¿Qué le está haciendo Internet a tu memoria?

Internet forma parte de nuestras vidas. Sin duda, se ha convertido en una gran ayuda en diferentes esferas y nos permite ahorrar un tiempo precioso, así como estar conectados con personas que se encuentran al otro lado del mundo y, por supuesto, mantenernos informados. Sin embargo, todo tiene un costo. Internet no es la excepción y, si no tenemos cuidado, utilizar la red de forma excesiva nos puede pasar una factura cognitiva que quizá no estaríamos dispuestos a pagar.
 

Descarga Cognitiva: Internet hace que dudes de tu memoria

 
Usar Internet continuamente para buscar datos hará que desconfiemos cada vez más de nuestra memoria. Así lo demuestra un estudio realizado por un grupo de psicólogos de la Universidad de California, quienes han descubierto que mientras más utilizamos la red para buscar información y comprobar datos, menos propensos somos a recurrir a nuestra memoria, aunque se trate de preguntas sencillas cuya solución ya conocemos o podríamos encontrar aplicando la lógica.
 
Este fenómeno se ha bautizado como “descarga cognitiva” y se refiere al hecho de que Internet nos está robando poco a poco nuestra memoria ya que mientras más confiamos en los datos que encontramos en la red, menos nos fiamos de lo que hemos aprendido o de las respuestas que podemos hallar pensando por nuestra cuenta.

El estudio en cuestión fue realizado en diferentes fases, en un primer momento las personas debían responder a una serie de preguntas triviales de dificultad media. A algunas se les permitió acceder a Internet y a otras les pidieron que pensaran y recurrieran a su memoria.

 
En un segundo momento, a todos los participantes les permitieron usar Internet, pero los investigadores se aseguraron de que las preguntas fueran muy sencillas, de manera que solo era necesario recurrir a la memoria para encontrar las respuestas o aplicar el sentido común. Por ejemplo, una de las preguntas era: “¿Todos los países tienen banderas de dos colores?”.
 
Así se apreció que las personas que habían usado Internet en la primera prueba, también eran más propensas a volver a usar la red para buscar las respuestas, en vez de pensar o recurrir a su memoria. 
 
Sin embargo, los resultados más interesantes llegaron cuando los participantes no usaron Internet. Entonces, aquellos que habían recurrido a la red, cometieron un 30% más de errores en sus respuestas. Los investigadores también apreciaron que brindaban respuestas más impulsivas y que pensaban menos.
 
Al contrario, quienes comenzaron el experimento confiando en su memoria desde el primer momento, obtuvieron mejores resultados en la prueba final. Este experimento nos indica que, efectivamente, el uso de Internet tiene un impacto en nuestra memoria, y no es precisamente positivo.

Los peligros de usar un“disco duro” externo

 
Por supuesto, no se trata del primer estudio que evalúa el impacto que tiene Internet en nuestra memoria. Una investigación anterior llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Columbia desveló que los estudiantes recordaban menos información cuando sabían que podían tener fácil acceso a Internet. En práctica, en vez de intentar comprender y memorizar la información, simplemente confiamos en un “disco duro” externo.
 
Sin embargo, el hecho de que prefiramos utilizar un “disco duro” externo ni siquiera es lo peor. Un estudio realizado en la Universidad de California encontró que los internautas habituales muestran una activación menor en diferentes áreas del cerebro mientras leen un texto en Internet, entre ellas las zonas vinculadas con la memoria a corto plazo. Esto podría indicar que mientras más utilizamos Internet, menos retenemos lo que leemos ya que sabemos que estará disponible en cualquier momento que lo necesitemos. 
 
No obstante, el problema es que la memoria a corto y largo plazo son capacidades que se deben ejercitar continuamente o terminarán deteriorándose. Si confiamos en un disco duro externo nuestra capacidad para recordar información será cada vez menor, lo cual puede abrir las puertas a las enfermedades neurodegenerativas. La memoria a corto plazo, por ejemplo, es fundamental para el pensamiento. La memoria a largo plazo, es esencial para nuestra identidad.
 

Las barreras de la memoria se difuminan

 
Hace tan solo algunas décadas, cuando no recordábamos el nombre del protagonista de una película, llamábamos a nuestro amigo cinéfilo. De hecho, la tendencia a distribuir la información en los grupos siempre ha existido, es lo que se conoce como “sistema de memoria transaccional” e implica que seamos plenamente conscientes de que ese conocimiento al que deseamos acceder se encuentra fuera de nuestra memoria, lo posee otra persona.
 
Sin embargo, la inmediatez que proporciona Internet hace que esa barrera entre lo que nosotros sabemos y lo que saben los otros (en este caso la red), se difuminen. La distinción entre la memoria externa e interna es cada vez más débil; es decir, confundimos lo que sabemos con lo que buscamos.

Aunque esta “confusión” puede parecer increíble, un experimento realizado en la Universidad de Yale descubrió que las personas que usaban Internet para encontrar respuestas a las preguntas mostraban una mayor autoestima sobre su rendimiento cognitivo. De hecho, estaban de acuerdo con afirmaciones como “tengo buena memoria” o “recuerdo muy bien los detalles”. 

 
Estos resultados han hecho que los psicólogos piensen que la barrera entre nuestra memoria y la memoria externa, la que se encuentra en Internet, se está difuminando. Cuando las personas buscan información en la red tienen la ilusión de que los resultados que encuentran se deben a sus propias capacidades. 
 
El problema, una vez más, es que esta ilusión nos impide desarrollar nuestros recursos cognitivos. Por supuesto, la solución no radica en dejar de utilizar Internet, que es una herramienta estupenda, sino en hacer un uso más racional de ella. Afortunadamente, ser conscientes del efecto de la descarga cognitiva y, sobre todo, buscar otras estrategias para entrenar nuestra memoria, nos permitirá mantener activa esta capacidad a lo largo de los años. 
WEB ORIGINAL:http://www.rinconpsicologia.com/

Los distintos tipos de amnesia (y sus características)

Los distintos tipos de amnesia (y sus características)
 

La amnesia es un trastorno que afecta al funcionamiento normal de la memoria y que hace que quien la sufre sea incapaz de almacenar información o recuperarla de manera correcta.

Sin embargo, más allá de esta definición somera existen muchos matices que hacen que tengamos que hablar, más de la amnesia como un concepto global, de tipos de amnesia.

La amnesia puede adoptar distintas formas

La amnesia puede presentarse en tantas formas que los estudios de ciertas lesiones y disfunciones en distintas partes del encéfalo ha hecho que se hayan ido descubriendo los mecanismos que operan detrás del uso de la memoria a partir de los diferentes tipos de amnesia que se presentan.

Además, este fenómeno puede estar originado por lesiones o por la “huella emocional” que han dejado en el cerebro ciertas experiencias, haciendo que algunos recuerdos queden bloqueados. Esto hace que los tipos de amnesia también puedan establecerse atendiendo a las diferentes causas que los producen. De este modo se ha visto que, lo que parece ser una función cognitiva simple basada sencillamente en el almacenamiento de la información es, en realidad, el resultado de varios procesos que trabajan a la vez.

En este artículo mostraremos los distintos tipos de amnesia, sus características y criterios por los cuales pueden ser clasificados en distintas categorías.

1. Tipos de amnesia según su cronología

Si atendemos al criterio de la cronología en la que se manifiesta la amnesia, distinguiremos entre dos tipos de amnesia: la retrógrada y la anterógrada. Esta clasificación solo sirve para describir los síntomas de la amnesia, y no da información sobre lo que la causa. Además, se pueden producir ambos tipos de amnesia a la vez, aunque muchas veces una es más notoria que la otra.

1.1. Amnesia retrógrada

En la amnesia retrógrada las experiencias que no se recuerdan sucedieron antes de empezar a desarrollar este trastorno. Es el tipo de amnesia más conocido y plasmado en series, películas y otras obras de ficción en las que un personaje no recuerda una parte de su pasado.

1.2. Amnesia anterógrada

En este tipo de amnesia existe una incapacidad total o parcial a la hora de hacer que las experiencias que se van viviendo queden fijadas en la memoria. Es decir, que la amnesia anterógrada, al afectar a lo que va sucediendo desde que se desarrolló por primera vez el trastorno, hace que lo que se va viviendo no pase a formar parte a la memoria a largo plazo y se olvide después de unos pocos minutos o segundos.

Un ejemplo de este tipo de amnesia se puede ver en la célebre película Memento.

2. Tipos de amnesia según sus causas

2.1. Amnesia global

Este tipo de amnesia consiste en la pérdida total de la memoria, si bien normalmente se conservarán los recuerdos más importantes relacionados con la propia identidad. Entre sus causas más probables se encuentra la posibilidad de que un hecho traumático haya alterado el funcionamiento normal del cerebro.

2.2. Amnesia de la niñez

Consiste en la incapacidad de recordar eventos vividos en la niñez. A pesar de su nombre, este tipo de amnesia no se considera un trastorno, ya que es común y forma parte del desarrollo normal del sistema nervioso a medida que se crece.

2.3. Amnesia inducida por drogas

Tipo de amnesia producido por la administración de sustancias que afectan al funcionamiento del cerebro haciendo que no se recuerden los hechos que suceden en ese momento. Puede ser un efecto secundario de una droga o puede ser la finalidad con la que se ha suministrado una sustancia con finalidades terapéuticas durante, por ejemplo, una cirugía.

2.4. Amnesia global transitoria

No se sabe qué es lo que produce este tipo de amnesia, sólo sus síntomas. La persona que experimente amnesia global transitoria recordará los aspectos esenciales acerca de su identidad y también podrá recordar cosas acerca del pasado inmediato, pero tendrá dificultades para acceder a recuerdos acerca de lo que ha sucedido hace tan solo unos minutos (amnesia anterógrada) y posiblemente también a la hora de recordar algunas cosas pertenecientes a la memoria a largo plazo. Esto le ocurrirá durante 24 horas o menos.

2.5. Amnesia disociativa

En la amnesia disociativa se es incapaz de evocar recuerdos relacionados con experiencias altamente estresantes o traumáticas. Uno de los tipos de amnesia que generan más interés.

2.6. Amnesia de fuente

En este tipo de amnesia hay ciertos datos o piezas de información que se recuerdan más o menos bien, aunque no se es capaz de saber cuál es su fuente, cómo se ha llegado a saber acerca de ellas.

2.7. Amnesia lacunar

La incapacidad para recordar lo que ocurrió durante un periodo determinado en el que no hubo un pico de estrés significativo. Se llama de esta manera porque deja una “laguna” en blanco en la memoria.

2.8. Amnesia postraumática

La amnesia postraumática o traumática es un tipo de amnesia producido por un golpe en la cabeza o un traumatismo craneoencefálico en general. Acostumbra a ser transitoria y a afectar a los recuerdos sobre el pasado inmediato. No hay que confundir la amnesia postraumática con las formas de amnesia que aparecen a raíz de experiencias traumátias.

2.9. Fuga disociativa

Este tipo de amnesia, muy común en los casos de demencia, la persona se puede dar cuenta de que está en un lugar sin recordar cómo ha llegado ahí. En la fuga disociativa, además, es muy común que no se recuerden aspectos de la propia identidad, haciendo que la persona emprenda un viaje más o menos largo para recordar quién es.

2.10. Síndrome de Korsakoff

Aunque no es un tipo de amnesia en sí, el síndrome de Korsakoff es un conjunto de síntomas en el que las alteraciones de la memoria tienen un papel muy importante. Entre sus síntomas más comunes se encuentra una combinación de amnesia retrógrada y anterógrada y la confabulación, es decir, la invención involuntaria de historias que sirven para “rellenar” los vacíos de memoria. Suele estar causado por el alcoholismo.

Arturo TorresPsicólogo WEB ORIGEN: https://psicologiaymente.net

La regla del 40%: ¿Cómo seguir adelante cuando piensas que no puedes más?

 
Hay determinados momentos en la vida en los cuales parece imposible seguir adelante. En esos momentos es como si nuestras reservas de energía y esperanzas se hubiesen agotado, entonces el más mínimo paso nos parece una tarea titánica. Sin embargo, antes de tirar la toalla definitivamente, puedes hacer un último esfuerzo poniendo en práctica la regla del 40%.
 

El muro de los 30 kilómetros nos enseña el valor de la resistencia psicológica

 
Quienes hayan corrido alguna vez una maratón, deben conocer “el muro de los 30 kilómetros”. De hecho, la mayoría de los corredores se detienen en este punto en su primer maratón y son incapaces de ir más allá.
 
Lo curioso es que todo iba bien durante la carrera, pero de repente al corredor le sobreviene un enorme cansancio. En este punto las piernas no responden, sienten que su cuerpo pesa unos kilos más y la mente les dice basta.
 
Este fenómeno está provocado porque nuestro cuerpo tiene una reserva calórica de glucógeno que se termina aproximadamente a los 30 kilómetros de la carrera. Entonces entra en juego el entrenamiento psicológico, el poder de la mente.
 
De hecho, el muro de los 30 kilómetros no es un fenómeno meramente físico. También se ha apreciado que cuando el corredor comienza a notar la fatiga muscular y piensa que no podrá terminar la carrera, experimenta una enorme frustración, la cual disminuye los niveles de dopamina. Entonces sí resulta imposible terminar. 
 
Sin embargo, cuando el corredor logra sobrepasar esa barrera, tiene grandes probabilidades de terminar la maratón. En la vida cotidiana también llegamos a ciertos puntos en los cuales nos parece que tenemos ante nosotros una barrera infranqueable, nos parece que nos han abandonado las fuerzas y que no podremos seguir adelante. Sin embargo, se trata tan solo de una barrera psicológica.
 

La regla del 40%

 
Newt Gingrich, un político estadounidense, dijo que “la perseverancia es el trabajo duro que haces después del trabajo duro que ya has hecho”. Se trata de una frase genial porque captura la verdadera esencia de la perseverancia y la determinación.
 
En este sentido, resulta interesante la regla del 40% que siguen los NAVY Seal, quienes son famosos por su exigente entrenamiento físico que a menudo los lleva al límite de sus fuerzas. Según estos, las personas somos capaces de soportar mucho más de lo que pensamos y llegar más lejos de lo que nos proponemos. Según estos soldados, cuando nuestra mente nos dice “basta”, en realidad solo hemos logrado un 40% de lo que somos capaces. Por tanto, cuando estamos a punto de tirar la toalla, aún podemos recorrer y esforzarnos un 60% más.
 
Por supuesto, no se trata de tomar al pie de la letra ese porcentaje, sino tan solo de tener en mente que en muchas ocasiones de nuestra vida, cuando estamos a punto de abandonarlo todo, no se trata realmente de falta de energía sino tan solo de un bloqueo mental.
 
La regla del 40% es una herramienta muy sencilla que nos ayuda a revalorar nuestros límites y nos permite cambiar la perspectiva, nos enseña que si queremos realmente superar nuestros límites, tenemos que dar un paso más para demostrarle a nuestro cerebro que esa barrera es solo un fruto de nuestra imaginación.
 

¿Cómo aplicar esta regla?

 
El principal problema, cuando creamos una barrera psicológica, es que las frases positivas no son muy eficaces. De hecho, a veces pueden ser contraproducentes y terminan agobiándonos o frustrándonos aún más. Cuando sufrimos un bloqueo emocional, es difícil salir de esta con la racionalidad. Por eso, teniendo en mente que aún no hemos alcanzado todo nuestro potencial, solo tenemos que asegurarnos de ir paso a paso.
 
Si damos un paso a la vez, no nos asustaremos sino que nos daremos tiempo para recuperar el autocontrol. De hecho, el secreto radica en que no debemos centrarnos en la meta final, no debemos recordar cuántos kilómetros de la maratón nos faltan por recorrer sino que tan solo debemos pensar en los próximos pasos. De esta forma, poco a poco, iremos superando la barrera que nosotros mismos hemos creado.

El cerebro olvida para conservar la energía

 
Nuestro cerebro no solo tiene mecanismos de aprendizaje sino también de olvido, para borrar las memorias “innecesarias” y conservar la energía. En práctica, elimina todo aquello que no nos sirve, borra los aprendizajes innecesarios para hacer espacio y funcionar en “modo ahorro”. Ahora un grupo de investigadores de la Lund University, en Suecia, han sido capaces de desentrañar a nivel celular cómo funciona esta función.
 

El aprendizaje y el olvido a veces son dos caras de una misma moneda

 
Hace varios siglos, Pavlov, un fisiólogo ruso, experimentó con perros y descubrió el condicionamiento clásico. En práctica, los perros aprendieron que cuando sonaba una campana, recibirían el alimento, por lo que comenzaban a segregar saliva apenas oían las campanas, aunque no hubiera ni rastro de alimento. Esto se debe a que crearon una conexión a nivel cerebral entre un estímulo neutro (la campana) y un estímulo incondicional (la comida).
 
Nosotros también aprendemos de esta forma, podemos establecer conexiones entre diferentes estímulos y, como resultado, mostrar la respuesta correspondiente. Por ejemplo, en experimentos realizados con personas se ha vinculado un sonido con el aire en los ojos. De forma que, a la larga, las personas terminaban parpadeando al escuchar el sonido, aunque no hubiera aire. Obviamente, se trata de una respuesta automática aprendida.
 
Paradójicamente, cuando se añade una luz, el aprendizaje de las personas empeora, la conexión no se refuerza. En práctica, es como si ese estímulo adicional potenciara el olvido. 
 
Sin duda, se trata de un resultado contradictorio ya que, en teoría, el aprendizaje debería reforzarse. Sin embargo, estos investigadores piensan que el problema radica en que el cerebro olvida para ahorrar energía.
 
¿Qué sucede?
 
En un primer momento, se activa un mecanismo cerebral que permite el aprendizaje creando un patrón a nivel neuronal. Es como si esa parte del cerebro que capta y aprende la asociación, el cerebelo, dijera: “Lo he captado, ya no necesito más estímulos”. 
 
De hecho, estos investigadores notaron que cuando una asociación se consolida en el cerebro, cuando ocurre un aprendizaje, se activan unas neuronas cuya función es echar el freno de mano, indicar que es suficiente y que no necesitamos ir un paso más allá.
 
Sin embargo, cuando se introducen dos asociaciones, es como si el cerebro se sobresaturara. En este punto, aumentan las probabilidades de que olvidemos, incluso lo que habíamos aprendido antes, aunque sea de manera temporal.
 
Los investigadores creen que mantener activas conexiones neuronales que el cerebro considera “innecesarias” genera un gasto de energía adicional. Por eso, en vez de aprender, damos un paso atrás y olvidamos.
 

¿Cómo podemos aplicar estos resultados a la vida práctica?

 
1. No sobresatures tu cerebro con demasiada información porque de esta forma solo estarás entorpeciendo el aprendizaje. Es mejor centrarse en una cosa a la vez y, solo cuando ese aprendizaje se haya consolidado, pasar al siguiente. Por tanto, no te agobies con todo lo que debes aprender, ve poco a poco, como decían los antiguos romanos: “chi va piano, va sano e va lontano“. 
 
2. Crea asociaciones significativas. Recuerda que aprender y memorizar no significa “amontonar” información, porque el cerebro la considerará inútil o innecesaria. Es importante buscar conexiones lógicas, de forma que se creen nuevos patrones neuronales a partir de los ya existentes, en vez de sobreponerse y causar confusión que termine dando lugar al olvido.

¿Por qué tu cerebro necesita vacaciones?

 

En una cultura que parece estar obsesionada con la productividad y la eficacia, se habla demasiado de trabajo y muy poco de vacaciones. Sin embargo, encontrar tiempo para descansar y desconectarse del estrés cotidiano es fundamental, sobre todo para nuestro cerebro. De hecho, si a veces te sientes sobresaturado, es probable que se deba a las limitaciones de tu mente consciente, a que tus recursos atencionales y tu capacidad de trabajo son limitadas.
 

El cerebro consume una gran cantidad de energía

 
Durante mucho tiempo los científicos creyeron que el cerebro siempre se mantenía activo, incluso cuando descansamos o dormimos. Sin embargo, la aparición del electroencefalograma y más tarde de la resonancia magnética funcional desveló una realidad diferente: nuestro cerebro apaga las zonas que no esté utilizando. 
 
De hecho, diferentes actividades activan distintos circuitos neuronales, momento en el cual aumenta la demanda de oxígeno y glucosa, para obtener la energía extra que necesita. Sin embargo, el hecho de que nuestro cerebro apague unas zonas y encienda otras no significa que sea un gran ahorrador de energía. No podemos olvidar que este órgano consume aproximadamente el 20% de la energía que produce nuestro cuerpo, y requiere entre un 5 y un 10% adicional cuando calculamos o leemos un libro.
 
En este sentido, una investigación realizada en la University of Southern California desveló que cuando el cerebro está “descansando” en realidad no está siendo improductivo, todo lo contrario. Esa red por defecto es esencial para reafirmar nuestra identidad, comprender mejor qué se esconde detrás de los comportamientos de los demás e incluso nos ayuda a procesar nuestro código moral. Por eso, el descanso es una oportunidad para que el cerebro reafirme los conocimientos adquiridos, trabaje sobre los asuntos sin resolver y asuma una distancia emocional de los problemas.
 
Cuando dejamos que la mente divague, esta rebobina las conversaciones que hemos tenido y nos permite encontrar dónde nos hemos equivocado. También podemos terminar mentalmente una discusión, con fines catárticos y para evitar un enfrentamiento cara a cara. O podemos colocar notas mentales que nos permitan planificar el día siguiente, encontrar soluciones a problemas complejos y encontrar explicaciones que nos ayuden a darle un sentido más amplio y coherente a nuestro “yo”.
 
Podemos hacer todas estas cosas en “modo off” porque nuestro cerebro dispone de dos vías atencionales: la red de procesamiento de tareas positivas y la red de tareas negativas. La red de procesamiento de tareas positivas, también denominada control ejecutivo, se activa cuando nos concentramos en una tarea. Al contrario, la red de procesamiento de tareas negativas, también conocida como red neuronal por defecto, se activa cuando dejamos que nuestra mente divague, cuando soñamos despiertos. Sin embargo, cuando una de estas redes está activa, la otra se apaga.
 
Como podrás suponer, ambas redes son importantes y nos han permitido hacer grandes descubrimientos. De hecho, esa red de procesamiento de tareas negativas es precisamente la que nos permite establecer conexiones entre ideas dispares, es la responsable de nuestros momentos de genialidad y nos ayuda a resolver los problemas más complicados a través de los momentos de insight. Cuando, de repente, descubres la solución a un problema, ha sido la red neuronal por defecto en acción. 
 
Por otra parte, existe otro componente muy importante del sistema atencional, los filtros. Estos nos ayudan a orientar nuestra atención, diciéndonos en qué debemos concentrarnos y qué estímulos debemos obviar. Sin embargo, el flujo constante de información al que estamos sometidos en la actualidad hace que el control ejecutivo siempre esté activo, mientas que la parte del cerebro más creativa se mantiene apagada. Por eso, de vez en cuando es necesario tomarse unas vacaciones de la rutina cotidiana. 
 

7 buenas razones para tomarse unas vacaciones 

 
1. Catapulta la creatividad
 
Como podrás suponer, mientras trabajamos estamos funcionando en “modo focalizado”, por lo que es normal que después de cierto tiempo nuestro cerebro termine sobresaturado. De hecho, se estima que en la actualidad, entre noticias, redes sociales, mensajes de correo y televisión, consumimos el equivalente a 174 hojas de periódicos, cinco veces más de lo que asimilábamos en 1986. Ante tanta información, es normal que el cerebro se sobresature. Por tanto, unas vacaciones nos permiten desconectarnos del mundo y dejar que una parte de nuestro cerebro divague, precisamente la encargada de conectar ideas aparentemente inconexas y facilitarnos los insights. Por eso, no es sorprendente que las investigaciones apunten que las personas más creativas son precisamente aquellas en las que la red neural por defecto se mantiene más activa.
 
2. Nos ayuda a tomar mejores decisiones
 
El cerebro trabaja mejor cuando no está sometido a una gran presión, cuando funciona en “modo relajado”. De hecho, se ha demostrado que después de dar paseos relajantes en la naturaleza o incluso luego de una pequeña siesta mejoran nuestros procesos cognitivos, en especial la atención y la memoria. Un estudio realizado en la Universidad de Ámsterdam incluso desveló que cuando debemos tomar una decisión importante es mejor que nos tomemos nuestro tiempo y descansemos. Una vez que hayamos asimilado todos los detalles necesarios, darle vueltas al asunto no siempre nos conduce a tomar la mejor decisión, lo mejor es asumir una distancia psicológica. De hecho, unas vacaciones permiten que nuestra red neuronal por defecto se active e integre la información, ayudándonos a decidir mejor.
 
3. Alivia el estrés
 
Las vacaciones son el mejor antídoto contra el estrés, una respuesta que se desencadena cuando estamos sometidos a demasiada presión y sentimos que nuestro entorno no es lo suficientemente seguro. En ese momento nuestro organismo comienza a liberar grandes cantidades de cortisol y epinefrina, hormonas que no solo nos preparan para la lucha o la huida sino que, a largo plazo, provocan una respuesta inflamatoria que termina afectando profundamente el cerebro y dando lugar a enfermedades crónicas. Tomar unas vacaciones lejos del estrés del trabajo y la rutina cotidiana nos ayuda a relajarnos, disminuye los niveles de ansiedad y le da a nuestro cuerpo la oportunidad para reparar los daños causados y regenerarse. De hecho, no podemos olvidar que el estrés mata las neuronas e impide que se formen nuevas células nerviosas.
 
4. Genera nuevas ideas
 
Cualquier descanso es positivo para el cerebro, pero unas vacaciones fuera de casa, en contacto con otras culturas, es como un auténtico masaje cerebral que promueve nuevas ideas. Así lo demuestra un estudio realizado en la Singapore Management University, en el cual también se puntualiza que el grado de creatividad es mayor mientras más dispuestos estemos a profundizar en las nuevas costumbres que encontramos en nuestro destino. Por tanto, no basta con viajar, es necesario explorar el lugar y abrirse a nuevas formas de asumir la vida, con una actitud relajada y libre de juicios. Solo así comprenderemos que no hay una manera “correcta” de hacer las cosas, sino diferentes caminos.
 
4. Nos hace más felices
 
El estrés crónico contribuye a aumentar los niveles de depresión y ansiedad. De hecho, las personas que no toman vacaciones con regularidad suelen reportar tres veces más depresión y ansiedad que quienes logran desconectar cada cierto tiempo del trabajo. La clave, como demostró un estudio realizado en la Universidad de Rotterdam, radica en la felicidad. Según estos investigadores, bastan dos semanas de vacaciones para relajarnos y sentirnos mucho más felices. Durante ese tiempo la cantidad de endorfinas que nuestro cuerpo genera es suficiente para contrarrestar el efecto nocivo de las hormonas del estrés.
 
7. Incrementa la concentración
 
Aunque puede parecer contradictorio, lo cierto es que las vacaciones nos ayudan a mantenernos concentrados. De hecho, el estrés crónico afecta directamente la parte del cerebro relacionada con la memoria y la consecución de los objetivos. Por eso, las personas que trabajan ininterrumpidamente, sin tomar vacaciones, a menudo se sienten bloqueadas y tienen dificultades para concentrarse. Al contrario, al regresar de las vacaciones nos sentimos llenos de energía, nuestra capacidad de reacción aumenta y somos capaces de mantenernos concentrados durante periodos de tiempo más largos.
 
7. Aumenta la productividad
 
Ser productivos no significa, necesariamente, pasar mucho tiempo trabajando, sino aprovechar esas horas al máximo. Por eso, las empresas más productivas, y también en las que los trabajadores enferman menos, son aquellas en las que los empleados pueden tomarse más días de vacaciones. De hecho, la mayoría de las personas reportan sentirse más satisfechas con su trabajo cuando tienen la posibilidad de irse de vacaciones con cierta regularidad. Esa sensación de satisfacción se revierte en la productividad, creando también un mejor clima laboral. 
 

Todo no vale: Las 3 claves para que las vacaciones tengan un efecto positivo

 
1. Explorar cosas nuevas. No se trata simplemente de relajarse en casa sino de explorar el mundo y descubrir cosas nuevas. Cuando salimos de los ambientes familiares logramos asumir nuevas perspectivas porque ponemos distancia entre nosotros y los problemas, lo cual nos permite pensar con mayor claridad, como si fuéramos un observador externo. Por eso, no es extraño que muchas personas tengan auténticas epifanías cuando viajan. Por consiguiente, se trata de que explores y te alejes de la rutina, abriéndote a nuevas experiencias que amplíen tu zona de confort.
 
2. Asumir una actitud mindful. Para aprovechar realmente las vacaciones, es fundamental aprender a desconectarse de los problemas que dejamos atrás y estar dispuestos a vivir plenamente el presente, adoptar una actitud mindful, un concepto derivado del budismo que implica concentrarse en el aquí y ahora. Si eres una de esas personas a las que les resulta difícil desconectarse del trabajo y los problemas de casa, deberías elegir destinos saludables como los que propone GoEuro, sitios donde prevalezca la naturaleza y el relax esté garantizado gracias a balnearios y fuentes termales.
 
3. No juzgar. Sumergirnos en una cultura diferente es muy beneficioso, pero solo si lo hacemos sin juicios de valor, dispuestos a no criticar y a absorber todo lo que sucede a nuestro alrededor. De hecho, se ha apreciado que las personas que pasan más tiempo en el extranjero también son más creativas y desarrollan un pensamiento más flexible. No obstante, en realidad no se trata de la duración de las vacaciones sino del deseo de comprender la realidad local y la disposición a asumir perspectivas diferentes a la nuestra. En ese caso, puedes echarle un vistazo a los mejores países para viajar que propone Lonely Planet, cuyas culturas y costumbres cuales pueden convertirse en una nueva fuente de inspiración.