6 razones por las que debes hablar de sexo con tus hijos

6 razones por las que debes hablar de sexo con tus hijos

Mientras en la sociedad occidental el sexo está dejando de ser un tema tabú, en muchos hogareshablar sobre ello todavía es un tema complicado. El sexo aparece en la televisión, en el cine, en las revistas e incluso los carteles publicitarios, pero de puertas para dentro, sigue siendo un tema incómodo y vergonzoso, y muchos padres se resisten a tener este tipo de conversaciones con sus hijos.

El mundo está cambiando mucho en las últimas décadas debido a las nuevas tecnologías y la exposición y repercusión mediática que tiene el sexo, hace necesario una correcta educación sexual desde los distintos agentes educativos, especialmente desde la familia. La forma clásica de practicar sexo ha ido dejando paso a formas más diversificadas de relacionarnos sexualmente.

Un estudio confirma la importancia de hablar de sexo en la familia

Si eres padre te interesará saber que un reciente estudio ha demostrado que hablar con tus hijos sobre sexo es beneficioso para ellos. Esto es especialmente importante para los adolescentes, pues tratar el sexo como algo prohibido puede condicionarles de manera negativa para el resto de sus vidas. La correcta educación sexual puede prevenir enfermedades de trasmisión sexual, trastornos sexuales, mejorar las relaciones de pareja en el futuro, etc., es decir, puede mejorar la salud tanto emocional como física de tus hijos y afectar positivamente a su bienestar futuro.

Un estudio llevado a cabo por Laura Widman de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y publicado en JAMA Pediatrics afirma que hablar de sexo con los padres, especialmente con las madres, tiene un efecto positivo en el comportamiento sexual más seguro de los adolescentes, especialmente entre las chicas. Para realizar el estudio se revisaron 52 estudios de los últimos 30 años en los que habían participado más de 25.000 adolescentes.

La comunicación sobre sexo entre padres e hijos favorece el sexo seguro

Los resultados del estudio realizado por Widman y sus colaboradores confirman el efecto positivo de las charlas padre-hijo respecto al sexo. La asociación entre la comunicación con los padres y la utilización de métodos contraceptivos en adolescentes sería significativamente más frecuente en mujeres que hombres. Por tanto, las conversaciones centradas en estos temas son un factor de protección para la juventud y es la mejor manera de prevenir conductas sexuales que pueden afectar a la salud mental y física y al bienestar de los adolescentes.

Las malas prácticas sexuales y las conductas asociadas a actitudes de riesgo es un importante problema debido al riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. Por eso, la comunicación entre padres y adolescentes es uno de los factores que podría provocar unas relaciones sexuales más seguras entre jóvenes, incluyendo el uso de anticonceptivos. Por desgracia, esto no siempre ocurre debido a la vergüenza o al desconocimiento.

Hablar de sexo con tus hijos es protegerles

Laura Witman, la directora del estudio, explica: “Hablar de sexo con tus hijos es una manera de protegerles. Empezar este tipo de conversaciones, pese a que puedan parecer un poco incómodas, van a ayudar a tu hijo y van a hacerle sentir que pueden confiar en ti”. Además, Witman añade: “En el estudio hemos encontrado que los hijos de los padres que les hablaban sobre temas como los preservativos o las enfermedades de transmisión sexual, eran más propensos a tomar precauciones durante el acto sexual”.

La autora del estudio también explica que la razón por la que las charlas sobre sexo en la familia son más productivas entre madre-hija es porque las mujeres tienen más facilidad a la hora de comunicarse que los chicos y los hombres. Por otro lado, “también podría ser que la sociedad sea más protectora con las chicas en este sentido, por eso los padres procuran protegerlas”. 

Respecto al papel de los padres en las conversaciones sobre sexo: “Realmente hay poca investigación en esta línea que esté centrada específicamente en los padres. Aún y así, este estudio envía un mensaje a los padres: lo que éstos digan a sus hijos, importa”, dice Witman.

Razones por las que hablar de sexo con tus hijos

A muchos padres todavía les resulta complicado dar a sus hijos una buena educación sexual cuando ellos no la han recibido. Abordar este tema puede ser difícil y es necesario encontrar el camino y la manera de poder hacerlo de forma natural. Pero es necesario abordar este asunto en la familia para que los hijos puedan experimentar la sexualidad en toda su plenitud. 

Ya que hablar de sexo con tus hijos les va a beneficiar, éstas son algunas de las razones por las que debes hacerlo:

  • Cuando los hijos tienen preguntas, los padres, gracias a su experiencia y debido al amor que sienten por ellos, son la mejor fuente de respuesta.
  • Puede ser traumático para un hijo vivir su adolescencia sin estar preparado sexualmente.
  • Los hijos necesitan aprender sobre sexo. Mejor recibir educación de los padres, que recibir mala educación de los medios de comunicación.
  • Cuando los hijos no tienen suficiente información, son fácilmente influenciables.
  • Hablar de sexo crea confianza entre padres e hijos.
  • Los hijos necesitan disfrutar plenamente de su sexualidad sin miedos ni inseguridades.

 

Juan Armando Corbin – Psicólogo de las organizaciones web: https://psicologiaymente.net

Nacimos enteros, no necesitamos una media naranja

 

Antes o después, cuando nos encontramos con amigos o familiares que no veíamos desde hace tiempo, estos terminan preguntándonos: ¿ya tienes pareja?
 
Ante nuestra negativa, en su rostro se dibuja una expresión de lástima. Quizá dura tan solo unos segundos pero nuestro cerebro bien entrenado, la detecta. 
 
Cuando esa experiencia se repite una y otra vez, terminamos teniéndonos lástima. “Después de todo, tantas personas no pueden estar equivocadas”, pensamos en nuestro fuero interno.
 
Y entonces comenzamos a sentirnos mal porque no tenemos una “media naranja”. Nos preguntamos qué pasa con nosotros, ¿cómo es posible que los demás ya tengan pareja y nosotros no? 
 
Y comenzamos a ver parejas melosas por todos los sitios, en el parque, en el restaurante, en la televisión… En ese punto algunos comienzan una búsqueda, ligeramente desesperada, a la caza de pareja. Porque aunque antes se sentían completos, ahora creen que les falta algo.
 
Se han convertido en víctimas del mito de la media naranja o del alma gemela.
 

El terrible mito de la media naranja y sus consecuencias

 
John Lennon dijo: “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas con la responsabilidad de completar lo que nos falta”.
 
Nuestra felicidad depende exclusivamente de nosotros, no debemos colocarla sobre los hombros de otra persona porque no solo implica ceder el control de nuestra vida sino cargar a alguien con una responsabilidad que no es suya.
 
Desgraciadamente, a lo largo de los siglos se ha ido conformando la idea de que allá fuera existe una persona que nos complementa a la perfección, que está hecha para nosotros, un alma gemela sin la cual somos seres incompletos e infelices. De hecho, diferentes cuentos infantiles que escuchamos cuando éramos niños confirman esta idea.
 
El problema es que, cuando encontramos a alguien y comienzan a surgir los primeros problemas, abandonamos porque pensamos que no es la “persona indicada”. No somos conscientes de que la “media naranja” no existe y que los problemas en las relaciones de pareja son pan cotidiano. La diferencia estriba en cómo los encaramos y resolvemos.
 
Si decidimos que la persona que está a nuestro lado realmente vale la pena, nos esforzamos por encontrar un punto medio. Solo así, a la larga, esa persona se convierte en alguien que nos hace crecer. 
 
De hecho, las diferencias que surgen en una relación de pareja se convierten en retos que nos permiten crecer. No se trata de que la otra persona nos complemente sino de que nos anime a ir más allá de nuestros límites. No se trata de que la persona que tienes a tu lado haga lo que no sabes hacer sino que te enseñe, para que crezcas junto a él o ella. 
 
No interesa que nos quieran “mucho” sino que nos quieran bien, y cada día mejor. 
 

Quiérete y luego quiere

 
Las personas felices lo son independientemente de que tengan pareja. Es cierto que tener a una persona que nos apoye, nos comprenda y nos ame incondicionalmente es algo precioso, pero no debe ser una condición sine qua non para ser felices. No debemos supeditar nuestra felicidad a encontrar a esa media naranja.
 
De hecho, si eres infeliz, es probable que lo sigas siendo en la vida en pareja. El secreto radica en amarnos incondicionalmente, para luego amar de igual manera a otra persona. Porque el amor no es la panacea y no llenará los agujeros existenciales del alma.
 
La relación madura que describió Erich Fromm en su libro “El arte de amar” implica que ambas personas deben ser independientes, completas y felices. Solo así podrán crecer, apoyándose mutuamente.
 
Obsesionarse con encontrar pareja no es una buena idea. En vez de ello, asegúrate de sentirte bien contigo mismo. Cuando proyectas esa sensación, podrás encontrar a alguien, no para dejar de sentirte solo/a sino para compartir realmente la vida y crecer. De lo contrario, no tiene sentido.
 
Como colofón, os dejo esta imagen, estad atentos no os suceda algo parecido.

  ¿Son más infieles los hombres o las mujeres?

 

¿Son más infieles los hombres o las mujeres?

 

 

Existen muchos motivos por los que tanto hombres como mujeres estamos tentados a cometer infidelidades. De este asunto hemos hablado en varias ocasiones en Psicología y Mente, pero todavía no nos hemos hecho eco de una de las preguntas recurrentes sobre este tema: ¿Qué género practica más la infidelidad?

Además, podemos plantearnos otras dudas alrededor de lo mismo: ¿sienten más culpa los hombres o las mujeres cuando cometen una infidelidad? ¿Cuáles son los motivos que llevan a cometer adulterio a unos y otros? Hoy vamos a profundizar en este espinoso tema.

Infidelidad: ¿es una cuestión de sexo(s)?

Parece ser que los tiempos han cambiado, y también en lo que afecta a las relaciones sexuales. Una encuesta publicada por SexPlace revela que, por lo menos en España, las mujeres serían más infieles en promedio que los hombres. Quedaría desmentido, a la lumbre de estos datos, la creencia popular de que son los hombres los que más suelen ‘poner los cuernos’ a sus parejas. 

Las mujeres engañan más…

La encuesta se realizó mediante una muestra de 500 personas que contestaron de forma anónimo a una serie de preguntas relacionadas con sus relaciones sentimentales y la infidelidad. Los resultados, aunque ajustados, nos pueden indicar una tendencia curiosa: el 52% de las mujeres reconocieron haber sido infieles a su pareja o ex-pareja en alguna ocasión

Entre el género masculino, “solamente” el 48 por ciento de los hombres dijo haber engañado en alguna ocasión a su pareja sentimental del momento.

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Fantasías y otras motivaciones para cometer adulterio

La encuesta también arrojó otros datos de interés que muestran algunas diferencias significativas entre el comportamiento sexual extramatrimonal de los hombres y de las mujeres. Por ejemplo,hasta un 80% de las féminas admitió haber tenido fantasías sexuales con algún compañero (o compañera) de su entorno de trabajo. Amplia coincidencia.

La encuesta también pudo comprobar como las mujeres se sienten más vinculadas sentimentalmente en sus aventuras, mientras que los hombres son más propensos a cometer infidelidad con el mero objetivo de satisfacer su deseo sexual con una persona nueva.

La psicología detrás del engaño

Otras motivaciones que llevarían a algunas personas a tener relaciones íntimas a espaldas de sus parejas estarían relacionadas con el ego, la necesidad de sentirse “más hombres” o “más mujeres” al tener contactos con otras personas.

Por último, el estudio destacó que otra razón habitual para cometer infidelidad es la sensación de ser poco valorados por sus actuales parejas, o la poca periodicidad y calidad de las relaciones íntimas junto a la pareja habitual. Otro motivo comentado, y también importante, es la mala comunicación entre los miembros de la pareja

 

Xavier MolinaXavier Molina-Psicólogo social

Relaciones Líquidas: La fragilidad de los vínculos

 

Corazón de agua
Somos un fiel reflejo de nuestra sociedad. Lo queramos o no, el mundo que nos rodea influye en nuestras decisiones, comportamientos, sistema de valores e incluso en las emociones que experimentamos. No podemos abstraernos de la sociedad en la que vivimos por lo que, de una u otra manera, las formas de relacionarse que se instauran terminan haciendo mella en nosotros. Lo queramos o no, somos hijos de nuestro tiempo.
 
El filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman afirma que nuestra época está caracterizada por las “relaciones líquidas”, vínculos muy frágiles que establecemos con las personas que nos rodean. 
 
Las relaciones líquidas se pueden apreciar en todas las esferas de la vida, tanto en el ámbito de la pareja como en lo referente a la amistad y la familia. Su punto en común es la fragilidad, que le impide durar en el tiempo. Tal como sucede con el agua, esos lazos efímeros ocupan momentáneamente un espacio en nuestra vida pero se escurren tan rápido como inundaron nuestra existencia en su día. Esas relaciones desaparecen por el resquicio de la infidelidad, los conflictos o con la excusa de la libertad.
 
Las relaciones líquidas siempre están “haciendo aguas”. Sin embargo, no desaparecen sin antes salpicar o incluso empapar a sus protagonistas, que se convierten en náufragos de un pozo de soledad.
 
Sin duda, se trata de una realidad muy triste porque, en el fondo, significa que estamos solos.
 

¿Por qué se desarrollan relaciones líquidas?

 
Esa fragilidad tiene su base en la inmediatez y en el deseo de satisfacer las necesidades sin demora. Una vez que nos sentimos satisfechos, simplemente pasamos a otra cosa y desechamos el objeto, o incluso la persona. De hecho, muchos temen a la idea del “para siempre”, es una expectativa y una responsabilidad que no desean despertar y mucho menos cargar sobre sus hombros.
 
Esa forma de relacionarnos, según Bauman, proviene de la “modernidad líquida”. En práctica, nos vemos obligados a integrarnos y adaptarnos a una sociedad que cambia con gran rapidez, por lo que se exige de nosotros una identidad flexible y versátil que nos permita afrontar esas transformaciones. Como resultado, desarrollamos una “identidad líquida”, que Bauman compara con una costra volcánica. Esa identidad se endurece en el exterior pero al fundirse, vuelve a cambiar de forma. Desde fuera parece estable pero desde dentro la persona experimenta una gran fragilidad y un desgarro constante.
 
Cuando la sociedad nos empuja a cambiar constantemente y a adaptarnos a contextos muy diferentes, nos impide establecer relaciones sólidas a lo largo del tiempo, relaciones en las que conectemos a través de nuestra esencia, más allá de las necesidades inmediatas.
 
Por supuesto, la tecnología también influye y determina el patrón de las relaciones. Muchos jóvenes, en ausencia de relaciones sólidas y profundas, buscan el remedio en la cantidad, en el número de seguidores en las redes sociales y la velocidad con la que se difunden sus mensajes. Son jóvenes que quieren andar por la vida ligeros de equipaje, y para ellos eso significa no comprometerse. Por eso, no son capaces de establecer lazos sólidos sino que cambian rápidamente de amigos y pareja, mientras van perdiendo los puntos de anclaje con la familia.
 
Las personas que mantienen relaciones líquidas han renunciado a planificar su vida a largo plazo, experimentan un profundo desarraigo afectivo. La sociedad les ha exigido una enorme flexibilidad, fragmentación y compartimentación de intereses y afectos. Para tener éxito deben estar dispuestos a cambiar de tácticas y abandonar compromisos y lealtades. Así se ha generado la idea de que es mejor desvincularse rápido porque los sentimientos pueden crear dependencia. Hay que cultivar el arte de truncar las relaciones antes de que sea demasiado tarde.
 
Como resultado, más que “relaciones” se establecen “conexiones”. Estas personas conectan durante un tiempo con una pareja o un amigo, pero sin profundizar en su esencia ni comprometerse.
 

¿Cómo romper el patrón de las relaciones líquidas?

 
Es difícil ser diferentes en una modernidad líquida. Sin embargo, aunque no puedes cambiar el mundo, puedes cambiar tu entorno más inmediato y construir relaciones que perduren en el tiempo y te llenen de verdad.
 
El primer paso para romper el patrón de las relaciones líquidas es solidificar nuestra identidad. No se trata de convertirse en personas rígidas sino de conectar con nuestro “yo” más profundo, para comprender realmente qué es lo que deseamos y necesitamos. Solo cuando nos conocemos podemos llegar a ser auténticos y conectar con los demás desde nuestra esencia. Eso se nota y ayuda a construir relaciones más sólidas.
 
El segundo paso consiste en cambiar la perspectiva. No se trata de cuántas parejas has tenido o cuántos “amigos” atesoras sino de la calidad de esas relaciones. ¿Realmente te llenan o cada relación solo contribuye a dejar un enorme vacío detrás de sí? Vale más tener un pequeño círculo de personas que realmente estén dispuestas a ayudarte cuando lo necesites que conocer a cientos de gente que creen que eres prescindible.
 
El tercer y último paso consiste en aprender a comprometerse y asumir, de una vez y por todas, que para obtener algo, debemos arriesgar y estar dispuestos a entregar algo. Las relaciones son un bálsamo en los momentos difíciles, pero debemos estar dispuestos a sanar las heridas de la otra persona. De hecho, recuerda que no debemos preocuparnos por lo que recibiremos, sino más bien por lo que damos.

 

La falsa idea romántica que está arruinando nuestra vida sexual

El orgasmo simultáneo está sobrevalorado. Es más: intentar practicarlo puede tener indeseados efectos secundarios

 Tenemos asumido que cuando tenemos una cita con nuestra pareja es difícil que ambos lleguemos al lugar acordado a la vez; y que, por pura lógica, uno de los dos tendrá siempre que esperar al otro. Sin embargo, en cuestión de sexo, seguimos obsesionados con la idea de “llegar a la vez”. Más que de una fantasía, parece una de esas cosas que tachar de la lista, o más bien, como un examen que tuviera que pasar nuestra vida sexual.

No es algo nuevo, ya en los años 60, los padres de la sexología moderna, Masters y Johnson, explicaron que la idea del orgasmo simultáneo como símbolo de superioridad sexual de la pareja es totalmente falso, y que “con el esfuerzo para coordinar unas reacciones básicamente involuntarias se hace que hombre y mujer comiencen a observarse mentalmente a sí mismos, en vez de entregarse a las sensaciones del acto sexual”. Y es que tal como señalaban en su libro Human Sexual Inadequacy, cuando los miembros de la pareja adoptan “el papel de espectador”, es fácil que aparezca la pérdida de la erección en el caso del hombre, y la imposibilidad de llegar al orgasmo en el de la mujer.

Sin embargo, si ya entonces se trabajó por desmitificar esta idea, lo curioso es que años después parece que sigue costando desterrarla. Acudiendo a un entorno abierto e intelectual como es la universidad, el estudio Sexualidad en los alumnos universitarios, realizado en la Facultad de Medicina de Chile, revelaba que el 57,6% de los encuestados seguía creyendo que el orgasmo simultáneo era uno de los objetivos centrales de la relación sexual.

La verdadera sincronía

Antes de abordar la idea del orgasmo simultáneo, conviene hacer una reflexión sobre el orgasmo en ambos sexos. Según un reciente estudio sobre la variación del orgasmo por orientaciones sexuales, en la Universidad de Indiana, tanto hombres como mujeres suelen alcanzar más frecuentemente el orgasmo en relaciones estables que en su estado de soltería. Así, este documento aporta cifras como que alrededor del 85 % de los hombres llegan al orgasmo con parejas estables, con poca diferencia respecto a su orientación sexual, mientras que en las mujeres esta cifra es del 62,9% en términos generales, apreciando que es mayor en parejas homosexuales, alcanzando el 74,7%. Estas cifras muestran, por tanto, que ya es difícil que varón y fémina alcancen el orgasmo durante un mismo coito, ¿cómo no va a ser aún más complejo hacerlo a la vez?

Los sexólogos Manuel Fernández y Berta Fornés acuñan en su libro100 preguntas sobre sexo el concepto de “sincronía sexual”, explicando que “con cada pareja sexual con la que nos relacionamos hemos de poder sincronizarnos para que la relación funcione”, es decir, que “la sincronía sexual sería la confluencia de dos personas que, con sus múltiples diferencias, consiguen estar unidos por una vida sexual placentera para ambos”. Nada que ver con los orgasmos. De esta manera, los expertos abordan cuestiones como sincronizar nuestra iniciativa, es decir, el equilibrio entre quién inicia las relaciones sexuales; el nivel de deseo y frecuencia, puesto que no siempre dos personas tienen el mismo deseo, ni se sienten satisfechos con la misma frecuencia; los rituales, es decir, si tenemos los mismos gustos en cuanto a prácticas sexuales; y, por último, la expresividad, es decir, si expresamos igual el afecto y el deseo por nuestra pareja.

El orgasmo de ellas dura más

Si bien podemos conseguir que la pareja tenga una sexualidad común y satisfactoria para ambos, eso no quiere decir que podamos traducirlo a llegar al clímax en el mismo instante, porque no hay que olvidar que los dos miembros de la pareja no tienen siempre la misma respuesta sexual. Aunque los ya citados Masters y Johnson, en sus estudios pioneros sobre la sexualidad humana, apuntaron a que en la respuesta sexual de ambos sexos existen más similitudes de las que inicialmente se pensaban, como que el ciclo de reacción sexual (excitación, meseta, clímax y resolución) era el mismo en ambos sexos, sí que existen diferencias en el desarrollo de estas etapas, cuando la pareja es heterosexual. Entre ellas, como señala la sexóloga Ana Belén Rodríguez, del Centro SEES, se encuentra que “por norma general, la duración del orgasmo masculino es menor que la del orgasmo femenino”. En realidad, analizando las conocidas gráficas que representan la respuesta sexual masculina y femenina, podemos observar que en la mujer es más común que se den diferentes tipos de respuesta, y que todas suelen coincidir con un tiempo de meseta más largo que en el caso masculino, por lo que suele ser difícil que el momento del clímax coincida en el tiempo.

No hay que olvidar tampoco que no hay un hombre y una mujer iguales, y que las respuestas sexuales de cada uno no siempre se ajustan a los prototipos establecidos. “Cada persona tiene sus ritmos y sus propias respuestas de excitación y formas de alcanzar el clímax sexual, intentar que dos personas diferentes alcancen al mismo tiempo el orgasmo, es bastante complicado”, insiste Ana Belén Rodríguez, que aclara que “lo más probable es que no se consiga debido a estas diferencias individuales, pero de alguna manera socialmente hemos aprendido que lo lógico y lo más placentero es disfrutarlo al mismo tiempo”, una idea que solo nos lleva a limitar nuestra sexualidad a unos patrones preestablecidos, pese a la riqueza que puede alcanzar por sí misma.

Del placer a la obsesión

Dando un paso más allá, la realidad es que esta obsesión por conseguir alcanzar el orgasmo a un mismo tiempo lleva a las parejas a muchas frustraciones. Lo primero a tener en cuenta es que la idea del orgasmo simultáneo sigue perpetuando el hecho de que el orgasmo sea la única finalidad del acto sexual. A este respecto, la sexóloga insiste en que “si pensamos de esta forma, podríamos frustrarnos y rodearnos de una ansiedad innecesaria y mala compañera en el viaje del disfrute sexual. No hace falta aclarar que ansiedad y placer son conceptos que no hacen buenas migas”.

Por otra parte, la experta también señala que centrar el encuentro sexual en conseguir este objetivo supone “un excesivo control de las sensaciones, que a veces puede producir los efectos contrarios, como dificultades de erección en el hombre y baja excitación en la mujer”. Asimismo, destaca la idea de que como todo en sexualidad, centrarnos solamente en una parte de su práctica es negativo, porque nos limita. “Obtener excitación extra al tener un orgasmo al mismo tiempo que tu pareja es maravilloso y puede ser un aliño interesante en el juego sexual, pero si solo os sentís satisfechos de esta forma, quizás cuando no ocurra (que es lo más probable) empiecen los problemas. ¿Por qué no abrir las opciones?”, añade.

Practique con usted mismo

Si se tiene claro todo esto y quiere, simplemente, buscar ese orgasmo simultáneo como un juego más, entre otros, de la pareja, sin presiones, y con el objetivo más que de llegar, de experimentar y explorar nuestra sexualidad por el camino, la experta aporta algunas ideas. Para empezar, la importancia de conocerse primero a uno mismo y de, por qué no, experimentar en solitario con nuestro autoerotismo: “Si conozco perfectamente mis gustos y mis reacciones físicas, mi respuesta sexual y sus componentes psicológicos, será más fácil controlar mi excitación y mi orgasmo”, ilustra. Por supuesto, conviene practicar la comunicación en pareja, pues si queremos buscar una misma meta será difícil conseguirlo sin conocer en qué parte del camino está el otro. Así, la idea pasa por indicarle a la pareja cómo de excitado se siente e ir explicándole qué le gusta y qué no. “Modular la excitación formará parte del juego”, cuenta la sexóloga.

Por último, la directora del Centro SEES apunta a que también podemos trabajar el control sobre nuestro orgasmo, por ejemplo, a través de los ejercicios de Kegel, aunque más que obsesionarnos por manejar los músculos implicados en el acto, explica que puede ser más lúbrico para la pareja buscar qué posturas son las que más excitan a algo o favorecen clímax. “Y, sobre todo, tener en cuenta el componente psicológico del orgasmo. No hay que olvidar que a veces más que una respuesta de nuestro cuerpo, se trata de una reacción de nuestro cerebro. Por ejemplo, ocurre en ocasiones que el orgasmo del otro nos excita tanto que nos hace llegar al nuestro propio, sin que exista una premeditación o una técnica consistente para ello”, añade.

Con todas estas ideas, nos acariciaremos el orgasmo simultáneo; y, si no se consigue, habremos disfrutado en el camino, como usted y su pareja se merecen, aunque no aparezca en ningún libro.