HABLAR DE CUANDO ENVEJECEN NUESTROS PADRES : Cambio de rol.

Es hora de empezar a hablar... con tus padres mayores

Que nuestros padres puedan envejecer a nuestro lado, si ello es posible, puede ser una oportunidad excelente para devolver, solo en una mínima parte, lo que ellos hicieron por nosotros. Si podemos ayudarlos sabiendo cómo hacerlo y cómo ha de ser nuestra actitud más positiva, este inevitable proceso será mucho más llevadero para todos.

 

Un mal día, por causa de un accidente o enfermedad, o bien por un deterioro físico o mental de larga duración, aquellos padres fuertes, sobre los que nos apoyamos en la infancia, pierden su autonomía y dependerán de nosotros para poder vivir.

Esta es una circunstancia que afecta a todos: al cuidador, a la familia y, también, al propio anciano.

¿Cómo vive esta experiencia el cuidador?

Afrontar la situación de dependencia de nuestros padres provoca muchas reacciones, que pasan por diferentes fases:

– Negación. «Esto no puede estar pasándome a mí». Aunque racionalmente sabemos que ese día llegará, no es fácil aceptarlo. El niño que llevamos dentro desea que ellos no sufran y que todo vuelva a ser como antes. Julia (45 años), casada y con un trabajo estresante, se encontró súbitamente con una madre inválida como consecuencia de un derrame cerebral. Julia creyó que no era grave y que su vida continuaría como antes. No fue consciente de las dificultades reales hasta que tuvo que llevársela a su casa. La negación del problema dificultó la relación entre ellas.

– Confusión. Una vez que el problema está presente y no hay escapatoria ni posibilidad de negación surgen las dudas: ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo podré atender a mi padre o a mi madre? ¿Con qué medios cuento? ¡Si no tengo tiempo, ni dinero, ni espacio! Se producen reacciones que van desde la hiperactividad a la pasividad o bloqueo, además de tener pensamientos obsesivos que impiden encontrar soluciones.

– Caos emocional. La involución de nuestros padres provoca una catarata de sentimientos contradictorios. Cuando ya no fue posible negar la situación, Julia empezó a ponerse muy nerviosa, irritable, llegó a pensar que su madre llamaba la atención como si fuera una niña. Salía de casa enfadada y, cuando llegaba a su despacho, se ponía a llorar.

La frustración es un sentimiento frecuente. «¿Por qué a mí en este momento?». Es normal debatirnos entre la rabia y la culpa. Por un lado amamos a nuestros padres, pero no soportamos que estén enfermos y sean dependientes. Dudas, miedos, sobre todo hacia el futuro. ¿Qué va a pasar? ¿Cuánto tiempo? Esencialmente se tiene miedo al sufrimiento, tanto nuestro como del ser que amamos. La frustración nos convierte en intolerantes y críticos; sufrimos y hacemos sufrir.

– La depresión. Para Julia, llegó un momento en que la lucha entre la frustración y la culpa la llevó a la depresión. No tuvo más remedio que ir al psiquiatra, quien le recomendó acudir al psicólogo para hablar de sus problemas y dudas; tuvo ocasión de desahogar sus sentimientos, tanto positivos como negativos y ocultos.

La aceptación da paso a la ternura. El psicólogo ayudó a Julia a despedirse de la madre que fue y ya no es ni será jamás. Decir adiós es duro, pero, tras la aceptación, el miedo y la rabia desaparecen, dando paso a la expresión del cariño, reconocimiento y agradecimiento. A partir de aquí, todo fluye de forma natural.

Francisco (58 años). «Yo era competitivo con mi padre. Él era un hombre fuerte, muy culto. Un día tomé consciencia de su involución, y no volví a discutir con él. Poco a poco le fui viendo como a un niño y cada vez sentía más ternura por él. Cambiaron los papeles y me convertí en un padre, cuidándole lo mejor que pude, y, cuando todo acabó, a pesar de la tristeza, me sentí bien conmigo mismo. Recuerdo todo aquello con sensación de amor y bienestar».

Todas estas fases que hemos visto son normales, le pasa a todo el mundo. No se es un mal hijo por estar confuso o no saber cómo actuar. Lo verdaderamente importante es llegar a la aceptación lo más rápidamente posible, pues esta fase facilita encuentros preciosos llenos de amor y ternura. Mirar con serenidad la posibilidad de la pérdida, asumir que pronto ellos nos van a dejar para siempre es un paso importante para valorar el presente y es una oportunidad para rescatar escenas positivas del pasado, intercambiar frases amorosas y de agradecimiento.

¿Cómo lo vive la familia?

Son tiempos en los que la familia se pone a prueba. Todo el sistema familiar se ve afectado y pasa por fases parecidas a las del propio cuidador. Los hijos se enfrentan a la enfermedad del abuelo/a y pueden no estar preparados. Para la pareja, es una carga más, que puede estar agravada por las antiguas desavenencias o sentimientos negativos. Se debe asumir el cuidado de nuestros padres, pero también se deben repartir las tareas entre los hermanos si los hay y si pueden. Hace falta buena voluntad por parte de todos de forma integral.

Cuando ya no se valen por sí mismos, las manifestaciones de amor son tan importantes como la atención física.

Teresa (40 años), además de estar abrumada por el trabajo, vive con su madre diabética, quien poco a poco ha ido sufriendo un deterioro físico irreversible. Esta situación exige cuidados especiales. Estuvo hiperactiva, confusa y agotada. Un día tomó conciencia de que era más agradable acariciar y abrazar a su madre que protestar. Ahora dice cosas como: «A pesar de lo duro que es enfrentarme a su enfermedad, esta circunstancia nos ha dado la oportunidad de expresar lo mucho que nos queremos, y esto compensa todos los sinsabores».

Si no se los puede atender en casa, por razones diversas, es bueno pedir ayuda, buscar una residencia que cuide adecuadamente todas las necesidades básicas, pero además es imprescindible rodearlos de amor y compañía.

¿Qué piensa y siente el propio anciano?

Una de las actitudes negativas que solemos tener es creer que han perdido la capacidad de decidir. La persona mayor (65 años) tiene un largo recorrido hasta la incapacidad absoluta o hasta llegar a la gran vejez (90 años o más). Mientras no se demuestre lo contrario, piensan, deciden y, sobre todo, sienten.

Martín (85 años) tiene hemiplejia por derrame cerebral. Necesitó atención intensiva al principio. Pasó por el estupor, la negación, rabia, desesperación, depresión, miedo, además de una inmensa culpa por ser un estorbo, una carga para su hija. Temía dar miedo a sus nietos cuando le vieran paralizado. Lloraba en silencio porque sabía que le tenía que decir adiós a la vida de antes. Tenía que disimular para que nadie le viera triste. Necesitando ayuda, no se dejaba ayudar, pues no quería que participaran en su desgracia. Él sólo quería «dejar de dar la lata».

Cuando llegó a la fase de aceptación, dejó de revolverse contra su destino. Empezó a fijarse en lo que había a su alrededor: unos hijos que le quieren, le cuidan y acompañan. Pudo, así, hablar con ellos, reconocer sus virtudes, decirles cosas positivas, darles ánimo para que siguieran adelante; hablarles de los sentimientos positivos que los padres sentimos por los hijos. Así Martín dio y recibió amor, cerrando el círculo con la sensación de bienestar y de conciencia tranquila.

¿Cómo ayudar cuando todavía se valen por sí mismos?

Primero: actitud preventiva. La ayuda no solo puede circunscribirse a las últimas etapas de la vida, podemos orientarlos hacia un envejecimiento activo, positivo que les permita tener una buena calidad de vida el mayor tiempo posible. Pero también respetando su ritmo y sus decisiones.

Visitar al geriatra. Los chequeos pueden evitar sustos y facilitar el cuidado más conveniente.
Mejorar los hábitos de vida. Nunca es tarde para empezar a hacer ejercicio físico, cuidar la dieta, eliminar totalmente el alcohol y el tabaco, dormir 7 horas, tener aficiones y actividades lúdicas.
Cuando nuestros padres dejan el trabajo, porque se han jubilado, deben seguir fomentando las relaciones sociales, el trabajo voluntario y, para prevenir el deterioro mental, «intentar aprender cosas nuevas».

¿Cómo ayudar cuando ya están enfermos o son muy ancianos?

Casos concretos:

«Mi madre lo olvida todo»

La madre de Myrian tiene 78 años y está pasando por las primeras etapas del Alzheimer y sus pérdidas de memoria son considerables. Myrian se desespera porque tiene que repetir, una y otra vez, las mismas cosas y no es capaz de entender que es inútil.

¿Qué hacer?

Existen centros de día especializados en el cuidado y atención de estos enfermos. Por otro lado, Myrian debe ser ayudada por especialistas que le hagan comprender cómo es esta enfermedad y cómo sobrevivir a ella, por lo que el apoyo psicológico es imprescindible. Los estudios neurológicos precoces son importantes a la hora de detener el proceso degenerativo del cerebro. Por ello se debe acudir al neurólogo en cuanto aparecen los primeros síntomas.

«Mi padre se ha caído varias veces»

Lo primero es conocer el motivo de las caídas. Pueden detectarse enfermedades cardiacas o neurológicas. El médico tiene que observar cómo es el estado del aparato músculo-esquelético, el estado de sus pies, observar si aparecen alteraciones en el equilibrio o si hay otras lesiones de vista y oído. Detectar la influencia de medicamentos como sedantes o hipnóticos.

¿Qué medidas tomar?

Con el diagnóstico podremos saber cuál puede ser la solución a nivel físico, pero también procurar que la casa no tenga un suelo deslizante, evitar las alfombras, eliminar los muebles bajos, colocar puertas correderas en muebles y armarios, etc. Procurar que utilicen un calzado que sujete el pie correctamente y llevarle al podólogo. Si es necesario, debe utilizar un bastón o un andador y hacerse revisar la graduación óptica.

«Mi padre está muy triste»

César (62 años) se desespera cuando observa a su padre triste, sentado en su butacón sin querer salir de casa.
La depresión es desesperante tanto para el que la padece como para los familiares. Tenemos que hacer un esfuerzo por comprender que es una enfermedad y, como tal, hay que tratarla. Es imprescindible acudir al psiquiatra en primer lugar, pues deberá medicarle. Por otro lado, debemos respetar su dolor y su silencio y comprender que no está así porque quiere.

¿Qué hacer?

En ocasiones, los familiares deben ir a un psicólogo para poder recibir apoyo y consejos de cómo ayudar al enfermo.

Es imprescindible estar a su lado sin hacer nada especial, porque es más curativo una caricia, un abrazo, una frase de amor que cualquier discurso. Vigilar que se tome la medicación y, cuando se observen los efectos positivos, intentar que salga a dar paseos, visitar amigos, ocuparse de alguna tarea, aunque al principio no quiera o no tenga mucho ánimo. Pero, por encima de todo, no olvidar recordarle que se le quiere y que la familia le está agradecida.

¿Cómo debemos cuidarnos los cuidadores?

Cuando nos enfrentamos a las severas consecuencias de las enfermedades de nuestros padres y la necesidad de atención va aumentando progresivamente, debemos tener claro que, si queremos ayudarlos, debemos hacer lo posible para estar bien, alegres, fuertes, capaces. Ellos lo percibirán y nos lo agradecerán.

Por mi experiencia puedo afirmar que todas aquellas personas que han acompañado y facilitado todos los recursos posibles a sus padres, ya sea en sus casas o en residencias especializadas, se sienten profundamente orgullosas por sus acciones, superan fácilmente el duelo, recuerdan a sus familiares con amor y alegría y, lo más importante, se sienten con el deber cumplido y la conciencia tranquila.


Lo que hay que evitar

Dejarnos presionar

María José decidió cuidar de su madre. Cada vez que María José tenía que salir a realizar cualquier actividad, la madre la reclamaba, e incluso la chantajeaba, para que no se separara de ella ni un minuto. En ocasiones los ancianos se vuelven infantiles y egoístas. Es preciso ponerles un límite claro y, aunque en un principio se enojan, saben adaptarse a las situaciones mucho mejor de lo que creemos. Necesitamos paciencia y muchas dosis de cariño.

Creernos Supermán

Luisa (54 años). Su padre sufrió un grave accidente y está postrado en la cama. No permitió que sus hermanos la ayudasen: «Nadie le cuidará mejor que yo». Perdió 15 kilos y, a consecuencia de su actitud, padeció de anemia y hubo que hospitalizarla.

Dejarnos abatir por la desesperanza

Uno puede morirse de pena, pero eso no cambia el proceso. No queda más remedio que aceptar las cosas como son. Esto nos permite ser testigos serenos de lo inevitable y dejar de pelear. Hay que evitar que nuestra energía se convierta en algo negativo, destructivo e inútil; la necesitamos para hablar, acariciar, abrazar, sonreír y extraer del pasado todo lo bueno que vivimos con nuestros seres queridos.

Negarnos la posibilidad de disfrutar o desconectar

Mercedes (38 años). Iba a ser su cumpleaños y su padre estaba en el hospital por un infarto de miocardio. Ya había pasado el peligro pero no tenía ganas de celebrar nada. Su marido organizó una fiesta sorpresa. Cuando llegó a casa, la familia se empeñó en alegrarla un poco. Pero ¿cómo iba a disfrutar si su padre estaba en el hospital? Se amargó y amargó a todos. Nos debemos preguntar: Si fuéramos nosotros los que estamos en esa situación, ¿nos gustaría ver a nuestros hijos sufriendo?

Mentirles

Decir la verdad sobre su estado de salud depende de cada uno, es una decisión muy delicada. Habrá personas que estén dispuestas a escuchar la verdad, otras la oirán y no la aceptarán o la negarán, y otras creerán que somos crueles por ser sinceros. Pero al final es bueno saber. Es bueno arreglar papeles, asuntos familiares, temas sin resolver, antiguas deudas, decir «lo siento». Los asuntos sin resolver no dejan descansar. Tal vez el secreto es observar y dar la información que nos pidan en el momento en que el enfermo o anciano está capacitado para saber la verdad.

 

​Síndrome del Comedor Nocturno: causas, síntomas y tratamiento de este trastorno alimentario

 

​Síndrome del Comedor Nocturno: causas, síntomas y tratamiento de este trastorno alimentario
 

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) más conocidos son la anorexia y la bulimia, pero en los últimos años se está barajando la posibilidad de incluir nuevos trastornos en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). 

Uno de ellos es el Síndrome del Comedor Nocturno, que junto con el Trastorno por Atracón(éste sí que incluye en el DSM-V) predomina en pacientes obesos, aunque también pueden desarrollarse en pacientes con peso normal.

Una de las principales características de dicho trastorno es que la persona que lo sufre ingiere una gran cantidad de calorías tras la cena, incluso despertándose por la noche para comer. Durante la mañana, presenta anorexia matinal, es decir, prácticamente no come; y durante el resto del día, hasta llegar la noche, ingiere pocas calorías. El Síndrome del Comedor Nocturno (NES) causa serios problemas de salud, por lo que es necesario tratarlo lo antes posible.

Características y síntomas del Síndrome del Comedor Nocturno

En este trastorno, el individuo come poco a lo largo del día porque el gran consumo llega tras la noche, con la consecuencia de que aparezca sobrepeso y alteraciones del sueño.

Algunos datos

Los expertos en nutrición recomiendan que la ingesta diaria debe estar distribuida en cinco comidas. El desayuno y la comida deben ser las comidas fuertes, aportando entre ambas el 50-60% del consumo diario de calorías. El “snack” de media mañana y la merienda deben aportar el 10-15% cada una y la cena un 20%. 

Los individuos que sufren el síndrome del comedor nocturno pueden llegar a ingerir al menos el 50 por ciento de las calorías por la noche, provocando una descompensación respecto a estas recomendaciones.

Síntomas

El Síndrome del Comedor Nocturno se caracteriza por presentar los siguientes síntomas:

  • Anorexia matutina: Los individuos con NES no comen o prácticamente no comen durante el desayuno.
  • Hiperfagia nocturna: Consumen al menos un 25% de las calorías diarias después de la cena. Estos alimentos habitualmente son ricos en hidratos de carbono (tales como dulces, bollería, pasta o arroz).
  • Alteraciones del sueño: Padecen insomnio o se despiertan frecuentemente en medio de la noche para ingerir alimentos al menos tres días por semana.

Causas del Síndrome del Comedor Nocturno

No existen muchas investigaciones sobre este trastorno, pero en los distintos análisis llevados a cabo en algunos estudios parece existir una modificación del patrón neuroendocrino (por ejemplo, cortisol, Hipófisis Pituitario Adrenal, melatonina y leptina) que participa en la función reguladora de los ritmos circadianos propios que modulan diversas funciones metabólicas y psicológicas. 

Destaca la presencia alta de cortisol durante la noche (pero no durante el día), la hormona relacionada con el estrés, por lo que una de las principales causas sería el incremento del estrés nocturno.

Otros estudios, relacionan este trastorno con factores ambientales y socioculturales, así como a una cierta predisposición genética. Además, en algunos casos, el inicio de este síndrome está relacionado con trastornos de ansiedad o depresión, que pueden llevar a un aumento de la ingesta alimentaria para reducir la sintomatología ansiosa y depresiva.

Tratamiento del Síndrome del Comedor Nocturno

El tratamiento de esta patología puede requerir una intervención multidisciplinar con distintos profesionales: dietista, endocrino y psicólogo o psiquiatra.

El dietista debe diseñar una dieta acorde con las características del sujeto, el endocrino debe realizar un seguimiento sobre las características hormonales del paciente, y el psicólogo trabajará sobre los aspectos relacionados con los sentimientos, emociones o creencias y el bienestar de las persona con Síndrome del Comedor Nocturno.

Respecto a la psicoterapia, la Terapia Cognitivo-Conductual, la Terapia de Aceptación y Compromiso o el Mindfulness pueden ser de gran ayuda para que el paciente pueda superar el trastorno. Además, la psicología puede proporcionarle al paciente las herramientas para que aprenda a afrontar su problema y cambiar sus actitudes y hábitos frente a la comida, y será necesario para superar la ansiedad o la depresión.

En casos graves, el tratamiento farmacológico puede ser necesario. Ciertos medicamentos como los ISRS (Inhibidores Selectivos de Recaptación de Serotonina) han mostrado su eficacia para el tratamiento.

Autor: Juan Armando Corbin (Psicólogo de las organizaciones)

¿Se atraen realmente los polos opuestos?

¿Se atraen realmente los polos opuestos?

«Se suele decir que los polos opuestos se atraen».

Es una máxima que muchos pronuncian. Cuando nos referimos a las relaciones de amistad apostamos por aquellos que consideramos iguales a nosotros, pero cuando hablamos de relaciones amorosas, crece la disparidad de opiniones. Es más, la mayoría de gente cree que preferimos mantener relaciones sentimentales con personas muy diferentes. Esto nos lleva a plantearnos dos cuestiones: ¿escogen los animales efectuando la misma distinción, esto es, discriminando si buscan una potencial relación de compañerismo o bien una pareja para aparearse?

¿Se atraen los polos opuestos?

Las respuestas nos ilustran sobre cómo los humanos operamos en un plano cuasi instintivo cuando se trata de esos juicios.

De entrada, debemos apuntar que los animales realmente constituyen amistades entre ellos. Del mismo modo que los seres humanos, algunas de estas relaciones amistosas pueden ser volátiles o bien ser estables durante muchos años. Aunque es bien sabido que gozar de amistades reporta ciertos beneficios, cuesta tiempo y esfuerzo mantener estos vínculos. 

Los humanos podemos tener que hacer frente a una larga lista de situaciones incómodas las cuales sólo hacemos gracias a este sentimiento de amistad: atender una llamada de tu amigo a las dos de la mañana consolándolo por su ruptura sentimental. Los chimpancés, por ejemplo, pueden pasar largos ratos despiojando las cabezas de sus amigos.

Investigaciones

Independientemente de si hablamos de seres humanos o de simios, ¿cómo decidimos con quién queremos ser amigos? ¿Cuál podría ser la clave: la edad, el género, el estatus social, la personalidad…?

Un reciente estudio que investigaba acerca de los factores que predicen las relaciones de amistad entre chimpancés descubrió que los individuos con personalidades similares tenían una mayor tendencia a ser amigos. Massen, J. (2013) reportó que los chimpancés extrovertidos se relacionaban con los extrovertidos, mientras que los individuos más tímidos hacían lo propio con otros ejemplares tímidos. Los primates papión negro más juguetones y sobones interactuaban entre ellos. Por contra, los más reservados y distantes se relacionaban más entre sí, aunque obviamente de un modo acorde a su personalidad.

Independientemente de si hablamos de seres humanos, chimpancés, babuinos, resulta palmario que las relaciones de amistad se deciden en base a la similitud.

Entonces, ¿qué ocurre con las relaciones amorosas? ¿Nos atrae lo opuesto?

La respuesta es no.

La barnacla cariblanca (un tipo de ave anseriforme) prefiere aparearse con ejemplares de talla similar. Del mismo modo, el carbonero (un ave paresiforme) lo hace con individuos con una personalidad parecida. Esta tendencia no sólo ocurre en las aves, sino en los seres humanos también. A pesar de la creencia popular de que los opuestos se atraen, los datos demuestran que las parejas casadas tienden a parecerse sobremanera en una gran variedad de rasgos.

Hasta hace pocos años, los investigadores no sabían con certeza si los rasgos compartidos sobrevenían con el tiempo que se compartía en pareja, o bien eran rasgos similares desde antes de que la pareja se conociera. Un estudio publicado recientemente por Tognetti, Berticat, Raymond y Faurie (2014) ha abierto nuevas ventanas a esta cuestión. Encontraron que los habitantes de una región rural de Senegal escogían contraer matrimonio con alguien que fuera tan cooperativo y amistoso con los demás como el propio individuo.

Quizá por esta razón en el mundo animal resulta más interesante aparearse con otros individuos parecidos en talla, personalidad u otros factores. Los polos opuestos pueden atraerse, pero la tendencia indica que preferimos lo similar a nosotros mismos.

Platón escribió: «Las similitudes engendran la amistad». ¿Olvidó mencionar si esta máxima se aplica también a las relaciones amorosas o sexuales? Posiblemente no. Probablemente esto explique por qué la amistad suele ser, en muchas ocasiones, el mejor escenario cuando se trata de establecer relaciones románticas.

Autor:

Bertrand Regader

Bertrand Regader

Psicólogo educativo

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Especialidad en Psicología Educativa. Postgrado en Economía Política por la Universitat de Barcelona. Creador y director de la web Psicología y Mente, la mayor comunidad sobre psicología y bienestar.

Coaching laboral: Un mundo de oportunidades

 

Búsqueda de empleo
El coaching está de moda. Cada vez hay más personas que recurren a un coach para deshacerse de sus malos hábitos y alcanzar sus metas. En este escenario, el coaching laboral es uno de los que más profundo ha calado en la sociedad ya que muchos profesionales lo utilizan como un trampolín que les ayude a catapultar sus carreras.
 
De hecho, un estudio realizado en el Chartered Institute of Personnel Development desveló que a pesar de la crisis económica, en Estados Unidos el 70% de las organizaciones que habían recurrido a un coach laboral, no solo seguían trabajando con estos profesionales sino que incluso habían aumentado su demanda.
 
Sin duda, en los tiempos que corren el coaching laboral es una herramienta muy valiosa ya que se convierte en una oportunidad para las personas que están desencantadas profesionalmente, aquellas que han perdido la motivación, las que necesitan reincorporarse al mercado laboral o las que acaban de terminar sus estudios y no saben qué camino emprender. Por supuesto, también es útil para las empresas que desean motivar a sus empleados y ayudarles a sacar lo mejor de sí.
 

¿Qué puedes esperar de un proceso de coaching laboral?

 
El objetivo esencial del coaching laboral es ayudar a las personas para que tomen decisiones informadas sobre su carrera y/o trabajo. Para ello, el coach pone a su disposición diferentes herramientas, no solo a nivel psicológico sino también práctico, como enseñarles a hacer un currículo más atractivo o a completar de forma más profesional su perfil en redes sociales como LinkedIn.
 
Por lo general, el proceso de coaching laboral tiene una salida muy práctica ya que está orientado a buscar soluciones y diseñar estrategias que brinden resultados concretos. El coach asume la función de orientador y le ayuda a la persona a planificar los pasos que debe dar para alcanzar su objetivo.
 
Sin embargo, el coaching laboral no solo está dirigido a buscar soluciones en el plano profesional. La persona también ganará confianza, un mayor conocimiento de sí mismo, encontrará nuevas fuentes de inspiración y descubrirá sus habilidades y pasiones.
 
El coaching también le ayudará a relajarse ya que a menudo el proceso de búsqueda de trabajo o de elección de la carrera genera una gran tensión y ansiedad. Además, el coach le ayudará a lidiar con las emociones negativas que experimenta, como la vulnerabilidad, el miedo al fracaso o la frustración.
 
A lo largo del proceso, el coach intentará que la persona se abra a nuevas experiencias para que encuentre el trabajo o la profesión que realmente pueda satisfacer sus necesidades y expectativas. Para lograrlo, también trabaja con las creencias erróneas y los hábitos que se convierten en obstáculos para que la persona pueda aprovechar al máximo su potencial.
 
Por supuesto, el coaching laboral también se aplica a nivel grupal y de empresa. De hecho, es muy eficaz para analizar y solucionar los conflictos en las organizaciones que provocan una disminución de la productividad o que generan un mal clima laboral. En este sentido, es importante puntualizar que hasta hace poco las empresas necesitaban soluciones de recursos humanos para sostener su crecimiento, pero hoy el reto consiste en aprovechar mejor esos recursos. Por eso recurren al coach.
 

 Beneficios del Coaching laboralliderazgo_curso

-Descubrir tu vocación profesional desde tus valores, talentos y pasiones.
-Diseñar nuestro itinerario educacional y profesional acorde a nuestros objetivos.
-Aumentar la satisfacción personal y la auto-realización profesional.

-Llevar a cabo una búsqueda de empleo desde una autoestima sana.
-Aprender a comunicar nuestra valía de manera eficaz y convincente.
-Aumentar tu empleabilidad y oportunidades laborales.
-Trabajar los miedos, obstáculos y limitaciones que impiden tu progreso laboral.
-Adquirir las competencias profesionales y emocionales necesarias en tu entorno laboral.
-Gestionar de forma adecuada los cambios que se originen en tu ámbito profesional.
-Crear estrategias adaptadas a tus necesidades y beneficiosas para tu carrera laboral.

 

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​Guía para saber prestar primeros auxilios emocionales

​Guía para saber prestar primeros auxilios emocionales
 

Son frecuentes las situaciones en las que personas de nuestro entorno lo están pasando mal y nos cuesta saber cómo reaccionar para prestarles apoyo. En estos casos existen momentos de incertidumbre, en parte, porque no sabemos si las iniciativas que estamos emprendiendo para ayudar a estas personas están dando resultado o si por el contrario suponen una carga más para quien está viviendo un mal momento. 

A continuación podrás leer algunas ideas fundamentales que te servirán para orientar tus iniciativas de apoyo emocional del mejor modo posible.

Guía para saber prestar primeros auxilios emocionales

1. Pregunta qué quieren de ti

Ante una persona triste, una de las primeras preguntas que deberías hacer es: ¿qué puedo hacer por ti? Es en ese momento cuando empieza el apoyo emocional de verdad, más que en la averiguación de lo que le ha pasado. Prioriza su bienestar a tu curiosidad para saber qué pudo pasarle.

2. Escucha lo que se te dice

Prestar apoyo es, entre otras cosas, saber escuchar y facilitar que la otra se pueda desahogar para liberar tensiones. Es por eso que no deberías tomar un rol tan activo como para liderar claramente la relación que tenéis la persona triste y tú. Apoyar es justamente eso:mostrarse dispuesto a ayudar a la otra persona, prestar atención a sus necesidades, y no saturarla con consejos o actividades impuestas. Por ello, lo más importante que puedes hacer es practicar la escucha activa, es decir, hablar menos que la otra persona y hacerlo para que sea ella la que, si quiere, pueda expresarse.

3. No menosprecies los silencios

No tienes por qué sentir incomodidad si el tiempo que pasas dándole compañía a la otra persona está plagado de silencios: es lo normal. Acompañando físicamente a esta persona ya la puedes estar ayudando, y las palabras son algo secundario casi siempre. Intenta, además, que la otra persona note que para ti no hay ningún problema en permanecer largos ratos sin decir nada. Así no tendrá que actuar por compromiso.

4. Llorar no es malo

Parece absurdo tener que decirlo, pero nunca está mal recordar esto. Hoy en día llorar está mal visto, sobre todo en el caso de los hombres, y sin embargo es un mecanismo presente en todas las culturas que sirve para descargar tensiones, agotar al organismo y, en cierto modo, aliviarse. También es un buen momento para estrechar lazos por medio del abrazo, ya que este contacto físico puede hacer que de ese momento en adelante la persona que está triste se sienta más arropada y más libre de exteriorizar los pensamientos y sentimientos que la afligen.

5. Respeta su intimidad

Prestar apoyo emocional a alguien no significa que estemos sellando un pacto con esa persona según la cuál tú ofreces compañía a cambio de que te revele todos los motivos de su tristeza. Una cara de este sentimiento de aflicción es verbalizable, pero hay otra que irremediablemente queda en la intimidad y es subjetiva, o bien la persona prefiere no revelarla. Es importante respetar eso.

6. Fíjate en los detalles importantes

Alguien que pasa por un mal momento es capaz de pasar mucho rato cavilando sobre lo que le pasa o centrándose en sus emociones y, por ello, es capaz de olvidar cosas importantes de su día a día. Si puedes, procura estar ahí para fijarte si esta persona está pasando por alto cosas importantes tanto en su planificación del día a día como en los pequeños gestos y movimientos que pueda hacer.

7. Respeta su deseo de soledad

Hay muchas personas que prefieren estar solas cuando están tristes. Por eso, no te empeñes en estar al lado de ellas digan lo que digan y hagan lo que hagan. Dejándoles un espacio puedes estar ayudando a que se recuperen y, en todo caso, siempre puedes aclarar que pueden contar con tu compañía en cualquier momento si en algún momento les apetece.

Fuente: Arturo Torres(Psicólogo).