​¿Por qué algunos niños pueden ser capaces de matar?

 ​¿Por qué algunos niños pueden ser capaces de matar?
 

José Rabadán, tenía 16 años y mató a sus padres y a su hermana, disminuida psíquica, con una katana, porque pensó que de esa forma podría hacer su vida tranquilo. Raquel e Iria, de 17 y 16, mataron a una compañera de clase porque querían descubrir lo que se sentía al matar y hacerse conocidas.

Javier Rosado, de 21 años, junto con un amigo de 17, mató a un transeúnte seleccionado al azar. “El Nano”, de 13 años mató de una pedrada a un amigo de 10, porque éste último le había insultado. Antonio Molina, de 14 años arrojó a su hermanastra de 6 por una tubería de distribución de agua donde murió asfixiada, porque sentía celos de ella. Enrique Cornejo y Antonio Aguilar, de 16 años ambos, violaron y apuñalaron a un niño de 11.

Niños asesinos: datos y explicación desde la Psicología

A pesar de que cada caso es único y cada autor tuvo motivos distintos para llevarlos a cabo, todos tienen elementos comunes: los crímenes fueron cometidos por menores de edad y tuvieron lugar en España.

Por supuesto, los mencionados no son los únicos casos de asesinatos llevados a cabo por menores que han ocurrido en el país, existen más, aunque estos han pasado a la historia por la violencia ejercida y las motivaciones de los autores.

¿Por qué un menor de edad comete un crimen de esta magnitud?

Resulta escalofriante pensar que desde una edad tan temprana,  los menores pueden llegar a cometer actos de tal violencia, como la manifestada en los casos expuestos anteriormente y la pregunta que nos hacemos ante estos hechos es: ¿Cómo puede llegar un menor a experimentar tales actos de violencia?

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Evidencias científicas: desde la personalidad hasta los conflictos emocionales

Los expertos que estudian estos fenómenos violentos alegan diversas causas. Echeburúa relata dos posibles hipótesis al respecto, una de ellas defiende una impulsividad extrema causada por un daño cerebral que afecta a los mecanismos que regulan la conducta y, la otra, hace referencia a una vulnerabilidad de tipo biológico o psicológico.

Por su parte, el profesor de la Universitat de Barcelona  Antonio Andrés Pueyo alude a factores de personalidad y de oportunidad. Este autor defiende que en determinadas situaciones emocionales se desencadenan una serie de actos violentos que pueden acabar en un homicidio sin que haya mediado previamente el deseo de matar. Otras teorías afirman que los predictores que explican la violencia en general, también son explicativos para los casos en que se llega al asesinato u homicidio. 

Algunos de estos factores serían: factores perinatales,  estilos educativos y de crianza muy rígidos o permisivos, no haber desarrollado un buen apego en la primera infancia, bajo autocontrol, bajo rendimiento académico, vivir en zonas conflictivas, tener actitudes antisociales, haber sido víctimas de maltrato o abusos sexuales en la infancia, consumo de alcohol y drogas y problemas o trastornos psicológicos, como por ejemplo son: el trastorno de personalidad antisocial o la psicopatía.

Trastornos psicológicos de fondo

En estos últimos, los problemas psicológicos se apoyan otras corrientes teóricas que afirman quelos trastornos psicológicos son los factores que marcan la diferencia entre quienes matan y aquellos que no lo hacen a pesar de estar expuestos a los mismos factores de riesgo (Farrington, 2012).

Otros factores que también han sido objeto de observación son el temperamento de los menores, el desarrollo moral, la autoestima, y la ausencia de empatía, aunque no debe olvidarse, que una adecuada y correcta educación puede minimizar los efectos nocivos que el ambiente y la predisposición genética puedan tener en el menor y reducir de este modo la predisposición a cometer actos violentos.

Dato: 54% de los menores homicidas sufren un desorden de personalidad

Un estudio llevado a cabo en España con niños y adolescentes condenados por homicidio, arroja datos muy reveladores con respecto a este tema: un 54% de aquellos que habían cometido un homicidio padecía un trastorno de la personalidad o conducta antisocial, un 4% había cometido el asesinato bajo los efectos de un brote psicótico y el 42% restante, eran chicos y chicas normales que vivían en familias aparentemente normalizadas.

La conclusión a este fenómeno, como puede observarse, no es clara y la literatura que encontramos al respecto es variada y alude a varios factores que convergen y desencadenan en un hecho de violencia extrema, como el homicidio. Por lo que no podemos hablar aisladamente de oportunidad para el crimen, factores psicológicos, genéticos o ambientales, sino de la confluencia de ellos. Y siempre tener presente, al igual que concluía Heide que los menores asesinos tienden a tener una historia previa de delitos o conductas antisociales.

Nuria Guzmán RamírezNuria Guzmán Ramírez-Psicóloga web origen: psiologiaymente

La indefensión aprendida en las víctimas de malos tratos

 

​La indefensión aprendida en las víctimas de malos tratos 

El concepto de indefensión aprendida es uno de los constructos más ampliamente estudiados por su influencia decisiva en multitud de procesos psicosociales. Tiene su origen en 1975, cuando Martin Seligman y sus colaboradores observaron que los animales de sus investigaciones sufrían depresión ante determinadas situaciones.

¿Qué es la indefensión aprendida?

Para averiguar los motivos de esta depresión que notaban en los perros, Seligman realizó el siguiente experimento. Colocó a varios perros en jaulas de las que no podían escapar, administrándoles descargas eléctricas con intervalos de tiempos variables y aleatorios, con el fin de que no pudieran predecir la siguiente descarga o el patrón de las mismas, ya que no existía ninguno. Tras varios ensayos administrando descargas, y aunque al principio los perros realizaban diversos intentos de escaparse, se observó que al final abandonaban cualquier actividad de escape voluntaria. Cuando los investigadores modificaron el procedimiento y enseñaron a los perros a escapar, éstos se quedaban quietos, negándose a salir o realizar intentos de evitar las descargas, llegando incluso a quedarse tumbados sobre sus propios excrementos.

Ante estos resultados, Seligman descubrió que la respuesta de los animales no era totalmente pasiva, sino que el hecho de quedarse tumbados sobre sus propios excrementos era, de hecho, una estrategia de afrontamiento (la adaptación), ya que tumbándose sobre los mismos minimizaban el dolor y se situaban en una parte de la jaula donde se percibía la menor cantidad de descargas eléctricas. Denominó a este efecto como indefensión aprendida.

La indefensión aprendida: un fenómeno psicológico también presente en los humanos

La indefensión aprendida produce una modificación de las respuestas de escape con consecuencias impredecibles por estrategias de afrontamiento más predecibles. Al mismo tiempo, Seligman descubrió que es posible desaprender la indefensión aprendida, ya que cuando enseñaron a los perros con ensayos repetidos que podían escapar de la jaula, la respuesta de indefensión aprendida, finalmente, desapareció.

Este experimento ha sido replicado en seres humanos concluyendo que los aspectos importantes del síndrome de indefensión aprendida se centran en el aspecto cognitivo, es decir, en los pensamientos. Cuando las personas han perdido la capacidad de creer que sus respuestas les ayudarán a escapar de la situación, modifican sus respuestas de huida por comportamientos de sumisión, como una estrategia de afrontamiento.

La presencia de indefensión aprendida en las víctimas de violencia

Esta modificación de las respuestas de huida por comportamientos de sumisión se han observado en víctimas de malos tratos con indefensión aprendida. Lenore Walker realizó este estudio en víctimas de malos tratos en la pareja, realizando una evaluación similar del funcionamiento cognitivo, emocional y conductual. 

Los resultados mostraron que en el inicio de los malos tratos sus respuestas o comportamientos eran de evasión o huida. Sin embargo, la exposición continua a la violencia provocó una modificación de estas respuestas habían aprendidoque podrían disminuir la intensidad del maltrato a través de diversas estrategias de afrontamiento tales como complacer al agresor, hacer lo que él quiere, mantenerlo calmado, etc.

Así, la teoría de la indefensión aprendida aplicada a víctimas de malos tratos describe como una mujer puede aprender a ser incapaz de predecir el efecto que tendrá su comportamiento con respecto al maltratador. Esta falta de capacidad para predecir qué eficacia tendrá su propio comportamiento para evitar los malos tratos modifica el origen o la naturaleza de la respuesta de la víctima ante las distintas situaciones.

Si quieres profundizar en este tema, te recomiendo la entrevista que Bertrand Regader le realizó a Patricia Ríos: “Entrevista a una psicóloga experta en violencia de género”

Señales que indican que alguien es víctima de malos tratos y ha desarrollado indefensión aprendida

Cuando las mujeres víctimas de malos tratos por parte de su pareja sufren indefensión aprendida, elegirán en una situación conocida o familiar, aquellas conductas que produzcan un efecto más predecible y evitarán comportamientos que les implique un efecto menos predecible, tales como respuestas de escape o huida.

Esta investigación también permitió proponer determinados factores que permiten identificar la indefensión aprendida en víctimas de malos tratos. Los factores son:

  • La presencia de un patrón de violencia, concretamente el Ciclo de la Violencia, con sus tres fases (acumulación de tensión, episodio grave de agresión y arrepentimiento cariñoso o ausencia de tensión), junto con la modificación o aumento observable de la intensidad y frecuencia de malos tratos.
  • El abuso sexual hacia la mujer.
  • Los celos, intromisión, sobre-posesión, y aislamiento de la mujer.
  • Los malos tratos psicológicos: degradación verbal, negación de facultades, aislamiento, indulgencia ocasional, percepciones monopolizadoras, amenaza de muerte, debilidad inducida por drogas o alcohol.
  • Presencia de comportamientos violentos de la pareja hacia otros (niños, animales u objetos inanimados).
  • El abuso de alcohol o drogas por parte del hombre o de la mujer.

Por último y no menos relevante, este estudio ha permitido que pueda emplearse para el tratamiento psicológico de las víctimas de malos tratos.

Desaprendiendo la indefensión aprendida

El proceso de desaprender la indefensión aprendida se caracteriza por la dotación de poder de estas mujeres dentro de la relación de pareja, que permitirá que las mujeres maltratadas comprendan y salgan del ciclo de la violencia, orientándolas en cómo se puede predecir la escalada de la violencia, a través de la distinción de las distintas fases del ciclo y la comprensión de que las fases del amor y del arrepentimiento es una forma de reforzar el ciclo y enseñándoles distintas habilidades para poder escapar.

Sin embargo, es importante considerar que existen diferencias entre los estudios de laboratorio y la vida real y es necesario tener presente que en la vida real el maltratador puede volverse más violento cuando la mujer se enfrenta a él y/o cuando intenta separarse.

Eva Mª Cabrero Aparicio Eva Mª Cabrero Aparicio-Psicóloga de las organizaciones – Web: psicologiaymente.net