5 ventajas insospechadas de ser el hermano menor

El orden en el que nacemos influye en nuestras características de personalidad. De todos los hermanos, los más pequeños generalmente son señalados como más problemáticos, irresponsables y demandantes de atención. De hecho, a menudo los padres no esperan mucho de los hijos menores y ponen sus esperanzas en sus vástagos mayores. A esto se le suma que durante toda su infancia y parte de la adolescencia son un blanco fácil de las bromas y travesuras de sus hermanos mayores. Sin duda, esto terminará moldeando su personalidad y su forma de reaccionar ante las situaciones.
 
Sin embargo, investigaciones recientes demuestran que los hermanos menores en realidad no son la oveja negra de la familia y pueden tener mucho éxito, un éxito que podría estar determinado en gran medida por las situaciones familiares con las que ha tenido que lidiar durante su infancia. 
 
1. Tienen un espíritu más aventurero
 
A diferencia de los primogénitos, quienes normalmente asumen el rol de líder frente a sus hermanos, los más pequeños se ven obligados a encontrar su propio papel, primero en el seno de la familia y más tarde en la vida. 
 
Lo interesante es que para encontrar su lugar y hacer valer sus talentos, los hermanos más pequeños se ven obligados a experimentar y salir de su zona de confort desde muy temprano. Por eso, es probable que se conviertan en personas más abiertas a las nuevas experiencias, dispuestas a asumir retos y a explorar. 
 
2. Son más simpáticos
 
Eddie Murphy, Stephen Colbert, Jennifer Lawrence y Tina Fey tienen dos cosas en común: son los hermanos más pequeños de la familia y son muy simpáticos. Sin embargo, no se trata de una coincidencia.
 
Un estudio realizado en el Reino Unido desveló que los hermanos menores suelen considerarse más divertidos mientras que los mayores se ven a sí mismos como más serios. Una teoría apunta a que esa capacidad para hacer reír a los demás se debe a que los hermanos más pequeños necesitaban llamar la atención de los padres y los demás miembros de la familia, y es probable que aprendieran a hacerlo a base de simpatía.
 
3. Suelen sentirse más relajados
 
Los hermanos menores suelen abrazar un estilo de vida más relajado y lidian mejor con el estrés, lo cual se debe, al menos en parte, a que los padres han adoptado con ellos un estilo educativo mucho más relajado, muestran una actitudlaissez-faire que no tuvieron con el primer hijo.
 
De hecho, los padres suelen comportarse de forma sobreprotectora con los hijos mayores y les sobrecargan de responsabilidades mientras que asumen un estilo más permisivo con los hijos menores. Esto hace que los pequeños se sientan más libres y puedan asumir la vida desde una perspectiva más relajada.
 
4. Son excelentes en las relaciones interpersonales
 
Los primogénitos suelen ser más asertivos, pero los hermanos más pequeños suelen ser más sociables y amantes de la diversión. Una vez más, esta característica se la deben al hecho de que se vieron obligados a encontrar su papel en la familia, a que han tenido que aprender a gestionar por sí solos diferentes situaciones y hasta se han visto obligados a “manipular” un poco a sus padres.
 
Por eso, los hermanos más pequeños suelen ser muy buenos haciendo amigos y hacen gala de una excelente Inteligencia Interpersonal. De hecho, también tienen un don especial para lograr poner a las personas de su parte, lo cual no es extraño ya que en las peleas con sus hermanos probablemente tuvieron que luchar mucho para convencer a sus padres de que la culpa no era suya.
 
5. Son más creativos
 
Como norma, los hermanos mayores suelen tener un cociente intelectual ligeramente superior, pero sus hermanos más pequeños tienen la ventaja creativa. Los últimos que han llegado a la familia a menudo evitan los caminos que ya han recorrido los hermanos mayores, por lo que necesitan desplegar toda su creatividad.
 
Los más pequeños desarrollan nuevos intereses y conocimientos que no se miden en las pruebas de inteligencia convencionales. Por eso, se ha apreciado que los hijos más pequeños prefieren profesiones más creativas, como el diseño, la arquitectura, la escritura o el arte, mientras que los mayores optan por profesiones más convencionales.
 
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10 cosas condenadas por la sociedad que los padres deben enseñarles a sus hijos

Dicen que los hijos se parecen más a su generación que a sus padres. De hecho, el mundo y la sociedad se empeñan en moldear a los niños para convertirlos en adultos “en serie”, a imagen y semejanza del resto, en un proceso a través del cual les arrebatan parte de su individualidad.

No cabe duda de que todos reflejamos la época que nos tocó vivir y la sociedad en la que hemos crecido. Sin embargo, los padres también pueden poner su granito de arena. Los valores y las actitudes que se aprenden en casa perduran, de una forma u otra, y pueden convertirse en tesoros muy valiosos que guíen a los niños hacia una vida más plena.

 

Las enseñanzas contracorriente que deberías transmitirles a tus hijos

 
1. A ser diferentes. En una sociedad que ensalza la estandarización, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos el increíble valor de la diferencia. Que les explicaran que para ser diferentes no es necesario tatuarse, pintarse el pelo de tres colores o colocarse piercings en los sitios más insospechados sino a distinguirse por sus ideas, actitudes y opiniones. Los padres no deberían imponer sus criterios, sino motivar a sus hijos a buscar información y a pensar por sí mismos, deberían instarles a no seguir la tendencia ideológica de turno sino a formarse sus propias ideas, aunque difieran de la masa.
 
2. A respetar a los demás. En una sociedad que marcha a pasos agigantados hacia la deshumanización, me gustaría que los padres fueran capaces de enseñarles a sus hijos que no son el centro del universo y que no pasa nada por compartir el mundo con otros 7.300 millones de personas que tienen sus mismos derechos. Si los niños aprenden desde pequeños que sus decisiones, actitudes y comportamientos pueden matar las ilusiones y los sueños de los demás, se convertirán en adultos más sensibles. Por eso, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a tratar a los demás como les gustaría que les trataran. Con eso bastaría para que el mundo de mañana fuese un poco mejor.
 
3. A apasionarse. En una sociedad donde cada vez más personas viven con las cabezas metidas en las pantallas y pasan horas en mundos virtuales, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos que el mundo que se puede oler y tocar está esperándoles, al alcance de su mano. Me gustaría que los padres alimentaran la curiosidad innata de los niños hasta convertirla en una auténtica pasión. No importa hacia qué, la botánica o la astrología, basta con que puedan entusiasmarse y vibrar por algo que enriquezca su vida y que esta no se limite simplemente al trabajo o a hacer y desear lo que hacen y desean los demás. Ese sería un regalo extraordinario.
 
4. A luchar por lo que quieren. En una sociedad que crea necesidades ficticias continuamente a través del marketing más agresivo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a establecer sus propias necesidades, a saber cuáles son sus sueños y, sobre todo, a luchar por alcanzarlos. Me gustaría que los padres les dieran las herramientas para no darse por vencidos, que les enseñaran que cada error es un aprendizaje y que los pasos en falso en realidad les acercan a su meta. Los padres deberían enseñarles a sus hijos a luchar por sus ilusiones, a no dejárselas arrebatar por personas que están demasiado cómodas en su zona de confort y no quieren que los demás crezcan. Solo de esta manera, al final de sus vidas, podrán darse por satisfechos.
 

5. A asumir su responsabilidad. En una sociedad donde la responsabilidad se diluye nivel por nivel y todos la rehuyen como si fuera la peste, porque es más fácil culpar a los demás que hacer examen de conciencia, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a tomar las riendas de su vida y asumir la responsabilidad por sus acciones. Me gustaría que les enseñaran que muchas veces, para obtener algo, es necesario hacer sacrificios. También deberían enseñarles a no culpar al destino, a la suerte o a los demás por sus errores, y a pedir perdón cuando se equivocan.

6. A no juzgar a los demás. En una sociedad donde todo está perfectamente etiquetado y catalogado, donde la comparación se convierte en un arma de doble filo, es difícil no emitir juicios de valor. Sin embargo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a no juzgar a los demás, a no creerse superiores y, sobre todo, a no burlarse de ellos. Nadie puede comprender realmente a otra persona hasta que no ha caminado con sus zapatos durante mucho tiempo. Por eso, educar a los niños en la aceptación y la comprensión les enseñará a ser humildes, pero también les preparará para defender sus derechos y no permitir que los demás pasen por encima de ellos.
 

7. A asumir riesgos. En una sociedad que nos ha transmitido la idea errónea de que podemos tener todo lo que deseemos sin renunciar a nada y con el mínimo esfuerzo posible, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos que cada decisión siempre implica una renuncia, en uno u otro sentido, porque por cada camino que elegimos, siempre hay un camino que abandonamos. Los padres deberían enseñarles a sus hijos a aceptar que existe la posibilidad de perder, así dejarán de tenerle miedo al fracaso y podrán asumir nuevos desafíos con la menta abierta y el corazón dispuesto.

8. A ser flexibles. En una sociedad azotada por la rigidez, tanto a nivel político como religioso y de pensamiento, una lacra que provoca continuamente nuevos conflictos, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a ser flexibles, a comprender que todo está en continuo movimiento y que la inmovilidad es tan solo una falsa ilusión. Al enseñarles a ver la vida en movimiento también les animan a abrazar la incertidumbre, a abrirse a los acontecimientos y estar preparados para afrontarlos. De esta forma los niños también aprenderán a priorizar y sabrán cuándo es el momento de cambiar sus metas y redirigir sus esfuerzos en otra dirección. 

 
9. A dar sin pretender nada a cambio. En una sociedad donde la mayoría de las personas piensan que una mano lava la otra y ambas limpian la cara, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a dar sin esperar nada a cambio, por el simple placer que implica ser generosos. No se trata de convertirlos en personas serviles, sino en enseñarles el increíblevalor de la generosidad y de estimular el deseo de compartir. También se trata de enseñarles su valor como personas, para que no se dejen comprar, sobornar ni pretendan pasar por encima de los demás.
 

10. A asumir que la vida no es justa. En una sociedad que muchas veces premia a quien menos lo merece y que destilapositivismo ingenuo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos el valor del realismo, que les enseñaran a levantarse cada vez que caen. Educar en la resiliencia significa enseñarles que la vida no siempre será justa, pero a pesar de ello vale la pena seguir avanzando porque esos reveses pueden hacerles más fuertes. De esta forma aprenderán a no lamentarse cada vez que surja un problema sino que pondrán manos a la obra para encontrar una solución.

Por supuesto, el camino no es sencillo y es probable que te equivoques mientras lo recorres pero lo más importante es educar desde la humildad, el respeto y el amor, teniendo en cuenta que una vez que una mente se abre a una nueva idea, jamás vuelve a ser la misma. Por tanto, disfruta de tus hijos e intenta sacar la mejor versión de ellos, esas cualidades que los hacen únicos y especiales.

 

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​¿Por qué algunos niños pueden ser capaces de matar?

 ​¿Por qué algunos niños pueden ser capaces de matar?
 

José Rabadán, tenía 16 años y mató a sus padres y a su hermana, disminuida psíquica, con una katana, porque pensó que de esa forma podría hacer su vida tranquilo. Raquel e Iria, de 17 y 16, mataron a una compañera de clase porque querían descubrir lo que se sentía al matar y hacerse conocidas.

Javier Rosado, de 21 años, junto con un amigo de 17, mató a un transeúnte seleccionado al azar. “El Nano”, de 13 años mató de una pedrada a un amigo de 10, porque éste último le había insultado. Antonio Molina, de 14 años arrojó a su hermanastra de 6 por una tubería de distribución de agua donde murió asfixiada, porque sentía celos de ella. Enrique Cornejo y Antonio Aguilar, de 16 años ambos, violaron y apuñalaron a un niño de 11.

Niños asesinos: datos y explicación desde la Psicología

A pesar de que cada caso es único y cada autor tuvo motivos distintos para llevarlos a cabo, todos tienen elementos comunes: los crímenes fueron cometidos por menores de edad y tuvieron lugar en España.

Por supuesto, los mencionados no son los únicos casos de asesinatos llevados a cabo por menores que han ocurrido en el país, existen más, aunque estos han pasado a la historia por la violencia ejercida y las motivaciones de los autores.

¿Por qué un menor de edad comete un crimen de esta magnitud?

Resulta escalofriante pensar que desde una edad tan temprana,  los menores pueden llegar a cometer actos de tal violencia, como la manifestada en los casos expuestos anteriormente y la pregunta que nos hacemos ante estos hechos es: ¿Cómo puede llegar un menor a experimentar tales actos de violencia?

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Evidencias científicas: desde la personalidad hasta los conflictos emocionales

Los expertos que estudian estos fenómenos violentos alegan diversas causas. Echeburúa relata dos posibles hipótesis al respecto, una de ellas defiende una impulsividad extrema causada por un daño cerebral que afecta a los mecanismos que regulan la conducta y, la otra, hace referencia a una vulnerabilidad de tipo biológico o psicológico.

Por su parte, el profesor de la Universitat de Barcelona  Antonio Andrés Pueyo alude a factores de personalidad y de oportunidad. Este autor defiende que en determinadas situaciones emocionales se desencadenan una serie de actos violentos que pueden acabar en un homicidio sin que haya mediado previamente el deseo de matar. Otras teorías afirman que los predictores que explican la violencia en general, también son explicativos para los casos en que se llega al asesinato u homicidio. 

Algunos de estos factores serían: factores perinatales,  estilos educativos y de crianza muy rígidos o permisivos, no haber desarrollado un buen apego en la primera infancia, bajo autocontrol, bajo rendimiento académico, vivir en zonas conflictivas, tener actitudes antisociales, haber sido víctimas de maltrato o abusos sexuales en la infancia, consumo de alcohol y drogas y problemas o trastornos psicológicos, como por ejemplo son: el trastorno de personalidad antisocial o la psicopatía.

Trastornos psicológicos de fondo

En estos últimos, los problemas psicológicos se apoyan otras corrientes teóricas que afirman quelos trastornos psicológicos son los factores que marcan la diferencia entre quienes matan y aquellos que no lo hacen a pesar de estar expuestos a los mismos factores de riesgo (Farrington, 2012).

Otros factores que también han sido objeto de observación son el temperamento de los menores, el desarrollo moral, la autoestima, y la ausencia de empatía, aunque no debe olvidarse, que una adecuada y correcta educación puede minimizar los efectos nocivos que el ambiente y la predisposición genética puedan tener en el menor y reducir de este modo la predisposición a cometer actos violentos.

Dato: 54% de los menores homicidas sufren un desorden de personalidad

Un estudio llevado a cabo en España con niños y adolescentes condenados por homicidio, arroja datos muy reveladores con respecto a este tema: un 54% de aquellos que habían cometido un homicidio padecía un trastorno de la personalidad o conducta antisocial, un 4% había cometido el asesinato bajo los efectos de un brote psicótico y el 42% restante, eran chicos y chicas normales que vivían en familias aparentemente normalizadas.

La conclusión a este fenómeno, como puede observarse, no es clara y la literatura que encontramos al respecto es variada y alude a varios factores que convergen y desencadenan en un hecho de violencia extrema, como el homicidio. Por lo que no podemos hablar aisladamente de oportunidad para el crimen, factores psicológicos, genéticos o ambientales, sino de la confluencia de ellos. Y siempre tener presente, al igual que concluía Heide que los menores asesinos tienden a tener una historia previa de delitos o conductas antisociales.

Nuria Guzmán RamírezNuria Guzmán Ramírez-Psicóloga web origen: psiologiaymente

6 razones por las que debes hablar de sexo con tus hijos

6 razones por las que debes hablar de sexo con tus hijos

Mientras en la sociedad occidental el sexo está dejando de ser un tema tabú, en muchos hogareshablar sobre ello todavía es un tema complicado. El sexo aparece en la televisión, en el cine, en las revistas e incluso los carteles publicitarios, pero de puertas para dentro, sigue siendo un tema incómodo y vergonzoso, y muchos padres se resisten a tener este tipo de conversaciones con sus hijos.

El mundo está cambiando mucho en las últimas décadas debido a las nuevas tecnologías y la exposición y repercusión mediática que tiene el sexo, hace necesario una correcta educación sexual desde los distintos agentes educativos, especialmente desde la familia. La forma clásica de practicar sexo ha ido dejando paso a formas más diversificadas de relacionarnos sexualmente.

Un estudio confirma la importancia de hablar de sexo en la familia

Si eres padre te interesará saber que un reciente estudio ha demostrado que hablar con tus hijos sobre sexo es beneficioso para ellos. Esto es especialmente importante para los adolescentes, pues tratar el sexo como algo prohibido puede condicionarles de manera negativa para el resto de sus vidas. La correcta educación sexual puede prevenir enfermedades de trasmisión sexual, trastornos sexuales, mejorar las relaciones de pareja en el futuro, etc., es decir, puede mejorar la salud tanto emocional como física de tus hijos y afectar positivamente a su bienestar futuro.

Un estudio llevado a cabo por Laura Widman de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y publicado en JAMA Pediatrics afirma que hablar de sexo con los padres, especialmente con las madres, tiene un efecto positivo en el comportamiento sexual más seguro de los adolescentes, especialmente entre las chicas. Para realizar el estudio se revisaron 52 estudios de los últimos 30 años en los que habían participado más de 25.000 adolescentes.

La comunicación sobre sexo entre padres e hijos favorece el sexo seguro

Los resultados del estudio realizado por Widman y sus colaboradores confirman el efecto positivo de las charlas padre-hijo respecto al sexo. La asociación entre la comunicación con los padres y la utilización de métodos contraceptivos en adolescentes sería significativamente más frecuente en mujeres que hombres. Por tanto, las conversaciones centradas en estos temas son un factor de protección para la juventud y es la mejor manera de prevenir conductas sexuales que pueden afectar a la salud mental y física y al bienestar de los adolescentes.

Las malas prácticas sexuales y las conductas asociadas a actitudes de riesgo es un importante problema debido al riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. Por eso, la comunicación entre padres y adolescentes es uno de los factores que podría provocar unas relaciones sexuales más seguras entre jóvenes, incluyendo el uso de anticonceptivos. Por desgracia, esto no siempre ocurre debido a la vergüenza o al desconocimiento.

Hablar de sexo con tus hijos es protegerles

Laura Witman, la directora del estudio, explica: “Hablar de sexo con tus hijos es una manera de protegerles. Empezar este tipo de conversaciones, pese a que puedan parecer un poco incómodas, van a ayudar a tu hijo y van a hacerle sentir que pueden confiar en ti”. Además, Witman añade: “En el estudio hemos encontrado que los hijos de los padres que les hablaban sobre temas como los preservativos o las enfermedades de transmisión sexual, eran más propensos a tomar precauciones durante el acto sexual”.

La autora del estudio también explica que la razón por la que las charlas sobre sexo en la familia son más productivas entre madre-hija es porque las mujeres tienen más facilidad a la hora de comunicarse que los chicos y los hombres. Por otro lado, “también podría ser que la sociedad sea más protectora con las chicas en este sentido, por eso los padres procuran protegerlas”. 

Respecto al papel de los padres en las conversaciones sobre sexo: “Realmente hay poca investigación en esta línea que esté centrada específicamente en los padres. Aún y así, este estudio envía un mensaje a los padres: lo que éstos digan a sus hijos, importa”, dice Witman.

Razones por las que hablar de sexo con tus hijos

A muchos padres todavía les resulta complicado dar a sus hijos una buena educación sexual cuando ellos no la han recibido. Abordar este tema puede ser difícil y es necesario encontrar el camino y la manera de poder hacerlo de forma natural. Pero es necesario abordar este asunto en la familia para que los hijos puedan experimentar la sexualidad en toda su plenitud. 

Ya que hablar de sexo con tus hijos les va a beneficiar, éstas son algunas de las razones por las que debes hacerlo:

  • Cuando los hijos tienen preguntas, los padres, gracias a su experiencia y debido al amor que sienten por ellos, son la mejor fuente de respuesta.
  • Puede ser traumático para un hijo vivir su adolescencia sin estar preparado sexualmente.
  • Los hijos necesitan aprender sobre sexo. Mejor recibir educación de los padres, que recibir mala educación de los medios de comunicación.
  • Cuando los hijos no tienen suficiente información, son fácilmente influenciables.
  • Hablar de sexo crea confianza entre padres e hijos.
  • Los hijos necesitan disfrutar plenamente de su sexualidad sin miedos ni inseguridades.

 

Juan Armando Corbin – Psicólogo de las organizaciones web: https://psicologiaymente.net

5 errores nefastos que cometen los padres al elogiar a sus hijos

Todos los padres quieren que sus hijos crezcan sanos y felices. También quieren que tengan una buena autoestima y que sean resilientes. Sin embargo, en muchos casos las estrategias que utilizan son contraproducentes. De hecho, nuestra tendencia a elogiar a los niños puede ser muy dañina, a menos que sepamos cómo hacerlo.
 
Psicólogos de la Iowa State University y la Case Western Reserve University han encontrado que, al contrario de lo que creemos, cuando los elogios se convierten en una necesidad constante de afirmación, no alimentan una autoestima infantil sana sino que potencian la aparición de características narcisistas. Los elogios inadecuados terminan contribuyendo a la formación de niños demasiado preocupados por sí mismos, en vez de desarrollar pequeños capaces, seguros y empáticos.
 

Los tipos de elogios que los padres deben evitar

 
1. Elogiar de forma desmesurada y sin sustancia
 
Sin darse cuenta, muchos padres ofrecen elogios desmesurados para el logro que ha alcanzado el niño. Por ejemplo, hay quienes pueden pasarse todo el camino a casa alabando al pequeño por un buen tiro al cesto o por un gol en el partido. Los elogios desmesurados a menudo incluyen palabras como “excepcional”, “perfecto” y “mejor”. Sin embargo, lo cierto es que esos elogios excesivos no dan buenos frutos.
 
De hecho, se ha apreciado que los niños que tienen una baja autoestima se sienten incómodos con los elogios excesivos y prefieren una alabanza más concreta. En este sentido, un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Utrecht desveló que un 25% de los elogios que los padres destinan a sus hijos son desmesurados. Otra investigación realizada en la Universidad de Stanford descubrió que cuando los padres utilizan elogios que implican una comparación social, como por ejemplo: “eres el mejor de tu clase o de tu equipo”, los niños desarrollan una motivación más extrínseca y se centran en las recompensas, más que preocuparse porque el trabajo esté bien hecho. 
 
Antídoto: Un elogio dirigido al trabajo duro realizado, a la práctica, el tiempo de estudio y el esfuerzo. Se trata de elogiar las características que nos interesan desarrollar, como la perseverancia y la dedicación. Por tanto, la próxima vez, quizá un sencillo: “¡Buen trabajo!” acompañado de una sonrisa o un abrazo, podría bastar.
 
2. Elogiar las capacidades naturales
 
Es normal que los padres se emocionen si su pequeño marca más goles que nadie o si su hija muestra un talento musical excepcional para su edad. Como resultado, elogios del tipo: “eres un gran futbolista”, “eres una excelente artista” o “eres el mejor” se convierten en pan cotidiano.
 
Sin embargo, una vez más, estos elogios se dirigen a resaltar las características erróneas. De hecho, no podemos olvidar que en muchos deportes y expresiones artísticas los niños son elegidos por sus capacidades naturales, como puede ser la coordinación motriz, la rapidez, el buen oído o la voz. No obstante, estas capacidades no son suficientes para labrarse una carrera, lo que realmente marca la diferencia es la persistencia y la dedicación. No es la primera vez que niños con grandes dotes en el mundo de la actuación o el fútbol, por ejemplo, no llegan lejos debido a sus decisiones erróneas, mientras que otras personas, menos dotadas, hacen carrera debido a su perseverancia.
 
Lo peor de todo es que este tipo de elogios terminan afectando a los niños ya que, si tienen esa capacidad de forma natural, piensan que no es necesario esforzarse demasiado. De hecho, un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Columbia desveló que los niños que recibían este tipo de alabanzas eran menos propensos a elegir retos difíciles ya que tenían miedo a fallar, lo cual les puede conducir a estancarse.
 
Antídoto: Dirigir el elogio en la acción, más que en la capacidad. Una vez más, céntrate en su afán de superación y en el trabajo duro porque esas son las cosas que el niño realmente puede controlar y en las que necesita ser motivado.
 
3. Convertir los elogios en etiquetas
 
No existe nada más limitante que las etiquetas, incluso si son “positivas”. Las etiquetas, por principio, reducen nuestra personalidad a unas pocas características. De hecho, muchos padres, cada vez que elogian a sus hijos, utilizan las mismas palabras, con las cuales crean una etiqueta. De esta forma, los niños crecen pensando que son solo “un atleta” o “un artista”. Sin embargo, si queremos que nuestros hijos se desarrollen plenamente, no es conveniente restringir su “yo” a estas capacidades.
 
Sin darse cuenta, con este tipo de elogios los padres están dirigiendo la atención de sus hijos a esas capacidades, haciéndoles notar que son solo eso y que probablemente tendrán éxito en la vida solo por ello. De esta forma, limitan considerablemente su universo de intereses y posibilidades. 
 
Antídoto: Evitar el uso de etiquetas en los elogios e intentar ampliar el universo de los pequeños, haciéndoles ver todas sus potencialidades. Se trata de que sea el niño quien elija lo que realmente le gusta e interesa.
 
4. Transformar los elogios en vergüenza
 
En muchos casos, los padres comienzan elogiando una actitud o tarea que el niño ha realizado, para terminar añadiendo una reprimenda al final de su discurso. Por ejemplo: “Es agradable caminar por tu habitación sin ver esos juguetes por doquier. Me alegra que hayas puesto un poco de orden. Si no fueras tan desorganizado, tu habitación siempre luciría así”. De esta forma, lo que comenzó siendo un elogio a la organización, termina generando la sensación de vergüenza en el niño. La adición de un “te lo dije” le roba al elogio todos los sentimientos positivos que se pretendían despertar.
 
Cuando añadimos al final del elogio una frase de este tipo, el pequeño se queda con un mal sabor en la boca y la alabanza no consigue reforzar el comportamiento positivo, todo lo contrario, transmite la idea de que, haga lo que haga, los padres no se sentirán satisfechos. Por tanto, termina generando una sensación de desesperanza y derrotismo, y no es extraño que el niño asuma una actitud defensiva y desafiante.
 
Antídoto: Centrarse en el esfuerzo realizado, en la solución al problema, más que en las dificultades que este pudo causar. Por supuesto, no se trata de obviar las consecuencias de los problemas, sino de asegurarse de que el elogio cumple su cometido: hacer que el niño se sienta bien y reforzar un comportamiento positivo. 
 
5. Añadir presión al elogio
 
Los elogios deben tener el objetivo de motivar a los niños, no deben añadir más presión. Sin embargo, a menudo los padres cometen el error de convertir los elogios en una fuente de ansiedad. Por ejemplo, algunos padres dicen: “Lo has hecho muy bien, la próxima vez deberás hacerlo mejor” o “Has estado genial, la próxima vez no espero menos de ti”.
 
El problema es que de esta forma siembran en el niño la semilla del miedo al fracaso. El pequeño se ve obligado a cargar sobre sus hombros las expectativas de los padres, y estas a veces son tan grandes que simplemente terminan doblando las frágiles rodillas infantiles. Debemos tener en cuenta que motivar no es presionar y que los niños necesitan ser felices, no ser los mejores.
 
Antídoto: Elogiar el resultado actual, sin hacer referencia al futuro, para no añadir una presión adicional. Es importante que el niño comprenda que le quieres independientemente de sus logros o errores. De esta forma no le convertirás en una persona dependiente de la valoración de los demás.
 
BONUS: Debemos tener en mente que cuando elogiamos demasiado a los niños, y lo hacemos mal, estos terminarán creyendo que la recompensa es más importante que la experiencia en sí. Por tanto, terminarán desarrollando una motivación extrínseca, no se esforzarán porque la tarea quede bien sino por recibir el elogio o la recompensa al final. Por otra parte, elogiarles continuamente puede generar confusión, haciéndoles creer que si no reciben una alabanza de los demás, es porque lo han hecho mal.