Adicción a las compras: compras compulsivas

La compra compulsiva, que consiste en el afán desmedido, incontrolado y recurrente por adquirir cosas no es un fenómeno exclusivo de fechas como la Navidad, en las que la insistencia de la publicidad comercial y la tradición consumista podrían explicar un cierto aumento de los gastos.

Es una adicción en toda regla que, si bien en su máxima expresión afecta a poca gente, es más común de lo que pudiera pensarse. Es la consecuencia de un impulso irreprimible, un acto poco consciente del que después nos arrepentimos, porque compramos cosas poco útiles o gastamos más de lo que podemos.

La compra genera en la persona adicta una satisfacción inmediata, con la que cree llenar su vida de sentido y con la que consigue borrar temporalmente los problemas.

 Una reacción inadecuada

compras compulsivas, adicciones, adicción, tratamiento adicción, conducta adictiva, tratamiento La Garriga, tratar adicción, comprar sin parar“Me siento deprimida”, “estoy angustiado”, “me falta el aire, tengo que salir”: tras estas y otras sentencias similares salimos de compras, con la convicción de que gastar aliviará nuestra ansiedad o disgusto.

Sentimientos de tristeza, rabia, incomprensión, desatención y soledad, encuentran su vía de escape en la compra de artículos muchas veces no necesarios que nos aportan satisfacción en el momento de su adquisición.

Quizá buscamos que alguien nos haga caso y sentir que “somos alguien”. Comprando nos sentimos vivos, en cierto modo importantes, y saciamos el vacío que causan la soledad, el tedio, las tensiones y problemas, los disgustos o la incomprensión. Intentando mitigar el dolor, canalizamos nuestro enfado hacia la compra y posesión del objeto.

Compulsión, ¿qué es?

Entre las causas que mueven a comprar de forma desmesurada no se encuentra la necesidad, sino un descontrol de los impulsos y un pensamiento irracional que surge de una necesidad emocional, de la falta de autoestima, de un vacío o de la imposibilidad de soportar frustraciones y problemas.

La utilidad tampoco es motivo porque los adictos a las compras no estrenan sus adquisiciones y las acumulan en casa produciéndoles un sentimiento de culpabilidadque les mueve a volver a las tiendas, a veces a escondidas, para quitárselo y sentirse feliz.“Es un círculo vicioso y una enfermedad muy difícil”.

Respecto a la forma de detectar a los compradores compulsivos, psicólogos declaran quees una “adicción encubierta” porque la persona no reconoce que tiene un problema y ve normal su comportamiento”, ya que vive en una sociedad “totalmente consumista”.

En cuanto al perfil, afecta más a mujeres que a hombres y que la edad oscila entre los 30 y los 40 años, aunque el auge de las nuevas tecnologías ha originado una nueva clase formada por adolescentes cuya “única forma de ocio es salir a adquirir el último videojuego que ha salido al mercado”.

¿Porqué hablamos de adicción?

compras compulsivas, adicciones, adicción, tratamiento adicción, conducta adictiva, tratamiento La Garriga, tratar adicción, comprar sin pararUna conducta sólo se considera adicción cuando el individuo presenta estos tres rasgos: tolerancia (necesidad de consumir cada vez más para lograr la misma emoción), síndrome de abstinencia (cuando no se puede satisfacer la adicción) y pérdida del control (incapacidad de frenar en el consumo).

La compra compulsiva reúne todas estas características: la voluntad del afectado es casi nula, la satisfacción por la compra realizada deviene efímera y se entra en una espiral de la que difícilmente se puede salir sin la ayuda de un especialista.

¿Cuando podemos pensar que existe una adicción a las compras?

  • Cuando nos sentimos tristes, deprimidos o enojados, lo único que nos calma es ir de compras.
  • Compramos con frecuencia cosas poco útiles, que después nos arrepentimos de haber adquirido.
  • Tenemos la casa llena de artículos que no hemos usado y que nos resultan inservibles.
  • Nos precipitamos a la hora de comprar, porque no podemos controlar nuestros impulsos.
  • Del entorno familiar y de amigos nos llegan mensajes críticos con nuestra desmedida afición a comprar.
  • Aun a pesar de haber comprado muchas cosas o haber realizado un gran gasto, nos sentimos insatisfechos cuando reflexionamos en casa sobre los objetos adquiridos.
  • Vemos que se nos va el dinero sin darnos cuenta, y a menudo estamos irritados por haber gastado el dinero tontamente.
  • Cuando vemos algo que nos gusta, no paramos hasta comprarlo.
  • Adquirimos productos “milagro” que intuimos o sabemos inútiles.
  • Cuando recibimos el extracto de la tarjeta de crédito, nos sorprende sobremanera la cantidad e importe de las compras que hemos hecho.
  • Nuestro tiempo libre lo dedicamos preferentemente a visitar los centros comerciales o ir de escaparate en escaparate.

Cuando el comprar se convierte en necesidad irreprimible surge el problema.

Soy un comprador compulsivo. ¿Qué puedo hacer?

Como hemos dicho, lo que mueve a un compulsivo a comprar es la falta de control de los impulsos y un pensamiento irracional. Así pues, difícilmente esta persona podrá, por si misma y sin ayuda, darse cuenta de su problema y solucionarlo.

Si usted sospecha que un miembro de su familia o persona cercana es adicto a las compras lo mas urgente es conseguir un diagnóstico profesional y un tratamiento efectivo que resuelva la situación.

Sólo con la modificación de la conducta y del control de los impulsos podremos controlar la ansiedad y los conflictos interpersonales pudiendo cambiar así el estilo de vida del paciente.

Hambre y compras, una mala combinación

escaparate-ir-de-compras

Debemos estarle agradecidos a la sabiduría popular por brindarnos valiosas piezas de información que nos han permitido llegar a la edad adulta evitando innecesarias caídas por terraplenes, contagios de enfermedades o, quién sabe, incluso también alguna que otra coz de caballo. Y es que, mucho antes de que existieran las publicaciones en revistas científicas, el cuerpo colectivo al que pertenecemos y al que llamamos “pueblo” ya tenía en boca gran cantidad de consejos, dichos y costumbres que nos orientan en nuestra ruta vital hacia una vejez próspera. Sin embargo, cabe recordar que, precisamente por no depender de la ciencia, la cultura popular no tiene por qué hilar fino en sus explicaciones sobre la realidad. Existe un consejo repetido numerosas veces en el que esto se hace evidente: la recomendación de no ir al supermercado con el estómago vacío. Hoy sabemos que los bienintencionados mentores que repetían esta norma pecaban de ingenuidad. Ir a comprar con hambre es una mala idea, sí. Pero no sólo cuando vamos a buscar comida al mercado, sino también cuando caminamos por las galerías de cualquier otro tipo de establecimiento comercial.

Se juntaron el hambre y las ganas de comprar

Un estudio publicado recientemente en PNAS ha concluido que el apetito puede activar conceptos y conductas relacionadas con la “adquisición” en abstracto. Eso hace que quien sienta cada vez más cerca los ronroneos del estómago tenga más probabilidades de comprar cualquier cosa dejándose llevar por un impulso. El hambre y la compra racional no parecen llevarse demasiado bien, sea cual sea el contexto.

médico 1¿Cómo se ha podido llegar a esta conclusión? Pues, por ejemplo, experimentando con un objeto difícilmente útil en nuestro día a día y más bien poco relacionado con la gastronomía: el broche aprietapapel, también conocido como binder clip. Se trata de un pequeño dispositivo que bien podría ser el hermano mayore del clip convencional y que sirve para mantener sujetos muchos papeles. De esta forma, un equipo de investigación se propuso medir la cantidad de binder clips que una serie de voluntarios cogían cuando se les decía que podían llevarse a casa tantos como quisieran. Los voluntarios, claro, formaban parte de dos grupos experimentales distintos: las personas con hambre y las personas saciadas. Los sujetos con hambre tendían a coger un número significativamente mayor de clips, pero, a pesar de mostrar esta afición espontánea por los objetos de oficina, no valoraban su botín de una forma más positiva que el grupo de las personas saciadas. Parece ser que el hambre le envía al cerebro un mensaje unívoco y sin sutilezas. No dice ni “esto me resulta muy atractivo” ni “qué bonito es esto”, y ni siquiera “quiero comida”. El mensaje es más, bien: “quiero”.

Ahora bien, hay que recordar que este experimento se realizó con objetos que eran gratis. ¿Qué pasa cuando el dinero entra en juego? Se podría pensar que cuando adquirir algo tiene un coste dejamos que la razón tome las riendas del asunto, ¿no? Para averiguar este punto, se recogieron datos en un área comercial. Escaneando los recibos de la compra de los clientes que habían pasado por caja y preguntándoles una serie de preguntas se pudo comprobar cómo las personas con más hambre tendían a comprar más, incluso teniendo en cuenta su estado anímico y el tiempo que habían dedicado a mirar productos.

No caer en la trampa

¿Qué enseñanzas podemos extraer de la relación entre los clips sujetapapel y los asuntos estomacales? Quizás, la siguiente: dado que en el mundo exterior nos vemos diariamente bombardeados por publicidad en todo tipo de formatos, conviene no ponérselo tan fácil a los grandes vendedores. No metamos en nuestro cuerpo, además de todas las cosas que ya tenemos, las ganas de comprar cualquier cosa.