¿Hablas solo? Existen 3 buenas razones para seguir haciéndolo

Es probable que alguna vez te hayas sorprendido hablando solo. Quizá te estabas haciendo una pregunta, buscando una solución para un problema que te preocupaba o simplemente estabas “anotando” una nota mental para no olvidar una tarea pendiente. Y si te has sorprendido hablando solo en más de una ocasión, quizá hasta te has preguntado si te estás volviendo loco.
 
Desgraciadamente, en el imaginario popular aún subsiste la idea de que hablar solo es un signo de locura inminente, pero lo cierto es que no es así. Albert Einstein, por ejemplo, solía hablar solo. Se dice que repetía sus frases en voz baja.
 
De hecho, esa conversación con nosotros mismos no solo nos ayuda a combatir la soledad sino que también nos hace más inteligentes ya que nos permite clarificar nuestros pensamientos, nos ayuda a darle un sentido a nuestras ideas y nos permite reafirmar nuestras decisiones. Solo hay una pequeña advertencia: ese monólogo debe ser respetuoso contigo mismo. 
 
1. Hablar solo hace que el cerebro trabaje de forma más eficiente
 
Psicólogos de la Universidad de Wisconsin-Madison les mostraron a un grupo de voluntarios 20 imágenes de diferentes objetos y luego les pidieron que buscaran uno de ellos. La mitad de las personas debía hacer esta tarea en silencio, la otra mitad debía repetir el nombre del objeto que estaban buscando.

Curiosamente, quienes hablaron en voz alta durante la prueba encontraron los objetos más rápido, apenas en 0,1 segundos, mientras que los demás tardaron de 1,2 a 2 segundos, una diferencia significativa. 

 
Estos investigadores están convencidos de que el lenguaje no es simplemente un medio de comunicación, cuando lo dirigimos hacia nosotros mismos no solo nos ayuda a pensar con mayor claridad sino que también amplifica nuestra percepción y potencia la memoria.

2. Hablar solo te ayuda a enfrentar los desafíos

Hablar en voz alta no solo nos ayuda a organizar las ideas sino que también nos permite motivarnos. Psicólogos de la Universidad de Illinois les pidieron a un grupo de personas que intentaran motivarse mientras resolvían unos anagramas, algunas debían motivarse en su mente y otras en voz alta.

Estos investigadores comprobaron que hablar en voz alta era más motivador, también descubrieron que era aún mejor si se usaba en el discurso la segunda persona. Los participantes que se motivaron en voz alta usando el “tú” en vez del “yo” resolvieron más anagramas y reportaron sentirse más satisfechos con su desempeño. En práctica, estas personas no se decían “voy a hacerlo bien” sino “vas a hacerlo bien“.

Según estos psicólogos, usar la segunda persona activa los recuerdos vinculados con el apoyo que hemos recibido en otras situaciones en las que nos sentíamos desmotivados. De esta forma logramos sentirnos mejor y adquirimos una mayor seguridad y confianza.

3. Hablar contigo mismo en segunda persona alivia el estrés
 
Por supuesto, hablar por hablar no siempre es beneficioso, es importante hacerlo de la manera “correcta”. En este sentido, psicólogos de la Universidad de Michigan descubrieron que hablarnos en segunda persona también nos ayuda aaliviar el estrés.
 
Estos investigadores generaron una dosis de estrés y ansiedad en los participantes diciéndoles que tenían que preparar un discurso, que darían frente a unos especialistas que valorarían cuán calificados estaban para el trabajo de sus sueños. Les dieron cinco minutos para que se prepararan y les explicaron que no podrían usar sus notas.
 
Sin embargo, la mitad de los participantes debía hablar consigo en primera persona mientras se preparaba para el discurso, preguntándose cosas como “¿por qué estoy tan nervioso?”. La otra mitad podía hablar consigo pero usando la segunda persona, haciéndose preguntas como “¿por qué estás tan nervioso?”.
 
Luego cada participante debía indicar cuán nervioso se sentía después del discurso y cómo creía que lo había hecho. Los resultados no dejaron lugar a dudas: las personas que se habían hablado en segunda persona reportaron sentirse menos nerviosas y con menos vergüenza, además de sufrir menos pensamientos rumiativos. Por si fuera poco, los especialistas confirmaron que sus discursos eran mejores y más persuasivos.
 
El secreto radica en que cuando pensamos en nosotros como si fuéramos otra persona, asumimos una distancia psicológica del problema, lo cual nos ayuda a controlar nuestras emociones, abrir la mente y valorar otras perspectivas desde una postura más objetiva.

Por tanto, ahora ya lo sabes, hablar contigo mismo puede ser beneficioso :)

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No hay malas decisiones sino malas interpretaciones

Una viuda muy trabajadora tenía a su cargo unas jóvenes criadas a las que levantaba todos los días a la hora del canto del gallo para que comenzaran a trabajar.
 
Las jóvenes, cansadas de la rutina y de aquel ritmo de trabajo, decidieron matar al gallo para que la viuda no las levantara tan temprano, pues pensaban que madrugar era la causa de sus males.
 
Sin embargo, después de su vil acción, se dieron cuenta de que solo habían agravado su mal pues a partir de aquel momento la viuda comenzó a levantarlas al oir al panadero empezar su jornada, incluso más temprano que el canto del gallo”.
 
Esta sencilla fábula nos brinda una valiosa enseñanza: la causa de los problemas no siempre es la primera que cruza por nuestra mente, es mejor pensar concienzudamente y no actuar precipitadamente ya que podríamos agravar la dificultad en vez de solucionarla.
 

Los sesgos cognitivos que nos impiden encontrar la verdadera causa de los problemas

 
Si pudiéramos encontrar fácilmente la verdadera causa de nuestros problemas, nos resultaría mucho más fácil resolverlos y no nos estresaríamos tanto. De hecho, cuando nos planteamos las preguntas correctas, ya estamos a mitad del camino para encontrar la solución. El problema es que no funcionamos con la misma lógica que un ordenador y a menudo somos víctima de sesgos cognitivos que limitan nuestra visión.
 
– Percepción selectiva. No vemos el mundo como es, sino como somos. Esto significa que nuestras ilusiones, esperanzas y expectativas influyen en el significado que le atribuimos a las situaciones. Como resultado, obviamos una parte de la realidad y nos concentramos en aquella que nos resulta más cómoda. El problema es que de esta manera no logramos formarnos un cuadro completo de la situación y no podemos tener una visión objetiva que nos acerque a la solución.
 
– Sesgo de confirmación. Se trata de una tendencia a favorecer la información que confirme nuestras propias hipótesis e ideas, sin importar si esa información es verdadera. Al fijarnos solo en lo que confirma nuestras creencias, no se genera una disonancia cognitiva, por lo que no nos vemos obligados a replantearnos nuestra postura. Por eso, a veces solo vemos lo que queremos ver.
 
– Negación de la probabilidad. Nos resulta más difícil tomar decisiones cuando no tenemos certezas. Por eso, tenemos la tendencia a rechazar por completo cualquier probabilidad cuando esta genera aún más incertidumbre, aunque pueda tratarse de una buena opción. En práctica, preferimos tomar decisiones cuyas consecuencias podamos prever, antes que elegir un camino incierto o desconocido.
 
– Sesgo de la responsabilidad externa. Se trata de la tendencia a evadir nuestra responsabilidad y buscar culpables fuera de nosotros, así aliviamos el estrés que pueden generar algunas decisiones. Este sesgo también se refiere a nuestra tendencia a dejar que los demás decidan por nosotros, para no tener que asumir las consecuencias de nuestros actos. De esta forma, no escudriñamos en lo que realmente deseamos o en cuál sería la mejor solución, sino que nos dejamos llevar por las decisiones y criterios de los demás.
 

¿Cómo descubrir la causa de los problemas?

 
La mente humana es muy compleja, a menudo nuestras emociones, creencias y expectativas nos juegan malas pasadas y nos impiden ver la verdadera causa del problema, que en muchas ocasiones se encuentra dentro de nosotros mismos. De hecho, algunos problemas dejarían de ser tan agobiantes si tan solo fuésemos capaces de cambiar nuestra perspectiva de la situación o pudiésemos ver con claridad su causa.
 
1. Tómate el tiempo que necesites. Se dice que el tiempo pone todo en su lugar, de hecho, es un poderoso aliado que nos ayuda a ver las cosas con perspectiva. Por eso, ante un problema, es mejor no precipitarse y dejar que las emociones se asienten. Así podremos vislumbrar con mayor claridad cuál es la causa y qué camino es el más adecuado. Además, durante ese tiempo el inconsciente seguirá trabajando y puede llegar a desvelarnos cosas muy interesantes sobre nosotros mismos, aunque sea a través de los sueños. De hecho, esa es la razón por la cual cuando tenemos un problema, también sufrimos más pesadillas, muchas de las cuales son mensajes en clave del inconsciente.
 
2. Concientiza tus emociones. No es necesario deshacerse de las emociones e ilusiones a la hora de analizar un problema o tomar decisiones. De hecho, estas pueden ser muy útiles e inclinan positivamente la balanza hacia aquello que nos hace sentir mejor. Sin embargo, es importante que seamos consciente de su influencia, que comprendamos hasta qué punto inciden en nuestro juicio.
 
3. Descubre a qué le temes. Detrás de cada problema que nos agobia casi siempre se agazapa un temor. Cuando algo nos quita el sueño es porque genera miedo, y el miedo no es un buen consejero a la hora de buscar causas o tomar decisiones. De hecho, cuando el miedo es muy grande incluso podemos resistirnos a reconocerlo, por lo que la causa del problema permanecerá en la sombra, oculta a nuestra conciencia. Es un mecanismo de defensa con el cual nos protegemos pero que, a la larga, provoca más daño que bien. Por eso, para buscar las causas de un problema, a menudo debemos emprender un viaje de descubrimiento personal. Curiosamente, en el mismo momento en que somos conscientes de ese temor, comenzamos a liberarnos de su influjo.
 
4. Simplifica. Albert Einstein afirmó: “cualquier tonto puede complicar las cosas; hace falta un genio para simplificarlas”. Cuando tenemos un problema, nuestra tendencia es complicarlo aún más, tenemos un don excepcional para el dramatismo y el catastrofismo. Sin embargo, para encontrar la solución y la causa del problema debemos simplificar lo máximo posible. De hecho, deberíamos convertirnos en una especie de jardinero, que va separando poco a poco todas las ramas que impiden ver el tronco. En ese proceso, es importante ser conscientes de que la mayoría de los problemas no tienen una única causa, siempre inciden varios factores. Sin embargo, la clave para solucionarlo consiste en centrarse en la causa principal.
 
5. Ábrete a las posibilidades. Los problemas suelen ofuscarnos, haciéndonos creer que solo existe una vía posible. Sin embargo, si nos abrimos a las oportunidades descubriremos que existen diferentes caminos, algunos incluso pueden ayudarnos a salir de la zona de confort y crecer como persona. Por tanto, ante un problema, es importante valorar todas las causas y soluciones posibles, aunque al inicio puedan parecernos descabelladas. Una buena estrategia consiste en ponernos durante algunos minutos en el lugar de otras personas y preguntarnos qué pensarían y cómo actuarían, así nos resultará más fácil abrir nuestra mente.
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10 formas de poner orden en tu cerebro dibujando

 
Hay situaciones que nos desbordan, simple y llanamente. A veces no logramos entender qué está pasando, quizá porque la situación es tan injusta que escapa a nuestra lógica o porque ha tocado nuestra fibra más sensible. Entonces a nuestra mente acuden ideas descabelladas y nuestro pensamiento va tan rápido que apenas podemos seguirle el curso, o puede sucedernos justo lo contrario, entrar en un estado de apatía en el que nuestras ideas parecen haberse esfumado o van en cámara lenta. 
 
En situaciones así, cuando las palabras no son suficientes, puedes contar con un gran aliado: el dibujo. Te bastará tomar una hoja de papel y unos lápices de colores y comenzar a dibujar. Por supuesto, no se trata de una varita mágica con la cual harás desaparecer el problema pero al cabo de un rato te sentirás mucho mejor y serás capaz de poner orden a tus ideas encontrando diferentes perspectivas.
 
De hecho, el dibujo es una estrategia para conectar con nuestra esencia, sobre todo cuando dejamos que la mano corra libremente sobre el lienzo. La dirección de los trazos, su fuerza y los colores hablan por nosotros, cuando nuestra mente racional está saturada. 
 
El dibujo es una de las formas de conversación con nosotros mismos más antiguas y hace poco un estudio realizado en las universidades de Texas y Emory desveló que los mandalas pueden ser una forma de terapia no verbal alternativa que ayude a las personas que padecen estrés postraumático a aliviar los síntomas. De hecho, dibujar nos ayuda a calmarnos, reencontrarnos, potenciar la concentración o incluso puede sacar a la luz mensajes del inconsciente. 
 

Dibujar es expresar lo que no conoces de ti 

 
1. Si estás enojado, dibuja líneas y luego círculos. Las líneas representan la agresividad, por lo que te servirán para liberar el enojo. A medida que este vaya pasando, puedes ir apostando por trazos más suaves, con formas redondeadas. 
 
2. Si estás tenso, dibuja patrones. No importa que los patrones no formen una figura, basta que sigan cierto orden, como círculos concéntricos o triángulos consecutivos. Al concentrarte en darle vida a los patrones, las preocupaciones te irán abandonando. 
 
3. Si te sientes decepcionado, replica una pintura. Toma una pintura que te guste e intenta hacer una réplica. Al concentrarte en los detalles, irás olvidando los pensamientos que alimentan la decepción y te sumen en un círculo vicioso de negatividad. 
 
4. Si necesitas entenderte, dibuja mandalas. Estas representaciones simbólicas que se utilizan en el hinduismo y el budismo generan un estado de tranquilidad y paz. De hecho, Carl Jung las usaba para calmar a sus pacientes y creía que estas contribuían a la integración psíquica ya que su poder casi hipnótico permite conectar con nuestro “yo” más profundo. 
 
5. Si quieres concentrarte, dibuja usando puntos. El puntillismo es una técnica de pintura que se basa en crear las imágenes a partir de pequeños puntos. Se trata de una técnica ideal para reencontrar la concentración, sobre todo después de un revés. 
 
6. Si te sientes desesperado, dibuja caminos. Uno de los principales problemas de la desesperación es que nos nubla la visión, nos impide ver las posibilidades. Por eso, una manera para encontrar la serenidad y poder ver más allá de la ofuscación consiste en dibujar caminos, es un mensaje lanzado directo al inconsciente. 
 
7. Si estás triste, dibuja arcoíris y flores. Cuando estamos tristes tenemos la tendencia a ver el mundo gris. Para contrarrestar esta sensación, dibuja arcoíris y flores, de manera que utilices una paleta más amplia de colores. 
 
8. Si estás agotado emocionalmente, dibuja paisajes verdes. La naturaleza tiene un enorme poder restaurador. No siempre puedes salir a dar un paseo en la naturaleza, pero dibujar paisajes donde predomine el verde te ayudará a reponer la energía que necesitas y te infundirá esperanza. 
 
9. Si te sientes estancado, dibuja espirales. La espiral es el símbolo del desarrollo, nos sirve para recordar que el movimiento no siempre es hacia adelante sino que en ocasiones también es hacia atrás. No existe evolución sin retrocesos. 
 
10. Si necesitas recordar algo, dibújalo. Un estudio realizado en la Universidad de Waterloo desveló que si necesitamos recordar algo, en vez de repetirlo constantemente en nuestra cabeza, es mejor que lo dibujemos. Crear imágenes, en vez de recurrir a las palabras, potencia considerablemente nuestra memoria. 

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Detrás de tu desorden puede esconderse un genio creativo

Vivimos en un mundo bastante predecible. Casi todo se encuentra perfectamente embalado y sistematizado. Y la sociedad se encarga de perpetuar la organización, en todos los sentidos de la palabra.
 
De hecho, en Occidente amamos el orden y la simetría. Esa pasión se desvela, por ejemplo, en nuestros jardines y construcciones, perfectamente simétricos. Sin embargo, en la cultural oriental la simetría no es tan importante porque son conscientes de que es algo raro en la naturaleza. En el budismo se enseña a aceptar y abrazar el caos, como parte inherente del universo. 
 
Desde esta perspectiva, el orden y la simetría en realidad son una ilusión. Una ilusión que nos permite darle cierto sentido al mundo, eliminar en cierta medida el caos y asirnos a un poco de certidumbre. Por eso, en nuestra sociedad a menudo las personas desorganizadas son estigmatizadas, creemos que se trata de gente apática, perezosa o incluso desequilibrada. Pero no es así, o al menos no siempre.
 

Tres ideas fundamentales sobre el desorden y el caos que debemos entender

 
1. El caos no implica, necesariamente, ausencia de orden
 
Solemos pensar que el caos es la ausencia de orden. Sin embargo, José Saramago rompió con este estereotipo al afirmar: “el caos es un orden aún por descifrar”. De hecho, el orden y el desorden pueden ser conceptos muy relativos.
 
Un escritorio aparentemente desordenado, por ejemplo, puede esconder un sistema de priorización y acceso muy eficaz. En estos escritorios normalmente las cosas más urgentes se encuentran más cerca de la persona y en la parte superior, por lo que esta no las puede ignorar. En otras palabras, el hecho de que no entendamos la forma de las personas de organizar su flujo de trabajo, no significa que exista desorden.
 
2. Un poco de desorganización potencia la creatividad
 
Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Minnesota descubrió que los ambientes saturados de cosas en realidad estimulan la creatividad. En uno de los experimentos estos psicólogos les pidieron a los participantes que encontraran nuevas maneras de utilizar una pelota de ping pong. A la mitad de ellos se les hizo pasar a una habitación ordenada, y al resto a una habitación desordenada. Ambos grupos presentaron la misma cantidad de ideas, pero las más originales provinieron de las personas que estuvieron dentro de la habitación desordenada. 
 
Todo parece indicar que, quizá tener un poco de desorden a nuestro alrededor nos recuerda que el mundo no es tan estructurado y preciso como pensamos y que romper las reglas y pensar de manera diferente no es malo. Así, el cerebro tendría vía libre para realizar nuevas asociaciones y encontrar ideas poco convencionales, es como si el desorden nos alentara a dejar de ejercer ese férreo control sobre nuestro pensamiento, dejando que fluyan nuevas ideas.
 
3. El desorden solo indica que existen prioridades diferentes
 
Hace tan solo unos años salieron a la luz las imágenes que tomó el fotógrafo Ralph Morse de la casa de Albert Einstein, justo después de que este muriera. Una de ellas asombró al mundo: el desorden que había en su despacho.

Por supuesto, Einstein no ha sido el único genio creativo que trabajaba rodeado de desorden, Mark Twain lo superaba, por ejemplo. Y es que a menudo el desorden no es más que una expresión de personas a las que no les preocupa seguir el status quo, se trata de personas que valoran la espontaneidad y que son capaces de captar el cuadro completo, sin preocuparse por los detalles. Estas personas prefieren invertir su tiempo en otras tareas, en vez de preocuparse por poner orden a su alrededor.

 

Un perfecto caos organizado

 
Por supuesto, este artículo no es una oda al desorden, aunque lo parezca :) Y tampoco significa que todas las personas desorganizadas puedan llegar a ser genios creativos. Detrás del desorden también se puede esconder la pereza y la falta de disciplina.
 
De hecho, no se trata de permitir que todos los aspectos de nuestras vidas se suman en el caos más absoluto. La organización también puede ser necesaria, conveniente e incluso hermosa. La clave radica en encontrar un orden caótico, o un caos organizado, que nos permita desarrollar al máximo nuestro potencial.

Wu Wei: Aprender a fluir con la vida

 

 
Pasamos gran parte de la vida preocupados por cosas que nunca sucederán, culpándonos por situaciones que no podemos cambiar o desesperándonos por hechos que no llegan. De esta forma malgastamos una gran cantidad de energía mental y creamos estados emocionales negativos que, a la larga, nos alejan de nuestras metas y nos hacen sentir mal.
 
Sin embargo, existe otra manera de vivir, un estilo de vida mucho más sosegado que nos permite alcanzar nuestros objetivos con menos esfuerzo, manteniendo nuestro equilibrio emocional. La clave proviene de la filosofía taoísta, específicamente del concepto de Wu Wei.
 

La acción de la no acción

 
Uno de los conceptos más poderosos del taoísmo es el “wu-wei”, que significa, literalmente, inacción o no acción. Sin embargo, también se trata de uno de los conceptos más mal interpretados en Occidente ya que nuestra cultura prioriza la acción sobre todas las cosas.
 
Para comprender su esencia debemos profundizar en el sánscrito, en el que existen dos palabras bien diferenciadas para expresar dos ideas que a menudo intercambiamos: 
 
akarma = inaccion
akarmakR^it.h = sin hacer nada
 
Son dos conceptos diferentes, la inaccion es algo natural que no demanda esfuerzo. Al contrario, si pretendemos estar sin hacer nada tenemos que esforzarnos porque no es algo natural. Si nos imponemos la inmovilidad, si nos obligamos a estar sin hacer nada, no podremos relajarnos.
 
Por ejemplo, cuando algunas personas se sientan a meditar intentan no hacer nada y se esfuerzan por dejar la mente en blanco. Por eso les resulta tan difícil y abandonan esta práctica. Sin embargo, si dejaran a su mente fluir libremente, si tan solo permanecieran inactivas, se darían cuenta de que pueden lograr ese estado de relajación y tranquilidad que buscan rápidamente.
 
El Wu Wei propone precisamente aprender a fluir a través de la inacción. No se trata de permanecer inactivos, si necesitamos realizar algo, lo hacemos, pero en esa acción seguimos fluyendo. Se trata de un estado mental que nos permite saber cuándo debemos esforzarnos y cuándo es una pérdida de tiempo y energía.
 

La flor crece sin esfuerzo, de forma natural

 
Las flores crecen sin esfuerzo, de manera natural. Sin embargo, imaginemos por un momento que una flor desarrolla una conciencia similar a la nuestra. Es probable que comience a preocuparse por el proceso de floración que debe enfrentar. Quizá se preguntará de qué color serán sus hojas, si podría acelerar el proceso usando fertilizante, cuánto cuesta y si puede permitírselo o incluso se preguntará si será más bella y más grande que la flor que crece a su lado. Así, lo que es un proceso natural, podría convertirse en un auténtico trauma.
 
Obviamente, nosotros tenemos muchísimas más preocupaciones, y tomamos decisiones en base a los estados mentales que estas generan, en vez de centrarnos únicamente en los hechos. Esas preocupaciones, ideas preconcebidas y prejuicios son exactamente lo contrario de fluir. Cada vez que intentamos vislumbrar el futuro y nos preocupamos por lo que puede suceder, estamos yendo en contra del Wu Wei, lo cual significa que estamos gastando energía y que nos esforzamos por gusto.
 

No hacer nada, pero no dejar nada por hacer

 
El Wu Wei no promueve la inactividad sino hacer las cosas de forma espontánea y natural, sin agobiarnos con preocupaciones que nos conduzcan por caminos forzados. Este concepto no implica pereza, pasividad o dejar de hacer las cosas. De hecho, uno de sus principios más importantes afirma que “no hay que dejar nada por hacer” porque la idea es conquistar el mundo con menos esfuerzo.
 
Este concepto implica dos cambios de mentalidad esenciales:
 
1. Aprender a confiar en los acontecimientos
 
2. Aprovechar las circunstancias
 
No significa que no debemos tener metas y ambiciones, sino que no debemos convertirlos en una fuente de preocupación que nos arrebate la calma y el equilibrio emocional. Al contrario, debemos estar atentos para aprovechar las circunstancias propicias que nos permitan lograr esos objetivos con el menor esfuerzo posible, sin añadir una presión mental innecesaria.
 
De la misma forma, implica que cuando hemos terminado alguna tarea, no debemos pensar más en ella porque de esta manera nos mantenemos atados al pasado, mantenemos la mente ocupada y no somos capaces de ver las nuevas oportunidades cuando estas se presentan.
 
El Wu Wei es un estado mental de calma, en el que confiamos en nuestras capacidades y en el flujo de la vida. Significa mantener la serenidad incluso en los momentos más oscuros porque tenemos la certeza de que, antes o después, saldrá el sol.
 

¿Cómo aplicar el Wu Wei en nuestra vida cotidiana?

 
Por supuesto, al inicio es muy difícil aplicar el concepto de Wu Wei ya que estamos “programados” culturalmente para preocuparnos y desesperarnos. Sin embargo, si damos un paso a la vez, y lo hacemos de forma consciente, muy pronto podremos abrazar por completo esta filosofía de vida. 
 
– Aprender a no preocuparse. Aplica el viejo principio “Si tiene solución, por qué te preocupas. Si no tiene solución, por qué te preocupas”. No se trata de obviar los problemas sino de entenderlos en su justa medida y tomar las acciones pertinentes. En vez de preocuparte, algo que no te conducirá a nada, traza planes de acción ante las contingencias. Te sentirás mejor y más seguro.
 
– Aprender a confiar. Confía en el curso de la vida y en tus capacidades. Solo así podrás aprovechar las oportunidades cuando estas se presenten. Si no confías en ti, el temor al fracaso te hará fracasar. También debes aprender a confiar en el curso de la vida, muchas personas desaprovechan las oportunidades solo porque, inconscientemente, creen que no son merecedoras de ellas.
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