7 cosas que las personas felices NO hacen

En la vida existen situaciones que escapan de nuestro control y pueden causarnos un gran dolor, sumirnos en la tristeza o generar una ira profunda. Nadie lo pone en duda y, antes o después, todos tendremos que experimentar esas vivencias. 
 
Sin embargo, hay personas que se centran solo en esos aspectos, y terminan creyendo que la vida es un rosario de lágrimas. Otras, al contrario, prefieren centrarse en las cosas que sí pueden controlar, prefieren apostar por ser felices o, al menos, intentarlo.
 
Si asumimos esta perspectiva, podemos comprender que ser felices es una decisión personal que debemos tomar todos los días. Y para lograrlo es imprescindible ser conscientes de esos comportamientos y actitudes que terminan amargándonos. 
 

¿Qué diferencia a las personas que apuestan por la felicidad?

 
1. Las personas felices abrazan el cambio. La gente infeliz le teme.
 
Abrazar el cambio es uno de los retos más difíciles que podemos enfrentar en la vida. A la mayoría de las personas les resulta más fácil quedarse a buen reparo en su zona de confort, donde saben perfectamente qué pueden esperar y tienen todo relativamente bajo control. Sin embargo, en esa zona languidece la felicidad porque ser feliz también es vivir experiencias nuevas, atreverse a ir más allá de nuestros límites y evolucionar constantemente. De hecho, la felicidad no está reñida con el miedo y la ansiedad sino que se entrelazan para permitirnos crecer.
 
2. Las personas felices hablan de ideas. La gente infeliz habla de los demás. 
 
Las personas felices se centran en sí mismas, se esfuerzan por clarificar lo que quieren y trazar el camino para alcanzarlo. De hecho, uno de los grandes secretos de la felicidad consiste en abandonar la crítica malsana, la necesidad enfermiza de estar pendientes de la vida de los demás y, sobre todo, la creencia de que somos superiores y podemos convertirnos en jueces de los comportamientos y actitudes ajenas. La gente infeliz, al contrario, se dedica a criticar a los demás, por lo que pierde una energía valiosísima que podría utilizar para mejorar sus vidas.
 
3. Las personas felices asumen la responsabilidad por sus errores. La gente infeliz culpa a los otros.
 
En nuestra sociedad existe la creencia de que los errores son algo negativo, por lo que resulta muy difícil que las personas los asuman de buena gana. Sin embargo, poner la culpa en los demás es el camino más directo a la infelicidad. Al contrario, las personas felices tienen un locus de control interno, por lo que son capaces de asumir la responsabilidad por sus acciones, sin sentir que han fracasado o cargar sobre sus espaldas con el fardo de la culpa. Estas personas comprenden que los errores son oportunidades de aprendizaje y los aprovechan para crecer. De esta forma, cuando se equivocan, en vez de llorar sobre la leche derramada o buscar un culpable, aprenden la lección y siguen adelante, con una caja de herramientas para la vida más completa.
 
4. Las personas felices perdonan. La gente infeliz guarda rencor.
 
Uno de los sentimientos más dañinos que podemos experimentar es el rencor, es como consumirse a fuego lento por voluntad propia. El rencor no solo nos hace infelices sino que además desencadena una serie de reacciones a nivel fisiológico que aumentan nuestra propensión a enfermar. Por eso, las personas felices saben que necesitan perdonar y seguir adelante. De hecho, el perdón es extremadamente liberador ya que nos impide ser prisioneros del pasado y nos permite vivir con plenitud el presente. Si no somos capaces de perdonar, seguiremos siendo prisioneros del rencor, nos ataremos a esa situación que tanto daño nos ha causado y que tanto mal nos sigue haciendo.
 
5. Las personas felices se centran en lo positivo. La gente infeliz solo ve las manchas en el sol.
 
Las personas felices no son optimistas ingenuos, al contrario, pueden llegar a ser muy realistas y son capaces de mantener sus expectativas bajo control. Sin embargo, prefieren centrarse en los aspectos positivos de las situaciones porque saben que así pueden automotivarse y sentirse mejor. Estas personas son conscientes de que el vaso está medio vacío, pero eligen centrarse en el hecho de que también está medio lleno. Al contrario, la gente infeliz se centra en los aspectos negativos de las situaciones, por lo que terminan desarrollando una visión pesimista del mundo que amarga sus días. Estas personas prefieren ver las manchas en el sol, en vez de apreciar el calor y la luz que nos regala. 
 
6. Las personas felices aprovechan las oportunidades. La gente infeliz se queda de brazos cruzados lamentándose.
 
Una de las claves para tener una vida plena y ser felices consiste en aprovechar las oportunidades. Las personas felices lo saben y siempre están dispuestas a tomar en consideración diferentes alternativas. Estas personas saben que pueden equivocarse, pero prefieren arriesgarse que quedarse de brazos cruzados y después arrepentirse por no haber aprovechado la oportunidad. Al contrario, las personas infelices se regodean en su amargura y dejan pasar las oportunidades inventando continuamente excusas para después lamentarse por su “mala suerte”, sin darse cuenta de que son ellas quienes construyen su propio destino.
 
7. Las personas felices siguen sus propios sueños. La gente infeliz se ata a las opiniones de los demás.
 
Las personas felices sueñan como si fueran a vivir eternamente y viven como si fueran a morir mañana. Esto significa que tienen grandes planes para su futuro pero, a la vez, no dejan escapar el aquí y ahora. No posponen su felicidad ni la supeditan a una meta lejana sino que saben aprovechar las pequeñas cosas de su presente que les brindan alegría y satisfacción. Al contrario, la gente infeliz deja que sean los demás quienes dicten sus metas, dependen de sus opiniones y valoraciones. Y ese es el camino más directo hacia la insatisfacción, la amargura y el remordimiento es seguir la senda que han marcado los demás, dependiendo de sus opiniones. La clave de la auténtica felicidad consiste en saber qué necesitamos de verdad y tener el valor suficiente para luchar por ello.
 
Ya lo había dicho Benjamin Franklin: “la felicidad humana no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces en la vida, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.
 
web original: http://www.rinconpsicologia.com/

Cómo relajarse fácilmente, con 3 poderosos hábitos

Cómo relajarse fácilmente, con 3 poderosos hábitos

Algunas veces me preguntan cuál es la clave de la longevidad. ¿Podemos hacer algo para vivir más años? Distintos estudios, como este que fue publicado en The Atlantic, han sugerido que uno de los factores principales para predecir la longevidad es la ausencia de preocupaciones, estrés y tensión emocional. 

¿Cómo podemos lograr relajarnos?

Sí, se puede aprender a relajarse, y no es difícil. La habilidad para eliminar las preocupaciones de nuestra mente puede ser aprendida.

Mantener la cabeza fría y estar calmado en situaciones de especial tensión nos puede ayudar mucho en nuestra vida diaria. Las personas que no son capaces de calmarse en estas circunstancias suelen reaccionar de forma instintiva y poco racional, llegando a tener problemas graves. Cuando estamos en un estado de nervios, no somos capaces de valorar las consecuencias de nuestros actos, por lo que es de vital importancia que aprendamos a gestionar nuestras emociones y a relajarnos.

Esto también nos ayudará a sopesar la situación que tenemos entre manos, a hacernos una idea más nítida sobre cómo debemos actuar, y por supuesto a no hinchar en nuestra cabeza la magnitud del problema. En caso de que se produzca una discusión verbal, también podremos gestionar mejor nuestra implicación en ella.

Ventajas de saber gestionar los nervios

Si somos capaces de relajarnos en situaciones especialmente duras y estresantes, lograremos:

  • Mantener un mejor estado anímico, alejándonos del estrés psicológico y ahorrarnos conflictos con otras personas.
  • Ahorrar tiempo, esfuerzos y pensamientos en cosas que no nos aportan nada positivo.
  • Estar en concordancia con nuestros principios, y atraer hacia nosotros a personas que también son relajadas. Personas que viven la vida de una forma calmada y optimista, y que huyen de los conflictos.
  • Ser más atractivo. Los individuos que logran mantenerse impasibles ante las adversidades son mucho más atractivos para los demás, porque demuestran confianza en sí mismos y una buena dosis de autocontrol.

Hábitos para saber calmarse incluso en las peores situaciones

Entonces, ¿cómo logramos mantener alejado el nerviosismo y el estrés?

Existen distintas técnicas de control emocional que pueden ayudarnos a gestionar los efectos psicofisiológicos del estrés y la ansiedad. Pero hay más: podemos también implementar ciertos hábitos positivos que nos pueden ayudar a calmarnos y evitar ser presos de los nervios, de la ira o de cualquier otra reacción que no conduce a nada bueno. 

Aplicándolos correctamente, evitaremos frustraciones, miedos, preocupaciones y enfados que puedan degenerar en problemas difíciles de resolver.

1. Pregúntate a ti mismo: ¿realmente vale la pena?

Nuestros pensamientos pueden ayudarnos a mejorar la situación. Pero cuidado, porque también pueden empeorarla. La clave aquí radica en hacernos las preguntas adecuadas, para así poder tener una buena perspectiva del conflicto.

  • ¿Es realmente importante? Muy simple. Haciéndonos esta pregunta podremos poner en contexto la situación que estamos viviendo. Tal vez no merezca la pena ponerse nervioso por una tontería.
  • ¿Me importará esto en 2 años? ¿O incluso en un par de semanas? Esta pregunta nos puede servir para relativizar mucho el problema que tenemos enfrente. Es muy útil a la hora de valorar si realmente tiene algún sentido perder los nervios o preocuparse en exceso por algo. Es probable que haciéndonos esta pregunta tomemos una perspectiva mucho más racional del asunto. ¿Dentro de dos semanas, tendrá alguna influencia esa preocupación en tu vida? Probablemente no.

2. Asume que la vida no tiene por qué ser un martirio

Si notas que te sumerges día tras día en pensamientos obsesivos sobre tus problemas, tal vez estás entrando en una espiral de negatividad y de pensamientos que te sumergen en un estado de constante nerviosismo.

¿Has probado a distraerte? Seguramente, si pones en tu vida un poco de diversión, tu mente te lo agradecerá. Hacer actividades que te gustan, pasar un rato con tus amigos y reírse de la vida es uno de los mejores remedios contra el nerviosismo y la preocupación.

Cuando una persona tiene una vida excitante, divertida y apasionante, no se detiene a pensar en las posibles preocupaciones que le rodean. Todos, absolutamente todos vivimos en una sociedad donde abundan las cosas que no nos gustan, incluso cosas que nos hieren. Hay que enfrentarse a las injusticias, pero es muy bueno para nuestra salud psicológica que aprendamos a despejar nuestra mente, quitándonos un poco la tendencia a dramatizar la vida.

Así pues, puede ayudarte dejar de sobreanalizar estos asuntos peliagudos y dedicar más tiempo a explorar lo bueno de la vida. Salir de la rutina negativa y de centrar toda la atención en las preocupaciones puede ser complicado, porque es una zona de confort. Pero si eres capaz de imponerte dinámicas positivas y hábitos saludables, la confianza en ti mismo aumentará y serás capaz de enfrentarte de forma mucho más sana a cualquier problema.

3. Pon humor a las situaciones complicadas

¿Qué más podemos hacer para intentar relajarnos en situaciones complejas?

Un buen truco es pensar de forma distinta a como lo hacemos normalmente. Añadir un poco de humor a las situaciones estresantes puede ser de gran ayuda para relativizar la importancia de los problemas.

Por ejemplo, pregúntate a ti mismo:

  • ¿Qué haría Doraemon en mi lugar?
  • ¿Qué diría mi abuela si me pudiera ver en esta situación estresante?
  • ¿Cómo actuaría [tu amigo más calmado y confiado] en esta circunstancia?

Esta clave para relajarse fácilmente te permite cambiar tu visión a una perspectiva divertida y desenfadada. Cuando estamos en un estado mental negativo (estresados, agotados, superados por la situación, malhumorados…) no viene nada mal desmitificar el mal momento a base de humor y de buenas vibraciones.

Todos estos consejos son útiles a la hora de mantener la calma en momentos complicados. Aplícalos a tu vida y es probable que todo mejore. ¡Suerte!

Xavier Molina-Psicólogo social Web origen: psicologiaymente

Detrás de tu desorden puede esconderse un genio creativo

Vivimos en un mundo bastante predecible. Casi todo se encuentra perfectamente embalado y sistematizado. Y la sociedad se encarga de perpetuar la organización, en todos los sentidos de la palabra.
 
De hecho, en Occidente amamos el orden y la simetría. Esa pasión se desvela, por ejemplo, en nuestros jardines y construcciones, perfectamente simétricos. Sin embargo, en la cultural oriental la simetría no es tan importante porque son conscientes de que es algo raro en la naturaleza. En el budismo se enseña a aceptar y abrazar el caos, como parte inherente del universo. 
 
Desde esta perspectiva, el orden y la simetría en realidad son una ilusión. Una ilusión que nos permite darle cierto sentido al mundo, eliminar en cierta medida el caos y asirnos a un poco de certidumbre. Por eso, en nuestra sociedad a menudo las personas desorganizadas son estigmatizadas, creemos que se trata de gente apática, perezosa o incluso desequilibrada. Pero no es así, o al menos no siempre.
 

Tres ideas fundamentales sobre el desorden y el caos que debemos entender

 
1. El caos no implica, necesariamente, ausencia de orden
 
Solemos pensar que el caos es la ausencia de orden. Sin embargo, José Saramago rompió con este estereotipo al afirmar: “el caos es un orden aún por descifrar”. De hecho, el orden y el desorden pueden ser conceptos muy relativos.
 
Un escritorio aparentemente desordenado, por ejemplo, puede esconder un sistema de priorización y acceso muy eficaz. En estos escritorios normalmente las cosas más urgentes se encuentran más cerca de la persona y en la parte superior, por lo que esta no las puede ignorar. En otras palabras, el hecho de que no entendamos la forma de las personas de organizar su flujo de trabajo, no significa que exista desorden.
 
2. Un poco de desorganización potencia la creatividad
 
Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Minnesota descubrió que los ambientes saturados de cosas en realidad estimulan la creatividad. En uno de los experimentos estos psicólogos les pidieron a los participantes que encontraran nuevas maneras de utilizar una pelota de ping pong. A la mitad de ellos se les hizo pasar a una habitación ordenada, y al resto a una habitación desordenada. Ambos grupos presentaron la misma cantidad de ideas, pero las más originales provinieron de las personas que estuvieron dentro de la habitación desordenada. 
 
Todo parece indicar que, quizá tener un poco de desorden a nuestro alrededor nos recuerda que el mundo no es tan estructurado y preciso como pensamos y que romper las reglas y pensar de manera diferente no es malo. Así, el cerebro tendría vía libre para realizar nuevas asociaciones y encontrar ideas poco convencionales, es como si el desorden nos alentara a dejar de ejercer ese férreo control sobre nuestro pensamiento, dejando que fluyan nuevas ideas.
 
3. El desorden solo indica que existen prioridades diferentes
 
Hace tan solo unos años salieron a la luz las imágenes que tomó el fotógrafo Ralph Morse de la casa de Albert Einstein, justo después de que este muriera. Una de ellas asombró al mundo: el desorden que había en su despacho.

Por supuesto, Einstein no ha sido el único genio creativo que trabajaba rodeado de desorden, Mark Twain lo superaba, por ejemplo. Y es que a menudo el desorden no es más que una expresión de personas a las que no les preocupa seguir el status quo, se trata de personas que valoran la espontaneidad y que son capaces de captar el cuadro completo, sin preocuparse por los detalles. Estas personas prefieren invertir su tiempo en otras tareas, en vez de preocuparse por poner orden a su alrededor.

 

Un perfecto caos organizado

 
Por supuesto, este artículo no es una oda al desorden, aunque lo parezca :) Y tampoco significa que todas las personas desorganizadas puedan llegar a ser genios creativos. Detrás del desorden también se puede esconder la pereza y la falta de disciplina.
 
De hecho, no se trata de permitir que todos los aspectos de nuestras vidas se suman en el caos más absoluto. La organización también puede ser necesaria, conveniente e incluso hermosa. La clave radica en encontrar un orden caótico, o un caos organizado, que nos permita desarrollar al máximo nuestro potencial.

7 milagros que ocurren cuando empiezas a creer en ti

 
Cuando somos pequeños pensamos que nuestro potencial es ilimitado. Cuando le preguntamos a un niño qué quiere ser de mayor, sus respuestas a menudo nos sorprenden. Sin embargo, a medida que crecemos y comenzamos a escuchar a las personas que nos rodean, dejamos de creer en nosotros. El miedo al fracaso y la necesidad de aferrarnos a las seguridades hacen que perdamos la confianza en nosotros mismos.
 
Sin embargo, la autoconfianza es el ingrediente principal del éxito. Si no confiamos en nuestras potencialidades estamos condenados al fracaso, incluso antes de empezar. Por eso, desarrollar la autoconfianza, aprender a apostar por nosotros, es uno de los mayores regalos que podemos hacernos. Y en ese momento, ocurren pequeños milagros a nuestro alrededor:
 
1. Criticas menos a los demás
 
Los juicios y las críticas en realidad reflejan más a la persona que los hace que a quien los recibe. Quienes pasan gran parte de su tiempo juzgando a los demás tienen poco tiempo para crecer como personas. Por eso, cuando empleas parte de tu energía en desarrollar la autoconfianza, te conviertes en una persona menos crítica, dejas de enfocarte en los demás para centrarte en ti. En ese momento, expandes tus horizontes y te conviertes en una persona de mente más flexible y abierta.
 
2. Inventas menos excusas y haces más
 
“No tengo tiempo” es la principal excusa que inventan las personas para no emprender nuevos proyectos o perseguir sus sueños. En realidad, en el fondo solo esconde el miedo a fracasar y la falta de autoconfianza. Por eso, cuando comienzas a confiar en ti, esta excusa desaparece y te conviertes en una persona proactiva, que toma la iniciativa y se atreve a hacer lo que de verdad le apasiona. Ya lo había dicho Henry Ford: “tanto si piensas que puedes hacerlo, como si piensas que no puedes hacerlo, en ambos casos estás en lo cierto”.
 
3. Te conviertes en una persona perseverante
 
Si no crees en ti, abandonarás ante el primer obstáculo porque este se convertirá en la confirmación de tus peores temores. Sin embargo, cuando tienes confianza en lo que puedes lograr, los obstáculos se convierten en oportunidades para aprender y redefinir tu estrategia. Sin darte cuenta, la autoconfianza te convierte en una persona perseverante, en alguien que no se desanima ante la adversidad. Comprendes que a veces la vida no te dice “basta” sino “detente y cobra fuerzas”.
 
4. Instas a los demás a creer en ti
 
Si no confiamos en nosotros, ¿cómo podemos pretender que los demás lo hagan? Al contrario, si transmitimos confianza y seguridad, los demás lo percibirán y terminarán confiando en nosotros. Si los demás ven que no inventamos excusas sino que nos ponemos manos a la obra, tarde o temprano terminarán contagiados con nuestro entusiasmo y optimismo. 
 
5. Asumes una actitud más objetiva ante las críticas
 
A nadie le gusta que le critiquen. Sin embargo, las personas exitosas son capaces de extraer lo positivo de las críticas para reencauzar su estrategia o cambiar sus puntos de vista. Y solo pueden hacerlo porque tienen una base emocional sólida, porque comprenden que las críticas no son un ataque a su persona y no se defienden de ellas sino que las asumen para mejorar. La autoconfianza te da la seguridad necesaria para enfrentar las críticas y salir fortalecidos de ellas, en vez de dejar que te dañen y socaven tu autoestima. De hecho, Earl Grey Stevens afirmó que “la confianza no proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abiertos a todas las preguntas“.
 
6. Desarrollas un mayor autocontrol y disciplina
 
Desarrollar la autoconfianza implica iniciar un viaje de descubrimiento del “yo”. Invariablemente, ese viaje te conducirá a la mejor versión de ti. De hecho, confiar en ti no solo implica un acto de empoderamiento sino que también acarrea una enorme responsabilidad. Cuando eres consciente de que muchas de las cosas que quieres solo dependen de tu esfuerzo, te conviertes en una persona más disciplinada y potencias el autocontrol porque comprendes que estas son las herramientas que usarás cada día para lograr tus sueños. 
 
7. Aumenta tu potencial de éxito
 
Cuando comienzas a confiar en tus potencialidades, es como si se abriese ante ti un nuevo universo de posibilidades. Cuando dejas de ponerte límites, comprendes verdaderamente qué es lo que quieres. En ese momento, no debes asombrarte si notas que el universo se alinea y trabaja a tu favor. En realidad no se trata de un milagro cósmico, el universo ya estaba a tu favor antes, solo que tus barreras mentales te impedían ver las oportunidades que ahora puedes aprovechar.

La regla del 40%: ¿Cómo seguir adelante cuando piensas que no puedes más?

 
Hay determinados momentos en la vida en los cuales parece imposible seguir adelante. En esos momentos es como si nuestras reservas de energía y esperanzas se hubiesen agotado, entonces el más mínimo paso nos parece una tarea titánica. Sin embargo, antes de tirar la toalla definitivamente, puedes hacer un último esfuerzo poniendo en práctica la regla del 40%.
 

El muro de los 30 kilómetros nos enseña el valor de la resistencia psicológica

 
Quienes hayan corrido alguna vez una maratón, deben conocer “el muro de los 30 kilómetros”. De hecho, la mayoría de los corredores se detienen en este punto en su primer maratón y son incapaces de ir más allá.
 
Lo curioso es que todo iba bien durante la carrera, pero de repente al corredor le sobreviene un enorme cansancio. En este punto las piernas no responden, sienten que su cuerpo pesa unos kilos más y la mente les dice basta.
 
Este fenómeno está provocado porque nuestro cuerpo tiene una reserva calórica de glucógeno que se termina aproximadamente a los 30 kilómetros de la carrera. Entonces entra en juego el entrenamiento psicológico, el poder de la mente.
 
De hecho, el muro de los 30 kilómetros no es un fenómeno meramente físico. También se ha apreciado que cuando el corredor comienza a notar la fatiga muscular y piensa que no podrá terminar la carrera, experimenta una enorme frustración, la cual disminuye los niveles de dopamina. Entonces sí resulta imposible terminar. 
 
Sin embargo, cuando el corredor logra sobrepasar esa barrera, tiene grandes probabilidades de terminar la maratón. En la vida cotidiana también llegamos a ciertos puntos en los cuales nos parece que tenemos ante nosotros una barrera infranqueable, nos parece que nos han abandonado las fuerzas y que no podremos seguir adelante. Sin embargo, se trata tan solo de una barrera psicológica.
 

La regla del 40%

 
Newt Gingrich, un político estadounidense, dijo que “la perseverancia es el trabajo duro que haces después del trabajo duro que ya has hecho”. Se trata de una frase genial porque captura la verdadera esencia de la perseverancia y la determinación.
 
En este sentido, resulta interesante la regla del 40% que siguen los NAVY Seal, quienes son famosos por su exigente entrenamiento físico que a menudo los lleva al límite de sus fuerzas. Según estos, las personas somos capaces de soportar mucho más de lo que pensamos y llegar más lejos de lo que nos proponemos. Según estos soldados, cuando nuestra mente nos dice “basta”, en realidad solo hemos logrado un 40% de lo que somos capaces. Por tanto, cuando estamos a punto de tirar la toalla, aún podemos recorrer y esforzarnos un 60% más.
 
Por supuesto, no se trata de tomar al pie de la letra ese porcentaje, sino tan solo de tener en mente que en muchas ocasiones de nuestra vida, cuando estamos a punto de abandonarlo todo, no se trata realmente de falta de energía sino tan solo de un bloqueo mental.
 
La regla del 40% es una herramienta muy sencilla que nos ayuda a revalorar nuestros límites y nos permite cambiar la perspectiva, nos enseña que si queremos realmente superar nuestros límites, tenemos que dar un paso más para demostrarle a nuestro cerebro que esa barrera es solo un fruto de nuestra imaginación.
 

¿Cómo aplicar esta regla?

 
El principal problema, cuando creamos una barrera psicológica, es que las frases positivas no son muy eficaces. De hecho, a veces pueden ser contraproducentes y terminan agobiándonos o frustrándonos aún más. Cuando sufrimos un bloqueo emocional, es difícil salir de esta con la racionalidad. Por eso, teniendo en mente que aún no hemos alcanzado todo nuestro potencial, solo tenemos que asegurarnos de ir paso a paso.
 
Si damos un paso a la vez, no nos asustaremos sino que nos daremos tiempo para recuperar el autocontrol. De hecho, el secreto radica en que no debemos centrarnos en la meta final, no debemos recordar cuántos kilómetros de la maratón nos faltan por recorrer sino que tan solo debemos pensar en los próximos pasos. De esta forma, poco a poco, iremos superando la barrera que nosotros mismos hemos creado.