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Así es como debes dar una orden a tu hijo

 

Obtener un buen resultado cuando le mandas algo, no tiene porqué ser el resultado de un conflicto

Así es como debes dar una orden a tu hijo

Si unos padres quieren hacer un pequeño ejercicio de reflexión sobre lo que le dicen a sus hijos pequeños, se podrán dar cuenta de que se pasan el día dando órdenes. Quizá, y en la mayoría de los casos, una misma orden es repetida en numerosas ocasiones porque el niño no la cumple, lo que hace que los padres recurran al imperativo cada vez de forma más desesperada y acaben diciéndoselo a gritos.

Según Rocío Ramos-Paúl «Supernanny» y Luis Torres, autores de «Niños: instrucciones de uso», es aconsejable seguir una serie de pautas para dar una orden de manera correcta:

—En primer lugar hay que limitarse a dar una sola instrucción: Si se le dice «deja de jugar, recoge, prepara el pijama y cuando estés en el baño me avisas», lo más seguro es que el niño no se acuerde de todo ya que su capacidad de atención es limitada.

Ser claros: es muy importante decirles exactamente qué es lo que esperamos. No es lo mismo decir «arréglate» que lávate las manos y péinate».

Hacer una pausa para comprobar si el niño ha entendido la orden. Una buena táctica es pedirle que repita lo que tiene que hacer y las consecuencias de no hacerlo. A partir de ese momento, ambos autores recomiendan a los padres que no vuelvan a repetir la orden, con lo que se ahorrarán el enfado. El niño sabe perfectamente lo que tiene que hacer.

Repetir el mensaje: solo en el caso de que el pequeño no lo haya entendido.

Hacer con él lo que le hemos pedido: cuando se hace el remolón, es preferible que los padres comiencen a realizar la orden con él y después se retiren para que el niño prosiga solo. «Vamos, te ayudo a recoger los juguetes» es un buen comienzo, mientras se le lleva de la mano a su habitación.

Reforzarle cuando nos haga caso. No se trata de comprarle nada, basta con un «estamos muy contentos por lo bien que has ordenado tus juguetes» acompañado de un beso.

No iniciar otra actividad hasta que no se haya cumplido la orden.

 

Cómo afecta a tu personalidad ser el hijo mayor, el mediano o el pequeño.

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Los hijos únicos tienen reputación de ser perfeccionistas y triunfadores, de buscar siempre la atención y la aprobación de sus padres y de los demás. Pero los hijos con hermanos también desarrollan diferentes tipos de personalidad según el orden de nacimiento.

Igual que otros factores desempeñan un papel en el crecimiento de un niño —incluyendo la genética, el entorno y la educación—, el orden de nacimiento también puede ser definitorio de sus rasgos y su comportamiento.

Desde la década de 1970 se han llevado a cabo miles de estudios científicos sobre la influencia del orden de nacimiento, pero los psicólogos suelen mostrarse en desacuerdo sobre en qué medida este orden afecta al desarrollo. Sin embargo, hay algunos aspectos comunes entre las personalidades de los hijos mayores, las de los medianos y las de los pequeños que se repiten de forma consistente en los escritos.

¿Por qué existen estas diferencias? Muchos psicólogos han sugerido que las personalidades de los hermanos difieren en tanto que adoptan diferentes estrategias para ganarse la atención y el favor de los padres. De acuerdo con esta teoría, el hermano mayor es más propenso a sentirse identificado con la autoridad y con el mantenimiento del status quo, mientras que es más probable que los hermanos más jóvenes busquen atención a través de actos rebeldes.

«Los niños descubren su posición en relación con la familia», comenta a la edición estadounidense de The Huffington Post el doctor Kevin Leman, psicólogo y autor deThe Birth Order Book [El libro del orden de nacimiento] y The First-Born Advantage[La ventaja del primogénito]. «A los primogénitos se les imponen unas reglas más estrictas. A medida que van naciendo más hijos, los padres se relajan».

Aquí puedes leer más sobre lo que dice la ciencia de los hijos pequeños, los de en medio y los mayores:

EL HIJO MAYOR92844116_XS

Los hijos (o las hijas) primogénitos tienden a verse orientados a cumplir algún logro y a menudo rinden bien en la escuela y prosperan en posiciones de liderazgo, según afirma Leman.

«Los primogénitos son los primeros en todo… y son los que deciden la altura del listón», dice Leman, que añade que la mayoría de presidentes en Estados Unidos han sido primogénitos o hijos únicos.

De hecho, hay una gran cantidad de investigaciones que apoyan este perfil de personalidad, incluyendo un artículo de 2012 que recopila más de quinientos estudios en los últimos veinte años. En el artículo en cuestión, los psicólogos de la Universidad de Georgia probaron que el hijo primogénito (o aquel que ha asumido el papel del «hijo mayor») es el que con más probabilidad desempeñe posiciones de liderazgo y se esfuerce por conseguir más éxito. Un estudio de 2009 publicado en el periódico Child Development también descubrió que los niños primogénitos son más adaptables —algo que podría manifestarse en la búsqueda de complacencia de sus padres y de los demás al rendir mejor en los estudios y en el trabajo.

«Los primogénitos tienden a ser responsables, competitivos y convencionales, mientras que los nacidos después tienden a distinguirse de los demás y a crearse un hueco específico mostrándose bromistas, cooperadores y, especialmente, rebeldes», escribían los psicólogos belgas Vassilis Saroglou y Laure Fiasse en un artículo de 2003 de una publicación de Personality and Individual Differences.

EL HIJO PEQUEÑO

come uñasLa personalidad de los hijos pequeños es marcadamente diferente del resto de personalidades de los hermanos más mayores.

Las investigaciones muestran que el más bebé de la familia tiende a ser más creativo, rebelde y a llamar más la atención. Tiene sentido, si se considera que la forma en que los padres educan a los hijos mayores y a los más pequeños suele ser diferente. A menudo, mamá y papá son más permisivos y tolerantes una vez que se encuentran cómodos en su papel de padres y ya han pasado, al menos una vez, por el proceso de educar a un hijo.

«Los hijos pequeños son manipuladores, sociales, extrovertidos, se venden muy bien… De niños se salen con la suya siempre y saben cómo ganarse el favor de la gente», aseguraba Leman.

Aunque el más pequeño tiende a comportamientos que llaman la atención, un estudio destacó que no hay relación entre ser el hijo menor y desarrollar comportamientos delincuentes o problemáticos, como se sugiere algunas veces.

EL HIJO MEDIANO

El hijo mayor se lleva la atención completa de mamá y papá, mientras que el pequeño frecuentemente se sale con la suya haga lo que haga. Así que, ¿dónde queda el hijo de en medio?adolescentes 1

El del medio suele ser el pacificador de la familia, comentaba Leman, y normalmente desarrolla cualidades como simpatía y lealtad.

Un análisis de 2010 de la literatura sobre el orden de nacimiento descubrió también que es algo común que los hijos de en medio sean sociables, leales en sus relaciones y buenos para relacionarse tanto con personas mayores como más jóvenes.

Debido a que los medianos están atrapados entre dos frentes, valga la analogía bélica, tienden a ser grandes negociadores y habilidosos mediadores, sostiene Leman.

«Los hijos de en medio son difíciles de intimidar y tienden a ser muy leales y a tener en gran estima a sus amistades», añadió Leman.

QUÉ HACER SI LOS HIJOS LOS CRÍAS TÚ

¿Cómo pueden los padres ayudar a los hijos mayores, los medianos y los pequeños? El trabajo más importante de una madre y un padres es el de ayudar a cada hija e hijo en su viaje único y personal, afirma el Doctor Gail Gross, experto en desarrollo infantil.

«Es necesario permitir que lo hijos descubran su propio destino, sin importar el papel que tengan en la familia», aconseja Gross a los padres en un blog del HuffPost.

Leman recomendaba también respetar las diferencias que hacen único a cada hijo y destacar la diversidad de sus fortalezas y sus retos. «Trate a sus hijos de forma diferente», sentenciaba.

10 verdades sobre la vida que olvidamos todos los días

 

Es sorprendente constatar con cuanta facilidad olvidamos las cosas realmente importantes de la vida. Un día ajetreado tras otro es la mejor fórmula para perder la perspectiva, ahogarnos en la rutina, comenzar a funcionar en piloto automático y olvidar las cosas fundamentales. Por eso, hay verdades que debemos repetirnos una y otra vez, como si fueran un mantra. Se trata de verdades que te ayudarán a mantenerte focalizado en tus objetivos y a lograr un mayor equilibrio emocional a lo largo del camino. 
 
1. Estar ocupado no es lo mismo que ser productivo
 
Basta mirar a nuestro alrededor. La mayoría de las personas que nos rodean parecen muy ocupadas, corren de un lugar a otro, acuden a reuniones y responden correos y mensajes, decenas de ellos. Sin embargo, ¿realmente están produciendo algo?
 
En verdad, la productividad y el éxito no siempre provienen del movimiento y la actividad, sino de la concentración y la focalización. De hecho, a menudo el día se nos escapa a través de decenas de tareas que no son importantes y que no responden a nuestras metas de vida. 
 
Sin embargo, como cada día tenemos el mismo número de horas a nuestra disposición y no podemos hacer absolutamente nada para aumentarlas, es mejor usarlas sabiamente. Por tanto, asegúrate de que tus esfuerzos den resultados, de que usas tu tiempo no solo para mantenerte ocupado sino para ser productivo y, sobre todo, para acercarte cada vez más a las metas que realmente cuentan.
 
2. El miedo es la principal causa de los arrepentimientos
 
El miedo suele ser un enemigo silencioso que se cuela por pequeñas rendjias y, poco a poco, comienza a crecer. De hecho, es el miedo quien nos impide dar pasos hacia nuestros sueños y nos mantiene atados a una realidad que no nos agrada.
 
A lo largo de la vida experimentamos tres miedos esenciales: 1. el miedo a abandonar nuestra zona de confort, donde nos sentimos seguros (que no cómodos o satisfechos), 2. el miedo a perder a las personas que amamos y, 3. el miedo a fracasar.
 
Estos temores no siempre se manifiestan de forma clara, de hecho, en muchas ocasiones no somos plenamente conscientes de que nos están frenando. Sin embargo, se convierten en nuestro principal obstáculo para alcanzar nuestros sueños y cuando lleguemos al final del camino, serán la causa de nuestros principales arrepentimientos. Recuerda que no hay nada peor que preguntarse: “¿Qué habría pasado si me hubiese atrevido?
 
3. No necesitas una disculpa para perdonar
 
La vida transcurre de forma más fluida cuando dejamos ir el rencor y perdonamos. Cuando guardamos el resentimiento que han provocado los agravios del pasado, solo estamos arruinando nuestro presente. El odio y la ira son como parásitos emocionales que destruyen nuestra felicidad y afectan nuestro equilibrio psicológico.
 
Las emociones negativas que surgen como resultado de alimentar el resentimiento generan una gran dosis de estrés, que también tiene consecuencias devastadoras para nuestra salud. Por eso, uno de los aprendizajes más importantes que podemos poner en práctica es el perdón.
 
Recuerda que no necesitas escuchar una disculpa de la persona que te ha agraviado para perdonarla y pasar página. Porque cuando alimentas el rencor, eres tú quien se está haciendo más daño. Cuando perdonas a alguien, no significa que condonas sus acciones, sino simplemente que te liberas del papel de víctima. 
 
4. Los grandes éxitos a menudo están precedidos por fracasos
 
No experimentarás el éxito, hasta que aprendas a abrazar el fracaso. Los errores son como lozas en el camino hacia el éxito. De hecho, cada vez que cometes un error, estás más cerca del éxito porque al menos conoces las estrategias que no funcionan.
 
Piensa que los mayores descubrimientos suelen llegar después de varios fracasos. En ese estado, nos sentimos frustrados, y esa frustración nos induce a pensar de forma diferente, nos hace pensar fuera de la caja y ver soluciones que habíamos pasado por alto.
 
El éxito no ocurre de un día para el otro, demanda mucha paciencia y la capacidad para mantenerse motivados a lo largo del camino.
 
5. Estás viviendo la vida que has creado
 
No somos víctimas de las circunstancias. Nadie nos ha obligado a tomar decisiones que nos lleven por un camino que vaya en dirección opuesta a nuestros valores y aspiraciones. Según el Efecto Mariposa, somos el resultado de las pequeñas decisiones que hemos ido tomando a lo largo del tiempo.
 
Por tanto, las circunstancias que hoy estamos viviendo, de alguna forma, las hemos creado nosotros mismos. Esto significa que es necesario despojarse del papel de víctima y tomar las riendas de nuestra vida porque el futuro solo depende de nosotros.
 
Si estás estancado o has perdido una oportunidad, es probable que se deba a que temes afrontar nuevos riesgos. Por tanto, cada vez que tomes una decisión, recuerda que, por mínima que sea, es un ladrillo más en el camino de tu vida. 
 
6. La autoestima debe alimentarse desde el interior
 
Cuando la satisfacción que sentimos con nuestro desempeño depende directamente del resultado de las comparaciones que hacemos con los demás, dejamos de ser dueños de neustro destino. Cuando dejamos que los demás manipulen nuestra autoestima y como nos sentimos, les damos las riendas de nuestra vida.
 
Es cierto que resulta imposible desligarse por completo de las reacciones y opiniones de los demás pero no tenemos necesidad de compararnos continuamente para ratificar nuestra valía. Cuando te sientas bien por algo que has hecho, no dejes que las opiniones de los demás te arrebaten ese sentimiento.
 
Llegados a un punto de la vida, la autoestima es algo que debemos alimentar desde dentro. Esto significa que debemos aprender a comprender las valoraciones de los otros como simples opiniones, no como verdades inamovibles que afecten directamente nuestra autoestima.
 
7. Eres el reflejo de las personas con las que te relacionas
 
No siempre podemos elegir a las personas que están a nuestro alrededor, pero podemos decidir quiénes pasan a formar parte de nuestro círculo más íntimo, esas personas con las que compartimos nuestro tiempo. Por eso, intenta rodearte de personas que valgan la pena, que sean positivas e inspiradoras, que compartan tu visión del mundo y que sean un apoyo, no un obstáculo.
 
Si te rodeas de personas tóxicas, en el mejor de los casos, terminarás completamente desmotivado. En el peor de los casos, terminarás copiando sus formas de relacionarse. No necesitas a tu lado a personas que te hagan sentir inferior, que te transmitan ansiedad, miedo y desesperanza. La vida es demasiado corta como para dejar que ese tipo de personas roben nuestra energía y ganas de vivir.
 
Recuerda que, lo queramos o no, las personas que nos rodean terminan incidiendo en nuestra visión del mundo, actitudes y decisiones, por lo que es importante que te rodees de la gente en la que te gustaría convertirte.
 
8. El cambio es inevitable, abrázalo
 
Amamos lo conocido, porque en nuestra mente representa estabilidad y seguridad. Por eso, solemos presentar una gran resistencia al cambio. Sin embargo, si hay algo cierto en la vida, es que los cambios son inevitables, por lo que es imprescindible aprender a lidiar con ellos con el menor estrés posible.
 
De hecho, una vez que cambiemos nuestra actitud, que comencemos a ver los cambios como oportunidades de aprendizaje, estos dejarán de ser tan aterradores y se abrirá ante nosotros un nuevo mundo de posibilidades, un universo que no habíamos visto. 
 
De hecho, considera que hacer las mismas cosas y esperar resultados diferentes, es una locura. Aprende a disfrutar los cambios y a extraer lo mejor de ellos. Abrazar la incertidumbre es uno de los aprendizajes más importantes y útiles de la vida.
 
9. La vida es injusta, aprende a lidiar con ello
 
Esperar que la vida sea justa es como pensar que un león hambriento no nos comerá, solo porque somos vegetarianos. Sin embargo, a menudo lo olvidamos, y nos lamentamos porque la vida es demasiado injusta.
 
No obstante, llorar sobre la leche derramada implica una enorme pérdida de tiempo y energía. Pensar en cómo deberían ser las cosas suele ser una estrategia de escape a un mundo ideal que solo existe en nuestra mente, mientras rechazamos los problemas reales que debemos enfrentar.
 
La vida es injusta, desgraciadamente, cosas malas le pasan a gente buena. No hay mucho que podamos hacer, excepto ayudar. Sin embargo, para ayudar y cambiar realmente las cosas, es necesario aprender a verlas tal y como son, sin adornos. Solo cuando nos centramos en el problema, podemos resolverlo.
 
10. Vive el momento, porque es lo único que tienes
 
No podremos desarrollar al máximo nuestro potencial hasta que no hayamos aprendido a vivir el presente. No importa cuánta culpa experimentes, no podrás cambiar el pasado. Y no importa cuánta ansiedad sientas, no servirá para mejorar el futuro. Sin embargo, lo cierto es que no podrás ser feliz y productivo experimentando esas emociones.
 
Nadie puede garantizarte que existirá un mañana, así que aprovecha al máximo el presente, porque es lo único que tienes. El pasado terminó y el futuro aún no existe. Recuerda que preocuparse es como pagar por adelantado y con creces, una deuda que no sabes si contraerás. 
Fuente original: http://psicologiaymente.net/

Problemas psicológicos en el aula

adolescentes 2Los problemas de conducta y los problemas emocionales-afectivos son los más frecuentes en la infancia y por tanto son los más frecuentes en la escuela.

Según F. López (1999) «son muchos los autores que calculan que entre el 5 y el 10 por ciento de los niños en la primera infancia y el 10 y el 20 por ciento en la adolescencia presentan problemas emocionales o de conducta relativamente importantes. Más frecuente aún es que se den «síntomas o problemas aislados”. Campell (1993), en una revisión sobre psicopatología y desarrollo, afirma que los maestros y los padres encuentran síntomas aislados en casi la mitad de la población infantil y adolescente”, p. 163 (del libro Desarrollo y Educación en Problemas afectivos y de conducta en el aula, cap. 6).

Según este autor los problemas que aparecen en el aula se pueden clasificar de la siguiente manera:

1.- Problemas emocionales

La gravedad de los problemas emocionales es variable: psicosis infantiles, depresiones, trastornos de ansiedad que pueden derivar en fobia
escolar, en ansiedad excesiva y disfuncionamiento escolar.

2.- Síntomas específicos  y disfuncionamiento psico-socialretraso mental

Tics, tartamudeos, terrores nocturnos, encopresis, enuresis y otros síntomas según la edad como puede ser los dolores de cabeza, vómitos frecuentes sin relación orgánica, morderse las uñas, exceso de movimiento motriz, alteraciones en la respiración y aunque la mayoría de los síntomas específicos suelen desparecer con el tiempo y evolucionar hacia un carácter, comportamiento o conducta característicos pero normales, sin comportamientos o consecuencias personales significativas lo cierto mientras existen esos síntomas puntuales los niños tienen dificultades emocionales y en algunos casos repercute en el aprendizaje.

Y un alto porcentaje de estos trastornos o síntomas específicos terminan en malestar o trastornos en la adolescencia y en la edad adulta de mayor o menor gravedad, mientras que en un tanto por ciento menor, estos problemas   se resuelve sin mayores incidencias, ni necesidad de ayuda específica.  

El problema está en saber cuál de estos trastornos se salvara por sí solo, sin intervención terapéutica o de asesoramiento, este es el motivo principal por el cual se recomienda prevención y ayuda y tratamiento mínimo para evitar que repercuta en el rendimiento escolar o en el desarrollo personal de los niños y adolescentes.

Detectar los problemas y realizar un cribaje de aquellos que pueden causar dificultades mayores escolares y personales para poder derivarlos a tiempo a intervención terapéutica, frente a aquellos problemas que precisan apoyo puntual para disminuir el malestar de los niños o adolescentes y para intentar evitar que repercuta en su aprendizaje es una función que puede realizar el tutor: detectar posibles problemas de desarrollo, aprendizaje o de personalidad para poder ofrecer vías de ayuda y apoyo al escolar dentro o fuera de la escuela.

 

3.- Los problemas de conductaadolescente violaneto

Los problemas de conducta se manifiestan con comportamientos diferenciados y significativos que normalmente son fáciles de detectar y que los profesores suelen detectar rápidamente: agresiones, mentira, robos, vandalismo, acoso a los compañeros, burlas frecuentes, desafíos a los profesores y otro tipo de conductas violentas y fácilmente observables.

Los problemas de conducta pueden agruparse en los que son característicos de épocas o etapas de la infancia y no son trastornos del desarrollo sino conductas que se manifiestan frecuentemente en esa etapa infantil, el clásico ejemplo de las rabietas infantiles de los 2 a los 4 años que no pueden ser consideradas como producto de una inadecuada educación familiar, sino del desarrollo evolutivo, además de que la intervención educativa familiar pueda favorecer más o menos rabietas, pero las rabietas infantiles es una conducta que deben tener los niños en esas edades, por lo que no se considera un problema evolutivo, es una etapa difícil en las relaciones que debe controlarse de forma adecuada por la familia, los padres y los profesores. A diferencia del trastorno de negación, negativismo característico de los 3 y 4 años en adelante que es un trastorno de conducta que no debe confundirse con las rabietas ni con mal comportamiento para poder ayudar al niño y a la familia a afrontar ese trastorno infantil con asesoramiento adecuado y pautas de crianza específicas.

Diferenciar los problemas de conducta según:

–  Inadecuadas pautas de crianza y necesidad de normas sociales

– Trastornos mínimos de conducta del desarrollo: dificultades de adaptación personal-social que produce conductas disociables o de transgresión de normas

–   Trastornos de la personalidad que se manifiestan en conductas violentas, agresivas, desafiantes, etc.

Diferenciar y detectar problemas favorece la posibilidad de intervenir según las necesidades que presenten los alumnos tanto para favorecer el desarrollo personal – social como los aprendizajes escolares.

«Estos problemas plantean problemas de disciplina y de organización de la clase y producen una gran preocupación a los profesores, que se encuentran en muchas ocasiones incapaces de resolverlos” p. 165 en Problemas afectivos y de conducta en el aula F. López (1999).

Estamos de acuerdo con Féliz López en que la observación de los profesores es uno de los mejores instrumentos para detectar problemas, una vez detectamos un posible problema es preciso actuar, seguir observando, aplicar pruebas de ámbito escolar, consultar, informar a los padres, derivar y según la edad del alumno comentar con el alumno el tipo de conductas que se han observado como medio de prevención..

Este aspecto puede realizarse desde las tutorías y en coordinación con los profesores y los familiares, sin necesidad de alarmar ni de minimizar los problemas. La observación como un primer paso de la prevención de problemas escolares y personales es uno de los instrumentos más adecuados y eficaces que existen actualmente.

En tutorías se aconseja un control de conductas mediante el registro de comportamientos que deben aparecer y los que se consideran incorrectos según las edades de los alumnos, este tipo de listado ayuda a observar y a detectar conductas inapropiadas y la frecuencia de la mismas con el objetivo de ayudar al alumno, familia y organización del centro escolar.

 

JUEGOS PARA ENSEÑAR A HABLAR A TU BEBÉ

 

 

 

Imagen: deanwissing

Aprender a hablar es un proceso instintivo y natural, pero los adultos pueden ayudar. Estimular al niño desde que emite sus primeros balbuceos hasta que es capaz de pronunciar las primeras frases es fundamental para el desarrollo lingüístico del pequeño, según algunos especialistas. Este artículo propone ocho juegos que ayudan al bebé a aprender a hablar y ofrece consejos para ayudarle en este camino.

Del balbuceo a las palabras. Este es el primer camino por el lenguaje que recorre el bebé. Comienza cuando emite sus primeros fonemas, alrededor de los siete o nueve meses. Cuando cumple los 12 o 15 meses, ya suele ser capaz de denominar algo por su nombre. A partir de entonces, y hasta que alcanza los cinco años, el pequeño desarrolla su capacidad lingüística. Amplía poco a poco su vocabulario y aprende a construir frases completas. El niño aprende a hablar.

Los juegos pueden estimular el aprendizaje del habla del niño

Este aprendizaje se produce de forma natural, pero adaptado al ritmo y características de cada menor. Sin embargo, sí hay juegos y actividades con las que se puede apoyar el habla del bebé. «La actitud de los padres no debe ser pasiva», defiende el destacado psicólogo estadounidense B.F. Skinner, que sostiene que el medio que rodea al niño tiene un papel muy relevante en su desarrollo del habla. «Desde las primeras edades, el entrenamiento auditivo es la base para el correcto desarrollo de la comunicación oral», apunta, por su parte, Margarita Gil, directora de un gabinete de aprendizaje y lenguaje.

A continuación se explican algunos juegos para apoyar a los pequeños en su aprendizaje del habla que recomienda esta especialista.

Cinco juegos de sonidos para aprender a hablar

Imagen: james keller

Los juegos son divertidos para el niño, pero, además, le pueden ayudar a aprender a hablar.

  1. El traductor de sonidos 

    Un buen ejercicio para que el pequeño aprenda a discriminar los sonidos y los relacione con el lenguaje es hacer de traductor de sonidos. Para ello, el adulto debe traducir con la palabra correspondiente los sonidos y ruidos cotidianos que se producen de forma habitual, como el timbre de la puerta, la lavadora o el teléfono. También se pueden utilizar los de la calle: una sirena, pitidos, un perro o coches. Y los de la naturaleza: un pájaro, el viento, la lluvia, etc.

  2. ¿Dónde estoy? 

    Con este juego se puede enseñar a los más pequeños a localizar el origen del sonido. El adulto se puede ocultar en distintas partes de la casa y emitir un sonido desde su escondite. También se puede hacer esta actividad con la ayuda de un juguete sonoro.

  3. ¡Saca la lengua! 

    Una buena idea para trabajar la motricidad labiolingual es decirle al pequeño que su cara es una casita, en la que los ojos son ventanas, la nariz el timbre, la boca la puerta y la lengua un amigo que está dentro de ella. 

    Este juego permite entrenar los movimientos. Para ello, hay que pedir al niño que llame al timbre, abra la puerta y que deje salir (y volver a entrar después) a su amigo para dar un paseo.

  4. Vamos a soplar 

    Para aprender a articular bien las palabras, el niño debe ejercitar la respiración y también aprender a acompasar el ritmo de la misma. Un buen ejercicio para ello es jugar a hinchar globos

    Otra propuesta es colocar pequeñas bolitas de papel o de algodón sobre una superficie lisa y soplar sobre ellas para lograr que lleguen las primeras a la meta.

  5. La orquesta 

    Este juego permite relacionar el lenguaje gestual con el oral a través de los sonidos. En este caso, será la música la que estimule el habla del niño. 

    El adulto enseña al pequeño los diferentes sonidos de los instrumentos musicales a la vez que realiza el gesto que le corresponde (simula que los toca). Así, el tambor será pon, pon, pon, la trompeta pa, pa, pa y la guitarra ran, ran, ran. El pequeño debe identificar cada gesto y responder con la onomatopeya correspondiente.

Tres juegos para ampliar y reforzar el vocabulario del niño

Hay juegos para ampliar el vocabulario del niño

Cuando el pequeño ya ha aprendido a expresar sus primeras palabras, se puede estimular y reforzar su vocabulario. Para ello existen otros juegos útiles, que le permiten, además, entender el significado.

Estas son algunas propuestas:

  1. ¿Qué hay ahí? 

    Un cuento con ilustraciones para niños, una lámina o una revista servirán para ayudar al pequeño a ampliar el vocabulario. El juego consiste en contemplar juntos las imágenes y pedirle que señale y enuncie lo que ve en ellas. Cuando no sepa el nombre de alguna de las cosas que observa, el adulto debe decirle qué es y hacerle una breve descripción.

  2. El tren de las palabras 

    «Llevo un vagón de… (fruta, animales, colores, etc)». A partir de esta frase el niño y el adulto empiezan a llenar el tren con palabras de la familia elegida. El adulto puede incorporar las menos usuales para que el pequeño pueda participar de forma activa en el juego, a la vez que aprende nuevas palabras.

  3. Veo, veo 

    Este clásico juego enseña al niño a describir cosas y le ayuda a desarrollar vocabulario. El menor (o el adulto) elige un objeto que esté a la vista y comienza a dar pistas, entre ellas, su color, la letra por la que empieza o su situación. El turno termina cuando el otro jugador adivina qué es.

Consejos para no frenar el habla del niño

  • Dejarle hablar. No interrumpir al niño cuando quiere expresarse para corregirle, ni terminar las frases por él para acelerar la conversación.
  • Aprovechar cualquier ocasión para introducir más vocabulario, explicarle las palabras nuevas y su significado.
  • Leer con el pequeño cada día y dejarle participar de forma activa en la lectura. Hay que responder a sus preguntas sobre ella.
  • No corregirle cuando articule mal una palabra. Es mejor introducir el término de forma correcta de nuevo en la conversación.
  • Los padres son el principal modelo lingüístico para el niño. Por eso hay que cuidar el propio vocabulario y evitar utilizar un lenguaje infantilizado con el pequeño.