La canción más relajante del mundo disminuye la ansiedad en un 65%

La ansiedad es uno de los grandes monstruos de la era moderna. Una investigación publicada hace poco por científicos de la Universidad de Harvard señaló que los problemas causados por el estrés y la ansiedad causan más muertes que la diabetes y la influenza. Sin duda, este estado, sobe todo si se mantiene a lo largo del tiempo, no es algo que se pueda tomar a la ligera.
 
El hecho de que vivamos en una cultura altamente competitiva e individualista contribuye en gran medida a que desarrollemos un mayor nivel de ansiedad. Cuando sentimos que no tenemos asideros a los cuales aferrarnos podemos experimentar ataques de pánico, la sensación de ahogo y una enorme ansiedad; síntomas de la desconexión de la que somos víctimas.
 
Por desgracia, no existe una herramienta mágica para eliminar este problema y los medicamentos para la ansiedad tampoco son la solución, al menos a largo plazo. Sin embargo, en momentos de gran tensión podemos recurrir a la música, una excelente estrategia para canalizar nuestros estados de ánimo y reencontrar el equilibrio perdido. De hecho, los estudios de neuroimagen han revelado que la música actúa a un nivel profundo del cerebro, estimulando zonas a las que no solemos acceder de manera racional que están vinculadas con las respuestas emocionales.
 

¿Cuál es la canción más relajante del mundo?

 
Un equipo de investigadores del Minlab International se propuso encontrar las piezas musicales que más pueden ayudarnos a combatir la ansiedad. Estos neurocientíficos encontraron que un tema en particular arrojaba resultados espectaculares ya que las personas reportaban una reducción del 65% en sus niveles de ansiedad.
 
Para llegar a estas conclusiones reclutaron a un grupo de voluntarios y les pidieron que completaran una serie de rompecabezas, una tarea contrarreloj. La prueba estaba especialmente concebida para generar estrés. Luego los participantes escucharon diferentes temas musicales, mientras los investigadores monitorizaban su ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la actividad cerebral y el ritmo respiratorio en busca de signos que indicaran una disminución del estrés.
 
El tema musical en cuestión es de Marconi Union, un trío británico que lo compuso precisamente para promover un estado de relajación. Por eso, no es extraño que hace algunos años lo catalogaran como “la canción más relajante del mundo”. 
 

Este tema es tan especial porque comienza con un ritmo mantenido de 60 pulsaciones por minuto para disminuir gradualmente hasta llegar a 50. Cuando la escuchamos y nos centramos en la música, nuestro corazón se “sintoniza” con esas pulsaciones. También influye el hecho de que el tema dure ocho minutos ya que ese proceso de sincronización fisiológica tarda aproximadamente cinco minutos, por lo que una canción más corta no tendría el mismo efecto relajante. 
 
Por otra parte, los intervalos armónicos entre las notas crean la sensación de euforia y comodidad. Además, la melodía está compuesta de forma tal que le permite al cerebro desconectarse por completo ya que no necesita mantenerse alerta para prever qué pasará en la próxima nota.
 
En vez de continuos altibajos, aparecen carrillones de forma aleatoria que inducen un sentido más profundo de la relajación. El elemento final son los sonidos bajos, como un murmullo o zumbido, como los cantos budistas. 
 
Por supuesto, este tema musical no es la panacea y es probable que algunas personas encuentren otras canciones mucho más relajantes. En cualquier caso, lo importante es que tengas tu propia playlist para los momentos en que más lo necesites.
 
Si necesitas inspiración, estos neurocientíficos consideran que estas son las 10 canciones más relajantes del mundo:
 

10. “We Can Fly” de Rue du Soleil (Café Del Mar)
9. “Canzonetta Sull’aria” de Mozart
8. “Someone Like You” de Adele
7. “Pure Shores” e All Saints
6. “Please Don’t Go” de Barcelona
5. “Strawberry Swing” de Coldplay
4. “Watermark” de Enya
3. “Mellomaniac (Chill Out Mix)” de DJ Shah
2. “Electra” de Airstream
1. “Weightless” de Marconi Union
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¿Cómo se curan los trastornos de ansiedad con la Realidad Virtual?

 
Todos hemos experimentado en algún momento ansiedad y miedo, ya sea ante un examen importante, una entrevista de trabajo o una situación que consideramos peligrosa. Se trata de una respuesta normal. Sin embargo, cuando estas sensaciones no nos abandonan terminan provocando malestar y afectan nuestro desempeño. En esos casos se hace referencia a un trastorno de ansiedad, un problema que afecta aproximadamente al 18% de la población mundial. 
 
Uno de los tratamientos más utilizados, tanto para la ansiedad generalizada como para las fobias y los ataques de pánico, es la terapia de exposición, una pieza fundamental del enfoque cognitivo-conductual que ha demostrado ampliamente su eficacia.
 
En este tipo de terapia, la persona debe enfrentarse a la situación temida, de forma gradual y sistemática, de manera que su sistema límbico, la parte emocional del cerebro, deje de reaccionar con miedo y se reduzca el nivel de ansiedad. De hecho, la persona que tiene fobia a las arañas, por ejemplo, es consciente de que ese pequeño animal no puede hacerle daño, sabe que la situación en sí no es peligrosa, pero a pesar de ello su sistema límbico continúa activando una señal de alarma, que se puede corregir gracias a la exposición sistemática.
 
En algunos casos se puede aplicar la exposición in vivo, confrontando a la persona con las situaciones reales, pero en otros casos es prácticamente imposible y el psicólogo se ve obligado a recurrir a la imaginación. Sin embargo, ahora tenemos a nuestra disposición una herramienta más eficaz: la Realidad Virtual.
 

¿Por qué la Realidad Virtual es eficaz para tratar la ansiedad y las fobias?

 
El miedo es una respuesta emocional ante una amenaza inminente, ya sea real o imaginaria, mientras que la ansiedad es una respuesta anticipatoria ante una amenaza futura. En cualquier caso, se produce una activación a nivel afectivo y fisiológico que es muy difícil de controlar. La Realidad Virtual aprovecha ese estado para ‘confundir’ al cerebro.
 
De hecho, se ha apreciado que el cerebro de las personas que padecen una fobia funciona de manera diferente en los entornos virtuales. Los neurocientíficos han comprobado que quienes no sufren fobias reconocen rápidamente los pequeños detalles que indican que los objetos o situaciones no son reales, como la forma de moverse de un animal o la falta de movimiento en un avión. 
 
Sin embargo, las personas que padecen una fobia no se percatan de estos detalles porque se centran en los aspectos fundamentales para su supervivencia. Por ejemplo, la mera presencia de una araña que se dirige hacia ellos activa una fuerte respuesta emocional, sobre todo a nivel de ínsula y amígdala.
 
De la misma manera, si una persona sufre ataques de pánico cuando tiene que hablar en público, el simple hecho de decirle que tendrá que presentarse ante un auditorio desencadena una serie de respuestas a nivel emocional y fisiológico. Cuando hay un trastorno fóbico o de ansiedad, la respuesta de miedo no se activa solo ante el estímulo sino también al pensar en este, ya que está vinculada a los recuerdos del pasado. 
 
Todo esto ocurre en apenas 12 o 15 milisegundos. Por tanto, aunque la situación que la persona vive en el entorno virtual no es real, se activan los mismos mecanismos que se encuentran en la base de la fobia, y esto es más que suficiente para comenzar el aprendizaje correctivo. De hecho, los escáneres muestran que una vez que el tratamiento ha terminado, el cerebro vuelve a funcionar con normalidad y la persona es capaz de notar los detalles que antes no había visto debido al miedo y la ansiedad.
 
Por otra parte, no podemos olvidar que la Realidad Virtual tiene un mayor índice de aceptación. La desensibilización sistemática, incluyendo la exposición in vivo, es una de las técnicas más eficaces para tratar los trastornos de ansiedad pero aproximadamente el 27% de las personas se niegan a someterse ella, simplemente porque tienen demasiado miedo. Al contrario, solo el 3% de las personas se niegan a usar la Realidad Virtual pues saben que podrán enfrentar su temor en un entorno terapéutico completamente seguro y controlado, en el que pueden decidir cuándo parar.
 

Psious: Un entorno de Realidad Virtual creado por psicólogos

 
 
La Realidad Virtual se aplica en Estados Unidos desde hace tres décadas. De hecho, la tecnología que se encuentra en su base se comenzó a explorar en los años 1960, aunque no fue hasta inicios de 1990 que entró a las consultas de Psicología.
 
Por supuesto, a lo largo de estos años se han ido desarrollando diferentes estudios dirigidos a analizar la eficacia de esta herramienta en el ámbito clínico. En este sentido, un experimento realizado en Universidad de Georgia demostró que la Realidad Virtual no solo es eficaz para tratar los trastornos de ansiedad más simples sino también los casos más complejos. Después de ocho sesiones, cuatro de ellas con Realidad Virtual, los participantes en este estudio lograron que su nivel de ansiedad a la hora de hablar en público disminuyera notablemente.
 
Por otra parte, un metaanálisis que incluyó 13 estudios en los que se comparaba el uso de la Realidad Virtual con la terapia in vivo en casi 400 pacientes concluyó que esta herramienta no solo es más eficaz sino que sus resultados se mantienen a lo largo del tiempo.
Obviamente, los primeros programas de Realidad Virtual eran muy sencillos, pero poco a poco se han ido diseñando entornos con un mayor nivel de detalle. Precisamente, una de las tecnologías más novedosas en el ámbito de la Psicología es Psious, que ofrece simulaciones hiperrealistas para tratar diferentes trastornos de ansiedad. 
 
Psious cuenta con tecnologías inmersivas, como la realidad aumentada y videos en 3D y 360º, para que la persona tenga una experiencia más realista. Además, cada escenario ha sido diseñado, supervisado y puesto a prueba por un grupo de psicólogos, informáticos, ingenieros y especialistas en 3D y videojuegos. 
 
Con esta tecnología la persona:
 
– Se convierte en protagonista de la terapia y asume un papel más activo.
 
– Puede lidiar con el objeto o situación temida en un entorno terapéuticamente controlado.
 
– Puede detener la exposición en cualquier momento.
 
Desde el punto de vista funcional, una de las principales ventajas de Psious es su sencillez. De hecho, los psicólogos no necesitan realizar una instalación ni tener conocimientos técnicos avanzados para utilizar esta aplicación. Esta tecnología consta de un Kit de Realidad Virtual compuesto por unas gafas y un simple smartphone, los cuales se controlan desde una plataforma que permite graduar la exposición en cada instante de la terapia, adaptando la experiencia al nivel de cada paciente.
 
Además, Psious permite monitorizar las constantes fisiológicas de la persona, para saber exactamente su nivel de ansiedad y que este no aumente de manera excesiva, para que la terapia no tenga efectos contraproducentes. Al final de la sesión se genera un informe automático, de manera que es más fácil valorar los avances de la terapia. 
 
Sus creadores son un grupo de jóvenes españoles con base en Barcelona y Silicon Valley. Actualmente están llevando a cabo un proyecto en el que colaboran cientos de centros en toda España y Estados Unidos, ofreciéndoles a los psicólogos interesados el acceso y el equipo necesarios para la aplicación en consulta durante un determinado periodo de tiempo. De esto modo los profesionales tienen la oportunidad de valorar el uso de la Realidad virtual en la práctica clínica y contribuir con su experiencia a nuevos desarrollos de entornos. De hecho, ya cuentan con 500 profesionales de la salud mental, que han tratado con esta tecnología a más de 1.000 pacientes.
 
Por el momento ya existen aplicaciones para tratar ocho tipos de fobias diferentes (acrofobia, claustrofobia, agorafobia, fobia social y miedo a volar, a las agujas, a hablar en público, a conducir y a los animales). Además, Psious cuenta con una aplicación para tratar la ansiedad generalizada compuesta por diferentes ambientes que permiten trabajar la exposición cognitiva a los pensamientos intrusivos y otra aplicación con ejercicios de relajación y mindfulness que facilitan la visualización y promueven la calma.
 
Si os interesa conocer más sobre esta tecnología, podéis echarle un vistazo al sitio Psious, o contactar directamente a sus creadores: info@psious.com.
 
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El estrés de las madres altera la genética cerebral de sus hijos

Desde hace décadas se dice que los niños son como esponjas. Ahora la ciencia demuestra que esta afirmación es cierta. Sin embargo, esa enorme capacidad para adaptarse al medio es un arma de doble filo. Durante los primeros años de vida las neuronas tienen una plasticidad enorme, lo cual significa que el cerebro puede alcanzar un gran potencial o, al contrario, puede sufrir daños difíciles de reparar. Y los padres juegan un papel determinante para inclinar la balanza en uno u otro sentido. 
 
La relación que los padres establezcan con su hijo, su capacidad para satisfacer sus necesidades emocionales e incluso su estado de ánimo a lo largo de los primeros años influirá en el desarrollo psicológico del pequeño y dejará una huella profunda que probablemente le acompañará durante toda su vida.
 
De hecho, diferentes investigaciones han relacionado la depresión materna con la aparición de trastornos mentales en los niños. También se conoce que cuando los padres tienen problemas de pareja y discuten mucho, sus hijos se vuelven emocionalmente inseguros y tienen dificultades para establecer relaciones saludables en la adultez. Además, se ha comprobado que cuando los padres están sometidos a un gran estrés, es más probable que sus hijos desarrollen algún problema emocional. 
 
Ahora un nuevo estudio realizado en la Universidad de Wisconsin desvela que los problemas no se limitan al ámbito psicológico, el estrés de los padres también puede alterar la genética de sus hijos y hacer que en su cerebro se formen conexiones que terminarán influyendo en su reacción ante la adversidad.
 
De hecho, es la primera vez que los científicos encuentran una relación entre el estrés de los padres y el ADN de los hijos. Este estudio comprueba que la crianza, y nuestras experiencias en sentido general, pueden afectar nuestra genética. 
 
La respuesta ante el estrés también está determinada por los genes
 
La idea de que el estrés puede afectar el ADN y el desarrollo cerebral proviene de una investigación llevada a cabo en el año 2004 en la Universidad McGill. Estos investigadores trabajaron con un grupo de ratones y comprobaron que cuando las madres cuidaban bien a sus crías, en estos se activaba un gen que desencadenaba un mecanismo a nivel cerebral gracias al cual los pequeños ratones desarrollaban una mayor tolerancia ante el estrés, eran capaces de adaptarse mejor a los cambios, se mostraban menos temerosos y eran más propensos a explorar su entorno.
 
Más adelante, un estudio realizado con personas en el Douglas Mental Health University Institute desveló que el abuso infantil y la negligencia paterna también pueden silenciar los receptores de las hormonas del estrés en el cerebro. Se apreció que en los niños que sufrieron abusos durante su infancia y que después se habían suicidado, el gen que debía activar los receptores de las hormonas del estrés se mantenía apagado. 
 
El problema es que cuando este gen se silencia, el sistema natural de respuesta ante el estrés no funciona adecuadamente, por lo que resulta más difícil lidiar con los problemas y las adversidades, haciendo que esas personas sean más susceptibles a desarrollar trastornos psicológicos y cometer suicidio.
 
De hecho, otro estudio realizado en la Universidad de Columbia Británica desveló que cuando las madres estaban deprimidas o ansiosas, el gen que se encarga de activar los receptores de las hormonas del estrés también solía silenciarse en los recién nacidos. Esto hacía que esos pequeños se mostraran más temerosos, que les resultara más difícil adaptarse a los cambios y que tuvieran problemas para lidiar con las situaciones estresantes.
 
Madres estresadas, hijos menos resilientes
 
Este nuevo estudio desvela que para que se produzcan cambios a nivel de ADN no es necesario que los niños hayan sufrido abusos físicos. Estos investigadores analizaron a cientos de padres durante más de una década. Los padres respondieron una serie de cuestionarios en diferentes momentos de la vida de sus hijos: cuando estos eran apenas unos bebés, a los 3 y 4 años y más tarde, al llegar a la adolescencia. A través de esos cuestionarios los investigadores evaluaron el nivel de estrés de los padres. Al llegar a los 15 años, los científicos analizaron el ADN de esos 109 adolescentes. 
 
Encontraron diferencias en el ADN de los niños cuyos padres habían puntuado más alto en la escala de estrés. También se apreció que el estrés de ambos padres no incidía de la misma forma. De hecho, un nivel de estrés elevado en las madres durante los primeros años de vida de sus hijos estaba vinculado con alteraciones en 139 genes. El estrés paterno incidía menos, aunque se pudo vincular con cambios en 31 genes. Esta diferencia puede deberse a que muchos padres se implican menos en la crianza de los hijos, por lo que es probable que el impacto de su estado emocional sea menor.
 
Otro hallazgo importante indica que el estrés de las madres y los padres no provocaba cambios significativos en la expresión de los genes infantiles cuando ocurría después de los 3 años de vida. Es probable que esto se deba a que desde el nacimiento hasta los tres años es la etapa de máxima plasticidad del cerebro, cuando las regiones cerebrales pueden adaptarse más e incluso asumir las funciones de otras zonas si estas sufrieran algún daño. A partir de esa edad el cerebro sigue cambiando pero lo hace a un ritmo más lento.
 
Entre los genes alterados (normalmente silenciados) por el estrés se encontraban dos particularmente importantes para el desarrollo del cerebro y el comportamiento ya que están relacionados con la comunicación celular y las membranas de las neuronas. Uno de los genes afectados es el NeuroG1, que estimula el crecimiento de nuevas neuronas, lo cual es fundamental para el desarrollo, el aprendizaje y la memoria.
 
Los investigadores explican que estos cambios en la expresión del ADN influyen sobre la forma en que se establecen las conexiones neurales y, por ende, en el funcionamiento cerebral. En práctica, al silenciarse el gen encargado de activar los receptores de hormonas del estrés, el niño no tendrá las herramientas a nivel neurológico que necesita para lidiar con las situaciones difíciles. Cuando en el cerebro no hay suficientes receptores para estas hormonas, como el cortisol y la adrenalina, estas se mantienen activas, causando daños en el cuerpo, mientras el cerebro es incapaz de buscar una solución adecuada. Por eso, es probable que el niño se muestre más irritable, impulsivo y temeroso. 
 
Aún así, se debe aclarar que nuestro cerebro tiene una plasticidad increíble, por lo que los cambios en la expresión de los genes eso no significa que esos niños no puedan aprender a lidiar de forma asertiva con el estrés y desarrollar unaactitud más resiliente al llegar a la juventud o a la adultez, pero les resultará más difícil.
 
En cualquier caso, el mensaje para los padres es claro: el estrés no solo es dañino para los adultos sino también para los niños, sobre todo si son muy pequeños.
 
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Cómo relajarse fácilmente, con 3 poderosos hábitos

Cómo relajarse fácilmente, con 3 poderosos hábitos

Algunas veces me preguntan cuál es la clave de la longevidad. ¿Podemos hacer algo para vivir más años? Distintos estudios, como este que fue publicado en The Atlantic, han sugerido que uno de los factores principales para predecir la longevidad es la ausencia de preocupaciones, estrés y tensión emocional. 

¿Cómo podemos lograr relajarnos?

Sí, se puede aprender a relajarse, y no es difícil. La habilidad para eliminar las preocupaciones de nuestra mente puede ser aprendida.

Mantener la cabeza fría y estar calmado en situaciones de especial tensión nos puede ayudar mucho en nuestra vida diaria. Las personas que no son capaces de calmarse en estas circunstancias suelen reaccionar de forma instintiva y poco racional, llegando a tener problemas graves. Cuando estamos en un estado de nervios, no somos capaces de valorar las consecuencias de nuestros actos, por lo que es de vital importancia que aprendamos a gestionar nuestras emociones y a relajarnos.

Esto también nos ayudará a sopesar la situación que tenemos entre manos, a hacernos una idea más nítida sobre cómo debemos actuar, y por supuesto a no hinchar en nuestra cabeza la magnitud del problema. En caso de que se produzca una discusión verbal, también podremos gestionar mejor nuestra implicación en ella.

Ventajas de saber gestionar los nervios

Si somos capaces de relajarnos en situaciones especialmente duras y estresantes, lograremos:

  • Mantener un mejor estado anímico, alejándonos del estrés psicológico y ahorrarnos conflictos con otras personas.
  • Ahorrar tiempo, esfuerzos y pensamientos en cosas que no nos aportan nada positivo.
  • Estar en concordancia con nuestros principios, y atraer hacia nosotros a personas que también son relajadas. Personas que viven la vida de una forma calmada y optimista, y que huyen de los conflictos.
  • Ser más atractivo. Los individuos que logran mantenerse impasibles ante las adversidades son mucho más atractivos para los demás, porque demuestran confianza en sí mismos y una buena dosis de autocontrol.

Hábitos para saber calmarse incluso en las peores situaciones

Entonces, ¿cómo logramos mantener alejado el nerviosismo y el estrés?

Existen distintas técnicas de control emocional que pueden ayudarnos a gestionar los efectos psicofisiológicos del estrés y la ansiedad. Pero hay más: podemos también implementar ciertos hábitos positivos que nos pueden ayudar a calmarnos y evitar ser presos de los nervios, de la ira o de cualquier otra reacción que no conduce a nada bueno. 

Aplicándolos correctamente, evitaremos frustraciones, miedos, preocupaciones y enfados que puedan degenerar en problemas difíciles de resolver.

1. Pregúntate a ti mismo: ¿realmente vale la pena?

Nuestros pensamientos pueden ayudarnos a mejorar la situación. Pero cuidado, porque también pueden empeorarla. La clave aquí radica en hacernos las preguntas adecuadas, para así poder tener una buena perspectiva del conflicto.

  • ¿Es realmente importante? Muy simple. Haciéndonos esta pregunta podremos poner en contexto la situación que estamos viviendo. Tal vez no merezca la pena ponerse nervioso por una tontería.
  • ¿Me importará esto en 2 años? ¿O incluso en un par de semanas? Esta pregunta nos puede servir para relativizar mucho el problema que tenemos enfrente. Es muy útil a la hora de valorar si realmente tiene algún sentido perder los nervios o preocuparse en exceso por algo. Es probable que haciéndonos esta pregunta tomemos una perspectiva mucho más racional del asunto. ¿Dentro de dos semanas, tendrá alguna influencia esa preocupación en tu vida? Probablemente no.

2. Asume que la vida no tiene por qué ser un martirio

Si notas que te sumerges día tras día en pensamientos obsesivos sobre tus problemas, tal vez estás entrando en una espiral de negatividad y de pensamientos que te sumergen en un estado de constante nerviosismo.

¿Has probado a distraerte? Seguramente, si pones en tu vida un poco de diversión, tu mente te lo agradecerá. Hacer actividades que te gustan, pasar un rato con tus amigos y reírse de la vida es uno de los mejores remedios contra el nerviosismo y la preocupación.

Cuando una persona tiene una vida excitante, divertida y apasionante, no se detiene a pensar en las posibles preocupaciones que le rodean. Todos, absolutamente todos vivimos en una sociedad donde abundan las cosas que no nos gustan, incluso cosas que nos hieren. Hay que enfrentarse a las injusticias, pero es muy bueno para nuestra salud psicológica que aprendamos a despejar nuestra mente, quitándonos un poco la tendencia a dramatizar la vida.

Así pues, puede ayudarte dejar de sobreanalizar estos asuntos peliagudos y dedicar más tiempo a explorar lo bueno de la vida. Salir de la rutina negativa y de centrar toda la atención en las preocupaciones puede ser complicado, porque es una zona de confort. Pero si eres capaz de imponerte dinámicas positivas y hábitos saludables, la confianza en ti mismo aumentará y serás capaz de enfrentarte de forma mucho más sana a cualquier problema.

3. Pon humor a las situaciones complicadas

¿Qué más podemos hacer para intentar relajarnos en situaciones complejas?

Un buen truco es pensar de forma distinta a como lo hacemos normalmente. Añadir un poco de humor a las situaciones estresantes puede ser de gran ayuda para relativizar la importancia de los problemas.

Por ejemplo, pregúntate a ti mismo:

  • ¿Qué haría Doraemon en mi lugar?
  • ¿Qué diría mi abuela si me pudiera ver en esta situación estresante?
  • ¿Cómo actuaría [tu amigo más calmado y confiado] en esta circunstancia?

Esta clave para relajarse fácilmente te permite cambiar tu visión a una perspectiva divertida y desenfadada. Cuando estamos en un estado mental negativo (estresados, agotados, superados por la situación, malhumorados…) no viene nada mal desmitificar el mal momento a base de humor y de buenas vibraciones.

Todos estos consejos son útiles a la hora de mantener la calma en momentos complicados. Aplícalos a tu vida y es probable que todo mejore. ¡Suerte!

Xavier Molina-Psicólogo social Web origen: psicologiaymente

La regla del 40%: ¿Cómo seguir adelante cuando piensas que no puedes más?

 
Hay determinados momentos en la vida en los cuales parece imposible seguir adelante. En esos momentos es como si nuestras reservas de energía y esperanzas se hubiesen agotado, entonces el más mínimo paso nos parece una tarea titánica. Sin embargo, antes de tirar la toalla definitivamente, puedes hacer un último esfuerzo poniendo en práctica la regla del 40%.
 

El muro de los 30 kilómetros nos enseña el valor de la resistencia psicológica

 
Quienes hayan corrido alguna vez una maratón, deben conocer “el muro de los 30 kilómetros”. De hecho, la mayoría de los corredores se detienen en este punto en su primer maratón y son incapaces de ir más allá.
 
Lo curioso es que todo iba bien durante la carrera, pero de repente al corredor le sobreviene un enorme cansancio. En este punto las piernas no responden, sienten que su cuerpo pesa unos kilos más y la mente les dice basta.
 
Este fenómeno está provocado porque nuestro cuerpo tiene una reserva calórica de glucógeno que se termina aproximadamente a los 30 kilómetros de la carrera. Entonces entra en juego el entrenamiento psicológico, el poder de la mente.
 
De hecho, el muro de los 30 kilómetros no es un fenómeno meramente físico. También se ha apreciado que cuando el corredor comienza a notar la fatiga muscular y piensa que no podrá terminar la carrera, experimenta una enorme frustración, la cual disminuye los niveles de dopamina. Entonces sí resulta imposible terminar. 
 
Sin embargo, cuando el corredor logra sobrepasar esa barrera, tiene grandes probabilidades de terminar la maratón. En la vida cotidiana también llegamos a ciertos puntos en los cuales nos parece que tenemos ante nosotros una barrera infranqueable, nos parece que nos han abandonado las fuerzas y que no podremos seguir adelante. Sin embargo, se trata tan solo de una barrera psicológica.
 

La regla del 40%

 
Newt Gingrich, un político estadounidense, dijo que “la perseverancia es el trabajo duro que haces después del trabajo duro que ya has hecho”. Se trata de una frase genial porque captura la verdadera esencia de la perseverancia y la determinación.
 
En este sentido, resulta interesante la regla del 40% que siguen los NAVY Seal, quienes son famosos por su exigente entrenamiento físico que a menudo los lleva al límite de sus fuerzas. Según estos, las personas somos capaces de soportar mucho más de lo que pensamos y llegar más lejos de lo que nos proponemos. Según estos soldados, cuando nuestra mente nos dice “basta”, en realidad solo hemos logrado un 40% de lo que somos capaces. Por tanto, cuando estamos a punto de tirar la toalla, aún podemos recorrer y esforzarnos un 60% más.
 
Por supuesto, no se trata de tomar al pie de la letra ese porcentaje, sino tan solo de tener en mente que en muchas ocasiones de nuestra vida, cuando estamos a punto de abandonarlo todo, no se trata realmente de falta de energía sino tan solo de un bloqueo mental.
 
La regla del 40% es una herramienta muy sencilla que nos ayuda a revalorar nuestros límites y nos permite cambiar la perspectiva, nos enseña que si queremos realmente superar nuestros límites, tenemos que dar un paso más para demostrarle a nuestro cerebro que esa barrera es solo un fruto de nuestra imaginación.
 

¿Cómo aplicar esta regla?

 
El principal problema, cuando creamos una barrera psicológica, es que las frases positivas no son muy eficaces. De hecho, a veces pueden ser contraproducentes y terminan agobiándonos o frustrándonos aún más. Cuando sufrimos un bloqueo emocional, es difícil salir de esta con la racionalidad. Por eso, teniendo en mente que aún no hemos alcanzado todo nuestro potencial, solo tenemos que asegurarnos de ir paso a paso.
 
Si damos un paso a la vez, no nos asustaremos sino que nos daremos tiempo para recuperar el autocontrol. De hecho, el secreto radica en que no debemos centrarnos en la meta final, no debemos recordar cuántos kilómetros de la maratón nos faltan por recorrer sino que tan solo debemos pensar en los próximos pasos. De esta forma, poco a poco, iremos superando la barrera que nosotros mismos hemos creado.