¿Qué le hacen las películas de terror a tu cerebro?

Cuando nos sentamos a ver una película, sabemos que lo que estamos viendo no es real. Aún así, a veces las escenas pueden ser tan realistas que nos mantienen en expectación durante toda la película y nos parece que somos nosotros quienes estamos viviendo las experiencias del protagonista.
 
Puede que la película no sea real, pero las emociones que experimentamos y las reacciones que se desencadenan sí lo son. Sin duda, se trata de un efecto muy poderoso que ahora está siendo estudiado en el marco de una ciencia en ciernes denominada Neurocinema, que se dedica a estudiar la influencia de las películas en nuestro cerebro.
 
De hecho, ¿recuerdas cuándo fue la última vez que saltaste en el asiento mientras veías una película de terror? Ahora vamos a descubrir qué pasó exactamente en tu cerebro y cómo reaccionó tu cuerpo.
 

Las escenas de terror activan directamente el cerebro primitivo

 
Normalmente cuando nos sentamos a ver un filme, “desconectamos” las zonas motoras del cerebro ya que estas no nos sirven. Sin embargo, en ocasiones las escenas que vemos son tan impactantes que superan esa inhibición del sistema motor y nos hacen reaccionar. 
 
Saltamos en el asiento o gritamos porque la escena logra superar ese bloqueo cerebral nutriéndose de nuestros instintos primarios. Es decir, el contenido es tan fuerte desde el punto de vista emocional que nos hace reaccionar de inmediato, para protegernos a nosotros mismos o avisar a los demás que están en peligro. De hecho, al gritar les avisamos a quienes nos rodean o incluso a los personajes que existe un peligro del que deben escapar. Es una reacción atávica.
 
Y todo eso ocurre en cuestión de milisegundos, no tenemos tiempo para procesar lo que estamos viendo o modular nuestra respuesta. En práctica, reaccionamos de esta manera porque, durante esos milisegundos, nuestro cerebro no es consciente de que se trata simplemente de una película y que nosotros estamos a salvo.
 
Si lo pensamos bien, esta reacción no debe extrañarnos ya que nuestro cerebro está programado para asumir que todo lo que vemos es real. Por eso, es muy difícil indicarle a las partes más primitivas, que son precisamente las que se activan en estos casos, que lo que estamos viendo es una ficción. Como resultado, nuestro cuerpo no tarda en reaccionar.
 
De hecho, aunque se trata de casos aislados, se han documentado personas que han sufrido trastorno de estrés postraumático debido a una película, un problema que es más común en los niños, a los cuales ya les resulta complicado de por sí distinguir los límites entre la realidad y la fantasía.
 
En el caso de los adultos este trastorno podría estar causado por un exceso de identificación con los personajes. De hecho, lo más característico de una película de terror o suspense es que el espectador sabe tan poco como los personajes, por lo que les resulta mucho más fácil ponerse en su lugar. Al producirse esa identificación, en el cerebro se pueden crear huellas muy profundas, casi tanto como las que ocasionaría una vivencia real. En práctica, el cerebro de las personas muy sugestionables puede verse atrapado en la montaña rusa emocional que viven los protagonistas de la película.
 
Sin embargo, todo no termina ahí.
 

3 cambios que ocurren en tu cuerpo cuando ves una película de terror

 
La reacción a lo que estamos viendo en la pantalla no se queda a nivel de cerebro sino que se extiende por todo el cuerpo. Esto se debe a que el cerebro envía una señal de alarma que activa el sistema nervioso autónomo a través del aumento de la producción de cortisol y adrenalina, dos neurotransmisores que provocan ciertos cambios a nivel fisiológico.
 
1. Tu corazón se desboca. Un estudio llevado a cabo en un grupo de jóvenes desveló que ver una película de terror provoca un aumento de 14 pulsaciones por minuto en el ritmo cardíaco. También se apreció un aumento significativo de la presión arterial. Además, los investigadores constataron un aumento de los leucocitos que circulaban por la sangre, así como una mayor concentración de hematocritos, como si el cuerpo estuviera respondiendo ante un agente agresor.
 
2. Comienzas a sudar. La conductancia de la piel es uno de los indicadores más antiguos de la activación emocional. En otras palabras: cuando tenemos miedo, sudamos. Investigadores de la Universidad de Wollongong analizaron la respuesta de un grupo de personas ante películas violentas y de terror y apreciaron que quienes son más empáticos suelen sudar más durante estos filmes, y no muestran señales de habituación. 
 
3. Tus músculos se tensan. Una vez que el cerebro primitivo ha detectado un peligro y ha dado la señal de alarma, es difícil detenerlo, sobre todo si las escenas de terror se suceden unas detrás de otras y están acompañadas por esa banda sonora escalofriante. Investigadores de la Universidad de Ámsterdam han descubierto que en estas películas la música genera lo que se conoce como “reacción de alarma”, una respuesta simultánea de la mente y el cuerpo ante un estímulo repentino e inesperado que da lugar a una contracción de los músculos de brazos y piernas. Es por eso que durante una película de terror nos mantenemos constantemente a la expectativa, con los músculos tensos.
 

Entonces, ¿por qué vemos películas de terror?

 
En este punto, queda bastante claro que la mayoría de las personas no la pasamos muy bien viendo películas de terror. Aún así, mucho siguen sucumbiendo al “encanto” de estos oscuros personajes. ¿Por qué?
 
La Teoría de la Transferencia de la Excitación indica que los sentimientos negativos que crean estas películas intensifican los sentimientos positivos que experimentamos cuando el héroe triunfa al final. En práctica, nos gusta este tipo de filmes porque es como subirse a una montaña rusa emocional.
 
Otra teoría apunta al hecho de que las películas violentas o de terror nos ayudan a lidiar con nuestro propio miedo. En práctica, estos filmes tendrían un efecto catártico, nos ayudarían a procesar nuestros temores más ancestrales y ocultos.
 
O quizá podría tratarse simplemente de una curiosidad morbosa fomentada por nuestra necesidad innata de mantenernos a salvo de los peligros que pueden acecharnos en nuestro entorno. 

La indefensión aprendida en las víctimas de malos tratos

 

​La indefensión aprendida en las víctimas de malos tratos 

El concepto de indefensión aprendida es uno de los constructos más ampliamente estudiados por su influencia decisiva en multitud de procesos psicosociales. Tiene su origen en 1975, cuando Martin Seligman y sus colaboradores observaron que los animales de sus investigaciones sufrían depresión ante determinadas situaciones.

¿Qué es la indefensión aprendida?

Para averiguar los motivos de esta depresión que notaban en los perros, Seligman realizó el siguiente experimento. Colocó a varios perros en jaulas de las que no podían escapar, administrándoles descargas eléctricas con intervalos de tiempos variables y aleatorios, con el fin de que no pudieran predecir la siguiente descarga o el patrón de las mismas, ya que no existía ninguno. Tras varios ensayos administrando descargas, y aunque al principio los perros realizaban diversos intentos de escaparse, se observó que al final abandonaban cualquier actividad de escape voluntaria. Cuando los investigadores modificaron el procedimiento y enseñaron a los perros a escapar, éstos se quedaban quietos, negándose a salir o realizar intentos de evitar las descargas, llegando incluso a quedarse tumbados sobre sus propios excrementos.

Ante estos resultados, Seligman descubrió que la respuesta de los animales no era totalmente pasiva, sino que el hecho de quedarse tumbados sobre sus propios excrementos era, de hecho, una estrategia de afrontamiento (la adaptación), ya que tumbándose sobre los mismos minimizaban el dolor y se situaban en una parte de la jaula donde se percibía la menor cantidad de descargas eléctricas. Denominó a este efecto como indefensión aprendida.

La indefensión aprendida: un fenómeno psicológico también presente en los humanos

La indefensión aprendida produce una modificación de las respuestas de escape con consecuencias impredecibles por estrategias de afrontamiento más predecibles. Al mismo tiempo, Seligman descubrió que es posible desaprender la indefensión aprendida, ya que cuando enseñaron a los perros con ensayos repetidos que podían escapar de la jaula, la respuesta de indefensión aprendida, finalmente, desapareció.

Este experimento ha sido replicado en seres humanos concluyendo que los aspectos importantes del síndrome de indefensión aprendida se centran en el aspecto cognitivo, es decir, en los pensamientos. Cuando las personas han perdido la capacidad de creer que sus respuestas les ayudarán a escapar de la situación, modifican sus respuestas de huida por comportamientos de sumisión, como una estrategia de afrontamiento.

La presencia de indefensión aprendida en las víctimas de violencia

Esta modificación de las respuestas de huida por comportamientos de sumisión se han observado en víctimas de malos tratos con indefensión aprendida. Lenore Walker realizó este estudio en víctimas de malos tratos en la pareja, realizando una evaluación similar del funcionamiento cognitivo, emocional y conductual. 

Los resultados mostraron que en el inicio de los malos tratos sus respuestas o comportamientos eran de evasión o huida. Sin embargo, la exposición continua a la violencia provocó una modificación de estas respuestas habían aprendidoque podrían disminuir la intensidad del maltrato a través de diversas estrategias de afrontamiento tales como complacer al agresor, hacer lo que él quiere, mantenerlo calmado, etc.

Así, la teoría de la indefensión aprendida aplicada a víctimas de malos tratos describe como una mujer puede aprender a ser incapaz de predecir el efecto que tendrá su comportamiento con respecto al maltratador. Esta falta de capacidad para predecir qué eficacia tendrá su propio comportamiento para evitar los malos tratos modifica el origen o la naturaleza de la respuesta de la víctima ante las distintas situaciones.

Si quieres profundizar en este tema, te recomiendo la entrevista que Bertrand Regader le realizó a Patricia Ríos: “Entrevista a una psicóloga experta en violencia de género”

Señales que indican que alguien es víctima de malos tratos y ha desarrollado indefensión aprendida

Cuando las mujeres víctimas de malos tratos por parte de su pareja sufren indefensión aprendida, elegirán en una situación conocida o familiar, aquellas conductas que produzcan un efecto más predecible y evitarán comportamientos que les implique un efecto menos predecible, tales como respuestas de escape o huida.

Esta investigación también permitió proponer determinados factores que permiten identificar la indefensión aprendida en víctimas de malos tratos. Los factores son:

  • La presencia de un patrón de violencia, concretamente el Ciclo de la Violencia, con sus tres fases (acumulación de tensión, episodio grave de agresión y arrepentimiento cariñoso o ausencia de tensión), junto con la modificación o aumento observable de la intensidad y frecuencia de malos tratos.
  • El abuso sexual hacia la mujer.
  • Los celos, intromisión, sobre-posesión, y aislamiento de la mujer.
  • Los malos tratos psicológicos: degradación verbal, negación de facultades, aislamiento, indulgencia ocasional, percepciones monopolizadoras, amenaza de muerte, debilidad inducida por drogas o alcohol.
  • Presencia de comportamientos violentos de la pareja hacia otros (niños, animales u objetos inanimados).
  • El abuso de alcohol o drogas por parte del hombre o de la mujer.

Por último y no menos relevante, este estudio ha permitido que pueda emplearse para el tratamiento psicológico de las víctimas de malos tratos.

Desaprendiendo la indefensión aprendida

El proceso de desaprender la indefensión aprendida se caracteriza por la dotación de poder de estas mujeres dentro de la relación de pareja, que permitirá que las mujeres maltratadas comprendan y salgan del ciclo de la violencia, orientándolas en cómo se puede predecir la escalada de la violencia, a través de la distinción de las distintas fases del ciclo y la comprensión de que las fases del amor y del arrepentimiento es una forma de reforzar el ciclo y enseñándoles distintas habilidades para poder escapar.

Sin embargo, es importante considerar que existen diferencias entre los estudios de laboratorio y la vida real y es necesario tener presente que en la vida real el maltratador puede volverse más violento cuando la mujer se enfrenta a él y/o cuando intenta separarse.

Eva Mª Cabrero Aparicio Eva Mª Cabrero Aparicio-Psicóloga de las organizaciones – Web: psicologiaymente.net

Cuando dejas de pensar en lo que puede pasar, empiezas a disfrutar lo que está pasando

Cuando somos pequeños vivimos en el aquí y ahora. Sin embargo, a medida que vamos creciendo nos empezamos a preocupar por el futuro. Y poco a poco, casi sin darnos cuenta, esas preocupaciones se adueñan de nuestra mente, hasta tal punto que nos impiden vivir el momento presente.
De hecho, la sociedad impulsa y recompensa ese tipo de pensamiento. Y las personas que nos rodean nos animan a desarrollarlo con frases como “debes pensar en tu futuro” o “ahorra para el mañana”.
 
Obviamente, no tiene nada de malo ser previsores y mirar al futuro antes de tomar una decisión importante. De hecho, es imprescindible hacerlo, pero en su justa medida. El problema comienza cuando el miedo al futuro maniata el presente, cuando los temores y las preocupaciones nos impiden vivir.
 

¿Cómo saber si estás viviendo en el futuro?

 
Existen algunas señales que indican que no estás viviendo en el presente, que tu mente está viajando por el futuro, probablemente inventando problemas que no existen:
 
– Te preocupas constantemente por problemas que aún no han ocurrido.
 
– Exageras las consecuencias de tus actos, hasta tal punto que estas se convierten en un auténtico drama.
 
– Te agobias por situaciones que probablemente nunca ocurrirán y las revives una y otra vez en tu mente.
 
– Vives en un estado de expectación constante, a la espera de que ocurra algo negativo.
 
– No tomas decisiones porque esperas una “señal del futuro”, lo cual genera una gran tensión y estrés ya que vives en la incertidumbre.
 
– Crees que solo serás feliz cuando se cumpla esa meta que te has propuesto.
 
– Te sientes desdichado pero no haces nada para solucionarlo pues tienes la secreta esperanza de que en el futuro todo se arreglará como por arte de magia.
 

El futuro es incierto, acéptalo

 
Las personas que viven en el futuro tienen un grave problema: no son capaces de aceptar la incertidumbre. La imposibilidad de saber a ciencia cierta qué puede pasar les atormenta, por eso intentan perfilar todo tipo de hipótesis que les ayude a estar preparadas para lo que puede ocurrir.
 
Sin embargo, lo cierto es que el futuro tiene un gran componente de incertidumbre. Y cuanto antes lo aceptemos, mejor. Cada pequeña decisión que tomamos puede conducirnos en una dirección o en otra. Y no siempre depende de nosotros.
 
Abrazar la incertidumbre, asumirla como una sorpresa o un desafío, nos permitirá liberarnos de esa ansiedad que suele generar lo desconocido, y nos ayudará a vivir plenamente el aquí y ahora.
 
Por supuesto, no se trata de dejar de pensar en el futuro porque siempre tendremos que hacer planes y pensar en las posibles consecuencias de nuestras decisiones, sino de aprender a lidiar con esta perspectiva asumiendo una actitud más relajada. Se trata de aprender a fluir y confiar más en el curso de la vida.
 

La mayor recompensa: El presente

 
Cuando nos desatamos de las ataduras del futuro obtenemos una gran recompensa: el presente. Nos sentimos libres para disfrutar plenamente el aquí y ahora. Entonces podemos mirar a nuestro alrededor y ver esas cosas que la angustia, el miedo y la ansiedad nos impedían notar.
 
Ten en cuenta que el presente es lo único que tenemos para cambiar el futuro, por tanto, es nuestra posesión más preciada. Nuestro deber es aprovechar cada minuto, porque no tendremos una segunda oportunidad para hacerlo.
 
Vive hoy con la esperanza de que habrá un mañana pero sin olvidar que ese momento no se volverá a repetir.

CÓMO SUPERAR LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

 violento

Las mujeres sufrimos más dependencia emocional que los hombres en nuestras relaciones sentimentales porque la cultura patriarcal nos ha hecho creer que nacemos con un don especial para amar incondicional y abnegadamente. Desde niñas, se nos enseña a darle más importancia al amor y a la pareja que a nuestra autonomía personal. Por eso nosotras, en general, somos las más románticas: desde que somos adolescentes nos pasamos muchas horas imaginando el encuentro con nuestra media naranja, leyendo novelas, hablando con las amigas de nuestros problemas sentimentales, viendo películas románticas, escribiendo cartas y diarios, y viviendo romances intensos.

Con los cuentos que nos cuentan de pequeñas, aprendemos a delegar nuestra felicidad en la llegada del príncipe azul que nos cambie la vida, y ello hace que suframos mucho si no llega, si no es como esperábamos, o si pasado un tiempo decide separarse de nosotras y nos pide que abandonemos el  palacio. Nos enseñan a temer la soledad, y nos dicen que sin amor no somos nada, por eso dedicamos  mucho tiempo y energía en encontrar pareja. Por eso, también, cuando la tenemos tememos perderla y nos aferramos a ella como si fuese una botella de oxigeno, indispensable para nuestra supervivencia.

La dependencia emocional, entonces, se aprende a través de la socialización y la cultura, y se fortalece con la dependencia económica, los miedos e inseguridades personales, y la soledad. Cuanto más solas estemos, más necesitaremos una pareja. Y esa necesidad tiene sus peligros, por ejemplo, elegir un compañero que no sea una buena persona o con la que sea imposible construir una relación amorosa sana y equilibrada. O permanecer años en una relación que no te hace feliz. O auto engañarnos pensando que en algún momento nuestro amado cambiará, mejorará, o volverá a amarnos como al principio. O vivir con un miedo permanente a que nos dejen, o con unos celos arrasadores que nos amarguen la vida, o perder la personalidad propia para agradar a la otra persona, o aguantar situaciones de malos tratos por miedo a quedarnos solas.

depresion_1La dependencia emocional es una mezcla potente de muchos miedos: miedo a quedarte sola, miedo a no merecer ser amada, miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a que nos dejen de querer. El peor de todos ello es el miedo a la soledad, de hecho en casi todas las películas, las protagonistas están solas. No tienen redes de afecto a su alrededor que las ayuden, por eso necesitan príncipes azules. Nunca aparecen con sus madres, hermanas, abuelas, tías, primas, amigas, vecinas…. El aislamiento las hace más vulnerables y más necesitadas de amor, porque su felicidad depende de una sola persona.

El miedo a la soledad nos lleva, en ocasiones, a apresurarnos a la hora de elegir una buena pareja. Es demasiado doloroso enamorarse de alguien y darse cuenta de que no lo conocíamos con profundidad, que nos equivocamos, o que nos engañó, así que es importante que conozcamos bien a la persona, tomarnos un tiempo para poder analizar si la relación que vamos a iniciar merece la pena, para poder saber si la persona que nos gusta tanto realmente es tan maravillosa, si el balance de virtudes y defectos te compensa… Para eso necesitamos la observación, el análisis, y el tiempo para elaborar toda la información que nos llega a través de las palabras y el comportamiento de la otra persona. Necesitamos, también, opiniones externas para contrarrestar nuestra intensidad en el autoengaño, y trabajar con una duda fundamental: ¿es buena persona?, ¿tenemos ambos herramientas para construir una relación bonita?

Otra de las claves de la dependencia emocional es la incapacidad para dejar el pasado atrás, la carga de traumas y carencias que arrastramos
desde la infancia. No es fácil, pues algunas de nosotras tenemos que trabajar en ello durante muchos años, o toda la vida, para poder hacer borrón y cuenta nueva. No podemos pedirle al amado que nos cure, o que asuma nuestros problemas o carencias, o que nos proteja de los dolores y los miedos que nos habitan por dentro. El  trabajo tenemos que hacerlo nosotras mismas, el camino hacia la sanación o la superación es nuestra responsabilidad, y tenemos que emprenderlo con alegría, con fuerza, con ganas de liberarnos de todas las cargas del pasado para caminar con ligereza por nuestro presente.


AUTOESTIMASPara evitar la dependencia, es importante también construir relaciones equilibradas, y horizontales. En las relaciones de dependencia, tendemos a situar a la otra persona en un pedestal y a sentirnos inferiores a ella. Somos capaces de sacrificarnos por el otro, tratar de agradarle continuamente, aguantar ciertas situaciones dolorosas, comportarnos con sumisión ante cualquier conflicto. Somos capaces, también, de asumir toda la carga doméstica, de crianza y educación para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparos por nuestra salud  y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder siempre o casi siempre, de darle todo el  poder a la otra persona para que permanezca junto a nosotras, para que no haya problemas, para que establezca las reglas del juego amoroso. Pero todo esto tiene un coste, aunque esté invisibilizado, y no nos sirve para construir relaciones igualitarias.

Y ahí entonces nos damos cuenta, de pronto, de que al depender de alguien perdemos parte de nuestra personalidad. Descubrimos que no nos mostramos tal y como somos, aunque se hayan enamorado de nosotras. Al empequeñecernos perdemos atractivo, aunque lo hacemos pensando que así puede que nos amen más. Al entrar en la estructura de la dependencia podemos llegar a transformamos en seres débiles, infantilizadas, victimas y victimistas que mendigan amor y atención, y generalmente recibimos lo contrario, pues el masoquismo de una persona alimenta el sadismo de otra en este tipo de relaciones desiguales.


Cuando perdemos toda nuestra autonomía para que nos quieran más, estamos cayendo en una trampa: pues anularnos como personas no nos hace más sexys, sino más aburridas y predecibles: la gente normalmente se enamora de personas alegres, activas, con iniciativa, con energía vital para moverse por el mundo. Al anularte, eliminas también todo eso que te hace ser tú y que enamora a la gente que te conoce.


La dependencia emocional nos lleva a sentirnos poco merecedoras del amor, por eso surgen los celos y el afán de posesión. Cuanto más inseguras estamos y más complejos tenemos, más necesidad de control tenemos sobre la otra persona. Cuanto más miedo nos posee, más necesidad de aceptación y reconocimiento continuo sentimos. A veces ocurre que nos cuesta creer que alguien quiera permanecer a nuestro lado, a veces nos prohibimos el derecho a disfrutar del amor. Por miedo a no que nos dejen de querer, no podemos ni disfrutar de que nos quieran en el presente.
MUJER HOY
El amor solo tiene sentido, creo, si nos liberamos de los miedos, y amamos desde la libertad. Un amor no basado en la dependencia es aquel  en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

Para poder querer desde la generosidad, el respeto, el cuidado mutuo y el amor profundo tenemos que querernos a nosotras mismas, lo que supone también aceptarnos y trabajar para mejorar lo que no nos gusta de nosotras. Practicar la autocrítica amorosa  consiste en analizarnos con cariño para conocernos mejor a nosotras mismas e identificar las claves de nuestra inmensa necesidad de afecto que nos hacen ser dependientes de las personas a las que queremos.

Siendo consciente de aquello que nos limita a la hora de construir relaciones bonitas, será más fácil trabajar para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, para disfrutar de la vida tengamos o no pareja.

Otras claves para superar la dependencia emocional:images (17)

-Ser tú misma. La gente se enamora de ti, por lo tanto es fundamental que sigas siempre siendo tú. Además, independientemente de que te amen o no, sigues siendo siempre una bella persona y hay mucha gente que te aprecia y te quiere.

Amar como adultas: tenemos que aceptar y cultivar nuestra autonomía, no delegar responsabilidades propias, no esperar que los demás nos cambien o nos mejoren la vida.   Aprender, en fin, a querernos, a tomar decisiones sin miedo, a respetar los pactos con una misma, a tomar la iniciativa, a equivocarnos, a volverlo a intentar.

Construye tu relación amorosa con el mismo amor que construirías tu casa si pudieras. Elige un buen compañero, establece unos pactos para la convivencia y el reparto igualitario de tareas y roles, y que las bases de vuestra relación sean siempre el respeto, la igualdad, el equilibrio, y el cuidado mutuo.

-Hazte de vez en cuando estas preguntas: ¿soy feliz en mi relación?, ¿tengo mis espacios y tiempos propios?, ¿cómo resuelvo los problemas con  mi pareja?, ¿estoy acostumbrada a tomar decisiones, o a que mi pareja las tome por mi?, ¿me siento querida?, ¿el intercambio de cuidados y cariño es equilibrado o está descompensado?, y  ¿qué podría hacer para mejorar, cambiar la situación o salir de ella?.

Aprende a decir no: nadie va a dejar de quererte si te niegas a hacer algo que no te gusta, si expresas una opinión contraria, si no cumples las expectativas sociales, si tomas tus propias decisiones, si defiendes lo que sientes o lo que piensas, si pides respeto hacia tus posiciones. No tienes por qué tener miedo al conflicto: se puede discutir con alguien sin hacerse daño, dialogando, hablando con sinceridad y cariño. Nadie va a dejar de quererte si dices No, si te sales del papel que te habían asignado…

Atrévete a romper: deja atrás el pasado, acepta las pérdidas, y explora las nuevas etapas que se abren en tu vida. Atrévete a tomar decisiones, y no tengas miedo a los cambios. Solo dejando atrás lo antiguo podremos abrir las puertas y las ventanas hacia lo nuevo, lo que está por venir.

Aceptar las pérdidas: la gente nos acompaña en el camino de la vida, a veces durante años, a veces menos tiempo, pero nadie recorre con nosotras completamente todo nuestro paso por este mundo. Así pues, aunque es doloroso, es importante seguir caminando, bien sola, o bien acompañada.

Mejor soltera que mal acompañada: cuando estás en una relación de dependencia te resulta muy difícil pensar que podrías enamorarte de nuevo y encontrar un compañero estupendo. O te cuesta imaginarte sola y feliz porque crees que no puedes valerte por ti misma. Sin embargo, es cuestión de aprender lo que no sabes, y de abrir la mente a una nueva etapa de tu vida. Las relaciones amorosas son para ser disfrutadas, y si estás sufriendo, mejor acabar una relación dañina que permanecer en ella durante años. La soledad es buena también para ordenar ideas, para empezar de cero, para repensarse e inventarse, para fortalecer la autonomía propia, para conectar con una misma. Además, sin pareja siempre es más fácil conocer otra gente para acompañar y sentirnos acompañadas; y es más fácil crear redes de afecto duraderas y diversas.

-Pregúntate de vez en cuando, también: ¿cómo se sentiría tu pareja si lograses aumentar tu autoestima y empoderarte?,¿ si dedicases más tiempo a cultivar tus aficiones, o a cuidar a tu gente querida?, ¿cuál sería su reacción si empezases a decir lo que opinas y sientes sin miedo?, ¿crees que tu pareja sería feliz si te viese feliz, trabajando tu autonomía para no depender tanto de él?, ¿crees que podrías compartir ese proceso con tu pareja, que te respetaría y te animaría a ser independiente?.

Desintoxicación emocional: de vez en cuando es bueno estar sin pareja, y tomarse vacaciones sentimentales. Piensa en la cantidad de tiempo y energías que se nos van en las relaciones: estos descansos  te vendrán bien para reorganizar tus pensamientos, para estar un tiempo tranquila, o para llevar a cabo grandes proyectos…  utiliza tu energía amorosa para hacer más felices a los demás o a ti misma.

Solas no podemos: juntas, sí. Rodéate de mujeres, únete para trabajar por la independencia y la autonomía de todas. Llena tu vida  de gente, de aficiones y pasiones personales. Aprende a disfrutar de tu soledad, y de la compañía. Conoce gente nueva, cuida a la gente de siempre. Diversifica afectos y únete a grupos de personas que se juntan para aprender, para compartir aficiones o pasiones, para construir, para luchas por tus derechos, para celebrar la vida.

Consejo: Acude a un especialista si la situación dura más de tres meses. Si tienes dudas, escríbenos: psicopracticaonline@gmail.com