Un niño sano debe jugar, alborotar y… ¡ensuciarse mucho!

A menudo los adultos deseamos que los niños estén quietos, que sean pacientes, que se entretengan sin juguetes a golpe de imaginación y que se mantengan limpios cuando salen a jugar. 
 
Sin embargo, la infancia no es eso. Los niños necesitan moverse, explorar, vivir aventuras, descubrir nuevos mundos… Y mientras lo hacen es normal que alboroten y se ensucien. De hecho, no es algo negativo y mucho menos patológico, es sinónimo de un niño sano y feliz.
 

Ensuciarse es divertido y estimula al aprendizaje

 
Cuando los adultos ven a un niño con las manos y la ropa llena de tierra o de comida, piensan que no sabe comportarse y hasta puede que se pregunten: “¿Cómo los padres permiten que su hijo haga algo así? ¡No le han enseñado modales!
 
A la mayoría de las personas no les pasa por la mente que ese niño está explorando y aprendiendo, que está conociendo el mundo que le rodea a través de sus sentidos. Que los niños no solo aprenden mirando sino también tocando y oliendo, y que ese aprendizaje es una de las experiencias más enriquecedoras que pueden vivir en su infancia.
 
Cuando los pequeños tienen la oportunidad de jugar con agua, arena, tierra, pintura, gelatina o harina, aprenden a través del tacto, y las sensaciones que experimentan son muy agradables ya que todo representa un descubrimiento excitante que estimula sus conexiones neuronales.
 
Dejar que se ensucien les permite experimentar con diferentes materiales y texturas. Estos juegos, en los que no hay reglas ni una manera “correcta” de jugar, estimulan la curiosidad natural de los niños y les ayudan a desarrollar una actitud más abierta ante las experiencias.
 
De hecho, un estudio realizado en De Montfort University desveló que los niños pequeños a los que se les permite manipular la comida desarrollan una actitud más abierta ante los nuevos sabores, por lo que terminan siguiendo una dieta más variada.
 
Por otra parte, psicólogos de la Universidad de Iowa también descubrieron que «jugar» con la comida tiene un efecto positivo en el aprendizaje. Estos investigadores analizaron a 72 niños y descubrieron que a los 16 meses de edad los pequeños a los que se les permitía tocar, oler e incluso tirar la comida habían aprendido antes las palabras relacionadas con estos alimentos y sus propiedades. 
 
De hecho, se ha apreciado que los niños pequeños pueden identificar objetos sólidos con bastante facilidad, como una taza o una manzana, debido a que su tamaño y forma no varían. Sin embargo, los líquidos y las sustancias pastosas y pegajosas son más difíciles de identificar. Sin embargo, cuando a los pequeños se les dejaba manipular esas sustancias, aprendían a reconocerlas y a nombrarlas antes.
 
Por tanto, dejar que los niños se ensucien no solo es divertido para ellos y estimula una actitud más abierta ante la vida sino que también potencia el aprendizaje.
 

Los niños que crecen en ambientes demasiado limpios enferman más

 
Jugar con la tierra, la arena, el barro y los animales no solo es beneficioso para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños sino que también es saludable. Los científicos han demostrado que la frase de las abuelas “deja que coma tierra para que coja defensas” es razonable, mientras que el exceso de higiene es perjudicial.
 
Es obvio que ningún padre quiere que sus hijos se enfermen, pero estar unos minutos más con la ropa manchada de pintura, los zapatos con tierra o las manos llenas de masa no es el fin del mundo. Al contrario, es probable que los niños se sientan más felices y que su sistema inmunitario se active.
 
De hecho, no es extraño que en los últimos años hayan aumentado tanto las enfermedades autoinmunes, las alergias y otras patologías relacionadas con el sistema inmunitario, sobre todo en los países occidentales. Los científicos se preguntan si estos problemas se deben a que los niños ya no están expuestos a muchos agentes patógenos, de manera que su sistema inmunitario no termina de madurar por completo y se vuelve híper reactivo.
 
Esta teoría se conoce como la “hipótesis higienista” y afirma que crecer en ambientes excesivamente limpios, como los hogares urbanos donde no hay animales y muy pocos microorganismos, interfiere en la maduración de los mecanismos de defensa naturales, aumentando el riesgo a enfermar. Ahora un estudio llevado a cabo por un equipo internacional de científicos ha confirmado esta hipótesis.
 
Estos investigadores analizaron la microbiota intestinal; es decir, las comunidades de microorganismos que viven en el tracto digestivo, de 222 niños que nacieron y viven en Finlandia, Estonia (donde las enfermedades inmunes de aparición temprana son muy frecuentes) y Karelia (una república de la Federación Rusa donde los trastornos relacionados con el sistema inmunitario son menos comunes).
 
Los científicos analizaron los hábitos alimenticios, la salud y las costumbres de estos niños durante sus primeros 36 meses de vida. Así descubrieron que en la microbiota de los niños de Finlandia y Estonia predominaban las bacteroides, mientras que en la de los niños rusos había más bifidobacterias. 
 
Los investigadores afirman que la presencia de bacteroides en el tracto digestivo humano es un fenómeno reciente, vinculado al estilo de vida occidental, y que estas bacterias, lejos de activar la respuesta inmunitaria, la reduce. De hecho, apreciaron que la microbiota compuesta en su mayoría por las bacteroides era más “silenciosa”; es decir, menos activa desde el punto de vista inmunitario. 
 
Por tanto, ese exceso de higiene, dirigido a proteger a los niños, en realidad tiene el efecto contrario y hace que enfermen con mayor frecuencia, promoviendo la aparición de patologías que pueden acompañarles durante el resto de su vida.
 

Niños melindrosos y límites a la hora de jugar

 
Vale aclarar que a algunos niños les puede resultar desagradable el contacto con algunas sustancias. Por ejemplo, algunos niños pueden sentirse incómodos al tocar el barro o la arena. No debemos obligarles sino dejar que exploren a su propio ritmo y que elijan con qué prefieren jugar.

Por supuesto, no se trata de caer en los extremos exponiendo a los pequeños a riesgos innecesarios o permitiendo que ensucien la casa cada vez que les apetece. Se puede establecer un horario y un lugar para ese tipo de juegos.

 
Lo más importante es que los padres comprendan que dejar que los niños corran libres y exploren su entorno es saludable para su desarrollo psicológico y físico. No debemos apresar a los niños en el mundo de los adultos sino potenciar el juego libre, su capacidad de asombro y dejarles libertad para que exploren su entorno con los cinco sentidos, si así lo desean. 

Padres distantes causan inmadurez cerebral en los niños

 

Padres que trabajan cada vez más horas + Padres híper conectados a la tecnología = Padres agotados que no dedican suficiente tiempo a sus hijos
 
Desgraciadamente, esta fórmula es cada vez más común. Sin embargo, para que el cerebro infantil se desarrolle, no basta con proporcionar una estimulación temprana dirigida a potenciar las habilidades motoras y cognitivas que, dicho sea de paso, incluso podría tener resultados contraproducentes cuando es demasiado académica. 
 
También es necesaria la presencia de los padres, su cuidado y, por supuesto, su afecto. Por eso, la tendencia a dejar que los niños se críen delante de la televisión y bajo el cuidado de los videojuegos, podría ser muy peligrosa.
 

La ausencia de los padres afecta el desarrollo cerebral de los niños

 
Investigadores de la Sichuan University llegaron a la conclusión de que los niños que pasan mucho tiempo sin sus padres durante largos periodos sufren un retraso en el desarrollo cerebral. Para llegar a estas conclusiones analizaron a un grupo de niños cuyos padres tenían que viajar continuamente por motivos de trabajo. Algunos de ellos dejaban la casa durante meses, otros incluso pasaban todo un año fuera.
 
Vale aclarar que no se trata del primer estudio que analiza el impacto del afecto paternal en el desarrollo infantil, en el pasado otros investigadores habían apuntado al hecho de que el cuidado de los padres incide directamente en el desarrollo del cerebro de sus hijos. Sin embargo, estas investigaciones se habían realizado en niños huérfanos, privados por completo del cuidado de sus padres. En esta ocasión los psicólogos centraron su atención en niños que simplemente no pasaban mucho tiempo con sus padres.
 
Estos investigadores escanearon los cerebros de 38 niños, con edades comprendidas entre los 7 y 13 años. Luego, compararon los resultados con los escáneres de 30 niños que vivían con sus padres a tiempo completo y que mantenían una relación afectiva más estrecha.
 
Así pudieron apreciar que los niños “abandonados” tenían más materia gris en las áreas relacionadas con la memoria y las emociones. Los investigadores piensan que esto se debe a una sinapsis insuficiente; es decir, a que no se han creado las conexiones neuronales que se debían haber establecido a su edad.
 

¿Qué es la sustancia gris?

 
Esta es la imagen de un cerebro a medida que el niño va creciendo. Como podéis ver, la neurogénesis se incrementa con el desarrollo, cuando el pequeño es sometido a diferentes estímulos.
 
 
La clave radica en que, en el neurodesarrollo, a medida que las conexiones neuronales maduran y se hacen más estables, también se engruesan ya que se recubren de una sustancia denominada mielina, que es de color blanco y es la encargada de que esa conexión sea más rápida y eficaz. Al contrario, las neuronas que no tienen esa vaina de mielina contienen sustancia gris, que no puede transmitir los impulsos nerviosos con tanta rapidez.
 
En el imaginario popular se ha asociado la cantidad de sustancia gris con una mayor inteligencia y capacidad de razonamiento, pero lo cierto es que no siempre es así. De hecho, basta pensar que los cerebros de los delfines contienen más sustancia gris que el de los seres humanos. Además, en diferentes estudios se ha apreciado que los niños autistas tienen un mayor volumen de sustancia gris en las zonas del cerebro vinculadas con la empatía y el aprendizaje por observación, lo cual indica que un exceso de sustancia gris no es positivo. De hecho, en un cerebro en desarrollo, un mayor volumen de materia gris puede reflejar inmadurez ya que sería un indicador de que las conexiones nerviosas no se han formado por completo.
 
Así, los niños que no pasaban mucho tiempo con sus padres y que estaban carentes de afecto mostraban un aumento del volumen de la sustancia gris, y una tendencia a tener un menor cociente intelectual. Por tanto, se trata del primer estudio que muestra una evidencia empírica de que la falta de cuidado directo de los padres afecta el desarrollo del cerebro infantil, ralentizando la formación de conexiones nerviosas.

​Enseñar habilidades de liderazgo y resolución problemas a niñas de primaria previene la agresión

Empoderar a las niñas previene las conductas problemáticas en el futuro.

​Enseñar habilidades de liderazgo y resolución problemas a niñas de primaria previene la agresión

 

 
 Un estudio realizado en Filadelfia (Estados Unidos) sugiere que los educadores, particularmente de los cursos de primaria, deberían enseñar a sus alumnos habilidades de resolución de problemas y deberían proporcionarles oportunidades para desarrollar la capacidad de liderazgo para prevenir la agresión relacional en el futuro.

La agresión relacional incluye chismes y exclusión social para hacer daño a otros, y es la forma más habitual de agresión entre chicas.

El estudio pone a prueba la eficacia de un programa de prevención de la agresión

Un estudio reciente se ha llevado a cabo por Iniciativa de Prevención de la Violencia (Violence Prevention Initiative, VPI) en el Hospital de Niños de Filadelfia (The Children’s Hospital of Philadelphia, CHOP) y afirma que enseñar habilidades de liderazgo y proporcionar oportunidades para que las niñas puedan desarrollar habilidades de liderazgo previene la agresión relacional entre éstas.

El estudio ha sido publicado en The Journal Psychology of Violence, y se ha utilizado una muestra aleatoria de niñas afro-americanas de tercer a quinto grado (niños de 8 a 11 años) para poner a prueba la efectividad del programa en la prevención de la agresión “Amigo a Amigo” (Friend to Friend, F2F).

Primer programa de prevención de la violencia que muestra su eficacia incluso un año después de haberlo realizado

El F2F es el primer y único programa de prevención de la agresión que muestra su eficacia en la disminución del comportamiento de agresividad relacional entre las niñas y que, además, continúan sus resultados positivos incluso un año después de haber acabado el programa. Este programa mejora las habilidades y el conocimiento en resolución de problemas de tipo social y provoca un descenso en los niveles de agresión relacional.

“Incluir el aprendizaje de este tipo de habilidades en el currículo de las escuelas es importante porque los chicos que acuden a ésta, especialmente en zonas marginales, tienen un serio riesgo de adquirir problemas emocionales y conductuales”, comenta el doctor Stephen Leff, director de este estudio y co-director de la Iniciativa de Prevención de la Violencia (VPI).

“Esta es la evidencia de que poseer habilidades de resolución de problemas y tener la oportunidad de desarrollar la capacidad de liderazgo aumenta la resiliencia y guía hacia un mejor futuro en cuanto a las interacciones sociales. Este enfoque positivo se infunde en los programas escolares de prevención que forman parte de nuestra Iniciativa de Prevención de la Violencia en el Hospital de Niños de Filadelfia”, añade el doctor Leff.

Un programa que tiene más de una década de antigüedad

El equipo de investigadores lleva desarrollando y redefiniendo el programa durante una década gracias a las distintas investigaciones que ha llevado a cabo en el CHOP, en asociación con las principales partes interesadas de la comunidad. “Este enfoque asociativo ha sido utilizado para desarrollar el programa F2F y para innovar las modalidades de enseñanza utilizadas en el mismo programa, como dibujos, videos o juegos de roles”, dice Brooke Paskewich, psicóloga y directora del VPI.

Además, ésta explica que “hacer participar a los estudiantes, profesores y padres en el diseño del programa ha ayudado a asegurar su sensibilidad cultural, su desarrollo adecuado y uso apropiado para las minorías étnicas”.

F2F que se ha utilizado en este estudio, es un programa de 20 de sesiones que se llevó a cabo durante 40 minutos por sesión. Enseñó estrategias para la resolución de problemas sociales y proporcionó oportunidades para que las niñas dirigieran las sesiones en el aula para sus compañeros. Un estudio piloto publicado en 2009 ya adelantó la eficacia del programa F2F para la disminución de la agresión relacional entre las niñas de primaria en dos escuelas norteamericanas.

El estudio actual contó con 144 niñas agresivas (agresividad relacional) de 44 aulas diferentes pertenecientes al distrito de Filadelfia. Los sujetos fueron repartidos aleatoriamente entre el grupo F2F y el grupo control para realizar la investigación.

Consejos para diseñar un programa exitoso de prevención de la agresividad en la escuela

El doctor Leff, tras analizar los resultados de su estudio, ofrece las siguientes sugerencias para el diseño y evaluación de programas exitosos de prevención de la agresión:

  • Hay que definir la agresión en términos generales, es decir, como cualquier acción tomada por un niño que inflige daño físico o mental sobre otro niño.
  • Los programas deben centrarse en la prevención y la intervención temprana
  • Los programas deben hacer hincapié en la conducta social positiva: conductas prosociales, habilidades de gestión de la ira, y el respeto a sus compañeros y a los adultos.
  • Hay que prestar atención al reconocimiento y la comprensión de los diferentes tipos de agresión: Por ejemplo, las niñas más comúnmente expresan agresión relacional y los niños son más propensos a participar en actos de agresión física.
  • Es necesario ser sensible a la cultura y fomentar la colaboración entre las escuelas, las familias y los barrios.
  • Los programas de prevención de agresión deben ser desarrollados de manera que respondan a las necesidades específicas y los valores de la escuela y su comunidad.
  • Deben incorporar fuerte componente de investigación y deben medir los resultados. También es necesario evaluar los efectos a largo plazo.
  • Más que en el aula, los programas de prevención de la agresión deben llevarse a cabo programas en ambientes naturales: por ejemplo, zonas de juego.

Juan Armando Corbin-Psicólogo de las organizaciones

 

 

¿Cómo las palabras que usas transforman tu cerebro?

Cerebro palabras
Tus palabras se convierten en la casa donde vives. De hecho, nuestra forma de hablar tiene un gran impacto en nuestra capacidad para tener éxito y ser feliz en la vida, aunque la mayoría de las personas no son conscientes de ello y ni siquiera eligen a propósito las palabras que usan cada día.

El impacto de las palabras negativas 

 
Un estudio realizado en el Brookhaven National Laboratory descubrió que el uso sistemático de palabras negativas termina provocando una alteración en los niveles de hormonas y neurotransmisores. En este experimento se apreció que ver la palabra “no” tan solo durante un segundo, estimulaba la liberación de cortisol, la hormona del estrés. 

Estos cambios en la química cerebral afectan inmediatamente nuestra lógica, así como nuestra capacidad para comunicarnos y procesar la información. A largo plazo, podrían llegar a afectar seriamente estructuras esenciales del cerebro vinculadas con la memoria y el control emocional. 

De hecho, si le pedimos a una persona que lea una lista de palabras negativas, en tan solo unos segundos habremos conseguido que su estado de ánimo empeore y que aparezcan ideas rumiativas. También se ha apreciado que el efecto de las palabras negativas se amplifica cuando las verbalizamos. 

El problema es que las palabras a las que les atribuimos un significado negativo activan inmediatamente la amígdala, nuestro centro de mando emocional, el cual busca asociaciones en el pasado que le sirvan para tomar una decisión y le permitan valorar el riesgo emocional que representa ese discurso. Y como las palabras negativas normalmente están asociadas a experiencias negativas, se convierten en un mensaje de alerta para nuestro cerebro. 

Por eso, cambiar nuestra forma de hablar puede representar una gran transformación en nuestra vida. 

Utiliza más palabras positivas

Nuestro idioma es muy rico. Tenemos miles de palabras entre las cuales elegir, por lo que no hay necesidad de utilizar continuamente vocablos que tienen acepciones negativas. De hecho, ¿sabías que la RAE ha catalogado un total de 270 millones de registros léxicos y que en el diccionario de Woxikon podemos encontrar más de 1,3 millones de sinónimos? Sin embargo, se estima que una persona usa normalmente tan solo de 500 a 1.000 palabras. 

Aún así, podemos hacer un esfuerzo por ampliar nuestro vocabulario y usar palabras más “positivas”. De hecho, se ha demostrado que las estructuras positivas en la construcción de las frases activan una reacción neural en cadena que nos impulsa a la acción. Y la buena noticia es que todos podemos activar ese “interruptor de la volición” eligiendo algunas palabras, en particular los verbos. 

En este sentido, un experimento realizado en la Université Claude Bernard de Lyon descubrió que cuando escuchamos verbos relacionados con una acción física, automáticamente aumenta la fuerza con la que aferramos los objetos. Sin embargo, si las palabras se presentan en su forma negativa, no se produce ningún cambio. 

Para comprender el verdadero alcance de las palabras en el cerebro debemos regresar al año 1963, cuando John Eccles ganó el Premio Nobel en Medicina por descubrir el mecanismo iónico de excitación e inhibición de las sinapsis cerebrales. Eccles también descubrió que apenas unos milisegundos antes de que una persona decida emprender una acción, neuronas específicas de la corteza descargan una señal eléctrica que activa las neuronas motoras. 

¿Qué significa? ¿Cómo se pueden aplicar estos descubrimientos a las palabras positivas? 

Eccles creía que activar tan solo algunas neuronas, era suficiente para crear un efecto dominó dentro del cerebro y provocar millones de sinapsis. Los neurocientíficos han confirmado esta hipótesis con la tecnología moderna. Han visto que palabras como “Ve. Salta. Ataca” activan varias áreas cerebrales mientras que palabras como “Para. Siéntate. Mira” producen un estado de inhibición. 

Por tanto, es importante que le prestemos más atención a las palabras que usamos cada día porque estas repercuten directamente en nuestro cerebro, dejando una huella. Escucha tu diálogo interior y asegúrate de que este no se convierta en tu enemigo y principal obstáculo. Porque lo que te dices a ti mismo puede convertirse en una profecía.

3 palabras a las que debes prestarles más atención

 
1. TODAVÍA: La palabra más poderosa del vocabulario
 
A menudo decimos cosas como «No puedo aprender a hablar inglés» o «No sé cómo bajar de peso«. Sin embargo, se trata de frases que nos desmotivan, que nos hacen tirar la toalla incluso antes de empezar. Con estas frases nos estamos convenciendo de que no podemos lograrlo. No obstante, si le añadimos una pequeña palabra al inicio, todo cambia. De hecho, lee nuevamente esas frases añadiendo “todavía”. 
 
Se trata de un cambio diminuto pero de esta forma nos estamos motivando, le estamos diciendo al cerebro que eso que deseamos “todavía” no ha ocurrido pero podría ocurrir en el futuro, siempre que nos pongamos manos a la obra. En vez de cerrar una puerta, estamos abriendo una ventana a la posibilidad.
 
2. Elimina la palabra OCUPADO de tu vida
 
La palabra “ocupado” se ha puesto de moda, sobre todo en las nuevas generaciones. Todos están demasiado atareados, como si ello significase que están haciendo cosas muy importantes, que no están desperdiciando sus vidas. Sin embargo, en realidad no es así, podemos estar ocupados en cosas completamente intrascendentes o que no nos reportan ningún tipo de satisfacción y bienestar.
 
Recuerda que cuando uno quiere, saca tiempo. Cuando no, inventa excusas. Decir constantemente que estás ocupado solo servirá para que tu cerebro asuma que tienes demasiadas cosas que hacer y provocarás una aceleración mental que añadirá un estrés innecesario. Sin embargo, no es imprescindible estar muy ocupado para tener un día productivo.
 
3. Ten cuidado al usar el DEBERÍA
 
La palabra “debería” no implica una acción positiva. De hecho, suele significar que debemos hacer algo que no nos satisface solo porque alguien nos lo impone, ya sea de forma directa o indirecta. Por eso, cuando usas a menudo esta palabra, debes detenerte y pensar qué esconde detrás. Quizás estás atrapado en una situación que te está haciendo infeliz y de la que no logras salir porque te lo impide tu sentido del deber hacia otras personas.
 
Por otra parte, la palabra “debería” también suele generar expectativas poco realistas y puede inducir un sentido de culpa cuando no logramos hacer lo que nos habíamos propuesto. Además, también disminuye nuestra disposición a ponernos manos a la obra, después de todo, no estamos hablando en presente sino en futuro.
Fuente: Jennifer Peinado

Las «caricias negativas»: ¿qué son?

 

 

Las "caricias negativas": ¿qué son?
 

Las personas que no estén familiarizadas con la teoría del Análisis Transaccional, es posible que no hayan escuchado hablar de las “caricias negativas”. Para entender lo que son este tipo de caricias, es necesario entender el significado de las “caricias” desde la perspectiva transaccional.

Las caricias desde el Análisis Transaccional

Según Eric Berne, el padre del Análisis Transaccional, las caricias son “unidades de reconocimiento que proporcionan estimulación a un individuo”. Por tanto, desde la perspectiva transaccional, el concepto es distinto al que generalmente se entiende como caricia: «contacto físico suave y delicado que se hace deslizando la mano o los dedos sobre el cuerpo de alguien».

Desde el Análisis Transaccional, las caricias no solamente hacen referencia a la estimulación física, ya que incluye también la estimulación psicológica y social (reconocimiento).

Todo el mundo necesita estimulación física y psicológica para tener una vida plena, y las caricias son una unidad fundamental de reconocimiento social. Tanto las caricias físicascomo psicológicas aportan muchos beneficios desde edades temprana, y a medida que crecemos el reconociendo social se convierte en un aspecto esencial para el bienestar psicológico.

Las caricias positivas y negativas

En la teoría del Análisis Transaccional se exponen dos tipos de caricias según la sensación que invitan a vivir: las caricias positivas y las negativas. Las caricias positivas provocan sensaciones y emociones agradables; y las negativas, provocan sensaciones y emociones desagradables.

A continuación se muestran unos ejemplos de estos tipos de caricias:

  • Caricias positivas: “te quiero”, “eres increíble”, me encantas”.
  • Caricias negativas: “te odio”, eres un idiota”, “te ves muy mal con esa ropa”.

Las caricias negativas pueden ser:

  • Comentarios sarcásticos
  • Ignorar las acciones del otro
  • Rebajar al otro y humillar a la otra persona
  • Desprecios

Berne habla de “hambre de caricias” para nombrar la necesidad de las personas de ser reconocidas y tocadas, ya que la privación de aspectos sensoriales en los niños puede causar problemas psíquicos. Ya en edades tempranas, la falta de caricias positivas (ser acariciados, elogiados, etc.) puede provocar que el niño busque caricias negativas para compensar la falta de reconocimiento social, y es una manera de buscar la atención que no recibe.

Por tanto, en ocasiones se utilizan las caricias negativas con familiares, pareja, amigos, y éstos son comportamientos tóxicos que envenenan nuestras relaciones y que llegan a tener efectos nocivos para los miembros de la relación. Es por eso que se debe evitar dar y recibir caricias negativas.

Esto es especialmente en la relación padre-hijo, pues en el caso de los padres se debe:

  • Ser expresivo: besos, caricias y abrazos frecuentes.
  • Ser genuino al alabar a los hijos.
  • Ser tierno y comprensivo y aceptar el comportamiento de los hijos.
  • Ser mesurado y no olvidar que son niños.
  • Aplaudir los éxitos de los niños y premiarlos cuando sea necesario.

También es interesante permitir que el niño crezca sintiéndose amado y desarrolle adecuadamente su inteligencia emocional.

No solamente sufre el que no recibe caricias, sino también quien no las expresa

Un estudio de la Universidad de Stanford dirigido por James Gross indica que suprimir la expresión de las emociones conlleva altos costos psicológicos, sociales y de salud. Los individuos que no manifiestan sus emociones son más infelices y sufren una inmunidad fisiológica más baja. 

Según los datos esta investigación, la falta de expresión emocional no solamente no reduce las emociones, sino que magnifica las emociones negativas, provocando problemas para el bienestar físico y psicológico. La expresión de emociones positivas trae consigo experiencias más gratificantes y mejora las relaciones interpersonales.

 

Jonathan García Allen

Fuente: web psicología y mente

Autor: Jonathan García AllenPsicólogo de las organizaciones