​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos

​Los 5 problemas de las rupturas amorosas, y cómo afrontarlos
 

Las rupturas amorosas son, con frecuencia, un drama. Se ve cómo la historia de amor que se había vivido llega a su fin, y eso no solo hace que cambie nuestra perspectiva acerca de cómo va a ser nuestro futuro, sino que también hace que nos replanteemos cuál ha sido la verdadera naturaleza de la relación de pareja que hemos compartido con la otra persona.

Desde luego, el impacto emocional que supone romper con la pareja puede llegar a abrumar; es una especie de pared de nuevos sentimientos que nos golpea casi de repente, si somos nosotros quienes decidimos cortar, o en un instante, si es la otra persona la que corta con nosotros. Sin embargo, eso no significa que no se puedan reconocer varios retos y problemas (tanto psicológicos como materiales) a afrontar en una ruptura de pareja.

Recuperarse de una ruptura afrontando sus problemas

Coger este golpe a nuestras emociones e ir reconociendo en él diferentes problemas relativamente separados los unos de los otros puede ser de ayuda a la hora de recuperarse de una ruptura. 

Veamos cuáles son algunos de estos retos que implican las rupturas sentimentales, y cómo afrontarlos para poder seguir adelante con nuestras vidas.

1. La ruptura afecta a la autoimagen

Verse a uno mismo tan afectado por la ruptura amorosa puede dañar la autoimagen. A fin de cuentas, durante un periodo que puede durar días o semanas, notamos cómo nos transformamos en una persona más vulnerable emocionalmente, con mayor propensión al llanto y, en ocasiones, más aislada y sola.

Si se está acostumbrado a convivir con una autoestima que nos devuelve una visión muy idealizada de nosotros mismos (y relacionada con los valores y características más valoradas por nuestra cultura, que tienden a tener en alta estima la dureza del carácter y la autonomía) esta experiencia puede hacernos daño también en este sentido.

El camino para superar esto es ir aprendiendo a aceptar esta vertiente de nuestra personalidad como algo propio y humano, algo que también nos define. Reconciliarse con nuestra cara más emocional es esencial.

2. La amistad con la otra persona puede perderse

Las rupturas de pareja también cuestan porque nos fuerzan a plantearnos un dilema doloroso:¿cómo relacionarnos con la otra persona de ahora en adelante?

La indecisión entre no saber si cortar definitivamente el contacto o mantener un trato amigable se agrava por el hecho de no saber si seremos capaces de llevar a cabo cualquiera de estas dos opciones. Y, por supuesto, a eso le tenemos que añadir que tenemos que respetar las decisiones a las que llegue la ex-pareja en ese aspecto.

Lo recomendable es que, por defecto, después de un breve periodo en el que no se mantiene el contacto, se vuelva a tener un cierto contacto semanal con la otra persona (si los dos están de acuerdo) y decidir cómo va a proseguir la relación dependiendo de lo que experimente cada persona. De este modo no estaremos sujetos a convenciones sociales y haremos que la relación con esta persona se adapte a lo que honestamente siente cada uno.

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3. Aparece mucho tiempo que rellenar con algo

Una de las cosas que hace que las rupturas de pareja sean dolorosas es que se rompe la rutina a la que estábamos acostumbrados. Si la ruptura es total y no mantenemos el contacto con la ex-pareja, el sentimiento de soledad puede llegar a dominar buena parte de nuestro día a día a no ser que hagamos algo al respecto.

Una de las claves para mitigar este problema y caminar poco a poco hacia la normalización de la propia soltería es obligarse a socializar con otras personas, incluso si eso resulta incómodo para nosotros. Para ello es bueno apoyarse en las amistades, pero no necesariamente se tiene que depender de ellas: la cuestión es salir de la zona de confort y perder el miedo a entablar nuevas conversaciones con nuevas personas. Si no nos auto-obligamos, es muy posible que nos mantengamos durante mucho tiempo en un estado de inactividad en el que se mezclan la melancolía, el aburrimiento y, quizás, las conductas obsesivas.

Encontrar nuevas aficiones también es muy positivo, pero hay que intentar que estas no nos aíslen cada vez más.

4. Los amigos mutuos también podrían perderse

Si la relación de pareja ha durado lo suficiente y ha estado conectada a una vida social más o menos rica, lo más probable es que ambos miembros hayan llegado a estrechar lazos con amigos mutuos, de la pareja y de uno mismo. Cortar con la relación puede poner en jaque estos lazos si se opta por la incomunicación total o parcial con la otra persona. Sin embargo, merece la pena valorar que muchas de estas amistades tienen valor por sí mismas, y no solo dentro de la comunidad formada alrededor de la relación de la que hemos salido.

Como siempre, aquí la comunicación y la honestidad son indispensables. Pero también tenemos que auto-examinarnos y preguntarnos si lo que realmente es conservar una amistad o tener un canal de comunicación con la ex-pareja.

5. La mejora puede percibirse como algo malo

En la mayoría de los casos, la tristeza relacionada con la ruptura amorosa tiende a ir desapareciendo con el paso del tiempo. Esto parece algo bueno, y en muchos casos lo es, pero también puede tener doble filo, ya que nos hace preguntarnos por lo que realmente significó la relación de pareja por la que hemos pasado.

Si percibimos que nos hemos recuperado “excesivamente rápido” de la ruptura, esto nos puede hacer sentirnos mal, al no ver una manera de ver lo significativa que fue esta relación, y creer que se ha perdido el tiempo o que se ha vivido una mentira. Se trata de un tipo de dolor muy sutil, relacionado con las crisis existenciales.

No hay un modo simple de afrontar este reto que se nos plantea a la hora de echar la vista atrás y reformular lo que vivimos durante el tiempo en el que se convivió con la otra persona: cada cual ha de encontrar una manera de reconciliarse con su pasado. Y esto es malo y bueno a la vez.

 
Arturo Torres
Arturo Torres Psicólogo web original: psicologiaymente.com

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona.

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.