“No es tan fácil”: Personas que tienen un problema para cada solución

Lluvia dentro de sombrilla
Hay personas que tienen un problema para cada solución. Su frase preferida es: “No es tan fácil”. Son personas pesimistas, que solo ven los aspectos negativos de las situaciones y son incapaces de aceptar las cosas positivas, aunque las tengan justo delante de sí. Incluso se molestan cuando intentas ayudarles y les das una posible solución.
 
Estas personas desestiman cualquier esfuerzo que hayas hecho al decir “No es tan fácil”. Y con esa frase también están diciendo que en realidad no les conoces ni les comprendes, por lo que sería mejor que no opinaras. También están diciendo que todavía no están preparados para cambiar y que sus quejas tienen una impronta puramente catártica, porque en realidad no desean resolver nada. 
 
Sin embargo, la verdad es que la vida es tan fácil o tan complicada como quieras hacerla. Es cierto que todos somos únicos y que cada quien vive circunstancias diferentes, pero los verdaderos límites se encuentran en nuestra mente: nuestras creencias, ideas preconcebidas y hábitos son los principales obstáculos para seguir avanzando.
 

El elefante que no era consciente de su fuerza

 
Había una vez un elefante enorme, que todas las noches se presentaba en el circo haciendo gala de una fuerza descomunal. Sin embargo, después de la actuación permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. Curiosamente, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera enterrado pocos centímetros en el suelo. Aunque la cadena era gruesa, era obvio que un animal capaz de arrancar un árbol con su fuerza, podría liberarse con facilidad de esa estaca y huir. ¿Por qué no lo hacía?
 
El elefante se mantenía en el circo porque había estado atado a una estaca parecida desde que era pequeño. En aquel momento, luchó con todas sus fuerzas por zafarse, día tras día, pero no lo consiguió porque la estaca y la cadena eran mucho más fuertes que él. Así, terminó dándose por vencido.
 
Y una vez que fue grande y fuerte, seguía pensando que no podía escapar. Jamás volvió a cuestionar ese recuerdo y no ha vuelto a poner a prueba su fuerza. Por lo que sigue pensando que escapar no es tan fácil.
 
Al igual que el elefante, muchas personas piensan que asumen una postura objetiva cuando dicen que no es tan fácil. Piensan que los demás son demasiado positivos, ingenuos o que no les conocen lo suficiente. Sin embargo, lo que les sucede es que están demasiado involucrados emocionalmente en la situación y no son capaces de valorar otras alternativas ni pensar con claridad. 
 
En realidad, la vida es sencilla, somos nosotros quienes la complicamos, a veces demasiado y sin siquiera darnos cuenta. De hecho, hay personas que logran cambiar vida, dejar todo atrás y mirar hacia el futuro, mientras otras en su misma condición, se mantienen atadas a una existencia que no les satisface, solo porque creen que no es tan fácil, porque se han rendido antes de presentar batalla.
 

¿Qué se esconde detrás de pensar que no es tan fácil?

 
– Un gran miedo. En realidad, esta frase esconde un gran miedo, es una excusa para no tener que hacer nada y mantener el estado de las cosas. También encierra una resistencia al cambio. En realidad, esa persona todavía no está preparada para dar el paso decisivo, por lo que se engaña diciéndose que esa solución no está hecha a su medida y no funcionará. Y lo peor es que ni siquiera la ha considerado porque el miedo se lo ha impedido, simplemente la he rechazado, como una persona con aracnofobia puede escapar de las arañas, sin pensar.
 
– Una actitud derrotista. Con esta frase esa persona afirma que como el camino es tan complicado, quizás es mejor no emprenderlo. Es como si hubiese analizado la relación sacrificio/beneficio para concluir que no vale la pena. Solo que en realidad nunca tomó en cuenta la solución, porque la asumió con una actitud derrotista, se dio por vencido antes de comenzar. Obviamente, nadie pone en duda que los grandes cambios no son fáciles, pero ello no debe ser una excusa para no dar el primer paso. Recuerda que el primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estás.
 
– Una visión demasiado egocéntrica. Cada quien se considera único y especial, y de cierta forma todos lo somos. Sin embargo, también somos muy parecidos a los demás, las situaciones que estamos viviendo no son muy diferentes a las que han tenido que enfrentar o están enfrentando otras personas en otros lugares del mundo. De hecho, hay quienes han vivido situaciones peores y han encontrado la fuerza para cambiar o dejar todo atrás, mientras otras personas simplemente continúan pensando que no es tan fácil y se mantienen ancladas a una situación que las va desgastando lentamente. Recuerda que, al fin y al cabo, todo es cuestión de perspectiva.
 
– No estar dispuesto a renunciar a ciertas cosas. En las últimas décadas la sociedad ha transmitido una idea errónea, nos ha hecho creer que podemos tener todo sin renunciar a nada y con un mínimo esfuerzo. Esta idea ha calado en la mente de muchas personas, a las cuales les aterra la posibilidad de tener que renunciar a ciertas cosas. Por eso prefieren decir que no es fácil, porque piensan que renunciar es sinónimo de perder o fracasar. Sin embargo, para avanzar siempre hay que dejar algo atrás.
 

¿Cómo liberarse de esa idea?

 
1. Estar realmente dispuestos a cambiar. A primera vista puede parecer un contrasentido pero hay personas que se quejan solo por el placer de lamentarse, para asumir una actitud de víctimas, pero en realidad no pretenden solucionar nada. Por eso, si dices a menudo frases como “no es tan fácil” ante cualquier propuesta, es porque, en el fondo, aún no estás preparado para dar el paso. Te resistes a moverte porque algo aún te ata lo suficientemente fuerte, aunque quizás no sabes de qué se trata. 
 
2. Dejar de pensar en términos de pérdida. Para seguir adelante, hay que dejar cosas atrás, cosas que quizás son importantes pero que no puedes llevar contigo. Esas cosas a las que renuncias son las que te permiten crecer. De hecho, debes comenzar a pensar en la vida como en un camino, no puedes cargar todo en tu mochila porque el peso te agotará y no te permitirá llegar hasta el final. Debes elegir sabiamente las cosas que realmente necesitas y deshacerte de las que son un peso muerto. 
 
3. Asumir lo difícil como un reto. Para lograr grandes cosas, es necesario hacer algunos sacrificios y esforzarse. Habrá obstáculos en el camino, pero son precisamente esas barreras las que te permitirán crecer. De hecho, recuerda que no maduramos con los años sino con los daños. Aprende a asumir esos obstáculos como desafíos, como oportunidades para crecer.

 

7 técnicas para borrar de tu mente los pensamientos negativos

 

 

7 técnicas para borrar de tu mente los pensamientos negativos

Xavier Molina- Psicólogo social

Todos tenemos en mayor o menor medida algunos pensamientos negativos, pero si permitimos que se adueñen de nuestra mente pueden resultar peligrosos para nuestra salud mental. 

Los pensamientos negativos recurrentes se consolidan en nuestro cerebro y pueden llegar a ser muy molestos si no hacemos algo para deshacernos de ellos.

La estrategia de “forzarnos a no pensar en ello” es contraproducente

En el momento en que comenzamos a pensar en cosas negativas, tratamos de expulsar inmediatamente estos pensamientos. No obstante, erradicar los malos pensamientos no es tan fácil como parece, e incluso es una estrategia que puede ser contraproducente.

Combatir esta clase de pensamientos negativos y recurrentes puede incluso anclar estos patrones de pensamiento, con lo cual el problema, lejos de mejorar, se agrava. Lo cierto es que cuanto más tratamos de no pensar en algo, más cuesta sacarnos eso de nuestra mente.

Con el fin de liberarnos de estos pensamientos, será crucial enfocar el problema de un modo distinto, con las técnicas y estrategias adecuadas para limpiar nuestros malos pensamientosde una vez por todas. Aquí tienes siete formas de lograrlo.

1. Modifica tu lenguaje gestual y corporal

Párate un momento a observar cómo te mueves y qué gestos usas al comunicarte con otras personas. ¿Pareces más encorvado de la cuenta o tienes una postura corporal cerrada? ¿Tienes el ceño fruncido? ¿Cruzas los brazos?

Si notas que esto es así, cuidado porque eres más propenso a tener pensamientos negativos. De hecho, un mal lenguaje corporal puede dañar tu autoestima y mermar tu autoconfianza. Cuando nuestro estado emocional no es óptimo, los pensamientos negativos pueden surgir con facilidad.

Prueba a sonreír más a menudo y mejorar tu postura corporal, abriéndote hacia los demás. Esto ayudará a que tengas una mejor comunicación no verbal y a promover un mejor estado mental en el que no tengan cabida los pensamientos negativos recurrentes.

Aquí te dejamos un artículo que te puede ayudar en este aspecto:

“Las 5 claves prácticas para dominar el lenguaje no verbal”

2. No tengas miedo a hablar sobre el tema que te preocupa

No es raro que los malos pensamientos surjan porque tenemos problemas emocionales o de cualquier otro tipo que no hemos sabido comunicar a nadie. Cuando nos guardamos estas sensaciones para nosotros mismos, las cosas suelen ir a peor.

Si consideras que necesitas expresarle a alguien aquello que te atormenta, no dudes en hacerlo. Cuando hablamos con alguien sobre lo que nos preocupa, los pensamientos adquieren una nueva dimensión, los visibilizamos, y esto nos puede facilitar que pongamos en perspectiva. Una buena manera de empezar a borrarlos de nuestra mente.

3. ¿Conoces la meditación y el Mindfulness?

El estrés y la ansiedad con que tenemos que afrontar el ritmo frenético del día a día puede hacer que nuestro pensamiento no descanse ni se oxigene lo suficiente. Es casi imposible poder llegar a gestionar nuestros pensamientos negativos cuando no tenemos ni un minuto de relajación.

Existen distintas técnicas y filosofías que nos ayudan a poner nuestra mente en blanco y promover que nuestro cerebro reestructure los pensamientos y emociones. Por ejemplo, lameditación o la filosofía Mindfulness.

Te explicamos más sobre estas dos disciplinas en estos artículos:

“Mindfulness: 8 beneficios de la atención plena”

“Beneficios de la meditación avalados por la ciencia”

4. Cambia tu perspectiva sobre las cosas

En ocasiones, los pensamientos negativos son el reflejo de que estamos mirando la realidad desde una perspectiva equivocada. Prueba a reflexionar sobre tu punto de vista, quizá te des cuenta que no eres totalmente racional a la hora de valorar lo que sucede en tu entorno.

Por ejemplo, en vez de pensar “Estoy viviendo un momento complicado en el que tengo un montón de problemas”, puedes probar a cambiar el marco y enfocarlo así: “Me parece que estoy afrontando ciertos retos que me están exigiendo mucho pero estoy en el camino de hallar soluciones”.

Fundamentalmente el mensaje es el mismo, pero usando la segunda fórmula puedes enfocar los problemas de un modo más optimista. Este pequeño cambio de actitud puede ocasionar una gran mejora en tu percepción de las cosas, puesto que estarás modificando algunas estructuras mentales.

5. La importancia de la creatividad

A veces, los pensamientos negativos se enquistan en nuestra mente y es complicado encauzarlos hacia fuera para ir borrando la mala influencia que tienen sobre nosotros.

Una de las maneras de hacerlo es encontrar una expresión artística o creativa: escribir, dibujar o tocar un instrumento musical puede ser una buena forma de canalizar mediante la creatividad estas malas emociones. Además, está demostrado que el arte puede ser muy terapéutico y logra mejorar tu estado de ánimo.

La creatividad es liberadora. Cuando somos capaces de expresarnos mediante el arte, las dinámicas negativas generadas por tus pensamientos empezarán a debilitarse para dar paso a nuevas experiencias y sensaciones.

6. Pasear y practicar ejercicio físico

Algunas personas piensan que nuestro cuerpo y nuestra mente son dos elementos claramente diferenciados y que realizan sus procesos de forma separada. Por tanto, asumen que los pensamientos se forman en la mente, y que el cuerpo no tiene nada que ver.

Esto no es exactamente así. Nuestros pensamientos también son producto del ambiente en el que vivimos, la calidad de las relaciones interpersonales que tenemos, y muchos otros factores. Te habrás dado cuenta que si estás mucho tiempo cerca de personas negativas, lo más normal es que poco a poco te “contagien” de su actitud y tu estado emocional empeore.

Apartarte temporalmente del ambiente que te crea malestar puede ayudarte mucho. Por ejemplo, dar un paseo activará regiones cerebrales que permanecen casi inactivas cuando estamos sentados. Otra buena idea para borrar los pensamientos negativos es practicar ejercicio físico, puesto que está demostrado que mejora nuestro estado de ánimo y nos reporta una buena dosis de hormonas positivas y relajación.

7. Pregúntate qué es lo que te hace feliz

Algunos pensamientos recurrentes que nos perturban tienen su génesis en una sensación de vacío existencial. Pero, ¿eres consciente de todas las cosas positivas que tienes a tu alrededor?

No es raro que, inmersos como estamos en la rutina diaria y en nuestras respectivas labores,perdamos la perspectiva general sobre las cosas relativamente positivas que tenemos en nuestras vidas. Es esencial pues que demos valor a estas cosas buenas, y darles la importancia que merecen.

Si elaboras una lista con estas cosas de las que puedes sentirte feliz y agradecido, tu estado emocional mejorará. Ten en cuenta que, en ocasiones, muchos aspectos positivos de nuestra vida pasan desapercibidos. Es tu responsabilidad volver a fijarte en ellos y valorarlos.

7 patrones de pensamiento autodestructivos con los que te arruinas cada día

pensamientos negativos
Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene nada en qué pensar, más que en sus pensamientos”, dijo Alan Watts.
 
Cuando estamos pensando, perdemos el contacto con la realidad, casi de la misma forma que una persona que sufreesquizofrenia o algún tipo de psicosis. Esas charlas con nosotros mismos, esa repetición continua y hasta compulsiva de determinados patrones de pensamiento, nos puede conducir a un precioso mundo de ilusiones pero también de problemas construidos, nos aparta de la realidad, dejamos de percibirla, para adentrarnos en el mundo que hemos creado y que existe solo en nuestra mente.
 
Por supuesto, pensar no es malo. Todo lo contrario, pero en su justa medida. El pensamiento debe ser una herramienta que podamos utilizar para resolver ciertos problemas, no se puede convertir en algo que nos domine. Esa voz dentro de nuestra cabeza debe ser una herramienta que nos guíe, no algo que nos desoriente.
 
Obviamente, no podemos silenciar por completo la mente, sería como intentar darle forma al agua con un martillo, pero es conveniente que nos mantengamos atentos a esos patrones de pensamientos autodestructivos que nos alejan de la realidad y se convierten en un freno para nuestro desarrollo, impidiéndonos ser felices y amargándonos el día a día.
 

¿Cuáles son los patrones de pensamiento más dañinos?

 
1. Desvalorarización constante
 
Pensamientos como “no puedo”, “no estaré a la altura”, “no soy lo suficientemente bueno” o “sé que fallaré” a menudo son productos de nuestra inseguridad, no son un reflejo de la realidad. De hecho, a veces esos pensamientos ni siquiera son nuestros, son ideas que han plantado otras personas cuando éramos niños y nos recriminaban por algo que habíamos hecho mal. Por eso, la desvalorización constante es uno de los principales enemigos del crecimiento, la autoestima y la autoconfianza.
 
2. Preocupaciones anticipadas
 
Los problemas, los contratiempos y la adversidad existen, no podemos obviarlos. Sin embargo, es mejor que lleguen a su debido momento y que no los anticipemos. De hecho, la persona que se preocupa de antemano, se preocupa dos veces. A menudo, pensar en los problemas que pueden sobrevenir solo es una manera para generar ansiedad y agobio porque se ha demostrado que, no solo somos más fuertes de lo que creemos para afrontar la adversidad sino que también tenemos una tendencia catastrofista que nos lleva a magnificar el dolor que podríamos experimentar.
 
3. Comparaciones continuas
 
Cada persona es única, por lo que las comparaciones no tienen cabida. Sin embargo, nuestro cerebro es un auténtico adicto a las comparaciones y nos lleva a compararnos a cada paso que damos. Miramos a nuestro alrededor y siempre vemos a personas más felices, más satisfechas, más bellas, más exitosas… Esas comparaciones continuas solo nos hacen sentir mal y, a la larga, si se instauran como un patrón de pensamiento recurrente, pueden afectar nuestra autoestima, conduciendo incluso a la depresión.
 
4. Lamentos ad infinitum
 
Hay personas que asumen el papel de víctimas. En su mente, se repiten una y otra vez cuán desdichadas son, cuántos problemas tienen y cuán poco consideradas son las personas que les rodean. Este patrón de pensamiento profundamente egocéntrico las sume en un círculo vicioso marcado por las quejas continuas, que genera una visión negativa del mundo y, por supuesto, les impide disfrutar de las cosas bellas. Estas personas están demasiado ocupadas pintando el mundo de gris, como para poder distinguir los colores. 
 
5. Culparse en exceso
 
Hay errores que son difíciles de aceptar, no siempre es sencillo hacer borrón y cuenta nueva. Sin embargo, las personas que piensan siempre en términos de “culpable” o “inocente”, terminan siendo víctimas de esa rigidez moral. De hecho, la culpa es uno de los sentimientos más dañinos que existe porque conduce a  inmovilismo y al sufrimiento estéril. La culpa es tan solo una imagen distorsionada de la realidad, mientras que pensar en términos de responsabilidad implica tener una visión más objetiva, en la que asumimos las consecuencias de nuestros actos, ni más ni menos.
 
6. Atarse al pasado
 
Hay personas que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. Su mente funciona como una máquina del tiempo en un solo sentido, hacia el pasado. Por eso, nunca están presentes sino rememorando un viejo amor, el país que dejaron detrás o ese maravilloso trabajo que tenían. Sin embargo, aunque recordar es volver a vivir, es importante no olvidarse de disfrutar el aquí y ahora. Dejar que la mente vague continuamente por el pasado, pensando que es mejor que el presente o incluso que el futuro, es la mejor manera para condenarse a la desesperanza y la depresión.
 
7. Criticar permanentemente
 
Hay personas no pueden vivir sin criticar, necesitan la crítica como el aire para respirar. Piensan que todos los demás son unos incompetentes y desagradecidos. Por su mente rondan continuamente pensamientos negativos sobre los demás. El problema es que de esa forma, solo logran hacerse daño a sí mismas ya que la crítica permanente implica un estado de insatisfacción y displacer. Criticar implica vivir en un mundo “perfecto” que solo existe en nuestra mente. Sin embargo, aprender a aceptar las diferencias, es uno de los secretos para ser felices. Quien critica, critica a los demás, pero se condena a sí mismo.