantado de reunirme con vosotros una vez más.

¿Cómo definirías ideología en una frase?

La ideología, en una frase, es la lente a través de la cual observas, percibes, y constituyes tu propia realidad cotidiana; individual y colectiva, y si pretendes quitarte las lentes, al igual que cuando sufres una miopía avanzada, el paisaje que se dibujaría y extendería delante tuyo se difuminaría y no podrías distinguir las distintas figuras y referencias de tu alrededor.

¿Dirías que es una palabra usada para definir maneras de pensar de colectivos, o también puede hacer referencia a nuestra manera de pensar individual?

La ideología es un concepto político que ha servido y sirve en un primer momento para construir relatos y metarrelatos colectivos. Capitalismo, liberalismo, comunismo, nacionalismo, son metarrelatos en el sentido de que pretenden justificar un saber por sí mismo que se encauza hacia una dirección determinada unificada, uniforme, única y finalista, con un fin. Para simplificar un poco, el metarrelato es aquello que va más allá del relato persiguiendo un fin totalizador, tanto del conocimiento mismo como de las teorías y prácticas a gran escala (el progreso hacia mejor de la historia o la idea de que la ciencia podrá resolver todos nuestros problemas mediante la técnica).

Las ideologías mantienen una estrecha relación con los metarrelatos porque nos trascienden como individuos y todas ellas suelen generarse a través de una idea que sirve de núcleo duro del resto de la cadena de conceptos y prácticas que se le derivan. Esta idea siempre busca un fin determinado y siempre es colectiva en un primer momento. Del mismo modo, está configurada por las relaciones materiales de existencia. Es decir, hay un doble nivel: el nivel performativo de la propia ideología, que con su enunciación genera realidad y ficciones sociales y la propia yuxtaposición de ese nivel con las relaciones de producción y reproducción de un sistema socioeconómico, con sus resistencias, sus poderes. Es decir, con su anclaje material que le sirve de sustento.

Además de ello, la ideología es un sistema que reclama la verdad, no es una mentira que pretende ser tomada seriamente sino todo un sistema que va a reclamar y va a auto-proclamarse como portadora de la verdad, única y absoluta. Pensemos que hasta una ideología de tipo relativista –el relativismo, muy de moda en nuestros tiempos, asegura que sobre un mismo hecho caben multitud de interpretaciones, todas ellas válidas e iguales entre sí, ninguna de ellas puede prevalecer sobre el resto ni ninguna puede reclamarse como 100% verdadera- se reclama de una verdad primera: la verdad de que todo es relativo.

Sí, la típica paradoja por la que se los critica (risas). El relativismo causa incomodidad.

Es una paradoja ideológica ciertamente curiosa, pues se está afirmando una única verdad universal, por mucho que esta misma verdad asegure que hay muchas verdades. Por ejemplo, si yo le digo a un relativista que sólo existe una única verdad –la mía propia por ejemplo- y que el resto son falsas, el relativista seguramente se enfadará y dirá que mi actitud es autoritaria o lo que sea. De todas maneras, está reafirmando su propio marco ideológico, que sería el de la aceptación de que hay múltiples verdades.

Perdón por desviarme un poco de la pregunta inicial, pero pienso que es importante acoplar las dimensiones colectivas e individuales de la ideología, pues opera a los dos niveles. Primero como un constructo colectivo, reproducido y alimentado a través de los aparatos ideológicos del estado (familia, cultura, escuela..) y que luego revierte en lo individual pues constituye tu propio campo del conocimiento y de la manera a través de la cual afrontas tu propia vida y tu propia realidad, pues la ideología es un sistema que reclama la verdad.

Entonces es un concepto que rompe con la idea del individuo autónomo y racional que crea por él mismo sus marcos de interpretación. Rompe con la figura del “librepensador” o algo parecido.

La manida idea y repetida hasta la médula del “Homo economicus” o del hombre separado del mundo, como si de un extraterrestre que aterriza desde el exterior hacia el interior de la tierra y la sociedad se tratase, me parece extremadamente cuestionable y persigue un fin ideológico determinado. No existe tal cosa como una existencia pre-social o pre-política del ser humano. Nace con y en la sociedad. Utilizamos un lenguaje que es unitario a la base y que nos precede y que es a través del cual construimos nuestro propio mundo, siempre en colectivo. Decía Wittgenstein que el límite del mundo es el límite de mi lenguaje, y probablemente tenga razón. El individuo atomizado es un efecto de la estructura social capitalista, pero no el origen de la misma.

No hay una exterioridad con el mundo, Spinoza, argumentando contra Descartes, afirmaba que el hombre no sólo piensa sino que su cuerpo está “afectado” de muchas maneras. Tanto la afección del cuerpo como el pensamiento eran ya para Spinoza un efecto de la natura además de una característica natural de este ser naturalmente social como es el humano. Para Spinoza, por ejemplo, el espíritu y el cuerpo es un único y mismo individuo que concebimos bajo el atributo del pensamiento o sobre el atributo de la extensión. La teoría del hombre racional nunca se ha cuestionado este tipo de cosas y cae siempre en la ilusión de que existe una independencia del cuerpo con el pensamiento así como del pensamiento individual con el colectivo que le constituye y construye como ser.

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¿La ideología es un concepto diferente al de “cosmovisión”?

Bastante diferente aunque mantienen una relación. Es decir, la ideología constituye una cosmovisión del mundo pues tiende a ser unificadora, sistémica y totalizadora. Ahora bien, la ideología también persigue un fin y lucha por ser hegemónica en una sociedad, a un nivel político. La cosmovisión es más una forma global de pensar lo existente sin por ello perseguir un fin o reclamar la verdad para sí.

Cuando hablamos de ideología, mucha gente la entiende como una especie de esquema mental hermético que se protege a sí mismo de dinámicas que lo puedan alterar. Hablamos muchas veces de “cerrazón ideológica” o de personas con mentalidad muy cerrada. ¿Tú resaltarías este aspecto de resistencia al cambio, o por el contrario crees que la ideología es algo que fluye constantemente?

La ideología es dinámica aunque suele mantener núcleos duros más estables a lo largo del tiempo. Se reconfigura y rearticula en sus modalidades y expresiones, siguiendo los propios cambios materiales de una sociedad determinada, pero es cierto que suele mantener un punto primero, un núcleo duro, bastante inalterable. Por ejemplo, entre un liberal y un neoliberal existen numerosas diferencias ideológicas, pero hay dos puntos que siguen estables desde hará más de 2 siglos: la acérrima defensa de la propiedad privada así como la verdad del libre mercado en sus distintas dimensiones, también en las morales.

De todos modos, no plantearía la pregunta de esa manera. No creo que la ideología sea una resistencia al cambio sino una constante lucha por ese cambio, por la pugna para ser la ideología dominante y hegemónica en una sociedad y sistemas dados. En este punto diferenciaría ideología de la fe religiosa tout-court, aunque puedan existir muchos puntos de coincidencia y encuentro.

También es común que se haga un uso peyorativo de la palabra “ideología”, como si fuese un elemento que puede y debe ser dejado al margen en ciertos contextos. ¿Crees que es posible desprenderse de ella?

El uso peyorativo de la palabra ideología es un acto ideológico y político. Para que hubiera un “fin de las ideologías” debería haber un fin de la política y puede que hasta un fin de la historia. Estamos muy lejos de algo parecido a ello. Quien afirma que no hay ideologías es porque quiere que su propia ideología, no explicitada en palabras como tales por la propia fuerza que pueda tener, se imponga sobre todas las demás.

Te refieres a Francis Fukuyama, por ejemplo.

Entre otros (risas). El éxito de una ideología radica en dos aspectos cruciales: uno: el que no deba enunciarse, ni explicitarse, ni pronunciarse como tal, aumentando así su potencia de ideología dominante que se transforma de esta manera en sentido común. Dos: Una ideología triunfa cuando incluso los hechos que a primera vista la contradicen empiezan a funcionar como argumentaciones en su favor. En este sentido, cuando yo afirmo que no hay ideología, o que no tengo ideología, aunque todos los hechos apunten a que efectivamente sí que la tengo y la reproduzco, pero esto funciona a mi favor, quiere decir que mi ideología ha triunfado.

Es imposible desprenderse de la ideología porque, como afirmaba en la primera pregunta, la ideología me constituye como ser en el mundo y produce las gafas a través de las cuales miro y observo mi propia realidad.

¿Existe una ideología determinada que impere en la sociedad, o sólo una amalgama de ideologías con poca fuerza?

En la sociedad post-industrial en la que vivimos parece como si ya no hubiera una pugna de ideologías duras, sólidas, como la hubo en los siglos XIX y XX. Muchos ideólogos neoliberales han aclamado y celebrado un supuesto fin de las ideologías tras la caída del muro de Berlín en 1989. Pero lo cierto es que la ideología sigue estando por todas partes, desde la reacción a los recientes atentados de París contraCharlie Hebdo hasta en el retrete en los cuales realizo mis necesidades. El simple hecho de que se imponga el utilitarismo y la técnica como formas de relacionarnos con el mundo es un acto ideológico de mucha fuerza. Es decir, para simplificar, el hecho de que tenga que llevar una vida eficiente en la cual no puedo desperdiciar ni un minuto del día pues dejo de ser productivo o el simple hecho de que tenga que ordenar en acuerdo a criterios del orden de la eficiencia los diferentes objetos de mi apartamento son actos de ideología: la ideología de la técnica y la eficiencia como portadoras de la verdad y la felicidad.

Es curioso que en los tiempos que vivimos no es únicamente importante llevar una vida que sea útil sino que yo mismo debo aparentar llevar una vida útil. Nos sentimos mal cuando hemos desperdiciado un poco de tiempo charlando con algún amigo o mirando las publicaciones en el muro de facebook. Hay una especie de dictadura de lo correcto que se identifica con lo útil y lo eficaz. Aquellas vidas improductivas, ineficaces, siempre bajo criterios y axiomas de utilidad capitalistas, son condenadas públicamente además de ser estigmatizadas y ridiculizadas. Los indígenas de América latina, que tan sólo trabajan 2 o 3 horas al día y no más de 3 días a la semana y que se dedican a la vida ociosa condenarían y se escandalizarían –de hecho, ya lo hacen- con nuestro modus vivendi, tan glorificador del trabajo y de la hiperactividad.

Tristemente, la ideología neoliberal es hegemónica en nuestras sociedades.

¿Crees que la ideología política define la ideología en general, o es un sub-apartado de nuestra manera de pensar en el que se siguen otras lógicas?

Opino que la ideología política determina la ideología en un término más amplio. A fin de cuentas, se está disputando el poder así como la manera de ejercerlo. En nuestra sociedad hay grupos sociales privilegiados (personas con enormes rentas –ricos-, los blancos occidentales, los heterosexuales y los hombres) que ejercen un poder para intentar mantener esos privilegios que son arbitrarios. Las opresiones que se dan y atraviesan nuestro cuerpo social y las que se puedan dar en otros lugares y tiempos son siempre arbitrarias. Cualquier tipo de justificación de una desigualdad ya está operando en la producción de una ideología determinada. Este hecho, que va de la mano de las condiciones materiales de nuestra existencia, es el núcleo central de la construcción, producción y reproducción del sentido común de época, ergo, de nuestra forma de pensar.

¿El eje izquierda-derecha nos habla de ideologías?

El eje izquierda-derecha es una expresión de una división ideológica en un momento histórico determinado. De hecho, parece que actualmente ya no va a seguir operando como el eje político-ideológico central en la pugna ideológica. Izquierda y derecha son significantes vacíos que se convirtieron en la Revolución francesa por hechos totalmente anecdóticos, en puntos nodales –points de capitation– que acabaron incluyendo y totalizando una serie de equivalencias de elementos flotantes dispersos. Así, se relacionará el luchar por las libertades sociales y civiles con la izquierda y la defensa de la seguridad y de los valores tradicionales con la derecha.

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¿Es útil clasificar las distintas maneras de entender el mundo? Podría decirse que nuestra manera de percibir las cosas es única en sí misma y tiene sus particularidades. ¿Por qué deberíamos comparar diferentes modos de pensar según ciertos criterios?

No entiendo muy bien la pregunta (risas). Opino que académicamente tiene una utilidad el clasificar las distintas maneras de entender el mundo. Opino que a nivel de apertura e inclusión colectiva es positivo deliberar conjuntamente y, por lo tanto, argumentar y enfrentar dos o tres o cuatro maneras distintas de ver el mundo.

Es interesante comparar los diferentes modos de pensar pues siempre buscan la construcción, elaboración o expansión de una ideología busca un fin político determinado. Es importante, en este punto, saber qué fines políticos se están buscando con las distintas ideologías. Por ejemplo, la ideología neoliberal busca justificar las bondades y las perfecciones del libre mercado para justificar una desigualdad enorme en el reparto de las riquezas del mundo. Del mismo modo, busca afianzar los poderes ya establecidos. Una ideología comunista persigue la abolición de las clases sociales, de la mercancía y del trabajo asalariado para que haya un reparto común de las riquezas y un igual acceso al poder. Ahora bien, hay algo que yo clasificaría en algo así como meta-ideología que sería la propia instrumentalización de las ideologías para perpetuar algún sistema de poder y opresión. Hay muchos pliegues y muchas órbitas alrededor de algo tan complejo como la ideología y la lucha ideológica.

Los criterios pueden ser diversos, identificar una ideología concreta es tarea siempre complicada, nosotros mismos estamos inmersos en una ideología determinada, personal y colectiva, y es cierto que dificulta la clasificación del resto de ideologías. En politología se intenta determinar algunos elementos que caracterizan a una u otra ideología, como pueden ser la defensa de la intervención del Estado, la defensa de mayores libertades o menos libertades, la priorización de la seguridad sobre la libertad o la tensión entre la igualdad y la libertad etcétera. Son criterios que se reclaman científicos, aunque algunas veces pueda ser dudoso. La fe absoluta en la ciencia es otro tipo de ideología.

¿Qué criterios consideras útiles para clasificarlas? Autoritarismo, nacionalismo, actitud ante la tradición…

Los criterios más útiles son, en mi opinión, el posicionamiento frente a la intervención del Estado en la economía, es decir, si estamos más o menos de acuerdo en que el estado debe intervenir para asegurar los derechos sociales, el posicionamiento en la tensión seguridad-libertad, tres, el posicionamiento en la igualdad material frente a la libertad liberal y, cuatro, el posicionamiento en la tensión democracia-libre mercado.

Los valores, si más progresistas o más conservadores, también pueden ser un buen criterio para el análisis ideológico. Es decir, si se está a favor de los derechos civiles de las comunidades gays, transexuales, minorías étnicas, mujeres, etcétera o si se mantiene una posición más escéptica en relación a éstas.

Para terminar, ¿hasta qué punto una ideología puede ser inducida en las personas de una manera controlada? Me refiero al papel de la propaganda, el propio modo de vida de las sociedades post-industriales… ¿Crees que son herramientas para conformar mentalidades que no se desvíen de un cierto patrón?

Siendo la ideología determinante para la legitimación de los poderes establecidos así como de las prácticas opresivas y que garantizan los privilegios de ciertos grupos sociales, además de ser importantísima para las teorías del conocimiento, pues suelen inducirse muchísimo en las personas. Hay diversos aparatos del Estado que se encargan de ello: en las escuelas, a través de la educación, en la cultura, en la familia o en los medios de comunicación masivos hay un adoctrinamiento ideológico. Además, la propia posición que ocupa uno en la sociedad y en el sistema productivo determina también la posición ideológica de cada cual. La ideología es dinámica como comentábamos antes y se amolda y acolcha en distintos contextos.

Vivimos en una sociedad espectacular y ultra-mediática, actualmente los medios de comunicación y las pantallas –de la televisión, del ordenador, de la cámara, del smartphone- parecen ser los artilugios que nos descubren las verdades y que nos enseñan “lo cierto”. Esto es en sí una socialización ideológica tremenda que suele guiar y controlar nuestra manera de pensar. Mantener una actitud crítica hacia la ideología nos obliga a criticar ciertas herramientas en las que se indexa actualmente nuestro modo de conocer la verdad. Y, en la actualidad, los dispositivos educativos, científico-culturales y los medios de comunicación son esas herramientas parciales que nos enseñan como acceder y conocer la Verdad. En ningún modo son neutras: la propia distribución de las mesas, sillas de las aulas o la separación por edades de los distintos niveles educativos no son arbitrarios, sino ideológicos. Esto es a un nivel muy básico pues como todos sabemos luego está el control de los temarios, la forma de enseñar etcétera. Con esto no quiero decir que hay que desecharlo todo y que todo esto sería “el mal”, simplemente señalo aquellos aparatos ideológicos extendidos en nuestra sociedad. Para disputar las hegemonías hay que disputar esos espacios.