Alcoholismo familiar 3ª Parte: ¿Muerto el perro acaba la rabia?

Family fight - son crying in reaction

En consultorio, los diferentes miembros de la familia alcohólica llegan con problemas emocionales diferentes  originados por el mismo agente, el alcohol.

Cuando el enfermo empieza su recuperación, es el despertar de un largo sueño, todo ha cambiado.

Si se trata del padre alcohólico, la familia ha tratado de seguir caminando de la manera más normal posible, o por lo menos es lo que creen, nuevas conductas se han instalado y han convertido a cada miembro en un ser independiente y extraño que se defiende y pelea por sobrevivir.

Algunos hijos manifiestan que su padre se ha vuelto muy serio y gruñón, que pretende controlar sus vidas, y en realidad es así, también el padre se encuentra aturdido y culpable de haber dejado que las cosas hayan pasado y salido de su cauce y es su intención corregir las cosas.

Por supuesto, no es sencillo, y se entiende que nadie acepte los nuevos comandos, pero no debemos dejar de comprender  que el alcohol ha destruido tantas cosas a su paso, incluso el sentido común, la tolerancia y la paciencia, y se debe trabajar en ello.

Una hija decía: no soporto que mi padre quiera darme sermones de cómo debo comportarme, cuando antes ni siquiera le interesó si existía.

Un hijo, que ya empezaba con el consumo, enfurecía cuando padre le pedía que abandone el trago.alcohol

Una esposa, ha logrado de alguna manera mantener la familia unida, con reglas más o menos coherentes, siempre pendiente del modo de beber de su esposo, molesta por las cargas que ha heredado, alentando el crecimiento apresurado de sus hijos pidiendo cooperación a gritos, favoreciendo talentos prematuros en sus hijos. Siempre tiene un hijo que le aliviana las tareas y relega las propias. Para las personas ajenas al núcleo familiar, es lo que la mujer debe hacer, o por lo menos lo que todos esperan que haga, cuidar de la familia.

El esposo de una enferma alcohólica, es visto como una víctima a quien se debe auxiliar, personas ajenas al núcleo familiar acuden en su ayuda, colaborando en las tareas de crianza de los hijos y cuidado de la casa. Comprendiendo que no es fácil para él llevar esas tareas.

Una esposa, que pasó muchos años en convivencia con su esposo alcohólico quien ya estaba llevando un tiempo de rehabilitación, manifestó encontrarse temerosa de los cambios en su esposo, aunque los cambios fueran favorables su falta de credibilidad le producía ataques de llanto y pánico que no podía explicar.

Siempre y en todos los casos, es importante tratar de restablecer la comunicación, tratar de que cada miembro encuentre el lugar que le corresponde en la dinámica familiar.

Cuando digo tratar, no es porque piense que sea imposible sino que implica la voluntad de todos los afectados, quienes deberán comprender que lo que ocurre no es responsabilidad de alguien sino de algo que  escapa a su entendimiento, el alcoholismo, enfermedad familiar.

Buscar grupos de autoayuda, profesionales de salud mental, consejeros son las claves primordiales para empezar la recuperación familiar, en este caso no es admisible aquel refrán: “Muerto el perro, acaba la rabia”, al contrario.
 
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