Esterilidad emocional: ¿Nos equivocamos al educar a los niños dentro de “burbujas felices”?

 

niño con audífonos
 
En los últimos tiempos los médicos y biólogos han comenzado a llamar nuestra atención sobre la propensión de nuestra sociedad a crear entornos de vida cada vez más estériles. Hay muchos especialistas que afirman que nuestra tendencia germofóbica en realidad resulta dañina, sobre todo para los niños, ya que no le damos la oportunidad a su sistema inmunitario de desarrollar las defensas que necesita para enfrentarse a los gérmenes. Por eso, según algunos, en las últimas décadas ha aumentado tanto el número de niños que padecen enfermedades autoinmunes.
 
Ahora un estudio realizado en el ámbito de la Psicología retoma, de cierta forma, esta idea. Según investigadores de la Universidad de Minnesota, una educación “tumultuosa” prepara a los niños para enfrentar las injusticias de la vida y les ayuda a tomar mejores decisiones. 
 

Una niñez tumultuosa puede tener sus ventajas

 
Diferentes investigaciones han demostrado que los niños que crecen en hogares más pobres y desestructurados muestran diferencias en la toma decisiones, la memoria y el funcionamiento cognitivo en general. 
 
Los estudios sobre la toma de decisiones, por ejemplo, revelan que las personas que han crecido en entornos estresantes suelen elegir las pequeñas recompensas instantáneas en vez de esperar y apostar por recompensas mayores. Sin duda, se trata de una decisión comprensible ya que su historia ha estado marcada por la incertidumbre. Si en su mundo no había nada garantizado, es normal que opten por la certeza del aquí y ahora, en vez de esperar por una recompensa que podría no llegar. En práctica, estas personas aplican eso de “más vale pájaro en mano que cien volando”.
 
Estos cambios siempre se han considerado deficiencias pero ahora estos investigadores ponen sobre la mesa una nueva teoría: solo se trata de diferencias, no significa que estos niños serán menos capaces al llegar a la adultez. De hecho, incluso pueden tomar mejores decisiones y ser más resilientes, en dependencia de las demandas del contexto.
 
En este estudio en cuestión se analizaron las funciones ejecutivas, que son las que nos permiten procesar y gestionar nuestros comportamientos más complejos, incluyendo la toma de decisiones y el nivel de atención. El experimento se centró en evaluar la inhibición, que puede entenderse como la capacidad de permanecer concentrados en la tarea obviando las distracciones del medio, una habilidad que tradicionalmente se ha relacionado con la posibilidad de retrasar las gratificaciones. 
 
También se evaluó la capacidad para cambiar de un objetivo a otro tan rápido como sea posible, una habilidad que resulta particularmente importante para las personas que se desenvuelven en contextos imprevisibles, que cambian continuamente.
 
Al terminar el experimento, los investigadores pudieron apreciar que las personas que se habían criado en ambientes más tumultuosos o adversos superaban con creces a quienes habían crecido en entornos más felices. Estas personas eran capaces de obviar las distracciones del medio y mantenerse focalizadas en la actividad. También tenían la habilidad de cambiar su focus de atención en poco tiempo.
 

El positivismo a ultranza genera una felicidad artificial

 
En los últimos años, a raíz de la difusión de los mensajes positivos y la explosión de lo que podríamos denominar la “Psicología de la Felicidad”, hemos creado un entorno artificial en el que demonizamos las emociones “negativas” e intentamos potenciar a toda costa las emociones “positivas”. Sin embargo, la vida no es así, la vida es sufrir y reír, enfadarse y recomponerse, sentir nostalgia y seguir adelante.
 
Por eso, la tendencia a proteger excesivamente a los niños de las inclemencias de la vida, las injusticias y los problemas cotidianos en realidad puede ser contraproducente. Edulcorar su mundo y crear una burbuja de falsa felicidad puede hacer que se formen una imagen distorsionada de la realidad y, lo que es aún peor, que no cuenten con las herramientas necesarias para hacerle frente a los problemas. Un niño que no comete errores no desarrollará una buena tolerancia a la frustración, un niño educado en la represión de las emociones “negativas” será un adulto discapacitado emocionalmente.
 
Por supuesto, no me malinterpretéis (aunque igual creo que habrá personas que lo harán), tampoco se trata de seguir un estilo de educación espartano. Para quienes no lo sepan, abro un pequeño paréntesis histórico, en Esparta se estableció la eugenesia por lo que, nada más nacer, si el niño no tenía una constitución robusta, se abandonaba en una cima o barranco. Si sobrevivía y soportaba el frío, el calor y la oscuridad, entonces se rescataba y educaba. 
 
No se trata de exponer innecesariamente a los niños a situaciones que le hagan daño, solo para templar su carácter. Sin embargo, es importante que esa obsesión por la esterilidad no se extienda al plano psicológico, es fundamental no caer en la esterilidad emocional, en la felicidad artificial
 
No podemos proteger a los niños de todo, porque la resiliencia solo se forma en la adversidad. Se trata de encontrar un punto intermedio, de manera que permitamos que los niños puedan ir desarrollando sus propias herramientas psicológicas para hacerle frente a la vida.
 

Cinco principios para educar para la vida

 
1. Deja que se equivoque, caiga y comience de nuevo. Los padres tienen la tendencia a evitar que sus hijos se equivoquen, les protegen porque no quieren que cometan sus mismos errores. Sin embargo, hay muchas lecciones de vida que solo podemos aprender equivocándonos, sufriendo y volviéndonos a levantar. En ese proceso aprendemos y nos fortalecemos.
 
2. No etiquetes las emociones. No somos responsables por lo que sentimos, sino de lo que hacemos con ello. Esto significa que no tiene sentido catalogar las emociones como positivas o negativas ya que, por mucho que nos esforcemos, no podemos evitar sentir. De hecho, según el contexto, la euforia puede ser tan dañina o inadecuada como la ira. Por eso, más que censurar las emociones, debemos enseñarles a los niños a expresarlas de manera asertiva.
 
3. Fomenta los cambios. Es cierto que los niños necesitan cierto grado de estabilidad porque así se sienten seguros. Sin embargo, no es menos cierto que la sociedad en la que vivimos es muy convulsa y necesitamos estar preparados para enfrentar la incertidumbre y los cambios. Por eso, los padres deberían fomentar una actitud abierta al cambio en los niños, para que desde pequeños aprendan a lidiar con la incertidumbre y sean capaces de no apegarse demasiado a las cosas y situaciones. 
4. No escondas la realidad. Muchos padres intentan edulcorar la realidad, creando un falso telón de fondo de felicidad. Obviamente, es importante que los niños tengan buenos recuerdos de su niñez, pero eso no significa que no deban enfrentar situaciones de duelo o que no deban estar al tanto de los problemas familiares. Por supuesto, tampoco se trata de agobiarlos, sino tan solo de explicarles las situaciones, dándoles solo el peso que son capaces de soportar. De esta forma estamos potenciando la responsabilidad y la resiliencia.
5. Fomenta la independencia y la capacidad para tomar decisiones. Los adultos piensan que los niños no son capaces de tomar decisiones. Es cierto que su visión del mundo es muy limitada pero, aún así, los pequeños tienen necesidades, sentimientos y sueños, por lo que es importante enseñarles a tomar las riendas de su vida desde temprano. Poco a poco, según su nivel de madurez, debemos ir potenciando la independencia, y para ello es fundamental que aprendan a tomar decisiones y que se hagan responsables por sus actos.

La infancia debe ser una etapa feliz, de eso no cabe dudas. Sin embargo, también es un periodo crítico para la formación de muchas habilidades, capacidades y valores. Por eso, eduquemos al niño de hoy pensando en el adulto que será mañana.

Pautas para que tu hijo alcance el mayor rendimiento en el colegio

 

¿Sabes que legumbres y pescado favorecen la concentración? ¿y que hay que descansar 10 minutos por cada hora de estudio?

Pautas para que tu hijo alcance el mayor rendimiento en el colegio

ABC FAMILIA / MADRIDI Día 05/05/2015 – 03.01h

Cualquier padre siempre quiere que sus hijos obtengan el mayor rendimiento escolar, pero aunque no sea así que, por lo menos, mejoren un poco sus resultados o que las tareas sean más llevaderas. Los niños, por su parte, necesitan principalmente organización y equilibrio en su día a día. En la mayoría de los casos, ellos no son capaces de conseguirlo por sí mismos, por ello deben ser los adultos los que les marquen las pautas adecuadas.

«Dependiendo de la edad, la exigencia va aumentando, así como el volumen de estudio —indica Ana Herrero, psicóloga del Colegio Brains—. Llo más recomendable es que el niño comience a seguir unas pautas desde el inicio de su etapa escolar». Si se llevan a acabo desde edades tempranas, el alumno adopta estas pautas de manera natural y no se concibe como una obligación y, por tanto, los resultados serán más positivos.

Para lograr este cambio, los progenitores deben guiar, supervisar e incentivar estos hábitos. Pero ¿cómo deben actuar? «Con paciencia asegura la psicóloga—, ya que estos cambios requieren su tiempo pero con esfuerzo es posible conseguirlo. La implicación y motivación de los padres será un aspecto crucial. Ejemplificar con su comportamiento es la manera más efectiva, ya que los niños buscan ser el reflejo de sus padres».

Las cinco pautas para conseguir éxito en los resultados escolares.

1. Mantener una rutina diaria. Los niños precisan de unas pautas que otorguen un orden y unos límites en su día a día. Esta rutina debe incluir tiempo para el repaso de lo aprendido en el aula, preparar la mochila para el día siguiente, jugar o desarrollar otras actividades lúdicas y, además, una hora fija para irse a la cama.

2. Alimentación. No saltarse nunca el desayuno, ya que es la comida más importante del día y debe suponer aproximadamente el 20% del aporte calórico total diario. Por otro lado, hay que apostar por una alimentación equilibrada rica en frutas y verduras, legumbres y pescado, ya que favorecen la concentración, la memoria y el rendimiento.

3. Descanso: La falta de sueño puede provocar problemas de atención. Diez horas es el tiempo de descanso necesario para un niño, aunque depende de la edad y las necesidades de cada uno.

4. Realizar otro tipo de actividades. Es importante que los niños realicen actividades de carácter lúdico que aporten otro tipo de valores en su educación. La práctica de un deporte tiene grandes beneficios a nivel físico y mental y, además, genera grandes valores como el esfuerzo y el compañerismo. Por su parte, las actividades artísticas, como la música, mejora las habilidades mentales del alumno.

5. Organización correcta del estudio. Antes del comenzar con el estudio, es necesario tomarse cinco minutos para la organización de las asignaturas impartidas ese día. Además, para mantener el rendimiento, es recomendable realizar una pausa de 10 minutos por cada hora de estudio. Subrayar o realizar esquemas, resúmenes, mapas mentales o utilizar reglas nemotécnicas, son técnicas que ayudan a asimilar mejor conceptos.

JUEGOS PARA ENSEÑAR A HABLAR A TU BEBÉ

 

 

 

Imagen: deanwissing

Aprender a hablar es un proceso instintivo y natural, pero los adultos pueden ayudar. Estimular al niño desde que emite sus primeros balbuceos hasta que es capaz de pronunciar las primeras frases es fundamental para el desarrollo lingüístico del pequeño, según algunos especialistas. Este artículo propone ocho juegos que ayudan al bebé a aprender a hablar y ofrece consejos para ayudarle en este camino.

Del balbuceo a las palabras. Este es el primer camino por el lenguaje que recorre el bebé. Comienza cuando emite sus primeros fonemas, alrededor de los siete o nueve meses. Cuando cumple los 12 o 15 meses, ya suele ser capaz de denominar algo por su nombre. A partir de entonces, y hasta que alcanza los cinco años, el pequeño desarrolla su capacidad lingüística. Amplía poco a poco su vocabulario y aprende a construir frases completas. El niño aprende a hablar.

Los juegos pueden estimular el aprendizaje del habla del niño

Este aprendizaje se produce de forma natural, pero adaptado al ritmo y características de cada menor. Sin embargo, sí hay juegos y actividades con las que se puede apoyar el habla del bebé. “La actitud de los padres no debe ser pasiva”, defiende el destacado psicólogo estadounidense B.F. Skinner, que sostiene que el medio que rodea al niño tiene un papel muy relevante en su desarrollo del habla. “Desde las primeras edades, el entrenamiento auditivo es la base para el correcto desarrollo de la comunicación oral”, apunta, por su parte, Margarita Gil, directora de un gabinete de aprendizaje y lenguaje.

A continuación se explican algunos juegos para apoyar a los pequeños en su aprendizaje del habla que recomienda esta especialista.

Cinco juegos de sonidos para aprender a hablar

Imagen: james keller

Los juegos son divertidos para el niño, pero, además, le pueden ayudar a aprender a hablar.

  1. El traductor de sonidos 

    Un buen ejercicio para que el pequeño aprenda a discriminar los sonidos y los relacione con el lenguaje es hacer de traductor de sonidos. Para ello, el adulto debe traducir con la palabra correspondiente los sonidos y ruidos cotidianos que se producen de forma habitual, como el timbre de la puerta, la lavadora o el teléfono. También se pueden utilizar los de la calle: una sirena, pitidos, un perro o coches. Y los de la naturaleza: un pájaro, el viento, la lluvia, etc.

  2. ¿Dónde estoy? 

    Con este juego se puede enseñar a los más pequeños a localizar el origen del sonido. El adulto se puede ocultar en distintas partes de la casa y emitir un sonido desde su escondite. También se puede hacer esta actividad con la ayuda de un juguete sonoro.

  3. ¡Saca la lengua! 

    Una buena idea para trabajar la motricidad labiolingual es decirle al pequeño que su cara es una casita, en la que los ojos son ventanas, la nariz el timbre, la boca la puerta y la lengua un amigo que está dentro de ella. 

    Este juego permite entrenar los movimientos. Para ello, hay que pedir al niño que llame al timbre, abra la puerta y que deje salir (y volver a entrar después) a su amigo para dar un paseo.

  4. Vamos a soplar 

    Para aprender a articular bien las palabras, el niño debe ejercitar la respiración y también aprender a acompasar el ritmo de la misma. Un buen ejercicio para ello es jugar a hinchar globos

    Otra propuesta es colocar pequeñas bolitas de papel o de algodón sobre una superficie lisa y soplar sobre ellas para lograr que lleguen las primeras a la meta.

  5. La orquesta 

    Este juego permite relacionar el lenguaje gestual con el oral a través de los sonidos. En este caso, será la música la que estimule el habla del niño. 

    El adulto enseña al pequeño los diferentes sonidos de los instrumentos musicales a la vez que realiza el gesto que le corresponde (simula que los toca). Así, el tambor será pon, pon, pon, la trompeta pa, pa, pa y la guitarra ran, ran, ran. El pequeño debe identificar cada gesto y responder con la onomatopeya correspondiente.

Tres juegos para ampliar y reforzar el vocabulario del niño

Hay juegos para ampliar el vocabulario del niño

Cuando el pequeño ya ha aprendido a expresar sus primeras palabras, se puede estimular y reforzar su vocabulario. Para ello existen otros juegos útiles, que le permiten, además, entender el significado.

Estas son algunas propuestas:

  1. ¿Qué hay ahí? 

    Un cuento con ilustraciones para niños, una lámina o una revista servirán para ayudar al pequeño a ampliar el vocabulario. El juego consiste en contemplar juntos las imágenes y pedirle que señale y enuncie lo que ve en ellas. Cuando no sepa el nombre de alguna de las cosas que observa, el adulto debe decirle qué es y hacerle una breve descripción.

  2. El tren de las palabras 

    “Llevo un vagón de… (fruta, animales, colores, etc)”. A partir de esta frase el niño y el adulto empiezan a llenar el tren con palabras de la familia elegida. El adulto puede incorporar las menos usuales para que el pequeño pueda participar de forma activa en el juego, a la vez que aprende nuevas palabras.

  3. Veo, veo 

    Este clásico juego enseña al niño a describir cosas y le ayuda a desarrollar vocabulario. El menor (o el adulto) elige un objeto que esté a la vista y comienza a dar pistas, entre ellas, su color, la letra por la que empieza o su situación. El turno termina cuando el otro jugador adivina qué es.

Consejos para no frenar el habla del niño

  • Dejarle hablar. No interrumpir al niño cuando quiere expresarse para corregirle, ni terminar las frases por él para acelerar la conversación.
  • Aprovechar cualquier ocasión para introducir más vocabulario, explicarle las palabras nuevas y su significado.
  • Leer con el pequeño cada día y dejarle participar de forma activa en la lectura. Hay que responder a sus preguntas sobre ella.
  • No corregirle cuando articule mal una palabra. Es mejor introducir el término de forma correcta de nuevo en la conversación.
  • Los padres son el principal modelo lingüístico para el niño. Por eso hay que cuidar el propio vocabulario y evitar utilizar un lenguaje infantilizado con el pequeño.

¿Cómo actuar frente a las rabietas?

Las-personas-de-ojos-azules-son-descendientes-de-un-mismo-individuo-1_0“Sonia espera para pagar en la cola del supermercado. En el carrito de la compra está sentado su hijo Carlitos, un angelito de tres años. Junto a la caja registradora hay un panel del que cuelgan enormes bolsas de gominolas. Como están ahí para que Carlitos las vea, las ve. “Mamá quiero”, dice Carlitos señalando la más grande de las enormes bolsas. “No, hijo, ya te has comido una piruleta esta tarde, en cuanto lleguemos a casa vamos a cenar”. Carlitos repite: “mamá quiero, quiero, quiero…”.

Y con cada “quiero” y el silencio de su madre, arruga el rostro y compone un gesto de profunda decepción. Comienza a llorar. Patalea. Golpea con el puño el asa del carrito. Grita: “¡quiero!”. Berrea: “¡Quieeeero!” Todo el supermercado contempla la escena, no alarmados, curiosos nada más. Sonia mira a su alrededor. Carlitos no se calla. No se calla hasta que, de repente, una mano, la mano nerviosa de su madre, le mete una gominola en la boca. En silencio y con orgullo, Carlitos mastica su victoria”.

Introducción

El niño contradictorioJUEGO PROXIMO

Alrededor de los dos años, los niños empiezan a sentir que el mundo es un lugar grande y abrumador, y los deja inseguros de sí mismos y de sus esfuerzos e independencia arduamente ganados.

Ahora, él se contradice: quiere ponerse la ropa que él quiere o no acepta a vestirse, comer, ir al parque y ver la tele, o todo a la vez.

El niño de 2 años
  • Le gusta que las rutinas para comer, vestirse e ir a la cama sean las mismas cada día porque esto le ayuda a sentirse más seguro.
  • Tiene dificultad para tomar decisiones. Quiere las dos cosas, leche y zumo, en lugar de escoger uno.
  • Se esfuerza por controlar su mundo, es probable que se vuelva muy mandón, tenso y rígido.
  • Se frustra con facilidad y se chupa el dedo o pide el chupete, se apega a un juguete, tiene una rabieta, o grita para liberar tensiones.
  • Puede mostrarse en un minuto sumiso, e independiente el siguiente.
  • Todavía no es capaz de compartir y necesita empezar a relacionarse con otros niños.
  • No acepta bien los lugares nuevos.

 

 

Límites06-300x225En primer lugar debemos aclarar que las rabietas son conductas absolutamente normales, y que por lo tanto no deben ser motivo de preocupación. Su aparición puede demorarse más o menos, pero en algún momento todos los niños ofrecen este tipo de respuestas.

Desde que son muy pequeños los niños aprenden que el llanto es uno de los mejores recursos para reclamar la atención de los padres (de hecho, durante cierto tiempo es el único medio del que disponen).

El problema surge cuando el niño lo utiliza intencional e indiscriminadamente para obtener ciertas recompensas. El niño quiere conseguir algo. Bien porque sus padres se lo niegan, bien porque el niño anticipa esa dificultad, y recurre al llanto y al enfado desproporcionado como respuesta a la frustración de sus deseos.

Cuando el niño obtiene lo que ansía de los padres (su recompensa), deja de llorar, recompensando así a los padres que ven con alivio como desaparece la incómoda conducta del niño. Así, el niño domina la situación y dirige la solución de los conflictos.

De esta forma se crea un mecanismo que, de no evitarse a tiempo, será difícil desmontar. Si estos procesos de recompensa no se encauzan adecuadamente, la personalidad del niño se inclinará inevitablemente hacia la impulsividad, el egoísmo, la intolerancia y la manipulación.

El comportamiento de oposición es a menudo una parte normal del desarrollo de los niños de dos o tres años.

Descripción del problema

Las rabietas son más fáciles de reconocer que de definir. En algunas ocasiones, el niño, que no consigue algo que quiere, comienza a llorar, gritar, patalear y se tira al suelo. Eso es una rabieta. Dicho de otro modo, las rabietas son comportamientos coléricos mediante los que el niño manifiesta su incapacidad para hacer o conseguir algo que desea. Se consideran una parte normal del desarrollo del niño de 1 a 3 años y la tendencia es a la desaparición hacia los 4 años. Una rabieta es una forma inmadura de expresar ira o enfado. Aunque usted tenga un carácter muy dulce y sereno, su hijo probablemente tendrá algunas rabietas.

EpidemiologíaBorn Artist

  • El 50-80 % de los niños de 2-3 años tienen rabietas al menos una vez a la semana y el 20 % al menos diariamente.
  • El 60 % de los niños de 2 años con rabietas frecuentes continuarán teniéndolas a los 3 años. De éstos, el 60 % continuarán haciéndolo a los 4 años.
  • La prevalencia de «rabietas» explosivas permanece aproximadamente en el 5 % a lo largo de toda la infancia.
  • Las rabietas importantes se acompañan a menudo de otros trastornos de la conducta significativos, como trastornos del sueño o hiperactividad.
  • Las rabietas no se relacionan con el sexo o la clase social.
  • No existe una predisposición genética o familiar.

Etiología/factores contribuyentes

Del desarrollo

Las rabietas aparecen cuando las emociones negativas de ira o frustración exceden de la capacidad del niño para controlarlas. En los niños pequeños, hay un conflicto entre sus deseos de autonomía y las limitaciones que se le imponen a una edad en la que no posee un desarrollo suficiente del lenguaje, para poder expresar con palabras sus necesidades o sentimientos. Esto le crea frustración y estrés emocional. Qué vestir, qué meterse a la boca, adónde ir y cuándo marcharse son muchas de las decisiones que los niños pequeños querrían tomar independientemente pero que no pueden hacer.

En los niños mayores, las rabietas pueden ser una conducta aprendida, reforzada por la adaptación de los padres o, paradójicamente, por la intensa atención negativa que despiertan.

Temperamentales

El temperamento desempeña un papel importante Los niños nerviosos tienden a expresar sus sentimientos dramáticamente, es probable que los niños con pautas de sueño o de apetito irregulares encuentren sus necesidades frustradas más a menudo.

Ambientales

Las rabietas pueden asociarse con un cierto número de factores ambientales: el estrés familiar, la depresión de los padres, los castigos corporales frecuentes y la incapacidad de marcar límites firmes. Muchos niños siguen teniéndolas porque tuvieron éxito con rabietas anteriores.

Orgánicos

Las alergias e infecciones respiratorias recurrentes, los trastornos del sueño, las pérdidas de audición, los retrasos del lenguaje y el trastorno del déficit de atención con hiperactividad (TDAH) se asocian todos ellos con un aumento de las rabietas. Las rabietas también pueden estar incrementadas en el autismo, en las lesiones cerebrales traumáticas y en el retraso mental grave.

Cómo aparecen las rabietas

  • hiperactividad-ninosEn los primeros meses de vida atendemos de forma natural y de manera rápida una serie de comportamientos infantiles (lloros, caras tristes, estar quieto, vómitos, etc.). Nadie lo duda, son indicativos de que algo pasa y con nuestra atención buscamos el bienestar físico y anímico del niño. Es un ser indefenso y hay que atenderle.
  • Durante este tiempo el niño ha estado aprendiendo que algunos de sus comportamientos son siempre atendidos. Usa esos comportamientos para que le atiendan. “Reaprende” cómo conseguir atención, usa la rabieta para conseguir algo.
  • De manera natural (en principio, no premeditadamente) hace uso de esas conductas de llamar la atención cuando no consigue algo que desea. Por ejemplo: una chuchería o más tiempo de TV. El resultado más frecuente es que consigue lo que desea. Aprende que puede doblegar a los adultos. Las rabietas se complican.
  • La repetición de estos comportamientos y de la obtención de lo deseado le enseña algo nuevo: la voluntad de los adultos se puede doblegar si se hace uso de las respuestas adecuadas como lloros, gritos etc. A estos comportamientos los podemos llamar ahora rabietas. Esta secuencia de aprendizajes se puede ir complicando de maneras muy diferentes según los casos.
  • Él sigue “cogiendo muchas rabietas y además en los momentos más inoportunos”. Nos empezamos a disgustar y puede que también a preocupar ¿Qué puedo hacer?

Estrategias de tratamiento

  • Poner la casa «a prueba de niños», con objeto de reducir el número de ocasiones en que los padres se ven obligados a decir que «no». Intentar evitar las situaciones y circunstancias que puedan ser fuente de frustración o facilitar la aparición de rabietas, como hambre, sueño, etc.
  • Permitir que los niños pequeños realicen pequeñas elecciones frecuentes, todas dentro del terreno de lo aceptable (p. ej., «¿Quieres tomarte la leche en el vaso azul o en el rojo?»). Siempre que sea posible, ofrecer al niño la posibilidad de elegir entre varias opciones disponibles.
  • Limitar las frustraciones atendiendo al temperamento del niño y sus ritmos: entendemos que si nuestro hijo es muy nervioso necesitará correr cada día, o si se pone de muy mal humor cuando tiene hambre intentad evitarlo.
  • Los niños tienden a tener más rabietas cuando están cansados (por ejemplo, cuando no han dormido la siesta), porque son menos capaces de hacer frente a las situaciones frustrantes. En estas ocasiones, haga que su hijo se acueste. El hambre puede contribuir a las rabietas. Las rabietas también aumentan durante una enfermedad.
  • Avisar al niño con tiempo. Algunas de estas rabietas pueden ser prevenidas dándole a su hijo una advertencia con 5 minutos de anticipación, en vez de pedirle de repente que deje inmediatamente de hacer lo que está haciendo.
  • La negativa debe ser irrevocable. Muchos padres dicen «no» cuando realmente quieren decir «me parece que no». Cuando el niño protesta suficientemente, el padre o la madre cede, recompensando con ello la rabieta. Los niños rápidamente distinguen entre los «NOes» duros («No se juega con los cuchillos») y los «NOes» blandos («no hay galletas antes de cenar») y rara vez sufren rabietas a causa de los primeros. Es importante establecer normas razonables, claras y coherentes y no cambiarlas, para que el niño conozca perfectamente donde están sus límites. Esto es absolutamente clave: el que algo se pueda o no se pueda hacer, no debe depender del humor que tengan en ese momento los padres. Las reglas deber ser siempre las mismas y también independientemente de que quien esté en ese momento al cuidado sea el padre o la madre.

Cómo actuar ante una rabieta

NIÑO CON LUZIgnorar es una manera efectiva de impedir las rabietas o, al menos, de evitar reforzarlas. Debemos saber, que cuando empezamos a ignorar las rabietas, éstas pueden intensificarse durante un período de días o semanas antes de empezar a ceder.

Si no se logra controlar la rabieta, y la situación lo permite, se puede adoptar una actitud de indiferencia y hacer como que se ignora la conducta del niño, para lo cual no debe manifestarse enfado, ni deben hacerse promesas o proferir amenazas. Porque el niño, con la rabieta, pretende llamar la atención y si hacemos todo eso, aunque no consiga aquello que motivó el berrinche, de algún modo habrá salido ganando y, sin querer, podemos reforzar ese comportamiento o sea le “enseñaremos” a tener más rabietas.

Algunas instrucciones específicas sobre cómo ignorar una rabieta, por ejemplo: «Sepárese a dos pasos. Continúe haciendo lo que estuviese haciendo. No hable o hable sólo con un tono de voz neutral. Si su hijo está cerca de un objeto peligroso, mueva al niño o al objeto. No deje que el niño se haga daño o cause daño a nadie».

Muchas de las rabietas del niño tienen como objetivo primordial una simple llamada de atención, aunque se presenten enmascaradas bajo otras peticiones concretas (como una bolsa de gominolas).

No olvidemos que los medios de que dispone el niño pequeño para interactuar con nosotros están aún por elaborar y perfeccionarse, de ahí que en ocasiones recurra a algo tan sencillo como el enfado desproporcionado simplemente para decir: “estoy aquí, hazme caso”.

Cuando los padres intuyan que se trata de una llamada de atención inapropiada, deben dejarle claro lo inadecuado de su conducta, ¿cómo?: -no prestándole atención, ignorándole-. También en este caso es importante no ceder al final, porque si no, el niño aprenderá que manteniéndose en su posición obtiene los beneficios que persigue.

Si la “escena” ocurre en un sitio público, procure llevarle a un sitio tranquilo y si fuera necesario contenerle físicamente porque presente una actitud violenta, procure sujetarle pero sin hablarle ni mirarle.

Es muy importante perseverar en la decisión adoptada hasta el final, hasta sus ultimas consecuencias. Por ejemplo, si se ha decidido que aquello que el niño pide es inadecuado, los padres se mantendrán firmes en su decisión con independencia de las respuestas del niño.

No haga caso a las rabietas motivadas por el deseo de llamar la atención o exigir algo. Los niños pequeños pueden tener rabietas para salirse con la suya. En las rabietas para llamar la atención el niño puede gemir, llorar, golpear el piso o la puerta, cerrar una puerta con violencia, o contener la respiración. Mientras su hijo permanezca en un solo lugar y su comportamiento no sea destructivo, usted puede dejarlo tranquilo.

Si usted reconoce que un evento en particular va a hacer que su hijo pierda los estribos, trate de desviar su atención hacia alguna otra cosa. Sin embargo, no ceda ante las demandas de su hijo. Durante la rabieta, si el comportamiento del niño es inofensivo, ignórelo por completo.

Una vez que ha empezado, una rabieta rara vez puede ser interrumpida. Aléjese, incluso yendo a otro cuarto para que el niño ya no tenga quien le escuche. No trate de razonar con su hijo. Simplemente dígale: “Veo que estás muy enfadado, te dejaré solo hasta que te calmes”. Deje que el niño recupere el control. Después de la rabieta, asuma una actitud amistosa y trate de normalizar las cosas. Usted puede prevenir algunas de estas rabietas diciendo “No” con menos frecuencia.

jugarA veces es difícil, pero se debe crear un clima de tranquilidad en torno a la situación, es decir, mantener la calma y el control. No regañar, ni gritar al niño porque, además de no solucionar nada, genera más inseguridad y constituye un mal ejemplo. Evite pegarle porque esto indica al niño que usted ha perdido el control. Tampoco hay que intentar razonar con el niño, porque en ese momento no nos escuchará. El niño no debe percibir que su conducta altera a sus padres, que les incomoda, que existe una discordancia entre lo que sienten y lo que dicen. No podemos enfadarnos y, gritando, aclararle: “¡no me importa cómo te pongas, así no vas a conseguir nada!”; porque estamos mostrando que “algo” sí ha conseguido.

Por supuesto, no debe concedérsele lo que quería, para no reforzar su conducta, como tampoco conviene ofrecer premios o recompensas para que abandone su rabieta. En las fases iniciales, un pequeña dosis de humor y, si es posible, intentar distraer al niño desviando su atención hacia otra actividad u objeto, pueden ser de mucha utilidad.

El castigo es uno de las medidas más frecuentes y, por ello, debemos emplearlo con cuentagotas y cautela. En primer lugar porque un castigo repetido muchas veces pierde su poder sancionador y corrector. En segundo lugar porque el castigo como respuesta ante una rabieta puede convertirse en un arma de doble filo. Con el castigo, aunque parezca que el niño lo aborrece, estamos dedicándole toda nuestra atención y, aunque no consiga lo que quería (muchas veces algo insignificante), sí logra convertirse en el centro de todas nuestras miradas.

Por extraño y paradójico que parezca, el niño acabará acostumbrándose al castigo y, lo que es peor, buscándolo como “recompensa afectiva”. El castigo tiene efectos pasajeros; a base de castigos no eliminamos la conductas inapropiadas de las rabietas que por instaurarse como un patrón de comportamiento, son conductas que persisten en el tiempo.

images (2)Asegurarse de que las rabietas no amenazan la autoestima del niño, evitad declaraciones humillantes después de la rabieta. Los padres deben hablar de «perder el control» en lugar de «portarse mal» y evitar hablar mucho de la rabieta después.

Una vez que se ha pasado el berrinche, no se le debe castigar ni gritar, sino darle seguridad y afecto, pero sin mimarle en exceso ni darle ningún tipo de premio, explicándole lo inadecuado de su comportamiento.

Reforzar los comportamiento positivos. Es decir, entre otras cosas hacerle caso y alabarle cuando su conducta es la adecuada. Es niño busca la atención de sus padres y si la consigue sobre todo cuando hace “cosas malas”, le estaremos indicando que ese es el comportamiento que debe repetir para conseguir que le dediquemos más tiempo.

Para las rabietas de tipo perturbador o destructivo, utilice suspensiones temporales. Algunas veces las rabietas son demasiado perturbadoras o agresivas para que los padres las pasen por alto: Se cuelga de nosotros, nos pega, tiene una rabieta en un lugar público, rompe cosas… Sujete al niño cuando tenga rabietas en las que podría causar daño o lastimarse. Si su hijo ha perdido totalmente el control, usted podría sujetarlo. Perder el control probablemente atemoriza al niño. Sujételo también cuando tenga rabietas durante las cuales podría lastimarse (como cuando se arroja violentamente hacia atrás).

Tome al niño en sus brazos, dígale que usted sabe que está enfadado y muéstrele, con su ejemplo, la manera de dominarse. Téngalo en brazos hasta sentir que empieza a relajarse. Esto generalmente requiere de 1 a 3 minutos. Luego, suéltelo. Esta respuesta reconfortante raras veces es necesaria después de los 3 años de edad.

Debemos saber que…

  • No atender una rabieta no consiste en rechazar al niño afectivamente. Consiste en retirar la atención ante la rabieta y darlo ante un comportamiento más adecuado. Hay que tener cuidado para no confundir una “rabieta” con una “necesidad real”.
  • Debemos saber que cuando empecemos a no atender las rabietas, la conducta en lugar de disminuir va a aumentar. No hay que asustarse, es normal.
  • Luego va disminuyendo. Lo hace más rápidamente si atendemos las demandas correctas.
  • Las rabietas, ocasionalmente, vuelven a aparecer. Debemos actuar entonces como teníamos prefijado. Con el paso del tiempo aparecen cada vez menos.

NUEVAS PROPUESTAS PARA el trastorno de déficit de atención con hiperactividad

JUEGOS EN NIÑOS 2

Para todos los que conocemos o convivimos con un niño o adolescente con el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDA-H), nos debe quedar claro, que con frecuencia la escuela es muy difícil para ellos. Este síndrome, que se ha definido como la incapacidad para fijar la atención durante un período prolongado, debido a la intranquilidad y la impulsividad en los niños, es motivo de problemas de inadaptación en la escuela, en la familia y algunas veces hasta en la sociedad.

Esencialmente las dificultades que se presentan estarán centradas en la inhabilidad de organizar tareas en forma ordenada, tendencia a la distracción, dificultad en la resolución de problemas, en la planificación de actividades, en el ritmo para trabajar, en la realización de los cambios de rutinas, en recuperar información guardada, en la realización de tareas de rutinas largas y el seguimiento de instrucciones entre otras. Es por ello que el TDA-H es un trastorno sobre el “cómo hacer lo que se sabe” y no sobre el “saber hacer”.

El cerebro tiene redes neuronales que ayudan a las personas en la concentración, organización, control de impulsos, memoria, etc. Cuando estas redes neuronales están alteradas, provoca un deterioro en el control de varias funciones cognitivas, haciendo que quien padece del TDA-H no tenga control sobre estas actividades aún cuando lo desee.

Para la corrección de este trastorno, en Costa Rica se ha incrementado el uso de medicamentos que algunas veces tiene efectos secundarios muy molestos para quienes los toman. En relación a lo anterior y buscando cómo desaparecer los síntomas causados por la hiperactividad y otros problemas de aprendizaje sin medicamentos, el Dr. Harald Blomberg de Suecia, con la ayuda de Kerstin Linde desarrolló una interesante terapia llamada “Terapia del Movimiento Rítmico”.

Esta terapia usa movimientos de balanceo para la corrección de los síntomas del TDA-H ayudando también a corregir diferentes problemas de aprendizaje como la Dislexia, el Déficit de Atención sin hiperactividad, Alteraciones en el Lenguaje, la Dispraxia, etc.
Antes de recetar a un niño con algún químico que lo va a tener aletargado y con molestias, es importante buscar terapias alternativas que lo ayuden en la corrección del problema.

El TDA-H es importante curarlo de raíz para que desaparezcan las inconveniencias causadas por el mismo. Cuando se medica a un niño lo que se hace es solucionar el problema temporalmente, pero la hiperactividad y sus características permanecen.

La Terapia de Movimiento Rítmico es reconocida mundialmente y ayuda a que los pacientes tengan una vida más productiva y fácil de llevar.

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