La canción más relajante del mundo disminuye la ansiedad en un 65%

La ansiedad es uno de los grandes monstruos de la era moderna. Una investigación publicada hace poco por científicos de la Universidad de Harvard señaló que los problemas causados por el estrés y la ansiedad causan más muertes que la diabetes y la influenza. Sin duda, este estado, sobe todo si se mantiene a lo largo del tiempo, no es algo que se pueda tomar a la ligera.
 
El hecho de que vivamos en una cultura altamente competitiva e individualista contribuye en gran medida a que desarrollemos un mayor nivel de ansiedad. Cuando sentimos que no tenemos asideros a los cuales aferrarnos podemos experimentar ataques de pánico, la sensación de ahogo y una enorme ansiedad; síntomas de la desconexión de la que somos víctimas.
 
Por desgracia, no existe una herramienta mágica para eliminar este problema y los medicamentos para la ansiedad tampoco son la solución, al menos a largo plazo. Sin embargo, en momentos de gran tensión podemos recurrir a la música, una excelente estrategia para canalizar nuestros estados de ánimo y reencontrar el equilibrio perdido. De hecho, los estudios de neuroimagen han revelado que la música actúa a un nivel profundo del cerebro, estimulando zonas a las que no solemos acceder de manera racional que están vinculadas con las respuestas emocionales.
 

¿Cuál es la canción más relajante del mundo?

 
Un equipo de investigadores del Minlab International se propuso encontrar las piezas musicales que más pueden ayudarnos a combatir la ansiedad. Estos neurocientíficos encontraron que un tema en particular arrojaba resultados espectaculares ya que las personas reportaban una reducción del 65% en sus niveles de ansiedad.
 
Para llegar a estas conclusiones reclutaron a un grupo de voluntarios y les pidieron que completaran una serie de rompecabezas, una tarea contrarreloj. La prueba estaba especialmente concebida para generar estrés. Luego los participantes escucharon diferentes temas musicales, mientras los investigadores monitorizaban su ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la actividad cerebral y el ritmo respiratorio en busca de signos que indicaran una disminución del estrés.
 
El tema musical en cuestión es de Marconi Union, un trío británico que lo compuso precisamente para promover un estado de relajación. Por eso, no es extraño que hace algunos años lo catalogaran como “la canción más relajante del mundo”. 
 

Este tema es tan especial porque comienza con un ritmo mantenido de 60 pulsaciones por minuto para disminuir gradualmente hasta llegar a 50. Cuando la escuchamos y nos centramos en la música, nuestro corazón se “sintoniza” con esas pulsaciones. También influye el hecho de que el tema dure ocho minutos ya que ese proceso de sincronización fisiológica tarda aproximadamente cinco minutos, por lo que una canción más corta no tendría el mismo efecto relajante. 
 
Por otra parte, los intervalos armónicos entre las notas crean la sensación de euforia y comodidad. Además, la melodía está compuesta de forma tal que le permite al cerebro desconectarse por completo ya que no necesita mantenerse alerta para prever qué pasará en la próxima nota.
 
En vez de continuos altibajos, aparecen carrillones de forma aleatoria que inducen un sentido más profundo de la relajación. El elemento final son los sonidos bajos, como un murmullo o zumbido, como los cantos budistas. 
 
Por supuesto, este tema musical no es la panacea y es probable que algunas personas encuentren otras canciones mucho más relajantes. En cualquier caso, lo importante es que tengas tu propia playlist para los momentos en que más lo necesites.
 
Si necesitas inspiración, estos neurocientíficos consideran que estas son las 10 canciones más relajantes del mundo:
 

10. “We Can Fly” de Rue du Soleil (Café Del Mar)
9. “Canzonetta Sull’aria” de Mozart
8. “Someone Like You” de Adele
7. “Pure Shores” e All Saints
6. “Please Don’t Go” de Barcelona
5. “Strawberry Swing” de Coldplay
4. “Watermark” de Enya
3. “Mellomaniac (Chill Out Mix)” de DJ Shah
2. “Electra” de Airstream
1. “Weightless” de Marconi Union
WEB ORIGINAL: http://www.rinconpsicologia.com

Niños Orquídea: Hipersensibles al estilo educativo de los padres, para bien o para mal

Hay niños que prácticamente desde que nacen dan muestras de una gran sensibilidad ante los cambios que ocurren a su alrededor, reaccionan con mayor intensidad ante los sonidos, notan el más mínimo cambio en su alimentación e incluso se alteran o se tranquilizan según el estado de ánimo de sus padres. Otros, al contrario, se muestran menos vulnerables y parecen lidiar mejor con los cambios que ocurren en su entorno, como si estos no hicieran mella en ellos.
 
Precisamente, hace ya una década psicólogos de la Universidad de California propusieron un concepto muy interesante sobre la forma de reaccionar de los niños ante la educación que reciben. Afirmaron que existen niños que son como las orquídeas: se marchitan como respuesta a una infancia difícil pero prosperan en un ambiente positivo. En el extremo opuesto se encuentran niños más parecidos a los dientes de león, a quienes los vaivenes del camino les afectan menos y muestran una actitud más resiliente.
 

Niños orquídea, almas más sensibles

 
Desde entonces, los psicólogos han comenzado a perfilar la teoría de la “Sensibilidad Biológica al Contexto”, según la cual, el temperamento de los niños es un factor fundamental que determina cómo reaccionarán ante diferentes estilos educativos. De hecho, se ha apreciado que existen niños que reaccionan de manera más negativa ante los estímulos del medio, mostrando más miedo e irritabilidad, mientras que otros logran controlar mejor sus reacciones y se muestran más abiertos y dispuestos a explorar.
 
Hace poco un grupo de psicólogos de la Universidad de Utrecht confirmaron esta teoría a través de un metaánalisis en el que recopilaron los resultados de 84 estudios que involucraron a 6.153 niños. Evaluaron el temperamento infantil, el estilo educativo de los padres y el desarrollo de los niños teniendo en cuenta diferentes indicadores, desde los problemas de conducta hasta el desempeño académico. 
 
Así concluyeron que, efectivamente, hay niños que son particularmente sensibles desde una edad muy temprana ante el estilo educativo que se utiliza con ellos. Estos pequeños generalmente son catalogados por sus padres y profesores como “niños difíciles” ya que suelen tener las emociones a flor de piel y reaccionan con mayor intensidad ante los problemas y conflictos. 
 

Un gen que se activa, para bien o para mal

 
La idea de que existen niños especialmente vulnerables ante el estrés no es nueva. Sin embargo, la perspectiva positiva que encierra la teoría de los “niños orquídea” sí es novedosa ya que también demuestra que esos pequeños pueden “florecer” y lograr grandes cosas si reciben una educación sensible y desarrolladora.
 
Una posible explicación a este fenómeno radicaría en los genes. Por eso, genetistas de la Virginia Commonwealth University se han dedicado a investigar la influencia del gen CHRM2, el cual está relacionado con la dependencia al alcohol, las conductas disruptivas en la adolescencia y el comportamiento disocial en la juventud. Además, los receptores químicos de ese gen en particular están vinculados a funciones cerebrales como el aprendizaje y la memoria.
 
Estos investigadores tomaron muestras del ADN de 400 niños y niñas en edad preescolar para analizar las variaciones en este gen. Al inicio del estudio los niños no tenían problemas de conducta, por lo que se les dio un seguimiento anual hasta que cumplieron los 17 años, analizando sus comportamientos y el estilo educativo de los padres. 

Detrás de tu desorden puede esconderse un genio creativo

Vivimos en un mundo bastante predecible. Casi todo se encuentra perfectamente embalado y sistematizado. Y la sociedad se encarga de perpetuar la organización, en todos los sentidos de la palabra.
 
De hecho, en Occidente amamos el orden y la simetría. Esa pasión se desvela, por ejemplo, en nuestros jardines y construcciones, perfectamente simétricos. Sin embargo, en la cultural oriental la simetría no es tan importante porque son conscientes de que es algo raro en la naturaleza. En el budismo se enseña a aceptar y abrazar el caos, como parte inherente del universo. 
 
Desde esta perspectiva, el orden y la simetría en realidad son una ilusión. Una ilusión que nos permite darle cierto sentido al mundo, eliminar en cierta medida el caos y asirnos a un poco de certidumbre. Por eso, en nuestra sociedad a menudo las personas desorganizadas son estigmatizadas, creemos que se trata de gente apática, perezosa o incluso desequilibrada. Pero no es así, o al menos no siempre.
 

Tres ideas fundamentales sobre el desorden y el caos que debemos entender

 
1. El caos no implica, necesariamente, ausencia de orden
 
Solemos pensar que el caos es la ausencia de orden. Sin embargo, José Saramago rompió con este estereotipo al afirmar: “el caos es un orden aún por descifrar”. De hecho, el orden y el desorden pueden ser conceptos muy relativos.
 
Un escritorio aparentemente desordenado, por ejemplo, puede esconder un sistema de priorización y acceso muy eficaz. En estos escritorios normalmente las cosas más urgentes se encuentran más cerca de la persona y en la parte superior, por lo que esta no las puede ignorar. En otras palabras, el hecho de que no entendamos la forma de las personas de organizar su flujo de trabajo, no significa que exista desorden.
 
2. Un poco de desorganización potencia la creatividad
 
Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Minnesota descubrió que los ambientes saturados de cosas en realidad estimulan la creatividad. En uno de los experimentos estos psicólogos les pidieron a los participantes que encontraran nuevas maneras de utilizar una pelota de ping pong. A la mitad de ellos se les hizo pasar a una habitación ordenada, y al resto a una habitación desordenada. Ambos grupos presentaron la misma cantidad de ideas, pero las más originales provinieron de las personas que estuvieron dentro de la habitación desordenada. 
 
Todo parece indicar que, quizá tener un poco de desorden a nuestro alrededor nos recuerda que el mundo no es tan estructurado y preciso como pensamos y que romper las reglas y pensar de manera diferente no es malo. Así, el cerebro tendría vía libre para realizar nuevas asociaciones y encontrar ideas poco convencionales, es como si el desorden nos alentara a dejar de ejercer ese férreo control sobre nuestro pensamiento, dejando que fluyan nuevas ideas.
 
3. El desorden solo indica que existen prioridades diferentes
 
Hace tan solo unos años salieron a la luz las imágenes que tomó el fotógrafo Ralph Morse de la casa de Albert Einstein, justo después de que este muriera. Una de ellas asombró al mundo: el desorden que había en su despacho.

Por supuesto, Einstein no ha sido el único genio creativo que trabajaba rodeado de desorden, Mark Twain lo superaba, por ejemplo. Y es que a menudo el desorden no es más que una expresión de personas a las que no les preocupa seguir el status quo, se trata de personas que valoran la espontaneidad y que son capaces de captar el cuadro completo, sin preocuparse por los detalles. Estas personas prefieren invertir su tiempo en otras tareas, en vez de preocuparse por poner orden a su alrededor.

 

Un perfecto caos organizado

 
Por supuesto, este artículo no es una oda al desorden, aunque lo parezca :) Y tampoco significa que todas las personas desorganizadas puedan llegar a ser genios creativos. Detrás del desorden también se puede esconder la pereza y la falta de disciplina.
 
De hecho, no se trata de permitir que todos los aspectos de nuestras vidas se suman en el caos más absoluto. La organización también puede ser necesaria, conveniente e incluso hermosa. La clave radica en encontrar un orden caótico, o un caos organizado, que nos permita desarrollar al máximo nuestro potencial.

7 milagros que ocurren cuando empiezas a creer en ti

 
Cuando somos pequeños pensamos que nuestro potencial es ilimitado. Cuando le preguntamos a un niño qué quiere ser de mayor, sus respuestas a menudo nos sorprenden. Sin embargo, a medida que crecemos y comenzamos a escuchar a las personas que nos rodean, dejamos de creer en nosotros. El miedo al fracaso y la necesidad de aferrarnos a las seguridades hacen que perdamos la confianza en nosotros mismos.
 
Sin embargo, la autoconfianza es el ingrediente principal del éxito. Si no confiamos en nuestras potencialidades estamos condenados al fracaso, incluso antes de empezar. Por eso, desarrollar la autoconfianza, aprender a apostar por nosotros, es uno de los mayores regalos que podemos hacernos. Y en ese momento, ocurren pequeños milagros a nuestro alrededor:
 
1. Criticas menos a los demás
 
Los juicios y las críticas en realidad reflejan más a la persona que los hace que a quien los recibe. Quienes pasan gran parte de su tiempo juzgando a los demás tienen poco tiempo para crecer como personas. Por eso, cuando empleas parte de tu energía en desarrollar la autoconfianza, te conviertes en una persona menos crítica, dejas de enfocarte en los demás para centrarte en ti. En ese momento, expandes tus horizontes y te conviertes en una persona de mente más flexible y abierta.
 
2. Inventas menos excusas y haces más
 
“No tengo tiempo” es la principal excusa que inventan las personas para no emprender nuevos proyectos o perseguir sus sueños. En realidad, en el fondo solo esconde el miedo a fracasar y la falta de autoconfianza. Por eso, cuando comienzas a confiar en ti, esta excusa desaparece y te conviertes en una persona proactiva, que toma la iniciativa y se atreve a hacer lo que de verdad le apasiona. Ya lo había dicho Henry Ford: “tanto si piensas que puedes hacerlo, como si piensas que no puedes hacerlo, en ambos casos estás en lo cierto”.
 
3. Te conviertes en una persona perseverante
 
Si no crees en ti, abandonarás ante el primer obstáculo porque este se convertirá en la confirmación de tus peores temores. Sin embargo, cuando tienes confianza en lo que puedes lograr, los obstáculos se convierten en oportunidades para aprender y redefinir tu estrategia. Sin darte cuenta, la autoconfianza te convierte en una persona perseverante, en alguien que no se desanima ante la adversidad. Comprendes que a veces la vida no te dice “basta” sino “detente y cobra fuerzas”.
 
4. Instas a los demás a creer en ti
 
Si no confiamos en nosotros, ¿cómo podemos pretender que los demás lo hagan? Al contrario, si transmitimos confianza y seguridad, los demás lo percibirán y terminarán confiando en nosotros. Si los demás ven que no inventamos excusas sino que nos ponemos manos a la obra, tarde o temprano terminarán contagiados con nuestro entusiasmo y optimismo. 
 
5. Asumes una actitud más objetiva ante las críticas
 
A nadie le gusta que le critiquen. Sin embargo, las personas exitosas son capaces de extraer lo positivo de las críticas para reencauzar su estrategia o cambiar sus puntos de vista. Y solo pueden hacerlo porque tienen una base emocional sólida, porque comprenden que las críticas no son un ataque a su persona y no se defienden de ellas sino que las asumen para mejorar. La autoconfianza te da la seguridad necesaria para enfrentar las críticas y salir fortalecidos de ellas, en vez de dejar que te dañen y socaven tu autoestima. De hecho, Earl Grey Stevens afirmó que “la confianza no proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abiertos a todas las preguntas“.
 
6. Desarrollas un mayor autocontrol y disciplina
 
Desarrollar la autoconfianza implica iniciar un viaje de descubrimiento del “yo”. Invariablemente, ese viaje te conducirá a la mejor versión de ti. De hecho, confiar en ti no solo implica un acto de empoderamiento sino que también acarrea una enorme responsabilidad. Cuando eres consciente de que muchas de las cosas que quieres solo dependen de tu esfuerzo, te conviertes en una persona más disciplinada y potencias el autocontrol porque comprendes que estas son las herramientas que usarás cada día para lograr tus sueños. 
 
7. Aumenta tu potencial de éxito
 
Cuando comienzas a confiar en tus potencialidades, es como si se abriese ante ti un nuevo universo de posibilidades. Cuando dejas de ponerte límites, comprendes verdaderamente qué es lo que quieres. En ese momento, no debes asombrarte si notas que el universo se alinea y trabaja a tu favor. En realidad no se trata de un milagro cósmico, el universo ya estaba a tu favor antes, solo que tus barreras mentales te impedían ver las oportunidades que ahora puedes aprovechar.

La regla del 40%: ¿Cómo seguir adelante cuando piensas que no puedes más?

 
Hay determinados momentos en la vida en los cuales parece imposible seguir adelante. En esos momentos es como si nuestras reservas de energía y esperanzas se hubiesen agotado, entonces el más mínimo paso nos parece una tarea titánica. Sin embargo, antes de tirar la toalla definitivamente, puedes hacer un último esfuerzo poniendo en práctica la regla del 40%.
 

El muro de los 30 kilómetros nos enseña el valor de la resistencia psicológica

 
Quienes hayan corrido alguna vez una maratón, deben conocer “el muro de los 30 kilómetros”. De hecho, la mayoría de los corredores se detienen en este punto en su primer maratón y son incapaces de ir más allá.
 
Lo curioso es que todo iba bien durante la carrera, pero de repente al corredor le sobreviene un enorme cansancio. En este punto las piernas no responden, sienten que su cuerpo pesa unos kilos más y la mente les dice basta.
 
Este fenómeno está provocado porque nuestro cuerpo tiene una reserva calórica de glucógeno que se termina aproximadamente a los 30 kilómetros de la carrera. Entonces entra en juego el entrenamiento psicológico, el poder de la mente.
 
De hecho, el muro de los 30 kilómetros no es un fenómeno meramente físico. También se ha apreciado que cuando el corredor comienza a notar la fatiga muscular y piensa que no podrá terminar la carrera, experimenta una enorme frustración, la cual disminuye los niveles de dopamina. Entonces sí resulta imposible terminar. 
 
Sin embargo, cuando el corredor logra sobrepasar esa barrera, tiene grandes probabilidades de terminar la maratón. En la vida cotidiana también llegamos a ciertos puntos en los cuales nos parece que tenemos ante nosotros una barrera infranqueable, nos parece que nos han abandonado las fuerzas y que no podremos seguir adelante. Sin embargo, se trata tan solo de una barrera psicológica.
 

La regla del 40%

 
Newt Gingrich, un político estadounidense, dijo que “la perseverancia es el trabajo duro que haces después del trabajo duro que ya has hecho”. Se trata de una frase genial porque captura la verdadera esencia de la perseverancia y la determinación.
 
En este sentido, resulta interesante la regla del 40% que siguen los NAVY Seal, quienes son famosos por su exigente entrenamiento físico que a menudo los lleva al límite de sus fuerzas. Según estos, las personas somos capaces de soportar mucho más de lo que pensamos y llegar más lejos de lo que nos proponemos. Según estos soldados, cuando nuestra mente nos dice “basta”, en realidad solo hemos logrado un 40% de lo que somos capaces. Por tanto, cuando estamos a punto de tirar la toalla, aún podemos recorrer y esforzarnos un 60% más.
 
Por supuesto, no se trata de tomar al pie de la letra ese porcentaje, sino tan solo de tener en mente que en muchas ocasiones de nuestra vida, cuando estamos a punto de abandonarlo todo, no se trata realmente de falta de energía sino tan solo de un bloqueo mental.
 
La regla del 40% es una herramienta muy sencilla que nos ayuda a revalorar nuestros límites y nos permite cambiar la perspectiva, nos enseña que si queremos realmente superar nuestros límites, tenemos que dar un paso más para demostrarle a nuestro cerebro que esa barrera es solo un fruto de nuestra imaginación.
 

¿Cómo aplicar esta regla?

 
El principal problema, cuando creamos una barrera psicológica, es que las frases positivas no son muy eficaces. De hecho, a veces pueden ser contraproducentes y terminan agobiándonos o frustrándonos aún más. Cuando sufrimos un bloqueo emocional, es difícil salir de esta con la racionalidad. Por eso, teniendo en mente que aún no hemos alcanzado todo nuestro potencial, solo tenemos que asegurarnos de ir paso a paso.
 
Si damos un paso a la vez, no nos asustaremos sino que nos daremos tiempo para recuperar el autocontrol. De hecho, el secreto radica en que no debemos centrarnos en la meta final, no debemos recordar cuántos kilómetros de la maratón nos faltan por recorrer sino que tan solo debemos pensar en los próximos pasos. De esta forma, poco a poco, iremos superando la barrera que nosotros mismos hemos creado.