Los 8 tipos de distorsiones cognitivas

Los 8 tipos de distorsiones cognitivas

Sabemos desde hace tiempo que no son los acontecimientos en sí mismos los que desencadenan nuestras emociones sino la interpretación que hacemos sobre ellos. Es decir, cómo los percibimos y de qué modo los interpretamos.

Detrás de cada sentimiento de tristeza, rabia, miedo o angustia puede haber un pensamiento que está ocultando o disfrazando la realidad. Es por ello que en ciertos trastornos como la depresión, la ansiedad o las fobias, las distorsiones cognitivas juegan un papel principal. 

En este artículo explicaremos cuáles son los tipos de distorsiones cognitivas más frecuentes y en qué consiste cada una de ellas.

Los engaños del cerebro y las distorsiones cognitivas

Por tanto, es de vital importancia pararse a pensar en la validez de estos pensamientos, ya que podríamos estar sufriendo por causas irreales.

La mente humana es muy compleja y en ocasiones nos perdemos en ella y no somos capaces de diferenciar realidad de ficción.

¿Qué son las distorsiones cognitivas y de qué manera nos afectan?

Las distorsiones cognitivas son interpretaciones erróneas de la realidad que llevan al individuo a percibir el mundo de manera poco objetiva, además de disfuncional. Se presentan en forma de pensamientos automáticos y desencadenan emociones negativas que dan lugar a conductas no deseadas o desadaptativas.

De este modo se genera un bucle, porque estas conductas disfuncionales acaban reforzando los esquemas cognitivos que las generaron, de manera que la dinámica se mantiene o incluso intensifica.

Características de las distorsiones cognitivas

  • Se expresan a menudo en términos de imperativos categóricos: “tendría que”, “debería”, “he de…”.
  • Se vivencian como espontáneos, aparecen de repente en la mente sin ningún desencadenante aparente.
  • Son mensajes breves, específicos y discretos y a menudo se presentan en forma de imagen visual.
  • Tienden a ser dramáticos y catastrofistas.
  • Son difíciles de desviar.
  • Son aprendidos.

Tipos de distorsiones cognitivas, y ejemplos

Existen un gran número de errores cognitivos en los que las personas caemos una y otra vez. A continuación describiré algunos de los más frecuentes, con un ejemplo para que sea más sencillo comprenderlos.

Estos son los tipos de distorsiones cognitivas.

1. Sobregeneralización

A raíz de un caso aislado generalizar una conclusión válida para todo. Ejemplo: “Juan no me ha escrito, la gente siempre se olvida de mí”.

2. Abstracción selectiva

Enfocarse en modo “visión de túnel” únicamente en ciertos aspectos, normalmente negativos y perturbadores, de una circunstancia o persona, excluyendo el resto de sus características y pasando por alto lo positivo de las mismas. Ejemplo: “me he pasado con la sal en los macarrones, soy una cocinera horrible”.

3. Inferencia arbitraria

Emitir juicios o extraer conclusiones de manera rápida o impulsiva, basándonos en una información incompleta o errónea. Ejemplo: “me dice que no para hacerse la dura, las mujeres son así”.

4. Sesgo confirmatorio

Tendencia a interpretar la realidad de manera que confirme nuestras creencias previas. Ejemplo: “me he equivocado, si es que ya sabía que yo no sirvo para esto”.

5. Falacia de la recompensa divina

Pensar que en un futuro los problemas mejorarán por sí mismos sin tomar una actitud proactiva. Ejemplo: “mi jefe me está explotando, pero estoy tranquilo porque el tiempo pone a cada uno en su sitio”.

6. Lectura de pensamiento

Presuponer las intenciones o cogniciones de los demás. Ejemplo: “me miran porque estoy haciendo el ridículo”.

7. Error del adivino

Creer saber cómo será el futuro y actuar conforme a ello. Ejemplo: “no voy a ir a esa entrevista de trabajo porque sé que no me van a contratar”.

8. Personalización

Suponer que todo lo que la gente hace o dice tiene que ver directamente con uno mismo. Ejemplo: “Marta tiene mala cara, debe de estar enfadada conmigo”.

¿Cómo acabar con las distorsiones cognitivas?

Las distorsiones cognitivas pueden modificarse una vez se hayan detectado.

Existen técnicas en psicoterapia que inciden directamente en este tipo de distorsiones, y son las llamadas técnicas de reestructuración cognitiva. En ellas, el profesional ayuda al individuo a identificar las creencias erróneas que ha desarrollado hacia el mundo, y posteriormente ambos trabajan juntos para desarrollar pensamientos y formas alternativas de interpretación de las situaciones.

Así, el psicólogo ayuda a que la persona aprenda a cuestionar la validez de sus propios esquemas cognitivos y a sustituirlos por pensamientos alternativos más realistas, que le harán sentir emociones más positivas y por tanto que serán favorables a la hora de tener conductas más útiles para vivir en mayor armonía con su entorno. 

Etiquetas: Cognición
 
Esther Cabezas Gutiérrez
Esther Cabezas Gutiérrez Psicóloga y coach WEB ORIGINAL: PSICOLOGIAYMENTE.COM

Licenciada en psicología por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.

Miembro del Colegio de Psicólogos de Castilla y León. Formación complementaria en Psicología Infantil y Familiar, Psicología del comportamiento, Mindfulness y Coaching. 

Ha trabajado de Psicóloga para Sanitas Residencial Tarragona y para el Teléfono de la Esperanza. 

Actualmente imparte conferencias en León sobre desarrollo personal.

¿Hablas solo? Existen 3 buenas razones para seguir haciéndolo

Es probable que alguna vez te hayas sorprendido hablando solo. Quizá te estabas haciendo una pregunta, buscando una solución para un problema que te preocupaba o simplemente estabas “anotando” una nota mental para no olvidar una tarea pendiente. Y si te has sorprendido hablando solo en más de una ocasión, quizá hasta te has preguntado si te estás volviendo loco.
 
Desgraciadamente, en el imaginario popular aún subsiste la idea de que hablar solo es un signo de locura inminente, pero lo cierto es que no es así. Albert Einstein, por ejemplo, solía hablar solo. Se dice que repetía sus frases en voz baja.
 
De hecho, esa conversación con nosotros mismos no solo nos ayuda a combatir la soledad sino que también nos hace más inteligentes ya que nos permite clarificar nuestros pensamientos, nos ayuda a darle un sentido a nuestras ideas y nos permite reafirmar nuestras decisiones. Solo hay una pequeña advertencia: ese monólogo debe ser respetuoso contigo mismo. 
 
1. Hablar solo hace que el cerebro trabaje de forma más eficiente
 
Psicólogos de la Universidad de Wisconsin-Madison les mostraron a un grupo de voluntarios 20 imágenes de diferentes objetos y luego les pidieron que buscaran uno de ellos. La mitad de las personas debía hacer esta tarea en silencio, la otra mitad debía repetir el nombre del objeto que estaban buscando.

Curiosamente, quienes hablaron en voz alta durante la prueba encontraron los objetos más rápido, apenas en 0,1 segundos, mientras que los demás tardaron de 1,2 a 2 segundos, una diferencia significativa. 

 
Estos investigadores están convencidos de que el lenguaje no es simplemente un medio de comunicación, cuando lo dirigimos hacia nosotros mismos no solo nos ayuda a pensar con mayor claridad sino que también amplifica nuestra percepción y potencia la memoria.

2. Hablar solo te ayuda a enfrentar los desafíos

Hablar en voz alta no solo nos ayuda a organizar las ideas sino que también nos permite motivarnos. Psicólogos de la Universidad de Illinois les pidieron a un grupo de personas que intentaran motivarse mientras resolvían unos anagramas, algunas debían motivarse en su mente y otras en voz alta.

Estos investigadores comprobaron que hablar en voz alta era más motivador, también descubrieron que era aún mejor si se usaba en el discurso la segunda persona. Los participantes que se motivaron en voz alta usando el “tú” en vez del “yo” resolvieron más anagramas y reportaron sentirse más satisfechos con su desempeño. En práctica, estas personas no se decían “voy a hacerlo bien” sino “vas a hacerlo bien“.

Según estos psicólogos, usar la segunda persona activa los recuerdos vinculados con el apoyo que hemos recibido en otras situaciones en las que nos sentíamos desmotivados. De esta forma logramos sentirnos mejor y adquirimos una mayor seguridad y confianza.

3. Hablar contigo mismo en segunda persona alivia el estrés
 
Por supuesto, hablar por hablar no siempre es beneficioso, es importante hacerlo de la manera “correcta”. En este sentido, psicólogos de la Universidad de Michigan descubrieron que hablarnos en segunda persona también nos ayuda aaliviar el estrés.
 
Estos investigadores generaron una dosis de estrés y ansiedad en los participantes diciéndoles que tenían que preparar un discurso, que darían frente a unos especialistas que valorarían cuán calificados estaban para el trabajo de sus sueños. Les dieron cinco minutos para que se prepararan y les explicaron que no podrían usar sus notas.
 
Sin embargo, la mitad de los participantes debía hablar consigo en primera persona mientras se preparaba para el discurso, preguntándose cosas como “¿por qué estoy tan nervioso?”. La otra mitad podía hablar consigo pero usando la segunda persona, haciéndose preguntas como “¿por qué estás tan nervioso?”.
 
Luego cada participante debía indicar cuán nervioso se sentía después del discurso y cómo creía que lo había hecho. Los resultados no dejaron lugar a dudas: las personas que se habían hablado en segunda persona reportaron sentirse menos nerviosas y con menos vergüenza, además de sufrir menos pensamientos rumiativos. Por si fuera poco, los especialistas confirmaron que sus discursos eran mejores y más persuasivos.
 
El secreto radica en que cuando pensamos en nosotros como si fuéramos otra persona, asumimos una distancia psicológica del problema, lo cual nos ayuda a controlar nuestras emociones, abrir la mente y valorar otras perspectivas desde una postura más objetiva.

Por tanto, ahora ya lo sabes, hablar contigo mismo puede ser beneficioso :)

web original: http://www.rinconpsicologia.com/

9 consejos para mejorar la concentración (avalados por la ciencia)

9 consejos para mejorar la concentración (avalados por la ciencia)

Según la Real Academia de la Lengua, la concentración es “la acción y efecto de centrar intensamente la atención en algo”.

Para nuestra vida diaria, es importante aprender a concentrarnos. Tener una buena capacidad de concentración nos ayuda enormemente a ser más efectivos a la hora de realizar cualquier tarea. Las bondades de tener una buena concentración son muchas: aumentan nuestra memoria, nuestra efectividad en la toma de decisiones, nuestra precisión y nuestra agilidad en el reto que tengamos entre manos.

Mejorando la concentración con 9 simples técnicas

Tener una buena concentración está muy ligado a poder retener y recordar mucho mejor. En este sentido, la concentración es una buena virtud para tener una memoria fluida. Si logramos desarrollar la concentración, nuestra memoria también mejorará.

Con este fin, en el artículo de hoy hemos recopilado nueve estrategias y técnicas que pueden ayudarte a mejorar estas capacidades tan útiles para la vida diaria.

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1. Descansa las horas suficientes

Un punto básico:  para poder concentrarnos bien necesitamos estar descansados. Dormir las horas suficientes nos proporcionan la recuperación cerebral y cognitiva necesaria para poder rendir perfectamente al día siguiente. Dormir bien nos proporciona un estado de lucidez en vigilia.

Es un consejo habitual para los estudiantes: el día anterior a un examen, hay que dormir bien. Porque si no se descansa lo suficiente, en el momento del examen vamos a estar dispersos y vamos a tener menos memoria. Durante las horas en que dormimos, el cerebro realiza un “reseteado” de ciertas funciones, preparándonos para que el día siguiente podamos procesar mucho mejor la información y los estímulos. Además, dormir ocho horas es también muy bueno para nuestra memoria a largo plazo.

2. Masca chicle

Puede parecer un poco extraño, pero masticar chicle es bueno para nuestra concentración. Así lo indican distintos estudios científicos: masticar chicle nos ayuda a recordar información en el corto plazo.

Además, puede ser un elemento que nos permita concentrarnos mejor en la tarea que debemos realizar, sobre todo en exámenes y pruebas que precisen de nuestra memoria auditiva y visual.

3. Escribe con papel y bolígrafo

Estamos muy acostumbrados a escribir las cosas en el teclado del ordenador. Es un método de escritura automático y que nos permite muchas cosas positivas, pero no es lo mejor para nuestra concentración ni para nuestra memoria.

Si escribimos a mano, nuestro cerebro hará un esfuerzo superior para concentrarse y recordará más fácilmente los datos y apuntes que salgan de nuestro puño y letra, según ha explicado Lizette Borreli para Medical Daily. Una mejor concentración cuando redactamos las ideas será un apoyo para nuestra memoria a largo plazo. que será capaz de rescatar esos datos días e incluso semanas después. 

4. Gestiona el estrés

¿Eres muy proclive a padecer estrés? Cuando estamos en un estado de tensión vemos muy reducida nuestra capacidad para focalizarnos en algo.

Algunos trucos para gestionar el estrés son tan simples como apretar fuerte el puño o una pelota anti-estrés, durante un minuto. Este acto va a liberar nuestras tensiones por un buen rato. Pero, si sufres un estrés más permanente, lo óptimo será que te pongas manos a la obra para solucionar el problema. Asimismo, es importante que tengamos una buena salud física: mantenerse bien hidratado, realizar deporte a menudo

5. Juega al ajedrez

Si hablamos de aumentar nuestra concentración, el ajedrez es el deporte rey. Este juego nos exige una gran capacidad de concentración para analizar cada situación que se produce en el tablero, tomar decisiones acertadas y anticiparnos a los movimientos del rival. Así lo ha constatado un estudio publicado en Science Direct.

Es una actividad perfecta para desarrollar ambas capacidades, además de nuestra habilidad para el razonamiento lógico y estratégico.

6. Evita distracciones

¿Es un poco obvio, no? Cuando tratamos de concentrarnos en una tarea, es muy buena idea que intentemos evitar que estímulos externos e indeseados nos distraigan. Por ejemplo, si estás estudiando, lo ideal es que lo hagas en silencio, con una luz adecuada, y por supuesto sin el televisor u otra distracción similar de fondo.

Se ha demostrado que el ruido ambiental afecta a nuestro rendimiento si estamos realizando una tarea que requiere concentración (por ejemplo, un examen). Cuando menos ruidoso sea el entorno, más en forma estarán tus habilidades cognitivas.

7. Dibuja mientras estás en clase

Este consejo es bastante contraintuitivo. Cuando estamos asistiendo a una clase magistral o a una conferencia, es buena idea que dibujemos pequeños garabatos en un bloc de notas o cuaderno. Así lo afirma un estudio publicado en la  revista Time.

No es necesario dibujar figuras concretas, cualquier cosa vale. Esto logrará que combatamos el aburrimiento y retendremos mejor aquello dice el profesor.

8. Música de fondo: ¿buena o mala idea?

Escuchar música de fondo cuando estamos enfocados en una tarea puede ser una buena idea. Pero depende de varios factores.

La música tiene la capacidad para estimular nuestra actividad cerebral y cognitiva. Es bastante positivo que, justo antes de empezar a estudiar, escuchemos un poco de música para estimular el cerebro y empezar a ponerlo en marcha. Sin embargo, durante el transcurso de la tarea, es mejor estar en silencio, puesto que la música puede distorsionar la calidad con que retenemos la información. Este efecto negativo de la música hacia nuestra capacidad de atención y concentración  ha sido reportada en varios estudios científicos.

9. Planifica tu rutina

No hay nada que afecte tan negativamente a la concentración como una rutina desorganizada y caótica. Es el noveno punto de la lista, pero seguramente es el más importante.

Hay que planificar y ordenar las prioridades del día a día. Sin contamos con el tiempo necesario para dedicar a cada tarea, evitaremos el estrés, las prisas y los inconvenientes que puedan surgir, y seremos más capaces de dedicar un esfuerzo inteligente y productivo a la tarea.

 

Bertrand RegaderBertrand Regader-Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente Origen: https://psicologiaymente.net

Las diferencias psicológicas y cerebrales entre zurdos y diestros

¿Por qué algunas personas son diestras y otras son zurdas?

Las diferencias psicológicas y cerebrales entre zurdos y diestros

 
 

Grandes personajes históricos como Napoleón, Albert Einstein, Leonardo Da Vinci, Charlot o Mozart tenían una característica en común (además, obviamente, de su popularidad): todos ellos eran zurdos. En la actualidad, también coincidimos con varias celebridades y personajes ilustres que usaban la mano izquierda para escribir, como el fallecido Hugo Chávez, o cuatro de los siete últimos presidentes de los Estados Unidos, incluido Barack Obama.

La ciencia investiga las peculiaridades de zurdos y diestros

Todos eran zurdos. A juzgar por esta introducción, cabría pensar que la historia nos ha dejado grandes personalidades zurdos. ¿Tal vez más capacitados para gobernar países? ¿Con mejores dotes artísticos y creativos? La ciencia, desde hace décadas, investiga acerca de la incidencia de esta particularidad.

Aproximadamente, se suele decir que un 90% de la población es diestra, esto es, usa la mano derecha y el pie derecho prioritariamente. Un porcentaje mucho menor, un 10%, son zurdos. Las investigaciones al respecto de esta cuestión son algo confusas, pero en este artículo voy a intentar explicar cuáles son las principales diferencias en la salud, el cerebro y el psiquismo de los individuos según sean zurdos o diestros.

Zurdos o diestros: ¿cuál es la causa de esta característica?

Según reconocen los expertos en neurociencias, no existe ninguna evidencia definitiva ni ningún marcador neurobiológico contrastado que cause que una persona sea zurda o diestra. Sin embargo,sí coinciden en señalar que, en la etapa fetal, los humanos ya empezamos a desarrollar una preferencia sobre una mano o la otra. Otras teorías señalan que, durante las ecografías que se realizan a las embarazadas, puede distinguirse si un bebé será diestro o zurdo observando qué mano que tiene más cerca de la boca la mayor parte del tiempo.

El 10% de la población mundial usa preferentemente la mano izquierda

Aunque la ciencia todavía desconoce con exactitud muchas cuestiones acerca de los zurdos y los diestros, sí que ha podido arrojar varios datos de interés. Como antes he comentado, se calcula que el porcentaje de personas zurdas en el mundo ronda el 10%, aunque también es cierto que existen individuos que no serían “diestros naturales”, sino que habrían nacido zurdos pero habrían sido corregidos para usar la mano derecha.

Y es que, de hecho, hasta hace pocas décadas muchas personas eran obligadas, con todo tipo de métodos, a usar la mano derecha en vez de la izquierda para escribir. Fue una práctica habitual durante el inicio del franquismo español.

La desgracia histórica de las personas zurdas

No es el único atropello histórico que han sufrido los zurdos. Las personas con esta particularidadhan sido especialmente repudiadas en distintas épocas, bajo el estigma de estar poseídas por el demonio, o por falsos estereotipos que los tachaban de delincuentes y maleantes.

No es de extrañar, pues, que esta persecución hacia los zurdos culminara en ciertos métodos —digamos— “pedagógicos” para corregir esta supuesta desviación. Muchos ancianos zurdos en España recuerdan con pesar cómo fueron presionados y obligados a escribir con la mano derecha en su etapa escolar, reconvertidos a diestros aun en contra de su naturaleza.

Estudios científicos

Los diestros son “más diestros”

Entrando en materia científica, cabe destacar que, según un estudio realizado en la Universidad de Ontario, “los diestros son más diestros comparados con los zurdos, que tienden más a ser ambidiestros; a ejecutar con más habilidad ambas manos”. En otras palabras, los investigadores aseguran que las personas que usan preferentemente la mano izquierda son mucho más hábiles con la derecha que los diestros respecto a la mano izquierda.

Esto podría explicarse porque las personas zurdas se han visto obligadas, desde corta edad, a manejar utensilios y herramientas diseñados para diestros, con lo cual acaban desarrollando una mayor capacidad para controlar su “mano mala”.

Los zurdos viven menos años, en promedio

Uno de los aspectos sobre los que la ciencia más ha profundizado es sobre la longevidad de los zurdos y los diestros. Y es que, según se ha demostrado, los zurdos tienden a vivir unos nueve años menos de promedio que los diestros. Pero, ¿por qué ocurre esto? Existen varias hipótesis que intentan explicar esta diferencia.

Una de las más extendidas reza que es posible que los zurdos sean más propensos a sufrir algunas alteraciones mínimas durante su desarrollo, cosa que les haría más proclives a sufrir ciertas enfermedades.

La genética entra en juego

Sí, parece que ya hay datos que apuntan a que la preferencia por una u otra mano podría tener un origen genético. Concretamente, esto es lo que descubrió un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford, cuando aislaron una variable genética que se relaciona con el hecho de preferir usar la mano izquierda. Esta variante, de nombre LRRTM1, es también un predictor de la esquizofrenia. Es decir, que las personas que poseen esta variable genética tienen más riesgo de padecer esta enfermedad neurológica.

De todos modos, la relación entre poseer esta variación genética con padecer esquizofrenia solo ha sido correlacionada de forma leve; se desconoce exactamente qué papel juega este gen en la multitud de características y propensiones que desarrollará el individuo durante su vida. De hecho, el grado de correlación entre la zurdera y poseer dicho gen todavía sigue estudiándose.

La lateralidad cruzada y las diferencias cerebrales

Las diferencias entre el cerebro de zurdos y diestros contribuyen a profundizar en las pocas respuestas y muchas incógnitas sobre la lateralidad de los seres humanos. Como ya hemos explicado en anteriores artículos de Psicología y Mentenuestro cerebro consta de dos hemisferios, derecho e izquierdo, y aunque el cerebro opera globalmente, cada uno de estos hemisferios está especializado en ciertas funciones.

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Se suele decir, aunque es una simplificación un tanto acientífica, que el lado izquierdo del cerebro se encarga de procesar la información numérica y lógica, mientras que el hemisferio derecho está más vinculado a la creatividad y a la forma en que sentimos y nos emocionamos. Y a todo esto, ¿qué ocurre con la escritura? En más del 80% de la población, la escritura está más vinculada a la actividad en el hemisferio izquierdo, que a su vez rige nuestro lado derecho (sí, aunque suene contraintuitivo). Estas personas, por tanto, son diestras. En el caso de los zurdos, la cosa se complica un poco, puesto que la actividad relacionada con la escritura está más uniformemente repartida entre ambos hemisferios.

Será necesario seguir investigando en torno a esta cuestión para seguir aportando datos interesantes sobre las causas de la lateralidad y las diferencias entre zurdos y diestros. De momento, nos quedamos con más preguntas que certezas.

Bertrand RegaderBertrand Regader-Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente: http://www.psicologiapracticaonline.com/

¿Por qué tu cerebro necesita vacaciones?

 

En una cultura que parece estar obsesionada con la productividad y la eficacia, se habla demasiado de trabajo y muy poco de vacaciones. Sin embargo, encontrar tiempo para descansar y desconectarse del estrés cotidiano es fundamental, sobre todo para nuestro cerebro. De hecho, si a veces te sientes sobresaturado, es probable que se deba a las limitaciones de tu mente consciente, a que tus recursos atencionales y tu capacidad de trabajo son limitadas.
 

El cerebro consume una gran cantidad de energía

 
Durante mucho tiempo los científicos creyeron que el cerebro siempre se mantenía activo, incluso cuando descansamos o dormimos. Sin embargo, la aparición del electroencefalograma y más tarde de la resonancia magnética funcional desveló una realidad diferente: nuestro cerebro apaga las zonas que no esté utilizando. 
 
De hecho, diferentes actividades activan distintos circuitos neuronales, momento en el cual aumenta la demanda de oxígeno y glucosa, para obtener la energía extra que necesita. Sin embargo, el hecho de que nuestro cerebro apague unas zonas y encienda otras no significa que sea un gran ahorrador de energía. No podemos olvidar que este órgano consume aproximadamente el 20% de la energía que produce nuestro cuerpo, y requiere entre un 5 y un 10% adicional cuando calculamos o leemos un libro.
 
En este sentido, una investigación realizada en la University of Southern California desveló que cuando el cerebro está “descansando” en realidad no está siendo improductivo, todo lo contrario. Esa red por defecto es esencial para reafirmar nuestra identidad, comprender mejor qué se esconde detrás de los comportamientos de los demás e incluso nos ayuda a procesar nuestro código moral. Por eso, el descanso es una oportunidad para que el cerebro reafirme los conocimientos adquiridos, trabaje sobre los asuntos sin resolver y asuma una distancia emocional de los problemas.
 
Cuando dejamos que la mente divague, esta rebobina las conversaciones que hemos tenido y nos permite encontrar dónde nos hemos equivocado. También podemos terminar mentalmente una discusión, con fines catárticos y para evitar un enfrentamiento cara a cara. O podemos colocar notas mentales que nos permitan planificar el día siguiente, encontrar soluciones a problemas complejos y encontrar explicaciones que nos ayuden a darle un sentido más amplio y coherente a nuestro “yo”.
 
Podemos hacer todas estas cosas en “modo off” porque nuestro cerebro dispone de dos vías atencionales: la red de procesamiento de tareas positivas y la red de tareas negativas. La red de procesamiento de tareas positivas, también denominada control ejecutivo, se activa cuando nos concentramos en una tarea. Al contrario, la red de procesamiento de tareas negativas, también conocida como red neuronal por defecto, se activa cuando dejamos que nuestra mente divague, cuando soñamos despiertos. Sin embargo, cuando una de estas redes está activa, la otra se apaga.
 
Como podrás suponer, ambas redes son importantes y nos han permitido hacer grandes descubrimientos. De hecho, esa red de procesamiento de tareas negativas es precisamente la que nos permite establecer conexiones entre ideas dispares, es la responsable de nuestros momentos de genialidad y nos ayuda a resolver los problemas más complicados a través de los momentos de insight. Cuando, de repente, descubres la solución a un problema, ha sido la red neuronal por defecto en acción. 
 
Por otra parte, existe otro componente muy importante del sistema atencional, los filtros. Estos nos ayudan a orientar nuestra atención, diciéndonos en qué debemos concentrarnos y qué estímulos debemos obviar. Sin embargo, el flujo constante de información al que estamos sometidos en la actualidad hace que el control ejecutivo siempre esté activo, mientas que la parte del cerebro más creativa se mantiene apagada. Por eso, de vez en cuando es necesario tomarse unas vacaciones de la rutina cotidiana. 
 

7 buenas razones para tomarse unas vacaciones 

 
1. Catapulta la creatividad
 
Como podrás suponer, mientras trabajamos estamos funcionando en “modo focalizado”, por lo que es normal que después de cierto tiempo nuestro cerebro termine sobresaturado. De hecho, se estima que en la actualidad, entre noticias, redes sociales, mensajes de correo y televisión, consumimos el equivalente a 174 hojas de periódicos, cinco veces más de lo que asimilábamos en 1986. Ante tanta información, es normal que el cerebro se sobresature. Por tanto, unas vacaciones nos permiten desconectarnos del mundo y dejar que una parte de nuestro cerebro divague, precisamente la encargada de conectar ideas aparentemente inconexas y facilitarnos los insights. Por eso, no es sorprendente que las investigaciones apunten que las personas más creativas son precisamente aquellas en las que la red neural por defecto se mantiene más activa.
 
2. Nos ayuda a tomar mejores decisiones
 
El cerebro trabaja mejor cuando no está sometido a una gran presión, cuando funciona en “modo relajado”. De hecho, se ha demostrado que después de dar paseos relajantes en la naturaleza o incluso luego de una pequeña siesta mejoran nuestros procesos cognitivos, en especial la atención y la memoria. Un estudio realizado en la Universidad de Ámsterdam incluso desveló que cuando debemos tomar una decisión importante es mejor que nos tomemos nuestro tiempo y descansemos. Una vez que hayamos asimilado todos los detalles necesarios, darle vueltas al asunto no siempre nos conduce a tomar la mejor decisión, lo mejor es asumir una distancia psicológica. De hecho, unas vacaciones permiten que nuestra red neuronal por defecto se active e integre la información, ayudándonos a decidir mejor.
 
3. Alivia el estrés
 
Las vacaciones son el mejor antídoto contra el estrés, una respuesta que se desencadena cuando estamos sometidos a demasiada presión y sentimos que nuestro entorno no es lo suficientemente seguro. En ese momento nuestro organismo comienza a liberar grandes cantidades de cortisol y epinefrina, hormonas que no solo nos preparan para la lucha o la huida sino que, a largo plazo, provocan una respuesta inflamatoria que termina afectando profundamente el cerebro y dando lugar a enfermedades crónicas. Tomar unas vacaciones lejos del estrés del trabajo y la rutina cotidiana nos ayuda a relajarnos, disminuye los niveles de ansiedad y le da a nuestro cuerpo la oportunidad para reparar los daños causados y regenerarse. De hecho, no podemos olvidar que el estrés mata las neuronas e impide que se formen nuevas células nerviosas.
 
4. Genera nuevas ideas
 
Cualquier descanso es positivo para el cerebro, pero unas vacaciones fuera de casa, en contacto con otras culturas, es como un auténtico masaje cerebral que promueve nuevas ideas. Así lo demuestra un estudio realizado en la Singapore Management University, en el cual también se puntualiza que el grado de creatividad es mayor mientras más dispuestos estemos a profundizar en las nuevas costumbres que encontramos en nuestro destino. Por tanto, no basta con viajar, es necesario explorar el lugar y abrirse a nuevas formas de asumir la vida, con una actitud relajada y libre de juicios. Solo así comprenderemos que no hay una manera “correcta” de hacer las cosas, sino diferentes caminos.
 
4. Nos hace más felices
 
El estrés crónico contribuye a aumentar los niveles de depresión y ansiedad. De hecho, las personas que no toman vacaciones con regularidad suelen reportar tres veces más depresión y ansiedad que quienes logran desconectar cada cierto tiempo del trabajo. La clave, como demostró un estudio realizado en la Universidad de Rotterdam, radica en la felicidad. Según estos investigadores, bastan dos semanas de vacaciones para relajarnos y sentirnos mucho más felices. Durante ese tiempo la cantidad de endorfinas que nuestro cuerpo genera es suficiente para contrarrestar el efecto nocivo de las hormonas del estrés.
 
7. Incrementa la concentración
 
Aunque puede parecer contradictorio, lo cierto es que las vacaciones nos ayudan a mantenernos concentrados. De hecho, el estrés crónico afecta directamente la parte del cerebro relacionada con la memoria y la consecución de los objetivos. Por eso, las personas que trabajan ininterrumpidamente, sin tomar vacaciones, a menudo se sienten bloqueadas y tienen dificultades para concentrarse. Al contrario, al regresar de las vacaciones nos sentimos llenos de energía, nuestra capacidad de reacción aumenta y somos capaces de mantenernos concentrados durante periodos de tiempo más largos.
 
7. Aumenta la productividad
 
Ser productivos no significa, necesariamente, pasar mucho tiempo trabajando, sino aprovechar esas horas al máximo. Por eso, las empresas más productivas, y también en las que los trabajadores enferman menos, son aquellas en las que los empleados pueden tomarse más días de vacaciones. De hecho, la mayoría de las personas reportan sentirse más satisfechas con su trabajo cuando tienen la posibilidad de irse de vacaciones con cierta regularidad. Esa sensación de satisfacción se revierte en la productividad, creando también un mejor clima laboral. 
 

Todo no vale: Las 3 claves para que las vacaciones tengan un efecto positivo

 
1. Explorar cosas nuevas. No se trata simplemente de relajarse en casa sino de explorar el mundo y descubrir cosas nuevas. Cuando salimos de los ambientes familiares logramos asumir nuevas perspectivas porque ponemos distancia entre nosotros y los problemas, lo cual nos permite pensar con mayor claridad, como si fuéramos un observador externo. Por eso, no es extraño que muchas personas tengan auténticas epifanías cuando viajan. Por consiguiente, se trata de que explores y te alejes de la rutina, abriéndote a nuevas experiencias que amplíen tu zona de confort.
 
2. Asumir una actitud mindful. Para aprovechar realmente las vacaciones, es fundamental aprender a desconectarse de los problemas que dejamos atrás y estar dispuestos a vivir plenamente el presente, adoptar una actitud mindful, un concepto derivado del budismo que implica concentrarse en el aquí y ahora. Si eres una de esas personas a las que les resulta difícil desconectarse del trabajo y los problemas de casa, deberías elegir destinos saludables como los que propone GoEuro, sitios donde prevalezca la naturaleza y el relax esté garantizado gracias a balnearios y fuentes termales.
 
3. No juzgar. Sumergirnos en una cultura diferente es muy beneficioso, pero solo si lo hacemos sin juicios de valor, dispuestos a no criticar y a absorber todo lo que sucede a nuestro alrededor. De hecho, se ha apreciado que las personas que pasan más tiempo en el extranjero también son más creativas y desarrollan un pensamiento más flexible. No obstante, en realidad no se trata de la duración de las vacaciones sino del deseo de comprender la realidad local y la disposición a asumir perspectivas diferentes a la nuestra. En ese caso, puedes echarle un vistazo a los mejores países para viajar que propone Lonely Planet, cuyas culturas y costumbres cuales pueden convertirse en una nueva fuente de inspiración.