Si tu hijo olvida los deberes en casa, no se los lleves a la escuela

Prácticamente todos los niños han olvidado alguna vez sus deberes sobre la mesa del comedor o en su escritorio. Se supone que un buen padre debería darse cuenta de ello y llevarle los deberes a la escuela, para que el pequeño no se sienta avergonzado delante de sus compañeros o para evitar que la maestra le reprenda.
 
Sin embargo, cada vez hay más voces que se levantan en contra de este hábito para indicarles a los padres que no es necesario que hagan de cartero o que se conviertan en las agendas ambulantes de sus hijos. Maestros y psicólogos apuntan que cuando esos olvidos se repiten y los padres evitan que los niños asuman las consecuencias de sus despistes, en realidad no le están haciendo un favor sino que le hacen daño.


El regalo que implica la adversidad

 
Para la mayoría de los padres palabras como “error” y “fracaso” suelen ser aterradoras, sobre todo si se refieren a sus hijos, pero en realidad ese profundo rechazo es solo una perspectiva que nos ha inculcado la sociedad. El error encierra una oportunidad de aprendizaje muy valiosa que no deberíamos arrebatar a los niños.
 
Cuando los padres rescatan a sus hijos de las consecuencias de sus errores, despistes o malas decisiones, interrumpen el ciclo natural de aprendizaje. Como resultado, los niños no llegan a madurar completamente sino que desarrollan unadependencia emocional que les impide crear su propia caja de herramientas para la vida.
 
De hecho, un estudio desarrollado en la Universidad de Pensilvania descubrió que la habilidad para recuperarnos de la adversidad y perseverar en nuestras metas es fundamental para tener éxito en la vida. La perseverancia a una edad temprana es uno de los mejores indicadores para saber si un niño terminará los estudios universitarios, mucho más que la inteligencia.
 

La hiperpaternidad genera niños frágiles

 
La seguridad y la confianza que transmitan los padres a sus hijos es fundamental para que estos se sientan seguros explorando el mundo y se formen una imagen tranquilizadora del entorno que les rodea. De hecho, una encuesta a nivel nacional realizada por investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania en más de 100.000 estudiantes de bachillerato desveló que el 55% de ellos sufría ansiedad, el 45% depresión y el 43% mostraba signos de un estrés elevado. Uno de cada seis estudiantes encuestados había sido diagnosticado o tratado por estos problemas a lo largo del último año.
 
Una de las causas de estos problemas es la hiperpaternidad, los niños y adolescentes llegan a la escuela sin haber desarrollado adecuadamente la resiliencia, por lo que no son capaces de tolerar la frustración y lidiar con los problemas. A estos niños les resulta difícil poner en perspectiva las cosas y para ellos una mala calificación puede ser un revés demoledor para su autoestima.
 
De hecho, la hiperpaternidad lo que hace es generar dependencia, por lo que terminará minando la confianza de los niños y les robará la posibilidad de tener éxito en el futuro, cuando sus padres no estén a su lado para resolver sus problemas y enmendar sus errores. Este estilo educativo termina generando niños y adolescentes extremadamente frágiles.
 

La trampa de la protección

 
En la actualidad muchos padres caen en lo que podríamos denominar la “trampa de la protección”. Este efecto fue descubierto por psicólogos de la Universidad Estatal de Arizona, quienes analizaron a 70 niños con edades comprendidas entre los 6 y 16 años que estaban siendo tratados por depresión y ansiedad. Descubrieron que algunas de las estrategias que ponían en práctica los padres para lidiar con los problemas emocionales de sus hijos no eran eficaces. Darles cariño, transmitirles afecto y animarles a enfrentar sus miedos funcionaba, pero adoptar una actitud sobreprotectora terminaba acentuando los síntomas depresivos y ansiosos.
 
El problema de la hiperpaternidad es que los padres no solo evitan que sus hijos cometan errores e intentan que no sufran las consecuencias de sus malas decisiones sino que incluso les ahorran esa dosis de miedo positivo. Sin embargo, lo curioso es que mientras más los niños eviten las situaciones que les atemorizan, más miedo tendrán y menos propensos serán a asumir riesgos en el futuro. 
 
Debemos recordar que la infancia es una etapa crucial para que los niños desarrollen esas habilidades que les permitirán lidiar con la adversidad y con las situaciones que les asustan. Si no desarrollan esas capacidades siendo niños, es probable que se conviertan en adultos excesivamente cautelosos, que tienen miedo a salir de su zona de confort, por lo que no serán capaces de vivir plenamente. 
 

¿Cuál es la solución?

 
No se trata de asumir una postura extremista. Si un día tu hijo olvida los deberes en casa, no hay nada de malo en llevárselos a la escuela. Si necesita ayuda con un proyecto, puedes darle una mano y si tiene problemas con algún compañero de colegio, puedes intervenir. Sin embargo, esta no debe ser la norma.

Es imprescindible que los padres sean capaces de darles a sus hijos la libertad necesaria como para que cometan sus propios errores. Así tendrán que asumir las consecuencias de sus actos y, como resultado, se verán obligados a adaptar su comportamiento, reorganizar sus hábitos y aprender del error.

La clave radica en encontrar un justo equilibrio entre la ayuda y la orientación, la protección y la seguridad, con la autonomía y la independencia. Solo así los niños aprenderán a valerse por sí solos y lograrán confiar en sus capacidades. Ese es uno de los mayores regalos que los padres pueden hacerles.

WEB ORIGEN: http://www.rinconpsicologia.com/

Los 4 excesos de la educación moderna que trastornan a los niños

Cuando nuestros abuelos eran pequeños, tenían solo un abrigo para el invierno. ¡Solo uno! En aquella época de vacas flacas, incluso tener un abrigo se consideraba un lujo. Por eso, los niños lo cuidaban como un bien precioso. En aquellos tiempos se solía tener lo mínimo indispensable. Y los niños eran conscientes del valor y la importancia de sus cosas.
 
Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y nos hemos convertido en personas más sofisticadas. Nos gusta tener muchas opciones e intentamos que nuestros hijos tengan todo lo que desean y, si es posible, mucho más. Sin embargo, no nos damos cuante de que al mimarles excesivamente contribuimos a crear un ambiente en el que pueden proliferar los trastornos mentales.
 
De hecho, se ha demostrado que un exceso de estrés durante la infancia aumenta las probabilidades de que los niños desarrollen problemas psicológicos. Así, un niño sistemático puede ser empujado a desarrollar un comportamiento obsesivo y un pequeño soñador puede perder su capacidad para concentrarse.
 
En este sentido, Kim Payne, profesor y orientador estadounidense, llevó a cabo un experimento muy interesante en el cual simplificaron la vida de los niños diagnosticados con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Al cabo de tan solo cuatro meses, el 68% de estos pequeños habían pasado de ser disfuncionales a ser clínicamente funcionales. Además, mostraron un aumento del 37% en sus aptitudes académicas y cognitivas, un efecto que no pudo igualar el medicamento más prescrito para este trastorno, el Ritalin.
 
Estos resultados son, en parte, extremadamente reveladores y, por otra parte, también son ligeramente atemorizantes ya que nos hace preguntarnos si realmente les estamos proporcionando a nuestros hijos un entorno sano desde el punto de vista mental y emocional. 
 
¿Qué estamos haciendo mal y cómo podemos arreglarlo?
 

¿Cuando mucho se convierte en demasiado?

 
A inicios de su carrera, este profesor trabajó como voluntario en los campos de refugiados, donde tuvo que lidiar con niños que sufrían estrés posttraumático. Payne apreció que estos niños se mostraban nerviosos, hiperactivos y continuamente expectantes, como si algo malo fuera a pasar de un momento a otro. También eran extremadamente cautelosos ante la novedad, como si hubieran perdido esa curiosidad innata de los niños.
 
Años más tarde, Payne apreció que muchos de los niños que necesitaban su ayuda mostraban los mismos comportamientos que los pequeños que provenían de países en guerra. Sin embargo, lo extraño es que estos niños vivían en Inglaterra, por lo que su entorno era completamente seguro. Entonces, ¿por qué mostaran síntomas típicos del estrés postraumático?
 
Payne piensa que aunque los niños de nuestra sociedad están seguros desde el punto de vista físico, mentalmente están viviendo en un entorno similar al que se produce en las zonas de conflictos armados, como si su vida peligrara. Estar expuestos a demasiados estímulos provoca un estrés que se va acumulando y obliga a los niños a desarrollar estrategias para sentirse a salvo. 
 
De hecho, los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de información que no son capaces de procesar. Se ven obligados a crecer deprisa ya que los adultos colocan demasiadas expectativas sobre ellos, haciendo que asuman roles que en realidad no les corresponden. De esta manera, el inmaduro cerebro de los niños es incapaz de seguir el ritmo que impone la nueva educación, y se produce un gran estrés, con las consecuencias negativas que este provoca.
 

Los cuatro pilares del exceso

 
Como padres, normalmente queremos darle lo mejor a nuestros hijos. Y pensamos que si un poco está bien, más será mejor. Por eso, ponemos en práctica un modelo de hiperpaternidad, nos hemos convertido en padres helicóptero que obligan a sus hijos a participar en una infinidad de actividades que, supuestamente, les preparan para la vida. 
 
Por si no fuera suficiente, llenamos sus habitaciones de libros, dispositivos y juguetes. De hecho, se estima que los niños occidentales tienen, como media, 150 juguetes. Es demasiado, y cuando es demasiado, los niños se sienten abrumados. Como resultado, juegan de manera superficial, pierden el interés fácilmente por los juguetes y por su entorno y no desarrollan su imaginación.
 
Por eso, Payne afirma que los cuatro pilares del exceso sobre los cuales se erige la educación actual de los niños son:
 
1. Demasiadas cosas
 
2. Demasiadas opciones
 
3. Demasiada información
 
4. Demasiada velocidad
 
Cuando los niños son abrumados de esta forma, no tienen tiempo para explorar, reflexionar y liberar las tensiones cotidianas. Demasiadas opciones terminan erosionando su libertad y les roba la oportunidad de aburrirse, que es fundamental para estimular la creatividad y el aprendizaje por descubrimiento.
 
Poco a poco, la sociedad ha ido erosionando la maravilla que implica la infancia, hasta tal punto que algunos psicólogos se refieren a este fenómeno como “la guerra contra la infancia”. Basta pensar que en las dos últimas décadas los niños han perdido una media de 12 horas semanales de tiempo libre. Incluso los colegios y las guarderías han asumido una orientación más académica. 
 
Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de Texas ha desvelado que cuando los niños juegan deportes bien estructurados se convierten en adultos menos creativos, en comparación con los pequeños que han tenido mucho tiempo libre para jugar. De hecho, los psicólogos han notado que la forma de jugar moderna genera ansiedad y depresión. Obviamente, no se trata solo del juego más o menos estructurado sino también de la falta de tiempo.
 

Simplificar la infancia 

 
La mejor manera de proteger la infancia de los niños es decir “no” a las pautas que la sociedad pretende imponer. Se trata de dejar que los niños sean simplemente eso, niños. La vía para proteger el equilibrio mental y emocional de los niños consiste en educar en la simplicidad. Para lograrlo es necesario:
 
– No atiborrarles de actividades extraescolares que, a la larga, probablemente no le servirán de mucho.
 
– Dejarles tiempo libre para que jueguen, preferentemente con otros pequeños o con juguetes que puedan estimular su creatividad, no con juegos estructurados.
 
– Pasar tiempo de calidad con ellos, es el mejor regalo que pueden hacerles los padres.
 
– Crear un espacio de tranquilidad en sus vidas donde puedan refugiarse del caos cotidiano y aliviar el estrés.
 
– Asegurarse de que duermen lo suficiente y descansan.

– Reducir la cantidad de información, asegurándose de que esta sea comprensible y adecuada a su edad, lo cual implica hacer un uso más racional de la tecnología.

 
– Simplificar su entorno, apostando por menos juguetes y cerciorándose de que estos estimulan realmente su fantasía.
 
– Disminuir las expectativas sobre su desempeño, dejándoles que sean simplemente niños.

Recuerda que los niños tienen toda la vida por delante para ser adultos, mientras tanto, deja que sean niños y disfruten de su infancia. 

¿Hay derecho a tantos deberes?

 Las tareas que nuestros alumnos se llevan a casa casi duplican la media europea de cuatro horas a la semana

¿Hay derecho a tantos deberes?

¿Hay derecho a tantos deberes? 

Preguntar por los deberes entre la comunidad educativa provoca un estallido de dimensiones mayúsculas. Es, como constata el catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Alicante y experto internacional en el ámbito educativo, Juan Antonio Castejón, «motivo de controversia entre padres, profesores alumnos». Aunque parece que algo empieza a cambiar.

Los últimos datos de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, nos sitúan muy por encima del tiempo medio que el resto de países europeos destina a las tareas escolares en casa. Sobrepasamos de largo las cuatro horas semanales que se recomiendan, hasta el punto de que una rápida encuesta entre los representantes tanto docentes como de padres en la provincia apuntan a las dos y tres horas…, pero diarias.

Castejón subraya que lo adecuado para Secundaria no debe exceder las dos horas diarias, pero que esa misma dedicación en Primaria resulta «perjudicial». Por simplificar, este investigador lanza una regla cuasi científica hacia la búsqueda del tiempo óptimo de deberes escolares: 10 minutos por curso, en orden creciente, de forma que llegaríamos a cumplir la hora en sexto curso de Primaria.

“Educación constata que más deberes no implican mejores resultados”.

Hábito
Los profesores consideran necesarias las tareas como medio de empezar a crear un hábito de responsabilidad en el alumno, pero admiten que adolecen de la necesaria coordinación y planificación entre ellos mismos para no cargar de sobreesfuerzo al alumno. «En los claustros estamos en pleno debate sobre los deberes porque es verdad que a veces resultan excesivos», sostiene Ginés Pérez, portavoz de la Asociación Provincial de directores de Primaria.

Es un hecho que las reiteradas quejas de los padres, que asisten impotentes al agobio diario de sus hijos ante la inabarcable cantidad de tareas que deben cumplir al salir del aula, han ido calando entre los docentes, y que se ha empezado a generar un cambio de tendencia.

«Ya partimos de la premisa de que el trabajo debe hacerse en clase, y solo puntualmente reforzar en casa», abunda Miguel Andreu, representante de los directores de colegios en el Consejo Escolar de Alicante. Aunque estas intenciones chocan con una cruda realidad: cumplir el currículum no es tarea fácil con las solas horas de clase, lo que se hace más evidente conforme se avanza de nivel hasta llegar a Secundaria.

«Los alumnos pasan de un sexto curso, donde tienen un tutor que les imparte varias materias y un total de cuatro maestros que pueden coordinarse más fácilmente, a tener de golpe diez profesores», cada uno con su propia asignatura y correspondientes deberes. José Antonio Perelló, representante de los directores de Secundaria en el Consejo Escolar, entona un mea culpa que entiende que es generalizado: «Es verdad que atosigamos a los alumnos y supone un problema a abordar en profundidad».

El representante provincial de los directores de institutos, Toni González, comparte igualmente «la sensación de que mandamos demasiados deberes», y se pronuncia con rotundidad al respecto: «No comparto la filosofía de algunos centros, concretamente de la enseñanza concertada, que consideran que cuantos más deberes pongo, mejor centro educativo soy». La reflexión se produjo esta misma semana en un encuentro sobre el derecho a la educación y la necesidad de un pacto autonómico al respecto, organizado en Valencia por Unicef. «Hay una tendencia efectiva a disminuir la cantidad de deberes –sopesa González–, pero cambiar las mentalidades no es fácil».

Rendimiento

Tampoco hay que perder de vista que las tasas del 32% de fracaso escolar que arroja la Comunidad Valenciana, donde uno de cada tres alumnos no logra las competencias mínimas, ratifican que más deberes no conducen a mejores resultados.

Finlandia o Corea, paradigma del rendimiento escolar óptimo, rondan apenas las dos horas y media de deberes en toda la semana.

El doctor en Ciencias de la Educación por la universidad de Alicante, Vicente Carrasco, introduce otro extremo que calienta el debate: ir a una academia es también tiempo de deberes a todos los efectos. Apunta a la «obsesión de las familias por que sus hijos no pierdan el tren del progreso», de forma que les apabullan con extraescolares. «Ir dos tardes a la semana al Conservatorio a ejercitarse en solfeo también es hacer deberes. Habría que actuar con más cordura y priorizar el aspecto lúdico, que también forma parte del aprendizaje», reflexiona.

El catedrático Castejón añade que incluso la implicación directa de los padres en la realización de los deberes de sus hijos es «negativa». Aconseja una ayuda «mínima», y una labor paterna que se limite a la «supervisión y el control». Porque es tarea del docente detectar las dificultades del alumno y procurar programas de refuerzo en el aula.

La familia

En Francia, según señala el investigador, los padres han llegado al punto de convocar «una huelga de deberes». Y los representantes autonómicos y provinciales de los padres de alumnos no pueden estar más de acuerdo. Ramón López, de Covapa, en centros públicos, rechaza que los niños tengan que completar en casa los temarios que los profesores no llegan a cumplir en el aula, y reprueba que las mochilas vayan cada vez más cargadas de deberes: «O falta tiempo o sobra currículum», sentencia.

Julia María Llopis, que representa en Concapa a los padres de centros concertados, comenta alarmada que el exceso y complicación de las tareas, especialmente en Secundaria donde «se han puesto de moda los trabajos en equipo», han llegado a provocar enfados entre los padres al considerar que alguno de ellos ha puesto menos que los demás en el asador a la hora de procurar el éxito de todos los alumnos implicados, por ejemplo, en un experimento. Julia es partidaria de crear un hábito de estudio «pero dosificado».

¿Y los responsables políticos, qué dicen?. Castejón critica que «están más a la mera gestión y administración». Preguntado al respecto, el director general de Política Educativa, Jaume Fullana, apuesta por «un cambio de modelo que promocione más el placer del estudio que el esfuerzo».

El botiquín de las emociones

 

Todos estaréis de acuerdo en la importancia de disponer de un botiquín con todo lo indispensable para poder resolver pequeños accidentes caseros.

botiquín primeros auxilios

Es muy útil que contenga:

  • Tiritas
  • Gasas
  • Esparadrapo
  • Tijeras
  • Agua oxigenada
  • Alcohol
  • Betadine
  • Suero fisiológico
  • Termómetro
  • Algodón
  • Mercromina
  • Pomada para quemaduras

Con estas cosas estamos cubiertos y podremos curarnos a nosotros mismos o a nuestros hijos de forma rápida. Se pueden conseguir los productos en farmacias o supermercados. Lo tenemos todo al alcance de nuestra mano.

 

El problema se complica cuando la herida no nos la hacemos en un dedo, o en una pierna, si no que es algo interno.

tirita para curar el alma mafalda

¿Cómo nos curamos el alma? ¿Qué hacemos cuando son nuestras emociones las que se quejan? ¿ Cómo calmamos los sentimientos heridos de los más peques?

Para conseguir resolver estas dudas, crearemos EL BOTIQUÍN DE LAS EMOCIONES.

Usándolo de forma adecuada, transformaremos cualquier malestar en alegría.

Es bueno que toméis nota de todo lo que os cuento a continuación y os hagáis con uno lo más rápido posible. Tened por seguro que muchos de los problemas de vuestros hijos desaparecerán como por arte de magia y, por consiguiente, los vuestros también, o al menos, mejorarán. 😀.

Importancia de disponer de un Botiquín de las emociones en casa.

Sirve para calmar el malestar emocional de los pequeños.

Los niños gracias a su utlización, aprenderán a ponerse en el lugar de los demás, a empatizar con sus iguales y con los adultos también.

A los niños les encanta jugar a las profesiones. Una de las más socorridas es la de médico. Este tipo de juego de roles es muy importante para su desarrollo emocional e intelectual. Mientras juegan a que son médicos (tanto con muñecos como con otros niños) volcarán en el paciente lo que ellos mismos viven en su propia piel y además les servirá para no tener miedo cuando realmente tengan que acudir al centro de salud para someterse a  exámenes rutinarios.

¿Qué ha de tener el Botiquín de las emociones?

  • Tiritas pegabesos.  Cualquier tirita de colores o con dibujos infantiles es válida. Hay que tener muchas porque se usan casi a diario. Curan la mayoría de los males de forma muy efectiva.

tiritas infantiles

  • Gasas abrazadoras.   Es necesario que sean lo suficientemente largas para evitar que el abrazo se nos quede a medias de dar. Cuanto peor esté el paciente, mayor ha de ser el trozo de gasa. En este caso es siempre mejor pasarse abrazando que quedarse corto, ya que el mal puede ser mayor.

gasa en rollo

  • Pedorretas lanzarisas.  Son un remedio infalible ante un ataque de tristeza. Se pueden conseguir en tiendas de bromas.

cojin de plastico para hacer pedorretas

  • Toalla recogelágrimas.  Cualquier toalla de lavabo puede ser útil. Su función está clara, enjugar las lágrimas del afectado. Dispondremos de una de mayor tamaño por si la afección deriva en incontinencia lacrimógena. También podemos utilizar tiritas pegabesos o gasas abrazadoras si somos incapaces de cortar el torrente acuoso. Las toallitas compactas con dibujos son ideales, ya que ocupan poco ,en un principio, y podemos disponer de varias por si a más de un niño le ataca este mal al mismo tiempo.

toalla que crece con el agua

  • Cojín quitapenas. Normalmente después de la incontinencia lacrimógena, los pacientes terminan muy pero que muy cansados. Este cojín es perfecto para ese momento. Gracias a él, todos sus problemas se esfumarán en cuestión de segundos y caerán rendidos en los brazos de Morfeo. Los que son de colores alegres o contienen mensajes motivadores son más eficaces.

Cojin

 

  • Vaporizador antimiedos. Un vaporizador y colonia diluída en agua son el remedio perfecto para los terrores nocturnos. Si el bote viene decorado con pegatinas de monstruos y colores llamativos todavía será mejor. Los niños que tienen este problema pueden acudir al botiquín en cualquier momento y cogerlo, o incluso, siendo más previsores, pueden ir a buscarlo antes de irse a dormir, y dejarlo al lado de la cama, por si el ataque se diese una vez hayan cogido el sueño.

anti fantasmasanti monstruos

 

vaporizador antimonstruos

  • Caramelos curangustia. Estos son el complemento ideal a la toalla recogelágrimas. Suelen servir para eliminar del todo la resaca del llanto. Conviene tener bastantes en el botiquín. Nunca se sabe cuándo harán falta. Mantener permanentemente vigilados.

bote de caramelos

  • Pelota antirrábica. Ideal cuando el paciente sufre estrés, furia o enfado. Lanzándola contra cualquier superficie, servirá para ir despojándose de esas malas sensaciones. Debe ser una pelota de goma, de las que botan mucho. Cuanto más alto bote, mejor se sentirá el paciente. Deberá lanzarla tantas veces haga falta, hasta que consiga eliminar esa mala sensación de su cuerpo. Usar SOLO en espacios abiertos.

pelota que rebota pelota saltarina

  • Tarro de la calma. Sirve como complemento a la pelota antirrábica. Una vez el paciente ha conseguido calmarse, puede continuar la terapia durante el tiempo necesario, contemplando el tarro de la calma. Muchas veces él mismo se prescribirá el uso inmediato del cojín para soñar cosas bonitas. Otro día os pondré cómo se hace. Es muy fácil y súper divertido.

 

tarro de la calma Montessori

  • Fonendoscopio. Muy importante disponer de uno en el botiquín, para que el doctor lo utilice siempre que lo considere necesario.

fonendoscopio infantil

  • Recetas para prescribir alegría. Son la base de todo. El doctor recetará alegría a raudales una vez que el paciente se ha curado por completo y vuelve a estar en plena forma.

recetario médico infantil

  • Carnet de paciente. El botiquín dispondrá de unos cuantos carnéts que deberán ser rellenados correctamente con los datos de cada paciente y quedarán guardados y archivados por si hubiese alguna inspección.

carnet de paciente infantil

¿Cómo usar el botiquín de las emociones?

Este botiquín puede ser usado tanto por adultos como por niños.

Es necesario que se encuentre en un lugar accesible, al alcance de todos.

Un niño puede curar a otro niño o a un adulto si fuera necesario. Para ello ha de recopilar primero información sobre el paciente, preguntarle cuál es su dolencia o su problema, darle después un diagnóstico y recetarle finalmente lo que considere oportuno.

Cuando un niño se encuentra mal y considera que no necesita ayuda, también puede autodiagnosticarse y automedicarse. Debemos entender que las emociones son muy personales y hay momentos en los que no apetece compartirlas con otros, aunque también es cierto que cuando se cuentan los problemas, muchas veces se hacen pequeñitos al instante.

Ojo a navegantes:  Tened muy vigilado el bote de caramelos curaangustia. Suele vaciarse de forma rápida y muchas veces no se utilizan con fin terapéutico.

¿Dónde usar el botiquín de las emociones?

Se puede utilizar en casa y también en la escuela.

Si se usa en casa, los papás deben primero explicar el funcionamiento a los niños.

Si se usa en la clase, será el/la profe quien se encargue de la explicación pertinente.

En cualquier caso, se dejará el botiquín en un lugar al que todos puedan acceder, y colocarán dentro las instrucciones, para que las puedan leer siempre que lo necesiten.

Se explicará paso a paso cada una de las cosas que contiene el botiquín y cuál es su utilidad.

Si los niños consideran que falta algo, pueden proponerlo y si es necesario, incluirlo a posteriori. Ellos mismos pueden crearjarabes curacosas.

¿Dónde conseguir un botiquín de las emociones?

La manera más sencilla y económica es fabricándolo nosotros mismos.

Podemos forrar una caja de cartón con papeles de colores o goma eva y ponerle separadores en el interior donde ir colocando los distintos utensilios.

Si la hacemos en conjunto con los niños, es aún mejor, ya que de esa forma, irán conociendo todos los elementos y entenderán más rápidamente su utilidad.

botiquín DIY infantil

Podemos tener también a su disposición una bata de médico para que se metan aún más en el papel y juguetes relacionados con la medicina, como el fonendoscopio.

juguete de médico

 

 

 

 

¿Qué os parece la idea? ¿Conocíais el botiquín de los sentimientos? ¿Os parece útil? ¿Cuántos de vosotros lo vais a poner en práctica?

 

Sed buenos.

Padres distantes causan inmadurez cerebral en los niños

 

Padres que trabajan cada vez más horas + Padres híper conectados a la tecnología = Padres agotados que no dedican suficiente tiempo a sus hijos
 
Desgraciadamente, esta fórmula es cada vez más común. Sin embargo, para que el cerebro infantil se desarrolle, no basta con proporcionar una estimulación temprana dirigida a potenciar las habilidades motoras y cognitivas que, dicho sea de paso, incluso podría tener resultados contraproducentes cuando es demasiado académica. 
 
También es necesaria la presencia de los padres, su cuidado y, por supuesto, su afecto. Por eso, la tendencia a dejar que los niños se críen delante de la televisión y bajo el cuidado de los videojuegos, podría ser muy peligrosa.
 

La ausencia de los padres afecta el desarrollo cerebral de los niños

 
Investigadores de la Sichuan University llegaron a la conclusión de que los niños que pasan mucho tiempo sin sus padres durante largos periodos sufren un retraso en el desarrollo cerebral. Para llegar a estas conclusiones analizaron a un grupo de niños cuyos padres tenían que viajar continuamente por motivos de trabajo. Algunos de ellos dejaban la casa durante meses, otros incluso pasaban todo un año fuera.
 
Vale aclarar que no se trata del primer estudio que analiza el impacto del afecto paternal en el desarrollo infantil, en el pasado otros investigadores habían apuntado al hecho de que el cuidado de los padres incide directamente en el desarrollo del cerebro de sus hijos. Sin embargo, estas investigaciones se habían realizado en niños huérfanos, privados por completo del cuidado de sus padres. En esta ocasión los psicólogos centraron su atención en niños que simplemente no pasaban mucho tiempo con sus padres.
 
Estos investigadores escanearon los cerebros de 38 niños, con edades comprendidas entre los 7 y 13 años. Luego, compararon los resultados con los escáneres de 30 niños que vivían con sus padres a tiempo completo y que mantenían una relación afectiva más estrecha.
 
Así pudieron apreciar que los niños “abandonados” tenían más materia gris en las áreas relacionadas con la memoria y las emociones. Los investigadores piensan que esto se debe a una sinapsis insuficiente; es decir, a que no se han creado las conexiones neuronales que se debían haber establecido a su edad.
 

¿Qué es la sustancia gris?

 
Esta es la imagen de un cerebro a medida que el niño va creciendo. Como podéis ver, la neurogénesis se incrementa con el desarrollo, cuando el pequeño es sometido a diferentes estímulos.
 
 
La clave radica en que, en el neurodesarrollo, a medida que las conexiones neuronales maduran y se hacen más estables, también se engruesan ya que se recubren de una sustancia denominada mielina, que es de color blanco y es la encargada de que esa conexión sea más rápida y eficaz. Al contrario, las neuronas que no tienen esa vaina de mielina contienen sustancia gris, que no puede transmitir los impulsos nerviosos con tanta rapidez.
 
En el imaginario popular se ha asociado la cantidad de sustancia gris con una mayor inteligencia y capacidad de razonamiento, pero lo cierto es que no siempre es así. De hecho, basta pensar que los cerebros de los delfines contienen más sustancia gris que el de los seres humanos. Además, en diferentes estudios se ha apreciado que los niños autistas tienen un mayor volumen de sustancia gris en las zonas del cerebro vinculadas con la empatía y el aprendizaje por observación, lo cual indica que un exceso de sustancia gris no es positivo. De hecho, en un cerebro en desarrollo, un mayor volumen de materia gris puede reflejar inmadurez ya que sería un indicador de que las conexiones nerviosas no se han formado por completo.
 
Así, los niños que no pasaban mucho tiempo con sus padres y que estaban carentes de afecto mostraban un aumento del volumen de la sustancia gris, y una tendencia a tener un menor cociente intelectual. Por tanto, se trata del primer estudio que muestra una evidencia empírica de que la falta de cuidado directo de los padres afecta el desarrollo del cerebro infantil, ralentizando la formación de conexiones nerviosas.