Energía Emocional Negativa: 10 claves para crear un escudo protector

 

Bebés idénticos
La energía emocional negativa se encuentra prácticamente por doquier. La encuentras cada vez que hallas a alguien que se queja continuamente de la vida, cuando una persona intenta manipularte para que antepongas sus necesidades a las tuyas o cuando alguien descarga sobre ti su ira, frustración o resentimiento. 
 
La energía emocional negativa es toda aquella que nos quita la alegría, que nos roba la fuerza y el empuje y que termina desmotivándonos o haciendo que nos sintamos mal, ya sea porque nos deprimimos, nos ponemos ansiosos o nos enojamos.
 
Desgraciadamente, todos los días estamos expuestos a esa energía emocional negativa. Esta nos llega a través de las reacciones emocionales de las personas que nos rodean o incluso mediante los mensajes que transmiten los medios de comunicación.
 
De hecho, en una sociedad como la nuestra, es difícil mantenerse alejados de ese tipo de energía. El principal problema es que si no somos conscientes de ella y la absorbemos, terminará produciéndose un efecto acumulativo, que resulta muy dañino para nuestro equilibrio emocional y físico.
 
Por eso, es fundamental aprender a lidiar con la energía emocional negativa, de forma que no nos dañe o que su influencia sea lo más mínima posible. 
 

¿Cómo desarrollar tu escudo emocional?

 
Nadie es una isla completa en sí mismo, por lo que es prácticamente imposible no dejarse influenciar por la energía emocional negativa. Aún así, hay personas que logran lidiar con esa negatividad y mantener una actitud positiva, es como si usaran una especie de escudo emocional. 
 
¿Qué hacen estas personas de forma diferente?
 
1. Crean felicidad dentro de sí. Estas personas no son hojas movidas por el viento, no basan su felicidad en las circunstancias externas sino que comprenden que es un estado interior. De esta forma, no dejan que los demás arruinen su estado de ánimo, buscan la alegría y la paz dentro de sí. 
 
2. Tienen un pensamiento positivo. No se trata de ser optimistas ingenuos, sino de saber encontrar lo positivo en la adversidad, aprender a usar los prismas adecuados, en vez de mirar siempre a través de un prisma gris. Las personas que piensan de manera más positiva pueden darle la vuelta a las situaciones, impidiendo que estas las desestabilicen emocionalmente.
 
3. Evitan la impulsividad. Las personas “inmunes” a la energía emocional negativa no reprimen sus emociones ni las esconden, pero son capaces de dominar su impulsividad, permitiendo que predomine la reflexión. De esta forma, no caen en la tela de araña que suelen crear los manipuladores o las personas agresivas. Estas personas evalúan concienzudamente su próximo paso, priorizando su estabilidad emocional sobre todas las cosas.
 
4. Aceptan el fracaso. La energía emocional negativa no solo proviene de los demás, sino también de nuestro diálogo interior. Por eso, es fundamental no alimentar la frustración y aceptar el fracaso o los errores como parte de la vida, como pasos necesarios hacia el crecimiento. Se trata de aceptar los reveses sin derrumbarse, recomponerse y seguir adelante, sin perder el empuje, pensando que cada vez que caigas, estarás más cerca de tu meta.
 
5. No buscan la aprobación. Cuando tu vida gira en torno a la aprobación de los demás, cedes el control de tus emociones y permites que las opiniones de quienes te rodean sean las que dicten tu estado de ánimo. Por supuesto, no podemos desligarnos completamente de las opiniones de los demás, pero debemos impedir que nuestra autoestima y humor dependan de las buenas o malas críticas. Las personas “inmunes” a la energía emocional negativa son aquellas que no buscan la aprobación de los demás pues son conscientes de que una opinión siempre es una visión parcializada, que no les representa en su integridad.
 
6. Piensan que siempre hay una solución. Es cierto que en ocasiones la vida se tuerce y resulta difícil vislumbrar una salida, pero estas personas son conscientes de que, aunque no logren vislumbrar la solución, esta existe y, tarde o temprano, lograrán encontrarla. De esta forma pueden mantenerse positivas incluso en la adversidad, y logran mantener la mente abierta ante las nuevas oportunidades, dispuestos a aprovecharlas cuando se presenten.
 
7. Asumen su responsabilidad. Las personas que no se dejan contagiar con la energía emocional negativa son aquellas que no se culpan, sino que asumen su cuota de responsabilidad. De esta forma, tanto si tienen éxito como si fracasan, son conscientes de que sus decisiones, actitudes y comportamientos son los que las han llevado hasta ese punto. Al asumir esta perspectiva, estas personas tienen un mayor control sobre sus vidas y una mayor sensación de satisfacción que mantiene a raya la negatividad.
 
8. Creen en sí mismos. El mundo se encargará de darte mil razones por las cuales detenerte, tendrás que encontrar mil y una para avanzar. Para combatir la energía emocional negativa, tanto la que proviene de los demás como de tus propias inseguridades y miedos, no hay nada mejor que fomentar la confianza en uno mismo, para lo cual es necesario buscar continuamente razones para creer en tus potencialidades y fuerzas.
 
9. Se relajan. La relajación es fundamental porque nos permite aliviar las tensiones y evitar que estas se acumulen hasta el punto que lleguen a dañarnos. De hecho, recientemente se ha demostrado que la antigua idea de consultar los problemas con la almohada es muy eficaz porque mientras dormimos, nuestro cerebro se encarga de restarle impacto emocional a los problemas, de manera que al despertar, podemos verlos desde una óptica más objetiva y racional. Por eso, para crear un escudo contra la energía emocional negativa es fundamental dedicarle un tiempo al descanso y la relajación, que actúan como la corriente de un río, arrastrando a su paso la negatividad.
 
10. Crean un entorno positivo. Por muy resistente y emocionalmente estables que seamos, si nos rodeamos de personas negativas, es difícil que no terminen contagiándonos. Por eso, es importante limpiar nuestro entorno y asegurarnos de que pasamos la mayor cantidad de tiempo posible con personas positivas, que nos aportan algo, no con personas que se lamentan continuamente, que son pesimistas y que explotan ante cualquier cosa. Piensa en tus relaciones interpersonales como en un jardín y cultiva solo aquellas que realmente te hacen sentir bien.

Gente tóxica: rapaces de la felicidad ajena

 

Miedo y culpa planean sobre las intenciones de la gente tóxica, unos individuos agotadores y nocivos con los que nos tropezamos de manera ineludible. Saber cómo identificarlos y establecer límites es fundamental para evitar que nuestras energías caigan presas de estos depredadores

EFE/Sebastião Moreira

EFE/Sebastião Moreira

¿Cómo tratar a quienes con frecuencia nos provocan desazón y nerviosismo? El psicólogo y escritor Bernardo Stamateas lo cuenta en “Gente tóxica” y “Más gente tóxica” (Ed. Ediciones B), dos guías donde recoge los distintos prototipos de estos individuos perniciosos que “conscientemente necesitan hacernos sentir mal para encontrarse bien”.

Las personalidades más nocivas

Tras una persona “tóxica” se esconde la búsqueda de la atención, la compasión o el poder. A continuación, el especialista detalla las características de seis de estos perfiles que nos ayudarán a sortear su toxicidad:

  • El psicópata. Se trata de alguien que percibe a las personas como objetos que “usa y descarta”, sostiene. Carece de empatía hacia los demás y se mueve con la intención de satisfacer su propio interés. Asimismo, no respeta los límites y con frecuencia recurre a la agresividad.
  • El envidioso. ”Los logros del otro le generan dolor”, afirma el psicólogo, quien precisa quela envidia se puede ocultar tras un enfado u otros estados de ánimo pero es un sentimiento que nadie manifiesta. “Nace de la comparación”, la persona siente que no puede conseguir lo que otro sí pudo y ésto le provoca una angustia que calma descalificando lo enviado o al envidiado.
  • El quejoso. ”Tiene el sentimiento de culpa y no se permite disfrutar”, destaca el autor, quien apunta que cuando a este perfil le sucede algo positivo, inventa un motivo que impida su disfrute.  De este modo, convierte la queja en su forma de vida y contagia ese malestar a los demás.

     

    Imagen de una mujer gritando ante un fondo negro

  • El narcisista. El experto destaca que este prototipo secaracteriza por el sentimiento de grandeza y la necesidad de sentirse admirado. “Se tienen a sí mismos como referencia aunque en realidad son muy inseguros”, matiza. Además, muestran de forma continua sus logros y “se rodean de gente que los aplauda, si alguien les hace sombra en algo agreden y buscan dañar la estima del otro”.
  • El triangulador. Aquel que utiliza a un tercero para hacer daño a otra persona. A tiene un problema con B y se lo cuenta a C  para provocar que hable con B, aunque no lo pide directamente. “Son personas que no pueden enfrentar de forma abierta el problema que tienen y buscan a terceros”, concluye.
  • Chismoso. Existen tres posibilidades que motivan la actuación de este prototipo:
  1. Tener un gran vacío interior que genera la necesidad de usar las historias de los demás para taparlo.
  2. Hablar de otra persona para destruirla.
  3. Difundir un rumor para quedar bien delante de otros. Se trata de una forma encubierta de mostrar superioridad, “buscan calmar la ansiedad con un chisme aunque genera el efecto contrario, la aumenta”, matiza.

¿Cómo identificar a una persona tóxica?

El autor sostiene que estos individuos siempre están en un extremo: o viven en el placer absoluto y evitan el dolor o viceversa, o son independientes y nunca piden ayuda, o totalmente pasivos y dependen de otros. Además de usar la intuición para detectar estas relaciones asimétricas, el psicólogo señala sus dos rasgos fundamentales:

  • Transmisores de culpa. Frases como “yo sufrí por ti” o “hice lo que me dijiste y qué mal me fue” son habituales en los “tóxicos”. El especialista afirma que nunca asumen responsabilidades y el problema siempre lo tienen los demás.
  • Transmisores de miedo. Frecuente en aquellos que se apropian de los méritos ajenos y en conductas autoritarias “que engendran temor”.

Protégete ante la toxicidad

Para evitar que la toxicidad nos invada, Stamateas recomienda trabajar la estima que nos permite aceptar nuestras limitaciones y  virtudes. De este modo, seremos capaces de ser activos pero también pasivos para pedir ayuda en determinadas situaciones, disfrutar tanto de la compañía como de la soledad y aproximarnos al dolor para enfrentarlo o al placer para deleitarnos.

Una vez identificada la persona dañina, la estrategia a seguir pasa por:

Un joven con gorra, cuyo rostro está cubierto por una máscara de gas, teclea en su ordenador portátil. Efesalud.com

  • Alejarnos, evitar el contacto dentro de lo posible con el tóxico.
  • Cuando se trata de gente que pertenece a nuestro entorno, ya sea familiar o laboral, hay que establecer límites. El especialista hace hincapié en que “el límite no limita, libera” y ayuda a mejorar los vínculos porque los tóxicos siempre invaden. Además, aconseja usar el “sí” y el “no”, marcar territorio y recuperar los derechos asertivos como elegir con quien salgo, equivocarme o cambiar de opinión.

¿Soy tóxico?

El psicólogo asegura que todos tenemos rasgos tóxicos, la diferencia está en no hacer de éstos nuestro estilo de vida. “Ser tóxico es una manera de sentir, pensar y actuar, nunca se reconocen como tal y no hacen introspección”, matiza.

“Pensar que no tenemos rasgos tóxicos sería pararnos en la omnipotencia y creer que somos los más tóxicos en la impotencia”, asegura Stamateas quien considera que el equilibrio reside en conocer nuestra debilidades y virtudes al “ser capaces de vernos completamente”.

Para no caer en la toxicidad hay que ser interdependiente, saber que hay cosas que podemos hacer y otras que no, indica el autor, quien insiste en que la felicidad personal es una construcción interna y en que debemos cuidar de nosotros mismos porque nadie más lo hará.