¿Cómo las palabras que usas transforman tu cerebro?

Cerebro palabras
Tus palabras se convierten en la casa donde vives. De hecho, nuestra forma de hablar tiene un gran impacto en nuestra capacidad para tener éxito y ser feliz en la vida, aunque la mayoría de las personas no son conscientes de ello y ni siquiera eligen a propósito las palabras que usan cada día.

El impacto de las palabras negativas 

 
Un estudio realizado en el Brookhaven National Laboratory descubrió que el uso sistemático de palabras negativas termina provocando una alteración en los niveles de hormonas y neurotransmisores. En este experimento se apreció que ver la palabra “no” tan solo durante un segundo, estimulaba la liberación de cortisol, la hormona del estrés. 

Estos cambios en la química cerebral afectan inmediatamente nuestra lógica, así como nuestra capacidad para comunicarnos y procesar la información. A largo plazo, podrían llegar a afectar seriamente estructuras esenciales del cerebro vinculadas con la memoria y el control emocional. 

De hecho, si le pedimos a una persona que lea una lista de palabras negativas, en tan solo unos segundos habremos conseguido que su estado de ánimo empeore y que aparezcan ideas rumiativas. También se ha apreciado que el efecto de las palabras negativas se amplifica cuando las verbalizamos. 

El problema es que las palabras a las que les atribuimos un significado negativo activan inmediatamente la amígdala, nuestro centro de mando emocional, el cual busca asociaciones en el pasado que le sirvan para tomar una decisión y le permitan valorar el riesgo emocional que representa ese discurso. Y como las palabras negativas normalmente están asociadas a experiencias negativas, se convierten en un mensaje de alerta para nuestro cerebro. 

Por eso, cambiar nuestra forma de hablar puede representar una gran transformación en nuestra vida. 

Utiliza más palabras positivas

Nuestro idioma es muy rico. Tenemos miles de palabras entre las cuales elegir, por lo que no hay necesidad de utilizar continuamente vocablos que tienen acepciones negativas. De hecho, ¿sabías que la RAE ha catalogado un total de 270 millones de registros léxicos y que en el diccionario de Woxikon podemos encontrar más de 1,3 millones de sinónimos? Sin embargo, se estima que una persona usa normalmente tan solo de 500 a 1.000 palabras. 

Aún así, podemos hacer un esfuerzo por ampliar nuestro vocabulario y usar palabras más “positivas”. De hecho, se ha demostrado que las estructuras positivas en la construcción de las frases activan una reacción neural en cadena que nos impulsa a la acción. Y la buena noticia es que todos podemos activar ese “interruptor de la volición” eligiendo algunas palabras, en particular los verbos. 

En este sentido, un experimento realizado en la Université Claude Bernard de Lyon descubrió que cuando escuchamos verbos relacionados con una acción física, automáticamente aumenta la fuerza con la que aferramos los objetos. Sin embargo, si las palabras se presentan en su forma negativa, no se produce ningún cambio. 

Para comprender el verdadero alcance de las palabras en el cerebro debemos regresar al año 1963, cuando John Eccles ganó el Premio Nobel en Medicina por descubrir el mecanismo iónico de excitación e inhibición de las sinapsis cerebrales. Eccles también descubrió que apenas unos milisegundos antes de que una persona decida emprender una acción, neuronas específicas de la corteza descargan una señal eléctrica que activa las neuronas motoras. 

¿Qué significa? ¿Cómo se pueden aplicar estos descubrimientos a las palabras positivas? 

Eccles creía que activar tan solo algunas neuronas, era suficiente para crear un efecto dominó dentro del cerebro y provocar millones de sinapsis. Los neurocientíficos han confirmado esta hipótesis con la tecnología moderna. Han visto que palabras como “Ve. Salta. Ataca” activan varias áreas cerebrales mientras que palabras como “Para. Siéntate. Mira” producen un estado de inhibición. 

Por tanto, es importante que le prestemos más atención a las palabras que usamos cada día porque estas repercuten directamente en nuestro cerebro, dejando una huella. Escucha tu diálogo interior y asegúrate de que este no se convierta en tu enemigo y principal obstáculo. Porque lo que te dices a ti mismo puede convertirse en una profecía.

3 palabras a las que debes prestarles más atención

 
1. TODAVÍA: La palabra más poderosa del vocabulario
 
A menudo decimos cosas como «No puedo aprender a hablar inglés» o «No sé cómo bajar de peso«. Sin embargo, se trata de frases que nos desmotivan, que nos hacen tirar la toalla incluso antes de empezar. Con estas frases nos estamos convenciendo de que no podemos lograrlo. No obstante, si le añadimos una pequeña palabra al inicio, todo cambia. De hecho, lee nuevamente esas frases añadiendo “todavía”. 
 
Se trata de un cambio diminuto pero de esta forma nos estamos motivando, le estamos diciendo al cerebro que eso que deseamos “todavía” no ha ocurrido pero podría ocurrir en el futuro, siempre que nos pongamos manos a la obra. En vez de cerrar una puerta, estamos abriendo una ventana a la posibilidad.
 
2. Elimina la palabra OCUPADO de tu vida
 
La palabra “ocupado” se ha puesto de moda, sobre todo en las nuevas generaciones. Todos están demasiado atareados, como si ello significase que están haciendo cosas muy importantes, que no están desperdiciando sus vidas. Sin embargo, en realidad no es así, podemos estar ocupados en cosas completamente intrascendentes o que no nos reportan ningún tipo de satisfacción y bienestar.
 
Recuerda que cuando uno quiere, saca tiempo. Cuando no, inventa excusas. Decir constantemente que estás ocupado solo servirá para que tu cerebro asuma que tienes demasiadas cosas que hacer y provocarás una aceleración mental que añadirá un estrés innecesario. Sin embargo, no es imprescindible estar muy ocupado para tener un día productivo.
 
3. Ten cuidado al usar el DEBERÍA
 
La palabra “debería” no implica una acción positiva. De hecho, suele significar que debemos hacer algo que no nos satisface solo porque alguien nos lo impone, ya sea de forma directa o indirecta. Por eso, cuando usas a menudo esta palabra, debes detenerte y pensar qué esconde detrás. Quizás estás atrapado en una situación que te está haciendo infeliz y de la que no logras salir porque te lo impide tu sentido del deber hacia otras personas.
 
Por otra parte, la palabra “debería” también suele generar expectativas poco realistas y puede inducir un sentido de culpa cuando no logramos hacer lo que nos habíamos propuesto. Además, también disminuye nuestra disposición a ponernos manos a la obra, después de todo, no estamos hablando en presente sino en futuro.
Fuente: Jennifer Peinado