El ello, el yo y el superyó, según Sigmund Freud

 ​El ello, el yo y el superyó, según Sigmund Freud

De todas las teorías desarrolladas por Sigmund Freud, la del Ello, el Yo y el Superyó es una de las más famosas. Según su enfoque psicodinámico, cada una de estas estructuras representa una instancia psíquica que, desde nuestro sistema nervioso, nos llevan a perseguir unos intereses que chocan entre sí.

Así pues, el Ello, el Yo y el Superyó son los conceptos que Freud utilizó para referirse al conflicto y la lucha de fuerzas antagónicas que, según él, rigen nuestra forma de pensar y de actuar. El objetivo del psicoanálisis era, por lo tanto, hacer aflorar la verdadera naturaleza de los conflictos y los bloqueos que según Freud estaban en la base de la psicopatología. Veamos con algo más de detalle qué ideas estaban detrás de esta teoría.

Las tres instancias psíquicas de la teoría de Freud

El enfoque psicodinámico, que nació con el psicoanálisis de Freud, se fundamenta en la idea de que los procesos psíquicos que se producen en cada persona están definidos por la existencia de un conflicto. De ahí viene el término “dinámica”, que expresa esa constante sucesión de acontecimientos por las que una parte intenta imponerse a la otra. Los conceptos del Ello, el Yo y el Superyó forman el apartado de la teorías de Freud en el que esta idea de choque entre diferentes estructuras psíquicas queda más patente.

Pero alejémonos de términos tan abstractos. ¿En qué se basa esa lucha que según Freud se libra en nuestra cabeza de manera fundamentalmente inconsciente? ¿Qué intereses y objetivos hay en juego según el padre del psicoanálisis? Para responder estas preguntas primero es necesario definir qué son el Ello, el Yo y el Superyó, las tres entidades que para Freud explican la personalidad de los seres humanos a través del modo en el que luchan entre sí.

1. El Ello

Freud proponía que el Ello o Id es la estructura de la psique humana que aparece en primer lugar. A diferencia de lo que ocurre con el Yo y el Superyó, está presente desde que nacemos, y por lo tanto durante los primeros dos años de nuestras vidas es la que manda a lo largo de ese periodo de tiempo.

El Ello se mueve a partir del principio del placer inmediato, y por eso lucha por hacer que las pulsiones primarias rijan la conducta de la persona, independientemente de las consecuencias a medio o largo plazo que eso pueda conllevar. Por ello se suele considerar que el Ello es “la parte animal” o “instintiva” del ser humano.

2. El Yo

Esta instancia psíquica surgiría a partir de los dos años y, a diferencia del Ello, se regiría por el principio de la realidad. Eso significa que el Yo está más enfocado hacia el exterior, y nos lleva a pensar en las consecuencias prácticas de lo que hacemos y los problemas que puede generar una conducta demasiado desinhibida. Esto hace que se enfrente al Ello para aplacar las pulsiones que emanan de él, para lo cual utiliza los mecanismos de defensa.

3. El Superyó

El Superyó aparecería a partir de los 3 años de vida, y es consecuencia de la socialización (básicamente aprendida a través de los padres) y la interiorización de normas consensuadas socialmente. Es la instancia psíquica que vela por el cumplimiento de las reglas morales. Es por eso que el Superyó presiona para realizar grandes sacrificios y esfuerzos con tal de hacer que la personalidad de uno mismo se acerque lo máximo posible a la idea de la perfección y del bien.

Como el Ello rechaza totalmente la idea del sometimiento a la moral y el Yo, a pesar de tratar de frenar las pulsiones, también se mueve por objetivos egoístas centrados en la supervivencia y lo pragmático de adaptarse al entorno, El Superyó se enfrenta a ambos.

El equilibrio entre las fuerzas

Freud creía que todas estas partes de la psique existen en todas las personas y, a su modo, son parte indispensable de los procesos mentales. Sin embargo, también creía que la lucha entre el Ello, el Yo y el Superyó en ocasiones puede generar descompensaciones que producen sufrimiento y la aparición de psicopatologías, por lo que se debía tratar de re-equilibrar la correlación de fuerzas a través del psicoanálisis.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la imposibilidad de refuta.

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Autor:Adrián Triglia/Psicólogo, publicista y escritor | Jefe de contenidos de Psicología y Mente

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Las personas autodestructivas comparten estos 15 rasgos

Las personas autodestructivas comparten estos 15 rasgos
 

¿Conoces alguna persona con tendencia hacia la autodestrucción?

Desde la psicología clínica, los individuos con una personalidad autodestructiva comparten una serie de características en su conducta. Son comportamientos que van en contra de sus intereses, son contraproducentes para su bienestar y se provocan daño físico y psicológico hacia sí mismos.

¿Quién sufre este tipo de personalidad autodestructiva?

Los rasgos de la personalidad de las personas autodestructivas suelen aparecer en la etapa adulta, y pueden ser el efecto de una amplia variedad de factores contextuales, psicológicos y biológicos.

Estas personas suelen rehuir de todas las experiencias positivas y placenteras que les ofrece la vida. Esto les lleva a generar situaciones y relaciones interpersonales caóticas y en las que suele haber sufrimiento. Además, suelen ser cerrados y no aceptan la ayuda de sus allegados.

Diagnóstico (señales y síntomas de alerta)

Varios manuales de diagnóstico señalan las características principales que comparten las personas que tienden hacia conductas y hábitos autodestructivos.

Si la persona presenta por lo menos de los cinco criterios diagnósticos, podemos hablar de una persona con tendencia hacia la autodestrucción.

  • Tiende a relacionarse con personas y desarrollarse en contextos en los que es probable que se produzcan desengaños y decepciones. Incluso puede tener tendencia a sufrir maltrato por parte de otras personas, incluso pudiendo escoger relacionarse en ambientes más saludables.
  • No deja que otras personas le ayuden o le aconsejen.
  • Si logran alguna mejora importante en su vida (por ejemplo un buen empleo o cualquier otro logro positivo) reaccionan con depresión, sensación de culpa o conductas autolesivas.
  • Provoca a los demás hasta que se enfadan con él y después se siente humillado y ofendido.
  • No acepta involucrarse en actividades placenteras, o si lo hace no le gusta reconocer que se lo pasa bien (aun teniendo las habilidades sociales suficientes).
  • No consigue llevar a cabo las tareas y compromisos necesarios para lograr sus objetivos académicos o profesionales, aunque tenga la capacidad para hacerlo. Puede ayudar a otras personas a mejorar, pero son incapaces de aplicar los conocimientos y actitud necesarios a su propia vida.
  • No acepta que los demás se interesen en su bienestar.
  • Es demasiado propenso a auto-sacrificarse para ayudar a otras personas.
  • Aguanta y no se revela ante el abuso psicológico, físico o sexual que otras personas le infligen.
  • Los comportamientos descritos no solo tienen lugar cuando el individuo está deprimido o en unas circunstancias especialmente duras.

Entendiendo el comportamiento de estas personas

Es difícil comprender por qué razón las personas autodestructivas no dejan que otras personas les ayuden a salir de su situación. ¿Cómo se explica que tengan hábitos muy poco recomendables que tarde o temprano les provocarán problemas?

Por lo general, todos buscamos que nuestra vida mejore. Buscamos sentirnos cómodos y queridos, nos sentimos motivados a buscar un mayor bienestar y experiencias positivas para nuestra vida. Sin embargo, la conducta autodestructiva rompe con esta tendencia general, y esto es algo que preocupa a los profesionales de la salud mental.

La génesis: baja autoestima

Los comportamientos de autodestrucción suelen ser manifestaciones de varios conflictos emocionales y trastornos de fondo. Principalmente, la baja autoestima es la causa más citada, además del resentimiento hacia uno mismo.

La comunidad de profesionales de la salud mental suelen coincidir en señalar que este tipo de conductas autolesivas pueden ser mecanismos adaptativos ante situaciones y contextos de gran demanda cognitiva y emocional. Por ejemplo, el estrés, la ansiedad, la presión laboral y otros factores podrían ser la base necesaria (pero no suficiente) para que una persona reaccione de forma autodestructiva.

SIn embargo, otros profesionales señalan que las personas con este tipo de comportamientos podrían ser presos de su zona de confort, por culpa de su baja autoestima, estigmas de indignidad o pobre autoconfianza.

Hábitos y conductas típicos en las personas autodestructivas

La conducta autodestructiva puede adquirir distintas manifestaciones, algunas más severas, y otras menos preocupantes.

En total, podemos enumerar hasta 15 conductas y hábitos frecuentes.

1. Pensamientos negativos

Los pensamientos negativos recurrentes pueden ser el fundamento de la conducta autodestructiva. Cuando estas personas se focalizan en lo malo que podría suceder, acaban obsesionándose y es mucho más probable que estas fatalidades se materialicen en la realidad. Ejemplos de estos pensamientos son: “Estoy seguro que voy a fracasar”, “De esta no saldré bien”, etcétera.

2. Incapacidad para afrontar el problema

Esta es una manifestación pasiva, pero es una de las claves para entender a una persona autodestructiva. Las personas psicológicamente equilibradas son capaces de tomar medidas cuando están viviendo una situación negativa. En cambio, los individuos con este problema no hacen nada para evitar el dolor, con lo cual cada vez se sienten más inútiles e inmersos en una espiral de inacción.

3. Desórdenes alimentarios

Comer demasiado puede ser una conducta autodestructiva con terribles efectos a medio y largo plazo. También puede ser lo contrario: alimentarse muy poco, que también se asocia a una mala autoimagen.

4. Problemas constantes con otras personas

Suelen tener conflictos frecuentes con otras personas. Como cabe esperar, estos conflictos acaban volviéndose en su contra. Esto puede causar que sean personas rechazadas, aisladas, y que sufran humillaciones y otros problemas relacionados con la ausencia de relaciones sociales.

5. Poca confianza en sus capacidades

Estas personas se perciben como poco inteligentes y no creen en sus posibilidades de lograr cosas importantes. Esta baja percepción sobre las habilidades propias puede ser el preludio de la inactividad, y puede sepultar cualquier proyecto laboral o académico.

6. Autolesiones

Infringirse daño físico es un signo de que la persona tiene problemas importantes y es una conducta claramente autodestructiva. Es una de las más peligrosas y su expresión última e irreversible es el suicidio.

7. Auto-indulgencia: “todo me sale mal”

Otro de los rasgos característicos es la autocompasión. Les proporciona un cierto confort inconsciente porque los pensamientos autocompasivos les ayudan a quedarse inmóviles, recreándose en sus desgracias. Esto les impide tomar las riendas de su vida y salir de la espiral negativa.

8. Drogadicción

Otro rasgo clásico es el abuso de sustancias tóxicas, tales como el alcohol u otras drogas. Es una conducta que no solo afecta a la salud física y mental del afectado, sino que también resquebraja la relación con sus familiares y amigos.

9. Aislamiento (deliberado)

De forma deliberada (aunque a veces no del todo consciente), las personas autodestructivas se alejan de sus amigos y compañeros. Esto lo consiguen con una serie de conductas molestas y antisociales que irritan a sus allegados, hasta el punto de que son excluidos de los grupos sociales.

10. No expresan sus emociones

Suelen ocultar sus sentimientos. Esta tendencia a reprimir las emociones negativas e incluso las positivas puede acarrearles distintas manifestaciones de problemas mentales y emocionales, y también trastornos psicosomáticos.

11. Se niegan a ser ayudados

Son personas que no dejan ayudarse ni por familiares, ni por amigos, ni por profesionales de la salud mental.

12. Se sacrifican exageradamente

¿Has oído hablar del síndrome de Wendy? Es un conjunto de síntomas comunes entre personas que se centran demasiado en satisfacer las necesidades de otros individuos, descuidando su propio bienestar. Es un comportamiento autodestructivo porque, bajo la etiqueta de conducta altruista, son capaces de negar su propia libertad y perder el camino hacia la felicidad.

13. Gastos incontrolados

Las máquinas tragaperras, la adicción a las compras o los juegos de azar pueden suponer gastos incontrolados que nos indican que una persona no goza de equilibrio emocional o psicológico. Es una conducta de autodestrucción bastante frecuente.

14. Falta de cuidado físico y mental

Pueden estar largas temporadas abandonándose física y mentalmente: duermen poco, se alimentan negligentemente, no practican actividad física, casi no se duchan… son signos muy típicos entre las personas con tendencia a la autodestrucción. Tampoco prestan atención a ciertos problemas psicológicos que puedan estar sufriendo.

15. Celosos, posesivos…

No son capaces de cuidar convenientemente sus relaciones sentimentales. Presentan conductas de celos, posesividad, chantaje emocional, e incluso violencia. Obviamente, las parejas les acaban dejando.

Concluyendo

Las personas autodestructivas expresan distintos comportamientos que, de forma consciente o inconsciente, destruyen su salud física y emocional. Su camino hacia la felicidad y el éxito se trunca por este tipo de actitudes.

Por suerte, este tipo de cuadros psicológicos pueden ser tratados por profesionales de la salud mental, que pueden promover terapias y acciones encaminadas a mejorar su calidad de vida y solucionar este tipo de conflictos internos.

Autor:Xavier Molina/Psicólogo social

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5 síntomas de la depresión que pasan desapercibidos

 
La depresión se ha convertido en una verdadera epidemia a nivel mundial. En España, se estima que el 10% de las personas sufren depresión y en Estados Unidos la padecen más de 2 millones de adolescentes. Estudios epidemiológicos han encontrado que los casos de depresión no solo han aumentado en las tres últimas décadas sino que los síntomas psicosomáticos también son más intensos.
 
Sin embargo, lo curioso es que aunque la depresión es un trastorno cada vez más común, no se ha logrado liberar del estigma que arrastra. Muchas personas siguen pensando que la depresión esconde en su base una falta de fuerza de voluntad y otros se niegan a reconocer que tienen un problema porque se sienten avergonzados. Por eso, detectar la depresión en sus primeras fases es complicado pero, a la misma vez, fundamental, ya que así se pueden atajar sus consecuencias a tiempo. 
 
Lamentablemente, los primeros síntomas de la depresión suelen pasar desapercibidos por lo que la detectamos una vez que ha extendido sus tentáculos sobre nuestra vida.
 

Los primeros síntomas de la depresión que no solemos reconocer

 
– Poco apetito
 
– Problemas en el sueño, casi siempre se trata de despertares nocturnos 
 
– Falta de concentración en las tareas cotidianas
 
– Cansancio y fatiga sin causa aparente
 
– Sensación de estar abrumados o sobresaturados, cuando las demandas no han aumentado
 
Según un estudio desarrollado en la Universidad de San Diego, el 74% de las personas que después son diagnosticadas con depresión comenzaron a presentar problemas para conciliar el sueño desde las primeras fases del trastorno, un 38% también tenían problemas de memoria, causados por la dificultad para concentrarse. El 50% de las personas reconoció además que se sentían abrumadas y fatigadas desde hacía mucho tiempo.
 
Todos estos son síntomas de la depresión son clásicos pero normalmente pasan desapercibidos ya que creemos que la depresión es solo la sensación de tristeza, la apatía y la pérdida de sentido de la vida. Sin embargo, estos son síntomas que aparecen cuando el trastorno ya está instaurado.
 

Distorsiones cognitivas: Las mentiras que nos cuenta la depresión

 
En realidad, la depresión es una gran manipuladora: es capaz de crear un escenario y una historia negativa presentándola de tal forma que nos resulta atractiva. Nos tiende una trampa mortal al hacernos creer que los eventos negativos que vivimos son un estado interno, estable y global. Nos envuelve en su tela de araña a golpe de distorsiones cognitivas.
 
Las distorsiones cognitivas más comunes de la depresión se basan en los sentimientos de indefensión, desesperanza e incapacidad para solucionar los problemas. De hecho, aunque la depresión está catalogada como un trastorno del estado de ánimo, en realidad es mucho más ya que afecta el funcionamiento de los lóbulos frontales, los cuales están vinculados al razonamiento y la conducta propositiva.
 
Estas distorsiones cognitivas nos conducen a comportamientos autodestructivos, como no buscar ayuda, dejar la medicación o la terapia, beber en exceso o incluso hacerse daño físicamente.
 
Las distorsiones cognitivas más comunes y dañinas vinculadas a la depresión son:
 
– “Si tengo depresión, es mi culpa”. En realidad, nadie quiere estar deprimido. La depresión no es un trastorno meramente psicológico sino que sienta sus raíces en la biología, nuestros antecedentes familiares e incluso en nuestros genes. La depresión no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad por lo que alimentar estas creencias solo sirve para sentirnos mal y culpabilizarnos. De esta forma, la depresión crea un círculo vicioso que la alimenta.
 
– “Nada de lo que haga marcará la diferencia. Entonces, ¿por qué debo esforzarme?” La persona deprimida comienza a ceder su control a la enfermedad, piensa que no puede hacer nada por lo que se sume en un bucle de desesperanza y reflexiones sombrías, que a menudo le conducen a acariciar la idea del suicidio. Así, los pequeños actos cotidianos se convierten en un gran esfuerzo que le llevan a tirar la toalla. 
 
– “Siempre me voy a sentir así”. La depresión puede llegar a ser un estado muy doloroso pero el hecho de que hoy nos sintamos mal no significa que ese sufrimiento será permanente. En realidad, la mayoría de las personas que sufre depresión y buscan tratamiento logran mejorar en pocos meses. Sin embargo, sumirse en la desesperanza solo sirve para alimentar el cuadro depresivo.
 
– “No encuentro una manera de salir de esto”. La depresión a menudo dificulta nuestra capacidad para resolver problemas, nos hace ver todo bajo una perspectiva gris y nos encierra en un callejón sin salida. Sin embargo, no es más que una ilusión, la persona deprimida puede tener dificultades para encontrar la salida pero puede pedir ayuda. Un psicólogo o incluso un amigo podrá ayudarle a encontrar una perspectiva más positiva.
 
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En la mente de la persona deprimida: 5 insights fascinantes

Cerebro con engranajes
Las personas deprimidas a menudo se sienten indefensas, sin esperanza, sin valor y creen que sus vidas están fuera de control. Sin duda, se trata de una condición compleja, que significa mucho más que simplemente “estar tristes” o sentir que la vida no tiene sentido. De hecho, se ha demostrado que algunas zonas del cerebro de estas personas están profundamente afectadas por la depresión y funcionan de manera diferente. Por eso, para ayudar a una persona deprimida, el primer paso es comprender realmente qué le sucede, entender cómo funciona su mente.
 
1. Incapacidad para establecer objetivos específicos
 
Las personas deprimidas tienen una tendencia a la sobregeneralización y a pensar de forma abstracta. Ejemplo de ellos son frases como “todo es lo mismo” o “ya nada me importa“. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Liverpool ha puesto de manifiesto que las personas deprimidas suelen plantearse objetivos de carácter más general y abstractos. Esto también significa que les resulta más difícil llevarlos a la práctica ya que sus metas no son muy precisas ni fácilmente cuantificables. De esta forma, es más probable que se vean atrapados en un círculo de ilusiones rotas y expectativas irreales.
 
2. Problemas de memoria
 
Uno de los síntomas menos conocidos de la depresión, pero también uno de los más negativos, son los problemas de memoria. Se ha podido apreciar que las personas que padecen depresión durante años, terminan desarrollando dificultades en la memoria declarativa, que es la que se encarga de recordar hechos específicos, como los nombres o los lugares. De hecho, un estudio particularmente interesante realizado en la Brigham Young University descubrió que las personas deprimidas pierden la capacidad para diferenciar las experiencias similares. Y es que la depresión desdibuja la memoria.
 
3. Dificultad para recordar los buenos tiempos
 
La mayoría de las personas no tienen dificultades para rememorar los buenos tiempos. De hecho, se trata de un recurso que podemos utilizar cuando estamos desmotivados, tristes o melancólicos. Sin embargo, esta tarea puede ser complicada para las personas deprimidas ya que suelen centrarse en las dificultades y hechos negativos, más que en los buenos momentos. Esto se debe al hecho de que los pensamientos depresivos, cuando se dejan libres, simplemente atraen otras ideas depresivas, formando un círculo vicioso de negatividad del cual es difícil salir.
 
4. Realismo depresivo
 
Un estudio particularmente interesante realizado en la Kent State University desveló un hecho sorprendente: las personas deprimidas tienen una visión más realista del mundo. De hecho, el resto de las personas sufren una especie de “optimismo adaptativo”, el cual les permite ver la vida desde un prisma más positivo. Sin embargo, las personas deprimidas no tienen ese prisma por lo que pueden evaluar su propio desempeño con mayor precisión e incluso son capaces de prever con mayor fiabilidad algunas situaciones del futuro. Sin embargo, lo que a primera vista puede parecer un don, en realidad les sume aún más en la depresión.
 
5. Más dolor físico
 
Para colmo de males, cuando una persona está deprimida, experimenta un nivel mayor de dolor físico. Así lo comprobó un experimento realizado por investigadores de la Universidad de Oxford. En el estudio se pudo apreciar que cuando se provocaba un estado de ánimo negativo, marcado por la tristeza, el cerebro de las personas reaccionaban con mayor intensidad ante el dolor y ellos mismos reconocían que encontraban estos estímulos más desagradables y más difíciles de soportar.
 
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Curar la depresión con Yoga

Los casos de depresión están aumentando. Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión junto con las enfermedades cardiovasculares, serán las enfermedades más comunes en un futuro cercano. De hecho, se estima que entre el 8% y el 15% de las personas sufrirán un cuadro de depresión en algún momento a lo largo de su vida. Sin duda, se trata de datos alarmantes que se ven confirmados por el aumento en las ventas de antidepresivos y ansiolíticos, que en la actualidad se han convertido en los medicamentos más vendidos.
 
Esta situación nos ayuda a tomar conciencia de una enfermedad que se infiltra cada vez más en nuestras vidas, que nos toca directamente o que afecta a las personas que nos rodean. Los diferentes tipos de depresión que se pueden catalogar como patológicas, la depresión reactiva, la depresión secundaria y la depresión endógena, en muchos casos necesitan tratamiento farmacológico y, a menudo, la cura consiste en tomar antidepresivos. Sin embargo, lo cierto es que cuando se trata de curar la depresión, los mejores resultados se obtienen vinculando la ayuda psicológica a la terapia farmacológica, ya que esta última no brinda una solución a largo plazo pues no ataca el problema de raíz.
 

Los efectos del Yoga en las personas deprimidas

 
En los últimos años se han desarrollado diferentes estudios cuyo objetivo es encontrar soluciones alternativas al uso de medicamentos, para evitar sus efectos secundarios. En este sentido, una de las líneas de investigación más prometedoras para curar la depresión se centra en analizar los efectos del Yoga. Estas investigaciones confirman que la practica regular del Yoga puede ayudar a las personas que sufren de este trastorno a fortalecer su capacidad para lidiar con los síntomas depresivos.
 
En particular, un estudio realizado en el National Institute of Mental Health and Neurosciences de Bangalore afirma que practicar las Asana, unas posiciones de Yoga, reduce significativamente los niveles de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés, ayudando a recuperar un estado de relajación y promoviendo la aceptación de los sentimientos negativos producidos por ataques de pánico y los episodios de depresión. Según estos científicos, la aceptación es la clave para la curación, razón por la cual el Yoga puede ser un buen aliado.
 
Otro estudio de 2007 realizado en la Universidad de California involucró a 27 mujeres y 10 hombres con depresión mayor en remisión, los cuales se sometieron a 20 sesiones de Yoga. Al terminar el estudio, los investigadores registraron una reducción significativa del nivel de depresión y ansiedad. De hecho, todos los participantes mostraron una mejoría significativa en su estado de ánimo después de practicar Yoga
 
Por supuesto, el Yoga no representa la solución definitiva para curar la depresión, cada persona puede experimentar resultados diferentes, pero los beneficios de esta disciplina se han demostrado ampliamente. De hecho, algunos neurocientíficos indican que el Yoga actúa de manera similar a los fármacos, ya que tiene un efecto directo sobre los neurotransmisores. 
 

La ciencia confirma que el Yoga reduce la depresión

 
Un estudio particularmente interesante que confirma los efectos del Yoga en la depresión fue publicado en la Indian Journal of Psychiatry e involucró a 60 cuidadores profesionales que se ocupaban de pacientes con déficits neurológicos graves y que, al estar en contacto con personas que sufrían, comenzaban a desarrollar ellos mismos síntomas deansiedad y depresión.
 
A la mitad del grupo se le dio la oportunidad de practicar el Yoga durante 45 minutos al día durante un mes, siguiendo una secuencia particular: canto OM, ejercicios de respiración de Yoga, práctica de ciertas asanas, 15 minutos de Yoga Nidra, 10 minutos de Pranayama Yoga y al final repetir sílabas según la metodología Pranava Japa. 
 
Los resultados fueron sorprendentes: el grupo que había practicado Yoga mostró una mejoría significativa en su estado psicofísico. De hecho, mostraron una disminución significativa de los niveles de ansiedad y depresión.
 
En realidad, lo que estos estudios demuestran es que la práctica regular de una de las disciplinas del Yoga puede contribuir a desarrollar la conciencia de nuestro estado de ánimo y, en particular, proporcionarnos un enfoque diferente ante la enfermedad. Por eso, aunque el Yoga por sí solo probablemente no baste para curar una depresión grave, es una herramienta muy valiosa que puede aliviar los síntomas y acelerar la sanación, tanto a nivel mental como fisiológico.
 
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