​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos

​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos
 

Las rupturas amorosas son, con frecuencia, un drama. Se ve cómo la historia de amor que se había vivido llega a su fin, y eso no solo hace que cambie nuestra perspectiva acerca de cómo va a ser nuestro futuro, sino que también hace que nos replanteemos cuál ha sido la verdadera naturaleza de la relación de pareja que hemos compartido con la otra persona.

Desde luego, el impacto emocional que supone romper con la pareja puede llegar a abrumar; es una especie de pared de nuevos sentimientos que nos golpea casi de repente, si somos nosotros quienes decidimos cortar, o en un instante, si es la otra persona la que corta con nosotros. Sin embargo, eso no significa que no se puedan reconocer varios retos y problemas (tanto psicológicos como materiales) a afrontar en una ruptura de pareja.

Recuperarse de una ruptura afrontando sus problemas

Coger este golpe a nuestras emociones e ir reconociendo en él diferentes problemas relativamente separados los unos de los otros puede ser de ayuda a la hora de recuperarse de una ruptura. 

Veamos cuáles son algunos de estos retos que implican las rupturas sentimentales, y cómo afrontarlos para poder seguir adelante con nuestras vidas.

1. La ruptura afecta a la autoimagen

Verse a uno mismo tan afectado por la ruptura amorosa puede dañar la autoimagen. A fin de cuentas, durante un periodo que puede durar días o semanas, notamos cómo nos transformamos en una persona más vulnerable emocionalmente, con mayor propensión al llanto y, en ocasiones, más aislada y sola.

Si se está acostumbrado a convivir con una autoestima que nos devuelve una visión muy idealizada de nosotros mismos (y relacionada con los valores y características más valoradas por nuestra cultura, que tienden a tener en alta estima la dureza del carácter y la autonomía) esta experiencia puede hacernos daño también en este sentido.

El camino para superar esto es ir aprendiendo a aceptar esta vertiente de nuestra personalidad como algo propio y humano, algo que también nos define. Reconciliarse con nuestra cara más emocional es esencial.

2. La amistad con la otra persona puede perderse

Las rupturas de pareja también cuestan porque nos fuerzan a plantearnos un dilema doloroso:¿cómo relacionarnos con la otra persona de ahora en adelante?

La indecisión entre no saber si cortar definitivamente el contacto o mantener un trato amigable se agrava por el hecho de no saber si seremos capaces de llevar a cabo cualquiera de estas dos opciones. Y, por supuesto, a eso le tenemos que añadir que tenemos que respetar las decisiones a las que llegue la ex-pareja en ese aspecto.

Lo recomendable es que, por defecto, después de un breve periodo en el que no se mantiene el contacto, se vuelva a tener un cierto contacto semanal con la otra persona (si los dos están de acuerdo) y decidir cómo va a proseguir la relación dependiendo de lo que experimente cada persona. De este modo no estaremos sujetos a convenciones sociales y haremos que la relación con esta persona se adapte a lo que honestamente siente cada uno.

Artículo relacionado: “6 problemas y 6 ventajas de volver con tu ex-pareja”

3. Aparece mucho tiempo que rellenar con algo

Una de las cosas que hace que las rupturas de pareja sean dolorosas es que se rompe la rutina a la que estábamos acostumbrados. Si la ruptura es total y no mantenemos el contacto con la ex-pareja, el sentimiento de soledad puede llegar a dominar buena parte de nuestro día a día a no ser que hagamos algo al respecto.

Una de las claves para mitigar este problema y caminar poco a poco hacia la normalización de la propia soltería es obligarse a socializar con otras personas, incluso si eso resulta incómodo para nosotros. Para ello es bueno apoyarse en las amistades, pero no necesariamente se tiene que depender de ellas: la cuestión es salir de la zona de confort y perder el miedo a entablar nuevas conversaciones con nuevas personas. Si no nos auto-obligamos, es muy posible que nos mantengamos durante mucho tiempo en un estado de inactividad en el que se mezclan la melancolía, el aburrimiento y, quizás, las conductas obsesivas.

Encontrar nuevas aficiones también es muy positivo, pero hay que intentar que estas no nos aíslen cada vez más.

4. Los amigos mutuos también podrían perderse

Si la relación de pareja ha durado lo suficiente y ha estado conectada a una vida social más o menos rica, lo más probable es que ambos miembros hayan llegado a estrechar lazos con amigos mutuos, de la pareja y de uno mismo. Cortar con la relación puede poner en jaque estos lazos si se opta por la incomunicación total o parcial con la otra persona. Sin embargo, merece la pena valorar que muchas de estas amistades tienen valor por sí mismas, y no solo dentro de la comunidad formada alrededor de la relación de la que hemos salido.

Como siempre, aquí la comunicación y la honestidad son indispensables. Pero también tenemos que auto-examinarnos y preguntarnos si lo que realmente es conservar una amistad o tener un canal de comunicación con la ex-pareja.

5. La mejora puede percibirse como algo malo

En la mayoría de los casos, la tristeza relacionada con la ruptura amorosa tiende a ir desapareciendo con el paso del tiempo. Esto parece algo bueno, y en muchos casos lo es, pero también puede tener doble filo, ya que nos hace preguntarnos por lo que realmente significó la relación de pareja por la que hemos pasado.

Si percibimos que nos hemos recuperado “excesivamente rápido” de la ruptura, esto nos puede hacer sentirnos mal, al no ver una manera de ver lo significativa que fue esta relación, y creer que se ha perdido el tiempo o que se ha vivido una mentira. Se trata de un tipo de dolor muy sutil, relacionado con las crisis existenciales.

No hay un modo simple de afrontar este reto que se nos plantea a la hora de echar la vista atrás y reformular lo que vivimos durante el tiempo en el que se convivió con la otra persona: cada cual ha de encontrar una manera de reconciliarse con su pasado. Y esto es malo y bueno a la vez.

 
Arturo Torres
Arturo Torres Psicólogo web original: psicologiaymente.com

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona.

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

5 síntomas de la depresión que pasan desapercibidos

 
La depresión se ha convertido en una verdadera epidemia a nivel mundial. En España, se estima que el 10% de las personas sufren depresión y en Estados Unidos la padecen más de 2 millones de adolescentes. Estudios epidemiológicos han encontrado que los casos de depresión no solo han aumentado en las tres últimas décadas sino que los síntomas psicosomáticos también son más intensos.
 
Sin embargo, lo curioso es que aunque la depresión es un trastorno cada vez más común, no se ha logrado liberar del estigma que arrastra. Muchas personas siguen pensando que la depresión esconde en su base una falta de fuerza de voluntad y otros se niegan a reconocer que tienen un problema porque se sienten avergonzados. Por eso, detectar la depresión en sus primeras fases es complicado pero, a la misma vez, fundamental, ya que así se pueden atajar sus consecuencias a tiempo. 
 
Lamentablemente, los primeros síntomas de la depresión suelen pasar desapercibidos por lo que la detectamos una vez que ha extendido sus tentáculos sobre nuestra vida.
 

Los primeros síntomas de la depresión que no solemos reconocer

 
– Poco apetito
 
– Problemas en el sueño, casi siempre se trata de despertares nocturnos 
 
– Falta de concentración en las tareas cotidianas
 
– Cansancio y fatiga sin causa aparente
 
– Sensación de estar abrumados o sobresaturados, cuando las demandas no han aumentado
 
Según un estudio desarrollado en la Universidad de San Diego, el 74% de las personas que después son diagnosticadas con depresión comenzaron a presentar problemas para conciliar el sueño desde las primeras fases del trastorno, un 38% también tenían problemas de memoria, causados por la dificultad para concentrarse. El 50% de las personas reconoció además que se sentían abrumadas y fatigadas desde hacía mucho tiempo.
 
Todos estos son síntomas de la depresión son clásicos pero normalmente pasan desapercibidos ya que creemos que la depresión es solo la sensación de tristeza, la apatía y la pérdida de sentido de la vida. Sin embargo, estos son síntomas que aparecen cuando el trastorno ya está instaurado.
 

Distorsiones cognitivas: Las mentiras que nos cuenta la depresión

 
En realidad, la depresión es una gran manipuladora: es capaz de crear un escenario y una historia negativa presentándola de tal forma que nos resulta atractiva. Nos tiende una trampa mortal al hacernos creer que los eventos negativos que vivimos son un estado interno, estable y global. Nos envuelve en su tela de araña a golpe de distorsiones cognitivas.
 
Las distorsiones cognitivas más comunes de la depresión se basan en los sentimientos de indefensión, desesperanza e incapacidad para solucionar los problemas. De hecho, aunque la depresión está catalogada como un trastorno del estado de ánimo, en realidad es mucho más ya que afecta el funcionamiento de los lóbulos frontales, los cuales están vinculados al razonamiento y la conducta propositiva.
 
Estas distorsiones cognitivas nos conducen a comportamientos autodestructivos, como no buscar ayuda, dejar la medicación o la terapia, beber en exceso o incluso hacerse daño físicamente.
 
Las distorsiones cognitivas más comunes y dañinas vinculadas a la depresión son:
 
– “Si tengo depresión, es mi culpa”. En realidad, nadie quiere estar deprimido. La depresión no es un trastorno meramente psicológico sino que sienta sus raíces en la biología, nuestros antecedentes familiares e incluso en nuestros genes. La depresión no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad por lo que alimentar estas creencias solo sirve para sentirnos mal y culpabilizarnos. De esta forma, la depresión crea un círculo vicioso que la alimenta.
 
– “Nada de lo que haga marcará la diferencia. Entonces, ¿por qué debo esforzarme?” La persona deprimida comienza a ceder su control a la enfermedad, piensa que no puede hacer nada por lo que se sume en un bucle de desesperanza y reflexiones sombrías, que a menudo le conducen a acariciar la idea del suicidio. Así, los pequeños actos cotidianos se convierten en un gran esfuerzo que le llevan a tirar la toalla. 
 
– “Siempre me voy a sentir así”. La depresión puede llegar a ser un estado muy doloroso pero el hecho de que hoy nos sintamos mal no significa que ese sufrimiento será permanente. En realidad, la mayoría de las personas que sufre depresión y buscan tratamiento logran mejorar en pocos meses. Sin embargo, sumirse en la desesperanza solo sirve para alimentar el cuadro depresivo.
 
– “No encuentro una manera de salir de esto”. La depresión a menudo dificulta nuestra capacidad para resolver problemas, nos hace ver todo bajo una perspectiva gris y nos encierra en un callejón sin salida. Sin embargo, no es más que una ilusión, la persona deprimida puede tener dificultades para encontrar la salida pero puede pedir ayuda. Un psicólogo o incluso un amigo podrá ayudarle a encontrar una perspectiva más positiva.
 
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En la mente de la persona deprimida: 5 insights fascinantes

Cerebro con engranajes
Las personas deprimidas a menudo se sienten indefensas, sin esperanza, sin valor y creen que sus vidas están fuera de control. Sin duda, se trata de una condición compleja, que significa mucho más que simplemente “estar tristes” o sentir que la vida no tiene sentido. De hecho, se ha demostrado que algunas zonas del cerebro de estas personas están profundamente afectadas por la depresión y funcionan de manera diferente. Por eso, para ayudar a una persona deprimida, el primer paso es comprender realmente qué le sucede, entender cómo funciona su mente.
 
1. Incapacidad para establecer objetivos específicos
 
Las personas deprimidas tienen una tendencia a la sobregeneralización y a pensar de forma abstracta. Ejemplo de ellos son frases como “todo es lo mismo” o “ya nada me importa“. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Liverpool ha puesto de manifiesto que las personas deprimidas suelen plantearse objetivos de carácter más general y abstractos. Esto también significa que les resulta más difícil llevarlos a la práctica ya que sus metas no son muy precisas ni fácilmente cuantificables. De esta forma, es más probable que se vean atrapados en un círculo de ilusiones rotas y expectativas irreales.
 
2. Problemas de memoria
 
Uno de los síntomas menos conocidos de la depresión, pero también uno de los más negativos, son los problemas de memoria. Se ha podido apreciar que las personas que padecen depresión durante años, terminan desarrollando dificultades en la memoria declarativa, que es la que se encarga de recordar hechos específicos, como los nombres o los lugares. De hecho, un estudio particularmente interesante realizado en la Brigham Young University descubrió que las personas deprimidas pierden la capacidad para diferenciar las experiencias similares. Y es que la depresión desdibuja la memoria.
 
3. Dificultad para recordar los buenos tiempos
 
La mayoría de las personas no tienen dificultades para rememorar los buenos tiempos. De hecho, se trata de un recurso que podemos utilizar cuando estamos desmotivados, tristes o melancólicos. Sin embargo, esta tarea puede ser complicada para las personas deprimidas ya que suelen centrarse en las dificultades y hechos negativos, más que en los buenos momentos. Esto se debe al hecho de que los pensamientos depresivos, cuando se dejan libres, simplemente atraen otras ideas depresivas, formando un círculo vicioso de negatividad del cual es difícil salir.
 
4. Realismo depresivo
 
Un estudio particularmente interesante realizado en la Kent State University desveló un hecho sorprendente: las personas deprimidas tienen una visión más realista del mundo. De hecho, el resto de las personas sufren una especie de “optimismo adaptativo”, el cual les permite ver la vida desde un prisma más positivo. Sin embargo, las personas deprimidas no tienen ese prisma por lo que pueden evaluar su propio desempeño con mayor precisión e incluso son capaces de prever con mayor fiabilidad algunas situaciones del futuro. Sin embargo, lo que a primera vista puede parecer un don, en realidad les sume aún más en la depresión.
 
5. Más dolor físico
 
Para colmo de males, cuando una persona está deprimida, experimenta un nivel mayor de dolor físico. Así lo comprobó un experimento realizado por investigadores de la Universidad de Oxford. En el estudio se pudo apreciar que cuando se provocaba un estado de ánimo negativo, marcado por la tristeza, el cerebro de las personas reaccionaban con mayor intensidad ante el dolor y ellos mismos reconocían que encontraban estos estímulos más desagradables y más difíciles de soportar.
 
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Complejo de inferioridad: Tú más que yo, yo menos que tú

Todos comparamos. De hecho, la comparación es una de las tareas básicas del pensamiento. Cuando somos pequeños aprendemos a conocer el mundo mediante la comparación. Mientras comparamos nos formamos una idea más precisa de lo que nos rodea.
 
Sin embargo, el problema comienza cuando nos comparamos con los demás y realizamos juicios de valor con los que terminamos menospreciándonos. Entonces surge el complejo de inferioridad y nos sentimos más pequeños y miserables que los demás, menos valiosos y capaces que los otros.
 

¿Qué es el complejo de inferioridad?

 
El complejo de inferioridad designa a una persona que tiene una baja autoestima y la sensación permanente de no estar a la altura de los demás.
 
Esta categorización se basa en las ideas de Adler, para el cual existían dos tipos de complejo de inferioridad:
 
– Complejo de inferioridad primario. En este caso el origen se puede rastrear hasta la infancia, cuando el niño experimenta sensaciones de debilidad, indefensión y dependencia. Más tarde esos sentimientos pueden ser reforzados mediante comparaciones negativas con los hermanos, compañeros del colegio o incluso con las parejas románticas.
 
– Complejo de inferioridad secundario. En este caso el origen se encuentra en la adultez y está vinculado a la sensación, a menudo inconsciente, de ser incapaz de alcanzar la seguridad y el éxito. La persona experimenta sentimientos negativos sobre su capacidad y se siente inferior respecto a los demás, a quienes considera personas seguras y exitosas.
 
No obstante, sea cual sea el momento en el que surgió, el complejo de inferioridad se basa en una sobregeneralización, en juicios no racionales sobre nosotros mismos. Esa idea errónea se asienta tanto en nuestra mente que termina influyendo en nuestra vida y en la imagen que tenemos de nosotros mismos.
 

¿Por qué aparece el complejo de inferioridad?

 
La mayoría de las personas que tienen complejo de inferioridad piensan que este se debe a su defecto, a menudo físico, o debido a que no son lo suficientemente competentes en determinados aspectos. Sin embargo, en realidad esa es la excusa.
 
El complejo de inferioridad no surge únicamente por la “diferencia” sino por la incapacidad para gestionar de forma adecuada esa diferencia. No es la diversidad, sino la interpretación que hacemos de esa “diferencia” lo que genera el complejo de inferioridad. De hecho, es posible encontrar a personas que también tienen ese defecto, minusvalía, debilidad o característica especial y no han desarrollado un complejo de inferioridad sino que son seguros de sí.
 
Algunas personas pueden sacarle provecho a ese supuesto “defecto” aprendiendo a ser más resilientes, pero otras se centran en las repercusiones negativas y terminan exacerbando el problema, dejando que este las limite. En este sentido, Henry C. Link afirmó “mientras una persona no lo intenta porque se siente inferior, otra esta ocupada cometiendo errores y mejorando poco a poco”.
 
Obviamente, esa forma de afrontar la “diferencia” depende en gran medida de nuestras creencias, muchas de las cuales fueron transmitidas en la niñez. Por ejemplo, si pensamos que una persona solo puede ser exitosa si ha logrado acumular posesiones y dinero, es probable que nos sintamos fracasados e inferiores si no hemos podido hacerlo. Si pensamos que para ser felices es necesario ser perfectos físicamente, nos obsesionaremos con el aspecto y cualquier pequeño “defecto” puede ser motivo de un complejo de inferioridad.
 
Las personas que han desarrollado un pensamiento blanco y negro, del tipo todo o nada, también son más propensas a subvalorarse ya que no son capaces de apreciar las diferentes tonalidades de la vida. Estas personas, al compararse con los demás, se suelen centrar en lo negativo y casi siempre terminan sintiéndose inadecuadas o en desventaja.
 

El peligro de la sobrecompensación

 
Algunas personas, cuando se sienten inferiores, actúan como si realmente lo fueran, por lo que terminan reafirmando la pobre opinión que tienen de sí mismos. Es una profecía que se autocumple. También suelen aislarse de los demás ya que piensan que todos notarán su “defecto” y se burlarán a sus espaldas. En algunos casos incluso pueden desarrollar miedos o fobias. Se convierten en personas dependientes, que necesitan a alguien más fuerte a su lado que les brinde apoyo emocional permanente.
 
En otros casos, las personas con complejo de inferioridad reaccionan activando inconscientemente un mecanismo de sobrecompensación. Es decir, se esfuerzan por compensar ese “defecto” planteándose una meta prácticamente imposible de alcanzar que les obsesiona y termina provocando más problemas.
 
De hecho, es importante distinguir entre la compensación y la sobrecompensación. La compensación implica simplemente desarrollar algunos recursos para compensar una deficiencia. En este caso la persona es consciente de su problema y trabaja para compensarlo, potenciando otras habilidades y competencias. 
 
La sobrecompensación va un paso más allá, se trata de querer sentirse superior. Las personas que ponen en práctica un mecanismo de sobrecompensación suelen mostrar comportamientos extremos, intentan sobresalir en algunos ámbitos a como dé lugar, proyectando una falsa imagen de seguridad. Por ejemplo, un hombre que tenga un complejo de inferioridad relacionado con su masculinidad, puede reaccionar con actitudes misóginas que devalúan a las mujeres. 
 
Otro problema de la sobrecompensación es que normalmente ocurre a nivel inconsciente. Es decir, la persona no acepta que en la base de esos comportamientos extremos en realidad se esconde un sentimiento de inferioridad. Obviamente, de esta forma termina sumiéndose en un círculo vicioso que no le permite crecer. De hecho, aunque estas personas logren alcanzar ciertos resultados o incluso sobresalgan en determinadas áreas de la vida, nunca llegan a sentirse mejor, porque no superan el complejo de inferioridad que se encuentra en la base.
 

¿Cómo superar el complejo de inferioridad?

 
Repetirse mil veces delante del espejo frases positivas no sirve de nada. De hecho, un estudio realizado por psicólogos de las universidades de California y de Yale indica que las personas que tienen una baja autoestima se sienten peor cuando se repiten frases como “me acepto totalmente” o “tendré éxito”. Y es que no resulta tan fácil engañarse a sí mismo.
 
Superar el complejo de inferioridad demanda un trabajo mucho más profundo a nivel psicológico. 
 
1. Determina en qué te sientes inferior. El primer paso para solucionar un problema consiste en saber que existe, en hacer consciente esa dificultad. Si tienes un complejo, encuentra esa parte de ti que no te gusta.
 
2. Valora el alcance de los daños. El complejo de inferioridad suele comenzar por una deficiencia, debilidad o defecto pero poco a poco se extiende a toda tu personalidad. Valora cómo ha afectado ese sentimiento tu vida. No se trata de buscar razones para deprimirse sino de comprender hasta qué punto ese complejo te ha limitado. 
 
3. Empieza a pensar en términos de diversidad. Ser inferior respecto a algo implica una comparación, en la que a menudo usamos patrones demasiado rígidos. En vez de compararte con los demás, sería conveniente que comenzarás a ver la vida en términos de diversidad. No se trata de ser mejores o peores, sino precisamente de resaltar lo que nos hace únicos y diferentes. 
 
4. Céntrate en lo que puedes mejorar. Llorar sobre la leche derramada es contraproducente. Todos tenemos puntos débiles y limitaciones, si no podemos ir más allá en algunos campos, lo mejor es centrarse en aquellas esferas en las que sí podemos brillar. Por supuesto, no debemos obsesionarnos con ello, para compensar un “defecto”, sino simplemente para encontrar la satisfacción y la felicidad. Recuerda que no tienes que demostrarle nada a nadie, solo tienes que asegurarte de desarrollar las capacidades que te hagan feliz.
 
5. Sé tú mismo. En una sociedad donde todo está estandarizado y homogeneizado, es normal que muchas personas se sientan mal si perciben que son diferentes. Sin embargo, lo que resulta realmente ilógico es pretender ser igual a los demás porque de esta manera estás matando tu identidad e incluso tu valor como persona. Mira dentro de ti, descubre quién eres y atrévete a ser diferente.
 
Por último, recuerda que en realidad no necesitas muchas cosas para ser feliz. Cuando descubres quién eres te darás cuenta de que muchas de las cosas que anhelabas eran superficiales o utópicas. Te darás cuenta de que no necesitas esas cosas para ser feliz porque la felicidad y la satisfacción no provienen de fuera, sino de dentro.
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¿Quieres mejorar tu estado de ánimo? Mira vídeos de gatitos

Gato en cama
Los vídeos de gatitos tienen un enorme éxito en las redes sociales, se hacen virales en muy poco tiempo, lo cual indica que muchas personas disfrutan con este tipo de imágenes. 
 
De hecho, se estima que en Internet existen más de 2 millones de vídeos de gatitos. Solo en la plataforma de YouTube este tipo de contenidos suman, nada menos y nada más, que 26 billones de visualizaciones.
 
Ahora una encuesta le da una nueva vuelta de tuerca a este fenómeno, al desvelar que estos vídeos son beneficiosos para nuestra salud mental.
 

Mejoran el estado de ánimo y potencian la energía positiva

 
Psicólogos de la Universidad de Indiana se interesaron por esta curiosa tendencia y quisieron profundizar en los efectos de estos vídeos en nuestra salud mental. Ni cortos ni perezosos, encuestaron a casi 7.000 personas, que habían visto vídeos de gatitos, e indagaron sobre sus estados de ánimo.
 
Así descubrieron que este tipo de contenido potencia las emociones positivas, mientras reduce estados negativos como la tristeza, la ansiedad y el aburrimiento.
 
Estos investigadores afirman que aunque estemos viendo vídeos, mientras procrastinamos para intentar evadir una tarea que no nos agrada, en realidad no debemos sentirnos culpables porque ese momento de desconexión nos ayuda a mejorar nuestro estado emocional y, además, nos permite regresar a la actividad que habíamos relegado con energías renovadas.
 

La Teoría del Manejo del Humor

 
Aunque a primera vista puede parecer un tema de investigación muy trivial, lo cierto es que estos resultados encajan a la perfección con la “Teoría del Manejo del Humor”, que fue propuesta por Dolf Zillmann hace ya más de dos décadas.
 
Según esta teoría, el consumo de mensajes, en especial de contenidos entretenidos, mejora nuestro estado de ánimo. Y es que las personas tendemos a elegir contenidos que: 1. Mejoren nuestro estado de ánimo o, 2. Mantengan nuestro humor en el mismo nivel.
 
Como regla general, motsramos una tendencia a buscar las cosas que nos provocan placer y a evitar aquellas que nos producen dolor y sufrimiento. Por eso, nos encargamos de organizar nuestro medio, en aras de maximizar el placer y minimizar el dolor.
 
Esa “organización del medio” se traduce en apartarse lo más rápido posible de las situaciones negativas y seleccionar las situaciones gratificantes. Sin embargo, lo más curioso es que la mayoría de las veces no somos conscientes de ello. Queremos prolongar los estados positivos y buscamos estímulos que nos permitan hacerlo, aunque no siempre se trata de un mecanismo consciente.
 
Por eso, vemos vídeos de gatitos. 
 
De hecho, otras investigaciones corroboran la Teoría del Manejo del Humor. En este sentido, se ha podido apreciar que que las mujeres con Síndrome Premenstrual suelen elegir más comedias románticas, mientras que las personas tristes suelen preferir una música más optimista, que les levante el ánimo.
 
Por tanto, ahora ya sabes por qué ves vídeos de gatitos, o cualquier otro contenido similar. Además, ahora también sabes que ver ese pequeño vídeo no implica perder el tiempo, al contrario, te permite mejorar tu estado de ánimo y llenarte de energía positiva.