Poligamia: ¿en qué consiste este tipo de matrimonio?

Poligamia: ¿en qué consiste este tipo de matrimonio?

La poligamia es un tipo de matrimonio que, aunque resulte poco frecuente en territorios donde predomina la cultura occidental, está presente en millones de familias alrededor del mundo. 

Su tipo más habitual, la poliginia, es aquél en el que el hombre tiene más de dos esposas, mientras que la poliandria, en la que la mujer tiene varios maridos, es mucho más raro.

Sin embargo, el hecho que de por sí tantas personas vivan en el seno de familias polígamas no significa que este tipo de matrimonio esté libre de inconvenientes. De hecho, hay motivos para pensar que la poligamia acarree algunos problemas muy significativos.

La poligamia vivida a través de las mujeres

Expertas como Rana Raddawi, de la Universidad de Sharjah, creen que las mujeres que viven en familias polígamas en las que un marido tiene varias esposas llegan a verse involucradas en una dinámica en sus relaciones con serias consecuencias emocionales para su bienestar.

A partir de un estudio basado en la realización de encuestas pasadas a mujeres que vivían en poliginia, Raddawi observó cómo los sentimientos de fuerte abandono y celos eran muy superiores a lo esperado. Es decir, que el hecho de que su marido tuviera a la vez otras esposas con las que relacionarse hacía que la gestión de su tiempo y de ciertos recursos fuese un problema.

Artículo relacionado: “Los tipos de celos y sus diferentes características”

Poca eficacia de las normas sobre poligamia

En muchas culturas, la poligamia asociada al Islam está regulada por ciertas normas de carácter religioso diseñadas, en principio, para que el matrimonio entre un hombre y varias mujeres no produzca problemas ni grandes sobresaltos. Sin embargo, estas pautas de comportamiento no tienen por qué ser aplicadas o pueden no surtir el efecto deseado, y esto es justamente lo que encontró Raddawi.

Muchas de las mujeres a las que estudió afirmaron que sus maridos fallan a la hora de cumplir con los roles que se espera de ellos como esposos. Entre otras cosas, tendían a señalar que los hombres no pasaban el suficiente tiempo con ellas y que no cumplían con sus responsabilidades financieras para aportar a la familia el dinero necesario para que se mantenga.

Las consecuencias de la poligamia para los hijos

La investigación de Rana Raddawi se centró en el modo en el que las mujeres vivían la poligamia y el impacto emocional que este tenía sobre ellas, pero cabe suponer que la repercusión de este modo de vida también afecta a muchas otras más personas, para bien o para mal. Cabe preguntarse, por ejemplo, por los niños y niñas que se crían en las familias polígamas. ¿Está perjudicado este colectivo? Parece ser que sí, según uno de los estudios más ambiciosos sobre el tema.

Se trata de una investigación impulsada por Sisters in Islam, basada en unos 1.500 cuestionarios con partes cuantitativas y cualitativas pasados a mujeres residentes en Malasia. Entre sus resultados se encuentran muchos de los sentimientos de abandono encontrados por Raddawi, aunque esta vez en niños y niñas.

Por ejemplo, una parte significativamente grande de hijos e hijas decía sentirse abandonado o abandonada cuando su padre se casaba con una nueva esposa. Del mismo modo, a medida que el número de esposas y de hijos aumentaba, la escasez de los recursos disponibles tenía un impacto negativo sobre los pequeños: básicamente, falta de afecto y de atención.

Así, por ejemplo, alrededor del 60% de los hijos e hijas del primer matrimonio se mostraron tristeza o enfado al saber acerca de un próximo segundo matrimonio de su padre. Además, los niños y niñas pertenecientes a las familias en las que se habían concebido 10 o más hijos e hijas, tendían a decir que sus padres tenían problemas a la hora de recordar de cuál de sus esposas habían nacido. Alrededor de un 90% de los pequeños encuestados dijeron que, basándose en sus experiencias, al crecer evitarían contraer un matrimonio polígamo.

Otras consecuencias negativas

Como la madre es el único miembro de la familia con el que los hijos tienen un contacto continuado, cabe esperar que la relación de los pequeños con ellas será muy diferente

Sin embargo, la poligamia parece tener unas consecuencias negativas también en este sentido, ya que los niños y niñas tienden a culpar a sus madres por no saber o no poder captar la atención del padre. Es decir, que las perciben como las causantes del abandono que experimentan.

Teniendo en cuenta el contexto

Antes de apresurar conclusiones acerca de las ventajas y los inconvenientes de la poligamia, hay que tener en cuenta un hecho importante: las investigaciones sobre este tema están limitadas por definición, ya que hay demasiadas familias polígamas para estudiarlas a todas; pero, además, muchos de los problemas asociados a la poligamia no tienen por qué deberse a la poligamia en sí. Pueden estar producidas por el uso de la poligamia en contextos concretos.

Por ejemplo, es posible que en una sociedad muy rica la poligamia no fuera vivida de la misma forma, especialmente si los padres tienen los recursos suficientes como para dedicarle a sus familias todas las horas que necesiten.

Pero, además, debemos tener en cuenta que es difícil interpretar los resultados de este estudio sin conocer bien las culturas en que se ha estudiado a través de ellos. El sesgo cultural siempre está ahí, y la lectura de informes puede hacernos algo más sabios, pero no lo suficiente como para darnos mayor capacidad a la hora de juzgar la vida polígama que aquellos que la viven directamente.

Arturo Torres Psicólogo web original: psicologiaymente.com

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona.

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Posgrado en comunicación política.

Máster en Psicología social.

 

Lidiar con las personas desagradables sin perder tu equilibrio emocional

Decir adiós
En un mundo perfecto, cada persona con la que interactuamos debería ser agradable, considerada, generosa y de mente abierta. En ese mundo perfecto deberíamos establecer unas relaciones cordiales y podríamos aprender de cada encuentro.
Sin embargo, no vivimos en un mundo ideal, y todos los días nos vemos obligados a lidiar con actitudes que nos crispan los nervios. De hecho, es difícil que quienes pasan toda la jornada en contacto con la gente, no encuentren a personas que se comportan como camiones de basura, siempre dispuestas a descargar sobre alguien su propio hastío, tristeza, rabia o preocupación.
¿Cómo lidiar con estas personas sin enfadarse y, sobre todo, sin perder el equilibrio emocional?
1. Asume que no puedes agradarles a todos
A veces creemos ciegamente en el karma. Es decir, pensamos que porque seamos buena gente, las personas también nos tratarán bien, que recibiremos todo lo que enviemos al universo. Sin embargo, en muchos casos no es así. Pensar que esta ley se cumplirá a rajatabla es como creer que un león hambriento no nos atacará solo porque somos vegetarianos. Las personas inteligentes son conscientes de eso.
Estas personas saben que los conflictos y los desacuerdos son el resultado de las diferencias en el sistema de valores y la forma de pensar. En realidad no se trata de algo negativo, tan solo es una constatación de que cada quien es único y no siempre es posible encontrar a personas que compartan nuestra visión de la vida. Cuando te encuentres con personas difíciles, no intentes agradarles, asume que existen diferencias y limítate a buscar los puntos en común y evitar los desencuentros.
2. Ignora lo que no te gusta y céntrate en lo positivo
A veces, ignorar implica responder con inteligencia. Es cierto que no siempre es sencillo encajar las críticas o el resentimiento gratuito con buena cara, pero se trata de una habilidad esencial si quieres mantener tu equilibrio emocional. Siempre habrá personas que intenten descargar sobre ti su mal humor. No puedes evitarlo, pero puedes decidir cómo reaccionar ante ello.
Por eso, si quieres actuar con inteligencia, simplemente aprende a ignorar las cosas que no te gustan. Asume que la persona que tienes delante no es perfecta y céntrate en sus características positivas, en los puntos que tenéis en común y que conducen al diálogo. Para lograrlo, suele ser de ayuda recordar que tampoco nosotros somos perfectos y, aún así, muchas personas nos toleran.
3. Responde de manera civilizada
Sean cuales sean sus sentimientos hacia alguien, es conveniente que no te dejes llevar por tus impulsos sino que intentes reflexionar y encontrar la mejor solución. De hecho, si respondes con rudeza es probable que recibas lo mismo, cerrando así el canal de comunicación y generando una situación de malestar que se podía haber evitado.
Ante un ataque, no significa que no puedas defenderte, pero hazlo con inteligencia y sin alterar tu equilibrio emocional porque si te pones al nivel de la otra persona, la situación degenerará rápidamente y ninguno saldrá beneficiado. Es difícil poner buena cara al mal tiempo, pero la diplomacia y la serenidad siempre son la mejor baza.
4. Revisa tus expectativas
Solemos ir por la vida cargando expectativas poco realistas sobre los demás. Por eso, en muchas ocasiones no reaccionamos ante la situación sino que nos frustramos o enfadamos porque una persona no ha satisfecho nuestras expectativas. Las personas no van a cambiar su forma de ser solo para adecuarse a nuestras expectativas, por lo que es conveniente que de vez en cuando nos preguntemos si no estaremos esperando demasiado.
Si cada vez que te encuentras con una persona esta se comporta de cierta forma, lo más inteligente es adecuar nuestras expectativas, para que su conducta no nos vuelva a tomar por sorpresa y, sobre todo, no desate una reacción emocional negativo. No dejes que el comportamiento desagradable de alguien te arruine el día, solo porque no estabas preparado para enfrentarlo.
 
5. Focalízate en ti
A veces, por mucho que lo intentemos, hay personas tan desagradables que terminan haciendo que perdamos la paciencia. En ese caso, respira profundamente y, en vez de seguir escrutando la situación, vuelca tus recursos en tu interior. Recuerda que cuando algo nos molesta o irrita de alguien es porque esa característica tiene una resonancia en tu interior, puede ser un “yo repudiado”.
La persona que te molesta no ha creado ese botón, ese “foco delirante”, hemos sido nosotros mismos, debido a la falta de tolerancia. Por eso, de vez en cuando conviene preguntarse si no seremos demasiado intransigentes. ¿Por qué un comportamiento nos molesta tanto? Identificar las causas de ese enfado podría ayudarte a responder con mayor ecuanimidad la próxima vez.

Nacimos enteros, no necesitamos una media naranja

 

Antes o después, cuando nos encontramos con amigos o familiares que no veíamos desde hace tiempo, estos terminan preguntándonos: ¿ya tienes pareja?
 
Ante nuestra negativa, en su rostro se dibuja una expresión de lástima. Quizá dura tan solo unos segundos pero nuestro cerebro bien entrenado, la detecta. 
 
Cuando esa experiencia se repite una y otra vez, terminamos teniéndonos lástima. “Después de todo, tantas personas no pueden estar equivocadas”, pensamos en nuestro fuero interno.
 
Y entonces comenzamos a sentirnos mal porque no tenemos una “media naranja”. Nos preguntamos qué pasa con nosotros, ¿cómo es posible que los demás ya tengan pareja y nosotros no? 
 
Y comenzamos a ver parejas melosas por todos los sitios, en el parque, en el restaurante, en la televisión… En ese punto algunos comienzan una búsqueda, ligeramente desesperada, a la caza de pareja. Porque aunque antes se sentían completos, ahora creen que les falta algo.
 
Se han convertido en víctimas del mito de la media naranja o del alma gemela.
 

El terrible mito de la media naranja y sus consecuencias

 
John Lennon dijo: “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas con la responsabilidad de completar lo que nos falta”.
 
Nuestra felicidad depende exclusivamente de nosotros, no debemos colocarla sobre los hombros de otra persona porque no solo implica ceder el control de nuestra vida sino cargar a alguien con una responsabilidad que no es suya.
 
Desgraciadamente, a lo largo de los siglos se ha ido conformando la idea de que allá fuera existe una persona que nos complementa a la perfección, que está hecha para nosotros, un alma gemela sin la cual somos seres incompletos e infelices. De hecho, diferentes cuentos infantiles que escuchamos cuando éramos niños confirman esta idea.
 
El problema es que, cuando encontramos a alguien y comienzan a surgir los primeros problemas, abandonamos porque pensamos que no es la “persona indicada”. No somos conscientes de que la “media naranja” no existe y que los problemas en las relaciones de pareja son pan cotidiano. La diferencia estriba en cómo los encaramos y resolvemos.
 
Si decidimos que la persona que está a nuestro lado realmente vale la pena, nos esforzamos por encontrar un punto medio. Solo así, a la larga, esa persona se convierte en alguien que nos hace crecer. 
 
De hecho, las diferencias que surgen en una relación de pareja se convierten en retos que nos permiten crecer. No se trata de que la otra persona nos complemente sino de que nos anime a ir más allá de nuestros límites. No se trata de que la persona que tienes a tu lado haga lo que no sabes hacer sino que te enseñe, para que crezcas junto a él o ella. 
 
No interesa que nos quieran “mucho” sino que nos quieran bien, y cada día mejor. 
 

Quiérete y luego quiere

 
Las personas felices lo son independientemente de que tengan pareja. Es cierto que tener a una persona que nos apoye, nos comprenda y nos ame incondicionalmente es algo precioso, pero no debe ser una condición sine qua non para ser felices. No debemos supeditar nuestra felicidad a encontrar a esa media naranja.
 
De hecho, si eres infeliz, es probable que lo sigas siendo en la vida en pareja. El secreto radica en amarnos incondicionalmente, para luego amar de igual manera a otra persona. Porque el amor no es la panacea y no llenará los agujeros existenciales del alma.
 
La relación madura que describió Erich Fromm en su libro “El arte de amar” implica que ambas personas deben ser independientes, completas y felices. Solo así podrán crecer, apoyándose mutuamente.
 
Obsesionarse con encontrar pareja no es una buena idea. En vez de ello, asegúrate de sentirte bien contigo mismo. Cuando proyectas esa sensación, podrás encontrar a alguien, no para dejar de sentirte solo/a sino para compartir realmente la vida y crecer. De lo contrario, no tiene sentido.
 
Como colofón, os dejo esta imagen, estad atentos no os suceda algo parecido.

​10 claves para tomarse el amor con filosofía

 

 

​10 claves para tomarse el amor con filosofía
 

Está en las novelas, la televisión, el cine y hasta en la vida pública de los famosos. El amor parece ser uno de los elementos más y mejor instalados en la cultura de los medios de masas, y día a día recibimos por goteo información acerca de cómo es, o debe ser, una vida amorosa convencional, reconocible por todos, normalizada.

Desde luego, en algunos casos puede resultar reconfortante contar con un “molde” para conducir a través de él una relación de pareja con pocas complicaciones y sin momentos de ambigüedad, pero también es cierto que aferrarse de manera irreflexiva a ciertos roles afectivos puede tener consecuencias negativas, restarle espontaneidad a la vida amorosa e incluso propiciar dinámicas de comportamiento que no encajan con la personalidad y hábitos de vida de los amantes en cuestión.

Es por eso que es saludable cuestionarse ciertas convenciones acerca del amor, sus mitos y todo lo que orbita alrededor de los estereotipos sobre la vida en pareja. A fin de cuentas, es posible que tu manera de comprender la vida amorosa vaya mucho más allá de lo que es típico. ¿El primer paso para replantearse ciertas cosas y tomarse el amor con filosofía? Reflexionar sobre el propio concepto de amor puede ser una buena manera de hacerlo, y para ello puedes servirte de estas diez claves.

10 reflexiones acerca del amor convencional

 

1. Una cosa es el amor, y otra es el hábito

Cumplir cada día con ciertas rutinas durante la vida en común con alguien no es algo positivo de por sí, ni algo que vaya a hacer que la relación progrese. De hecho, no es raro que el cumplimiento de ciertos rituales se realice, más que como una manera de demostrar amor o afecto, como una manera de compensar crisis afectivas que aún no se han manifestado del todo o como si formasen parte de una obligación.

Desde luego, para que una relación de pareja prospere se necesita una base de estabilidad relativa, pero esta no es garantía de nada, sino más bien condición necesaria y no suficiente.

2. La rutina no tiene nada de malo

La contraparte al punto anterior es tener en cuenta que no hay ninguna regla universal según la cual la vida amorosa debe estar atravesada constantemente por la transgresión y los cambios de ambiente. En principio, una vida tranquila y sin grandes contrastes es un caldo de cultivo perfectamente válido para una relación de pareja consistente. Todo depende de las necesidades de cada persona.

3. Cuidado con la idealización

La idealización es un ingrediente ilusionante en las primeras etapas del enamoramiento, pero quesuele llevar a engaños. Conviene saber si se siente amor por la persona o por el avatar que representa. Para ello, nada mejor que conocer a esta persona en contextos muy variados, no siempre de la misma forma y en el mismo lugar. La información es poder.

4. Fuera estereotipos sobre parejas ideales

Los estereotipos acerca de la pareja ideal sirven para hacer reconocibles ciertos roles de manera inmediata en series, anuncios y novelas, pero en la vida amorosa sirven más bien poco y, lo que es más, acostumbran a traer problemas

Los estereotipos existen justamente para orientarnos en cuestiones en las que invertimos poco tiempo y cuyos resultados no son de gran importancia, como nuestra manera de considerar a alguien que aparece por primera vez en una película, pero la vida amorosa puede llegar a ser algo bastante más serio que eso y, por tanto, requiere que nuestro cerebro renuncie al piloto automático para tomar directamente los mandos de la situación.

5. Los sacrificios no son pruebas de amor

Siempre que se actúa, se toma una decisión cuyos resultados tienen potenciales ventajas y posibles inconvenientes. Naturalmente, esto sirve también en el amor, y es muy posible que el mantenimiento de una relación amorosa exija esfuerzos en varios ámbitos de la vida

Sin embargo, es necesario saber discriminar entre estos pequeños sacrificios cuya raíz se encuentra en las decisiones que debemos tomar nosotros como individuos que invertimos en mantenernos cerca de la otra persona (y que tiene sentido como tal), y otros que son artificiales, creados como imposición poco justificable por parte de nuestra pareja o como resultado de nuestra imaginación, nuestros prejuicios acerca del amor como algo necesariamente doloroso y una buena ración de pensamiento mágico.

6. Hay que tener en mente la noción de simetría

El amor no puede ni debe ser alienante, o puede pasar a ser un instrumento de manipulación. Este segundo escenario puede parecer algo extremo, pero no lo es tanto si recordamos que el amor tiene un componente profundamente irracional, y que muchas de las decisiones y actos que emprendemos a partir de él no parecen estar encaminados a cubrir necesidades propias fácilmente expresables ni responden a un bien que pueda ser descrito de manera objetiva. 

La manipulación tiene su razón de ser cuando la persona manipulada no sabe que lo está siendo, y además puede cobrar las formas más sutiles, o incluso ser tomada como algo natural por parte de todo el mundo (incluso por parte de los amigos y conocidos).

7. ¿Metas colectivas? Sí, pero con comunicación de por medio

Si a veces es complicado saber qué quiere uno mismo, saber lo que responde a los intereses del colectivo formado por las personas que se aman es tarea de titanes. Por eso merece la pena pensar en si estas metas grupales lo son realmente o han sido alumbradas por un conjunto de colosales malentendidoscomunicación paradójica o “creía que tú creías que…”. 

Si algo en concreto no te ilusiona, es mejor que pienses en la mejor manera de decirlo. Con delicadeza, pero sin dejar lugar a dudas.

8. ¿Dónde está el límite de la sinceridad?

La sinceridad es un componente esencial en una relación íntima, pero también lo es la privacidad. Determinar en qué medida queremos exponernos a alguien es fundamental, y también lo es hacerle ver a esta persona dónde está al límite que debe esperar. Lo importante no es tanto la proporción de la parte compartida sobre la privada como el hecho de que la otra persona esté al tanto de su existencia.

9. La frontera temporal

Existe una gran presión social acerca del tiempo que deben pasar juntas dos personas que se quieren, pero no es imposible que el amor exista aún en los casos en los que se quiere pasar mucho tiempo a solas. Este punto tiene que ver también con los prejuicios acerca de la vida amorosa entendida como el inicio de la vida en pareja y el germen de una nueva familia. Una vez más, hay que saber discriminar entre los dictados sociales y lo que pide el cuerpo.

10. ¿Qué es lo que tiene significado para nosotros?

Posiblemente, esta es la pregunta fundamental a la hora de reflexionar acerca del amor, ya sea como algo abstracto a algo que intentamos materializar en nuestra relación con alguien concreto. Dar pistas acerca de cómo enfrentarse a ella es, de hecho, limitar el alcance de sus implicaciones y restarle libertad a quien quiera darle respuesta.

Se han escrito páginas y páginas en libros de filosofía acerca de cómo dotar de significado a todos los proyectos vitales dignos de ser llamados como tal, y esto incluye también, por supuesto, a los tratados sobre el amor. A fin de cuentas, una relación amorosa merece la pena si de algún modo es significativa para nosotros, aunque lo sea de una manera difícil de expresar con palabras.

Desde luego, no es necesario dedicarse profesionalmente a la filosofía para perderle el miedo a esta cuestión y hacer que reflexionar sobre ella de sus frutos. Y más teniendo en cuenta que es una tarea privada, que debe ser resuelta con la materia prima de las experiencias de cada cual. 

Arturo TorresArturo Torres-Psicólogo

Para ser feliz, hay que aprender a ignorar

 

En algunos casos, alejarnos de las personas conflictivas no es una cuestión de comodidad, sino de equilibrio mental. Es cierto que no existen personas enteramente “malas” ni completamente “buenas”. Pensar asi sería extremadamente reduccionista. No obstante, existen personas cuya forma de ser y comportarse simplemente no se complementa con la nuestra y mantener una relación estrecha con ellas solo puede hacernos daño porque sus actitudes nos desequilibran, bloquean o nos impiden realizarnos plenamente como personas.
 
Hay relaciones que, aunque nos aporten determinadas cosas positivas, cuando las colocamos en una balanza, terminan causando más daño que bien. Se trata de relaciones tóxicas que contaminan nuestra vida y terminan contagiándonos emociones negativas que no necesitamos.
 
Desgraciadamente, en la mayoría de los casos esas personas no están dispuestas a cambiar, por lo que solo nos queda una salida: ignorarlas, o más bien, aprender a ignorar algunas de sus actitudes. Porque no tiene sentido sacrificar nuestro bienestar emocional solo para mantener a flote una relación que nos está causando daño.
 

¿Qué debemos aprender a ignorar?

 
1. Las críticas destructivas. Las críticas son positivas, siempre y cuando tengan un objetivo constructivo y nos ayuden a reparar un error o a crecer. Sin embargo, hay personas que solo critican por el placer de criticar y causarle daño a los demás. Si queremos blindar nuestra autoestima, debemos aprender a ignorar esas críticas. Una vez que has detectado a una persona así, que solo hace críticas destructivas, deja de preocuparte por lo que piense sobre ti. Después de todo, sus opiniones no te permitirán crecer sino que tan solo servirán para desestabilizarte.
 
2. Las comparaciones inútiles. Todos tenemos una tendencia innata a comparar. De hecho, se trata de una de las operaciones básicas del pensamiento, gracias a la cual podemos sacar conclusiones. Sin embargo, hay personas que recurren a las comparaciones para manipularnos emocionalmente. Se trata de gente que nunca está satisfecha y siempre compara nuestras decisiones, comportamientos o actitudes con otros, para hacernos quedar mal. Obviamente, si conoces a alguien que siempre menosprecia tus logros, es conveniente que aprendas a hacer oídos sordos de sus opiniones.
 
3. Las preocupaciones sin fundamento. Todos nos preocupamos, pero hay personas que son verdaderos profesionales a la hora de buscar motivos para preocuparse. Se trata de gente que siempre tiene un problema para cada solución, que se centran en los aspectos negativos y siempre están avizorando catástrofes o desgracias. Obviamente, no necesitamos a alguien así en nuestra vida. No se trata de adoptar un optimismo ingenuo que no nos llevará a ninguna parte, pero rodearse de personas que solo ven lo negativo terminará deprimiéndonos y descorazonándonos, sumiéndonos en un estado en el que solo esperamos lo peor. Por tanto, es mejor aprender a ignorar ese tipo de vaticinios.
 
4. Las inseguridades innecesarias. Hay personas que van por la vida como si fueran expertos de todo. Siempre tienen algo que opinar y se encargan de minimizar nuestra opinión, haciéndonos sentir insignificantes. Esas personas generan una profunda inseguridad, que termina socavando nuestra autoconfianza y nos pueden sumir en un estado de bloqueo emocional que nos impida cumplir nuestros sueños. Por eso, procura ignorar ese tipo de comentarios y actitudes, sobre todo cuando no tienen en su base un conocimiento profundo de la situación y no sirven para ayudarte a construir el proyecto que te estás planteando.
 
5. Las culpas erróneas. Hay personas que ven la paja en el ojo ajeno pero no son capaces de percibir la viga en su propio ojo. Esta gente a menudo recurre a la sensación de culpa para manipularnos, haciendo que nos sintamos realmente mal con nosotros mismos, hasta el punto que pueden convertirnos en sus esclavos porque nuestro estado de ánimo y decisiones quedan sometidas a sus deseos. Se trata de gente que reclama continuamente y que jamás está satisfecha. Obviamente, es fundamental aprender a ignorar esos intentos de echarnos la culpa, para no caer en su red.

¿Qué consigues cuando aprendes a ignorar las actitudes dañinas?

 
Cuando aprendes a ignorar todas esas actitudes, te das cuenta de que puedes escuchar tu diálogo interior con más fuerza, que logras conectar con tu “yo” más profundo, para descubrir qué es lo que quieres realmente. Cuando dejas de preocuparte tanto por lo que piensan los demás de ti, comienzas a descubrir lo que de verdad te apasiona.
 
A la vez, te llenas de una energía que no conocías, porque las actitudes de estas personas reclamaban gran parte de tus recursos psicológicos, unos recursos limitados que ahora puedes dedicar a ti mismo, a crecer como persona y a seguir tus sueños.