5 síntomas de la depresión que pasan desapercibidos

 
La depresión se ha convertido en una verdadera epidemia a nivel mundial. En España, se estima que el 10% de las personas sufren depresión y en Estados Unidos la padecen más de 2 millones de adolescentes. Estudios epidemiológicos han encontrado que los casos de depresión no solo han aumentado en las tres últimas décadas sino que los síntomas psicosomáticos también son más intensos.
 
Sin embargo, lo curioso es que aunque la depresión es un trastorno cada vez más común, no se ha logrado liberar del estigma que arrastra. Muchas personas siguen pensando que la depresión esconde en su base una falta de fuerza de voluntad y otros se niegan a reconocer que tienen un problema porque se sienten avergonzados. Por eso, detectar la depresión en sus primeras fases es complicado pero, a la misma vez, fundamental, ya que así se pueden atajar sus consecuencias a tiempo. 
 
Lamentablemente, los primeros síntomas de la depresión suelen pasar desapercibidos por lo que la detectamos una vez que ha extendido sus tentáculos sobre nuestra vida.
 

Los primeros síntomas de la depresión que no solemos reconocer

 
– Poco apetito
 
– Problemas en el sueño, casi siempre se trata de despertares nocturnos 
 
– Falta de concentración en las tareas cotidianas
 
– Cansancio y fatiga sin causa aparente
 
– Sensación de estar abrumados o sobresaturados, cuando las demandas no han aumentado
 
Según un estudio desarrollado en la Universidad de San Diego, el 74% de las personas que después son diagnosticadas con depresión comenzaron a presentar problemas para conciliar el sueño desde las primeras fases del trastorno, un 38% también tenían problemas de memoria, causados por la dificultad para concentrarse. El 50% de las personas reconoció además que se sentían abrumadas y fatigadas desde hacía mucho tiempo.
 
Todos estos son síntomas de la depresión son clásicos pero normalmente pasan desapercibidos ya que creemos que la depresión es solo la sensación de tristeza, la apatía y la pérdida de sentido de la vida. Sin embargo, estos son síntomas que aparecen cuando el trastorno ya está instaurado.
 

Distorsiones cognitivas: Las mentiras que nos cuenta la depresión

 
En realidad, la depresión es una gran manipuladora: es capaz de crear un escenario y una historia negativa presentándola de tal forma que nos resulta atractiva. Nos tiende una trampa mortal al hacernos creer que los eventos negativos que vivimos son un estado interno, estable y global. Nos envuelve en su tela de araña a golpe de distorsiones cognitivas.
 
Las distorsiones cognitivas más comunes de la depresión se basan en los sentimientos de indefensión, desesperanza e incapacidad para solucionar los problemas. De hecho, aunque la depresión está catalogada como un trastorno del estado de ánimo, en realidad es mucho más ya que afecta el funcionamiento de los lóbulos frontales, los cuales están vinculados al razonamiento y la conducta propositiva.
 
Estas distorsiones cognitivas nos conducen a comportamientos autodestructivos, como no buscar ayuda, dejar la medicación o la terapia, beber en exceso o incluso hacerse daño físicamente.
 
Las distorsiones cognitivas más comunes y dañinas vinculadas a la depresión son:
 
– “Si tengo depresión, es mi culpa”. En realidad, nadie quiere estar deprimido. La depresión no es un trastorno meramente psicológico sino que sienta sus raíces en la biología, nuestros antecedentes familiares e incluso en nuestros genes. La depresión no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad por lo que alimentar estas creencias solo sirve para sentirnos mal y culpabilizarnos. De esta forma, la depresión crea un círculo vicioso que la alimenta.
 
– “Nada de lo que haga marcará la diferencia. Entonces, ¿por qué debo esforzarme?” La persona deprimida comienza a ceder su control a la enfermedad, piensa que no puede hacer nada por lo que se sume en un bucle de desesperanza y reflexiones sombrías, que a menudo le conducen a acariciar la idea del suicidio. Así, los pequeños actos cotidianos se convierten en un gran esfuerzo que le llevan a tirar la toalla. 
 
– “Siempre me voy a sentir así”. La depresión puede llegar a ser un estado muy doloroso pero el hecho de que hoy nos sintamos mal no significa que ese sufrimiento será permanente. En realidad, la mayoría de las personas que sufre depresión y buscan tratamiento logran mejorar en pocos meses. Sin embargo, sumirse en la desesperanza solo sirve para alimentar el cuadro depresivo.
 
– “No encuentro una manera de salir de esto”. La depresión a menudo dificulta nuestra capacidad para resolver problemas, nos hace ver todo bajo una perspectiva gris y nos encierra en un callejón sin salida. Sin embargo, no es más que una ilusión, la persona deprimida puede tener dificultades para encontrar la salida pero puede pedir ayuda. Un psicólogo o incluso un amigo podrá ayudarle a encontrar una perspectiva más positiva.
 
web original: http://www.rinconpsicologia.com/

Quiero reírme contigo hasta que seamos viejitas

La risa es uno de los mejores pegamentos sociales, aunque también es uno de los más desestimados. De hecho, la risa es un excelente predictor de la calidad de las relaciones interpersonales y puede desvelarnos inmediatamente si le caemos bien o no a una persona. Sin embargo, no es fácil encontrar a alguien que siempre nos haga reír, aunque pase el tiempo e incluso en los peores momentos. Por eso, si has encontrado a una persona así, no la dejes escapar.
 

Reímos para conectar con los demás

 
Solemos pensar que la risa está vinculada a las bromas y el sentido del humor. Pensamos que nos reímos porque algo nos resulta simpático. Sin embargo, Robert Provine, un psicólogo de la Universidad de Maryland, descubrió que la risa esconde algo más. En realidad reímos más cuando estamos rodeados de amigos.
 
De hecho, sus investigaciones han desvelado que somos 30 veces más propensos a reírnos de una broma cuando estamos en compañía de otras personas. Si estamos solos, disminuyen las probabilidades de que un chiste nos haga reír, pero si estamos con nuestros amigos, aumentan las probabilidades de que riamos de cosas que en otros contextos no nos resultarían tan simpáticas.
 
Por tanto, la risa no es una reacción, como solemos pensar, sino una forma de comunicación, cuyo objetivo es conectar con los demás y dejarles entrever que les entendemos. De hecho, se ha apreciado que la risa es altamente contagiosa. Gracias a los escáneres cerebrales se ha comprobado que nuestro cerebro responde ante la risa de otra persona activando inmediatamente los músculos faciales que necesitamos para sonreír.
 

La risa nos indica cuánto interés despertamos 

 
El humor ha evolucionado hasta convertirse en un modo para indicar nuestro interés hacia otras personas. Una teoría apunta que cuando estamos en ciertos contextos sociales, lanzamos pequeñas bromas para medir nuestro nivel de aceptación. Si le caemos bien a las personas, es probable que estas rían de manera natural, pero si no es así, forzarán la sonrisa o no sonreirán porque cuando no hay un interés real, la risa no sale de forma espontánea.
 
De hecho, cuando no conocemos a una persona, el humor no es solo una forma para romper el hielo sino también para saber cómo le caemos y cuánto interés despertamos. Lo mismo ocurre en las relaciones ya establecidas con los amigos o la pareja, el intercambio de risas es un indicador de que cada miembro se siente satisfecho en compañía del otro.
 
Así lo confirma un estudio llevado a cabo en la Universidad de Berkeley en el que se descubrió que las relaciones de pareja son más duraderas cuando los miembros son capaces de hacer reír al otro. Estos psicólogos le pidieron a uno de los miembros de la pareja que abordara un tema complicado para el otro. Así apreciaron que a pesar de que muchos discutían, cuando uno de los miembros hacía reír al otro, ambos no solo se sentían mejor inmediatamente sino que también reportaron mayores niveles de satisfacción en la relación y solían permanecer juntos durante más tiempo.
 
Por supuesto, esta “danza de la risa” normalmente no ocurre de manera consciente. Sin embargo, nuestro inconsciente utiliza el humor y la sonrisa para saber el grado de interés que despertamos en la otra persona, y también puede sentirse rechazado.
 

La risa nos permite conectar emocionalmente a un nivel más profundo

 
La risa también nos ayuda a hacer nuevos amigos. De hecho, facilita que las personas se abran. Psicólogos del University College de Londres reclutaron a 112 personas que no se conocían entre sí y las pusieron en parejas a ver un vídeo. Algunas parejas vieron una comedia, otras instrucciones para jugar al golf y otras un documental sobre la naturaleza muy relajante. 
 
Los psicólogos evaluaron cuánto se rieron los participantes durante la proyección. Después, los participantes debían escribirle un mensaje a la otra persona para que esta les conociera mejor. Curiosamente, las personas que habían reído juntas eran más propensas a compartir detalles personales. 
 
La explicación no se puede hallar simplemente en la experiencia positiva compartida, sino en la fisiología que se esconde detrás de la sonrisa. En práctica, cuando sonreímos se activa la producción de endorfinas, razón por la cual nos sentimos más relajados y cercanos a los extraños.
 
Por tanto, la risa hace que seamos más abiertos y propensos a compartir detalles personales. También derriba ese bloqueo inicial dando al traste con las barreras sociales y ayudándonos a crear lazos emocionales más profundos.
 

Atesora a quien te hace reír

 
Alguien dijo que “un buen amigo es aquel que te hace reír cuando pensabas que nunca más volverías a sonreír”. Encontrar a una persona con la que podamos reír es difícil porque no se trata simplemente del sentido del humor sino de la conexión emocional que se establece en el fondo. Por tanto, si has encontrado a alguien así, cuídale, no le pierdas porque es un verdadero tesoro.

7 formas en las que el silencio puede cambiar tu vida

 
El ruido puede convertirse en una música de fondo que nos acompaña a lo largo de nuestra rutina cotidiana. Sin embargo, se ha demostrado que el ruido activa nuestro sistema nervioso e incrementa el nivel de estrés. De hecho, varios estudios realizados cerca de grandes aeropuertos europeos han desvelado que los niños que viven cerca de estas zonas tienen mayores niveles de tensión arterial. En el caso de los adultos el problema es aún mayor ya que existe una mayor incidencia de enfermedades cardíacas e hipertensión.
 
Estos resultados no deben sorprendernos ya que el ruido puede aumentar los niveles de cortisol, y cuando estos se mantienen elevados a lo largo del tiempo terminan provocando desequilibrios en el sistema inmunitario y en el metabolismo. De hecho, si haces la prueba, te darás cuenta de que al pasar de un sitio con mucho ruido a un lugar silencioso, tu cuerpo se relaja automáticamente, es como si la tensión te abandonara.
 
Desgraciadamente, muy pocas personas son conscientes de la importancia del silencio en nuestras vidas. Sin embargo, abrazar el silencio puede provocar cambios muy positivos.
 
1. Te ayuda a conectar con tu “yo” más profundo. Sentarnos en silencio, simplemente para disfrutar de la quietud, nos permite conectar con nuestro “yo” más profundo. Ese estado de calma nos invita a mirar dentro de nosotros, por lo que terminaremos descubriendo cosas nuevas. De hecho, el silencio nos enseña a estar cómodos con nosotros mismos, a sentirnos a gusto sin hacer nada, disfrutando de nuestra compañía. Algo que muy pocas personas saben hacer.
 
2. Te permite estar más atentos a los detalles. Estar tranquilos y en silencio nos ayuda a desarrollar la atención y la concentración. De hecho, nos permite mantenernos atentos a los pequeños detalles, abriendo considerablemente nuestra percepción del mundo. Cuando estamos en un entorno ruidoso, nuestros sentidos simplemente se restringen pero cuando comenzamos a abrazar el silencio nuestra percepción se amplía.
 
3. Te enseña a desarrollar la gratitud. La tranquilidad nos ayuda a ver la vida desde perspectivas diferentes. Cuando estamos a solas con nuestros pensamientos, con total tranquilidad, podemos comenzar a vislumbrar las mil y una razones por las cuales podemos sentirnos agradecidos. El simple hecho de estar ahí, ya es una buena razón para sentirse agradecidos.
 
4. Te motiva a abrazar la simplicidad. Cuando estamos en silencio, apreciamos detalles que no habíamos notado. En esos momentos nos damos cuenta de que para ser felices y tener una vida plena no necesitamos mucho, basta aprender a disfrutar de lo que tenemos ahora mismo. El silencio, ese estar a solas contigo mismo, te enseñará el valor de la simplicidad para tu vida.
 
5. Te permite saber qué deseas. La vertiginosidad de la vida cotidiana a menudo no solo hace que mantengamos relaciones frágiles y superficiales con los demás sino incluso con nosotros mismos. Cuando estamos sumidos en el ruido no tenemos tiempo para preguntarnos qué deseamos realmente. Al contrario, el silencio estimula la introspección y nos hace preguntarnos qué queremos y hacia dónde nos dirigimos.
 
6. Te ayuda a relajarte. Las primeras veces que te sientes en silencio, sin hacer nada, te resultará muy extraño y probablemente no dures más de cinco minutos. Esto se debe a que estás demasiado acostumbrado al exceso de estímulos. Sin embargo, si perseveras, notarás cómo el silencio te ayuda a relajarte, no solo a nivel mental sino también físico. 
 
7. Te da una lección de coraje. Muchas personas piensan que el coraje consiste en enfrentar los miedos, pero en realidad la valentía consiste en enfrentar nuestros propios temores. Cuando estás en silencio a solas descubres esos miedos que están dentro de ti y que normalmente oculta el ruido. Entonces te darás cuenta de que muchos de ellos son infundados, y crecerás como persona.

El dilema del prisionero: ¿cómo actuarías tú ante esta situación?

El dilema del prisionero: ¿cómo actuarías tú ante esta situación?

Ante la toma de una decisión que, aparte de tener repercusiones para nuestro propio bienestar puede afectar a los demás, podemos encontrarnos ante un dilema social en el que entrarán en juego los beneficios de la decisión y los costes propios y ajenos de la misma. 

Aunque en un principio pueda parecer que va a primar siempre nuestro propio interés, esto no es así, porque en ese caso nos encontraríamos en un estado de caos social.

El dilema del prisionero

El llamado “dilema del prisionero” ha sido muy empleado en los estudios de psicología donde se muestra una situación de conflicto de intereses entre dos personas. A los participantes se les presentaba una situación ficticia en la que debería imaginarse que es un ladrón que ha sido arrestado, junto a su compañero, por la policía. Ambos son interrogados por un abogado por separado, que les propone el siguiente dilema:

  • Si ambos permanecen en silencio, es decir, cooperan, sólo tendrán que pagar una pequeña multa.
  • Si los dos ladrones se delatan, es decir, se traicionan, ambos irán dos años a la cárcel.
  • Si uno delata y el otro permanece en silencio, el delator quedará en libertad pero el delatado irá 5 años a la cárcel.

Obviamente, si nosotros delatamos a nuestro compañero, quedaremos en libertad y sería la opción más adecuada para nuestro propio bienestar. Si los dos nos traicionamos acabaríamos en la cárcel. Así que la opción más acertada sería cooperar, donde ambos obtendríamos el mismo beneficio y el mismo coste, pero ahí está el dilema: ¿podemos confiar en que nuestro compañero no nos delate? Entonces, ¿Cómo nos comportamos?

Posibles reacciones ante este dilema

Bien, diversos estudios experimentales de laboratorio y de campo han extraído que tenemos cuatro opciones:

  • Ser individualistas, es decir, buscamos maximizar nuestro beneficio personal, sin tener en cuenta cómo esto puede influir en los demás (para bien o para mal).
  • Optar por el altruismo, el polo opuesto a lo anterior, donde sólo nos importará el beneficio de los demás.
  • Mostrarnos competitivos tratando de ser mejores que los demás a pesar de los costes personales del proceso.
  • Cooperar, por lo que buscaríamos que nuestra decisión fuese igual de beneficiosa para nosotros y para los demás.

Competitividad y cooperación, las opciones más empleadas

En otros juegos de dilemas se ofrece más de una oportunidad de elegir, en estos casos los sujetos suelen empezar cooperando entre sí y, en la siguiente opción, harán lo mismo que ha hecho su compañero. Es decir, son fieles al refrán “hoy por ti, mañana por mí”. Pues bien, las conclusiones de los estudios nos revelan que las opciones más empleadas por la mayoría son la competitividad y la cooperación, existiendo diferencias entre géneros (siendo ellas más cooperativas que ellos) y culturales (vivir en una sociedad individualista o colectiva).

Sin embargo, hay que tener en cuenta otros factores importantes, como el contexto en el que se produce el dilema, siendo algo muy importante el tipo de relación que nos une con las otras personas implicadas. No es lo mismo que estas sean completos desconocidos o que guarden con nosotros algún vínculo de afecto.

Recomendaciones para enfrentarnos al dilema social

Para concluir, propongo una serie de recomendaciones para enfrentarnos a un dilema social ante el que no sabemos cómo actuar:

  • Seamos empáticos y centrémonos no sólo en nuestro beneficio sino también en el de los demás.
  • La cooperación mejora la reputación dentro de nuestro grupo y, además, puede ayudar a forjar lazos de afecto. Pensemos que tener buenas relaciones sociales repercute en nuestro sentimiento de bienestar personal.
  • Comunicarnos. A veces, es recomendable intentar llegar a un acuerdo con las demás personas implicadas. La evolución nos ha “regalado” la facultad del lenguaje, usémosla.
  • Hagamos un feedback personal, pensando en los pros y en los contras de nuestras acciones, podemos escribirlos si es necesario e imaginar mentalmente las consecuencias para los demás y para nosotros mismos.

Tabita BeizanaTabita Beizana-Estudiante de Psicología. Fuente: https://psicologiaymente.net

​¿Autoestima baja? Cuando te conviertes en tu peor enemigo

​¿Autoestima baja? Cuando te conviertes en tu peor enemigo 

La autoestima es una de las variables psicológicas más importantes para la salud emocional, el bienestar y es clave en nuestra relación positiva con el entorno. Pero, por desgracia, no todo el mundo posee una autoestima alta. 

Los estudios aseguran que este aspecto tan importante de la personalidad no es algo estático, sino que puede variar a lo largo de la vida de una persona, y según afirma la psicóloga Silvia Congost, autora de del libro “Autoestima Automática”, su desarrollo depende aproximadamente en un 30% de factores genéticos , y el resto, es decir un 70%, depende del entorno y de las experiencias que nos ha tocado vivir.

Existen varios tipos de autoestima. Si quieres conocerlos puedes leer nuestro artículo: “Los 4 tipos de autoestima: ¿te valoras a ti mismo?

La relación entre autoestima baja y equilibrio emocional

La autoestima baja es un problema real al que se enfrentan muchas personas, porque puede afectar negativamente a las distintas áreas de su vida. De manera resumida, la autoestima baja causa sufrimiento e impide lograr muchas de nuestras metas o deseos. Las pautas negativas de pensamiento asociadas a la baja autoestima (por ejemplo, pensar que todo lo que haces te va a ir mal) pueden provocar problemas graves de salud mental, como depresión o ansiedad.

La autoestima baja es paralizante, y hace que sea difícil probar cosas nuevas o llevar a cabo las distintas tareas del día a día, así como iniciar un nuevo hobby o buscar empleo. Esto impide vivir la vida que uno quiere, y lleva a la frustración y al malestar al cabo del tiempo.

Quien se encuentra en esta situación y quiere salir de esta espiral negativa, solamente si realiza un duro trabajo de autorreflexión y reconoce su nivel de autoestima podrá mejorarla y, por tanto, incrementar su bienestar. En algunos casos, la persona no puede lograrlo por sí sola, así que será necesario acudir a un psicólogo especialista. Aún y así, es la persona que quiere cambiar quien ha de esforzarse para lograrlo, puesto que el psicólogo sólo facilita las herramientas para el cambio.

¿Qué causa baja autoestima?

Los pensamientos que tienes sobre ti mismo parecen realidades absolutas, pero no dejan de ser solamente opiniones. Se basan en las experiencias que has tenido en la vida, y los mensajes que estas experiencias han aportado para que formes una imagen de quién eres. Si has tenido malas experiencias, es probable que la valoración sobre ti misma sea negativa. Las experiencias cruciales que ayudan a forjar estas creencias negativas o positivas sobre nosotros mismos es muy posible (aunque no siempre) que ocurran en edades tempranas.

Lo que has visto, sentido y lo que has experimentado durante la infancia y la adolescencia, en tu familia, la escuela o la comunidad en general tienen un efecto determinante a la hora de valorarte a ti mismo en el futuro.

Ejemplos de estas experiencias se presentan a continuación:

Problemas psicológicos asociados a la baja autoestima

Además de las causas anteriores, en ocasiones, las valoraciones negativas sobre uno mismo vienen provocadas por experiencias negativas que han sucedido más tarde en la vida. Por ejemplo. rupturas de pareja dolorosas o relaciones abusivas, estrés persistente, bullyingmobbing, etc. Por tanto, la relación entre problemas psicológicos y autoestima es una realidad.

Muchos de los problemas psicológicos o emocionales están asociados a la baja autoestima, y es por esto que uno de los motivos más frecuentes de consulta psicológica. Y puesto que la autoestima puede causar otros tipos de problemas (depresión, trastornos de la alimentación, adicciones, ansiedad, etc.), es necesario tomar medidas al respecto

Deja de ser tu peor enemigo: estrategias para mejorar la autoestima

La autoestima baja esta muy relacionada con cómo valoras y reaccionas a las cosas que suceden Si quieres dejar de ser una de esas personas con autoestima baja, puedes seguir estos consejos para dejar de ser tu peor enemigo y mejorar tu autoestima:

  • Ponte objetivos realistas
  • No te compares con los demás
  • Aprecia tus cualidades
  • Trátate con cariño y mira la vida de forma positiva
  • Practica Mindfulness
  • Haz críticas constructivas hacia ti mismo
  • Regálate tiempo
  • Practica ejercicio físico
  • Intenta ser asertivo

Puedes profundizar en estas estrategias y conocer más técnicas para mejorar la autoestima en nuestro artículo: “10 claves para aumentar tu autoestima en 30 días

Buscando ayuda para mejorar la autoestima

Si detectas que tienes un problema de autoestima serio y lo anterior no ha funcionado, es necesario que lo soluciones lo antes posible porque no tienes que seguir sufriendo más tiempo. Así que, en vez de esconderte y mirar para otro lado, puedes:

 

Jonathan García AllenJonathan García Allen-Psicólogo y entrenador personal | Director de comunicación de Psicología y Mente Fuente: https://psicologiaymente.net