¿Qué pasaría si en vez de castigar a los niños, les enseñáramos a meditar?

 
Cuando los niños se portan mal, se les castiga. Así se hace en el hogar y así se hace en los colegios. Así se ha hecho desde siempre y así se sigue haciendo. Sin embargo, si queremos que las cosas cambien, si queremos que la sociedad mejore, quizá deberíamos cambiar nuestra forma de educar. 
 
Y eso es precisamente lo que se ha propuesto la escuela primaria estadounidense “Robert W. Coleman”, sus maestros no castigan a los niños sino que les proponen algo diametralmente diferente: meditar.
 
El centro educativo, que se encuentra en Baltimore, ha creado una “Sala Mindful”, donde acuden todos los niños, también aquellos que han tenido comportamientos disruptivos. Una vez allí, en vez de reprenderles, se les anima a respirar y meditar, a reencontrar la calma, tranquilizarse y reflexionar sobre lo ocurrido. 
 
Este proyecto fue creado en conjunto con “Holistic Life Foundation”, una fundación que ha pasado más de una década ofreciendo programas extraescolares holísticos para los niños. De hecho, su director afirma que aunque puede parecer imposible que los niños se sienten a meditar en silencio, lo hacen sin dificultades. 
 
Por otra parte, el director del colegio afirma que desde que han puesto en marcha este proyecto, los estudiantes han mejorado mucho su comportamiento y ya no ha sido necesario recurrir a los castigos o a las suspensiones escolares.
 

Los increíbles beneficios de la meditación mindfulness para los niños

 
La meditación mindfulness existe desde hace miles de años, aunque solo ahora el mundo occidental está redescubriendo sus beneficios. De hecho, está técnica ya se ha introducido en muchas terapias psicológicas y poco a poco también va ganando terreno en la educación.
 
Se ha comprobado que este tipo de meditación mejora la atención, por lo que es ideal para los niños con déficit de atención e hiperactividad. También reduce el estrés, fomenta la empatía y potencia el autocontrol emocional, por lo que se recomienda en los niños que sufren un trastorno oposicionista desafiante o que muestran conductas agresivas.
 
Esto se debe a que la meditación mindfulness provoca cambios a nivel cerebral, sobre todo en las regiones vinculadas con la atención, el procesamiento de la información sensorial, el pensamiento y la toma de decisiones.

En un estudio realizado en la Universidad de Harvard se apreció que estas áreas de la corteza cerebral muestran un engrosamiento cuando se practica la meditación mindfulness, el cual se suele alcanzar de manera natural solo con el paso de los años. Esto significa que algunas zonas del cerebro se desarrollan más rápido cuando se medita, por lo que es una herramienta muy poderosa para estimular la maduración cerebral en los niños.

 
Por otra parte, un metaanálisis realizado por psicólogos de la Universidad de Chicago que incluyó los datos de 270.034 niños de 213 escuelas en las que habían puesto en marcha programas de meditación mindfulness, llegó a la conclusión de que esta técnica no solo mejoraba sus habilidades sociales y emocionales sino también su desempeño académico, en una media de 11 puntos.

Estos resultados no son casuales. De hecho, se ha comprobado que la meditación mindfulness también incrementa la densidad de materia gris en el hipocampo, una zona estrechamente vinculada con la memoria y el aprendizaje. Por tanto, no es extraño que los niños que aprenden a meditar también mejoren su aprendizaje.

 

Meditación midnfulness: El antídoto para el estrés que genera la vida moderna

 
La meditación mindfulness no es simplemente una técnica, no implica sentar a los niños a meditar durante un rato y después olvidarse del asunto, implica asumir un estilo de vida diferente y comprender que los niños necesitan ser felices, no ser los mejores, que necesitan jugar y tener un ritmo de vida más relajado, en vez de sentirse presionados constantemente por obtener buenas calificaciones.

Por eso, la meditación puede convertirse en una especie de antídoto contra muchos de los problemas modernos. Los padres y maestros pueden usarla para:

– Enseñarles a mantenerse calmados, en vez de perder el control

– Enseñarles a estar plenamente presentes, en vez de tener la mente en otra parte

 
– Enseñarles a disfrutar de las pequeñas cosas, en vez de apostar únicamente por la tecnología
 
– Enseñarles a ser empáticos y compasivos, en vez de distantes y egoístas
 
– Enseñarles a mirar dentro de sí, para que sean más conscientes y responsables, en vez de dejar que miren continuamente hacia afuera en busca de culpables
 
– Enseñarles a bajar el ritmo cada vez que sea necesario, en vez de empujarles a perseguir el “éxito” 
 

3 ejercicios para desarrollar una actitud mindfulness en los niños

Para desarrollar una actitud mindfulness en los niños, es importante que los adultos sean pacientes y perseverantes. Cuando se trata de niños pequeños, de 4 o 5 años, tan solo 5 minutos al día de “meditación” serán suficientes. Cuando sean mayores podéis dedicarle a esta actividad unos 15 minutos al día.

 
Se recomienda ponerla en práctica siempre a la misma hora, al menos tres días a la semana y en un lugar tranquilo, donde no os interrumpan. La idea es proponer la actividad bajo una perspectiva interesante y divertida. También es importante pedirle al niño que cuente sus sensaciones al terminar el ejercicio. Obviamente, es fundamental no juzgarle porque todas las experiencias son válidas. De hecho, es normal que algunos días esté más disperso y desconcentrado que otros, no se le debe criticar ni reprender.

1. Técnica “Los Astronautas”

 
El objetivo de esta técnica es que los niños aprendan a concentrarse en el momento presente, con todos sus sentidos. Para lograrlo, le dirás que vais a jugar a ser astronautas que visitan otros planetas. Él será el terrícola y tú el extraterrestre.

A continuación, dale una fruta y pídele que la experimente con todos los sentidos, como si nunca la hubiese visto. Es importante que no se le escapen los detalles porque su misión intergaláctica consiste en describirle esa fruta a un extraterrestre que no sabe qué es y quiere replicarla en su planeta. 

 
2. Técnica “Parte Meteorológico”
 
En este caso, el objetivo es potenciar la conciencia emocional del niño, haciendo que gane en introspección. Solo tenéis que sentaros y cerrar los ojos, para descubrir cómo os sentís en ese momento. Al principio puedes ayudarle preguntándole “¿Qué tiempo está haciendo allí dentro?” Si se siente relajado y tranquilo puede decir que brilla el sol, si está preocupado puede indicar que hay nubes y si se siente muy tenso, que está a punto de caer un chaparrón.
 
La idea es que observe el “tiempo” que hace en su interior, desde una postura desapegada. Aprovecha para explicarle que los estados de ánimo cambian como el tiempo y que no tiene sentido aferrarse a ellos. Debe aprender a observar, comprenderlos y dejarlos pasar. Verás que a medida que practicáis, el niño irá añadiendo más detalles a su “tiempo” interior, lo cual es sinónimo de que está ampliando su conciencia emocional.
 
3. Técnica “Como una Rana”
 
El objetivo de esta técnica es lograr que el niño aprenda a respirar profundamente y comience a dar los primeros pasos en la meditación mindfulnes. Puedes empezar explicándole que imitaréis a la rana, un animal que puede dar grandes saltos pero también puede quedarse muy quieta, observando lo que sucede a su alrededor, sin reaccionar de inmediato. 
 
Pídele que respire como la rana, tomando lentamente el aire por la nariz mientras infla la barriga y soltándolo muy suavemente por la boca, mientras se desinfla. Así sentados, la rana no se deja arrastrar por las miles de ideas que cruzan por su mente sino que se concentra en el movimiento de su barriga mientras respira. De esta forma le enseñas autocontrol y, de paso, le ayudas a respirar adecuadamente, no de forma entrecortada, como solemos hacer.
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Hipersensibilidad emocional: Que los árboles no te impidan ver el bosque

Para algunas personas los pequeños problemas cotidianos se convierten en grandes obstáculos. Reaccionan de manera exagerada ante los contratiempos, se enfadan por pequeños percances y se deprimen por asuntos que los demás catalogarían como intrascendentes. A estas personas les resulta difícil asumir la vida desde una perspectiva más desapegada y objetiva, es como si tuvieran siempre las emociones a flor de piel. De la misma forma, son capaces de detectar las pequeñas señales emocionales que envían los demás, y pueden reconocer antes que nadie el sufrimiento, el dolor o la tristeza, como si tuvieran un sexto sentido muy aguzado. ¿Por qué?
 

La hipersensibilidad emocional puede tener una base genética

 
Investigadores de la Universidad de British Columbia y la Universidad de Toronto piensan que la raíz de la hipersensibilidad emocional puede encontrarse en una variante genética que, asombrosamente, poseen el 50% de las personas caucásicas, aunque también se encuentra en una proporción menor en otras etnias.
 
El gen en cuestión se denomina ADRA2b y su principal función es la de regular la norepinefrina, un neurotransmisor que está vinculado con el estrés y que afecta zonas del cerebro como la amígdala, vinculada a las respuestas emocionales. De hecho, la norepinefrina actúa como una droga aumentando la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea, de manera que prepara al organismo para la lucha o la huida.
 
En práctica, la variante de ese gen provoca una mayor activación de las regiones del cerebro vinculadas con elprocesamiento emocional. De hecho, estos investigadores comprobaron que estas personas, no solo reaccionan de manera diferente ante las situaciones sino que desde el primer momento las perciben de una forma diversa.
 

Una cuestión de percepción

 
En el experimento, las personas debían ver una serie de imágenes, algunas eran originales y otras copias a las que se les había añadido un poco de ruido, es decir, no eran perfectas al 100% ya que tenían algunas partes difuminadas o pixeladas.
 
El objetivo de los investigadores era comprobar si las personas eran capaces de notar esos pequeños defectos, por lo que entremezclaron todas las fotos. Así constataron que quienes tenían la variante del gen ADRA2b podían notar esos pequeños detalles ya que se focalizaban en los colores, las formas y los tamaños, más que en la imagen general, al contrario del resto de los participantes.
 
Los investigadores también apreciaron que en estas personas se produjo una mayor activación de la corteza frontal, lo cual indica que su atención y memoria estaban trabajando a máxima capacidad para captar y comparar detalles con mayor precisión. A su vez, se apreció un aumento de la actividad de la amígdala, la estructura vinculada con las respuestas emocionales.
 

La hipersensibilidad emocional: Un arma de doble filo

 
Sin duda, ver el mundo de manera diferente, también nos hará responder de manera distinta. Nuestra percepción matiza nuestras reacciones, sobre todo a nivel emocional. Por eso, las personas que son capaces de fijarse en los detalles suelen ser más sensibles y empáticas ya que captan rápidamente las pequeñas señales de sufrimiento o tensión que muestran los demás y son capaces de adaptar su comportamiento en base a estas, brindando el apoyo necesario. 
 
Sin embargo, esta capacidad es un arma de doble filo ya que al centrarse demasiado en los detalles también corren el riesgo de perder la visión global. Estas personas corren el riesgo de ver los árboles pero no el bosque, lo cual puede llevarles a reaccionar de manera exagerada ante pequeños detalles que para los demás pueden pasar inadvertidos o a los que simplemente no les dan importancia. Por consiguiente, las personas hipersensibles emocionalmente también son más propensas a enfadarse, entristecerse o responder con rabia.
 
La hipersensibilidad emocional puede ser un don, pero también aumenta el riesgo de sufrir problemas como el trastorno de estrés postraumático, la depresión y la ansiedad. La clave radica en ser conscientes de esta manera de ver el mundo y aprender a controlar la primera reacción emocional, intentando analizar la situación en su conjunto.
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¿Qué le está haciendo Internet a tu memoria?

Internet forma parte de nuestras vidas. Sin duda, se ha convertido en una gran ayuda en diferentes esferas y nos permite ahorrar un tiempo precioso, así como estar conectados con personas que se encuentran al otro lado del mundo y, por supuesto, mantenernos informados. Sin embargo, todo tiene un costo. Internet no es la excepción y, si no tenemos cuidado, utilizar la red de forma excesiva nos puede pasar una factura cognitiva que quizá no estaríamos dispuestos a pagar.
 

Descarga Cognitiva: Internet hace que dudes de tu memoria

 
Usar Internet continuamente para buscar datos hará que desconfiemos cada vez más de nuestra memoria. Así lo demuestra un estudio realizado por un grupo de psicólogos de la Universidad de California, quienes han descubierto que mientras más utilizamos la red para buscar información y comprobar datos, menos propensos somos a recurrir a nuestra memoria, aunque se trate de preguntas sencillas cuya solución ya conocemos o podríamos encontrar aplicando la lógica.
 
Este fenómeno se ha bautizado como “descarga cognitiva” y se refiere al hecho de que Internet nos está robando poco a poco nuestra memoria ya que mientras más confiamos en los datos que encontramos en la red, menos nos fiamos de lo que hemos aprendido o de las respuestas que podemos hallar pensando por nuestra cuenta.

El estudio en cuestión fue realizado en diferentes fases, en un primer momento las personas debían responder a una serie de preguntas triviales de dificultad media. A algunas se les permitió acceder a Internet y a otras les pidieron que pensaran y recurrieran a su memoria.

 
En un segundo momento, a todos los participantes les permitieron usar Internet, pero los investigadores se aseguraron de que las preguntas fueran muy sencillas, de manera que solo era necesario recurrir a la memoria para encontrar las respuestas o aplicar el sentido común. Por ejemplo, una de las preguntas era: “¿Todos los países tienen banderas de dos colores?”.
 
Así se apreció que las personas que habían usado Internet en la primera prueba, también eran más propensas a volver a usar la red para buscar las respuestas, en vez de pensar o recurrir a su memoria. 
 
Sin embargo, los resultados más interesantes llegaron cuando los participantes no usaron Internet. Entonces, aquellos que habían recurrido a la red, cometieron un 30% más de errores en sus respuestas. Los investigadores también apreciaron que brindaban respuestas más impulsivas y que pensaban menos.
 
Al contrario, quienes comenzaron el experimento confiando en su memoria desde el primer momento, obtuvieron mejores resultados en la prueba final. Este experimento nos indica que, efectivamente, el uso de Internet tiene un impacto en nuestra memoria, y no es precisamente positivo.

Los peligros de usar un“disco duro” externo

 
Por supuesto, no se trata del primer estudio que evalúa el impacto que tiene Internet en nuestra memoria. Una investigación anterior llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Columbia desveló que los estudiantes recordaban menos información cuando sabían que podían tener fácil acceso a Internet. En práctica, en vez de intentar comprender y memorizar la información, simplemente confiamos en un “disco duro” externo.
 
Sin embargo, el hecho de que prefiramos utilizar un “disco duro” externo ni siquiera es lo peor. Un estudio realizado en la Universidad de California encontró que los internautas habituales muestran una activación menor en diferentes áreas del cerebro mientras leen un texto en Internet, entre ellas las zonas vinculadas con la memoria a corto plazo. Esto podría indicar que mientras más utilizamos Internet, menos retenemos lo que leemos ya que sabemos que estará disponible en cualquier momento que lo necesitemos. 
 
No obstante, el problema es que la memoria a corto y largo plazo son capacidades que se deben ejercitar continuamente o terminarán deteriorándose. Si confiamos en un disco duro externo nuestra capacidad para recordar información será cada vez menor, lo cual puede abrir las puertas a las enfermedades neurodegenerativas. La memoria a corto plazo, por ejemplo, es fundamental para el pensamiento. La memoria a largo plazo, es esencial para nuestra identidad.
 

Las barreras de la memoria se difuminan

 
Hace tan solo algunas décadas, cuando no recordábamos el nombre del protagonista de una película, llamábamos a nuestro amigo cinéfilo. De hecho, la tendencia a distribuir la información en los grupos siempre ha existido, es lo que se conoce como “sistema de memoria transaccional” e implica que seamos plenamente conscientes de que ese conocimiento al que deseamos acceder se encuentra fuera de nuestra memoria, lo posee otra persona.
 
Sin embargo, la inmediatez que proporciona Internet hace que esa barrera entre lo que nosotros sabemos y lo que saben los otros (en este caso la red), se difuminen. La distinción entre la memoria externa e interna es cada vez más débil; es decir, confundimos lo que sabemos con lo que buscamos.

Aunque esta “confusión” puede parecer increíble, un experimento realizado en la Universidad de Yale descubrió que las personas que usaban Internet para encontrar respuestas a las preguntas mostraban una mayor autoestima sobre su rendimiento cognitivo. De hecho, estaban de acuerdo con afirmaciones como “tengo buena memoria” o “recuerdo muy bien los detalles”. 

 
Estos resultados han hecho que los psicólogos piensen que la barrera entre nuestra memoria y la memoria externa, la que se encuentra en Internet, se está difuminando. Cuando las personas buscan información en la red tienen la ilusión de que los resultados que encuentran se deben a sus propias capacidades. 
 
El problema, una vez más, es que esta ilusión nos impide desarrollar nuestros recursos cognitivos. Por supuesto, la solución no radica en dejar de utilizar Internet, que es una herramienta estupenda, sino en hacer un uso más racional de ella. Afortunadamente, ser conscientes del efecto de la descarga cognitiva y, sobre todo, buscar otras estrategias para entrenar nuestra memoria, nos permitirá mantener activa esta capacidad a lo largo de los años. 
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¿Hablas solo? Existen 3 buenas razones para seguir haciéndolo

Es probable que alguna vez te hayas sorprendido hablando solo. Quizá te estabas haciendo una pregunta, buscando una solución para un problema que te preocupaba o simplemente estabas “anotando” una nota mental para no olvidar una tarea pendiente. Y si te has sorprendido hablando solo en más de una ocasión, quizá hasta te has preguntado si te estás volviendo loco.
 
Desgraciadamente, en el imaginario popular aún subsiste la idea de que hablar solo es un signo de locura inminente, pero lo cierto es que no es así. Albert Einstein, por ejemplo, solía hablar solo. Se dice que repetía sus frases en voz baja.
 
De hecho, esa conversación con nosotros mismos no solo nos ayuda a combatir la soledad sino que también nos hace más inteligentes ya que nos permite clarificar nuestros pensamientos, nos ayuda a darle un sentido a nuestras ideas y nos permite reafirmar nuestras decisiones. Solo hay una pequeña advertencia: ese monólogo debe ser respetuoso contigo mismo. 
 
1. Hablar solo hace que el cerebro trabaje de forma más eficiente
 
Psicólogos de la Universidad de Wisconsin-Madison les mostraron a un grupo de voluntarios 20 imágenes de diferentes objetos y luego les pidieron que buscaran uno de ellos. La mitad de las personas debía hacer esta tarea en silencio, la otra mitad debía repetir el nombre del objeto que estaban buscando.

Curiosamente, quienes hablaron en voz alta durante la prueba encontraron los objetos más rápido, apenas en 0,1 segundos, mientras que los demás tardaron de 1,2 a 2 segundos, una diferencia significativa. 

 
Estos investigadores están convencidos de que el lenguaje no es simplemente un medio de comunicación, cuando lo dirigimos hacia nosotros mismos no solo nos ayuda a pensar con mayor claridad sino que también amplifica nuestra percepción y potencia la memoria.

2. Hablar solo te ayuda a enfrentar los desafíos

Hablar en voz alta no solo nos ayuda a organizar las ideas sino que también nos permite motivarnos. Psicólogos de la Universidad de Illinois les pidieron a un grupo de personas que intentaran motivarse mientras resolvían unos anagramas, algunas debían motivarse en su mente y otras en voz alta.

Estos investigadores comprobaron que hablar en voz alta era más motivador, también descubrieron que era aún mejor si se usaba en el discurso la segunda persona. Los participantes que se motivaron en voz alta usando el “tú” en vez del “yo” resolvieron más anagramas y reportaron sentirse más satisfechos con su desempeño. En práctica, estas personas no se decían “voy a hacerlo bien” sino “vas a hacerlo bien“.

Según estos psicólogos, usar la segunda persona activa los recuerdos vinculados con el apoyo que hemos recibido en otras situaciones en las que nos sentíamos desmotivados. De esta forma logramos sentirnos mejor y adquirimos una mayor seguridad y confianza.

3. Hablar contigo mismo en segunda persona alivia el estrés
 
Por supuesto, hablar por hablar no siempre es beneficioso, es importante hacerlo de la manera “correcta”. En este sentido, psicólogos de la Universidad de Michigan descubrieron que hablarnos en segunda persona también nos ayuda aaliviar el estrés.
 
Estos investigadores generaron una dosis de estrés y ansiedad en los participantes diciéndoles que tenían que preparar un discurso, que darían frente a unos especialistas que valorarían cuán calificados estaban para el trabajo de sus sueños. Les dieron cinco minutos para que se prepararan y les explicaron que no podrían usar sus notas.
 
Sin embargo, la mitad de los participantes debía hablar consigo en primera persona mientras se preparaba para el discurso, preguntándose cosas como “¿por qué estoy tan nervioso?”. La otra mitad podía hablar consigo pero usando la segunda persona, haciéndose preguntas como “¿por qué estás tan nervioso?”.
 
Luego cada participante debía indicar cuán nervioso se sentía después del discurso y cómo creía que lo había hecho. Los resultados no dejaron lugar a dudas: las personas que se habían hablado en segunda persona reportaron sentirse menos nerviosas y con menos vergüenza, además de sufrir menos pensamientos rumiativos. Por si fuera poco, los especialistas confirmaron que sus discursos eran mejores y más persuasivos.
 
El secreto radica en que cuando pensamos en nosotros como si fuéramos otra persona, asumimos una distancia psicológica del problema, lo cual nos ayuda a controlar nuestras emociones, abrir la mente y valorar otras perspectivas desde una postura más objetiva.

Por tanto, ahora ya lo sabes, hablar contigo mismo puede ser beneficioso :)

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No hay malas decisiones sino malas interpretaciones

Una viuda muy trabajadora tenía a su cargo unas jóvenes criadas a las que levantaba todos los días a la hora del canto del gallo para que comenzaran a trabajar.
 
Las jóvenes, cansadas de la rutina y de aquel ritmo de trabajo, decidieron matar al gallo para que la viuda no las levantara tan temprano, pues pensaban que madrugar era la causa de sus males.
 
Sin embargo, después de su vil acción, se dieron cuenta de que solo habían agravado su mal pues a partir de aquel momento la viuda comenzó a levantarlas al oir al panadero empezar su jornada, incluso más temprano que el canto del gallo”.
 
Esta sencilla fábula nos brinda una valiosa enseñanza: la causa de los problemas no siempre es la primera que cruza por nuestra mente, es mejor pensar concienzudamente y no actuar precipitadamente ya que podríamos agravar la dificultad en vez de solucionarla.
 

Los sesgos cognitivos que nos impiden encontrar la verdadera causa de los problemas

 
Si pudiéramos encontrar fácilmente la verdadera causa de nuestros problemas, nos resultaría mucho más fácil resolverlos y no nos estresaríamos tanto. De hecho, cuando nos planteamos las preguntas correctas, ya estamos a mitad del camino para encontrar la solución. El problema es que no funcionamos con la misma lógica que un ordenador y a menudo somos víctima de sesgos cognitivos que limitan nuestra visión.
 
– Percepción selectiva. No vemos el mundo como es, sino como somos. Esto significa que nuestras ilusiones, esperanzas y expectativas influyen en el significado que le atribuimos a las situaciones. Como resultado, obviamos una parte de la realidad y nos concentramos en aquella que nos resulta más cómoda. El problema es que de esta manera no logramos formarnos un cuadro completo de la situación y no podemos tener una visión objetiva que nos acerque a la solución.
 
– Sesgo de confirmación. Se trata de una tendencia a favorecer la información que confirme nuestras propias hipótesis e ideas, sin importar si esa información es verdadera. Al fijarnos solo en lo que confirma nuestras creencias, no se genera una disonancia cognitiva, por lo que no nos vemos obligados a replantearnos nuestra postura. Por eso, a veces solo vemos lo que queremos ver.
 
– Negación de la probabilidad. Nos resulta más difícil tomar decisiones cuando no tenemos certezas. Por eso, tenemos la tendencia a rechazar por completo cualquier probabilidad cuando esta genera aún más incertidumbre, aunque pueda tratarse de una buena opción. En práctica, preferimos tomar decisiones cuyas consecuencias podamos prever, antes que elegir un camino incierto o desconocido.
 
– Sesgo de la responsabilidad externa. Se trata de la tendencia a evadir nuestra responsabilidad y buscar culpables fuera de nosotros, así aliviamos el estrés que pueden generar algunas decisiones. Este sesgo también se refiere a nuestra tendencia a dejar que los demás decidan por nosotros, para no tener que asumir las consecuencias de nuestros actos. De esta forma, no escudriñamos en lo que realmente deseamos o en cuál sería la mejor solución, sino que nos dejamos llevar por las decisiones y criterios de los demás.
 

¿Cómo descubrir la causa de los problemas?

 
La mente humana es muy compleja, a menudo nuestras emociones, creencias y expectativas nos juegan malas pasadas y nos impiden ver la verdadera causa del problema, que en muchas ocasiones se encuentra dentro de nosotros mismos. De hecho, algunos problemas dejarían de ser tan agobiantes si tan solo fuésemos capaces de cambiar nuestra perspectiva de la situación o pudiésemos ver con claridad su causa.
 
1. Tómate el tiempo que necesites. Se dice que el tiempo pone todo en su lugar, de hecho, es un poderoso aliado que nos ayuda a ver las cosas con perspectiva. Por eso, ante un problema, es mejor no precipitarse y dejar que las emociones se asienten. Así podremos vislumbrar con mayor claridad cuál es la causa y qué camino es el más adecuado. Además, durante ese tiempo el inconsciente seguirá trabajando y puede llegar a desvelarnos cosas muy interesantes sobre nosotros mismos, aunque sea a través de los sueños. De hecho, esa es la razón por la cual cuando tenemos un problema, también sufrimos más pesadillas, muchas de las cuales son mensajes en clave del inconsciente.
 
2. Concientiza tus emociones. No es necesario deshacerse de las emociones e ilusiones a la hora de analizar un problema o tomar decisiones. De hecho, estas pueden ser muy útiles e inclinan positivamente la balanza hacia aquello que nos hace sentir mejor. Sin embargo, es importante que seamos consciente de su influencia, que comprendamos hasta qué punto inciden en nuestro juicio.
 
3. Descubre a qué le temes. Detrás de cada problema que nos agobia casi siempre se agazapa un temor. Cuando algo nos quita el sueño es porque genera miedo, y el miedo no es un buen consejero a la hora de buscar causas o tomar decisiones. De hecho, cuando el miedo es muy grande incluso podemos resistirnos a reconocerlo, por lo que la causa del problema permanecerá en la sombra, oculta a nuestra conciencia. Es un mecanismo de defensa con el cual nos protegemos pero que, a la larga, provoca más daño que bien. Por eso, para buscar las causas de un problema, a menudo debemos emprender un viaje de descubrimiento personal. Curiosamente, en el mismo momento en que somos conscientes de ese temor, comenzamos a liberarnos de su influjo.
 
4. Simplifica. Albert Einstein afirmó: “cualquier tonto puede complicar las cosas; hace falta un genio para simplificarlas”. Cuando tenemos un problema, nuestra tendencia es complicarlo aún más, tenemos un don excepcional para el dramatismo y el catastrofismo. Sin embargo, para encontrar la solución y la causa del problema debemos simplificar lo máximo posible. De hecho, deberíamos convertirnos en una especie de jardinero, que va separando poco a poco todas las ramas que impiden ver el tronco. En ese proceso, es importante ser conscientes de que la mayoría de los problemas no tienen una única causa, siempre inciden varios factores. Sin embargo, la clave para solucionarlo consiste en centrarse en la causa principal.
 
5. Ábrete a las posibilidades. Los problemas suelen ofuscarnos, haciéndonos creer que solo existe una vía posible. Sin embargo, si nos abrimos a las oportunidades descubriremos que existen diferentes caminos, algunos incluso pueden ayudarnos a salir de la zona de confort y crecer como persona. Por tanto, ante un problema, es importante valorar todas las causas y soluciones posibles, aunque al inicio puedan parecernos descabelladas. Una buena estrategia consiste en ponernos durante algunos minutos en el lugar de otras personas y preguntarnos qué pensarían y cómo actuarían, así nos resultará más fácil abrir nuestra mente.
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